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29 octubre 2008

El “fondo racional” del método de Hegel

El 14 de enero de 1858, Karl Marx le mandó a su amigo Frederich Engels una carta muy corta que ha dado mucho que pensar a los que se dedican al estudio del pensamiento marxista. Esta carta fue escrita durante la preparación de la obra maestra de Marx, El Capital. Hay en ella una frase sobre su deseo de escribir —“en dos o tres pliegos de imprenta”— sobre el método dialéctico.

Lo extraño es que nunca más volvió sobre el tema, dejando únicamente esta corta frase como el testimonio de su deseo. ¿Por qué no lo realizó? ¿Por falta de tiempo como algunos lo presuponen o existen otras razones más substanciales? Marx mismo ha sugerido la primera hipótesis, pues en la carta a Engels escribe: “Si acaso, tengo un día tiempo para ese tipo de trabajo, me encantaría, en dos o tres pliegos de imprenta, volver accesible a los hombres sensatos, el fondo racional del método que Hegel descubrió, pero que al mismo tiempo mistificó.”


Marx señala el tiempo que tal vez tenga algún día. Harto se sabe que el tiempo le escaseaba. Entre sus lecturas intensas y sus investigaciones económicas sufrió de muchas enfermedades. No es pues tan peregrino pensar que el motivo de que no plasmara su deseo en esos dos o tres pliegos de imprenta, fue la falta de tiempo. No obstante eso no explica por qué luego no volvió sobre el tema. Hay otros que piensan que simplemente cambió de planes y que de alguna manera su deseo se encuentra aplicado en la exposición de sus escritos económicos, principalmente en El Capital.

En la misma carta del 14 de enero de 1858, Marx nos da otra indicación muy preciosa. Le cuenta a su amigo Engels que “En el método de elaboración del tema, algo me hizo un gran favor: by mere accident (por mera casualidad), he vuelto a hojear la Lógica de Hegel.” El tema es la “teoría de la ganancia”, que “he echado al aire tal cual ha existido hasta hoy”. Como se ve con claridad absoluta, la palabra clave es la que el mismo ha subrayado: método. Se trata de eso: del fondo racional del método que Hegel descubrió y que él mismo mistificó.

Tenemos pues planteados dos problemas: ¿Cuál es el fondo racional del método de Hegel, en qué consiste? ¿Y cómo lo mistificó? Es natural que no me proponga aquí responder a estas dos interrogantes, por razones obvias de espacio y por las evidentes de capacidad. Sabemos que tanto Engels y Lenin se propusieron darle plasmación al mismo proyecto de exponer el método dialéctico desde el punto de vista materialista. El de Engels quedó inconcluso y su forma fue la aplicación del método a la ciencia de la naturaleza: “Dialéctica de la Naturaleza”. Lenin dejó sus planes sucesivos.

Al plantear de nuevo estas preguntas, mi intención es poner en evidencia que todavía queda mucho por aportar sobre tema. Esto se vuelve urgente hoy que el capitalismo en crisis nos invita a encontrar soluciones a los graves problemas que causa su principio rector: la búsqueda del máximo beneficio. No hace falta enumerar todos los problemas humanos, tanto en los países imperialistas, como en los países periféricos. La crisis actual ha puesto a la luz del día el despilfarro capitalista, tanto en las pérdidas anunciadas, como en las soluciones propuestas para salir de la crisis. El sistema ha entrado en una crisis global y durable. Esto no significa que el capitalismo se va a derrumbar de la misma manera que se derrumbó el “socialismo real”, que fue una mezcla de capitalismo estatal y asistencia social. A esto agreguemos la ausencia de reales libertades ciudadanas. Es inútil hoy seguir mintiéndonos: los regímenes fueron dictatoriales, la ausencia de libertades privó a esas sociedades de la preciosa iniciativa de sus miembros y frenó la creatividad. Los objetivos que se planteaban no eran los de una sociedad futura, sino alcanzar al capitalismo imperialista en la producción desenfrenada de mercancías. En lugar de buscar el libre desarrollo de la personalidades en una sociedad desalienada, se persiguió igualar al capitalismo en el consumo. Fue en esta competición en donde se anotaron la mayor derrota. Los planes eran impuestos a los trabajadores y no eran el resultado de su participación activa y consciente. Sabemos muy bien que fue eso lo que fracasó en el Este europeo.

No obstante fue esto lo que tanto se defendió. Se defendió en nombre del futuro, sin espíritu crítico, aceptando sin reflexión dogmas, en lugar de analizar concretamente aquella realidad, como la realidad que nos rodeaba. Los pueblos del Este europeo fracasaron. Pero los revolucionarios del Oeste europeo también sufrieron su derrota. Los partidos revolucionarios del Oeste fueron incapaces de proponer una real alternativa a la sociedad capitalista, no pudieron entusiasmarla por otro tipo de sociedad que suplantara la actual llena de tantas miserias humanas. Porque es miserable la condición del que vive sin techo en las grandes metrópolis capitalistas, porque es miserable la vida de los que tienen que esperar el socorro de la caridad para abrigarse en los inviernos y comer en los “Restaurante del Corazón”, como muy hipócritamente le llaman a las “sopas populares” en ciudades de opulencia como París. En estas sociedades de tanta riqueza y de tantos avances científicos ¿cuántos son los que no pueden ir al médico? ¿Cuántos son los que no pueden beneficiarse de los cines, teatros y salas de conciertos? ¿Cuántos analfabetos reales hay en estos países?

Por un lado tenemos plétora de mercancías y por el otro abundancia de frustraciones y marginación social. La crisis actual ha puesto en evidencia el derroche de capitales y la inoperancia de las prioridades del capitalismo financiero. Pero como decía arriba no hay que esperar que esta crisis actual llevará al derrumbe estruendoso del sistema. En esta situación todo es posible, una salida hacia una sociedad mejor, como el empeoramiento de las condiciones de vida de millones de gente en el mundo.

¿Pero podemos conformarnos con denunciar el estado del mundo capitalista, sin ofrecer una alternativa, sin proponer soluciones revolucionarias? El mundo por venir está aquí planteado hoy. Pero para escudriñarlo, para sacarlo a la luz necesitamos la clarividencia que puede darnos el método racional que descubrió Hegel y que él mismo mistificó. Pero este método que revirtió Marx y que puso en práctica en sus estudios de historia y economía, fue también mistificado, petrificado por la dogmática estalinista. Es por eso, ahora que vemos que lo que Marx señalaba como desarrollo natural del capitalismo ha entrado una crisis sistémica, debemos de nuevo ver como entendió y en qué forma plasmó el fondo racional del método de Hegel.

Como lo hemos dicho arriba la explicación de la falta de tiempo se queda muy corta, no es suficiente. Lo que nos queda por investigar es en qué forma realizó su idea. Algunos, como he apuntado, muy juiciosamente señalan la exposición misma de su pensamiento en El Capital. El hecho de partir de la “celula” misma del capitalismo (la mercancía) hasta llegar, en los tomos que no pudo terminar, a la mundialización, pasando por todos los procesos del sistema, es ya una preciosa indicación que ahí se encuentra sin mistificación el método dialéctico. No obstante me parece que debemos seguir paso a paso el camino recorrido por Marx. En aquellos años Marx escribe y anota muchísimo. Entre los escritos de esa época se encuentra un texto que no ha sido, me parece, visto como el primer intento marxiano de plasmar su idea, me refiero a la “Introducción a la Crítica de la Economía Política” y el libro “Contribución a la Crítica de la Economía Política”.

Marx le escribe a su amigo el “servicio” que le ha prestado la relectura de la “Lógica” de Hegel para elaborar el método para su análisis económico. Y es en esos momentos que expresa su intención —si algún día tiene tiempo— de escribir de manera accesible unas cuantas cuartillas sobre el fondo racional del método hegeliano.

No voy a lanzar aquí un nuevo llamado a un retorno a Marx. En muchos lugares ya se está haciendo de manera fructífera. Lo que planteo aquí es también la necesidad de volver a Hegel, puesto que no existe, por el momento, de manera detallada y mejor que en sus escritos, una exposición de la dialéctica.

Hace unos días publiqué, aquí mismo y en Tres Mil, un artículo sobre el concepto de democracia. Partí justamente de la definición abstracta y vacía que dan los diccionarios, en la que se usa los criterios predialécticos de la identidad. Hegel somete a una crítica severa la lógica formal y sus principios en su “Ciencia de la lógica” y también en su “Enciclopedia de las ciencias filosóficas”.

Hegel opone la concepción dialéctica de la identidad a la concepción metafísica abstracta que quiere que la identidad sea exterior a la diferencia y vice versa. Estos conceptos de identidad y de diferencia son, según él, “productos de la reflexión exterior y de la abstracción”. Hegel los considera como unilaterales e imperfectos. Al contrario, según la concepción de la dialéctica, la identidad contiene la diferencia y la diferencia contiene a su vez la identidad. Es menester entender la identidad de manera dialéctica como “diferencia idéntica a sí misma” .

Hegel llama al principio de identidad (A = A) “primera ley del pensamiento”. Califica de mera tautología su interpretación tradicional y critica a aquellos que se aferran a “esta identidad inmóvil e impasible”, como a una fórmula cierta. Los que afirman que la identidad y la diferencia son diferentes incluyen por eso mismo el indicio de la diferencia en el concepto de la identidad, puesto que aseveran que la identidad difiere de lo diferente. La identidad contiene la diferencia por su naturaleza misma y no de manera aparente. Los adeptos de la fórmula de la identidad reconocen que ésta contiene apenas una verdad formal, abstracta, por ende incompleta. Se deduce, concluye Hegel, que “la verdad se encuentra realizada de manera perfecta únicamente en la unidad de la identidad y de la diversidad y no es otra cosa que esta misma unidad”.

La afirmación según la cual la identidad abstracta como tal es algo verdadero, la refuta Hegel por la experiencia que nos muestra lo contrario, es decir, la identidad unida a la diversidad. Para exponer su idea de que la identidad abstracta está desprovista de contenido y es vacía de sentido, Hegel nos da algunos ejemplos. Cuando a la pregunta ¿qué es un planta? se asegura “una planta es una planta” o a la pregunta ¿qué es Dios? se profiere “Dios es Dios”, estas respuestas aunque contengan una “verdad absoluta” no tienen ningún valor y son meras palabrerías. Cuando se define “democracia” como “Predominio del pueblo en el gobierno político de un Estado”, estamos simplemente repitiendo perifrásticamente lo que contiene ya la palabra griega. Algunos proponen otras definiciones de lo que tiene que ser la democracia, diversos criterios que tiene que observar, pero aquí se procede de la misma manera, puesto que esos criterios se definen de manera abstracta y lo único que podemos decir que las “democracias reales” no cumplen esos criterios apriorísticos y con ello no hemos avanzado mucho en el estudio concreto de la democracia.

3 comentarios:

  1. Como sabe, diferimos en la apreciación de estos temas, pero pocas veces he visto expuesta esta perspectiva de una manera tan clara y honesta.

    Apenas termine de barrer, escribiré sobre el tema, y tal vez tengamos la oportunidad de tener una enriquecedora conversación sobre la dialéctica hegeliana.

    En suma: un post incitante y estimulante

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  2. Muy de acuerdo¡¡

    En estos tiempos que el mundo inevitablemete cambiará debido al fracaso del Neoliberalismo; el mismo centro de poder mundial que se erigió desde la caida del Socialismo Real hecha manos de herramientas socialista para que la caída no sea estrepitosa.

    Muy de acuerdo que el capitalismo no morirá en esta crisis; pero esto sirve para que la gente poco a poco vaya tomando consciencia.

    Tengamos presente que en algunos años se nos avecinas dos crisis más de capitalismo si no cambia la visión actual:

    -Crisis Energética
    -Crisis Ambiental

    Saludos¡¡

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  3. jc: Sí, en algunos aspectos disentimos. Me alegra que hayas encontrado clara mi exposición, sobre todo hablando del filósofo que todos se encarnizan en nombrarlo «oscuro».



    Y como te he dejado dicho en La terminal espero tus aportes en este tema.



    PrOjwanac: estoy de acuerdo con que esta crisis puede ayudar a que tomemos consciencia que el capitalismo destruye vidas y a veces simplemente la vida, que su lógica no es compatible con los intereses de las mayorías.



    Pero creo que lo que llamas el « centro del poder mundial » ya existía y se desarrollaba mucho antes de la caída del «socialismo real». Aunque sí se remodeló y constituyó en un polo de dominación. Por otro lado, no comparto llamarle a las medidas tomadas por los gobiernos de los países imperialistas (EE UU y la Unión Europea) socialistas. Se trata de medidas contrarias al socialismo, pues lo que se ha hecho es satisfacer el apetito inagotable de los oligopolios. Pues los Estados han asumido el pago de la mala administración especulativa de esas sociedades financieras. Si ese dinero se hubiera usado para implementar la seguridad social para la población estadounidense, pues entonces otro gallo cantara. Pero en realidad se trata de una nueva transferencia de capitales sociales a las sociedades oligopólicas. Algunos llamaron socialistas a esas medidas, porque los ayatolas del neoliberalismo doctrinario consideran toda intervención del estado como socialista. Pero esa es la opinión de los fanáticos, de acólitos que carecen de todo sentido crítico.



    Sí, estoy de acuerdo con vos se avecinan nuevas crisis y muchos desastres ecológicos producidos por la rapiña de los mismos grupos que dominan el mundo. Pero esto se puede evitar. Si las luchas desperdigadas que se llevan a cabo ahora, logran entrar en un cauce común. Luchas de los pueblos de los países del Norte y de los países de Sur.



    Les agradezco a los dos sus visitas y sus comentarios.

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