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19 mayo 2015

Por todo el oro del mundo...



El sitio Réseau International (http://reseauinternational.net) ha publicado un artículo sobre El Salvador a raíz de la venta del oro salvadoreño. Les entrego aquí una traducción:


En abril de 2015 nos enterábamos que el gobierno de El Salvador vendía todo su oro. Vendió cerca de 5 toneladas de sus reservas, o sea aproximadamente 80% de las reservas del país. Esta venta del oro le aportará alrededor de 206 millones de dólares. Los observadores no entendieron nada, el mercado tampoco entendió, en realidad nadie puede explicar la lógica de El Salvador de vender su oro. Pero si la conectamos con otro asunto, entonces todo se entiende.

El Salvador es uno de los países más pobres del mundo. Tiene graves problemas de acceso al agua. Además se enfrenta a una inseguridad creciente con el alza de la actividad de las pandillas, que han asesinado centenares de personas desde el inicio del año. Y para proteger su medio ambiente que está amenazado, El Salvador ha votado leyes que favorecen la protección del medio ambiente en prioridad. Las medidas conciernen principalmente protecciones contra las explotaciones mineras que son nefastas para el medio ambiente.

Apoyándose en sus leyes, El Salvador rechazó un permiso de explotación minera a la empresa OceanaGold, filial de la Pacific Rim, una multinacional canadiense. Luego de este rechazo, Pacific Rim por el intermediario de OceanaGold puso queja contra el gobierno salvadoreño ante el International Centre for Settlement of Investment Diputes (OCSID) que se puede traducir así Centro internacional para el arreglo de diferendos relativos a las inversiones. La perlita de esta historia reside en que este OCSID es un órgano de la Banca Mundial, cuya misión oficial es ayudar al desarrollo económico de los países pobres (que bien se ríe, ¿no?).

En el sitio de este organismo, se puede ver la queja de Pacific Rim contra El Salvador, pero se afirma que el expediente todavía está en trámites. No obstante, Mining.com nos revela que el expediente ha sido clausurado y evidentemente el ICSID le ha dado razón a la multinacional condenando al gobierno de El Salvador a pagar la bagatela de 300 millones de dólares.

El gobierno de El Salvador está sofocado y se trata de un país víctima de violencia a nivel nacional e igualmente es presa de una pobreza generalizada gracias al acaparamiento de sus recursos por las multinacionales sin ninguna compensación digna de ese nombre. Pacific Rim puso queja contra El Salvador en el cuadro CAFTA-DR (Dominican Republic-Central America Free Trade Agreement) que es un acuerdo de libre cambio entre los Estados Unidos y los países pobres de las Américas, tales como Honduras, El Salvador, Costa Rica, Nicaragua  y la República Dominicana.

Este acuerdo de libre cambio se basa siempre en los mismos principios escabrosos. Medidas que favorecen a la multinacionales, una incitación para reducir las normas legislativas y evidentemente, el recurso para un arbitraje que está dominado por el sector privado. Se vuelve a encontrar estos mismos elementos en todos los acuerdos de libre cambio que han iniciado los Estados Unidos y el TAFTA (Acuerdos d libre cambio con la UE).

13 mayo 2015

De nuevo sobre el mundillo político



Los partidos políticos dominan el ejercicio de la política que conduce a ocupar un lugar en el campo político, a contar dentro del mundillo de la política. Cada uno de los partidos despliega un discurso propio, con sus propios temas tradicionales, con un vocabulario tintado con los matices de su propia ideología. En tiempos electorales, cuando los políticos vuelven al mundo social en el que vive la población para pedir los votos y poder seguir ocupando el lugar y/o mejorarlo con un aumento de puestos, es cuando el discurso se tiñe con mayores colores. Es cuando buscan distinguirse, cuando solicitan el reconocimiento. 

Como la mayoría de los electores pertenecen a lo que de manera general se le llama “pueblo”, cuando se habla de la gente con cierto respeto, pues a veces se le trata simplemente de la chusma, del populacho, tomando en cuenta esto todos los partidos se vuelven defensores de los intereses populares.  En los países como el nuestro, en el que el campo político está dominado por dos partidos (que durante ese tiempo electoral procuran mostrarse polarmente opuestos) el peligro que corren los intereses populares reside simplemente en que el partido adverso gane mayor importancia y domine en las instancias estatales.

Los programas en sí no cobran mayor importancia, a veces se hacen consultas de los principales temas que tiene que contener el programa partidario, se organizan reuniones, mesas redondas, a veces simplemente se les confían a compañías encuestadoras confeccionar el listado de los temas más atractivos. En nuestro país el tema de la seguridad ocupa gran parte de los discursos y de los temas abordados. En realidad los programas no tienen mayor importancia y se asemejan todos. En las pasadas elecciones presidenciales el candidato del FMLN se quejaba que el partido ARENA copiaba el programa de su partido “revolucionario”. Como no hay posibilidad de diferenciarse mucho por los programas, unos optan por las campañas sucias o a los ataques personales, invocan el pasado, se acusan mutuamente de tener al país en las condiciones en que se encuentra, la diatriba, la descalificación son los recursos oratorios que predominan. No hay pues realmente un debate político, sino que una competencia publicitaria y de divisas, de spots televisivos, de imagen. Y como la cuestión de la imagen se vuelve cada vez más importante y de peso, los militantes en tanto que tales, con su actividad política van perdiendo importancia y su preparación ideológica va al mismo tiempo desapareciendo hasta llegar a ser inexistente. El militante se vuelve impotente hacia el exterior y mudo hacia el interior. Impotente hacia el exterior pues no está preparado para definirse de manera autónoma, ante cualquier problema debe tener puestos los cinco sentidos en la próxima toma de posición del dirigente, que es lo que va a determinar su “convicción”.

Las dirigencias viven también al interior de sus partidos en círculo cerrado y allí también hay intrigas, alianzas y al mismo tiempo una repartición de roles y funciones. Hay posicionamientos respecto a los miembros más influyentes, los miembros de las cúpulas partidarias desarrollan un “olfato político” e intuyen a veces a tiempo, otras con cierto retraso a qué “campo” arrimarse para jugar un papel dentro de la dirección, no estar muy lejos de los círculos donde se decide el reparto de los puestos. Ese “olfato” les indica también cuando es conveniente callar, cuando ante una pregunta indiscreta de algún periodista salirse por la tangente o soltar alguna banalidad con visos de profunda reflexión. En esto también se manifiesta una especie de “espíritu de cuerpo” que no hay que confundir con la fidelidad ideológica al partido. Este “espíritu de cuerpo” se convierte en transversal, es decir que puede extenderse hacia todo el mundillo político.

Esta imagen llega intacta a la población, a veces con ciertas correcciones explicativas para que no aparezca con toda la brutalidad de su verdad. Es este mundo real y superficial el que  rechaza la población y al que no codicia pertenecer. Esta imagen es una barrera para las vocaciones políticas, pues en regla general esta imagen aparece como el telón de fondo para que se realice todo tipo de corrupción. El mundillo político aparece oportunista, sofisticado y sobre todo propicio al chanchullo.

La gente se da cuenta que sus propios intereses, los intereses del país se supeditan al interés de la “clase política” y saben perfectamente que ese mundo no es el suyo. El papel que juega este mundillo es de cancel, de pararrayo. En primer lugar sirve para ocultar la oposición fundamental que atraviesa la sociedad, entre los trabajadores y las clases pudientes, todo el peso del descontento popular lo asume perfectamente la “clase política”. Todo el disfuncionamiento social cada uno de los partidos se lo imputa a su rival. O como ha estado ocurriendo en estos últimos días en que Salvador Sánchez Cerén llegó al colmo de acusar de antemano de toda agravación de la violencia a la Sala de lo Constitucional, por el fallo respecto a la Asamblea. Esta pelea al interior del Estado es nueva en nuestro país y ha servido para entretener durante meses a la población sobre temas legales y constitucionales, en los que la tecnicidad la deja afuera y si toma partido es por simples simpatías políticas. Pues el FMLN se ha encargado de ponerle tinte político a esta institución, pues han acusado a cuatro de los magistrados de favorecer los intereses de su rival, ARENA. Todo esto sin aportar realmente ninguna prueba, ni argumento de peso. Aquí se aplica aquello, del que no está conmigo, está contra mí. Si no me gusta lo que hace la Sala, le ha de gustar a ARENA.

Pero este panorama tiene otra consecuencia mucho más importante para la sociedad, esta radica en que los ciudadanos tienen una aprehensión falsa de lo que consiste “hacer política”. Es decir en el sentido de ocuparse de los asuntos de la Polis (la ciudad). La conducta de los que integran el mundillo político ha usurpado el ejercicio de la actividad política y lo han desvirtuado. Es lo que conduce a mucha gente a desinteresarse de la política, es lo que ha conducido al rechazo a través de la abstención creciente. En las dos últimas elecciones ha surgido un movimiento que ha llamado a anular el voto, una manera justamente de protestar contra esa usurpación de la cosa pública por los partidos políticos. Era una invitación a reapropiarse de la política negando la politiquería del mundillo. Pero esta actitud, aunque justa, tiene un defecto mayor, existe únicamente en los momentos electorales, es decir que su existencia está supeditada al calendario electoral, que no lo fija el movimiento del voto nulo.

Esto plantea un cuestionamiento mayor: ¿cómo en estas condiciones proponerle a la población entrar en política? Esto requiere tener clara visión de lo que es hoy por hoy el quehacer político, tal cual existe y tal cual le aparece a la población. En esto es necesario tener absoluta claridad de los objetivos que hay que plantearse. No se puede ignorar el mundo institucional existente, pues su actuar acapara constantemente la atención de la gente y al mismo tiempo es el que gobierna la vida del país. No se puede hacer como si no existiera y como si no jugara un papel trascendental. Ellos asumen el papel de mampara de las clases pudientes que en cambio les abandonan la administración (usufructo) del Estado. No obstante tomarlo en cuenta no significa dejar que los ciudadanos identifiquen a los que quieren hacer otro tipo de política. Los que quieren invertir e subvertir lo existente tienen que ofrecer otra cosa, pero otra cosa que implique oponerse a la política tal cual es practicada por los partidos políticos institucionales e institucionalizados y el nuevo partido político, pues no hay otra manera de entrar permanentemente en política sin una estructura que sustente las acciones.

Con esto último estamos optando por un camino que rechaza al mundillo político y sus prácticas y al mismo tiempo estamos declinando dejarnos llevar por la primera impulsión, desertar la política. Al mismo tiempo estamos ofreciendo salir de un esquema individualista, es decir aquí se ha propuesto organizarse, juntarse con otros. El mundillo político con todas las instituciones, sobre todo con la institución electoral, nos impone conducirnos individualmente o de manera individualista. El ciudadano cuando va a la urna y pone un voto, se define individualmente por una u otra opción en competición. El sufragio tal cual existe es una desposesión de la voluntad individual y colectiva, pues delegamos a otros el derecho de hablar en nuestro nombre dentro del mundo cerrado de las instituciones. Les damos toda la autoridad y les dejamos que puedan organizar a su antojo el momento en que de nuevo nos soliciten para que votemos por ellos.

Pero la población sabe que entrar a un partido político tal cual funcionan ahora es asimismo despojarse de su voluntad y entrar a defender posiciones políticas ya decididas y definidas con antelación a su propia voluntad y sin que su propia voz haya sido escuchada. Todo el mundo ve que el funcionamiento de los partidos es vertical y que las direcciones se auto-reproducen en autarquía, funcionando de manera autocrática.

Surge pues la necesidad urgente de innovar. Innovar respecto a ese mundillo político e innovar respecto a la manera de organizarse, de darle a cada uno de los ciudadanos la posibilidad de dar a conocer su pensamiento, darle la real posibilidad de que su voz sea realmente su voz. Darle la posibilidad que pueda defender en el seno del nuevo partido sus posiciones y darle la certidumbre de que va a ser escuchado. Al mismo tiempo darle la posibilidad de que no se conforme con afirmar su deseo, sino que pueda sopesar los pros y los contras de su propia posición y la ajena, que pueda al final argumentar con solidez su posición. Se trata al mismo tiempo de afirmar su personalidad, de no dejarse imponer la voluntad de un líder, aunque por determinadas circunstancias pueda ser transitoriamente un vocero del nuevo movimiento. Pero cada uno debe de saber que la función de vocero no le da a nadie derecho sobre los demás y que al fin y al cabo cada uno puede y debe ser el vocero de todos. El modo de organizarse no puede ser calcado de lo existente en los partidos que pueblan el mundillo político, pero tampoco se puede dejar que la organización surja de manera espontánea. Es por ello que el aspecto organizacional es también fundamental, pero ahora que la gente por las nuevas técnicas se está acostumbrando a actuar en redes, en las que todos proponen y todos deciden, pues darle un carácter político a este tipo de funcionamiento es un paso hacia una transversalidad activa. Este modo de funcionar no debe impedir las acciones colectivas, lo que significa que en un momento dado la toma de decisiones se vuelve urgente y no siempre es posible obtener un consenso. Entonces vuelve la necesidad del voto, en que la autoridad la tiene la mayoría. La diferencia es que ninguno ha perdido su propia voluntad, ni su opinión. Pero sobre todo lo que se decide no es muy lejano de sus propios intereses y convicciones.  

09 mayo 2015

¿Qué otro mundo queremos?



Los magistrados de la Corte Suprema de Justicia pertenecen como los diputados, los miembros del Ejecutivo, los periodistas, los entrevistadores, encuestadores, algunos publicistas a la esfera política, a ese mundillo cerrado en sí mismo, al que se entra por unción de algún partido político, por unción de la alguna autoridad instituida, que puede ser algún secretario general o un grupo de personas pertenecientes al mundillo. Empecé la lista por los magistrados de la CSJ —pude referirme de manera más concreta a los de la Sala de lo Constitucional— porque en algunos de sus fallos han puesto en entredicho la autoridad de los partidos políticos y su función dentro de esta esfera. La función de mediación entre la sociedad y el poder está consagrada por la misma Constitución. La realidad misma de esta esfera es mucho más potente que la supuesta rebeldía mostrada por los magistrados.

Las candidaturas independientes fueron un fiasco rotundo, el voto cruzado trajo más estorbo que ventajas. Los fallos de la Sala sólo en apariencia ostentan un carácter subversivo. Los fallos no pueden aniquilar una realidad que funciona dentro del marco de la democracia representativa y que posee sus leyes propias que se fundan en la ideología misma de la dominación.

Este mundillo político tiene sus propias características que se desprenden de su autonomía dentro de la sociedad. Se trata de un “universo que obedece a sus propias leyes, que son diferentes de las leyes del mundo social ordinario— nos dice el sociólogo francés Pierre Bourdieu. Prosigue este estudioso afirmando que “Alguien que entra en política, como alguien que entra en religión, debe operar una transformación, una conversión e incluso si ésta no aparece como tal, incluso si no tiene consciencia de ello, aquélla le es tácitamente impuesta, la sanción en caso de transgresión es el fracaso o la exclusión” (“Propos sur le champ politique, Pierre Bourdieu, Presses Universitaires de Lyon, 2000, Lyon). 

Existe una separación entre el mundillo político y el resto del mundo, un corte entre los profesionales y los profanos, como en el ámbito religioso existen los clérigos y los laicos. La existencia de este mundillo en nuestro país se ha ido formando poco a poco, pues hemos vivido períodos en que realmente y de manera propia no se hacía política, porque las dictaduras no lo permitían, los partidos no eran realmente partidos sino que grupos que servían de mamparas a la ausencia de libertades y derechos ciudadanos. Sabemos que hubo necesidad de la guerra para que este mundillo apareciera sobre la apariencia que existía antes. Pero ya subsistían las premisas y las bases, las elecciones y las instituciones del Estado, existía también la ideología que permitió su afirmación y consagración.

Una de la bases del funcionamiento de este mundillo es que los legos no tienen derecho a expresarse sobre la política, se trata de una prohibición tácita, los únicos que tienen competencia son los políticos. Es muy distinto hablar en un parque o en un café o en la casa de política que hacerlo dentro de las instancias en donde hablar es también actuar más allá del alcance de mi voz, en donde mis palabras van a ser reproducidas por los medios y van a adquirir un valor de opinión multiplicada, pues aparece como algo que no sólo pertenece al que se expresa, sino que lo hace en representación de aquellos que sólo pueden hacerlo en la esfera privada. Esto es tan así que la expresión de “los sin voz” se ha afirmado y muchos pretenden tomar la palabra en su nombre.

¿Quiénes pueden formar parte de ese mundillo? De manera general son los hombres los que tienen mayores posibilidades, pues la división entre sexos le da privilegios al sexo masculino, por tradición, por costumbres, por la misma división del trabajo. Por lo general las mujeres tienen menor propensión a ocuparse de la política, a responder a cuestionarlos sobre el tema. Lo mismo que la gente de mayor instrucción se interesa más en la política que los menos instruidos, esto incluye también a los más pobres que tampoco tienden a meterse en política. Estas condiciones son sociales y de ninguna manera naturales del interés en la política.  Otra condición social que permite entrar en ese mundillo es tener tiempo libre: “la primera acumulación de capital político es el hecho que gente dotada de un excedente económico que les concede apartarse de las actividades productivas, lo que les permite ponerse en posición de voceros” (Óp. cit. p. 54). La educación y formación son también un factor propicio para ejercerse en el mundillo político. Hay algo de suma importancia que señala también Bourdieu: “Es importante saber que el universo político reposa sobre una exclusión, sobre una desposesión. Más el campo político se constituye, más se autonomiza, más se profesionaliza, más los profesionales tienden a mirar a los profanos con una especie de conmiseración”.

Tengo para mí que en nuestro país esta conmiseración se troca en desprecio: lo hemos visto nosotros en la arrogante actitud de muchos de nuestros políticos (Flores, Funes, Reyes, etc.), los diputados a sabiendas de que las primas que se adjudican son mal vistas por la gente, siguen inmutables votándolas como si nada, nuestro aguileño presidente de la Asamblea se indignaba cuando los periodistas le señalaba su tren de vida desproporcionado respecto a la indigencia en que vive la población. Para Sigfrido Reyes el lujo es ínsito a la función, de allí su frenética búsqueda de lo suntuoso, su viaje de despedida fue ya como el ribete que nos ofreció de regalo.

En estos días los políticos que pueblan el Ejecutivo y la Asamblea han tratado a los magistrados de la Sala como legos que no entienden nada y les discuten sus fallos constitucionales. Claro que los diputados y el presidente no aportaron mucho argumento, pero si trataron de alarmar a la población acusando de irresponsabilidad a los magistrados, que ponían en peligro la vida republicana, todas las instituciones, las bases mismas de convivencia que se lograron con los Acuerdos de Paz. Toda esta alharaca politiquera con un desprecio tal llamaba al “pueblo” a manifestarse contra los magistrados, de repente el presidente se vuelve un sedicioso cualquiera contra un Poder de los tres que tiene el Estado salvadoreño. Fabio Castillo le suplicó a Sánchez Cerén un poco de recato y que deje en paz a los magistrados.

En nuestro país hay otra actitud de desprecio de los profesionales de la política respecto a la población. Los de la derecha responsabilizan a la población de la permanencia de la izquierda en el poder y los de la izquierda responsabilizan a la población del retorno de la derecha al poder. Esta simetría muestra una especie de connivencia, es casi como un tácito acuerdo entre los partidos mayoritarios para acaparar entre los dos el máximo de votos. Pero hay algo más, si pierden, los irresponsables han sido los que no acudieron a las urnas, los que no les dieron sus votos. 

 Cito de nuevo a Pierre Bourdieu: “Es algo de lo cual los profanos tienen a veces la intuición. Sospechan que esas gentes que juegan a ese juego que se llama la política, tienen entre ellas una especie de complicidad fundamental, previa a su desacuerdo. Incluso se puede decir que tienen, por el hecho mismo de la pertenencia, intereses a la perpetuación del campo, y que pueden ser presentados como la expresión de los intereses de los ciudadanos que les han dado la delegación de representarlos” (pp. 56-57). 

Una de las características del mundillo político es que las acciones y decires de los que están a su interior no se determinan por su relación directa con sus electores, sino con los miembros del mismo mundillo. “Dice lo que dice —por ejemplo una toma de posición respecto a la seguridad o respecto a la delincuencia…— no para responder a las expectativas de la población en general  o incluso de la categoría que le dio sus votos, que lo ha designado como su mandatario, sino que por referencia a lo que otros en el campo dicen o no dicen, hacen o no hacen, para diferenciarse o al contrario apropiarse posiciones capaces de amenazar la apariencia de la representatividad que pueda tener” (p. 57).

Esto que señala el sociólogo francés también implica que entre muchas de las tomas de posición de los políticos tienen como referente el mismo mundo de la política, existe pues un interés político específico, que no se puede asimilar inmediatamente a los intereses de los que les dieron el mandato. Hay intereses que se definen en relación con la gente del mismo partido (por ejemplo Ortiz buscando candidatura) o contra la gente de otros partidos. El funcionamiento en el campo produce un efecto de encerramiento. Este efecto es el resultado de un proceso: entre más el espacio político se autonomiza, más avanza según su lógica propia, más tiende a funcionar en conformidad con los intereses inherentes al mundillo, más la ruptura con los profanos se profundiza.

Entre más se autonomiza el mundillo político y más la ruptura se abre, se produce y se pone en obra una competencia específica, un sentido del juego propio al campo mismo, un sexto sentido. El ejemplo de Ortiz es instructivo: él buscaba ser candidato a la presidencia, lo sigue buscando para el próximo escrutinio, pero sabía muy bien que no debía proclamarlo, en ninguna de sus entrevistas se declaró candidato a la candidatura, pero siempre dejaba abierta la opción con un sibilino “si el partido me pide…”. Su posición ambivalente, de tener una aureola de “reformista”, pero fiel al aparato ortodoxo, fiel a los mandatos de la cúpula, cuidándose que sus posiciones no entraran en franca y clara oposición con el trío compuesto por Medardo González, Sánchez Cerén y Merino (que son los que ponen y disponen en la dirección del partido). Algunos de sus amigos inexpertos y profanos publicaron en Estados Unidos una “carta abierta” proponiéndolo como candidato a la presidencia. Esta carta vino a contrariar la discreción que hasta entonces había manifestado y tuvo que insistir mucho dentro del partido para reafirmar su lealtad y negar rotundamente que nada tenía que ver con esa “carta abierta”. Lo paradójico de la situación es que luego del pasaje de Funes por la presidencia, que había sido un momento clave en de la actividad del FMLN dentro del mundo político, mostrándose como un partido de apertura, capaz incluso de presentar a un foráneo como su candidato, Ortiz era una pieza del ajedrez político de la que la cúpula podía echar mano, pues Ortiz seguía gozando del prestigio de “reformista” leal.

Este sexto sentido es el que permite negociar los compromisos, que se guarde silencio sobre algo que se mencionaría en otras circunstancias, que uno proteja a sus amigos discretamente, que uno sepa qué responder a los periodistas. Todo esto contribuye al encerramiento del campo político y que se vuelve repetitivo, que se mueve en el vacío. No obstante por razones evidentes, este mundillo político no puede llegar a los extremos a los que sí llegan ciertos círculos artísticos que prescinden del público y permanecen entre ellos: los que juegan a la política no pueden seguir jugando solos, sin referirse a los que en nombre de los cuales pretenden expresarse y delante de los que de tiempo en tiempo tienen que presentarse para que les renueven con sus votos la delegación.

Son estos momentos electorales en que el mundillo encerrado en sí mismo tiene que abrir las puertas y se da cuenta que su legitimidad no reposa en sus propias capacidades, sino en el voto que tienen que procurarse ante los electores. La voz que han usurpado y en nombre de la que pretenden hablar, se vuelve lo que es, ajena. Pero es la voz que enajena el político profesional y vuelto de nuevo al mundillo con su mandato renovado, pierde la memoria y de nuevo se vuelca al juego para mantenerse en él y para perpetuarlo.

Este mundillo político se autorreproduce, se nutre de sí mismo y todo lleva a que los mismos personajes se perpetúen en el ejercicio del mando político. Esto es así al interior mismo de los partidos en los que raramente aparecen nuevas caras. Viven en autocracia. No obstante para acallar las protestas internas o externas de la falta de renovación del personal político, las cúpulas introducen con goteros y filtros a nuevas caras. Este renuevo a veces es lento, cauteloso, muchos de los jóvenes tienen que pasar por los viveros de los puestos intermedios, raros son los que tienen una ascensión fulgurante.

En nuestro mundillo político salvadoreño ha sido el FMLN el que ha ofrecido mayor flexibilidad: lo demostró abriéndole las puertas a Mauricio Funes. Por supuesto que esta apertura no fue total, Funes era ya miembro del mundillo político desde hacía mucho tiempo, desde sus programas televisivos se había creado un capital político apreciable hasta tal punto que pudo negociar de igual a igual con la estructura política de un partido. Todo el proceso fue paradójico: Funes se presentaba como independiente, como un hombre aparte, como alguien que trae renuevo a la política y que proclamó que su alianza con el FMLN era por necesidad institucional. Funes sabía perfectamente que necesitaba de esa estructura, pero asimismo no ignoraba que el partido urgía de alguien que no fuera de sus rangos, por lo menos es lo que le vendieron a los dirigentes del Frente y ellos compraron con beneplácito. En todo caso el novicio se mostró mucho más ducho que los viejos zorros de la intriga cupulera y politiquera. Fue el novicio el que impuso sus reglas, el que afirmó cuantas veces fue necesario que el gobernaría a su modo, con su gente y su programa.

El caso con Nayib Bukele tiene sus semejanzas y diferencias, también llega de afuera, llega sin declararse presidenciable y acepta ir de candidato a alcalde de un pueblito. Pero este silencio sobre sus futuras ambiciones es secreto de polichinela hasta tal punto que si le preguntan sobre sus pretensiones presidenciales no se hace el sordo, ni el distraído, las afirma claramente. Pero Bukele es menos experto, su llegada al mundillo no fue estruendosa, salvo que en vez de mostrarse liberal empedernido como lo hizo Funes, Nayib Bukele optó por un lenguaje más radical y olvidado por la propia cúpula. Los viejos líderes lo dejaron hablar sin corregirlo, mantenían a través de él la ilusión de las “utopías perdidas”.  Su lenguaje contrasta, tiene toda la apariencia de radical y desde el inicio Bukele se pone en la postura de porta-voz del pueblo humilde y olvidado, de los “sin voz”. Esta es una originalidad, aunque al mismo tiempo su estatuto real de empresario lo lleva a defender a la figura del empresario como un ente imprescindible en el panorama económico y la empresa privada como una entidad natural en la sociedad. 

Nayib Bukele es ahora alcalde de San Salvador, su posición aparte y crítica en su campo, lo distingue y lo ha vuelto muy popular. Aunque la polarización no le permitió destacarse como los sondeos le auguraban. Bukele se ha dado cuenta que su posición de disidente a medias de la cúpula le beneficia al interior del partido y más allá, hasta tal punto que se ha permitido acérrimas y acerbas críticas a los diputados y a otros dignatarios efemelenistas. Una de ellas le valió ironías y hasta un llamado al orden de parte del Secretario General, Medardo Gonzáles, que de manera clara lo llamó a “ubicarse”. Medardo González trató de disculpar y reprender al novicio. Es muy posible que ambos vayan a tener que medirse y entrar en un mano a mano por el puesto de presidenciable. 

Este mundillo cerrado en sí mismo, autónomo, manejando con sus propias leyes y sus códigos, es también un mundo aparte. Un mundo que se ocupa no sólo de su propia perpetuidad, sino que es el principal apoyo al mantenimiento de la dominación de clase. No es a través suyo que el pueblo puede aspirar y buscar su emancipación. Tampoco es en ese campo que las clases trabajadoras podrán hacer oír su voz, ni obligar a que las escuchen. Entrar a ese mundillo es aceptar sus reglas, sus modos de vida y el fango de todo tipo de connivencias.

Hasta ahora aun tardan en aparecer las alternativas políticas, las opciones que no nos obliguen a participar de un mundo que no es nuestro, a poder realmente enfrentar al Estado y a las clases dominantes en un terreno que no sea el que ellos han elegido y que han construido para ocultar su dominación y que les ha servido para domesticar a las fuerzas populares. Por todo el mundo surgen movimientos que tratan de construir alternativas, pero muchos terminan entrando al juego político y a la arena en donde se ven obligados a aceptar las reglas que ellos mismos han denunciado. 

Es urgente elaborar nuevas prácticas y construir un nuevo pensamiento. Ya sabemos que el tipo de organización centralizada y de delegación sirve sólo para desposeer al militante de su propio pensamiento y de su propia voluntad. Son organizaciones autocráticas que se reproducen con una pericia sin fallas. Lo que hay que definir es justamente qué tipo de organización se urge, pero que al mismo tiempo se adapte a los nuevos objetivos. La situación moderna es compleja. Las clases dominantes tienen bien rodadas sus técnicas de dominación, desde la enseñanza acrítica de los centros educativos hasta la publicidad que nos cautiva y embruja y nos inyecta deseos e ilusiones. ¿Qué otro mundo queremos? Dejo planteada esta pregunta. Espero que todos los que rechazan este mundo estancado, este mundo que ha decretado el fin de la historia, que se complace en destruir a la humanidad y hace pesar sobre nuestras cabezas la amenaza de destruir el mundo en que vivimos, que todos busquemos con ardor las soluciones.  

19 marzo 2015

Contradicciones XII



Es menester tener presente que las relaciones entre las formas de la resolución y la esencia de la contradicción misma no son mecánicas. Es cierto que la esencia misma es invariable hasta la resolución que opone a los contrarios y se puede de manera general presuponer que la resolución de una contradicción antagónica va adoptar formas a partir de la esencia, pues se trata de suprimir uno de los opuestos, que estas formas serán violentas, explosivas. Mientras que la resolución de una contradicción no-antagónica tiende a tomar formas pacíficas, no violentas. No obstante las relaciones entre esencia y las formas de contradicciones son mucho más dialécticas, puesto que la forma no es una simple manifestación pasiva de la esencia, la forma es donde se desarrollan procesos específicos, en los cuales tienen lugar las relaciones entre la esencia y las condiciones concretas, entre lo interno y lo externo. Dicho de manera las formas explosivas no son exclusivas de la contradicción antagónica. La explosión lógicamente consiste en la brusquedad con la que se opera un cambio cualitativo, o sea la fuerza que produce efectos destructores internos y externos.

El cambio cualitativo mismo es un fenómeno brusco y único sólo si se lo opone a la lenta multiplicidad de cambios cuantitativos que lo preparan. Con demasiada frecuencia se aíslan, se separan mecánicamente los cambios cualitativos de los cambios cuantitativos. En verdad, en la realidad, todo cambio es a la vez cuantitativo y cualitativo: la calidad de una contradicción, su lógica esencial, depende directamente de la relación cuantitativa de las fuerzas entre los contrarios. Como lo dejamos dicho anteriormente, entre cantidad y calidad hay unidad e identidad de contrarios. Las fases de acumulación de cambios cuantitativos son aquellas cuyo aspecto esencial es el del cambio cuantitativo y de transformaciones cualitativas parciales. Hay una especie de transfiguración lenta y gradual sin que por de pronto la cosa se transforme radicalmente. A la inversa los saltos cualitativos se caracterizan por el predominio del cambio cualitativo, los cambios cuantitativos mismos toman el aspecto cualitativo: el quiebre de la antigua cualidad modifica radicalmente el ritmo de los cambios cuantitativos y provoca nuevos.

Si nos detenemos a observar en detalle, un cambio cualitativo es la absorción, la integración de un número significativo de cambios cualitativos más elementales, “moleculares”, por ejemplo en el caso del nivel molecular de un cuerpo, celular en el caso de un ser viviente, de relaciones en una formación social. Empero la brusquedad que provoca cada cambio cualitativo molecular que acaece en un punto crucial, en la anudadura, de los cambios cuantitativos, no produce una brusquedad global, ésta únicamente puede resultar en la medida en que hay una simultaneidad de los cambios cualitativos moleculares, parciales. Admitamos que las condiciones internas de gestación y maduración de los cambios cualitativos parciales (“moleculares”) tienen el ritmo de un fenómeno estadístico, podemos esperar que éstos se produzcan con cierta dispersión en el tiempo, que se manifestará por un escalonamiento del cambio cualitativo global: la forma explosiva no aparece o por lo menos no de grandes dimensiones. Pero si surge un obstáculo externo capaz de impedir durante cierto tiempo más o menos largo los cambios moleculares, parciales, incluso los más precoces, las condiciones de su simultaneidad se van creando. Cuando la presión del cambio cualitativo es lo suficientemente fuerte para hacer saltar el obstáculo o los obstáculos que han impedido los cambios parciales, la simultaneidad se manifiesta por la brusquedad de un fenómeno global y surge como fuerza destructora: es entonces que se produce la explosión.

En este sentido la explosión es una forma externa, independiente de la esencia de la contradicción y es contingente a su respecto. Es de esta manera que puede aparecer determinante el tratamiento subjetivo en su desarrollo, es de este modo que una contradicción no-antagónica, de por si no explosiva, si se encuentra bloqueada en su desarrollo por un obstáculo externo, puede aparecer y resolverse de manera explosiva. Aquí podemos ver en una forma teórica clara algunos fenómenos a los que se ha referido Mao Tse-tung, pero al mismo tiempo podemos darnos cuenta que no tienen nada que ver con la transformación de esencia de lo no-antagónico en antagónico.

Las formas de resolución de una contradicción antagónica tampoco se pueden reducir a la explosión violenta. Aunque en este caso y por lo que hemos dicho antes, se entiende perfectamente que el obstáculo generador de la explosión se encuentra al interior mismo de las contradicciones antagónicas, en las que uno de los contrarios se opone por esencia al desarrollo del otro. En este sentido las contradicciones antagónicas se nos presentan como auto-explosivas. Empero como lo hemos dejado dicho, el salto cualitativo no es un fenómeno sencillo e instantáneo, se trata de un período complejo e interiormente diferenciado. Lenin al referirse a los “vuelcos de la historia mundial” se burlaba de aquellos que no comprendían que “saltos de esa género se extienden por períodos de diez años y a veces aún más” (En nuestro caso esto nos llama a tener mucha paciencia, que incluso la gestación de un partido puede tomar más tiempo del que se desea, pero que puede acelerarse por la presión interna de las contradicciones de clase en el país).

En una contradicción antagónica el contrario inicialmente dominante se opone al desarrollo del otro y en esto bloquea los cambios cualitativos moleculares los más precoces que va madurando el mismo desarrollo de la contradicción. Es lo que provoca que las primeras fases del salto cualitativo se presenten con frecuencia bajo la forma violenta, explosiva. No obstante a medida que los cambios cualitativos moleculares se acumulan, la relación interna de las fuerzas se va modificando y el contrario inicialmente dominante va perdiendo poco a poco su capacidad de oponerse a la continuación del proceso, entonces la necesidad de las formas explosivas decae cada vez más. Si vemos más de cerca el salto cualitativo y lo analizamos dialécticamente aparece que su propio desarrollo implica un cambio cualitativo: sus primeros logros modifican las condiciones en las que se van consiguiendo los otros. Es por eso que en el proceso de resolución de las contradicciones antagónicas puede perfectamente adquirir formas no explosivas al llegar a un cierto grado de madurez.

Voy a referirme aquí, de manera muy sucinta a un caso que nos concierne y del que se habla mucho, pero con demasiados prejuicios, me refiero al proceso de Independencia. Desde más o menos los años cincuenta se desarrolló en el seno del Partido Comunista Salvadoreño un movimiento contradictorio, se trata de oponerse a la historia nacional que vehiculaba la clase dominante. Y por supuesto que ésta contaba con muchas falsedades y muchas leyendas que no llegaban al estatuto de historia. La falta de documentación, la ausencia en esos tiempos de historiadores de profesión dieron como resultado que el PCS no pudo oponerle a la burguesía una historia que no tuviera en sí prejuicios y leyendas. Pero además una personalidad que tuvo y sigue teniendo peso en nuestro país dejó un prejuicio anti-clerical para narrar la Independencia. Pero el cura que más desprestigio tuvo fue el principal personaje: José Matías Delgado. Le inventaron propiedades sin la menor documentación (no existe catastro de esa época), lo hicieron desaparecer de San Salvador en noviembre de 1811, ocultaron que fue hecho preso al cabo de la rebelión y que los estudiantes de la Universidad de San Carlos lo eligieron rector como signo de protesta y de solidaridad con la gesta de San Salvador. Cuando se habla del movimiento de la Independencia se refieren exclusivamente al 21 de septiembre de 1821. E incluso se refieren con demasiada frecuencia a un solo pasaje del Acta y esto para denigrar todo el proceso y a los próceres. Algunos han de pensar que con este simplismo hacen obra revolucionaria. No se dan cuenta que con eso se privan de aprender de nuestra historia nacional.

El proceso se inició incluso antes del Primer Grito de 1811, pues estos días de rebelión principalmente en San Salvador, pero no únicamente, pudo tener lugar por la divulgación de las ideas de la Revolución Francesa y de la Independencia de los Estados Unidos (recordemos que el pensamiento revolucionario estadounidense era tal vez el más avanzado). Hubo gente que copiaba a mano libros enteros para difundir esas ideas, corriendo el riesgo de prisión por los agentes de la Inquisición. Se difundía también lo poco que llegaba de las luchas que iban ocurriendo en el Sur del continente. Es menester reconocer que las luchas por la Independencia estaban preñadas de contradicciones antagónicas, la fundamental era la que oponía a la Corona a las fuerzas independistas de todo el continente y esto se reproducía en cada región o Virreinato. Pero hay quienes olvidan que en enero de 1814 hubo otro movimiento armado en San Salvador (reprimido tal vez con mayor violencia que el anterior de 1811). Pero entre ellos en Centroamérica hubo elecciones a las Cortes de Cádiz y los diputados enviados eran de temple progresista. La participación de diputados americanos en Cádiz es un logro importante de la lucha, el estatuto de las colonias legalmente va cambiado por la presión de los independistas. Pero hay que agregar otra cosa que es externa, pero tuvo repercusiones internas, se trata de la ocupación napoleónica de España, durante ese tiempo los contactos mercantiles de las colonias tuvieron expansión hacia otros puertos que antes les estaban prohibidos y los consiguientes efectos materiales e ideológicos.

Se trata pues de un proceso largo, los logros se van acumulando, la correlación de fuerzas ha ido creciendo en favor de los independistas. España ha ido perdiendo las batallas, la Corona se ha desprestigiado y ha ido perdiendo sus principales colonias en el Sur y sobre todo el poderío militar. Cuando llega el momento crucial para Centroamérica, la Corona no puede realmente oponerse a la simple Declaración de Independencia. El salto cualitativo se dio en Centroamérica de manera más o menos pacífica. Y las declaraciones de Independencia se han ido acumulando en varios ayuntamientos de la Capitanía General, esto lo dice claramente el Acta y en ese mismo lugar se pone de manifiesto el apoyo popular que gozan los delegados presentes en el Palacio Nacional de Guatemala: “Leídos los oficios expresados: discutido y meditado detenidamente el asunto, y oído el clamor de Viva la Independencia, que repetía lleno de entusiasmo el pueblo que se veía reunido en las calles, plaza, patio, corredores y antesala de éste palacio, se acordó por esta Diputación e individuos del Excelentísimo Ayuntamiento”., luego de esto viene una amenaza de lo que pudiera suceder si no se procedía de inmediato y de manera pacífica a declarar la Independencia: “Que siendo la Independencia del Gobierno Español la voluntad general del pueblo de Guatemala, sin perjuicio de lo que determine sobre ella, el Congreso que debe formarse, el Señor Jefe Político le mande publicar para prevenir las consecuencias, que serían temibles en el caso de que la proclamase de hecho el mismo pueblo”.  Esta última frase se ha interpretado como una voluntad de los próceres de dejar de un lado al pueblo. Pero esta interpretación es miope, pues no quiere leerlo todo y se contenta con una frase cuyo carácter retórico salta a la vista. Pues los representantes de la Corona ya no pueden postergar la declaración y están obligados a obedecer lo que entonces era la voluntad del pueblo.

O sea que la acumulación de fuerzas de los independistas centroamericanos, por razones internas y externas, los puso en la postura de resolver la contradicción antagónica con un salto cualitativo que no tuvo la forma violenta que sí se dio en otros lugares y en fechas anteriores en que la Corona tuvo las fuerzas para resistir.