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08 febrero 2019

Por una izquierda verdadera

En muchas cabezas, aunque en relación a la población global del país son pocas, ha surgido la pregunta ¿dónde está la izquierda? Entre estas personas hay quienes proponen la creación de un partido que reúna a todos aquéllos con aspiraciones sociales de izquierda. Esto ocurre como consecuencia de los resultados electorales, pues estas mismas personas han hecho dos constataciones que saltan a la vista, la primera es que Nuevas Ideas, en alianza con GANA, reunidos en torno a la candidatura de Bukele, está muy lejos de la izquierda, aunque Nuevas Ideas (NI) pudo producir la ilusión de estar a la izquierda, pero es un movimiento que en sí no tiene programa, que no funciona aún como partido y que es dirigido por una persona que por hoy es miembro de GANA. Además una divisa recurrente al interior de NI es que para sus miembros sale importando muy poco las ideologías o que ya en el país no existe esa tediosa división de izquierda y derecha. Sabemos que los que han proclamado la muerte de las ideologías son los más fervientes ideólogos de la derecha internacional. La gente de izquierda enarbola con orgullo su ideología. Las posiciones políticas, sociales, societales1 y económicas de los nombrados (no electos) dirigentes de NI son las mismas que las de la más rancia y conservadora derecha nacional. La segunda constatación, que venía ya perfilándose como evidencia, es que el FMLN dejó de ser de izquierda y se ha vuelto un partido de derecha liberal. Creo que esta constatación es la más nítida, la más patente. Es por eso que la expresión de que la izquierda se ha quedo huérfana es muy recurrente.

Al mismo tiempo a muchos les ha costado enormemente llegar a la segunda constatación, pues el FMLN encarnó la más profunda esperanza de que las cosas cambiaran en el país, muchos se negaban apasionadamente a reconocer las derivas derechistas del FMLN. Pensaron siempre que su problema no era ideológico, sino que de organización, que la cúpula se había prendido como sanguijuela en el pellejo de la organización, con unos cambios de personas todo se podía componer. Incluso algunos pensaron que eligiendo al buen candidato era suficiente y creyeron que Oscar Ortiz era el más adecuado y que podía llevar el renuevo al partido. La ausencia de un verdadero debate de ideas produjo esta ilusión; a Ortiz se le llamó renovador y se pensaba que realmente su llegada a la dirección del partido o del país iba a cambiar la situación. No obstante desde el principio Ortiz proponía que el FMLN se diera cuenta de que el mundo había cambiado y que era necesario ser realistas y aceptar que las viejas ideas de emancipación social habían caducado por completo. Ortiz propiciaba el cambio de rumbo, entrar lo más pronto posible en el neo-liberalismo. Oscar Ortiz es prácticamente el presidente este último año y es el que propuso y promociona la zona franca más grande del país. Bukele ha venido con su ocurrencia de un aeropuerto en la misma zona a consolidar esta deriva y obra neo-liberal.

Plantearse la fundación de un nuevo partido de izquierda, requiere urgentemente proceder a un previo debate esclarecedor de los conceptos fundamentales en los que va a reposar. Vimos el intento frustrado y fallido de Dagoberto Gutiérrez, quiso y trató de crear un partido “Nuevo País” en torno a su persona y su programa consistía en “no hacer lo mismo que el FMLN” y presentarse a las elecciones. Falló, la recolección de firmas fue una actividad improvisada y escueta. Mucha gente ni siquiera se dio cuenta. El triunfante intento de Nayib Bukele de crear su movimiento y posteriormente el partido que debía llevarlo a la presidencia fue fulgurante, se presentó también sin programa, al contrario desde el principio proclamó que su organización iba a acoger con el mismo beneplácito a gente de derecha y de izquierda. Como Bukele acababa de ser expulsado del FMLN clamó que en su partido no iba a haber ni expulsiones, ni exclusiones, que en su movimiento cabían todos. Y fue entonces que la imagen de la golondrina surgió, “una golondrina no hace verano”. La famosa y primera golondrina era él. El resto de la bandada acudió numerosa, de manera espontánea, cada uno con su visión, con sus sentimientos, reunidos en torno de una persona que se presentaba como el mejor detergente de la vida pública y del mundo político. Sus principales ataques fueron siempre hacia el FMLN que encarnaba el abandono de viejos ideales y de viejas y aún vivas esperanzas. El rechazo de un mundo aborrecido por su ineficacia para resolver los acuciosos problemas sociales con que se enfrenta nuestra sociedad fue el fundamento de la campaña proselitista. La partidocracia aborrecida cobró pronto otro nombre, el bipartidismo. Se trataba de concentrar los ataques contra los principales concurrentes. Los partidos de mediana influencia quedaron afuera de su mira de ataque, tal vez porque desde entonces ya sabía que iba a recurrir para presentarse a uno de ellos. En efecto, su mirada se dirigió primero hacia “Cambio democrático”, pero sobre este pesaba la espada justiciera de un recurso ante la Sala de lo Constitucional. Algunas personas afirman que desde el inicio hubo negociados entre Bukele y Gana.

Para fundar el partido de la izquierda salvadoreña no se puede proceder de la misma forma, sus objetivos de emancipación y transformación social, ni qué decir tiene, debe salir de una intensa y profunda reflexión. Esta reflexión debe abarcar entre otras cosas el análisis de lo que nos ha pasado en estos últimos cuarenta años (incluyo también los años de la guerra, pues lo que se vivió después resulta de ella), un detallado balance de la situación político-social del país y tiene que fijarse los objetivos a corto, mediano y largo plazo. No hay que perder de vista que el objetivo final es la transformación de la sociedad, en la que el bienestar de cada uno se funde en el bienestar de todos. Hay que pensar también en la forma de organizarse, no podemos seguir repitiendo esas formas esclerosadas que siempre han llevado a las dirigentes a pensar que sus cargos son eternos y además que son los dueños de la organización. No se les puede dar mayor poder a los dirigentes que el necesario para animar las acciones y las reflexiones comunes. Esta forma tiene que ser bien pensada pues tiene que responder a objetivos prácticos.

1Societal es un neologismo que ha surgido para diferenciar lo que se refiere globalmente a la sociedad : 'social' y lo que se refiere a la estructura y el funcionamiento de la sociedad : 'societal'.

Por un

06 febrero 2019

Neoliberalismo y esperanza en el rebalse

No vale la pena analizar los resultados electorales, ha salido suficiente material en el que se explica el porqué de la sonada victoria del candidato de GANA, Nayib Bukele. Tampoco es necesario estar a la expectativa de lo que va a suceder al interior del FMLN, si la dirección va por fin reconocer su responsabilidad en la derrota, si van a proceder en consecuencia de esa culpabilidad política renunciando de sus carcomidos cargos y con total sinceridad iniciar el examen minucioso de estos treinta años y pico de actuar dentro del sistema político-electoral. Son muchas las razones que me empujan a dudar en que puedan ser capaces de reconocer su responsabilidad en la derrota y en su capacidad de análisis de la misma.

Tampoco se puede cifrar esperanzas en que la mansa militancia se vaya a rebelar y obligue a la dirección a tomar las decisiones que se imponen. Durante décadas tuvieron una actitud de sumisión y acato a todo lo que la cúpula partidista decidía. Los militantes dejaron de pensar críticamente, si alguna vez lo hicieron, tanto la dirección como los militantes no analizaban la situación concreta del país y cómo transformarla, tanto la dirección suprema, como las intermedias y los militantes de base se conformaron en justificar, en encontrar pretextos al sistemático acomodamiento al sistema y a las decisiones oportunistas que la dirección le imponía a todo el partido.

Todos abandonaron el combate ideológico y político dejándole a la derecha todo el campo abierto para que impusiera a su antojo sus dogmas ideológicos, sus preceptos y su versión de la guerra. Esta guerra dejó de ser para la gran mayoría una gesta nacional para liberarse del yugo oligárquico e imperialista y pasó a ser un simple episodio negro de nuestra sufrida historia. Al no terminarse por una victoria popular, sino en una especie de semi-derrota y semi-victoria y sin mayor reflexión, ni experiencia entrar en el terreno de la política parlamentaria y electoral, adquirir las mañas y al final abandonar su identidad y todo el valor acumulado, para dedicarse exclusivamente en los medios para avanzar hacia el poder y conquistarlo, los resultados no podían ser otros. Se olvidaron de qué poder se trataba, o peor aceptaron la forma y contenido de ese poder para gozarlo. Ser de izquierda se volvió en una simple insignia publicitaria, en el rótulo, era una especie marca registrada que le aseguraba a la cúpula la fidelidad de sus clientes tradicionales y la obediencia de los militantes. No supieron, ni se les ocurrió, combinar la lucha parlamentaria y la lucha callejera y en los lugares de trabajo. Algunas veces acompañaron con recelo y a regañadientes algunas luchas que surgieron desde la sociedad, como por ejemplo, la lucha de las “blusas blancas”, por el agua o contra la minería a cielo abierto.

¿Significa esto que debemos esperar a que Bukele y sus aliados inicien la gestión gubernamental y darle como suele decirse el “beneficio de la duda”? Ahora Bukele puede gozar de este beneficio de la duda ante sus traquimañas durante su gestión capitalina y para mientras terminen algunas averiguaciones judiciales. Pero políticamente se puede ya saber en qué rumbo va a encaminar la maquinaria del Estado. Basta conocer su ideología, aunque proclame como el resto de la derecha que no tiene ninguna y que estas no tienen la menor importancia. En los asuntos económicos lo ha dicho y se lo han escrito en su programa infestado de plagios, su principio rector: “favorecer el crecimiento de la producción creando las condiciones para la inversión nacional y extranjera”. Su esperanza es que la empresa privada prospere y desde su abundancia pueda a través del “rebalse” beneficiar a la población. El Estado invertirá lo mínimo, la estructura presupuestaria seguirá inalterada, es decir los mismos gastos corrientes. Entre las condiciones propicias no prevé ninguna reforma fiscal, el inversor (los patrones) tienen que tener la absoluta seguridad en todos los planos. Respecto a la mano de obra hay que prepararla para que corresponda a las necesidades del crecimiento, preparar a nuestra juventud exclusivamente para producir y obedecer, lo que significa prepararla para la flexibilidad laboral. O sea, Bukele y sus consejeros económicos profesan el evangelio neoliberal. Con una fe ciega y fervorosa en la “teoría” del rebalse. En primer lugar no procede a una reforma fiscal porque la supone innecesaria, pues con el crecimiento aumentarán los impuestos tanto los que pague el capital como los empleados. El beneficio de la gente vendrá justamente y de manera obligatoria por el crecimiento de la actividad económica. Sí lo que se propone es crear las condiciones para que aumenten las ganancias, crear una mano de obra dócil y preparada exclusivamente para servirle al capital, dejar intacto el sistema de impuestos y esperar que la abundancia sea tal arriba que rebalse también con abundancia hacia abajo. Esto se viene repitiendo desde los años cincuenta, en muchos países, a veces sin ponerle el nombre, pero como siempre sin realmente entrar en ninguna teoría real, ni mucho menos concretarse en ninguna parte. Esta falsa “teoría” es la que sirve para exonerar a las empresas del pago de muchos impuestos, de transferencia del Estado hacia el capital. El funcionamiento del presupuesto del Estado reposa en el impuesto sobre la renta de los empleado mayoritariamente y en el más injusto de los impuestos, el impuesto al valor agregado.

Las grandes obras que se propone emprender no van a ser inversiones del Estado, sino que estas infraestructuras serán confiadas al capital privado y también su posterior gestión, o sea que la privatización ya está prevista, viene en el huevo. La Ley promulgada por Funes y la integridad de los parlamentarios, la del “Asocio público-privado” en el que los riesgos recaen en el Estado sin mayor beneficio y las ganancias van por entero al capital. Es esta ley, que le fue impuesta a Funes por el FMI y la Banca Mundial, es la que servirá, incluyendo las últimas reformas liberales, las holgadas condiciones que exige el gran capital. En definitiva se trata de lo mismo y tal vez agravado por la aumentada docilidad de los trabajadores. Para ver los frutos para la gente no hace falta esperar cien días, ni los cinco años, con esta política no van a caer.

Ultima hora: La dirección del FMLN adelanta la fecha de las elecciones internas y anuncia que los miembros vitalicios no se presentarán.

08 enero 2019

Mi profesor, los sesgos cognitivos y nuestra politiquería

Dmitri Evguenievich Mijalchi fue mi profesor principal y director de tesis en la Universidad de la Amistad de los Pueblos “Patricio Lumumba”. Ya he referido que una de sus principales enseñanzas no concierne ninguna materia de estudio, sino que era metodológica y ética: “uno puede considerarse que ya es un científico cuando ante una pregunta, ante un problema, puede responder con toda sinceridad y toda tranquilidad, “no sé”. Si me atrevo a responder a una pregunta es porque la he estudiado, porque considero que mis conocimientos son suficientes para ello. Esta actitud, la de responder “no sé” o responder cuando realmente conozco el asunto no es muy fácil de observar, por lo general uno rehúsa reconocer su propia ignorancia. Uno tiende a improvisar las respuestas. Y Dmitri Evguenievich durante los cursos ante nuestras preguntas supo decirnos, “no sé, voy a estudiar la cuestión y les doy una respuesta la próxima vez”. Nunca se puso a improvisar.

En estos días leyendo un corto artículo sobre una experiencia en el departamento de ciencias cognitivas de la Escuela Normal Superior de París recordé otra de las observaciones de Dmitri Evguenievich, resulta que nos decía que en su gran mayoría la gente (en este caso eramos los lingüistas) busca confirmar sus opiniones, leemos todo lo que va en el sentido de lo que pensamos y cuando nos topamos con algo que contradice nuestras opiniones, lo leemos superficialmente y no ponemos la debida atención, ni hacemos el debido esfuerzo para rebatir en profundidad. Es muy difícil que cambiemos de opinión.

El experimento

El experimento que he mencionado es muy sencillo, se tiene dos opciones, A o B, usted elige al azar A, gana un punto. Por lo general usted en la siguiente vuelta va a volver a elegir A, sin tratar de averiguar si B podría darle también un punto. El estudio ha mostrado que los “candidatos” tienden sin mayor razón a repetir su primera opción: en promedio si gana tres veces seguidas con la opción A, será necesario que usted pierda seis veces con esta misma opción antes de pasar a optar por B. Necesitamos mucho más pruebas para cambiar de opinión que las que nos fueron necesarias para formarnos la opinión inicial. A esto le llaman “sesgo de confirmación”. El especialista en neurociencias, Estefano Palminteri, que condujo la experiencia, afirma que “nuestro cerebro busca confirmar sus opciones y suporta difícilmente la contradicción”. Nos informa este especialista que no existe un área cerebral especifica, pero al mismo tiempo señala que los que buscan confirmación, activan mucho más las partes del sistema de recompensa. Pero también dice que “correlación no significa causalidad”. O sea que no se puede ir más lejos.

Las neurociencias han repertoriado algunas centenas de “sesgos cognitivos”, sobre todo en torno a las famosas “fak news”, algunos tienden a creer más fácilmente las noticias malas o negativas, por ejemplo la propagación, ya de la certitud, que en las próximas elecciones presidenciales habrá un fraude. Otros “sesgos cognitivos” son de repetición, se cree que algo pasó porque semejantes eventos han tenido lugar en el pasado, otros son de frecuencia si uno conserva en la memoria ejemplos de lo ocurrido o posibilidad de que ocurra. Estos “sesgos” no tienen nada que ver con la inteligencia, nos dice el neuro-científico y psicólogo clínico Albert Moukheiber, se trata de acortamientos del pensamiento que se les llama “heurísticos”: soluciones aproximativas, pero veloces que usamos a diario y que funcionan a la perfección la mayoría de veces. Cuando tendemos la mano para estrecharla a un amigo, no medimos con anticipación la distancia o al sentir un olor que asociamos con un peligro que nos mueve a ponernos a salvo, estos “sesgos de estereotipos” pueden salvarnos la vida.

Es necesario decir que las falsas noticias han existido siempre, su abundancia actual tal vez sea lo que caracteriza nuestra época. Moukheiber nos da el ejemplo de los “planistas”, que pueden encontrar en las redes sociales dos o tres grupos que comparten su convicción de que la Tierra es plana y se van a asociar y aislar con dos cientos o trescientas personas. El aislamiento en grupos de personas de la misma opinión puede fácilmente conducir a una radicalización y a un dogmatismo.

Las trampas de nuestro cerebro

Nuestro cerebro de alguna manera nos pone trampas, ¿cómo evitar caer en ellas? Albert Moukheiber nos da ciertas recomendaciones: “No se trata de dudar de todo. No obstante, para los temas importantes, podemos empezar por desconfiar de nuestros racionamientos, sobre todo cuando tenemos certitudes y tratarles de adjudicarles una nota de confianza a esas opiniones. Puedo decirme respecto a esta información, que confío en mi opinión en un 20%, pues se trata de un tema que no domino completamente”.

Dmitri Evguenievich Mijalchi tenía razón, nos cuesta mucho poner en duda nuestras convicciones, lo que creemos dominar a la perfección. Nos recomendaba variar las fuentes de información, enfrentar los puntos de vista, tratar de fundamentar sólidamente nuestros argumentos. En el Departamento de Lingüística General que dirigía era natural que principalmente estudiáramos las enseñanzas de la escuela moscovita y de las del Círculo de Praga que fue creado con las mismas convicciones. Lo que dominaba era la lingüística europea, pero esto no impidió que estudiáramos con atención las diferentes escuelas de los Estados Unidos.

Sin cambiar totalmente de tema, me quiero referir a algo que enturbia el debate político salvadoreño sobre todo en estos tiempos electorales. No podemos hacer abstracción de la historia, ni de la inmediata, ni de la más antigua, pero al mismo tiempo no puedo entrar en los detalles. Salir de una guerra y experimentar por primera vez un sistema democrático burgués que nunca funcionó en el país, sin tener experiencia, sin ninguna práctica anterior. Todo este tiempo de posguerra no pudo servirnos para el debido aprendizaje, tanto del debate parlamentario, ni de las necesarias oposiciones. Lo que saltó al primer lugar fue el antagonismo, las oposiciones radicales. Esto sucedía en las actividades de los partidos políticos y en la Asamblea. Y como al mismo tiempo los que gobernaban, me refiero a ARENA y el resto de la derecha, tampoco habían gobernado con la obligación de someterse a la crítica, toda nuestra experiencia era de dictaduras. La manera de gobernar fue despótica y autoritaria, como una especie de prolongación de las antiguas dictaduras, una especie de dictadura blanda o “dictablanda”. La Constitución fue reformada pero no hacia una profundización de la democracia, sino que petrificando el poder del ejecutivo. El Estado se convirtió en un terreno de caza privado y de reparto de las prebendas entre la casta política..Por supuesto a unos les tocaba más que a otros, los que gobernaban se servían con el cucharón.

La dificultad de un proyecto común

Ambos partidos se dieron cuenta, me refiero a los dirigentes, que mantener las antiguas tensiones y antagonismos les procuraba una clientela fija, una clientela fiel y totalmente dogmatizada, lo que se le llamó el núcleo duro y que poco a poco se convirtió en el voto duro. Durante estos años se fueron creando identidades partidarias muy frágiles, pues tenían un precario asidero, las identidades se forjaron contra el bando opuesto, en un mero antagonismo. No hubo discusiones, ni polémicas, hubo apenas insultos, vituperios, groserías. No hubo debate político, se perdió la capacidad de proyectar hacia el futuro el destino del país. Con el correr del tiempo, los gobiernos de ARENA se conformaron por una gestión de los asuntos corrientes sin mayor fantasía, imponiéndole al FMLN el voto casi obligado del presupuesto y de la larga lista de préstamos. Este dinero también le garantizaba a los diputados y dirigentes efemelenistas los salarios, dávidas y prebendas del Estado.

La ausencia de un real debate político se prolonga hasta ahora, si al Frente le sirvió y bastó para ganar con Funes las elecciones una sola frase, “sacar del gobierno a ARENA”, hoy los partidarios de Bukele también tienen sus frases huecas, sin real planteamiento político, “devuelvan lo robado”, etc. Y a los que les exigen que expliquen que se proponen, los golondrinos insultan y te apostrofan de arenero o de frentista. Este nuevo bando no se distingue de los antiguos, el mismo verticalismo empeorado. En el Frente la dirección la ejerce un grupo, ahora en su movimiento la dirección real está en manos de una sola persona. Y sus convicciones se resumen en “Nayib presidente”. Y su identidad real es la negación de lo que ha existido hasta ahora, pero se trata de una negación de los partidos, no de sus maneras de actuar.

Cada bando está encerrado en sí mismo, no enfrentan sus opiniones con los otros, e incluso su actitud de desechar a los otros no les permite llegar a elaborar un argumentario para convencer, sus convicciones no llegan realmente a una elaboración, son apenas el rechazo del otro. De esta manera multiplican los “sesgos cognitivos”, creen a pie juntillas todos los “fak news” que publican sus correligionarios, rechazan sin escuchar el discurso del adversario. ¿Se puede construir de esta manera una democracia? Y más allá ¿se puede construir un proyecto de sociedad que congregue a todos?

05 octubre 2018

Movimiento social o mundillo politiquero

A sabiendas de que las próximas elecciones presidenciales no cambiarán en nada el panorama político actual, se vuelve urgente pensar el futuro político nacional en vistas de emprender una lucha de transformación social. Aunque muchos cifran vanas esperanzas en el candidato de GANA, Nayib Bukele, como fruto de un espejismo, de una ilusión hábilmente preparada y producida por su equipo y algunos de sus allegados, todo seguirá igual, la política social y económica continuará sirviendo los intereses de la casta oligárquica salvadoreña.

La honda decepción que han producido en los ciudadanos las gestiones de ARENA y del FMLN, el hartazgo de ver siempre las mismas caras corroídas y ahora la copa ya repleta se le agrega el ribete de varios sonados casos de corrupción en las altas esferas del Estado, principalmente la más honorable, la más encumbrada, la presidencia de la república.

La corrupción no es nueva, apenas si se ha vuelto más descarada, más abierta. Los dos primeros presidentes de ARENA se apoderaron de algunas empresas del Estado bajo la cobertura legal de los procesos de privatización, los tres últimos presidentes se han servido copiosamente de la famosa “partida secreta” Es en este trasfondo que surge Nayib Bukele. Su figura cobró relevancia a través del oportunismo de los dirigentes del FMLN, pues solamente por sus contactos, por sus empresas de publicidad lo admitieron en el partido y lo presentaron como su candidato a la alcaldía de Nuevo Cuzcatlán, ninguna experiencia, ni militancia política, apenas su pertenencia a una familia y a una clase social, además de su juventud; según el cálculo de la cúpula efemelenista esta maniobra politiquera les doraría la carcomida fachada de su partido. Ya habían intentado esta misma maniobra con Mauricio Funes. En ambas fracasaron. Bukele entró al partido con la mira desde entonces en la presidencia de la república. Más o menos como el “Pibe de Oro” , que soñó muy temprano en participar en un Mundial y ganarlo. La gran diferencia es que Maradona era un genio del balón, mientras que nuestro opaco cipote nunca pudo terminar el primer año de ninguna facultad. Los cupuleros a puras penas contuvieron su ardores en las elecciones pasadas y le ofrecieron como premio de consuelo el puesto de alcalde de la Capital.

Salió Bukele a la palestra como el “Llanero Solitario”, a combatir implacable a la cúpula misma de su partido (al que varias veces olvidó que era el suyo y que incluso una vez la entonces Secretaria de Organización, la diputada Guevara, tuvo que refrescarle la memoria). Se apoyó muy astutamente en la creciente protesta y total descontento de miembros y del electorado del FMLN por el incumplimiento de muchas promesas y de no emprender nada que llevara a la anhelada transformación del país. Varias veces les reprochó el abandono de los antiguos ideales y principios. La prensa de derecha le ayudó más de lo que pudo, sirviéndole de caja de resonancia y convirtiéndolo en una figura de envergadura nacional, la prensa ante todo perseguía perjudicar al FMLN y fue creando poco a poco un peligroso concurrente electoral al parido de derecha. La dirección del FMLN adoptó la misma actitud que tuvo con Funes, calló y consintió al agitado y agitador alcalde. Y como aquellos que se duermen en la misma cama de los niños, muy mojados amanecen, eso les aconteció a los experimentados exguerrilleros. No voy a repetir el episodio de la manzana, que no alude a la mítica de Pandora, sino que a la burlesca de los infantiles cuentos de brujas. Recuerdo, por el final de la hazaña, que nuestro ilusionista se presentó como el gran enemigo de la partidocracia y enemigo de toda corrupción. Ahora lo vemos en el partido de Tony Saca y de otros corruptos, en uno de los peores partidos de la politiquería nacional.

¿Por qué Bukele?

La rocambolezca entrada de Bukele a GANA le ha desteñido el traje de paladín y su popularidad ha decaído lo suficiente como para que haya segunda vuelta en las próximas elecciones. Sin embargo este episodio en sí poco resplandeciente, tiene que detener nuestra atención, no por los protagonistas principales, un candidato de ARENA insulso, inculto e incapaz, que no reniega de los crímenes de su partido y que trata de justificar con su paupérrima oratoria; tampoco vale la pena hablar del candidato saltarín del FMLN, que también vive del pasado, a pesar de su afán de representar la modernidad. Vale la pena detenerse en este episodio por la fulgurante ascensión en la escena política nacional de un ilusionista y mentiroso. Preguntémonos, cómo ha sido posible en un país, que llevó adelante una lucha para la liberación nacional, que llevó a cierta altura la reflexión política, que adquirió el respeto y la admiración internacional, sí, ¿cómo es posible que un charlatán pueda imponerse como una opción política?

Paremos mientes en el hecho de que poco o casi nada se habla durante este tiempo de los problemas económicos, sociales y culturales del país. Al contrario lo que vemos es la radicalización del liberalismo del partido en el poder, el FMLN. La medida faro del último año de gobierno es la creación de una nueva y extendida “zona franca”, es con este tipo de medidas liberales que quieren redorar el abollado blasón y derrotado en las últimas elecciones. La derecha nos prepara el abandono de la distribución del agua a la empresa privada y un retorno a sus nefastas prácticas del pasado. El desencanto de los salvadoreños es profundo y justificado. Al mismo tiempo afuera de este mundillo politiquero, que ocupa la totalidad del campo político, tenemos el vacío. Pues afuera de este mundillo los ciudadanos no tienen otra cosa que abstenerse o anular el voto. Estos actos o no actos políticos pueden servir apenas para manifestar el descontento, para protestar, pero no contienen en sí algo positivo que apunte hacia alguna salida.

El sistema no ofrece soluciones

Un primer paso en nuestra reflexión consiste en demostrar la total imposibilidad de encontrar una salida a los problemas nacionales al interior del sistema político vigente, en este sistema de democracia representativa que se practica en el país. Sin embargo no se trata de pensar que el problema reside primordialmente en el mal uso de un sistema que funciona en otras partes, no se trata pues de nuestra idiosincrasia, de nuestras costumbres, de nuestro modo de ser, globalmente el sistema funciona correctamente en el país, tenemos las mismas instituciones que en cualquier otra parte, tenemos las leyes compatibles al sistema, las organizaciones sociales y políticas que se necesitan para hacer funcionar el sistema. Muchos de los defectos nuestros los adolecen también otros países, en donde existen los mismos desperfectos y las mismas corrupciones, apenas si el envoltorio ideológico y la maquinaria mediática son más perfeccionados. También en Europa vemos ministros en la cárcel por diferentes chanchullos, partidos que entran en crisis y están a punto de desaparecer, políticas que se deciden y se ejecutan por influencia de grupos de presión ajenos a las instituciones del Estado y financiados por los grandes consorcios multinacionales. En estas prácticas se acumulan toda suerte de trueques y prebendas. Tampoco podemos negar que nuestras instituciones políticas y republicanas estén cargadas con nuestras propias herencias históricas y agravadas por el carácter despótico de nuestro Estado oligárquico.

Este sistema funciona y cumple su papel para los fines que fue creado, para el beneficio de la clase que domina la sociedad. Este sistema se asienta en una ilusión que encierra la etimología de su nombre: democracia. Surge este sistema con la ausencia de su principal protagonista, el demos (pueblo) no existe realmente en las esferas del poder. Fueron muchas las “reparaciones” que se le aplicaron al sufragio, desde el censatario hasta el universal, la participación popular fue creciendo, no obstante el pueblo siguió ausente del poder. La desilusión también es universal, la participación popular en las elecciones vuelve a disminuir constantemente en todo el mundo, salvo en aquellos países en los que la participación la volvieron obligatoria.

Esta simple constatación debe alertarnos sobre los peligros que conlleva buscar remediar nuestra situación nacional a partir del sistema mismo. No podemos en absoluto pretender reformar el sistema desde adentro, pues para ello sería necesario cambiar el objetivo mismo del sistema, su función. El sistema funciona acorde a su función, por consiguiente nuestros objetivos políticos no pueden encerrarse dentro de un marco que se opone y contradice los intereses populares. Las soluciones no están al interior del marco político existente, obligatoriamente éstas se encuentran afuera, en otra parte. El problema no es simplemente espacial, esa “otra parte” es también conceptual, concierne profundamente nuestra manera de pensar lo político, el quehacer político. Nuestras actividades deben desarrollarse en un terreno mucho más amplio, un terreno que también contiene al campo político existente, se trata de toda la sociedad. Es al interior de todas las actividades de nuestra sociedad en la que hay que introducir la política, pero no la politiquería existente, sino que una política que estamos obligados a inventar.

Al mismo tiempo nunca se parte de cero, tenemos la experiencia de nuestra historia con varios intentos de superar y resolver la precaria situación de vida de la gente de nuestro país. Es cierto que por el momento tenemos ante nosotros más fracasos que triunfos, esto no lo podemos ocultar. Sin embargo se puede aprender mucho de las derrotas sufridas, si tenemos la lucidez de analizarlas con toda objetividad.

Las circunstancias en que actuamos nos fueron impuestas, el hecho mismo de emprender algo contra la dominación hegemónica de la oligarquía, eran también intentos de crear nuevas circunstancias. Incluso se intentó por la lucha armada destruir por completo la dominación oligárquica y su Estado con su sistema político. Esta lucha obligatoriamente se situó afuera del marco político existente, se le oponía, lo contradecía. Pero al mismo tiempo este tipo de lucha también se nos impuso por las circunstancias, por la voluntad ajena, por la ausencia de “libertades democráticas”, los objetivos que se plantearon entonces eran ambiciosos, tal vez superaban lo que era posible. Lo que se logró por las armas es lo que tenemos ahora y que ahora se nos presenta como inaceptable, pues como lo hemos visto, no se pueden resolver los problemas nacionales dentro de lo existente. Al mismo tiempo se trata de un logro político no desdeñable. Si es cierto que la vida cotidiana no ha cambiado mucho, que la violencia impera en nuestra sociedad, violencia multiforme, la que se ejerce en los hogares, en la calle por muchos agentes, incluyendo aquí las mismas fuerzas del orden y las maras, la que ejerce siempre el Estado con todas y en todas sus instituciones. Esta violencia brutal la vemos en los tantos casos de nuestras muchachas que son condenadas a inhumanas penas de cárcel por el simple señalamiento de haber abortado. Estas condenaciones contrastan con la clemencia que se muestra hacia los poderosos que violan todas las leyes. Muchos, demasiados delitos se quedan sin ser ni siquiera investigados. Recordemos lo que Monseñor Oscar Romero llamaba la “violencia institucionalizada”.

Compartir nuestras ideas

Y no obstante esta violencia, la ausencia de cambios substanciales en la vida de todos los días, podemos ahora reunirnos, podemos ahora compartir nuestras reflexiones, podemos publicar y difundir nuestras ideas sin temor y sin las amenazas de muerte que durante décadas pesaron sobre nosotros. Por primera vez vivimos en el país una situación en la que la parte popular puede expresarse. Tampoco idealicemos lo que acabo de señalar, recientemente el expresidente ladrón confeso, Tony Saca, cuando ejercía su mandato reprimió y encarceló activistas que defendían el agua y el medio-ambiente y se oponían a la minería metálica a cielo abierto. Lo que significa que esta relativa libertad es también precaria como la mayoría de los aspectos de nuestra vida social.

Volvamos de nuevo nuestra mirada hacia atrás, tuvimos una experiencia enriquecedora, los movimientos sociales de los años setenta fueron reales invernaderos de ideas y prácticas nuevas. Estos movimientos sociales de lucha acogieron en su seno distintas organizaciones, sindicatos, comités e individuos, reunificaron las luchas y fueron creando una correlación política en la sociedad que tuvo amplias repercusiones. Estos movimientos fueron golpeados por las dictaduras sin ningún miramiento, fueron desacreditadas, acusadas de un sinfín de perversiones. Y a pesar de ello lograron sobrevivir y actuar. Paradójicamente fue en este último período de nuestra historia que los movimientos sociales desaparecieron de hecho. Sin que desapareciera la necesidad socio-política que las hizo surgir. Esto también es un hecho que merece que en alguna ocasión lo estudiemos detenidamente.

Señalemos dos momentos que nos parecen importantes, estos movimientos sociales no gozaban de total autonomía, dependían de partidos políticos u organizaciones guerrilleras. Esta dependencia concernía los contenidos de sus demandas, el momento de sus acciones y en general la concepción política general de estos movimientos se pensaba fuera de ellos mismos, sus estructuras organizacionales también fueron transferidas de los partidos y de organizaciones guerrilleras, con el mismo tipo de jerarquía y compartimentación. En otras palabras se les impuso un funcionamiento verticalista y un secretismo conspirativo. Es evidente que estos aspectos no surgieron independientemente del funcionamiento de la sociedad y de su sistema político represivo. Recordemos las masacres, las invasiones de cantones, la represión sindical y de las organizaciones sociales, etc. El peligro de muerte que corrían los militantes y activistas era permanente. Este peligro de muerte se hizo efectivo en miles de casos, la represión no discriminó a nadie, no tomó en cuenta ni edad, ni sexo, ni rango social.

El otro aspecto viene ligado al precedente, se compenetran. Se trata de que los movimientos sociales no pudieron pensar su “exterioridad” respecto al campo político dominante, su oposición era frontal, pero sus acciones, su propaganda, sus proposiciones no salían del cuadro institucional impuesto por la oligarquía. Oscilaban entre un extremo al otro, por un lodo enarbolaban consignas revolucionarias y de transformación social y por el otro lado la gran parte de sus propuestas eran apenas reformistas (hubo también propuestas de transformación económica y social radicales). Este último aspecto señala con abundancia sus límites políticos y reflexivos. Por supuesto que este vaivén ideológico era inevitable dada nuestra propia historia, como la historia continental y mundial. Algunos puntos que ahora se señalan aquí era imposible percibirlos en aquel entonces, porque muchas reflexiones actuales toman en cuenta la misma historia y se han enriquecido por la experiencia misma.

El ejemplo del agua

La exterioridad de la que hablamos aquí no significa una cómoda salida hacia un limbo teórico, hacia una permanente reflexión, ni tampoco un desinterés del acaecer diario en nuestra sociedad. Al contrario es urgente ligar indisolublemente la acción y la reflexión, ambas son necesarias. Esta exterioridad tampoco es una total desatención de lo que sucede en el campo político existente, pues lo que se decide allí concierne la vida de los ciudadanos, va a determinar el presente y el futuro del país. Por lo general lo que se decide de primordial en el poder ejecutivo, como legislativo son medidas que empeñan la vida y futuro del país. Medidas positivas para la gente hay que buscarlas con lupa y por lo general son de poco peso, son migajas para contener las protestas a un nivel soportable de gobernabilidad. Si tomamos el ejemplo del agua. El viraje tomado por esta cuestión tan vital se planteó contra la privatización del agua, no obstante esta riqueza natural no puede ser privatizada por la ley misma. Pero sí se le puede entregar a sociedades privadas su tratamiento comercial, darles la administración de la extracción, su distribución, su embotellamiento. Los peligros para la comunidad nacional son grandes, no se trata de un simple aumento del precio, sino también del control sanitario del agua que se nos vende, de su cuidado y de su reparto equitativo. Los distribuidores pueden perfectamente privilegiar la exportación pues hay países que están dispuestos a comprar caro este líquido vital, ya sea porque en sus territorios escasea o porque tienen suficientes recursos como para importar y despilfarrarlo. Este despilfarro existe en nuestro país en las piscinas de las mansiones, la que sirve para regar jardines privados, mientras no hay suficiente agua para regar cultivos en momentos de sequía o no. ¿Puede una empresa privada tener como preocupación el uso que se le va a dar al agua? Las empresas privadas no reparan en este tipo de consideraciones, su objetivo son las ganancias, la mayor ganancia posible. El uso presente y futuro del agua tiene aspectos de civilización, concierne la supervivencia de la humanidad.

Lo que está planteado para el interés del país no es la entrega del agua al interés privado, sino que la consolidación, desarrollo y modernización de la empresa estatal, ANDA. Este problema, puntual en apariencia, encierra un sinfín de otros, en primer lugar la capacidad de los movimientos sociales de alertar a toda la población del peligro que se corre, sensibilizar a toda la población, pues somos todos los que urgimos que este recurso sea preservado y bien distribuido. Se trata pues de un problema de sociedad o si prefieren de un problema de nación. Pero para un movimiento social la lucha no se para en la sensibilización de la población, sino en movilizarla para obtener satisfacción de las exigencias. Hay otro aspecto que se impone al movimiento social: pensar en la función de un organismo estatal como ANDA, como volverlo en realidad una pertenencia del pueblo, cómo darle al pueblo la posibilidad de ejercer control directo de su bien. Con el desarrollo de las luchas, si estas se despliegan, irá apareciendo la necesidad de crear “consejos” o “comités” locales de control y gestión del agua. Una tarea debe de ser la obtención del derecho de controlar la gestión global de ANDA.

Las proposiciones que ahora se discuten no toman en cuenta a la sociedad salvadoreña en su totalidad, la composición misma de los organismos propuestos lleva adentro, hasta la médula de sus huesos la ideología dominante, son organismos con conceptos de jerarquía y verticalistas, en los que la representación de los empresarios es predominante. Proporcionalmente su número no corresponde al peso poblacional, ellos son una ínfima minoría. Se les entrega esa predominancia numérica por una pretendida idea de su importancia económica, esta consiste en que son los dueños de los capitales. La clase capitalista ha impuesto la idea de que su existencia es imprescindible, que sin su existencia el país no funcionaría, que la economía nacional renquearía, que son ellos el “motor” del país, como dijera el “revolucionario comandante Leonel”, ahora presidente de la república. La economía nacional está como está por la incompetencia de esa gente, su su voracidad, por su actitud rentista y parasitaria. La gestión de sus capitales constituye la traba más grande para el desarrollo del país, mientras que el trabajo de los asalariados es el que pone en movimiento esos capitales y los valorizan. Sin la fuerza de trabajo esos capitales son materia muerta. Pero la idea dominante es que los capitalistas son buenos administradores, pero sobre todo que el interés de su capital es nuestro interés común. Nos han obligado a pensar que el destino del país depende de esos capitales privados y que el interés de la nación se identifica con el interés del capital.

Esta batalla por el agua va ser dura, pues recordemos que un desfalco de ANDA por su expresidente Perla, fue de 50 millones de colones. Ese dinero no era, de lejos, la totalidad de lo que percibe esta institución, fácil es imaginarse el apetito y codicia que despierta la administración del agua entre los empresarios.

Para los partidos políticos en presencia en la palestra politiquera, este acucioso problema es apenas un tema de la propaganda electoral y para uno de ellos, ARENA, un aspecto de su misión de servirle lo mejor posible al capital privado, sin importar las nefastas consecuencias de entregarle la gestión de un bien público. El capital tiene pocos escrúpulos, varias catástrofes ecológicas han sido la consecuencia de negligencias debidas a la búsqueda del mayor beneficio, en estos momentos podemos ver que las grandes compañías de productos químicos persisten en vender pesticidas que introducen en nuestra alimentación perturbadores endocrinos y causa la creciente mortandad de las abejas, los ejemplos abundan.

El movimiento social con sus actividades y sus reflexiones siempre irá más allá de los partidos políticos, cuyo objetivo principal es llegar al poder, al poder tal cual existe, tal cual funciona, guardando su esencia de eje central de todo el engranaje estatal en beneficio de la clase dominante.

Independencia del movimiento social

La exterioridad del movimiento social también consiste en su independencia de cualquier interés partidario, su funcionamiento es político, tiene su propio ritmo, no se deja imponer agendas, ni calendarios por el mundillo politiquero, ni por los medios de comunicación de masas. El movimiento social con sus movilizaciones puede invertir las decisiones tomadas por el gobierno y la asamblea, puede imponer otro tipo de soluciones a los problemas sociales planteados. Su terreno, hay que insistir, es toda la sociedad. Su reflexión y quehacer deben penetrar todas las instancias en las que es necesario tomar decisiones políticas. El ejemplo del agua es un indicativo, pero existen otros de igual importancia, por ejemplo, la escuela. Este asunto es asimismo polifacético, en el que interfieren varios protagonistas, en primer lugar los niños, sus profesores, los padres de familia y el gobierno. Los sindicatos de maestros han limitado su actividad a meras reivindicaciones corporativas, poca atención le han prestado a su propia preparación profesional y formación permanente. Es urgente tomar consciencia de que el nivel cultural e intelectual de los profesores condiciona en mucho el desarrollo mental de nuestros jóvenes. Esto hay que tenerlo presente ya que al hablar de reformas educacionales, no se trata solamente de los contenidos de los programas, sino que también de la preparación de los que van a enseñarlos. También es necesario hablar de los aspectos materiales, salarios, edificios, instrumentos, etc.

Los padres de familia tienen que organizarse en asociaciones por escuela, por barrios, ciudades y en todo el país. Los padres tiene que ser asociados a todo lo que pasa en las escuelas, ser informados de los problemas que encuentran las escuelas para realizar su misión educativa, etc. Los profesores y los padres no deben entrar en contacto únicamente en relación a algún problema, tampoco sus encuentros deben tener lugar bajo el signo de la oposición y la confrontación.

Es inútil señalar la importancia del problema escolar, de él depende en mucho el desarrollo del país. Pues es la escuela la que determina el nivel cultural general del país, de su nivel técnico, científico. El movimiento social no puede dejar de lado este aspecto de la vida social, tiene que tomarlo globalmente y luchar para que los gobiernos lo vuelvan realmente una prioridad nacional, consagrándole un presupuesto consecuente, tomar las medidas adecuadas y adoptar las leyes que se imponen. Aquí deben de aparecer nuevas instancias como reuniones de padres de familia, reuniones de profesores y padres de familia, conexiones directas entre las instancias oficiales del gobierno y ambos sectores, profesores y padres. Se trata de nuevas instancias políticas que amplían la participación ciudadana. Como se nota no se trata pues solamente de luchar por los edificios adecuados a la enseñanza, por las aulas con todo el equipo didáctico necesario. Apenas hemos esbozado este gran terreno de luchas y de encuentros. Su valor es tal que al abordarlo nos damos cuenta de que el destino de la nación está íntimamente ligado al de la escuela. Hay aspectos que no se han tocado como son la laicidad, la gratuidad universal, etc.

Estos dos grandes temas, que debe asumir el movimiento social, nos muestran el despliegue de toda una panoplia de problemas a tratar y a profundizar. En este escrito no podemos ni siquiera enumerarlos todos. Esto mismo pone de manifiesto que las tareas de un movimiento social no pueden confundirse con lo que se proponen los partidos actuales y lo que les proponen a los ciudadanos, ir a cada tanto a depositar un boletín en las urnas, ocuparse de algunos problemas bajo el aspecto de simples promesas electorales. Las tareas del movimiento social requieren un trabajo y una reflexión permanentes. La gran diferencia es que la existencia de un movimiento social es la invitación a cada individuo, a cada ciudadano a convertirse en actor directo del destino del país, mientras que en el sistema político actual el ciudadano es apenas un espectador de una función circense grotesca, pero con el agravante de que los electores se vuelven cómplices de su propia estafa. Las elecciones sirven para legitimar el uso y usufructo del poder gubernamental por parte de los partidos políticos y de todo el mundillo politiquero. Al mismo tiempo que todo este espectáculo tiene también un objetivo ideológico, hacer creer que los electores están representados en el poder, que los gobernantes y diputados son apenas sus delegados, pero en realidad son y se comportan como los dueños.

Este movimiento social, con todas las organizaciones que lo van a conformar, no va a surgir de repente como una milagrosa aparición, para que aparezca y dé sus primeros pasos, es menester un trabajo paciente y abnegado, urge armarse de mucha paciencia y evitar toda precipitación. Obligatoriamente los promotores serán un grupo restringido de militantes que asuman la responsabilidad de darle forma inicial a este movimiento. Su entrega y convicción tienen que ser totales. En esto se necesita inventiva e imaginación, pues no se puede repetir lo existente, ni los viejos y caducos modelos de partidos y organizaciones que fracasaron y que han llevado a los trabajadores a callejones sin salida, a repetidas derrotas. Sobre este tema hay mucho que estudiar y discutir. Trataremos en otra ocasión este tema.

Para concluir es necesario señalar que este modo de acción o de considerar las acciones tienen un aspecto nuevo, se trata de acciones que apuntan a reapropiarse lo que de suyo le pertenece a la gente, a los trabajadores. Esta reapropiación tiene que producirse en los hechos, en la realidad y asimismo en la mente de las personas. Se trata de participar activamente en la gestión, por ejemplo de ANDA, conquistar este derecho, se trata también que una gestión abierta hacia la gente es más eficaz pues realiza los intereses de la comunidad y esto de forma directa, sin superfluos intermediarios. Esto implica convencer a la mayoría de ciudadanos, de los beneficios que se adquieren al poder controlar directamente la gestión de la cosa pública y de poder deliberar cuáles son las mejores soluciones. Esto lleva a un cambio de mentalidad, porque participar en esta gestión requiere entregar su tiempo por el bienestar de la comunidad y forzosamente se adquiere la íntima convicción de que se ejerce un derecho legítimo.

11 agosto 2018

Nuestra democracia resucitó al tercer día

Ya son más de tres años que el "niño" Nayib pide, ruega, patalea, insiste, transa, se desliza por ser candidato. Primero fue dulce y manso con los dirigentes del FMLN, trató de convencerlos, de amansarlos, pero no hubo tales y al darse clara cuenta que no cederían se volvió impertinente e hizo declaraciones contra el gobierno y su partido de entonces semejantes a las que pudiera hacer Cristiani. Pero no fue por esto que los cupuleros decidieron expulsarlo, sino un episodio de rabieta infantil contra la sindica del concejo municipal. Pero en estos tres años se fue construyendo la imagen de alguien que justamente no iba a transar con nadie, de rectitud extrema, lanzando a la faz de la gente, "si no se roba, el dinero alcanza" (el dinero de la alcaldía de San Salvador no le alcanzó, dejó déficit) y sobre todo que en su gestión iba a realizar una obra diaria, pero de todas esas obras la única que queda en la memoria es el suntuoso gasto para arreglar a su gusto el centro capitalino. Quedó bonito, según algunos, pero ese remodelaje deja a la municipalidad siguiente un gasto permanente de electricidad y agua que se veía obligada a heredar. Pero el que ahora salta a la memoria de todos es que "su corazón está a la izquierda y nunca entraré en GANA".

Ahora es miembro de GANA, el candidato a la presidencia de GANA. Al parecer esto no es significante para muchos, pero sí y demasiado para otros. Los episodios legales realmente no son insólitos. El primero es que la Ley Electoral le da a los partidos un lapso anterior de seis meses máximo antes de declrarar la candidatura, este requisito ya no podía cumplirlo Nuevas Ideas, incluso que hubiera sido declarado legalmente como partido en un proceso "expres", fue por eso que Bukele nunca se hizo miembro de Nuevas Ideas. En esto nadie tiene la culpa, si no contamos la ley, la culpa es suya. Pudo comportarse más impertinente y más pronto con los dirigentes del FMLN, para que lo expulsaran con mayor antelación, aquí, en este tiempo politiquero, que reside el hueso duro que le lanzaron los cupuleros. Pero la conducta alagartada de Bukele, sin paciencia, como un niño que se tira al suelo, se puso a patalear, creyendo los sofismas de Ulloa de que sí se podía interpretar la Ley al gusto de "su cliente". Pero eso no es así, la ley de partidos se aplica a los partidos legalmente constituidos e indica qué se necesita para serlo. Y esto que es una medida legal y política, no tiene interpretaciones coyunturales, ni mucho menos politiqueras. Eso el grupito que lo rodea lo sabe muy bien. Sin embargo todos en concierto le hicieron creer a la gente que no legalizaban al movimiento "Cuáles Ideas" para que Bukele no se presentara, que era un complot, una confabulación anti-democrática. Con esto resumían todo, si no se le cumplen los caprichos al "niño" Nayib se viola la democracia, si le dan gusto la democracia salvadoreña se mantendrá brillando como el parque Cuzcatlán.

La idea sorpresiva de entrar al CD fue un mal cálculo, pensaron que no iba a repetirse con este partido lo que le hicieron al PCN y a la DC, pero sí lo hicieron, también esos partidos tenían entonces diputados y aplicaron la Ley con atraso. Esto también para el grupo de "consejeros publicistas" de Bukele fue un definitivo crimen contra la santa democracia salvadoreña, cuya esencia es la posibilidad de que el "niño" Nayib se presente como candidato presidencial. Pero el TSE aplicó la implacable y dura ley. Aquí los partidos no dejan de tener su responsabilidad, pues en el TSE cada uno tiene su cuota de autoridad y de antojo. En nuestra democracia (tan brillante como una plasta en pleno sol) las leyes la hicieron todos los partidos a espaldas de los ciudadanos, con la posibilidad de chantajes y nocturnas y escondidas "encerronas". Es esta democracia que ha revivido después de su "asesinato" al declarar ilegal al CD. Ahora renace blanca, inmaculada, brillante porque el "niño" Nayib tuvo una intervención quirúigica espiritual y le pusieron su divino corazón al lado derecho y sin mayores escrúpulos, ni remilgos pudo entrar a GANA. Nulas fueron las promesas, nulas quedaron las antiguas convicciones, nulas se volvieron todas las críticas a la partidocracia.

El mundo es ahora nuevo, todo está a salvo, ya los golondrinos podrán dejar sus "ideas" nuevas o viejas y campantes entrar a GANA si a ellos también se les antoja, podrán los encargados del negocio NI pactar con GANA los secretos arreglos que ya tuvo su "niño" Nayib. Todo está salvado, todo cobra esplendor, Nayib Bukele ya puede presentarse como candidato. Y como esta era la condición central para que todos los salvadoreños tuvieramos democracia, podemos dejar todo tipo de luchas para extender nuestros derechos y dejarles a los partidos que "mangoneyen" todas las instituciones de nuestra "república bananera".

12 junio 2018

El populismo tiene su historia


Los salvadoreños somos una nación que presta poca atención a su historia, inclusive a veces preferimos el mito o la leyenda y cuando no tenemos ni el uno, ni la otra, pues nos ponemos a inventarlos. El presente se nos aparece como desprovisto de raíces, como si lo sucedido antes no tuviera nada que ver con lo que nos pasa ahora. Felizmente y de seguro hay entre nosotros excepciones, tan pocas, que su actuación pasa desapercibida, ignorada en los dos sentidos de la palabra, e.d. su noticia no nos llega y si nos llega no la tomamos en cuenta.
 
En estos meses hemos sido testigos del surgimiento de un fenómenos social vertiginoso, la fascinación o encanto que ha provocado Nayib Bukele. En pocos meses su popularidad lo ha propulsado al primer lugar en las intenciones de votos para las próximas elecciones presidenciales. Todos los sondeos lo dan vencedor desde la primera vuelta. Su carácter vertiginoso y por demás imprevisto, evidentemente ha sorprendido y ya existe una nutrida literatura periodística que pretende explicar el caso. Como todos estos escritos y videos son tan recientes y aún pululan en diarios y revistas, no urge resumirlos.
 
No obstante, valga decirlo, estos materiales constituyen opiniones políticas (no son estudios sociológicos, ni antropológicos), algunas laudatorias y las otras adversas.
 
La instantaneidad del fenómeno es indiscutible y cierta, aunque al mismo tiempo es relativa, en el sentido que los últimos años Bukele se ha dedicado a promover una imagen de hombre probo y además rebelde. Pero la instantaneidad y la extrema popularidad alcanzada por el personaje han obligado a muchos a calificar este caso como inaudito, como inédito en nuestra historia. Es en este punto que cobra sentido lo que aludo en el primer párrafo, el populismo y su hombre providencial tienen su antecedente en nuestra historia y su forma súbita también. Me refiero a Arturo Araujo. Los partidarios de Bukele no se refieren a este antecedente histórico por razones evidentes, una es el rechazo de tildar al movimiento “Nuevas Ideas” y a su ídolo de populismo. Por supuesto que Bukele no repite a Araujo, las circunstancias nacionales e internacionales no son las mismas y el contenido programático de Araujo era claro y concreto, lo forjó inspirándose de la obra y actividad social de Alberto Masferrer, Bukele se caracteriza por la vaguedad y hasta cierto punto la vacuidad programática. 

Un símil si se puede encontrar y de talla, ambos crean un movimiento y un partido ad hoc. Araujo también aquí es mucho más concreto y preciso, pues crea un partido que se posiciona en uno de los lados del espectro político, su partido laborista es de izquierda, aunque no revolucionario, se trata claramente de un partido reformista con alianzas internacionales, por lo menos deja palpable su afinidad con el laborismo inglés y de la Internacional Socialista que se opone a la Internacional fundada por Lenin. Esto por supuesto lo saben entonces y lo entienden los versados en el tema y con cierta experiencia.
 
El caso de Bukele es distinto, pues ha lanzado una redada en las turbias aguas de nuestra actualidad política. Definirse claramente de izquierda le restaría buena parte del posible electorado de derecha, que también se ha mostrado indispuesto con sus dirigencias y grupos parlamentarios y desde el lanzamiento de su movimiento lo afirma sin ambages, cabe en él todo el que quiera venir ya sea de derecha o de izquierda (lo dijo en este orden). Ese discurso inicial está completamente contaminado por la recién ocurrida ruptura con el FMLN. Por eso declara que no se le van a exigir credenciales a nadie y que no se va a expulsar a nadie. Bukele sabe que la gente de derecha lo considera de izquierda, por eso urge que lo acompañe alguien cuyo compromiso pasado y presente sea claramente de derecha y Walter Araujo le cae como anillo al dedo, toda una sortija.

Un discurso rodado

Bukele con toda razón juzga imperioso seguir en el proscenio de la escena política, aprovechar sus últimos meses de alcalde capitalino (publicidad con miles de dólares, locales y la reputación del cargo). Por ello multiplica viajes y figuraciones. Su discurso es sencillo y hasta claro al mismo tiempo por su cándido esquematismo, pero ya puesto en práctica en los años de su pertenencia al FMLN. Oponerse radicalmente a la cúpula sin detallar los puntos de la discordia, siempre usó términos generales “abandonaron los antiguos ideales”, “incomplimiento por lo que la gente los eligió” y otras expresiones de la misma calaña y luego proponerse como el mejor indicado para remediar todos esas anomalías, promoviendo su candidatura a la presidencia de la República. Esta actitud publicitaria fue permanente y la prensa de derecha le hizo eco y sus propios relevos en las redes sociales a diario no escatimaban esfuerzos para presentarlo como el mejor candidato para mantener en el poder a la izquierda. Su campaña por su designación como candidato del FMLN iba a la par con las picas hacia los cabecillas de la dirigencia efemelenista. Esta situación duró cierto tiempo, la posición de la cúpula era ambigua y tardaba en decidirse. Es probable que en sus conciliábulos decidieron temprano, pero en público en un astucioso cálculo se mostraron como que no podían optar entre tamales o pupusas.
 
Bukele trató de forzar la decisión y los dirigentes del Frente no se dejaron torcer el brazo. Pero llegó el momento en que ya no se podía seguir tergiversando (cuestiones de calendario político). Los cupuleros intentaron un compromiso y le insinuaron la vice-presidencia. Bukele muy humildemente consideró que ese cargo era para él demasiado decorativo, indigno de su sublime persona. No obstante no se dio por perdido o fue por simple inercia siguió su campaña presidencial al interior del FMLN, luego vino la “telenovela” de su expulsión, lleno de peripecias y de ocultos cálculos políticos y politiqueros. No obstante fue entonces que pasionalmente se jugó para muchos volcarse a apoyarlo y entregarse denodadamente en promover la imagen del cordero que amenazan con inmolarlo (este aspecto de la víctima ha sido y seguirá siendo un momento crucial de su propaganda).
 
El fogueo al interior del FMLN y el rodaje del esquema discursivo le sirve ahora para no tener que llenar el vacío programático y dar la impresión de afirmar lo esencial. En realidad en cada una de sus salidas o prestaciones trae para el público un tanate de ocurrencias. Cuentitos tal vez sacados de suplementos semanales o de “Selections Readers”, los que transforma hábilmente en parábolas y cuya interpretación la acomoda a su sufrida y perseguida persona. Hay otras ocurrencias, un hospital, alguna consigna, una universidad con un local y terreno (aunque sin presupuesto definido, sin definir materias, ni facultades, ni tampoco académicos competentes que asuman la enseñanza). Con este tipo de ocurrencias heterócliticas le ofrece a la concurrencia un catálogo de supermercado, hay de todo y a todo precio, sobre todo gangas. Como salta a la vista Bukele en esto sigue las hondas huellas de cualquier demagogo que busca engatusar al público asistente. Por el momento esto le funciona y el pueblo no exige más porque ignora qué se puede y se debe exigir a un hombre político que promete “nuevas” prácticas y darle un escobazo sacramental al viejo y caduco mundo de la “partidocracia”. Es este escobazo sacramental e inaugural el que ha levantado el entusiasmo, que ha avivado la maltrecha esperanza que nutre las ilusiones salvadoreñas.

Estrecho y lánguido espacio democrático


El partido ARENA en el poder no fue, ni podía ser un partido de la esperanza, ni de ilusiones. Estaban en el poder como sus dueños, cuya misión era sobre todo no dejarse “robar” por los “rojos” lo que les pertenecía. No gobernaban para la gente, por supuesto que sus campañas electorales estaban llenas de promesas incumplidas. ARENA heredó el poder de sus predecesores que remontan hasta los que derrocaron a Arturo Araujo, llegaron al poder con el prestigio de haber parado a la ola comunista. No obstante se tuvo que abrir un estrecho y lánguido espacio democrático. Fue por ese caminito que apareció el desgaste que sufrió ARENA. Sus gobiernos se fueron cada vez más perfilando como desgobiernos asfixiantes de toda esperanza y de cualquier ilusión.
 
El FMLN encarnaba para buena parte de la población la posibilidad de otra vida, de algo mejor. No obstante este partido seguía inspirando miedo, todo el arsenal de la más rancia propaganda anticomunista estaba vigente y era muy vivaz. Entonces ambos partidos se percibían como agentes sociales diametralmente opuestos. Fue esto lo que elevó al rango de explicación del estancamiento socio-económico a una sola palabra: polarización. Esta aparecía en todo rincón político, en discursos, en los gestos, en los diarios, en las revistas, en los desfiles y por supuesto en las debates parlamentarios. Esta polarización fue la que ha mantenido cautivo el “núcleo duro” del electorado de ambos partidos. La polarización se volvió un ente fantasmal, extraño y todopoderoso. El espacio político estaba por entero ocupado por él.
 
La cúpula efemelenista buscaba como salirle al paso a esta situación tan desfavorable, le pusieron en bandeja dorada a Mauricio Funes y esto desde el 2005. No obstante Schafik Handal no aceptó por dos razones, la primera pues consideró que era su turno y la otra fue que el FMLN perdería su personalidad y consistencia política si se confiaba en una persona exterior y pensaba justo que era preferible una derrota auténtica que una falsa victoria, sabía o suponía que más pronto que tarde el miedo iba a sufrir su natural erosión. Tras el estrepitoso fracaso de Handal y del FMLN la dirección aceleró y concluyó la “alianza” con Mauricio Funes. Apareció la figura del candidato exterior al partido.
 
Durante cierto tiempo Bukele jugó a lo mismo, aunque adhirió más temprano, con el fin de pisar confortablemente lo que pensó el primer peldaño hacia la presidencia: el puesto de alcalde de San Salvador. La vitrina que ofrece la Municipalidad capitalina es casi comparable a la del presidente. Bukele es agente de publicidad, por consiguiente no desaprovechó la visibilidad que prodiga el puesto de alcalde de San Salvador. Todo esto lo hizo con mucha pericia, lanzando frases que usó como cuñas publicitarias, como aquella: “si no se roba el dinero alcanza”, pero el pisto de los capitalinos no le alcanzó, pues la Municipalidad la entregó “enjaranada”. Tuvo un presupuesto publicitario que utilizó para su propia promoción hasta la última semana de su administración municipal. Prestó los camiones de la basura a municipalidades vecinas, le regaló motos a la PNC (aún no canceladas), etc. 
 
Nayib Bukele se dio cuenta que el desgaste de la popularidad y de la autoridad de la cúpula del Frente era vertiginoso, deslindarse totalmente de ella fue un objetivo con varios fines, uno fue figurar como “independiente”, como exterior al partido y al mismo tiempo presentarse como la persona idónea para salvar de la derrota al FMLN. Para ello se apoyó en la experiencia de Funes y la figura del candidato exterior opuesto a la cúpula. Esta conducta irritaba a la dirección del FMLN, a tal punto que Norma Guevara de la Comisión Política, en una conferencia de  prensa, le recordó que era miembro del partido desde ya varios años. Su hostilidad a la cúpula la mantuvo en permanencia, aunque con altibajos. La victimización ha sido el otro pilar de su autopromoción, de su publicidad.

Espectáculo circense

Los gobiernos de Funes y de Sánchez Cerén, el grupo parlamentario efemelenista, la cúpula partidaria le declararon la guerra a la Sala de lo Constitucional, esta campaña fue intensa y cundió efectos reales en la población que perduran hasta hoy. Bukele acompañó a la dirección en estas batallas, fue asiduo en los mítines que solían organizar enfrente de la sede de la Corte Suprema de Justicia. Pero Bukele rechaza con vehemencia ser segundón, entonces se declaró perseguido de la Sala y también organizó sus propios mítines, lo acompañó en una oportunidad Medardo González, el secretario general del FMLN. No obstante la Sala no tenía ningún expediente abierto contra él y tampoco lo había convocado, ni tenía intenciones de hacerlo. Pero el espectáculo y la función circense estaba dada y la “víctima” se fue calladito a buscar nuevos enemigos. 

Para no empachar a mis lectores suspendo aquí este relato, que he traído a colación para mostrar que el movimiento “Cuáles Ideas” no surgió tan de repente y de la nada, no ha sido algo totalmente espontáneo, sino que ha venido siendo construido minuciosamente, con etapas sucesivas y consecuentes.
 
Sin embargo este plan fríamente concebido no explica por si mismo el masivo encantamiento que ha suscitado Nayib Bukele. Este movimiento de alguna manera también ha sido espontáneo, nadie fue con armas a obligar a tantos miles de personas para apoyar con su firma la inscripción del partido de Bukele.
 
El fenómeno no se explica tan fácilmente, en él hay algo que toca profundamente los fundamentos en que se sustenta el quehacer político salvadoreño de hoy. Ha pasado casi un siglo desde la creación del Partido Laborista de El Salvador por Arturo Araujo. entre tanto son muchos los partidos que se crearon y también desaparecieron. No obstante de manera constante, aunque también variable, han existido dos grandes tendencias que se han enfrentado, tanto en torno al poder político, como en “la guerra ideológica”. La batalla en torno al poder fue siempre desequilibrada, pues una corriente ha estado siempre en el poder y su lucha no era por conquistarlo, sino que por mantenerse en él. 


Durante todo el siglo hubo golpes de Estado que, por lo general,  dirimían oposiciones entre fracciones al interior de la derecha que estaba en el poder; los fraudes, la represión permanente y sangrienta, el despotismo fueron los métodos de gobierno que usó el poder contra la otra corriente política. La izquierda no tuvo tanta diversidad de partidos como la derecha, durante décadas tan solo existió un partido, el Partido Comunista (ilegal) que pudo subsistir gracias a una sólida organización clandestina. La derecha en el poder cambió partidos a cada golpe de Estado. Por los años sesenta comenzó a variar realmente su oferta partidaria al surgir la Democracia Cristiana con ayuda exterior, sobre todo de las Democracias Cristianas de Chile y Venezuela. La izquierda clandestina acaparaba en el seno del Partido Comunista su propia diversidad. Pero sin llevar durante años ninguna discusión abierta, pues ante un enemigo tan feroz como las sucesivas dictaduras, era imprescindible preservar la unidad. La preservación de la unidad convertida y elevada a un sacrosanto fetiche impidió durante décadas discusión y avances teóricos, dominó en este campo la sumisión a las “doctrinas” estalinistas, dogmáticas y cerradas.

De peor en peor

La represión dictatorial fue permanente y cada vez más fuerte, se iba de peor en peor, hasta llegar a las masacres de los años setenta y ochenta que aún siguen impunes. Si se para mientes en el escueto panorama del campo político expuesto, se puede constatar que las luchas por llegar al poder no se han acompañado en absoluto de contiendas ideológicas reales, durante la guerra más o menos el FMLN esbozó esquemas sociales y económicos que podrían configurar la sociedad futura, todo eso comido y carcomido por el esquematismo y el dogmatismo y algunas pinceladas de oportunismo. Lo que le permite a algunos jurar muy devotamente que nunca hubo un proyecto socialista, ni por asomo, otros proclaman que sí, que el objetivo era transformar la sociedad salvadoreña en una socialista. El caso es que al interior mismo del antiguo FMLN nunca se supo claramente si los documentos comunes se sobreponían a los particulares de cada organización. La unificación y la unidad del FMLN siempre renquearon, incluso las estrategias militares no superaron por completo las divisiones. Ya en la vida civil no fueron las ideas, ni la lucha de ideas, las que dominaron los pleitos internos, sino que el reparto del pedazo de pastel estatal que les tocaba en cada legislación. Lo que ha llegado a nivelar y a unificar el pensamiento en el FMLN ha sido su conversión al reformismo y al neoliberalismo. Subsiste entre algunos dirigentes un discurso rojizo que provoca rubor en sus colegas y ardor en las bases adormecidas.
 
Este rápido y corto inventario muestra una monstruosa menesterosidad de lo político en nuestro país. Al mismo tiempo la extrema urgencia de cambios reales insatisfechos ha puesto de manifiesto la caducidad de un sistema de democracia representativa que no ha tenido el tiempo de desarrollarse, ni de mostrar ninguno de sus beneficios. Este sistema incapaz de satisfacer las exigencias políticas y sociales del momento ha llegado velozmente al final del ciclo que cuentas hechas no ha durado tanto tiempo. Su crisis es manifiesta. Los partidos políticos dominantes en el campo político salvadoreño sin estar completamente erosionados, sufrieron cada uno la derrota que les correspondía, el que estaba en el poder fue golpeado con mayor rudeza, el otro por su desgaste casi natural. ARENA no sustenta, ni alimenta esperanzas, ni ilusiones, el FMLN defraudó la esperanza.

Nos ofrece su persona


¿Qué nos ofrece Bukele y su partido en este momento preciso de vacío político? Nos ofrece su persona, sin ningún programa, sin ninguna idea de cómo cumplir con lo que promete: terminar con la partidocracia. Su objetivo verdadero es ser presidente. Por supuesto que esa ambición le impone maniobras y discursos. Por el momento, por muy indulgente que uno sea, no se le encuentra a su discurso ninguna coherencia, sus ocurrencias no llegan realmente a configurar una visión global que pueda tener del país y sus problemas.

La tarea de acabar con la partidocracia son puras palabras, pues como su primer objetivo es la presidencia y nada más, está obligado a entrar en el sistema de partidos existente y el verticalismo real de su partido es mayor que el de otras organizaciones políticas. Un día, sin aviso, sus partidarios descubrieron que su partido tenía un Secretario General que muy poca gente conocía, Federico Anliker. ¿Quién lo eligió? Sepa judas. ¿Cómo fue nombrado? Misterio absoluto. Se puede suponer que fue el propio Nayib Bukele quien puso el dedo. Y por el momento en su prestación pública ha dejado aparecer una ideología bastante retrógrada y su total entrega personal por Bukele. El populismo solapado de Bukele, se abre y define en el discurso de Anliker que describe a su líder en contacto directo con el pueblo, expresando directamente sus deseos y proyectos. Nos dice que existe una total comunión entre el caudillo y su pueblo. Hay otros como Galeas que tiene más o menos el mismo discurso que Anliker. El teólogo Gutiérrez afirma que el ungido es nuestro mesías. La verborrea bukeliana no nos ha permitido hacernos una idea precisa de cómo pretende gobernar, su fantasiosa respuesta al periodista español de Público (11/06/2018) es apenas una serie de generalidades diversas.

El vacío político que se ha formado, con un partido sin esperanza, ni ilusiones y el otro fustrador de la esperanza ha sido también muy propicio para Bukele y su movimiento. Pero este vacío exige otro tipo de respuestas con mayor perspectiva de la historia y de lo que realmente necesita el país. Denunciar el sistema y ser parte del mismo es proponer como solución ahogarnos en el charco. Necesitamos crear otra cosa, algo que tenga una visión global de lo que se necesita, que realmente organice a la gente de manera que puedan realmente participar en la elaboración de las nuevas políticas. Un movimiento que no aspire de inmediato corregirlo todo desde arriba, como siempre se ha hecho y como propone Bukele con su mesianismo. Hay que inventar en serio nuevas prácticas, nuevas instancias deliberativas y sobre todo que sea un movimiento de luchas. Un movimiento que se abra espacios políticos dentro de la sociedad.