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02 marzo 2015

Los cambios no van a caer como mangos chapudos



Bueno, viendo esas cobijas llenas de fotos y símbolos diversos, honestamente lo más fácil era anular el voto. Pero el que quisiera votar según sus convicciones y simpatías tenía que llevar en el bolsillo una lista ya preparada con nombres y fotos de su preferencia o simplemente votar por bandera. En todo caso, contar uno a uno los votos, con las múltiples posibilidades de votar y sobre todo de las múltiples posibilidades de equivocarse, el conteo resulta arduo.

Sinceramente no veo en esas cobijas ningún avance democrático, ni mayor libertad electoral, me resulta sobre todo una complicación inútil. En la diversión antidemocrática de nuestras instituciones la Sala de lo Constitucional realmente ha jugado un papel notorio. Pronto va a haber elecciones departamentales aquí en Francia. Los partidos proponen sus listas y las hojas de voto de cada partido son distintas. Este país de larga tradición de sufragio nunca ha llegado a esa exageración, que lo que ha traído es mera confusión y gasto inútil. En esencia el carácter antidemocrático de las elecciones no ha cambiado con esas cobijas, ni tampoco en Francia es más o menos democrático que en El Salvador. Las elecciones sirven en las “democracias” actuales para darles credibilidad a los electos, a los que asumen administrar los asuntos del Estado en beneficio de las clases dominantes. El poder es usurpado en todas partes por aparatos burocráticos de partidos y ya ni siquiera se trata de una delegación del poder. El soberano está ausente, el soberano, el pueblo, obedece y va a emitir un voto creyendo que las personas que figuran en las listas y en las papeletas de voto van a hacer todo lo posible por cambiar la vida. Lo constata cada vez que eso no se realiza y en nuestro país con una frecuencia casi anual se presenta la oportunidad de emitir un voto.

¿Qué significa esto? Pues que la democracia sigue siendo una aspiración, que las instituciones burguesas se han agotado y que es necesario otro tipo de instituciones, otro tipo de Estado. Por el momento es lo que se plantea en el país, es un para mientras. Pero el asunto es que ese nuevo Estado no va a brotar del Estado actual, pues para eso sería necesario que los que gozan del poder actualmente se cuestionaran, que fueran capaces de asumir que ellos lo único que hacen es aprovecharse del Estado. Les da pisto y honores, viajes y comilonas.

El Estado burgués actual surgió de revoluciones, algunas muy violentas, otras fueron transiciones pacíficas. Esto fue así por la historia particular de cada país. Nosotros necesitamos de otro Estado no para satisfacer solamente nuestras aspiraciones democráticas, sino que se trata de resolver todos nuestros problemas económicos, sociales y culturales. Hay tanta penuria en todo, nuestro país está en constante desagüe, todos los días salen muchachos y muchachas hacia afuera, muchos a golpe de calcetín, a pata, a chuña hacia el Norte, a rodar el mundo en busca… ¿En busca de qué se va la mayoría de fugitivos? Pues se van con la esperanza de vivir de algo, de lo que sea. Este es un problema de nación, que no va a encontrar solución con imposibles “acuerdos de nación” pues esa migración es el resultado de una situación nacional en la que un puñadito de familias se enriquece constantemente y la gran mayoría debe ingeniárselas para sobrevivir.

Y ese puñadito de familias no tiene ningún interés en que la situación cambie, incluso este estado de cosas le beneficia en todos los sentidos. Hasta la emigración remesera le sirve para enriquecerse, pues son los principales captadores del dinero que circula en el país. Pero hay otra cosa, los beneficios que obtienen con un mínimo de inversiones es grande, los niveles de explotación son inmensos. Se trata pues de destruir este Estado oligárquico, ese fue uno de los objetivos que se planteaban en los años setenta y por los que tuvo inicio la guerra. No se logró ese objetivo, incluso el Estado oligárquico absorbió monstruosamente a los “revolucionarios” que ahora se preocupan más por sus propios sueldos, sus primas de Año Nuevo, sus negocios de todo tipo. Esa gente ya entró a vivir en el seno de la otra clase social, atravesaron la calle y caminan por el otro andén (es un decir, ellos andan montados en limusinas de doble tracción y cuidados por guardaespaldas).

Nadie ignora que nada va a cambiar después de este escrutinio. Los días van a seguir uno de tras de otro con ese lote creciente de preocupaciones, pues no se trata sólo de vasitos de leche, de uniformes y bolsones con útiles, de dos pares de zapatos. Estos son los repetidos logros y avances, los radicales cambios, que han sido capaces los “revolucionarios” de ofrecernos. Claro, de vez en cuando hay que reconocer que la misma acumulación capitalista produce avances hasta en nuestro país.

Debemos tomar consciencia de que el puñito de familias que nos domina no va a cambiar de actitud así porque sí. Para que las cosas cambien es urgente que nosotros los que llamamos a anular las cobijas llenas de fotos, emprendamos una campaña permanente de denuncia de todo lo que hace falta en el país: escuelas dignas de ese nombre, con profesores preparados, dispuestos a inculcarle a sus alumnos el espíritu crítico necesario, darles conocimientos firmes, pero no dogmas. Denunciar el estado de muchas viviendas en el país, sin sanitarios, sin agua potable, sin electricidad, etc. Mejores transportes, en todo el país. Derecho real de sindicalizarse, mejores condiciones de trabajo, reforma del Código del Trabajo, nuevos derechos laborales, cumplimiento de los ya existentes. No voy a hacer la infinita lista de lo que necesitamos. Pero para cambiar la actual y negativa correlación de fuerzas es necesario emprender las luchas necesarias. Los cambios se imponen, no van a caer como mangos chapudos y maduros.

01 marzo 2015

Contradiccioness VIII



Para entender mejor la innovación de Mao es menester dejar de nuevo claramente dicho que ni en Marx, ni en Engels, ni tampoco en Lenin, encontramos el término de contradicción no-antagónica. En los tres vemos que a veces —donde se espera que surja la expresión antagonismo— aparece simplemente la palabra genérica “contradicción” u “oposición”. Si en Marx, Engels y Lenin existe un inicio de elaboración teórica del antagonismo como una contradicción irreductible, irreconciliable, esencialmente aunque no de manera exclusiva entre las clases sociales, ninguno nos dejó una exposición extensa del tema. El antagonismo genera luchas agudas y revoluciones violentas, sin identificarse a estas formas. Al inicio aparece apenas como latente, de manera oculta, remitiéndonos a la estructura que caracteriza una contradicción dada desde su origen, hacia su esencia. Pero no caracteriza la esencia de todas las contradicciones: el antagonismo es pues transitorio como la sociedad de clases a la cual está ligado histórica  e intrínsecamente. Esto nos indica que al transitar hacia una sociedad sin clases antagónicas, el desarrollo social tendrá contradicciones cuya resolución no tiene que ser violenta.

Pero como acabo de decir en Marx, Engels y Lenin la categoría de contradicción se identifica y se diferencia del antagonismo. Esto crea confusión y nos puede conducir a pensar que el “antagonismo” es apenas una forma de la contradicción, contraponiéndose a lo que indicamos arriba, que el antagonismo nos remite más bien hacia la esencia y lo es desde el origen. Como se advierte esto confirma que la dialéctica legada por Marx no constituye un sistema cerrado, ni mucho menos acabado, que quedan muchos momentos que necesitan desarrollo. Este es uno de esos momentos.

He aquí que precisamente Mao Tse-tung parece completar la teoría ausente del antagonismo, desde su “De la contradicción” de 1937” pasando por “Las nuevas consideraciones sobre la dictadura del proletariado” (1956) hasta “Sobre el tratamiento correcto de las contradicciones en el seno del pueblo” de 1957, en estos textos Mao va más allá de donde habían dejado la reflexión Marx y Lenin, planteando la existencia de contradicciones no-antagónicas.

Existen pues dos tipos de contradicción de carácter contrapuesto, las contradicciones antagónicas, del tipo de las que existen “entre nosotros y nuestros enemigos”, entre el proletariado y la burguesía, entre el socialismo y el imperialismo, se trata nos dice de contradicciones fundamentales que “reposan en conflictos de intereses de clases hostiles” y las contradicciones no-antagónicas, del tipo de las que existen en el seno del pueblo (entre las clases que componen el pueblo, entre comunistas en el seno del partido, entre países socialistas), estas contradicciones no son fundamentales, sino que reposan en la oposición “entre opiniones justas y erróneas” o entre intereses que tienen “carácter secundario”.

Estos tipos de contradicción son totalmente diferentes por su carácter, lo que conduce, nos dice Mao, a métodos diferentes (“no-idénticos”) de intervención, verbi et gratia: la lucha armada o el método dictatorial, que apunta a derrotar al enemigo en el primer caso del antagonismo y a la crítica o al método democrático que tiende a establecer una nueva cohesión, en el caso del no-antagonismo. Empero Mao agrega una afirmación cuyo alcance es significativo y su novedad inaudita: “Según el desarrollo concreto de los fenómenos, ciertas contradicciones primitivamente no-antagónicas se desarrollan en antagónicas; en cambio ciertas contradicciones primitivamente antagónicas se desarrollan en contradicciones no-antagónicas”. De esta manera nos explica Mao “para resistir al principal enemigo común, las clases cuyos intereses fundamentales se enfrentan pueden a veces unirse. Inversamente, en ciertas condiciones, contradicciones determinadas en el seno del pueblo pueden igualmente transformarse progresivamente en contradicciones antagónicas, como consecuencia que una de las partes opuestas en la contradicción pasa gradualmente del lado del enemigo. En fin de cuentas, las contradicciones de este género cambian por completo su calidad y no son más contradicciones en el seno del pueblo, sino que se convierten en contradicciones entre los enemigos y nosotros”.

A primera vista estamos frente a un desarrollo de las ideas de Marx y Lenin sobre el antagonismo, al mismo tiempo a un aporte substancial a la teoría de la contradicción, que no solo al parecer da cuenta del hecho que las contradicciones antagónicas en la sociedad capitalista, “se vuelven no antagónicas en la sociedad socialista, sino que también del hecho, imprevisto por la teoría, pero que se pudo constatar, que las contradicciones en principio no-antagónicas en el socialismo pueden, en ciertas circunstancias “volverse antagónicas”.

No obstante hay algo que no deja de llamar la atención y de cuestionar, se trata de esa idea de una pretendida “transformación” de las contradicciones antagónicas en no antagónicas y viceversa. Hay un hecho resueltamente establecido en que las contradicciones antagónicas son esencialmente contradicciones irreductibles, irreconciliables. ¿De qué manera una contradicción en su desarrollo puede volverse en no-antagónica, lo que significa reductible y reconciliable? Mao Tse-tung no aporta realmente una respuesta teórica, en vez de esto nos da siempre ejemplos, éstos merecen un análisis detenido y circunstanciado. Es lo que haremos en el próximo artículo.


10 febrero 2015

Contradicciones VII



Ahora preguntémonos si todas las contradicciones se resuelven en una unidad superior, como la nada y el ser en el devenir. Karl Marx impugnó esto y mostró que existen otras contradicciones que no se resuelven de este modo, la realidad socio-política nos ofrece muchos ejemplos de contradicciones que aparentemente no tienen ninguna salida. El filósofo francés Lucien Sève nos exhorta “a estudiar con gran cuidado la cuestión ahora culpadamente descuidada de saber en qué consisten las estructuras lógicas de las contradicciones dialécticas y sin duda su diversidad de esencia”. “Lo que es claro —insiste Sève— es que de cualquier manera ninguna contradicción dialéctica se resolverá huyendo de su fondo inexorablemente contradictorio, aunque sea tratando de minimizarla”.

Es muy corriente el alegato de que ante un problema de sociedad es bueno que eliminemos lo malo para conservar lo bueno. Lo oímos con frecuencia en nuestro país, como la suma sabiduría para resolver los problemas que enfrenta nuestra sociedad. Esta fue la postura de Proudhon que Marx criticó en “Miseria de la Filosofía”: 

“Para él, para el señor Proudhon, cada categoría económica tiene dos lados, uno bueno y otro malo. Considera las categorías como el pequeño burgués considera a las grandes figuras históricas: Napoleón es un gran hombre; ha hecho mucho bien, pero también ha hecho mucho mal.

El lado bueno y el lado malo, la ventaja y el inconveniente, tomados en conjunto, forman según Proudhon la contradicción inherente a cada categoría económica.
Problema a resolver: Conservar el lado bueno, eliminando el malo”.

Con su acostumbrada ironía, Marx dice que va a abordar a Proudhon como una categoría y verá su lado bueno y su lado malo:

 “Si en comparación con Hegel tiene la virtud de plantear problemas, reservándose el derecho de solucionarlos para el mayor bien de la humanidad, en cambio tiene el defecto de adolecer de esterilidad cuando se trata de engendrar por la acción de la dialéctica una nueva categoría. La coexistencia de dos lados contradictorios, su lucha y su fusión en una nueva categoría constituyen el movimiento dialéctico. El que se plantea el problema de eliminar el lado malo, con ello mismo pone fin de golpe al movimiento dialéctico. Ya no es la categoría la que se sitúa en sí misma y se opone a sí misma en virtud de su naturaleza contradictoria, sino que es el señor Proudhon el que se mueve, forcejea y se agita entre los dos lados de la categoría”.
     
He traído esta larga cita por dos razones, una para dar un ejemplo de la firmeza de Marx en la batalla por la justa aplicación de los principios del pensamiento dialéctico y también para mostrar que bajo la apariencia de tomar en cuenta los contrarios, se puede quedar afuera del meollo donde surgen los problemas. En todo caso las contradicciones del tipo que aborda Hegel abundan en los estudios económicos de Marx, pero las que más han retenido la atención son otras, las que dentro de las luchas políticas y económicas oponen las clases sociales de manera irreconciliable, que no pueden resolverse pasando a una categoría nueva, en la que se conserven renovados los antiguos momentos. En la cita de arriba Marx lo expresa así: “La coexistencia de dos lados contradictorios, su lucha y su fusión en una nueva categoría constituyen el movimiento dialéctico”, limitándose todavía a la concepción hegeliana. Pero Marx en sus estudios históricos y económicos señala ese otro tipo en el que obligatoriamente la resolución consiste en la desaparición de uno de sus momentos y la total transformación del otro. A esta contradicción por lo general se le ha llamado “antagónica” y la otra en la que la contradicción se resuelve en una nueva categoría se le llama “no antagónica”.

Es hasta ahora que llego al problema al que me referí en el artículo inicial: “Las raíces profundas del oportunismo en El Salvador”. Me ha parecido necesario dar esta pequeña excursión sobre la contradicción, pues sin ella hubiera sido muy difícil explicar en base a qué equivocados postulados, los oportunistas del PCS en los años sesenta y setenta fueron llevados plantearse alianzas con representantes de las clases antagónicas, pensando que aplicaban correctamente la dialéctica más pura.

Sin perder el hilo de la reflexión, sin tampoco apresurarnos mucho, ni detenernos en detalles, me voy a ir directamente a plantear la innovación de Marx respecto a la contradicción tratada por Hegel. Esta consiste en que los dos momentos de la contradicción no se oponen simplemente para darle paso a una nueva fusión de contrarios, sino que la oposición es tal que para que aparezca lo nuevo, lo cualitativamente superior es necesario que uno de los contrarios desaparezca. Lo nuevo que aparece puede que contenga a su vez nuevos contrarios irreconciliables o se pase a otro estadio del desarrollo en el que la contradicción no imponga la destrucción de uno de los contrarios.

La palabra antagonismo surge a mediados del siglo XVIII y el adjetivo antagónico aparece un siglo después en francés. En nuestra lengua ambos términos son introducidos apenas a finales del siglo XIX. Y no es de uso frecuente apenas hasta principios del siglo XX. Marx hereda precisamente esta palabra de sus relaciones con el mismo Proudhon y la introduce en su vocabulario. Pero cuando escribe el “Manifiesto comunista” todavía no se atreve a utilizarlo en alemán. Las traducciones al castellano si traen las palabras “antagonismo” y “antagónico”, pero en el texto original en alemán no aparecen ni “antagonismus”, ni “antagonistisch“. Prefiere otro tipo de expresiones. Al principio en su correspondencia usa la variante inglesa “antagonism”. Esta palabra está ausente en los textos de Hegel, aunque algunas traducciones al castellano la introducen para significar “contradicción”, “oposición”, etc.; es el caso de la nueva traducción de “Ciencia de la lógica” de Félix Duque.

Marx introduce el término en sus textos en su forma “antagonismus”. Y es bajo este término que va a pensar la contradicción irreconciliable. Pero si buscamos el término opuesto, el que designaría la otra categoría de la contradicción, no lo encontramos en sus textos, me refiero a “no-antagónico”. Tampoco se encuentra en Engels y ni siquiera en los textos de Lenin. La ausencia del término no significa que no la hayan pensado, basta tener en cuenta que todos han estudiado profundamente a Hegel. Pero lo que sí es necesario tener en cuenta, es que ninguno de ellos ha categorizado esta otra contradicción, dejando abierta la problemática.

Mao Tse-tung en su trabajo “De la contradicción” aborda abiertamente ambas categorías: la contradicción antagónica y la contradicción no-antagónica.  En la literatura “marxista” es la primera vez que alguien intenta un análisis conjunto de ambas categorías. Este estudio fue redactado en agosto de 1937, pero conocido en otras lenguas apenas en los años 50. Este aporte no dejó indiferente a los pensadores marxistas de la época y por lo general la categoría complementaria del antagonismo entró en el vocabulario “marxista”. Por supuesto que no todos los marxistas declarados o presumidos tales, están de acuerdo sobre la dialéctica misma en general, aún menos sobre estas categorías en particular. En la continuación de este material, me voy a referir al tratamiento que hace Mao Tse-tung de la determinidad y la esencialidad de lo antagónico y de lo no-antagónico.

20 enero 2015

Contradicciones VI



Pasemos ahora a ver el momento positivo de la dialéctica, la cual nos puede ayudar a solventar, resolver o superar las contradicciones. También aquí tomemos un ejemplo. Si volvemos a una frase de Aristóteles que citamos al principio en su discusión con Anaxágoras y en la que parcialmente le da razón aceptando la existencia de contradicciones: “en efecto, sólo la región de lo sensible que nos rodea está permanentemente en corrupción y generación”. Esta corrupción y esta generación tomadas por separado como lo hace el entendimiento sin dialéctica tampoco constituyen una contradicción. Pero tomémosla ahora en su unidad: veremos aparecer una unidad más verdadera, en pensamiento y en acto, en la que cada una es un momento de la nueva unidad. La corrupción es un ir hacia la nada y la generación es un ir hacia el ser. La nada y el ser tomados por separado en una completa abstracción son contrarios, pero en su realidad concreta son simples aspectos lógicos, como lo acabamos de decir momentos de esa unidad que constituye el devenir: aparecer y desaparecer o corrupción y generación, el movimiento del devenir es el constante paso de lo nuevo hacia el ser y la constante salida hacia la nada de lo antiguo.

A través de este ejemplo podemos observar la relación entre la lógica clásica formal y la dialéctica: si hago abstracción del proceso evolutivo, obtengo la nada separada totalmente del ser, contradicción estática (o simple oposición externa) que vuelve imposible concebir su unidad-identidad. La dialéctica no se inventa esta unidad más verdadera, La dialéctica no urge introducir una terminología particular, esta unidad nos es conocida, es la lógica clásica la que separa sus partes convirtiéndolas al mismo tiempo en un misterio, relaciones y procesos quedan separados, tomados uno a uno. El devenir no es una invención dialéctica. Ella se limita a reconocer en el devenir la unidad de esos contrarios que la lógica clásica ha separado,  que ha petrificado, la nada y el ser.

Pero esta reunificación de lo separado por la lógica clásica no se lleva a cabo sólo en la mente reflexiva, sino que existe en el mundo mismo. En uno de los pasajes (§ 48, de la Enciclopedia de las Ciencia Filosóficas) en que Hegel comenta las posiciones kantianas, anota y subraya la importancia: “Este pensamiento de que la contradicción puesta por las determinaciones del entendimiento en la razón, es esencial y necesaria, constituye uno de los más importantes y profundos progresos de la filosofía en los tiempos modernos”. Aunque punto seguido, Hegel le señala los límites. “Pero cuanto más profundo es este punto de vista, más trivial es su solución, la cual tiene su fundamento en una especie de ternura por las cosas del mundo. La esencia del mundo no debe ser la que tenga en sí esta mácula de la contradicción, sino que ha de recaer sobre la razón pensante, sobre la naturaleza del espíritu”. Más adelante Hegel es más explícito y concreto: “De nada sirve que se use del eufemismo de que la razón sólo cae en contradicción por el empleo de las categorías, puesto que luego se añade que esta aplicación es necesaria y que la razón no tiene otro instrumento para conocer que estas mismas categorías. El conocer es  en realidad  pensamiento determinante y determinado; si la razón es sólo pensamiento vacío, indeterminado, entonces no piensa nada. Pero si reducimos al fin la razón a semejante identidad vacía, se considerará feliz finalmente, librándose de la contradicción sacrificando ligeramente su contenido”.

Estas categorías de las que nos está hablando Hegel son conocidas desde la Antigüedad, la dialéctica moderna no ha aportado nada de muy revolucionario en su formulación, no obstante sí en su comprensión. Todas estas categorías cobran sentido en tanto que identidad de contrarios. Algunos ejemplos: la esencia es la relación productora externa que se vuelve interna, la libertad que obedece a la necesidad que puede someterla y ordenarle o la unidad de lo objetivo y subjetivo que se forma en el conocer.

Pensar dialécticamente consiste inicialmente en dos “reglas”: “en todo enunciado de tipo lógico en el sentido clásico de la palabra, buscar la eventual contradicción que es susceptible de contener sin saberlo —dialéctica crítica, dialéctica negativa— una vez formulada esta contradicción buscar la identidad de contrarios que se esconde con toda verosimilitud y a través de la cual la contradicción se resuelve en pensamiento o que puede superarse en la práctica (en acto) —dialéctica positiva.

Vale apuntar algo, arriba he vuelto a la frase aristotélica en la que el griego admite la existencia de contrarios en el mundo sensible que nos rodea, pero se niega a aceptar que la contradicción sea posible en mente, en el pensamiento. Hegel le critica justamente a Kant de querer preservar a toda costa al mundo “de la mácula” de la contradicción. Estos postulados de Aristóteles y de Kant son unilaterales y al mismo tiempo contradictorios entre sí. El pensamiento hegeliano, en su nuevo planteamiento dialéctico no sólo admite la posibilidad de la contradicción en el mundo que nos rodea, sino que considera imposible conocerlo sino a través de aplicarle una sutil dialéctica de la contradicción, para Hegel pues la unidad de lo objetivo y de los subjetivo se da en el conocer, en el proceso que nos conduce al saber.

22 diciembre 2014

Contradicciones V



Los que se limitan a la lógica formal insisten que los contrarios no pueden ser y no son equivalentes simultáneamente, que los contrarios son verdaderos tomados bajo dos órdenes diferentes, en el poema de Neruda los de “entonces” y los de “ahora” no son los mismos en tanto que personas físicas o tal vez también sentimentalmente, pero sí son los mismos en tanto que personas, que individuos. Esto es totalmente cierto de manera formal, pero queda por saber cuál es el costo que esto tiene. No es muy alto si tomamos las cosas por separado o fuera del tiempo, es decir cuando hacemos abstracción de las relaciones y del movimiento. Estamos simplemente enunciando formalmente hechos: este hueso es un pedazo de un animal desaparecido del cual ignoramos todo, este pájaro que vuela está aquí en este instante y no en otra parte, en tanto que persona soy el mismo hoy como ayer y de ninguna manera puedo ser otro. En apariencia no hay pues ninguna objeción de parte de la dialéctica, pero si nos detenemos un instante a ver con mayor acuidad las cosas, el rechazo de la contradicción formal nos conduce a contradicciones reales. Si el fósil, simple vestigio de un animal desaparecido, no es al mismo tiempo otra cosa que una de sus ínfimas partes, es totalmente contradictorio que no obstante pueda informarnos lo que era el ser en su totalidad; si el pájaro que vuela está en cada instante preciso en un lugar preciso y no al contrario también de paso hacia otro lugar,  entonces es contradictorio que vuele; si cada día soy el mismo que ayer y no al mismo tiempo soy otro, esto es contradictorio con el hecho de que tengo una historia personal. Es esto lo que sugiere el verso de Pablo Neruda: “Nosotros, los de entonces, ya no somos los mismos”. Cada uno se imagina todo lo que ha podido cambiar en ellos y por qué ya no son los mismos, por qué son otros.

Esta es la primera función de la dialéctica, la crítica, esta dialéctica negativa revela todo lo que no alcanza a ver la lógica formal arropada en la aparente evidencia adquirida de la no-contradicción, pues lo que queda afuera de su alcance tiene un costo teórico y práctico: porque de un lado se guarda de no caer en la contradicción y por el otro deja afuera la relación y el movimiento, nada más ni menos que el orden del mundo y la lógica misma de la vida.

De esta dialéctica negativa es menester pasar a la dialéctica positiva que nos ponga al alcance la manera de dominar las contradicciones en pensamiento y en acto. Pero antes de dar ese paso, voy a insistir de nuevo en lo que hemos visto hasta aquí. La lógica formal, la lógica clásica nos manda a rechazar la contradicción, lo que parece conforme al sentido común. Sin embargo al conformarnos a este precepto, nos vemos obligados a comprobar que cuando nosotros deseamos pensar las relaciones y los procesos, es decir la realidad del mundo, la no-contradicción en el discurso inevitablemente hace surgir contradicciones en la realidad misma de las cosas: si nosotros somos los mismos que éramos ayer sin poder ser al mismo tiempo un poco diferentes, es decir un poco otros —identidad formal—, dejamos de entendernos como seres vivientes y cambiantes, contradicción dialéctica en su momento negativo. Lo que no significa decretar falsa la lógica clásica, sino que ver en ella una simplificación de todo el pensamiento y a reconocer en la dialéctica —en la que brota el sentido que puede tener la contradicción— una lógica más penetrante de las relaciones y los procesos.

Se puede completar este esbozo de la contradicción con un ejemplo tal vez más significativo: la causa y el efecto. La causalidad mecánica es un ejemplo elemental de la lógica formal: por ejemplo, cuando en la circulación urbana ocurre un accidente, vemos que el automóvil ‘A’ choca con el automóvil ‘B’, que está parado en un “alto”, pues el choque lo hace moverse (no voy a referirme al efecto en el chofer que puede ser otra consecuencia). Aquí es claro que el movimiento del primero es la causa, el movimiento del segundo es la consecuencia. Causa y consecuencia son dos contrarios en la lógica de la identidad: el sentido de cada uno es claro y distinto, su contrariedad resulta evidente, su relación es unívoca, no hay nada que dé pie para ver alguna contradicción. No obstante, si en el choque el vehículo ‘B’ se puso en movimiento por causa del vehículo ‘A’, pero la velocidad, la trayectoria de ‘A’ han sufrido cambios, incluso lo más probable es que se detenga, que pierda su movimiento. Lo que observamos es que a la primera causa viene a emparejarse la segunda, la de ‘B’ sobre ‘A’. La relación unívoca que teníamos al principio ha sufrido una metamorfosis y tenemos una relación recíproca, la causa que trajo la consecuencia se ve afectada por esta consecuencia que se vuelve causa para ella. ¿Acaso no estamos frente a una unidad de contrarios? Sí, toda causa que entra en juego es a su vez efecto de su propia acción, ¿pero en qué consiste aquí su dialecticidad?  El lógico formal nos dirá que aquí no hay ninguna contradicción, hay interacción, lo que es totalmente distinto: coinciden dos acciones causales  recíprocas, pero se mantienen distintas. Esto es cierto de alguna manera, cuando apenas tomamos en cuenta la unidad y no la identidad de los contrarios. ¿Cómo podemos hacer la diferencia en el choque entre la acción causal de ‘A’ sobre ‘B’ y la de ‘B’ sobre ‘A’? Imposible decirlo. Imaginemos ahora que los coches vienen en sentido contrario uno del otro y chocan frente a frente, imposible saber cuál fuerza es la causa y cuál es la consecuencia.  Este argumento de la interacción pretende ignorar el evidente devenir-idéntico de la causa y del efecto, es decir la dialéctica de la relación causal.

Dialéctica mucho más imponente cuando entran en relación no objetos inertes, sino organismos vivientes y seres conscientes: la manera misma en que un ser reacciona a la acción causal externa es fundamentalmente causada por lo que él mismo es internamente —lo que un organismo tolera, otro lo rechaza—  el enmarañamiento de la causa y del efecto se vuelve inextricable, su identidad salta a la vista. Ejemplo significativo de la diferencia del nivel entre una lógica de clarificación elemental y una dialéctica de comprensión compleja.