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18 enero 2021

Nueva manera de hablar

Entre las frases de Lourdes Argueta que pronunció durante la entrevista, una me impactó más que otras, refiriéndose a la dirección y a sus prácticas de rueda de caballitos: “se comió casi a una generación”. Es posible que hayan sido más de una generación las que no tuvieron ninguna oportunidad de acceder a los puestos de mando del FMLN. El sistema autocrático de gobierno interno de casi todos los partidos consiste en poner en marcha esa rueda de caballitos en la que pasan de un puesto a otro y siempre los mismos. Esa conducta es consustancial al tipo de organización verticalista que se le dio por llamar “centralismo democrático”.


En el partido de Vladímir Ilich Lenin no existió el cargo de “secretario general”, las instancias dirigentes se elegían y se renovaban en los congresos del partido. Como dije anteriormente el “centro” era el congreso. Las instancias dirigentes no funcionaban como un gobierno del partido, sino que como coordinadores de la actividad partidaria.


Con la aparición del tipo estalinista de organización surgieron también las prácticas autocráticas. ¿En cuántos partidos un mismo líder ocupó durante décadas el puesto de secretario general? Estos secretarios generales tenían la última palabra en cualquier discusión, eran expertos en economía, en ciencia política, en sociología y podían dirimir en las discusiones filosóficas. A veces era más patente su crasa ignorancia que su sabiduría. Para progresar en la jerarquía del partido era necesario pertenecer a uno de los corrillos cercanos al secretario general. El Secretariado tenía el control de las posibles candidaturas y la coaptación se volvió en el camino más seguro y único hacia la cúpula partidaria. Subían los que se adaptaban, los que habían mostrado su capacidad de entender las normas sociales y éticas de los dirigentes. Una enfermedad fue el intriguismo.


Este aspecto de la autocracia es tal vez el más visible, en el que más se repara. No obstante el más dañino para el funcionamiento adecuado de un partido es el esclerosamiento del pensamiento creativo, del análisis, de la aprehensión de los cambios en la realidad social. El lenguaje se estereotipa, deja de significar por una especie de erosión conceptual y lo que antes servía para comunicarse con la gente se vuelve una barrera, una muralla. Los conceptos se vuelven perversos apodos de la realidad que antes señalaban, analizaban y lo peor es que pasan a constituir un argot, una jerga sectaria.


Es justo señalar que la manera de expresarse de Lourdes Argueta ha dejado de lado gran parte de esa jerigonza “marxista-leninista”. Tomar en cuenta la forma del discurso no significa abandonar el contenido de lo que se piensa con los conceptos que nos ofrece la teoría. Ahora bien tampoco hay que imaginarse que es necesario un giro total en la manera de comunicarse con la gente, cambiando todo el discurso y dentro de ese cambio adoptar un vocabulario ajeno y un pensamiento asimismo ajeno. La tarea que se presenta es volver o iniciar algo que se abandonó inmediatamente después de la guerra: la batalla ideológica. Estos días nos han ofrecido una preciosa oportunidad. El presidente de la república creyó que todo el país estaba totalmente subyugado por su fastidiosa verborrea y se fue a profanar la memoria de las víctimas de la guerra y en particular a las víctimas de la mayor masacre cometida por las fuerzas armadas, en El Mazote. Y allí decretó mera farsa la lucha de emancipación que se sostuvo en el país y farsa también se le ocurrió llamar a los Tratados de Paz. El pueblo y las organizaciones, los partidos ganaron esta batalla por la verdad histórica. Sin la guerra nunca se hubiera tenido un proceso democratizador en nuestro país. En este año y medio este proceso ha sufrido un frenazo desde el ejecutivo. No obstante la masiva y fervorosa conmemoración y celebración de los Tratados de Paz constituye una victoria popular contra la mentira institucionalizada desde la presidencia.


La última chiquilinada aflictiva del presidente ha sido su decreto número tres con el que quiere vengarse de la historia y demagógicamente propone cambiar el nombre de El Día de la Paz por Día de las víctimas del conflicto armado.


No obstante este episodio nos debe llamar la atención hacia algo cuya importancia es absoluta: el FMLN abandonó a la derecha, a su prensa e ideólogos la narración, la interpretación de la guerra popular. No me refiero a lo que se pudo o no afirmar internamente dentro de las filas efemelenistas, sino lo que no se dijo hacia afuera, pues el FMLN no tiene ni siquiera un órgano de prensa para difundir sus ideas. Esta carencia la critiqué ya hace muchos años. La cuestión del lenguaje es importante, pero lo que importa en primera instancia es llevar adelante una batalla de ideas no sólo contra el gobierno, sino contra las que difunden en la sociedad salvadoreña los voceros de la oligarquía.

13 enero 2021

¿Posible renovación del FMLN?

 

He tenido la oportunidad de ver varios vídeos en los que se ha expresado la secretaria de organización del FMLN, Lourdes Argueta. La escuché con mucha atención. Al parecer sus declaraciones causaron cierto resquemor entre algunos dirigentes o exdirigentes del partido y mucho entusiasmo en otros; uno de los entrevistadores le insistió si ella se expresaba en su nombre propio o si era una posición de alguna corriente o de la dirección. Ella fue clara sobre esto, lo que afirma resulta de las resoluciones de la última Convención Nacional. En uno de los vídeos participa con otro miembro de la Comisión Política, Mario Monge, ambos tuvieron el mismo discurso.


No voy a resumir sus intervenciones, pero sí las voy a comentar. Uno de los términos que se repetían era “reestructuración del partido”, otro “aprendamos a debatir”, “no tenemos cultura del debate”, estos últimos se acompañaban de una invitación a los miembros del FMLN a continuar el debate y abordar otros nuevos temas, además de invitar a la gente de izquierda que no pertenece al FMLN a incluirse en el debate, a aportar sus pensamientos, sus críticas. Se trata de llevar adelante una política de apertura y de reconquista de la gente, de devolverle el “instrumento” al pueblo.


En esta ocasión voy a referirme principalmente a dos asuntos que me parecieron importantes en tanto que revelaciones y críticas a la conducta pasada de la antigua dirección. En uno de mis viejos artículos me refería a la supuesta estructura organizativa leninista que se ha dado por llamar “centralismo democrático”. En ese artículo señalaba que ese tipo de organización no tenía nada que ver con Lenin, sino que fue una forma puesta en práctica durante el dominio estalinista del movimiento comunista. En ese tipo de organización el verticalismo y el centralismo se convirtieron en el modo de funcionar, el adjetivo democrático estaba de adorno. Entonces recordaba que para Lenin el centro no era ni el “buró político”, ni el “Comité Central”, ni ninguna otra instancia de dirección. Para Lenin el centro era el Congreso del partido. Cuando escribí ese artículo criticaba al partido “revolucionario, leninista” (FMLN) de no haber hasta la fecha celebrado ningún congreso y recordaba que hubo años en que el partido de Lenin organizó varios congresos. Años después tuvo lugar el Primer Congreso. Critiqué su organización, las viejas formas estalinistas de organizar el debate. Documentos “prefabricados” que se pueden enmendar, pero no rechazar o proponer otros. Pero el asunto principal fue que esos documentos que fueron aprobados nunca se le presentaron a la gente, ni a todos los militantes. Lourdes Argueta en una de las entrevistas dijo que las resoluciones del Congreso fueron engavetadas. Hasta el día de hoy todas mis búsquedas de los documentos del Primer Congreso han resultado vanas. Lourdes Argueta prometió que iba a tratar de poner a la disposición de la gente esos documentos y los de la última Convención Nacional.


Lourdes Argueta insistió en la importancia de esos textos y de plasmarlos en la realidad del funcionamiento mismo del partido. En realidad no creo que los textos del Congreso sigan teniendo en estos momentos validez. Los cambios políticos ocurridos en los últimos cinco años son substanciales y la correlación de fuerzas ya no es la misma y los objetivos del FMLN ya no pueden ser los mismos que hace cinco años. Ignoro cuál es el contenido de las resoluciones de la Convención Nacional.


En todo caso lo que deseo recalcar es que me ha sorprendido el tono y el contenido del discurso de Argueta. El tono es libre, abierto, decidido y franco. El contenido se puede resumir en la necesidad de devolverle el “partido al pueblo”, “que el partido viene del pueblo” y que es un “instrumento de lucha del pueblo”. Demostrarle al pueblo que “hemos escuchado sus quejas y que las hemos tomado en cuenta”. Afirmó con énfasis que no basta “reconocer los errores y pedir perdón”, sino que hacer todo lo posible por reconquistar las posiciones perdidas en el seno del pueblo y cambiar de actitudes y formas de conducta.


Al parecer algunos criticaron a Lourdes Argueta por el momento en que ha decidido tomar la palabra, en estos momentos de elecciones. Esta crítica me parece adolecer de la vieja enfermedad electorera y oportunista. Priorizar las elecciones a enunciar de manera tajante en qué realmente consiste el carácter revolucionario del partido y cuales son sus objetivos primeros es continuar con ese viejo oportunismo que incluso prefirió “engañar” a la gente sobre las “alianzas” y los “beneficios electorales” de dichas “alianzas”. Lourdes Argueta ha criticado justamente esa “política de alianzas” en la que no se definieron claramente en qué consistían, ni se determinó nunca los fines de las mismas.


Esta manera franca y abierta de hablar es nueva y sobre todo no se trata de darse golpes de pecho, sino que de manera consciente abordar los problemas internos de funcionamiento, de formación, de comunicación y de definición de las políticas. No se trata tampoco de rechazar el pasado, sino que también de rescatarlo, ver todo lo positivo realizado, volver con entusiasmo a los principios que movieron a tanta juventud a arriesgar y dar sus vidas.


Dejo hasta aquí este escrito, voy a volver, pero quería dejar públicamente mi apoyo a esta nueva actitud dentro del FMLN y dejar claro que deseo participar desde este blog al debate por una renovación y reestructuración del FMLN.

11 noviembre 2020

La hora es grave

Esta vez voy a abordar un tema cuyo carácter acucioso y de aguda dificultad nos impone prudencia y dejar de lado los arrebatos. Se trata de analizar cuál tiene que ser nuestra actitud ante las consecuencias inmediatas del triunfo de la corriente bukeleana en las próximas elecciones legislativas. La acuciosidad del tema es casi evidente, pues tenemos un gobierno que más parece “un puño de ladrones asaltando en pleno día la sangre de los pobres”, como dice el poema de Oswlado Escobar Velado, que un equipo cooperando para el bien del país. El capo de la pandilla tiene como costumbre insultar a sus adversarios, acusarlos de cualquier delito, por supuesto sin aportar nunca prueba alguna, exigir en cuanto la oportunidad se le presenta más y más dinero. En pocos meses el país se ha endeudado batiendo récords a repetición como un Bubka o un Usain Bolt.


Al proclamar la consigna “devuelvan lo robado” el candidato exhibía una pretendida pulcritud y honestidad sin límites. Los ladrones eran los otros y esos otros temían su espada justiciera cuando llegara al poder. Hasta el momento no se ha visto nada de eso, sino todo lo contrario: negociaciones con las maras, condenas y multas recibidas por abusos en su gestión municipal, nombramiento de familiares, amigotes en los puestos claves de su administración superando también en esto a sus predecesores. La lista de las fechorías y de sospechas de delitos las conocemos todos, no vale la pena enunciar el recuento.


La gran mayoría de los políticos mienten, pero el presidente salvadoreño adolece de una manía de mentir incomparable y no se trata de que mienta como lo hacen los otros, él miente tanto para engañar, es decir adrede, pero también miente como efecto de un desarreglo mental, es decir sin necesidad alguna, porque ese mundo de mentiras es el suyo. Pero esta manía se acompaña con otra de igual tamaño, un embelesamiento de su propia persona, que lo lleva a una autoestima enfermiza y a un engreimiento repleto de soberbia. Es por eso que no consulta con nadie, que exige obediencia y pleitesía, es la razón por la que hizo que los jefes militares en la toma del poder le juramentaran fidelidad y entrega a él y no a la Constitución. Esto no habla muy bien de los que le obedecieron. Pues ya tenemos tantas pruebas que los jefes militares y policiales están dispuestos a seguirlo en sus desmanes dictatoriales, ya lo hicieron el nueve de febrero y en los días anteriores cuando intimidaron a los diputados. Pero aquel día el inquilino de CAPRES nos compartió una noticia completamente delirante, tiene conexión directa con Dios y en esa oportunidad el Supremo lo apaciguó y lo calmó para que su santa furia de presidente desobedecido no fuera más lejos.


El covid-19 sirve para todo


Lo ocurrido recientemente en la Corte de Cuentas, cuando cerraron las oficinas que fiscalizaban los gastos de 500 millones de dólares usados en la pandemia. El pretexto fue el no respeto de las medidas sanitarias con el covid-19. El pretexto es para echarse a reír, pero el hecho en sí es totalmente indignante. Han sido repetidos los rechazos de ministros y del mismo presidente de rendir cuentas ante la Asamblea y ante la nación de los gastos realizados, algunos de ellos claramente sospechosos de corrupción. Este cierre y los motivos alegados es una rotunda tomadora de pelo, pero francamente no se trata solamente de eso, de que nos tomen el pelo y que nos supongan idiotas, sino que de algo aún más grave, la implementación de una dictadura está en marcha con el mayor descaro y a la faz de la nación entera. Hay en las redes sociales un atajo de canallas que se atreven a defender esta perfidia y desfachatez gubernamental. Los llamo canallas pues su fanatismo es extremo y defienden una zancada hacia atrás en nuestra pobre historia de reprobables hechos arbitrarios y criminales. Lo hacen de manera agresiva e inmeditada. Por lo general esta irreflexión es constante en los hinchas del presidente y son ellos los que propician el advenimiento de una nueva dictadura. Creo que en esta amenaza reside la acuciosidad del tema que abordo.


El país corre el peligro de encontrarse con un presidente controlando por entero todos los engranajes del Estado, sin ninguna vigilancia, sin ningún límite, en beneficio propio y de sus allegados. El país ya fue arruinado en este primer año y pico de gobierno, un gobierno sin plan conocido, sin proyectos de construcción de una nueva sociedad que es lo que anhela el pueblo que desalojó a “los mismos de siempre” de su dominio total del Estado. Las dos grandes fuerzas políticas fueron derribadas de sus pedestales y se han resquebrajado. Aunque la derrota no la sufren de la misma manera. Es cierto que la derecha arenera prefiere tener el sartén por el mango, pero el gobierno actual en el fondo no contradice sus opciones liberales y de dominio integral de la sociedad por el gran capital nacional e internacional. Son muchos los exareneros que han pasado a la nueva mayoría política sin muchos cuestionamientos, ni muchos escrúpulos. Es cierto asimismo que algunos exefemelenistas han emigrado hacia Nuevas Ideas y encuentran allí satisfacción a sus ambiciones personales.


Digamoslo sin tapujos en qué consiste la aguda dificultad, pues se trata de cómo podemos evitar que Bukele tenga a partir del 28 de febrero 2021 no sólo el sartén por el mango, sino también las ollas, las cacerolas y el comal entre sus manos y parta y reparta a como mejor le parezca y en beneficio exclusivo de su clica. ¿Cómo evitarlo?


Dictadura o seguir con el proceso democratizador


Aquí nos enfrentamos ante un campo político salvadoreño que ha sido desquiciado por el electorado. Los electores se han hecho cada vez menos presentes en los escrutinios, ha aparecido también una tendencia a anular el voto adrede para protestar, este movimiento de una elección a la otra creció, aunque sigue siendo marginal, pero no obstante ha dado que hablar más que la mera abstención. El desplome de los partidos “tradicionales” y la victoria de GANA (aunque en realidad no es el partido político el vencedor, sino que el candidato) constituyen tal vez el hecho más importante y significativo después de la firma de los Tratados de Paz. El otro hecho de gran importancia y tal vez el mayor es la democratización de nuestra vida política. Este proceso ha ido venciendo décadas de autoritarismo y mañas antidemocráticas, los fraudes y elecciones amañadas han desaparecido, la libertad de expresión se ha venido ejerciendo con dificultad, pero ha entrado en nuestro panorama político y ha permitido y propiciado justamente que el sistema de partidos entre en crisis. Sí bien el Ejército no desapareció por completo de la vida política y social no era el principal actor como lo fue durante décadas. La represión política se volvió más o menos marginal, aunque la vimos reaparecer con Flores y Saca, especialmente contra los ambientalistas. El poder judicial con la Sala de lo Constitucional y algunos tribunales comenzaron a actuar con cierta independencia y sus fallos fueron acatados, a veces a regañadientes. La Asamblea sin llegar a ser un lugar de entera deliberación y proposición, pudo discutir y a veces enmendar las leyes, proponer sus propias leyes y enmiendas. Las luchas sociales, es cierto decayeron, pero esto se debe más a una política de partido que por problemas institucionales. Es decir el proceso democratizador iba dando sus pininos, venciendo obstáculos, frustrando muchas trampas. Este proceso democratizador fue el resultado y la prolongación de la guerra, de una situación política exacerbada, en la que las posiciones eran obligatoriamente irreconciliables y polarmente opuestas.


Esta polaridad no se dio solamente en el campo político, sino que también en lo que ahora se llama sociedad civil. Esta polaridad se volvió detestable para muchos y blanco de ataques. Muchos la culpaban de ser el principal obstáculo para nuestra democratización y creadora de trabas para el buen funcionamiento institucional. En verdad, fue un obstáculo de la democratización, pero no tanto en las contiendas y disputas parlamentarias, pues eso se produce en muchos otros parlamentos sin que nadie se queje, ni eso haga perder el rumbo de la democracia representativa. El terreno en que esa polaridad tuvo nefastas consecuencias es lo que sucedía en la sociedad civil, entre los partidarios de uno o de otro campo, que entraron en una especie de esclerosis mental que se manifiesta en un dogmatismo y fanatismo completamente ciegos y sordos. Dos bandos a la par, pero separados abisalmente por rencores y frustraciones y por una historia de conflictos de toda índole que fueron perdiendo lo ideológico, para ahondarse en un pantano de emociones y pulsiones incontrolables. Debo señalar aquí que el proceso democratizador no se acompañó en lo económico y social por grandes avances, la situación que nos llevó a la guerra en estos dos respectos, el económico y el social, sigue sin mayores mutaciones, mejor dicho continúa estancada.


La democracia representativa no es una panacea universal, la vemos fallar en muchos lugares reputados “muy democráticos”. No obstante nosotros los salvadoreños no podemos pretender superar esta democracia con sistemas más avanzados (aunque percibamos su urgencia y necesidad), si apenas estamos aprendiendo a manejarnos con este sistema representativo, sin que aún hayamos gozado plenamente sus frutos. Digo esto porque en las próximas elecciones legislativas vamos a tener que optar entre continuar este proceso democratizador o simplemente entrar de nuevo en un ciclo de dictaduras.


Nadie en su sano juicio


Esta alternativa encierra cierto dramatismo, pues hace surgir tensiones sociales inexplicables, ya que a primera vista nadie en su sano juicio puede optar por volver al círculo infernal de las dictaduras. Sin embargo lo que está planteado en la escena nacional es justamente eso. Si Nuevas Ideas logra un triunfo arrasador, el presidente Bukele podrá ejercer el poder de manera aún más despótica y de manera aún más autártica de lo que ha venido haciéndolo desde su entronización como mandatario. Nuestro drama es que los que lo eligieron estaban hondamente convencidos de que con el nuevo presidente íbamos a tener un sistema democrático horizontal, de que el verticalismo autócrata reinante en el país, desde las empresas hasta la totalidad del Estado, iba a desaparecer, de que el nuevo partido iba a ser un modelo de democracia. La realidad es otra, hay una sola persona que manda en todo de manera inconsulta y nombra y despide con la misma facilidad y holgura con que se cambia los calcetines. Y sobre todo que no acepta críticas y ha llegado a atacar frontalmente a los periodistas y a otras personas que han expresado posiciones inconformes con su desgobierno. Estos ataques han puesto en peligro la libertad de expresión y de la prensa de tal suerte que organismos internacionales han manifestado su preocupación y de la misma manera la actitud del presidente respecto a los órganos del Estado legislativo y judicial ha sido de enfrentamiento y de desacato. En esto también internacionalmente hemos leído y oído críticas, protestas y advertencias. El presidente hace caso omiso de todo esto, como si le importara un comino perder prestigio y apoyo internacionalmente.


¿Qué opciones nos quedan?


¿Qué podemos hacer de aquí hasta el día de las elecciones? ¿Se puede crear un nuevo partido? ¿Que opciones tenemos? La primera pregunta no tiene una respuesta realmente muy difícil, los que estamos conscientes del peligro existente no nos queda otra cosa que alertar a la población, seguir denunciando los desmanes y las prácticas dictatoriales que se vienen introduciendo en el país. Seguir atentos y ser críticos ante la ausencia de planes de gobierno, de proyectos de acciones sociales y económicos en beneficio del país y de las clases más necesitadas. El cierre de las actividades económicas por el covid-19 han producido mayor desempleo y ahondado la pobreza endémica en nuestro país. Esto no se combate con paquetes alimenticios, ni regalitos preelectorales, sino que con medidas que cambien las estructuras que dan origen a estos males. Lograr esto es parte de una lucha que tiene que ser permanente. Se trata pues de una actividad que se mantiene y que debe profundizarse.


Respecto a la creación de un nuevo partido que pueda tener incidencia en las próximas elecciones es más que utópico, incluso legalmente ya es demasiado tarde. Los partidos (de izquierda) afuera del FMLN son por el momento muy marginales, algunos incluso desconocidos de la mayoría de salvadoreños. Y con esto estoy respondiendo a la pregunta “¿Qué opciones tenemos?”.


Los dirigentes (la famosa “cúpula”) del FMLN, ni el partido en general fueron capaces de realizar un análisis de sus propias actividades políticas y gubernamentales, que explicaran su descalabro electoral, su derrota política. Después de la derrota prometieron este análisis y no cumplieron con la promesa, hay algunas declaraciones que señalan tal o tal punto en particular, pero que no abarca toda la estrategia que fracasó o la ausencia de estrategia socio-política que los llevara a ser los actores del deseado cambio en el país. Las renuncias de algunos cupuleros no es un cambio estructural, ni tampoco las elecciones internas por muy “limpias” o “democráticas” que pudieron ser. Estas elecciones se organizaron de manera precipitada, se llevaron a cabo sin que el análisis de la derrota tuviera lugar en ninguna parte. Tuvimos candidaturas proclamadas individualmente, sin que estos candidatos presentaran ni un esbozo de la autocrítica necesaria y urgente, sin que presentaran las propuestas de programas, se realizaron siguiendo los modelos de los partidos burgueses. Lo que significa que no aprovecharon la lección que les dio la historia y sus propios electores, simplemente no escarmentaron.


Hay algunos temas que tal vez haya que abordarlos respecto a los diputados y jefes del partido, pero que se refieren a rumores, a suposiciones, sospechas y prejuicios, como que todos son ladrones, pero esto no se ha probado. El cambio en su nivel de vida es evidente, pero esto no es obligatoriamente resultado de un robo, sino que la gran mayoría de los diputados del FMLN no eran ricos, sino que gente pobre. Los salarios y los beneficios materiales del mismo hecho de ser diputados, les ha permitido llevar un ritmo de vida muy alejado al de antes y del que llevan sus electores. Los diputados del Partido Comunista Chileno le entregan al partido lo que perciben y este les devuelve el equivalente de un salario medio, lo mismo pasa en el Partido Comunista Francés, portugués y otros. Esto lo pudieron implantar en el FMLN. Lo que devengaban y las prebendas les ha permitido a algunos acumular ahorros substanciales. Pero este tema tal vez valga la pena abordarlo, pero es necesario dejar de lado todo lo que no se ha probado y es fruto de la imaginación y en algunos casos simplemente calumnias. Lo que interesa aquí es lo político y lo que se puede con toda seguridad aseverar de los dirigentes del FMLN. Hay una excepción y es el grupo que dirigió y dirige ALBA-Petróleos, cuya gestión ha sido oscura y el hecho comprobado de la existencia de cuentas ocultas en Panamá, lo que constituye un delito de evasión fiscal y de exportación ilícita de capitales: Merino y sus aliados son un caso aparte, aunque tal vez esto haya comprometido a otros más. Están presentes también algunas acusaciones periodísticas de El Faro.


Vuelvo al tema: estamos ante una seria amenaza de la reintroducción de un régimen dictatorial y estamos en búsqueda de un medio de cómo evitarlo. Las opciones que tenemos no son muchas, en realidad es una sola y esta no es óptima. Lo que voy a proponer está sujeto a discusión, a intercambios y a cuestionamientos. Muchos de los bemoles los tenemos todos presentes. Es a pesar de ellos que propongo una especie de “voto útil” o un voto que nos salve de la dictadura. Es por eso que propongo votar por los candidatos del FMLN, aunque en algunos casos también se pueda votar por otros candidatos independientes o no.


Pero este voto no se puede dar a ciegas, tiene que ser un voto meditado, no se trata de un voto sin consecuencias, es necesario que el voto se acompañe de una nueva actitud de parte de los votantes. No se puede seguir votando por “representantes”, sino que por delegados con misiones particulares y precisas. No se puede concebir el voto como un visto bueno, como un vale, en esto con toda la experiencia que a pesar de todo se ha acumulado, debemos saber que el voto es un acto puntual, que para que sea eficaz tiene que ser seguido de un control de las actividades parlamentarias de los diputados electos y exigirles que rindan cuenta de su actividad ante los electores. Esta es mi primera colaboración y espero que se entable un diálogo al respecto.





 

17 septiembre 2020

Tener presente el punto de mira

 

En nuestras reflexiones solemos olvidar cosas esenciales, perdemos de vista nuestro punto de mira, a lo que le apuntamos. Durante décadas partidos políticos y movimientos se plantearon como su principal meta política la toma del poder. Esta toma del poder fue considerada como el resultado de batallas de una guerra llevada a cabo por una vanguardia revolucionaria contra la clase dominante y su aparato estatal. Parecía lógico que se trataba de una etapa inevitable, imprescindible en el proceso revolucionario, sin el poder era vano proponerse las reformas estructurales necesarias. Más adelante me voy a referir a las formas y contenidos de esta guerra por el poder. Por el momento deseo llevar adelante una reflexión sobre esta cuestión de la toma del poder como objetivo principal.


Esta toma del poder implica inevitablemente conservar el Estado, aunque sea reformado y cambiando la dirección de la fuerza represiva hacia las clases dominantes y ya no contra los trabajadores que se suponen están en el poder. No obstante si nos detenemos un instante en la historia del siglo XX observamos que el “socialismo real” dejó de lado por completo un momento crucial pensado por Marx, se trata de la desaparición misma del Estado en sus funciones de aparato represivo. Al contrario los partidos que llegaron al poder volvieron su objetivo inicial de llegar al poder en otro semejante, mantenerse en el poder y para ello conservaron intactas o perfeccionaron las estructuras policiales de represión. Marx planteaba en la fase de transición hacia el comunismo la dictadura del proletariado que iba dirigida primordialmente contra la burguesía y sus aliados. La realidad fue otra, los Estados del “socialismo real” se volvieron represivos contra sus propios ciudadanos y algunos merecieron el título de Estados policiales.


Dos opciones


No obstante estamos ya en otros tiempos, no solo han quedado atrás las experiencias de otros países, sino que también nuestra larga historia de luchas con algunos logros y rotundas derrotas. Se debe de aprender de ambas. Nos estamos acercando poco a poco a cumplir un siglo de la insurrección de 1932, a medida que ha ido pasando el tiempo se ha ido calificando diferentemente este suceso. Se ha llegado a negar el carácter social y clasista reduciéndolo a una pelea étnica. Todo el contexto de la crisis general del capitalismo que se inició en 1928 y sus repercusiones en nuestro país desaparecen. Urgimos nuevos análisis y reconstruir nuestra historia de luchas, de lo contrario nos será imposible entender ciertos procesos históricos que se mantienen durando largos períodos. Por supuesto aquí no puedo entrar a analizar al por menudo nuestra historia, ni tengo realmente la debida competencia.


En las últimas tres décadas del siglo pasado hubo un viraje y una aceleración en nuestra historia. Después de un largo período de recuperación y de tanteos, discusiones teóricas supervisadas por extranjeros, por especialistas y consejeros de la URSS y del PCUS, sobre los objetivos inmediatos y a medio plazo y por consiguiente las formas de estas luchas. Hubo dos grandes objetivos, uno de ellos que durante muchos años predominó fue lograr una participación política pública y legal, en otras palabras llegar a una “democratización” de la sociedad salvadoreña. Hay que tener en mente que la actividad política y sindical estaban simplemente prohibidas y que se ejercía una represión brutal y constante. Esto limitaba enormemente alcanzar una influencia de las ideas de transformación social y revolucionarias dentro de la sociedad. Incluso era casi imposible obtener esto al interior de las organizaciones, pues las escuelas clandestinas para preparar los cuadros del partido y de los sindicatos no poseían los medios necesarios en documentos didácticos y libros de estudio. Tener en sus manos en los años cincuenta el manual de Politzer, “Principios elementales de filosofía” ya era extraordinario, algunos lo tuvieron en sus manos durante algunos cortos días y su lectura era apresurada y muy fervorosa. De esa manera poco se podía avanzar en la edificación de un partido de vanguardia sólidamente preparado para enfrentar las batallas ideológicas. Los grupos que abogaban por este objetivo pensaron siempre que la libertad de pensamiento y de expresión, de reunión iban a producir sus efectos de manera fulgurante. Por supuesto que se trataba de una de las primeras etapas y metas que alcanzar. Luego seguirían otras que iban a profundizar los cambios estructurales.


Para dar un ejemplo concreto dentro de nuestra historia, se trata de tres cortos meses de gran efervescencia ciudadana, los tres meses que duró la Junta de Gobierno (26 de octubre de 1960 a 21 de enero de 1961). Durante estos tres meses la gente se pudo reunir, crear sindicatos, nuevos partidos o tener actividad pública y sin estorbos. El Partido Revolucionario Abril y Mayo (PRAM), fachada abierta del PCS, tuvo un crecimiento fulgurante, se realizaban mítines, reuniones y marchas públicas en las principales ciudades del país. Circularon libremente libros que hasta entonces eran totalmente prohibidos de hecho, las famosas ideas “subversivas” pudieron ser más o menos expuestas en las “escuelas” del PRAM. Este partido abrió locales en muchos lugares del país, la gente acudía para informarse, para recoger volantes y distribuirlos entre los vecinos, etc. No obstante esto duró apenas tres meses y este partido entró en la clandestinidad nuevamente y todo el panorama cambió.


El triunfo de la revolución cubana vino a darle un riendazo acelerador a la otra posición, cuyo objetivo era también llegar al poder pero sirviéndose de las armas, lo que se nombró “la vía armada” en contraposición con la anterior que se le llamó “la vía pacífica”. En realidad, el golpe de Estado que derrocó a la Junta de Gobierno en alguna medida desacreditó la primera opción y puso de manera acuciante la segunda posición sobre el tapete.


Hubo en toda América Latina movimientos guerrilleros, alzamientos de civiles en armas. La mayoría fueron derrotados en los combates iniciales. En El Salvador tardó en imponerse esta visión y la anterior nunca desapareció del todo, incluso tenía una posición muy ambigua, pues no negaba la necesidad en algún momento de recurrir a las armas en las etapas finales, etc. Hubo cisma en el Partido Comunista y además de las FPL que fundó el exsecretario general del PC, Salvador Cayetano Carpio, surgieron otras organizaciones guerrilleras. El PCS se incorporó con cierto retraso pero sin renunciar por completo a su visión electoralista y a veces complotista (participación en golpes de Estado).


Ambas posiciones tenían como principal objetivo la toma del poder. No se trata en absoluto de nada particular en nuestro caso, pues la mayoría de movimientos y partidos políticos siempre se han propuesto este desafío. Pero son muy pocos los que al mismo tiempo desarrollaron una reflexión profunda sobre el Estado. El partido bolchevique si lo hizo, la social-democracia alemana de inicios del siglo XX también. El resto no se plantearon nunca este problema que por supuesto incluye pensar la desaparición del Estado. Pues el objetivo revolucionario realmente no era la simple toma del poder, sino que la transformación de la sociedad de clases en una sin clases, pasar al comunismo.


Dentro del campo político con nuestra política


Algunos estarán pensando que en política todos los partidos tienen que plantearse la toma del poder, que este objetivo es la misma esencia de la actividad política. Esto suena exacto, verdadero, no obstante cuando discurrimos no podemos hablar de política en general, sino que nuestra participación siempre se produce dentro de un cuadro determinado social e histórico. ¿Un partido revolucionario puede adoptar sin más, sin interrogaciones, los métodos y maneras que impone el campo político impuesto por la clase dominante? En ese caso se podría sin mayores cuestionamientos éticos aplicar el cinismo y la perfidia recomendada por Nicolás Machiavelo al Príncipe para apoderarse del poder y mantenerse en él. El partido revolucionario no puede por principio comportarse como cualquier otro partido, sus objetivos le imponen conductas diferentes, no se trata de “enamorar” a un electorado como dijera hace algunos años un dirigente del FMLN, sino que de convencer de lo bien fundado de la necesidad de cambiar de sociedad. Se trata de persuadir a la gente que el capitalismo es incapaz de resolver los problemas individuales y colectivos de los miembros de la sociedad. Esto impone que los miembros del partido revolucionario no sólo estén convencidos de la justeza de este planteamiento, sino que asimismo sean capaces de convencer, de persuadir a otros. En esto vemos que el resto de partidos que luchan por el poder no pueden complicarse la vida con semejantes precauciones, ellos no se plantean transformar ni el Estado, mucho menos el funcionamiento clasista de la sociedad. Esto significa que el tiempo político del resto de partidos está enmarcado por el ritmo electoral, por la vida institucional que le impone reglas y lógicas muy precisas.


El pensamiento revolucionario no se guía exclusivamente por consideraciones tácticas, aun menos por lógicas electoreras, lo fundamental para este tipo de partido son los planteamientos estratégicos, no se piensa viendo el horizonte de las próximas elecciones, sino que se piensa en el largo plazo. Por supuesto que el partido revolucionario no existe fuera de la sociedad, ni fuera del tiempo corriente. Es precisamente una de las mayores dificultades en la política revolucionaria, saber combinar las posiciones coyunturales con la mira final de transformación social.


Es cierto que el análisis de las cuestiones sociales, económicas y políticas imponen una exterioridad, mirar a la sociedad globalmente, abarcando todos los problemas sociales y societales, aportar proposiciones concretas del momento que contengan ya las respuestas a los problemas en su integralidad.


No puede desatender la vida cotidiana


El partido revolucionario no puede desatender la vida cotidiana de la gente y esta vida concreta contiene también su desenvolvimiento dentro de las coyunturas políticas, económicas y sociales. Las coyunturas son cambiantes, fluctuantes, oscilantes, en ellas se pone en juego los problemas del momento, las correlaciones de fuerzas someten a prueba cada vez las posiciones de principio y las del momento que a veces a simple vista pueden parecer entrar en contradicción. El asunto se puede resumir en que las coyunturas le sirven al partido revolucionario para acumular experiencias y al mismo tiempo medir sus fuerzas, su influencia en la sociedad.


Es evidente que la cuestión de la toma del poder es central y hay que pasar por ella, aunque hasta ahora la reflexión gira en torno del sujeto de esta tarea. Se piensa siempre en la vanguardia, en el partido de la vanguardia. De por sí este término es militar con todos sus sentidos y todas sus connotaciones. Se trata de un destacamento, de un grupo que encabeza y que dirige al resto. ¿Quién es el resto? Al responder a esta pregunta nos damos cuenta que a la clase proletaria, la verdaderamente revolucionaria, se le adjudica un papel secundario, de segundo orden. El sujeto histórico se vuelve en una clase incapaz de asumir por si misma su emancipación y aún menos conducir las tareas transformacionales de la sociedad. El papel fundamental en el proceso lo desempeña el partido, siempre se ha pensado en que es él el dirigente, el que educa, el que planifica, el que analiza, el que está por encima del “resto”. De alguna manera el famoso “intelectual colectivo” que elabora las tácticas y la estrategia, cuyo papel es educar a la clase asalariada. Este intelectual no es el de Gramsci, no es el que plantea el italiano, sino que el que usurpa las capacidades de todos los intelectuales orgánicos de la sociedad. Este término se puso de moda, me refiero a “intelectual”, en nuestra lengua y en su uso se confundió con las personas que producían alguna obra de arte, con escritores, con poetas, con ensayistas, con pensadores, con filósofos, con periodistas, etc. Otra figura que estuvo de moda fue la de “intelectual comprometido” que se acuñó después de la Segunda Guerra Mundial y en torno a figuras como Jean-Paul Sartre, poco a poco el término abarcó a todas las personas que ejercen un oficio en el que es necesario aplicar lo aprendido en estudios especializados, como los ingenieros, los médicos, físicos, biólogos, etc. Con esta última extensión surgió su opuesto, “el trabajador manual”.


Al “trabajador manual” se le reconoce que también piensa, que en su práctica despliega cierto pensamiento y cierto conocimiento, cierta habilidad. No obstante se sobrentiende que para elevarse más allá de la simple práctica laboral urge la asistencia de los intelectuales o del partido y sus dirigentes. Espero que no se entienda que estoy produciendo un discurso anti-intelectual y que me estoy sumergiendo en las empantanadas aguas del obrerismo. La realidad de hoy ciertamente nos ofrece esa división sociológica, en la que existen los intelectuales y los trabajadores manuales, los técnicos y los ejecutantes. Muchos partidos que se supusieron revolucionarios simplemente reprodujeron en su seno este mismo esquema de la sociedad capitalista, los que dirigen y los que ejecutan, los que producen ideas y los que las pueden asimilar. Este esquema sostiene el funcionamiento vertical de la inmensa mayoría de partidos y organizaciones populares y también el sistema autocrático de la reproducción de las direcciones de los partidos.


El partido no suplanta a la clase


Tanto en la fase de conquista del poder, como en la fase de inicio de la transformación de la sociedad no se puede, no se debe suplantar a la clase por el partido. Por supuesto que el papel del partido se vuelve mucho más complicado, pues su funcionamiento tiene que dejar de ser vertical, no puede seguir rigiéndose por las viejas y obsoletas estructuras que reproducían los esquemas y funcionamiento de la sociedad de clases, en donde existe una pirámide con su cima y su base. En el mito de la democracia partidaria, con ese pretendido centralismo democrático, en el que se suponía que la información subía de la base hacia la cúspide, hacia la dirección y que esa “materia bruta” era tratada, estudiada y elaborada por las instancias dirigentes para luego bajar a la base. La realidad presentó otra cara. La dirección decidía de todo y elaboraba todo, incluso la recolecta de la información. La base recibía pasivamente lo que le proponían como programa del partido, como táctica del momento y la estrategia era algo muy oscuro que algunos llegaron a pensar que consistía en la adición de las diferentes tácticas. Cambiar este funcionamiento no es una tarea fácil, pues hay que inventarlo todo, desde las estructuras nuevas hasta el papel de cada miembro del partido. Y sobre todo qué relación con la sociedad, con la clase trabajadora y su papel respecto a ésta.


De la misma manera que el partido se pone frente a la sociedad, sin dejar de estar dentro de ella, el partido también se ubica afuera y dentro de la clase trabajadora, el partido es parte de la clase, que sin erigirse en guía, debe de tener la capacidad de sintetizar el pensar y el sentir de los trabajadores. La actividad primordial del partido es llevar a cada trabajador a tomar consciencia de su condición de explotado, de entenderla sabiendo a ciencia cierta en que consiste. Esta consciencia también consiste en entender que es miembro de una clase, de la clase que puede y debe asumir la tarea de emancipar a toda la sociedad. Pero como la vida misma nos pone individualmente, uno a uno, frente a la clase dominante, el partido asume la tarea de organizar las luchas comunes de la clase trabajadora. Pero siempre sin perder el punto de mira: superar la sociedad de clases y desarrollar la sociedad futura.

21 febrero 2020

9 de febrero de 2020

Desde hace unas semanas tengo deseos de reanudar mis diálogos con mis lectores. No lo hago ahora por lo ocurrido el nueve de febrero. Mucho se ha dicho desde el punto de vista jurídico de esta tentativa de golpe de Estado. Pero analizar este putsch desde el punto de vista político la cosa se vuelve más complicada, pues aún no son muy visibles las consecuencias dentro de la sociedad salvadoreña. Es cierto que el rechazo ha sido fuerte abarcando instituciones sociales y económicas, asociaciones de toda índole y representativas del conjunto de la sociedad y tal vez solo los miembros del núcleo más fanatizado de sus seguidores han aplaudido; las consecuencias internacionales sí son más patentes, el presidente más cool ha dejado de serlo, no hay institución internacional que no haya reprobado, la gran mayoría de gobiernos emitieron protestas y manifestaron su indignación y su preocupación.

Tal vez lo más visible sea que la imagen presidencial ha quedado muy desteñida. Para el personaje que se ha esmerado en primer lugar de crearse un semblante de víctima, de alguien acosado por los cuatro costados, que no pasa un día sin que contraataque (el tono que adopta en sus ataques es siempre de queja, como respondiendo a un ataque). Llegar a la Asamblea en son de guerra, usurpar el sillón de la presidencia legislativa haciéndose acompañar por un fuerte contingente del ejército y gran cantidad de policías, lo pone como un agresor, un transgresor y un hombre violento. Muy lejos queda su victimización y las plañideras posturas. Sinceramente creo que no va a tardar en retomar su acostumbrada postura de víctima. Otro punto que salta a la vista es que sus consejeros políticos y jurídicos son incompetentes. Pues ha quedado manifiesto el rompimiento del orden constitucional y su rebelión y rebeldía aunque frustradas no dejan de ser patentes. La Sala de lo Constitucional no ha dado todavía un fallo, pero las medidas cautelares nos dan más que indicios hacia donde apuntan los magistrados.

Su oración-plática con Dios ha dejado a muchos simplemente perplejos además de indignar a la mayoría. Ignoro si esta dramática escena la tenía ya preparada o si fue una improvisación de último minuto. En todo caso su confesión —ante las cinco mil personas que acudieron a su llamado— que acababa de oír a Dios aconsejarle tener paciencia, linda con o es una dolencia psíquica. Con esto se llegó a un doble paroxismo, invocar al cielo como último argumento para dictar un ultimato a la Asamblea y recibir en respuesta una rotunda negación de sus seguidores que pugnaban enaltecidos y exaltados por acabar con todo inmediatamente. Esto no sé por qué me evoca el verso del “Payador Perseguido” de Atahualpa Yupanqui: “Dios por aquí no pasó”.

Me he referido a la inepcia de sus consejeros, existe la posibilidad de que no aconsejen, sino que busquen las justificaciones a lo ya decidido por el presidente. Los que me leen en Facebook saben que suelo comparar a Bukele con el Duce Mussolini, por sus gestos, su significativa comicidad, sus desplantes y ese populismo peligroso que tiende al fascismo. Su persona hay que identificarla al pueblo y el pueblo tiene que identificarse con el caudillo. En la toma de poder, durante su discurso, los concurrentes siguiendo su dictado le juraron fidelidad al duce Bukele. Desde el comienzo de su mandato sus órdenes son personales y directas (por tuits) y los ministros responden “a sus órdenes”. Los ministros e incluso los militares del cuartel de San Miguel obedecieron sin que les llegara una notificación por la vía oficial. Desde su toma de poder se mantiene en una permanente actividad contra los partidos políticos y especialmente contra el FMLN. Para combatir a los mismos de siempre y su supuesto nepotismo mandó despedir a empleados de segundo orden; mientras instalaba en su gobierno y agencias del Estado a su parentela y cherada. Ha recortado las prestaciones sociales, cerrado Secretarias del gobierno, etc. Esto era aplaudido por muchos, les parecía que esta purga era necesaria para purificar al país. Su popularidad se mantenía intacta o incluso quizás aumentaba. Por lo menos era lo que mostraban las encuestas que se difundían. Hasta una encuesta de la UCA que no resultó tan ventajosa, aunque sí mostraba un apoyo mayoritario al presidente en particular y a su gobierno.

La pregunta que surge ahora es ¿Qué necesidad tenía Bukele de intentar el golpe de Estado contra la Asamblea? No era por el préstamo, no. Son muchos los millones que ya recibió (mil doscientos millones en menos de seis meses), en el presupuesto de la nación tiene más de 700 millones que aún no han sido utilizados. Me parece imposible que haya atentado contra el orden constitucional simplemente por complacer a su amigo israelí Yaniv Zangilievitch. Me cuesta creerlo.

No obstante uno no puede dejar de lado incluso esta posibilidad, pues esta amistad se mezcla con negocios y contratos millonarios y viajes y tal vez cuentas secretas en paraísos fiscales, las amistades fuertes se nutren de correspondencias.

Sin dejar de lado esta posibilidad hay que atender con seriedad lo que algunos analistas han sugerido permaneciendo en el estricto terreno de lo político y de las metas políticas. ¿De qué se trata? De un intento precipitado de acaparar de una vez por todas el aparato estatal, integralmente, para esto la disolución de la Asamblea era necesaria, pues luego se convocaría a una Constituyente para que redactara una nueva Constitución a su medida.

Se trata de una ambición totalitaria, llevando al extremo el carácter despótico del estado salvadoreño. Los comentaristas observan que desde el principio el presidente ha mostrado una inclinación hacia la militarización de la sociedad, aportándole a las fuerzas armadas mayor presupuesto y confiándole misiones extra-constitucionales. El presidente ha mostrado el impetuoso deseo de dominarlo todo, una tendencia a no aceptar críticas, ni comentarios desfavorables. Exige una prensa sumisa, ha creado también toda una red de sitios productores de falsas noticias y sobre todo distribuye la publicidad o la retira según el criterio de aceptación o rechazo de su política. Algunos señalan que ha empezado a utilizar los servicios de inteligencia del estado para vigilar a sus oponentes o sospechosos políticos. Se trata de instalar un régimen totalitario con tintes fascistas. Las condiciones para ello es el caudillismo exacerbado, que se viene señalando desde algún tiempo, el caudillo encarna las aspiraciones del pueblo, sus deseos son los ansias populares, sus amigos son los amigos del pueblo y sus enemigos son los enemigos del pueblo. Por muy primitivo que esto parezca, pero se ha venido plasmando en sus propios discursos, como en los comentarios de sus partidarios y del ejército de troles que se comportan como verdaderos acosadores en las redes sociales. Estos troles son realmente las camisas pardas virtuales del presidente.

Estamos frente a ese peligro que no se puede desdeñar o minimizar. Y la tentativa del golpe asumiendo el papel de rebelde contra el orden constitucional, alzado en armas, llevando al ejército a asumir funciones contrarias a las que le han sido asignadas en la Constitución volviéndolo en infractor de este bien jurídico de la nación. El peligro persiste, lo muestra su discurso incluso estas semanas posteriores, en el que persiste en su derecho a ponerse por encima de la Constitución y desacreditando a los dos poderes la Asamblea y la Sala de lo Constitucional. Si la Fiscalía se muestra condescendiente o timorata y en gran negligencia no emprende la persecución del delito cometido, podemos asistir a una recidiva criminal e inaugurando un régimen personal de corte fascista.

08 julio 2019

El populismo en Absurdistán

Nadie puede negar que atravesanmos un largo período de crisis, profunda y polifacética. Es una época propicia para que resurja el populismo, lo vemos ahora construyendo ilusorios correlatos, “todos, salvo nosotros, son corruptos”, apoyándose en la real corrupción en la sociedad y el Estado salvadoreños (aunque limitándola a un solo partido). Esto ha alimentado de manera indistinta y difusa la exasperación de muchos. El populismo urge pues como condiciones para mantener su influencia de un fortalecimiento coyuntural del sufrimiento social, de la frustración económica y simbólica. Se trata de una herida narcisista del cuerpo social que exige reparación, restauración de su dignidad perdida en un deslizamiento padecido y el restablecimiento de la identidad derrumbada.

El populismo requiere de un resentimiento en busca de un objeto y un objeto designable a ese resentimiento. Se puede reconocer en esto el esquema de la consabida teoría del “chivo expiatorio”. En nuestro caso, en el caso salvadoreño, el presidente ha designado varios objetos al resentimiento popular, el partido FMLN, la cúpula y sus familiares, los diputados que no voten conforme a sus caprichos, los funcionarios denominados “vagos que solo van a recibir el sueldo”, los jueces “cómplices de la corrupción y defensores de las maras”, los periodistas “cómplices de las maras”, etc.

Los partidarios del presidente se han agrupado y se identifican como los restauradores de la dignidad nacional, de la limpieza generalizada de la vida pública y los únicos partidarios de la honradez. Esta reforzada identidad se caracteriza en que el individuo se siente poseído por una misión, todos se agrupan en derredor de esta misión restauradora del honor nacional, de esta herencia (ideales que fueron abandonados por otros y valorizados ahora por el nuevo partido y su jefe). El populismo detenta su eficacidad en la disponibilidad permanente de polaridades identificadoras que sabe proponer.

El populismo también es volver constante y sistemáticamente inmediato el respecto entre el individuo y lo que se le describe como amenaza, todo lo que puede perder si el populismo no se impone o encuentra obstáculos. El gran peligro de no poder asumir la tarea, su misión purificadora y redentora. Este populismo manipula psicológicamente el temor de quedarse sin el “padre” (patria) como fuente del valor personal, de su fuerza, de su identidad. Toda masa populista (o fascista), lo sabemos, vive su identidad en la persona del jefe, poseída por ese transfert (transferencia). Este populismo es como una religión de la fuerza, pues es una religión del padre. El populismo que estamos observando posee una lógica que lo hace recurrir a fantasmas identificadores muy fuertes y de múltiples sentidos, los más primitivos: los ligados al honor, a lo íntimo de lo que se ha recibido, de lo que ha sido trasmitido, que hay que conservarlo puro, sin mezclas, lo auténticamente patriótico.

El ansia de identidad es indisociable del deseo de integridad, por consecuencia del deseo de pureza. Ellos y el líder, mejor dicho el líder en su nombre, en nombre del pueblo será implacable en la restauración de los verdaderos valores patrióticos abandonados por el infame partido corrupto. La palabra-clave del jefe populista, que deja caer en su persona el lado positivo y en sus adversarios lo negativo, será siempre preservar: por su parte la preservación de los valores auténticos de la nación y del lado de sus adversarios la preservación de sus privilegios y sus posiciones.

Todas las iniciativas del jefe son anunciadas como exigencias populares o directamente decididas por el pueblo mismo. Los masivos e incontrolados despidos y supresión de secretarías se presentan como el profundo deseo del pueblo y el pueblo reacciona con violencia en su propio discurso en las redes sociales. Este pueblo se presenta sediento de venganza y está dispuesto a arrasar a todo aquel que quiera oponerse a sus designios cumplidos y realizados por el jefe. Si el jefe promete la muerte a los mareros, aplauden y llegan a pedir incluso la muerte de los jesuitas por su complicidad y defensa de las maras. Claro esto se expresa en los sitios en donde el fanatismo se cuece en su propio caldo, en los foros en Facebook de Nuevas Ideas.

La ley si resulta un estorbo, se le ignora, se le hace caso omiso, incluso se viola en permanencia la misma Constitución. Lo único que cuenta es la auténtica voluntad del pueblo, expresada y cumplida por el jefe. ¿Hacia dónde nos lleva todo esto? Si observamos incluso sin lupa crítica la composición del gobierno se trata de una coalición de la derecha y un amasijo de familiares y amigotes de farras. La política socio-económica no va a restaurar nada, tampoco innovar: se seguirá en lo mismo, por los mismos carriles de siempre, pero al fanatizar a su pueblo las posibles protestas vendrán cuando el régimen ya haya implantado su impronta dictatorial y absolutista.

El gobierno anterior organizó, por lo menos consintió, la organización de grupos de exterminio, los asesinatos como cumplimiento de sentencias extrajudiciales, se trataba de mareros y como se trata del enemigo designado en prioridad, la inmensa mayoría ha aprobado o por lo menos mostró cierto contento, pocos fueron los que protestaron y se indignaron. Este proceder totalitario y criminal no ha desaparecido, pero debemos de darnos cuenta que poco a poco nos estamos acercando a las antiguas prácticas de las dictaduras pasadas.

Si las leyes salen sobrando y no es necesario respetarlas, si la Asamblea sufre y acepta los chantajes del Ejecutivo y los jueces, todos los jueces son considerados como asociados a la misma delincuencia, las instituciones funcionan según el paupérrimo criterio de nuestro Duce nacional y nacionalista, la precaria democracia que deseábamos reforzar ha muerto y la hemos enterrado sin llantos, ni lamentaciones. Aclaro, el nacionalismo del jefe populista no impide para nada ser sumiso entreguista y vendepatria.

28 marzo 2019

Apuntes mínimos (Segunda parte)

Me referí, en la primera parte, a la pretensión de la ideología neo-liberal de ser portadora de conocimientos objetivos, científicos sobre la realidad histórica y cómo rehúsa aparecer como otra ideología más. El imaginario neo-liberal se nos presenta como un mito de la libertad-deseo ilimitado del gozo (disfrute). Se trata de una suerte de ápeiron de Anaximandro de Mileto, capaz de tragarse todo lo que le pueda resistir. Se trata de un mito de un orden que es desorden y que logra su legitimidad por la creación de riquezas, de poderes de consumo, de capacidades cognitivas; se presenta como un orden inédito que adquiere el desplazamiento y la liquidación de todos los límites, que sean morales, políticos, del desprecio de cualquier consideración de cooperación, de cualquier igualdad real, de cualquier solidaridad, en resumen de todo nexo comunitario y social, con la única excepción del mercado generalizado y de la concurrencia.
Esta libertad-deseo pretende ocupar el lugar de un orden simbólico y se propone regular los procesos de subjetivación individuales. El sujeto se convierte en un individuo que libremente se vuelve objeto de un gobierno sobre sí mismo, este auto-gobierno es la imitación (mimesis) de la gobernanza empresarial o emprendedora y se identifica con los objetivos de ésta.

El neo-liberalismo se quiere de esta manera una religión total de la vida cotidiana en un mundo reducido a una empresa regida por los únicos imperativos que rompen de hecho con toda comunidad y que ignoran cualquier orden simbólico en provecho de una Ley sin Ley, la del orden simbólico que destruye el resto de símbolos. Se abren por completo las válvulas al imaginario neo-liberal en el que cada hombre, que es un sujeto/objeto que se produce en el mundo real, sufre la reducción a un estatuto de objeto/objeto atrapado en el engranaje que mete en movimiento una pluralidad de objetos/objetos.

Un imaginario de este tipo hace de su ficción un hecho eficaz, una realidad. Trasgrede los tres límites que fueron impuestos históricamente a la gobernanza capitalista: 1. límite religioso (el recurso a un Dios de caridad) 2. límite ético y filosófico (el imperativo kantiano y el derecho natural) y 3. límite político (el contratualismo social, Hobbes, Locke y Rousseau, y las distintas solidaridades). El ideal de la acumulación y del gozo ilimitado debe de aquí en adelante normar y destruir de hecho todo deseo, toda imagen del yo. He aquí ante nosotros, un fantasma de poder absoluto que se asienta, se funda en la plasticidad indeterminada de lo humano, de la cual se ha apoderado el neo-capitalismo, la ha capturado en su beneficio, presentándose como la única versión legítima del progreso. En otros tiempos este progreso estaba dirigido por la Ilustración y los distintos socialismos. Desde ahora en adelante estas fuerzas están reducidas a ejercer la función de fuerzas conservadoras, sobre todo cuando se oponen a la expansión de ese poder absoluto para conservar lo que parece definir lo humano en tanto que condición trascendental, de orden simbólico.

El imaginario neo-liberal destina la acumulación del capital y del gozo a una ínfima minoría ganadora en los mercados y la que apoya su autoridad en otra corriente ideológica harto conocida, el neodarwinismo social. Detengamos un poco en ella. En los momentos de graves crisis del capitalismo resurge esta pseudo-ciencia con mucho maquillaje, aunque se sienta siempre la naftalina. Esta ruinosa teoría, totalmente ajena a Charles Darwin, surgió en los tiempos victorianos, bajo el impulso de las obras de Herbert Spencer. La realidad misma de la crisis y del propio funcionamiento del capitalismo, con todas sus destrucciones, tanto de la naturaleza como de los hombres, ha puesto en el tapete el tema de la sobrevivencia. Es la principal razón por la que Darwin y la interpretación de sus enseñanzas cobran una importancia considerable y constituye un desafío primordial del pensar. De la misma manera que la historia y su gran pensador, Karl Marx, han sido depuestos de su eminente lugar en el proyecto teórico para comprender lo que rige profundamente nuestro devenir, esto ha producido la transferencia de la preocupación por comprender hacia la aprehensión de tendencias más vastas y menos accesibles a la voluntad, como por ejemplo la de la evolución, de la cual no podemos disociar lo que de origen nos enraíza en la naturaleza, sobre la cual la intervención histórica de los hombres aparece con superlativa evidencia como un fracaso racional o un uso irrazonable de su libertad.

A fuer de la crisis ecológica, el asunto de la sobrevivencia de la especie tiende a remplazar el de la transformación de la sociedad, de la misma manera que la evolución tiende a substituir el interés de los hombres por la historia. En esta tendencia surge un paradigma que se ha apoderado del pensar, sentir y actuar de las mayorías: la sobrevivencia se acompaña de la victoria del más fuerte, del más capaz, el fracaso destruye los ánimos, pues no tiene apelación, es un asunto personal, uno no ha sabido poner de su lado todas las competencias. Ya no es la sociedad que no ha sabido emparejar las posibilidades y oportunidades, sino que cada uno es culpable y responsable de su destino. Los que están arriba son los vencedores de una lucha por sobrevivir y son los más capaces para dirigir la evolución de la sociedad. Todo es visto de esta manera, todo tiene el valor de la concurrencia, todo hasta lo más íntimo se puede enajenar como una mercancía, para ganar en esta guerra sin piedad es urgente ser egoísta y hay que dejar el cerebro dispuesto para conducir la obsesiva adquisición de objetos que deben ser sentidos como lo que realiza a la persona. Esta regencia de la concurrencia ilimitada conserva el ideal prometeico del dominio de la naturaleza por las tecnologías sociales, guardando al mismo tiempo el derecho de vivir que le es concedido exclusivamente a los vencedores, los vencidos son abandonados a la muerte, si esto resulta económicamente indispensable (recuerden las palabras soeces de la presidenta del FMI, Christine Lagarde, sobre los jubilados), o a la sobrevivencia elemental, todo esto teniendo como fondo la creencia en la capacidad de los individuos “responsables” de salir airosos si aceptan auto-gobernarse siguiendo las leyes del sistema.

En el diario TheGuardian, Jason Hickel le responde a Steven Pinker, quien publicó una pretendida prueba que desde 1820 hasta nuestros días la pobreza había disminuido de manera vertiginosa. Hickel demuestra con detalles que las falsas estadísticas usadas no pueden probar lo que pretenden. Pero lo más importante son las reales cifras del hambre en el mundo que concierne millares de seres humanos, Jason Hickel cita documentos de la FAO. Se trata de la reproducción de la vida de tantos cuerpos que a diario no absorben las necesarias calorías, que sufren de desnutrición, en esto ya no se trata ni de ganar o de perder, sino apenas de poder seguir viviendo. En nuestro país cuántos compatriotas viven en condiciones de pobreza y extrema pobreza, la cifra casi llega al 75%. Todos estos pobres son juzgados con severidad por dejarse estar, por no proveerse de todo lo necesario para triunfar en este mundo. Esta presión constante los hunde en la desesperación y los obliga a huir a otras tierras hostiles.

24 marzo 2019

Apuntes mínimos sobre el neo-liberalismo (Primera entrega)

Cuando los legisladores votaron la Constitución y fijaron dogmáticamente como sistema económico del país el basado en la propiedad privada de los medios de producción y de ribete volvieron de alguna manera irreformable la Constitución, les estaban preparando al liberalismo y a su variante más reciente el neo-liberalismo un asidero legal e ideológico. En este sentido, cuando Schafik Handal y con él todo el FMLN repetía que aceptaban y respetarían “la Constitución, toda la Constitución” estaban profiriendo profesiones de fe neo-liberales. Handal sabía perfectamente el sentido de lo que repitió mil y una vez durante su campaña presidencial, ARENA y los miembros de la ANEP también lo sabían. Y esto venía de alguna manera a sellar con broche de oro su victoria ideológica. Vanas, fútiles e inútiles se volvieron cualesquiera alegaciones de inmediatas o remotas veleidades “socialistas”. Y tan inanes resultaban que apenas se trataba de mantener viva la llamita nostálgica de antiguos deseos.

Funes vino a dar al traste con esa nostalgia y llevó adelante una política liberal salpicada de medidas que se acostumbra a llamar “sociales”. Sánchez Cerén además de entonar un himno a la gloria de los “emprendedores” durante la campaña electoral no cambió ni una jota a lo que ya venía haciendo Funes. Ortiz en el último año tampoco varió de conducta.

Del liberalismo abierto y descarado de los gobiernos de ARENA pasamos hacia el liberalismo vergonzante del FMLN, ahora al parecer volveremos a un liberalismo declarado y asumido por el nuevo equipo, que es lo que se puede entender después del pasaje de Nayib Bukele por el “tanque de pensamiento” Heritage Fondation, declarando asumir los pilares de la fe neo-liberal.

No es por mera casualidad, ni por antojo que he usado estas dos palabras que hacen referencia a la religión, existen los siete pilares del Islam y la fe en que su ideología describe la realidad del mundo existente. Los ideólogos neo-liberales han decretado muchas muertes, en primer lugar la muerte de las ideologías, es cierto también que los ideólogos neo-liberales proclaman cíclicos anuncios de la muerte de Marx y de su doctrina, la desaparición real de la izquierda y de la derecha, etc. La muerte de las ideologías les sirve para presentar la suya como una verdad científica y que imponen como una concepción de mundo para toda la sociedad. No es el momento, ni el lugar para exponer por qué no cuaja llamar a los estudios de Marx, doctrina, ni filosofía, ello requiere mucho espacio y harto trabajo y paciencia.

Es forzoso reconocer que el credo liberal tiene su eficiencia sobre las actitudes, las representaciones y prácticas de las masas explotadas y dominadas, cuyo interés reside en que su propia situación cambie y que sin embargo conservan esquemas de pensamiento y modelos de conducta producidos por el capitalismo y que han sido teorizados por el neo-liberalismo. El pensamiento neo-liberal se ha apoderado del imaginario de toda la sociedad logrando anestesiar el pensamiento crítico, privándolo de una actitud imaginativa: se nos vuelve imposible pensar que otro mundo es posible en esta tierra, sobre todo no nos atrevemos a vislumbrar, ni logramos confeccionar las imágenes de ese otro mundo posible y anhelado.

La noción de imaginario al que aludo se puede acercar o mejor dicho comparar y deducir del desarrollo que hace Antonio Gramsci del concepto “concepción del mundo” en “Cuadernos de la Cárcel”. En el cuaderno 11 generalmente llamado “Anti-Bujarin”, Gramsci anotó antes algunos apuntes que tienen por título “Apuntes para una introducción y una iniciación en el estudio de la filosofía y de la historia de la cultura”. El sardo parte de la noción marxiana de “formas ideológicas”. Estas “formas“ terminan manifestándose como verdaderas ilusiones, como fantasmas, imágenes. El mayor y más grave espejismo consiste en ver la realidad social como fenómenos naturales, como eternos e inmutables, fuera de la historia. Muchas de estas imágenes se forman de manera espontanea y que compartimos todos casi desde la infancia.

Pero existen otras imágenes que conforman concepciones del mundo orgánicos que organizan a las masas persuadiéndolas a que acepten ciertas formas de vida y ciertos horizontes de significación, se organizan en “aparatos orgánicos” que unen al Estado y a la sociedad y que forman el cimiento más íntimo. “El imaginario se vuelve religión de la vida cotidiana y constituye un mundo de sentido, un horizonte de prácticas, bajo las cuales se constituye la hegemonía de un grupo social capaz de universalización de sus objetivos” (André Tosel, Essai pour une culture du futur”, París, 2014, p. 54; la traducción es mía).

Estas concepciones de mundo se tornan dominantes respecto a los grupos dominados que no tienen la capacidad de oponerse a ellas y elaborar sus propias concepciones de mundo. La concepción de mundo que ejerce en nuestro país una dominación casi sin rival son las doctrinas neo-liberales. El imaginario neo-liberal se presenta como una concepción de mundo que tiene las pretensiones de ponerse como ley sin ley y que apela a la identificación de los individuos a sus prescripciones y a sus normas, que se supone definen lo real, la visión neo-liberal no se acepta como una ideología y quiere imponerse como lectura única de lo real histórico.

La presunción científica del neo-liberalismo lo lleva a erigirse en racionalidad y dispensarse de todo imaginario. El neo-liberalismo se presenta como la continuación radical del movimiento de la Ilustración liberal mientras que se da como tarea prioritaria de rebajar la dimensión emancipadora de la Ilustración hacia el sentido solo de la libertad de emprender. Se trata de un imaginario de una racionalidad supuesta y ficticia, aunque muy eficiente. La libertad de emprender se ofrece como una imagen única y exclusiva de la socialización que funciona bajo el juego de la concurrencia en el mercado de las empresas y se dota de un Estado en conformidad. Se piensa como una racionalidad exclusiva que se pretende juez de toda racionalidad alternativa. La libertad igual se define exclusivamente en el campo de la propiedad privada empresarial y le quita, le rechaza cualquier fundamento racional a la fraternidad y a la competencia democrática de los humildes incompetentes. La ideología neo-liberal introduce una disyunción irreversible respecto a la libertad ético-política del liberalismo. La voluntad de darle continuación al liberalismo se vuelve reforma, una refundición y una relegación del mismo. Nada debe estorbar la institución permanente de esta libertad empresarial que se ha vuelto autoreferente, sin más límite que su reproducción ampliada y su éxito.

El neo-liberalismo se pone como una deconstrucción de los valores aún trascendentales supuestos limitar y definir la libertad; se presenta como una voluntad anti-metafísica y sobre todo toma el rumbo del movimiento que caracteriza la plasticidad humana. Se toma como fundación de sí misma autoreferente que rechaza cualquier fundamento que no sea él mismo (el neo-liberalismo), que se trate de Dios, del derecho natural antiguo o incluso el derecho natural moderno, si este último se refiera a una voluntad colectiva contractualmente regulada o a la misma república. La libertad de emprender resultaría un ideal racional que se está realizando. (Sigue).