El autor de este blog agradece la reproducción total o parcial de los materiales aquí publicados siempre que se mencione la fuente.

12 septiembre 2008

A propósito de la Fuerza Armada de El Salvador

p or Antonio Martínez-Uribe
He sostenido en diferentes ocasiones que la Fuerza Armada de El Salvador (FAES) no debe cometer los graves errores del pasado. El mayor, pues precisamente a partir de allí fue que la arrastró a una vorágine de otros, fue el haberse alineado con grupos oligárquicos y haberse puesto a defender, por la fuerza, esos privilegios. Esta fue la principal razón de haberse deslegitimado. Se dejó llevar a una serie de violaciones de Estado y así sumergirnos en el hoyo de guerra civil.

Igual, he sostenido, de frente a oficiales superiores, que el problema no es que los militares sean o no “apolíticos” como se dice, sino que, mientras están de alta, no se partidaricen, que no se pongan, como caninos, a proteger intereses de grupos de poder, de ninguno, independiente de su signo ideológico. Los civiles muchas veces los buscan para que les apoyen en sus planes o bien para proteger o derrocar un orden social establecido por medio del uso de lo militar que es para los que están adiestrados. Orden que precisamente lo defienden porque cambiarlo equivaldría a perder prerrogativas. ¿Apolíticos? Si existe en el paisito un ente altamente politizado ese es la FAES. Esa es la razón por la cual, como acabamos de rever, suelen comportarse, aunque dicen que se trata de retirados, como partido político.

Por eso, porque son empleados públicos armados, depositarios de las armas de la Nación, pagados con los impuestos de la ciudadanía, es que la Constitución dictamina que, en un régimen y sistema democratizante, no deliberan. Por eso es que deben ser obedientes y subordinados al poder civil electo por medio de elecciones libres y transparentes. Supuestamente esa es la etapa que se pretendió iniciar con los Acuerdos de Paz hace ya casi 17 años.

Jugar a la democracia casi no tiene nada que ver con el uso de la fuerza. Mas bien se trata de construir mucha dependencia con lo civil, interacciones y mediaciones entre su institucionalidad pública y privada y la capacidad de alcanzar entre esa complejidad, consensos. Para nada de apelar a la fuerza para imponer un status quo y someterse a ella. A eso es, señoras y señores, a lo que se denomina militarismo.

En ese acto del domingo anterior, claramente electoral partidario organizado por militares retirados con lo que ellos mismos demuestran no estar tan retirados, a favor de Arena y su candidato, sencillamente constatamos que es un hecho en el que se amenaza con la bandera del uso de la fuerza, de la intimidación, la incertidumbre, el miedo a nombre de la FAES. Y en el Gimnasio Nacional arengaban: ¡Esta es la FAES de Manuel José Arce! Una cuestión gravísima. Toda un abominable y despreciable ceremonia de terror.

Allí llegó, como algo previamente anunciado, el candidato de Arena y saludó a los retirados, se cuadró. ¡Qué pena! Si se tratara de ser un verdadero candidato a Jefe de Estado con vocación democrática este tipo de gestos no tendrían espacio: es una pagaille, un follón, un desmadre. Avila aprovechó para expresar públicamente que era un honor haber servido en las defensas civiles, subordinadas a la FAES, algo sumamente inquietante, muestra, con ese acto simbólico explícito, su consuelo militarista.

Pues, justamente, este tipo de actuación política, el cual estudian académicos de normativa democrática, es esa malformación genética en la que lo civil está subordinado a lo militar y no lo militar subordinado a lo civil como lo reclama un Estado de Derecho. Por eso es que, aunque tampoco es bastante para desmilitarizar, una democracia demanda a alguien de la sociedad civil al frente del Ministerio de la Defensa. Ya se hace, veamos el caso de Chile, Argentina, Ecuador, Colombia, España, USA, Francia,… América Latina va mucho más allá de eso al nombrar a ministras de defensa mujeres. En España, en este minuto, es una mujer, Carme Chacón Piqueras. Se convirtió en la primera mujer Ministra de Defensa de España y en la primera Ministra en España que accedió a su cargo estando embarazada. En Europa es toda una novedad. ¡¡¡Vaya!!!

Pongamos mucha atención a un hecho trascendente de la historia humana: cuando, en rigor, se habla de desmilitarizar no se refiere a los militares en sí mismos, sino, aun mucho más trascendente, de todos esos civiles que quieren ser más militares que los militares. Para que nos entendamos: son más papistas que el Papa. Son civiles los que han llegado a tocar los portones de las guarniciones para seducirlos, en nuestro pasado realmente muy reciente, a cambiar el orden existente o a mantenerlo por medio del coup d‘Etat. Mucha atención entonces porque Ávila se parece a uno de esos.

No cometamos los errores de ayer. Lamentablemente este es la desdicha de la condición humana: unos jamás recuerdan y, en la misma medida o más, otros en lo absoluto, olvidan. Deberíamos, toda la ciudadanía, trabajar con nuestra memoria activa, poniendo sin temor y de frente un granito de arena.
_______________
Este artículo, tomado de Co-Latino, es publicado aquí con el consentimiento del autor.

0 comentarios:

Publicar un comentario

Todo comentario es admitido. Condiciones: sin insultos, ni difamaciones.