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20 enero 2010

Pedir perdón no absuelve

Pedir perdón es un acto de contricción, es un enunciado que se dirige al ofendido, a la víctima. En el ámbito privado este enunciado espera respuesta. La respuesta puede ser “acepto tu pedido de perdón y te lo otorgo”. Llega la reconciliación. Pero a este pedido puede seguir un silencio pesado y luego llega la negativa de perdón. En el ámbito privado esto conduce a la separación, es el caso, por ejemplo, de los divorcios. El que ha ofendido, el que ha faltado no puede darle a su pedido de perdón el carácter de performativo. ¿Qué significa esto? Un enunciado performativo es aquel con el cual el que enuncia realiza el hecho mismo a través de sus palabras. Por ejemplo, “doy por abierta esta reunión”, “te bautizo”, “te prometo”, etc. El que pide perdón no puede imponerlo, pues entonces ya no es un pedido. Considerar que este pedimiento de perdón concluye el acto es una manera abusiva de interpretar el contenido de lo que se ha enunciado.


El presidente de El Salvador, Mauricio Funes, ha pedido perdón, en su función de máxima autoridad del Estado, en nombre del Estado mismo. Lo pidió ante las víctimas, los familiares y amigos de las víctimas. Muy bien, pero la respuesta a este pedido ¿quién puede dársela? ¿Quién puede atreverse a hablar en nombre de los niños masacrados, en nombre de los ancianos asesinados, en nombre de las mujeres violadas y asesinadas?


Crímenes contra la humanidad

Esto significa que el acto ha tenido y sólo puede tener un significado simbólico. ¿Pero qué es lo que simboliza? En esto las interpretaciones pueden divergir. Estas divergencias se manifestaron inmediatamente, pues el acto fue sobre todo político. El presidente ha dicho lo que todos sabíamos, lo que todos sabemos: “Reconozco que agentes entonces pertenecientes a organismos del Estado, entre ellos las Fuerzas Armadas y los Cuerpos de Seguridad Pública, así como otras organizaciones paraestatales cometieron graves violaciones a los derechos humanos y abusos de poder, realizaron un uso ilegítimo de la violencia, quebrantaron el orden constitucional y violentaron normas básicas de la convivencia pacífica. Entre los crímenes cometidos se cuentan masacres, ejecuciones arbitrarias, desapariciones forzadas, torturas, abusos sexuales, privaciones arbitrarias de libertad y diferentes actos de represión. Todos estos abusos fueron ejecutados, en su mayoría, contra civiles indefensos ajenos al conflicto”.


Tal vez lo que se ha logrado con este acto, es que con el reconocimiento de estos crímenes contra la humanidad y crímenes de guerra, se admita asimismo, por parte del Estado y por primera vez, como efectivamente ocurridos. El presidente ha enunciado también su iligitimidad. Ambas cosas son de suma importancia. No obstante, repito, son actos eminentemente políticos. La negación de justicia que ha perdurado todo este tiempo, puede comenzar a retroceder. Ha retrocedido un paso pues hasta ahora los representantes del Estado nunca reconocieron la efectividad de esos crímenes. Es decir, los hombres políticos de la derecha —que han asumido el poder político hasta hoy— no reconocían como crímenes, ni como actos ilegítimos la barbarie de la que fue víctima la nación salvadoreña.


La polémica que este reconocimiento ha suscitado se ha centrado en otro terreno, se cuestiona el derecho del presidente Funes a pedir perdón en nombre del Estado. Al mismo tiempo, al cuestionar este derecho se persiste en negar la evidencia de los hechos y su ilegitimidad.


La justicia tiene que volverse efectiva


Justamente porque hasta hoy perdura la negación de justicia, no podemos equivocarnos en la interpretación del acto simbólico que se realizó en el décimo octavo aniversario de la firma de los Acuerdos de Paz. La cuestión de la justicia se vuelve de actualidad. Reconocer los crímenes no basta. Pedir perdón no absuelve.


Las comisiones sobre las que habló el presidente no pueden remplazar a la justicia, al establecimiento de la verdad, a la verdadera reparación moral, a la real dignificación de las víctimas. No entro en el detalle de su composición y sus fines. Creo que el rector de la UCA, José M. Tojeira, en un artículo salido en el Co-Latino, ha hecho al respecto señalamientos pertinentes que comparto.


El presidente Funes pretende pedir perdón en nombre del Estado. Muy bien, ¿lo pide también en nombre de la Asamblea, lo pide en nombre de los órganos judiciales? No estoy buscándole la cuarta pata al gato. El presidente cuando se trata de la ignominiosa ley de Amnistía, limita la extensión de su poder al Ejecutivo. Declinando la responsabilidad de esto a los otros poderes. Levanto esta incoherencia no por afán polémico. Porque existe otro aspecto político subyacente y no enunciado cabalmente. El presidente Funes no puede pensar en ningún momento que todo el Estado ha quedado lavado de toda culpa. Incluso en la parte final del discurso llega a agradecer algo que no ha tenido lugar: “Gracias a las víctimas y sus familiares por recibir mi petición de perdón en nombre del Estado salvadoreño”. En esto hay precipitación y en cierta medida abuso.


Los salvadoreños lo hemos escuchado. Pero eso no significa que hemos asistido ha un acto de exorcismo colectivo. La república tiene sus órganos que fallaron durante años a sus obligaciones, que cometieron delitos y crímenes, que siguen sin cumplir hasta hoy con su deber. Y en esto incluyo, a pesar del perdón pedido, al Ejecutivo.


Ahora se trata realmente de dignificar a las víctimas dentro del cuadro de la legalidad republicana. Los crímenes no pueden quedar impunes. Ningún crimen, sobre todo los que se cometieron durante la guerra que perfectamente pueden ser catalogados como crímenes contra la humanidad y crímenes de guerra. Es decir que son imprescriptibles.


Realmente no entiendo aquellos que frente a estos crímenes piden, reclaman, exigen cierta tolerancia. La justicia salvadoreña tiene que volverse efectiva.


La derecha no pide perdón


El presidente ha pronunciado una frase peligrosa al final de su discurso. Pues sin ser muy explicito, le quiere dar al pedimiento de perdón más significado del que realmente tiene y al mismo tiempo le arroja un anatema a quien no se quede conforme con el acto simbólico que presidió. Lo cito: “Este reconocimiento de procederes ilícitos, su consecuente aceptación de responsabilidad y el necesario pedido de perdón que hoy formulamos, no debe ser aprovechado por ningún sector minoritario para intentar llevar discordia y divisiones al seno de la comunidad salvadoreña”.


No podemos quedarnos conformes con un primer paso, para que las cosas sean completas hay que llegar hasta la última página, sólo entonces podemos cerrar este doloroso capítulo de nuestra historia. Exigir que la ley de amnistía sea derogada, que se erijan los tribunales necesarios y que se imparta justicia no puede ser considerado como un acto de sembrar cizaña en la sociedad salvadoreña.


El presidente nos habla insistentemente de unidad nacional, lo volvió a hacer en esta oportunidad. Nos habla incluso de que somos todos hermanos y hermanas. ¡Vaya que cosa! Resulta que el presidente nos hermana de un jalón con todos aquellos que no quieren reconocer que hubo crímenes en El Salvador, que piensan que los cometieron con todo derecho, que sus criminales acciones eran en defensa de la libertad, en beneficio del país. Porque la actitud de la derecha, lo que ha expresado en sus declaraciones, no significa otra cosa. La derecha tiene sus órganos de prensa y de difusión radial y televisiva, en esos medios hasta hoy se ha defendido que el Ejército y todos los órganos represivos defendían la libertad y los valores occidentales. La derecha, toda la derecha, se ofusca ahora porque el presidente ha enumerado los crímenes cometidos y los ha declarado como efectivamente ocurridos.


La actitud de la derecha durante todos estos años, su reacción actual no solamente refuta la posible existencia de la “unidad nacional”, sino que confirma que no se arrepiente, que ella no pedirá perdón, que no lo desea, que no puede reconocer como crímenes contra la humanidad todas las fechorías que perpetraron durante la guerra. Es ese el significado de la reacción de la derecha.


En el fondo, no nos equivoquemos, la derecha sigue pensando que Funes en la presidencia es una aberración de la historia, es una usurpación de su legítimo poder. Es ilusorio, muy peligroso para las fuerzas de izquierda pensar que la derecha va a abandonar su agresividad. Para la derecha la unidad nacional ha desaparecido desde el momento en que fue derrotada en las urnas. Se volverá a restablecer la “unidad nacional” cuando de nuevo considere que el poder político está en sus manos. Para la derecha, para la gente de la derecha, unidad nacional no significa otra cosa que el sometimiento de los trabajadores a los intereses económicos de la oligarquía.

7 comentarios:

  1. Buenas Carlos,
    sí de acuerdo 100% contigo.El pedir perdón si solo se queda en un acto simbólico no sirve para nada... para dar vuelta a la página, es necesario haberla leído antes...Los crímenes cometidos por los estados, que tienen en nuestros pueblos el eufemismo de "excesos", no pueden olvidarse...
    Ni olvido, mi perdón, Justicia.

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  2. Parece que Funes está copiando a Obama otra vez. Éste ha hecho varios señalamientos públicos al efecto de que "América" ha cometido errores: en una entrevista con Al Arabiya, en Francia, en Cairo, y en Trinidad y Tobago. Cuandó la confesión no se refería al gobierno de Bush, se refería a otros presidentes anteriores que no nombraba. Funes tampoco precisó nombres o cargos. Esencialmente reconoció lo que todo el mundo ya sabía, no para que se empezara a hacer justicia, sino para que su declaración sustituyera a la justicia. ¿Qué cosa más fácil que decir que se cometieron crímenes? Y luego advertir a las víctimas que se conformaran con eso y no pidieran nada substancial, es el colmo del cinicismo.

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  3. :)

    Je suis d'accord avec vous, j'ai aimé votre article. Le titre aussi «le pardon ne dispense pas" ahhh et merci pour le livre de Paul Gauguin

    hugs!

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  4. Estimado Carlos Ábrego: muy acertadas las palabras de su artículo; sin embargo, y haciendo uso también de los porcentajes, estoy de acuerdo con usted sólo en un 95%. El otro 5% lo guardo para decirle que no hay que restarle importancia al pedido de perdón que hizo Mauricio Funes. Aunque lo que dijo sobre las atrocidades que se dieron durante la guerra era algo que ya todos sabíamos, también el que lo haya dicho un Presidente en un acto público fue algo inédito en nuestra historia. Muy importante también fue la solicitud de perdón por parte del FMLN, a través de Salvador Sánchez Cerén. Lo que quiero decir es que pedir perdón como primer paso para alcanzar la justicia que tanto anhelamos los salvadoreños ha sido algo muy importante. Ese reconocimiento público y oficial de tanta barbarie, respalda de alguna manera los subsecuentes e inevitables llamados de justicia que las víctimas han estado haciendo durante tantos años, llamados de justicia que estoy seguro seguirán.

    En la parte del 95 % en que estoy de acuerdo con usted me gustaría recalcar que, como lo escribimos en LA ESQUINA DE ÉRIKA Y ÓSCAR, «lamentamos, eso sí, la falta de análisis de autoconciencia que sólo demuestran la soberbia y la insensibilidad egoísta de quien no quiere que el país progrese para todos, y las expresiones tan negativas por parte de algunos sectores de la derecha, como la referida por el ex Presidente salvadoreño y actual miembro de ARENA, Armando Calderón Sol, quien dijo –refiriéndose al pedido de perdón-: “Yo lo interpreto como algo sin mayor trascendencia, porque no tiene por qué pedir perdón el Estado” ».

    Lo cual implica tácitamente que la derecha se reserva el derecho de volver a utilizar, cuando así lo necesite, lo mismos métodos sucios y violentos del pasado, lo cual es muy triste y decepcionante. Por eso creo también, Carlos, que es muy acertada la conclusión de su artículo.

    Gracias por permitirme opinar.

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  5. Ah pero Cristiani dijo que él también había pedido perdón pero lo que pasa es que ya nadíe se acuerda, maldita demencia colectiva.
    Muy interesante
    saludos,

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  6. Anónimo4:18 p. m.

    Hola, muy interesante el articulo, felicitaciones desde Mexico!

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  7. Anónimo8:18 p. m.

    Interesante post, estoy de acuerdo contigo aunque no al 100%:)

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