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23 agosto 2007

La ortodoxia, las alianzas y los programas.

Por Carlos Abrego

Es harto probable que dentro del espectro de apreciaciones políticas que tienen curso entre algunos compatriotas, las mías sean consideradas como ortodoxas. No voy a recurrir a la definición de la palabra ortodoxia que nos da el diccionario académico, pues la significación que le dan en política a esta palabra no figura en él. El uso de esta palabra está cargada de todas las connotaciones que adquirió durante la “guerra fría”. Una de estas es el carácter obtuso del pensamiento y su irrefrenable apego al más obstinado dogmatismo. Se trata pues de una ceguera ideológica, de una incapacidad de ver la realidad tal cual es, pues predomina el prisma obsoleto de la ideología marxista. Se trata pues de un adjetivo que de entrada descalifica al interlocutor e invalida por consecuencia también de entrada sus posiciones.

Pero como a nosotros los ortodoxos (me reivindico ortodoxo, casi de manera obligada, aunque no sea miembro del FMLN, que en nuestro país la palabreja tiene a este partido como único destinatario) nos invitan a retirar nuestros opacos lentes y que miremos la realidad nacional con los ojos abiertos y que más allá de acomodar nuestro discurso a las capas medias, a los que en definitiva han terminado prefiriendo al partido de derecha ARENA (¿serán también los de ARENA ortodoxos a su manera?), sino que nos adaptemos a su modo de pensar. Nos emplazan a que abandonemos nuestros objetivos políticos y sociales, que los acomodemos a esa franja que según ellos tiene la clave del voto en las futuras elecciones.

Lo que me ha extrañado siempre ha sido la soberbia de esa gente. Electoralmente las posiciones centristas han fracasado tantas veces como las posiciones “ortodoxas”, pero el único fracaso tangible —pues es el más alentador, el más esperanzador— es el que ha sufrido el Frente. El único fracaso electoral que se analiza es el del Frente, pues el de las posiciones centristas fueron desbandadas.

Ahora que han aparecido posibilidades de alianzas, que la necesidad de sacar del poder al partido antinacional ARENA cobra urgencia inmediata, le exigen apertura al Frente y echarle mucha agua al atole que nos quieren servir. La realidad entera se reduce entonces a la franja de la sociedad que considera que plantear ciertos problemas como prioritarios es sacar a bailar al fantasma del comunismo. Ese fantasma los desvela, pero ese fantasma preocupa también a los financieros, pero estos lo usan asimismo como argumento contundente.

La garantía es la participación

¿Pero para qué se quiere llegar al poder? ¿Se trata simplemente de darnos el gustazo de una victoria ante ARENA o se trata de una cosa mayor? De darle otro rumbo a la vida de la nación. ¿Cuál es la realidad que nos agobia? ¿A qué queremos darle remedio? ¿A qué cosas hay que ponerles coto?

Es evidente que la lista es larga y que no podremos resolverlo todo de un solo jalón. La derecha bajo todas su formas y colores se mantiene en el poder más de un siglo y el atraso que hemos ido acumulando durante todo ese tiempo es inmenso. No obstante existen prioridades. Hay injusticias flagrantes, insoportables como son la persistente desnutrición, resultado del bajísimo poder adquisitivo de miles de familias, el bajo nivel de instrucción de millones de personas, con un alto porcentaje de iletrados, el alarmante desempleo y el voluminoso subempleo, etc. Lo acabo de decir la lista es larga y no es aquí el lugar para levantarla.

Pero el déficit democrático también es profundo y viejo. En realidad un nuevo gobierno de izquierda está obligado a poner las bases para erigir en nuestro país el edificio de la democracia. Me atrevo a decir que en estos momentos nos hemos quedado sin constitución, las fuerzas en el poder la consideran como un obstáculo y la han raptado y la violan de continuo. Las instituciones no funcionan, la corrupción ha entrado en las altas esferas del Estado. Las libertades públicas condenadas por leyes arbitrarias, el respeto de la persona humana es un producto de lujo que aún no hemos importado. Durante décadas sufrimos de los fraudes electorales y estas maniobras ilegales aún no han desaparecido. La derecha no tiene otro régimen de gobierno que no sea dictatorial.

Ante todo esto las alianzas son necesarias. ¿Pero qué tipo de alianzas? Se trata solo de alianzas para las elecciones o de alianzas durables con programas de acción claramente y abiertamente asumidos. Se trata de cambiarle el rumbo a la nación. Es necesario entonces que desde la elaboración de esos programas los partidos que quieran entran en esos pactos renueven en la vida política del país y en lugar de pactar en “encerronas de dirigencias”, hagan participar directamente a la gente en la confección de estos programas, en la selección de prioridades. Es necesario demostrarle al pueblo que es en la práctica y no en promesas al aire que se va a cambiar de políticas. Es necesario que los programas se asuman como sólidos compromisos.

Es necesario que haya un compromiso firmado ante el pueblo, ante todo el pueblo. Porque solamente un programa que recoja las profundas y más sentidas reivindicaciones populares tiene garantizado el apoyo de los ciudadanos. Sin la activa participación de la gente es imposible un verdadero triunfo electoral y aún menos se podrá tener garantías de que las reformas serán realizadas. Espero que mi ortodoxia resulte ahora un poco aceptable.

3 comentarios:

  1. "...el atraso que hemos ido acumulando durante todo ese tiempo es inmenso. No obstante existen prioridades. Hay injusticias flagrantes, insoportables como son la persistente desnutrición, resultado del bajísimo poder adquisitivo de miles de familias, el bajo nivel de instrucción de millones de personas, con un alto porcentaje de iletrados, el alarmante desempleo y el voluminoso subempleo, etc"

    Que maravilloso análisis del atraso sufrido por nuestro país. Pare increíble que en todos estos años, nos hayan querido vender la idea de la proximidad a nivel tecnológico (por demás está decir que estos es una burla también), y no han sacado a bailar al progreso social, mismo que aparece casi siempre desligado de todo concepto de progreso alcanzable por la humanidad, como si lo único que importase fuera la forma en la que podemos ser más "productivos" y no necesariamente mejores seres humanos.

    Me gustó mucho su artículo don Carlos, felicitaciones y gracias.

    Alberto Enrique Chávez Guatemala

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  2. Chichicaste9:55 p. m.

    Saludos Carlos Abrego:

    Creo que todo esto se reduce a lo último escrito, en la consulta consensuada a la ciudadania para resolver y refundar el país para poder detener el detener el deterioro de la sociedad salvadoreña y poner las bases para fundar las bases para una democracia participativa.

    El resto ya lo dije antes.

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  3. Anónimo6:12 a. m.

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