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18 febrero 2011

La miseria del pensamiento

Estos días han visto aparecer una campaña que pretende demostrar el benéfico papel que juega en la economía nacional el patronato y su participación en el esfuerzo necesario para sacar al país del estancamiento en que se encuentra. Esta campaña se ha desatado en reacción a la irresuelta voluntad del gobierno de un ligero aumento impositivo. A esta veliedosa maniobra le llaman “pacto fiscal”. El cual se debió discutir, según proposición gubernamental, al interior del Consejo Económico y Social (CES), instalado por el presidente M. Funes.


El atraso general y permanente del desarrollo económico de El Salvador no es imputable al gobierno actual, esto tampoco entra totalmente dentro de la herencia desastrosa dejada por ARENA, pero ya la responsabilidad es mayor y patente, pues veinte años en el poder no han servido para despuntar la producción, sino que para aumentar su estancamiento y el surgimiento y ascenso de dos nuevos males que se han vuelto crónicos, el éxodo de la mano de obra y la violencia delincuencial.


Uno de los destinos del posible dinero recaudado sería destinado a combatir la galopante criminalidad, según lo anunciado por el presidente y su “secretario técnico” Alex Segovia, que además es coordinador del CES.


Las organizaciones patronales optaron por bloquear las discusiones en la CES. Sus principales dirigentes hicieron declaraciones alarmistas y escandalizadas. Ellos han denunciado que el gobierno se propone un aumento de impuestos, que los sorprende ahora al tratar de discutir el tema en la CES, después de que durante un año los organismos patronales han venido proponiendo discutir un "pacto fiscal". Ahora exigen una “mesa técnica” afuera de la misma Comisión Económica y Social y sobre todo con la presencia de los partidos políticos.


Considero que este tema de la contribución fiscal del patronato debe tratarse públicamente. ¿Qué significa esto? Institucionalmente los debates sobre el Presupuesto, sus entradas y sus aplicaciones las elabora el Ejecutivo y son analizadas y votadas en la Asamblea. Es lo que manda la Constitución. El ministro de Finanzas no acude a cada hogar para conversar con el padre de familia cuáles son sus problemas financieros y económicos ¿Cuál es el monto de su déficit, de sus deudas? Los padres y madres de familia pobres y con dificultades son millones y todos participan a diario en el esfuerzo fiscal, en detrimento de su esparcimiento y de su vida normal. Todos pagan el impuesto más injusto que existe, el IVA, que es igual para el millonario, como para el más pobre. Pero el peso en el presupuesto familiar de los pobres es enorme, mientras que para las capas acomodadas este pago es insignificante. Por eso es necesario una reforma de este impuesto, disminuyendo o anulándolo en los productos básicos de la vida diaria de los salvadoreños. Es necesario que se aumente este impuesto para los productos suntuosos, que produzca un justo equilibrio y no disminuya las entradas fiscales.


El patronato pretende ser creador de riquezas, de las riquezas del país. Esta desfachatez procaz del patronato es tal que se olvidan simplemente que es el trabajo el que transforma la materia, que es la fuerza de trabajo, que pagan con salarios de hambre, la que efectivamente crea las riquezas. Ellos alquilan la fuerza de trabajo y se apropian de lo producido y de una parte que no pagan de donde sale los beneficios. Por el nivel elevado de beneficios y por los bajos salarios existentes en el país, es imposible medir el atraco diario que cometen a la economía nacional. Ellos se erigen en irremplazables, en imprescindibles. ¿Pero qué cuerpo sano puede vanagloriarse de alimentar parásitos?


¿Quiénes fueron los que expropiaron las tierras comunales y ejidales? Los empedernidos e impenitentes defensores de la burguesía dirán que es ocioso seguir mirando hacia el pasado y necesario apuntar nuestra mirada hacia el futuro. Pero enfoquemos nuestra mirada en el hoy, en esta semana. La Unidad de Análisis y Seguimiento del Presupuesto (USAP), por pedido de la Comisión de Hacienda y Especial del Presupuesto, ha establecido que desde 2001 a 2009, algunos sectores del patronato (los más grandes, el gran capital) acumularon 9 mil 35 millones de dólares por todo tipo de exoneraciones fiscales. Estas medidas fiscales se practican para favorecer la creación de puestos de trabajo. Recuerdo que uno de los grandes argumentos patronales es que son ellos los que dan trabajo a la gente, olvidándo que es ese trabajo explotado el que produce las riquezas y sus beneficios.


Los miles de millones no han servido para la creación de trabajo, lo más probable es que hayan servido para la expeculación financiera o la misma destrucción de empleos. Este abuso no es nuevo, se ha institucionalizado, es lo que ha servido, en el lenguaje tecnocrático del neoliberalismo, como incentivos fiscales para la inversión. Estas prácticas fiscales abundan y son mayores en las zonas francas y en las industrias maquileras. Son en estas donde menos se respetan las frágiles leyes laborales del país. Lo que significa que en estos lugares la sobreexplotación llega a su máximo. Esta pérdida de la renta fiscal del Estado ha sido suplantada por el creciente endeudamiento del país.


La clase capitalista ha sido siempre en nuestro país parasitaria. Porque el robo de las tierras que le sirvieron a una casta para eregirse en clase dirigente, sirvió para la opulenta acumulación de riquezas, pero no sirvió para crear infraesctructuras industriales. Se hizo lo mínimo: ingenios y secadoras de café, ingenios de caña, moliendas. Pero esto porque era imposible exportar la materia prima sin este mínimo de reelaboración.


Los oligarcas salvadoreños son una casta rentista, de muy baja cultura, que ha sido incapaz de darle coherencia a la nación. Con esta casta el pueblo no ha obtenido el mínimo de lo que pudo traer la introducción salvaje del capitalismo. Digo salvaje pues fue a través del robo de tierras comunales y ejidales y la expulsión de sus pobladores hacia la una vida errática. Pero este despojo no fue sólo material, sino que también cultural, en el doble sentido de la palabra. Se abolieron modos de vida, pero también cultivos tradicionales y el conocimiento que estás prácticas contenían.


Esta casta oligárquica que ha estado al mando del país, es una de las que menos ha invertido en la educación y formación de la población. Esto es necesario recalcarlo con insistente fuerza, pues es una de las causas primeras de nuestro atraso en todos los ramos del conocimiento y de las prácticas modernas. Las últimas décadas han mantenido esta desastrosa tradición.


Esta casta se ha apoderado de empresas antes nacionales y que contribuían a la renta del Estado, ahora están en sus manos, sin que aporten realmente beneficios a la comunidad. Los beneficios que se obtienen allí son privados, que sirven a una acumulación estéril para la satisfacción de las necesidades nacionales. El estado del país, su pobreza, su atraso, no es el producto de una maldición, no se trata de una fatalidad, es el resultado de una gestión en beneficio exclusivo de esta casta. El cambio por el que votó la mayoría de salvadoreños es justamente en este sentido, dejar atrás, en el pasado, políticas que beneficien exclusivamente a una casta parasitaria, que se emprendan políticas radicalmente en beneficio de las mayorías.


Se trata de implementar políticas de reconquista de nuestro patrimonio, políticas atentas a las necesidades de la población. Pero esto no se va a lograr si los gobernantes piensan que es posible reconciliar el egoísmo de los oligarcas con los intereses de los desposeídos.


La famosa Comisión Económica y Social debería ser “un instrumento fundamentel para alcanzar acuerdos nacionales y para construir la unidad nacional”, según las palabras del presidente del país, Mauricio Funes. Pero estas palabras llenas de vacuidad conceptual son lo que son y manifestaban intenciones de imposibles objetivos. Además de que la composición no era representativa de la diversidad de los sectores, traía ya de entrada una traba, su actividad no era ligante en sus resoluciones, era una asamblea de intercambios, de reflexión sin obligación de puesta en práctica. Uno de sus miembros publicó un artículo en que se quejaba del modo de funcionamiento, me refiero al rector de la UCA. Las quejas son múltiples.


En las últimas semanas, los representantes patronales boicotearon las reuniones de la CES, simplemente no vinieron, aplicando una política de la silla vacía. Y ahora el boicot llega a bloquear la discusión sobre el famoso “pacto fiscal” y exigen una mesa técnica con la presencia de los partidos políticos. El diálogo, la convivencia, la armonía, la unidad nacional son palabras hueras para el patronato, su pacto fiscal consiste en no aumentar los impuestos a la oligarquía, al capital, "la crisis que vivimos no lo permite, la escasa inversión se esfumaría, espantaría a los inversionistas extranjeros, etc". El mismo arsenal argumentativo de siempre. Para el patronato nunca es buen tiempo para aumentar los impuestos que debe pagar, al contrario siempre proponen exoneraciones, los patrones se quejan cuando se les exige lo que deben, cuando se anuncia la persecusión del fraude fiscal, la fuga al extranjero de capitales y ganancias. En su gran cinismo, los famosos tanqueros del pensamiento que son los miembros de la oficina de propaganda patronal, FUSADES, han llegado a insinuar que existen huecos fiscales que hay que aprovechar como es el “mercado informal”, han sugerido que se establezca un IVA a los vendedores ambulantes. La agudeza de esta proposición es espantosa, no se dan cuenta de la complicación de llevarla a cabo y las repercuciones en la economía familiar de estas personas y de sus clientes. Esto es simplemente miseria del pensamiento.

2 comentarios:

  1. No puedo añadir nada, un 10.

    Es inconmesurable el grado de insensibilidad del gran capital.

    Estos se han acostumbrado a comer frito, un día ni a comer frijoles frìos van a llegar !

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  2. waldofeusier10:13 p. m.

    Excelente articulo, me gusto mucho, por fin les estan diciendo sus verdades a los dueños (o al menos que se sienten dueños) del país, lastima que esto sea con la indiferencia de los medios de comunicacion formal. Por otra parte señor Abrego, me imagino que el argumento de imponer impuestos a la clase informal seguira siendo recurrente en estos sectores, por lo que debe contestarse con claridad y contundencia, y es ahi donde mis escasos conocimientos de economia me traicionan generandome dudas, seria tan amable de señalarme porque razones es tan dificil controlar la clase informal, ademas ud señala que tal medida tendria efectos perjudiciales en la economia de estas familias, pero sabemos que no todo miembro del sector informal se encuentra en esa situacion de precariedad, ¿como quedarian estos sujetos que por comodidad deciden mantenerse en la informalidad?

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