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19 septiembre 2013

Réplica a Rafael Lara Martínez

Tengo enfrente una entrevista que ha dado Rafael Lara Martínez a Carlos Chávez y publicada en La Prensa Gráfica el 15 de septiembre de 2013, para consultarla hagan clic aquí. Al entrevistado lo conocí en París, hablé con él dos o tres veces, una de nuestras conversaciones fue larga, en la que pude constatar, que aunque se me presentó como lingüista, sus conocimientos eran rudimentarios o nulos. Traté, cuestionándolo, de enterarme a qué corriente pertenecía, pero no supo dar pie con bola. Insistí quien sabe por qué y terminó enfadado diciéndome que yo era teórico y que él era práctico. Lo que no dejó de provocarme risa franca y a carcajadas. No fuimos amigos, pero tampoco enemigos. Tuvimos luego otra conversación que terminó casi igual, pues le pregunté a él y a otro amigo su opinión sobre la frase que se le atribuye a Engels de que “el trabajo hizo al hombre”. Ambos me respondieron que era cierta y exacta. Traté de decirles que esa frase no era exacta y no era verdadera y que además no era de Engels. Pero no pude, pues después de que Rafael me dijo, “a vos te gusta complicar siempre las cosas”, decidí muy diplomáticamente cambiar de tema. Cuento esto sólo para que no haya malentendidos. No soy ni amigo, ni enemigo de Rafael Lara Martínez.

Paso a la entretenidísima entrevista, empieza mal, con un error de gramática elemental. No sé si le es atribuible a Lara Martínez o si el entrevistador fue el de la pifia. Aunque Carlos Chávez advierte que la entrevista se hizo por correo electrónico. Las respuestas fueron escritas, el error pertenece con mucha probabilidad al entrevistado. Rafael Lara Martínez dice: “Yo no hago lingüística, aunque lo estudié”.  Me salta a la vista, ese inverosímil “lo”, pronombre masculino para un substantivo femenino. Espero solo que esta riña con el género sea explicable por lo que tenía en mente. El final de la respuesta es de otro calibre, no se trata de un error, sino que de una estupenda tontería, ¿cómo una persona se atreve a afirmar que “muy poca gente conoce esa palabra”? Se refiere a hermenéutica. Me resulta muy pedantona esa afirmación, un tantito insultante también para nuestra inteligencia.

Pero antes de llegar al tema de su hermenéutica, de su lectura de textos, voy a referirme a algo que por absurdo habla de la poca seriedad de Rafael Lara Martínez, de la poca consistencia de lo que afirma. Cito de nuevo: “Fíjese, ¿quién es el poderoso? ¡Es el soberano! Eso viene del latín: el soberano, sober-ano: el que está sobre el ano. ¿Quién es el sometido entonces? El culero”. En la Sorbona no le enseñaron a producir semejantes bestialidades. A esto los lingüistas le llaman “etimología popular o vulgar”. El adjetivo “soperanus” es del bajo medioevo, que viene a suplantar a “superus ” y cuya significación primera nada tiene que ver con el dominio de nadie, sino que significa “lo que es alto, extremado y singular”. El Diccionario de Autoridades de 1739 nos da este ejemplo: “Mira la nobleza, y antigüedad de su casa… la altitud, y inefable gracia, la soberana hermosura” (Calisto y Melibea). Pues “ano” en soberano es simplemente un sufijo y nada tiene que ver con el orificio anal. Es el mismo sufijo que encontramos en palabras como lejano, zutano, artesano, etc. Para alguien que se asume como soberano maestro, que nos explica el significado de hermenéutica que pocos conocen, venirnos con semejantes tonterías que liga a la concepción de poder en la antigua Roma y a la potestad que tenían los amos sobre sus esclavos es cometer anacronismos infantiles.

Es apenas en el siglo XVI que las palabras soberano y soberanía comienzan a conceptualizarse y poco a poco el significado actual se va a ir convirtiendo en el principal. Esta significación pasa a ser la primera apenas en el Diccionario académico de 1884, los diccionarios tardan en acoger los nuevos significados, pero podemos suponer que ya era corriente en el siglo XVII. Pero de allí edificar sobre la base de una falsa etimología toda una teoría antropológica y construir hipótesis sobre la mentalidad del salvadoreño me resulta torpe, abusivo y muestra de mucha ignorancia de la ciencia de la que se declara practicante.

La “lectura” que hace Rafael Lara Martínez de las frases de Ambrogi y de Lindo son sintomáticas y lo que afirma de las pinturas de José Mejía Vides es un proceso de intención. Lara Martínez  en su anhelo denunciatorio de la violencia machista de los salvadoreños se va por una senda muy estrecha. En esto afirma cosas justas, como que las mentalidades evolucionan lentamente, que la dominación masculina sobre la sociedad pesa en las relaciones entre las personas. Todo eso es cierto. No obstante querer darle como centro a esa violencia el carácter sexuado de los seres humanos es una aberración, pues este carácter sexuado es permanente, podríamos decir que se trata de una invariable universal. Sin embargo las relaciones entre hombres y mujeres se rigen por instituciones histórico-sociales que van cambiando en el curso del tiempo. Estas instituciones son algunas estatales, otras son societales y distintas —incluso dentro de la misma sociedad, en la misma época— en los diferentes estratos o clases sociales.

Lara Martínez tal vez no ignora esto, no obstante en su lectura y opiniones se erige en juez y no en científico. Para ser exacto se erige en inquisidor. El autor es identificado al personaje, como lo hacía la Inquisición y los tribunales totalitarios del siglo pasado. La frase que cita de Lindo es patente que allí resulta una protesta contra el estado de cosas mismas que describe: “Que todo pasare entre luchas y jadeos, sin palabras, en esa forma violenta de copular en que deben ocurrir las cosas, donde los hombres que no asaltan brutalmente a una mujer son afeminados”. Pero esta frase se puede aplicar a la cinematografía del siglo pasado e incluso presente hasta ahora. Abundan las escenas en las películas en que las mujeres ceden a la brutalidad masculina y que sucumben incluso enamoradas a esa bestialidad. ¿Cuántas mujeres ceden sus cuerpos sin tribulaciones a un par de bofetadas en las películas estadounidenses, europeas, mexicanas, etc.? Esto es así. Y lo dice el poeta Lindo en su frase como un mal que reina como un soberano en la sociedad.


Lo que dice Lara Martínez de las pinturas de José Mejía Vides y su acusación de racismo es meramente ridículo. El desnudo femenino es antiguo, es un género. En Grecia y Roma cohabitan el desnudo femenino y masculino, de alguna manera subsiste en la pintura sacra medieval y vuelve a aparecer en el Renacimiento. Pero el desnudo masculino se vuelve esporádico, menos corriente. Pero para Lara Martínez pintar un desnudo en el que la mujer es una india es ser racista. Entonces hay que sacar a lo indígena como tema nuestro en el arte, en cualquier arte. Adjudicarle al pintor José Mejía Vides intenciones racistas por sus desnudos con modelos indígenas es simplemente inquisitorial. 

09 julio 2013

¿Somos todos terroristas potenciales?



El carácter belicoso del imperialismo se va manifestando cada día con mayor evidencia. Y lo vemos con un presidente del Partido Demócrata reputado ser el más moderado de los dos partidos dominantes de los Estados Unidos. La agresividad del imperialismo se arropa cada vez con mayor cinismo. Es patente en los intentos de volver legales los asesinatos telecomandados por Obama a través de los “drones”. Todo esto bajo el pretexto de combatir el terrorismo, así se matan ancianos, mujeres y niños, todos inocentes, todos víctimas de una guerra declarada a todo el mundo. Pues los servicios de espionaje estadounidense espían a todos los ciudadanos del mundo. Es esto lo que ha denunciado y puesto en evidencia Edward Snowden. Este interés por enterarse de las confidencias que cada uno confía a sus amigos, a su novia, a sus amantes, a sus padres y otros parientes nada tiene que ver con el combate contra el terrorismo. El interés y el análisis de los mensajes privados, íntimos por la Agencia Nacional de Seguridad de los Estados Unidos nada tiene que ver con la lucha antiterrorista, ni mucho menos con la seguridad de los ciudadanos estadounidenses. Esta vigilancia escrutadora, con fines fiscalizadores, es una patente demostración del carácter totalitario de la sociedad que nos presentan con harta insistencia como la más democrática en el mundo.

Los pensadores y propagandistas de las multinacionales sienten cada vez con mayor fuerza la oposición universal a los designios dominadores y destructores del gran capital internacional. El despilfarro de las riquezas, la creciente e inútil acumulación y concentración de capitales, su capacidad de escapar de la contribución fiscal, su afición por la evasión y los paraísos fiscales, su entrelazamiento con el crimen organizado, el “saneamiento” del dinero obtenido por el comercio de los estupefacientes son realidades que aparecen como lo que efectivamente caracteriza al capitalismo es su estadio imperialista financiero. Los propagandistas no tienen en su arsenal argumentativo nada que pueda volver aceptable todos esos rasgos del capitalismo actual. Es por eso que una de las características del funcionamiento del capital es su no transparencia, la opacidad de sus transacciones, el secreto absoluto de sus designios. El gran capital se ha vuelto dueño de los principales medios de comunicación, diarios, semanales, televisiones y radios. Es la cuasa por la cual la verdad tarda en salir a la luz. La sobreexplotación de niños y mujeres en India por las principales marcas del textil se conoce en el mundo por “revelaciones” periodísticas marginales. Es necesario a veces que se produzca una catástrofe como recientemente para que de nuevo se enfoque este otro lado del funcionamiento del capitalismo, su despiadada sobreexplotación en el famoso Tercer mundo.

Por un lado el imperialismo con sus gobiernos tratan de desnudar nuestra intimidad a través de la actividad escrutadora de sus agencias de inteligencia y por el otro no escatima esfuerzos por mantener oculta la intrínseca perversidad de sus acciones. Dos caras de lo mismo, con el mismo objetivo de dominación. Por un lado el control de nuestro mundo íntimo, su análisis le sirve a los gobiernos y empresas de comunicación de una prodigiosa fuente de información sobre nuestros gustos, nuestras aficiones, nuestras preocupaciones, nuestras actitudes, nuestros pensamientos, etc. Por el momento esta información y la consecuente adaptación del discurso dominante aún no han llegado a impedir que masas enteras se subleven contra la dominación del capital. Es cierto que todos los despertares ya sea primaverales u otoñales en el mundo árabe no siempre han llevado la impronta clara de una oposición al sistema. Esta oposición es marginal. No obstante la aspiración de nuevas libertades, la exigencia democrática (libertad de opinión, de expresión y a veces con la nueva exigencia de transparencia gubernamental). Esos movimientos no han podido ser detectados con antelación a pesar de toda la vigilancia y control de las Agencias y de los gobiernos dictatoriales locales.

No obstante el deseo de un control total sobre nuestras conciencias es patente. Esto no es realmente algo nuevo o inédito. Desde siempre las clases dominantes se han dotado de los medios necesarios para la dominación ideológica de las masas. Todos hemos sospechado con mayor o menor intensidad que las Agencias de “Seguridad” nos vigilan, nos espían. Edward Snowden acaba de revelarnos no la existencia, sino que su carácter sistemático, su minuciosidad, la extensión mundial del fenómeno.

Periódicos europeos revelaron que este espionaje no se dirige exclusivamente a las personas privadas, sino que los Estados Unidos han estado espiando a gobiernos aliados de Europa, a las oficinas de la Comunidad Europea, etc. Esta actividad no sólo va dirigida a los aspectos políticos y diplomáticos, sino que se extiende y se intensifica en asuntos del espionaje industrial. Estas revelaciones han tenido un efecto curioso en los gobiernos europeos. Es evidente que ante sus opiniones públicas era imposible no mostrarse indignados y fingir tomar las medidas que se imponen. Los gobiernos protestaron y le han pedido “explicaciones” al Ejecutivo estadounidense. El presidente François Hollande llegó hasta exigir que se interrumpan las negociaciones de libre comercio entre la Comunidad Europea y los Estados Unidos… por lo menos unos quince días. La vida y la prensa se van a encargar de poner en el olvido estas inconveniencias entre amigos.

La explicaciones de Obama tuvieron una pizca de disculpa y luego el cinismo normal del más fuerte salió a la superficie y ha dicho durante su periplo africano que los servicios de seguridad se han creado para obtener información y que todos los gobiernos los utilizan. No hay pues nada inquietante, ni nada que salga de lo ordinario. Esto contrasta con la actitud adoptada por el gobierno de los Estados Unidos respecto a su exagente Edward Snowden.  Lo quieren preso o muerto a toda costa. En el país de la justicia sumaria de “vivo o muerto”, de las ejecuciones teledirigidas por los drones y asumidas por el mismo presidente Obama, es un delito mostrar las ropas sucias del Rey y decirle que se ha quedado desnudo.

Estamos ante un caso de disidencia, de libertad de pensamiento y de opinión. El mundo entero es vigilado, su correo electrónico es violado, sus conversaciones con sus parientes y amigos son escuchadas, grabadas, archivadas y analizadas, todo esto en el más grande secreto y en contradicción con las leyes internacionales ¿puede una persona honesta dejar oculto semejante delito? Se trata de un delito de un Estado, del Estado más poderoso y más criminal en la actualidad. Un Estado que no ha dudado en ningún momento mentir, manipular a su propia opinión y a la opinión mundial para desatar una guerra absurda y destructora, la de Iraq. Un Estado que ha raptado ciudadanos de varios países y ha procedido a torturarlos sistemáticamente, en violación de muchas leyes internacionales. Oponerse entonces a ese espionaje de la vida íntima de millones de personas es un imperativo moral, es al que ha obedecido Edward Snowden.

Es por ello que la actitud adoptada por los gobiernos de España, Portugal, Italia y Francia respecto al presidente boliviano Evo Morales es vergonzosa. Vergonzosa por muchas razones, la primera es por el profundo irrespeto por la soberanía y la dignidad del pueblo boliviano, tratar como a un delincuente a su presidente no tiene nombre. Es lo que han hecho esos países, lo han hecho con arrogancia hacia todos nuestros pueblos latinoamericanos y lo han hecho en una profunda y servil sumisión hacia el Estado que los ha estado espiando, hacia el Estado que se ha erigido como el amo y dueño del mundo. En esta ocasión han mostrado su desfachatado servilismo. Y todo esto lo han perpetrado por un rumor desmentido, la presencia en el avión presidencial boliviano de Edward Snowden. ¿Es acaso este ciudadano un criminal de guerra o un peligroso terrorista? ¡Claro que no!

Es necesario que la conciencia universal sea fuerte y defienda con ahínco la libertad de Snowden, su derecho al asilo, su derecho a la vida. Pues este joven corre el riesgo de ser aniquilado, de ser apresado y llevado a un Tribunal que ya lo tiene condenado y entregarlo al verdugo. No dejemos que ante la faz del mundo se vuelva al tiempo de la caza de brujas, de las ejecuciones inquisitoriales.

No permitamos que so pretexto de luchar contra el terrorismo, seamos todos los hombres del mundo sospechados, considerados potencialmente terroristas.

02 julio 2013

Mi colección de íncipits



 Una vez me propuse recolectar los íncipits de novelas que más me gustaran.  Para que desaparezca la anfibología, se trata de los íncipits que más me gustaran; da la casualidad que aquellos que fui anotando procedían de novelas que también me habían gustado. Hay unos cortos, muy cortos como la frase que abre “La muerte de Artemio Cruz” de Carlos Fuentes: “Yo despierto…”. Sucede que este despertar es hacia la muerte, en la muerte, como este otro íncipits mexicano de Juan Rulfo: “Vine a Comala porque me dijeron que acá vivía mi padre, un tal Pedro Páramo”, esto lo dice el personaje ya enterrado. Pero nada nos anuncian de ello los íncipits mismos, lo descubriremos en el paso de la lectura.

La muerte también está presente en las primeras páginas de la novela del cubano José Lezama Lima, “Oppiano Licario”, que se inicia con una frase muy sencilla, “De noche la puerta quedaba casi abierta.” Sorprende esta sencillez si recordamos el abigarrado comienzo de “Paradiso”: “La mano de Baldovina separó los tules de la entrada del mosquitero, hurgó apretando suavemente como si fuese una esponja y no un niño de cinco años; abrió la camiseta y contempló todo el pecho del niño lleno de ronchas, de surcos de violenta coloración, y el pecho que se abultaba y se encogía como teniendo que hacer un potente esfuerzo para alcanzar un ritmo natural; abrió también la portañuela del ropón de dormir, y vio los muslos, los pequeños testículos llenos de ronchas que se iban agrandando, y al extender más aún las manos notó las piernas frías y temblorosas”. El punto marca el fin de este amontonamiento de pequeñas frases que abren la narración y que le ponen fin al íncipit.

Por supuesto que se puede discutir si es necesario que este último inicio abarque todas las frases, pero no existe realmente un criterio que lo prohíba, tampoco ninguno que nos indique qué es lo que entra en un íncipit. Creo que formalmente es el punto final la única señal. Poner o no un punto es opción del autor y creo que en estos asuntos siempre se debe uno guiar por este criterio.

Ignoro si alguien se ha dedicado a lo mismo y si ha encontrado la manera de clasificarlos, de ordenarlos, tal vez exista un estudio profundo y sistemático. Lo que yo me propuse era apenas colectar estos íncipits a la usanza de los que recogen “corcholatas”, “timbres”, “estatuitas de Buda”, etc. Y he ido desechando de mi colección algunos íncipits porque no me gustaban y no me daban pábulo para escribir algo. Resulta que hay algunos que han dado mucho que escribir e incluso que han suscitado hasta despiadadas polémicas y graves discusiones. Uno de estos es el de Lev Tolstoi en “Anna Karenina”, se los doy en mi traducción, no creo que difiera mucho de la que ya habrán leído en otras traducciones, pero no tengo ninguna: “Todas las familias felices se parecen unas a otras, cada familia desdichada, es desdichada a su manera”. Hace algunos años leí con mucho agrado unos comentarios de Víctor Shklovski, uno de los fundadores del formalismo ruso, esta lectura ya es ahora antigua. En los dos tomos que tengo en casa no aparece ese comentario, por lo menos no lo encontré en la hojeada que les di, fue un vistazo fugaz. Recuerdo también algo escrito por Mijaíl Bajtin, algunos le ponen tilde en la i, siguiendo la pronunciación francesa y no la rusa. Lo curioso es que en Wikipedia viene acentuado en ruso como si fuera una palabra aguda, mientras que en la lista de nombres le ponen también acento, pero esta vez como grave. En ruso no se ponen los acentos.

Me alejé del tema, no importa, siempre que me pongo a escribir tan libremente me voy como cabra al monte, voy siempre de orilla a orilla de la vereda. Volviendo a Tolstoi, su íncipit es un concentrado de su novela, no nos anuncia nada, no es una promesa narrativa, no obstante sabemos que nos va a contar la desdicha particular, propia de una familia, pero la banalidad de Stiva, su ligereza, su superficialidad y su “desdicha”, que es con lo que Lev Nikolaevich Tolstoi abre su relato, no nos deja entrever todo el drama que se va a presentar ante nosotros, el drama de esa mujer, de Anna Karenina, que va a enfrentar la hipocresía de su casta, de su medio y de la sociedad. Anna Karenina es una mujer íntegra, que quiere amar, que quiere ser una mujer en toda la extensión de la palabra. Su desdicha es profunda y trágica.

Quiero ahora volver a los íncipits en castellano, tal vez estos dos que voy a citar sean los más conocidos y al mismo tiempo los más comentados en el mundo. El primero es de Miguel de Cervantes en su “El ingenioso hidalgo Don Quijote de la Mancha”, les dejo cierto tiempo para que lo rememoren, que es algo muy sabroso repetirlo en voz alta para quienes lo saben de memoria. Tiene un ritmo de poema libre, de esos que ahora evitan la rima y que juegan con los acentos, bueno, ahora va la cita: “En un lugar de la Mancha, de cuyo nombre no quiero acordarme, no ha mucho que vivía un hidalgo de los de lanza en astillero, adarga antigua, rocín flaco y galgo corredor”

Siempre, siempre que me repito en la mente estas iniciales palabras cervantinas, acuden a mí, a mi recuerdo los ceñudos y ceñidos pleitos del otro don Miguel con el autor de “Don Quijote”, me estoy refiriendo a mi don Miguel de Unamuno. En su “Vida de Don Quijote y Sancho” Unamuno empieza justamente señalando que nada de nada sabemos de la infancia y juventud del “Caballero de la Fe, del que nos hace con su locura cuerdos”, nada sabemos de su linaje. Instruye mucho ir leyendo o releyendo al Quijote con el libro de Unamuno al lado. Aunque sea para irnos peleando con el vasco, con este hombre cascarrabias y jovial, que departe con nosotros su cordura y sus locuras.

Recuerdo también ahora haber leído los análisis minuciosos y sabios de Américo Castro, pero eso fue ya hace mucho tiempo, durante mis estudios universitarios, desde entonces no los he vuelto a leer. No obstante recuerdo el detallado análisis de la dieta semanal del Quijote que hace este maestro y que viene en seguida del íncipit cervantino.

Sostienen algunos filólogos que el verbo “querer” juega aquí el papel de auxiliar y que  “no quiero acordarme” significa llanamente “no me acuerdo”. No sé por qué esta aclaración me le roba algo, es como si de alguna manera la omisión del nombre del pueblo no es producto de la discreción del narrador, sino que simplemente una fórmula de cuentos tradicionales, de muchos cuentos. Pero el olvido no tiene el mismo peso, ni valor que la opción de no querer nombrar. Uno se imagina las mil y una razón de este no querer acordarse. Bueno, “esta era una vez” tiene también su encanto.

El otro íncipit con el que voy a terminar esta pequeña muestra es el de “Cien años de soledad” de Gabriel García Márquez: “Muchos años después, frente al pelotón de fusilamiento, el coronel Aureliano Buendía había de recordar aquella tarde remota en que su padre lo llevó a conocer el hielo”.  El narrador del Quijote nada sabe de la infancia y mocedades de su héroe, mientras que el narrador de la obra colombiana es un sabedor de todos los detalles. Sabe hasta los recuerdos futuros de Aureliano Buendía de un hecho de su remota infancia. El narrador nos anuncia un falso fin de la novela y un hecho real que pronto descubriremos, dándole aún mayor certeza al fusilamiento que no tendrá lugar. No hay ningún lector que no haya caído en la trampa, todos nos ponemos a esperar el trágico y fatídico desenlace. Esta falsa profecía le entrega al narrador la fuerza épica de las antiguas leyendas, el tono no va a cambiar, ni tampoco nuestra confianza en sus palabras aún después de que descubrimos que nos ha engañado al anunciarnos la muerte fatal de Aureliano. Esta mentira inicial nos obliga a creer en el mundo fantástico que se abre paso en los capítulos que siguen. Al final, cuando el mundo narrado se destruye, nos damos cuenta que tanto el narrador como nosotros los lectores vivimos en otro mundo, un mundo sin nombre y tal vez ya sin historia o tal vez sin saber que tal vez nos toque repetir sin fin el mismo ciclo de guerras y muertes anunciadas.

30 mayo 2013

Optamos por la barbarie


Entre las personas que celebran el fallo de la Sala de lo Constitucional sobre el caso de “Beatriz” se encuentran algunas cuya agresividad nos obliga a dudar de su fe religiosa. Pero como yo no soy teólogo, ni practicante, me voy a abstener de emitir un juicio de naturaleza religiosa. Pero lo que sí puedo afirmar que la base moral en la que suponen estar afianzadas es muy frágil, pues afirman que defienden la vida y no se dan cuenta que la vida en sí, es una abstracción, que solamente existen seres vivientes. Pero podemos conceder que se trata de una abstracción útil y correcta y que en el caso de los seres humanos, lo que defienden es que todos puedan seguir viviendo.

Pero en el caso de “Beatriz” el ser que ella lleva en su seno se desarrolla sin cerebro y no tiene posibilidades de sobrevivir si llegara viva esta muchacha hasta el parto, puesto que el peligro concreto del diagnóstico de los ginecólogos que la atienden, por su propia enfermedad (lupus), corre peligro de muerte.

El sofisma usado por la Sala de lo Constitucional es hasta cierto punto criminal, me explico: por un lado omiten referirse a la enfermedad mortal que padece “Beatriz” y hablan que el diagnóstico es una previsión hipotética, que no se refiere a un peligro actual. Un peligro de muerte actual es la muerte misma. Pero los magistrados se han dejado llevar por una concepción de la persona humana y de su valor que no tiene nada que ver con la realidad, sino que con una posición dogmática del Episcopado salvadoreño y de la reacción política nacional. Ellos en su fallo equiparan una persona humana adulta y un embrión y dicen que no pueden priorizar entre una y el otro. Fríamente nos aseguran que un feto tiene el mismo valor moral que una persona humana. Es cierto que los diputados areneros forzados por su partido, por la Iglesia, por la reacción nacional, cambiaron la Constitución y se fueron más allá de la propia doctrina de la Iglesia romana, que aún no ha establecido si hay o no “animación” (infusión del alma) desde el momento mismo de la concepción.

El teólogo Xavier Thévenot escribe en una artículo en “Projet” (número de septiembre/octubre de 1985): “¿Acaso no es teológicamente inquietante saber que más de la mitad de embriones fecundados en el vientre materno son expulsados espontáneamente sin que la madre misma se dé cuenta?”. Por otro lado se cuestiona ¿qué ser humano es este que no tiene ninguna actividad de consciencia o cómo considerar  el embrión por una persona considerando que hasta el decimocuarto día se puede escindir  en dos gemelos? Concluye entonces: “He aquí interrogantes a los cuales los partidarios de la tesis de la animación inmediata, en mi conocimiento,  no han respondido jamás”.

Nos encontramos ante un caso en el que se ha trasgredido el principio de laicidad de nuestro Estado, en el que se separa la religión y el Estado, esto implica también los dogmas que puedan sustentar nuestros obispos que se adelantan o van más lejos que la doctrina oficial de la Iglesia. Estamos ante un hecho biológico, ante un ser biológico que encierra la potencialidad de devenir un ser humano. Pero considerarlo desde su concepción una persona y una persona que tiene el mismo derecho que una persona mayor, su madre, y que la supervivencia de la una valga igual que el hipotético éxito del parto de altos riesgos del embrión enfermo.

Este organismo viviente no es, como tal vez lo pretendan algunos, un conjunto de células en desarrollo. El hecho de que es potencialmente un ser humano le impone a la sociedad su preservación y permitir su desarrollo en las mejores condiciones. ¿Es el caso en nuestro país? ¿Cuántos abortos espontáneos existen en el país por ausencia de atención médica? ¿Cuántos abortos prematuros hay en el país por las condiciones de vida de las mujeres embarazadas?

Todas esas personas que incitan a “Beatriz” a ir hasta el parto y que se indignan contra las personas que la apoyan en su pedido, no creo que luchen con tanto ardor por la protección de todos los embriones en peligro de abortos espontáneos. Hay algunos que consideran que “Beatriz” tuvo que protegerse y que ahora debe de ir al término de su embarazo. Todas estas personas consideran el parto como el justo castigo por no haberse “protegido”. ¿Es posible en El Salvador protegerse fácilmente, existe una asistencia en este sentido para toda la población femenina?

El fallo de la Sala de lo Constitucional muestra claramente que nuestra sociedad entre la famosa disyuntiva de “barbarie o civilización” ha optado por la barbarie.



26 abril 2013

De nuevo en torno al método de Marx



Recientemente publiqué un artículo sobre este mismo tema (para leerlo pulse aquí), me gustaría continuar ahora con dos puntos que, me parece, pueden ir adelantando un poco sobre el estudio del método de Marx. La manera justamente en la que estoy procediendo no es la que mejor se apega al método marxiano. Me explico: estoy dando impresiones, consideraciones, hipótesis y por lo general cuando Marx aplica su método, como en la “Contribución a la crítica de la economía política” o en “El Capital” pone particular atención en la exposición del material y comienza realmente por el principio, es decir por poner ante nosotros la forma elemental de la riqueza del mundo burgués: la mercancía.

Marx despunta con la mercancía y su doble aspecto: valor de uso y valor de cambio. Empieza pues por lo que muchos han llamado la “célula” del tejido económico de la sociedad capitalista. Se trata de una metáfora, por cierto muy ilustrativa, pero al mismo tiempo un poco perniciosa, pues sin que los que la usan, se lo propongan, nos devuelve a los símiles precientíficos, cuando lo social se asimilaba a los organismos animales. Y lo que es peor, nos priva de un concepto metodológico y filosófico sumamente importante: forma elemental. Esta forma elemental es una y al mismo tiempo se presenta en su doble aspecto. Uno de estos aspectos es la parte puramente material, la que puede satisfacer alguna necesidad y que se realiza en el consumo. “El modo de existencia de la mercancía en tanto que valor de uso coincide con su modo de existencia físico tangible”.

Marx es el gran pensador moderno de la forma. Es por ello que es importante seguir en sus obras económicas y sociales todos los desarrollos que efectúa respecto a las distintas formas que va abordando. En la historia de la ciencia se ha buscado justamente estas formas elementales, la célula misma, los átomos fueron en su momento las formas elementales de sus ciencias respectivas. El avance de la ciencia ha ido obligando a los científicos a redefinir cuál es esa forma a partir de la cual hay que iniciar la descripción de la materia estudiada. Aquí no estoy empleando la palabra “materia” como sinónimo de asignatura, sino como parte de la materialidad del mundo.

Desde la primera página de la “Contribución”, Marx nos introduce a otra forma: la forma social de la riqueza. El valor de uso es el contenido de esta forma social de la riqueza y nos dice que este contenido es indiferente a la forma social. Un pedazo de queso puede ser producido por un esclavo, un siervo o un obrero y el gusto será más o menos el mismo y satisface siempre el mismo tipo de necesidades. Lo que significa que el valor de uso no expresa una relación social de producción. “Parece que para la mercancía es una condición necesaria ser valor de uso, pero que es indiferente al valor de uso ser una mercancía”. En tanto que valor de uso, la mercancía aún no entra en el dominio de la economía política. Entra en este dominio cuando ella misma constituye una determinación formal. Entonces la mercancía constituye la base material sobre la que se manifiesta de manera inmediata una relación económica determinada, el valor de cambio. Luego Marx desarrolla en detalle en qué consiste el valor de cambio. Lo que deseo señalar aquí precisamente es el punto de partida de la exposición del material, Marx inicia todo el desarrollo de sus teorías económicas de lo más sencillo hacia lo más complejo, si se quiere de lo más abstracto hacia lo más concreto, pues Marx pretendía terminar su exposición con el análisis del mercado mundial y entendiendo que lo concreto es la unidad de múltiples y distintas determinaciones.

El otro punto metodológico de Marx que deseo abordar es justamente su crítica del mal uso de la abstracción, de la mala abstracción. Un ejemplo de esta crítica la encontramos en las primeras páginas de la “Introducción a la crítica de la Economía política”. Tanto Smith, como Ricardo comienzan sus explicaciones por el “cazador y el pescador singular singularizado” que se trata de una de esas “chatas ilusiones de las robinsonadas del siglo XVIII”. Este cazador y este pescador representan al productor universal, atemporal y desposeído de toda determinación. “En esta sociedad donde reina la libre concurrencia, el individuo aparece desconectado de lazos naturales, etc. que lo convierten en épocas históricas anteriores en accesorio de un conglomerado humano determinado y delimitado”, el individuo productor “aparece en un estado de dependencia, miembro de un conjunto mayor: este estado se manifiesta en primer lugar de manera totalmente natural en la familia, y en la familia ampliada hasta formar la tribu, luego en las diferentes formas de comunidad salidas de la oposición y de la fusión de las tribus. Es solamente en el siglo XVIII, en la “sociedad civil burguesa” que las diferentes formas de la interdependencia social se le presentan al individuo como un simple medio de realizar sus fines particulares, como una necesidad exterior. Pero la época que engendra este punto de vista, el del individuo singular singularizado, es precisamente en la que las relaciones sociales (y desde ese punto de vista, universales) han alcanzado el desarrollo más grande que hayan conocido. El hombre es, en el sentido más literal, un zôon politikon, no solamente un animal sociable, sino un animal que no puede constituirse como individuo singular sino que únicamente al interior de la sociedad”.

El cazador y el pescador de Smith y de Ricardo son este individuo del siglo XVIII, productos “de una parte de la descomposición de las formas de la sociedad feudal y por otra parte de las fuerzas productivas nuevas que se han venido desarrollando desde el siglo XVI”.  Este individuo se les presenta como un ideal, cuya existencia remonta hasta el pasado más remoto. Este individuo no es para ellos “un resultado histórico, sino […] el punto de partida de la historia, puesto que lo consideran como un individuo natural, conforme a su representación de la naturaleza humana, que no tendría su fuente en la historia, sino que habría sido puesto por la naturaleza”. Es por eso que ellos se imaginan al cazador o al pescador produciendo en la total soledad y creando riquezas de la manera más solitaria como un Robinson Crusoe. Este tipo de abstracción en el que se le despoja al individuo de todo lo que hace su esencialidad, las relaciones sociales, históricamente determinadas, son las que más abundan en las más “refinadas” filosofías modernas e incluso en algunas ciencias que prefieren hablar del “hombre” y no de los individuos.