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05 agosto 2011

El Estado salvadoreño y la “partidocracia” I

Desde hace cierto tiempo, en los comentarios de muchos salvadoreños, periodistas y blogueros, ha aparecido el término “partidocracia”, para caracterizar el tipo de régimen que sufrimos en El Salvador. A raíz de la gran polémica en torno al decreto-mordaza 743 contra la Sala de lo Constitucional y la actitud de los partidos políticos respecto a las candidaturas individuales e independientes, se ha levantado un motín ciudadano contra estos institutos. Todos los acusan de haberse apoderado por completo del aparato del Estado a su provecho y no haber dejado ningún resquicio sin imponer su huella y su dominio. Estas críticas se justifican por la realidad misma, pues son muchas las instancias del Estado cuyos dirigentes y directores son nombrados a partir de su pertenencia al partido en el gobierno o al partido aliado. Esto fue cierto con los gobiernos areneros y lo sigue siendo hoy con el partido efemelenista y sus eventuales alianzas.


En esta justificada actitud crítica se cuelan dos aspectos que me parecen dignos de ahondar. Se trata del carácter mismo del Estado en El Salvador y el otro del papel de los partidos políticos en la sociedad y respecto al Estado.


Los partidos aparecen en la arena política recientemente, la sociedad feudal no daba cabida a este tipo de organización ciudadana. Es la sociedad capitalista con sus diferentes formas de gobierno (monarquias o repúblicas), la que permitió el desarrollo de los partidos políticos. La burguesía en su período de ascención, cuando aún luchaba por adquirir su hegemonía sobre la sociedad empezó organizándose en grupos. Estos adquirieron su verdadero auge en el siglo XIX y desde el siglo pasado su existencia se ha regulado y extendido a casi todas las sociedades. Desde su aparición, los partidos aglutinaban personas con determinados intereses y con un modo de pensar más o menos común. Si los intereses que defendían eran, siguen siéndolo, privados, se presentaban como defensores del interés común, como representantes de toda la sociedad. Pero en la sociedad no existen solo los intereses de los burgueses, sino que también los intereses de otras clases sociales, fue así que a principios y mediados del siglo XIX los obreros y campesinos, los artesanos, comerciantes fueron creando sus propios partidos. Muchas de estas organizaciones tuvieron una existencia muy esporádica, aparecían y desaparecían, muchas se aglutinaban alrededor de una personalidad o de un grupo restringido de personas.


Solamente con la aparición de los partidos obreros organizados en la primera Internacional y su adhesión al pensamiento marxista fueron surgiendo en los diferentes países de Europa organizaciones políticas más o menos permanentes.


En nuestro país, todos sabemos de la existencia durante los inicios de nuestra vida independiente, de dos partidos que se disputaban la hegemonía: los liberales y los conservadores. Pero ambos partidos defendían los intereses de las clases dominantes y fueron ellos los que poco a poco fueron modelando el Estado salvadoreño. Como en cualquier otra parte del mundo, aquí estos partidos reunían en su seno y arrastraban detrás de sí a muchas personas que no pertenecían a la burguesía. Es desde el surgimiento de estos partidos y a través de ellos que la burguesía ha logrado imponer a la inmensa mayoría la idea de que sus intereses privados coinciden con los intereses de la nación. Es esto lo que sigue predominando hasta el día de hoy.


El Estado burgués


Pero la burguesía a través de sus partidos, de todos los órganos e instituciones ideológicas en sus manos ha ido creando asimismo la idea de que su Estado es el Estado de todos. Pero esto no es particular a nuestro país, es la idea que predomina en el mundo desde los grandes filósofos de los siglos XVIII y XIX. El Estado aparece como si estuviera afuera de la sociedad, como una especie de árbitro, como un gestor del bien común. No obstante en la sociedad existen luchas sociales y esto fue lo que hizo surgir también organizaciones obreras, que rechazan justamente este Estado y sus políticas. El reconocimiento legal de su existencia y el funcionamiento de estas organizaciones no fue espontáneo, durante mucho tiempo las organizaciones obreras fueron prohibidas y perseguidas. En muchos lugares, fue sólo luego de largas luchas sangrientas que obtuvieron su reconocimiento y participación en la vida política legal.


Ha sido en los períodos de auge de los movimientos populares, de los partidos obreros que el Estado se ha visto obligado a conceder algunos derechos a los trabajadores. Pero estos derechos no se mantienen de manera permanente, sufren siempre mermas desde que ocurre una baja en la intensidad de las luchas populares.


La aparición de organizaciones sindicales y políticas de las clases dominadas en la vida social, aún en los países en donde éstas han permanecido prohibidas y perseguidas, las clases dominantes se han visto obligadas a conceder algunos derechos. En nuestro país las libertades políticas, las pocas existentes, se han logrado también a costa de mucha sangre y mucho sufrimiento.


Ha sido larga la lucha en El Salvador, los sindicatos eran desmantelados, los sindicalistas iban a parar a la cárcel, eran exilados, torturados y asesinados. El Partido Comunista solo los primeros años de sus existencia fue legal, desde 1932 fue perseguido, muchos de sus miembros fueron asesinados, exilados, torturados. Pero no solamente fueron perseguidos los comunistas, sino que toda persona que iniciara una protesta. Las campañas anticomunistas eran permanentes, diarias. Toda persona que manifestara una idea que apenas se apartara del consenso impuesto, era acusada de “comunista” y merecía el castigo convenido. Fue precisamente bajo el pretexto de perseguir el comunismo que en nuestro país se nos negaron durante muchas décadas los derechos más elementales.


El Estado fue siempre despótico, nos fueron acostumbrando al autoritarismo, nadie ha escapado a esta manera de funcionar de la sociedad salvadoreña. El Estado creó sus órganos represivos, sus tribunales amañados, sus escuelas domesticadas. Durante todos estos años el clero fue un ayudante del régimen. Todos sabemos que Monseñor Romero y algunos otros clérigos fueron la excepción. Pero la dictadura no titubeó y también contra ellos usó la represión y llegó hasta el asesinato. Esta violencia permanente, institucionalizada, como se expresaba el arzobispo mártir, es la que recorre la sociedad entera, en los hogares, en las fábricas, en las instituciones todas. Cada jefecito puede en su dominio imponer sus desplantes, sus caprichos. Esto es patente desde la presidencia hasta el vigilante de algún supermercado.


Pero la precaridad de la vida política imponía por consecuencia una vida social también precaria. La desnutrición fue siempre un mal endémico, la falta de servicios o servicios deficientes, ningún derecho laboral, salarios indecentes, habitaciones pobres y estrechas, imposible acceso a las producciones culturales, los patrones y sus capateces podían y pueden incluso hasta hoy permitirse lo que se les antoje. La pobreza y el desempleo generalizado ha impuesto y siguen imponiendo aún hoy a las clases trabajadoras una sumisión de otras edades. Todo esto entraña una latente explosión protestataria, sediciosa, de rebelión. El Estado en su aparente función reguladora se erige como una fuerza, con todos sus cuerpos represivos, Ejército y diferentes cuerpos policiales.


No obstante el Estado sólo en apariencia es exterior a la sociedad. Esta exterioridad, la relativa autonomía que ha ido adquiriendo en la historia, es una de las más opresoras alienaciones que sufren los hombres. Las luchas sociales alcanzan asimismo al Estado, es en torno al poder político que otorga el Estado que aparecen distintos partidos, a veces sin que los diferencie alguna ideología o intereses de clase. Pero en la sociedad existen diferentes clases que se organizan políticamente en partidos y también luchan por alcanzar el poder que contiene el Estado.


La legalización del FMLN


¿Cuál es la situación concreta en El Salvador? Desde siempre y hasta la guerra los partidos populates fueron prohibidos y su existencia fue ilegal y clandestina. Los Acuerdos de Paz firmados en Chapultepec, que pusieron fin a la guerra, han abierto en el país un nuevo período que se puede calificar de democratización, en sentido bastante lato. El FMLN que regrupaba a los organizaciones guerrilleras pudo convertirse en partido político legal y participar abiertamente y sin trabas mayores a las actividades políticas nacionales. Esta legalización no trajo en ningún momento la calma esperada luego de la tormenta. La hostilidad hacia el FMLN fue permanente desde las instancias estatales, como de los órganos ideológicos en la sociedad. Revistas, diarios, televisión, radio, etc. participaron abundantemente en la denigración del nuevo partido. La lucha ideológica no tuvo ninguna tregua. El FMLN no supo, no pudo o no quiso dotarse de un órgano de prensa para divulgar sus ideas y dar cohesión a sus militantes y responder adecuadamente a estos constantes ataques.


El FMLN se fue paulatinamente desmembrando, dividiendo y al mismo tiempo se fue solidificando en su organización y fue adquiriendo mayor peso en la sociedad con su nuevo papel de partido político. La pluralidad de tendencias dio lugar a muchas luchas intestinas, al surgimiento de ambiciones personales y fueron apareciendo divergencias de apreciación insospechadas durante la guerra. Hubo disensiones y expulsiones, hubo pequeños cismas y muchos tránsfugas. Las ambiciones personales y la existencia de tendencias se han manifestado mayormente en los momentos de la designación de candidatos a los puestos de elección popular. Desde el candidato a concejero municipal hasta el candidato a la presidencia fueron puestos codiciados y esto dio lugar siempre a momentos de tensiones y luchas fratricidas. Ahora en apariencia y de manera estatutaria el FMLN ya no se organiza en tendencias.


Las luchas políticas legales


La poca o nula experiencia de los dirigentes guerrilleros en las luchas políticas legales ha constituido una traba particular. Era necesario adaptarse, adquirir nuevos conocimientos. ¿Cómo usar la legalidad? Por supuesto que al responder a esta pregunta los dirigentes del FMLN se encontraban ante una alternativa crucial. Al entrar en el “juego” político era obligatorio aceptar la legalidad burguesa estatal. Pero al mismo tiempo al conservar las aspiraciones populares de transformación social tenía la obligación de poner en tela de juicio esta misma legalidad. Este fue un punto mayor en la batalla ideológica entre la derecha y el recién llegado FMLN. Son famosas y muy repetidas las palabras de Jorge Schafick Handal sobre cambiar el sistema o que el sistema cambie al FMLN. Esta fue una advertencia importante y oportuna, iba dirigida hacia el interior, hacia los miembros del mismo partido. Pero poco a poco el FMLN fue cediendo en esta batalla, mejor dicho no dio esta batalla y aceptó irremediablemente como absoluta la legalidad impuesta por el sistema. Esto arrastraba nuevos abandonos. La lucha política, de una política de transformación social, no tuvo lugar. Incluso Schafik Handal en su campaña presidencial repetía que su programa era la Constitución, toda la Constitución.


La inexperiencia y las mismas luchas intestinas repetidas obligaron a los efemelenistas a abandonar la organizaciones de masa a su propia suerte, a supeditarlas a sus posiciones actuales, de respeto a la legalidad. Esto no significa que no hubo luchas sociales durante estos años, hubo incluso luchas fuertes y prolongadas en algunos casos. Pero las luchas diarias, las luchas por obtener nuevos derechos (que pone en tela de juicio la legalidad burguesa) fueron abandonados. El movimiento sindical siguió siendo raquítico. Las leyes laborales son prácticamente inexistentes y ni los pocos sindicatos, ni el FMLN llevaron adelante luchas por estos objetivos.


Al abandonar la lucha ideológica por la transformación social, por subvertir la legalidad burguesa, los dirigentes efemelenistas fueron entregándose a prácticas de lucha política aparentadas más a la politiquería que a una auténtica política en la defensa de los intereses de los trabajadores.


Apareció un hiato entre la actividad real y las declaraciones de fidelidad al socialismo, al marxismo-lenismo, su apoyo al Socialismo del XXI se fue dando de manera automática sin que se llevara adelante una reflexión profunda sobre su significado. Ahora incluso hay un remarcado mutismo sobre todos estos temas y en especial sobre el famoso “marxismo-leninismo”.


El descalabro en el Este europeo


Paralelamente a esto es menester señalar asimismo que el descalabro de los régimenes del Este europeo jugaron mucho en la depreciación de estos mismos temas y llevó a cuestionamientos sobre la posible “inautenticidad” para nuestro continente de ideas nacidas en Europa. El estruendoso derrumbe del “socialismo real” tuvo otras repercusiones prácticas, pues el tener que pensar sin un guía, un líder internacional, volvía urgente elaborar análisis propios sobre lo que condujo a ese descalabro. Esto no se hizo en el seno del FMLN. En esto es necesario mencionar que las distintas organizaciones guerrilleras que constituían el Frente no compartían las mismas apreciaciones sobre el “socialismo real” y los Estados socialistas. En esto hubo muchas divergencias incluso desde el inicio. Estas como otras divergencias fueron acalladas durante la guerra. Volvieron a surgir a raíz de lo ocurrido en Europa. Para algunos la URSS era el principal referente, incluso era el modelo de la sociedad socialista, modelo del Estado. La “Perestroika” no pudo salvar nada, no pudo revertir los procesos. Durante este período aparecieron ciertas discrepancias del Partido Comunista de El Salvador con la política de “reconstrucción” de Mijail Gorvachov. Su llamado al movimiento comunista a independizarse de la URSS, de pensar con su propia cabeza, a no considerar la sociedad soviética como un modelo y el PCUS (Partido Comunista de la URSS) como el hermano mayor, fue acogido por los dirigentes comunistas salvadoreños con muy malos ojos. Incluso muchos han considerado a Gorbachov como el responsable de todo lo ocurrido, sin ver que los procesos que llevaron a este final tan dramático, se iniciaron ya a principios de los años treinta. En todo caso, después de haber defendido un sistema represivo, con un sistema político autocrático y una sociedad aterrorizada, con prácticas económicas muy lejanas a la apropiación de los medios de producción por los mismos trabajadores, fueron muchos los que renegaron de sus convicciones y declararon también el “final de la historia”, la muerte del “marxismo” y al comunismo como una insensata utopía.


Es obvio que esto vino a fragilizar en el FMLN a los que pretendían seguir adelante con la lucha de transformación social, de llevar adelante luchas que atacaran las raíces mismas de la dominación oligárquica. El FMLN empezó ha funcionar en la vida pública como cualquier otro partido, se convirtió en un partido electorero, cuyo fin principal era la conquista del poder ejecutivo. (Sigue).

5 comentarios:

  1. Excelente análisis don Carlos, es bueno verlo de nuevo escribiendo.

    Un abrazo

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  2. Anónimo2:54 a. m.

    Intuyo que la exposición de estos sesudos artículos Usted se ha impuesto la tarea, titánica por cierto, de iluminar nuestras mentes, oscuras y atrasadas como están las de la inmensa mayoría de nosotros los salvadoreños. Esto me viene de la afirmación que Usted hace:
    “Al entrar en el “juego” político era obligatorio aceptar la legalidad burguesa estatal. Pero al mismo tiempo al conservar las aspiraciones populares de transformación social tenía la obligación de poner en tela de juicio esta misma legalidad.”

    Y de esto parece que nada se hecho, o casi nada, para ser indulgente. Se sigue aceptando el status quo y lo que es peor, se avala y se alaba. Esto se ha demostrado con el revuelo que se generó con la creación del decreto 743, abusivo e imperativo, donde todos los que tiraron piedras luego escondieron la mano.

    El ideal de la reorganización o recreación de la izquierda salvadoreña alrededor de un partido cuyos únicos intereses sean la defensa de la clase trabajadora, creo que se enfrenta con la enorme dificultad de superar la carencia absoluta de conciencia de clase que adolece el pueblo salvadoreño en general. Esto lo digo porque lo noto a diario en el ajetreo de de la rutina diaria en este pueblo nuestro y lo siento quizás por esa hipersensibilidad que poseo al respecto. Para mí no hay casa mas difícil de digerir que un trabajador con mentalidad burguesa. Hiere sentir su desubicación, pero creo que esta desubicación viene generada por las condiciones de pobreza y desesperanza en que gran parte de la clase trabajadora se encuentra. Carencia de empleos, de educación, de acceso a los servicios de salud y muchos factores mas que inciden en la perpetuación de esa condición sub humana.

    Algunos intentos de organización obrera y general de la clase trabajadora han fracasado por causa de líderes inescrupulosos, ya sea por ignorancia o maledicencia nata, que los ha llevado a la corrupción y por ende al fracaso y la desilusión.

    Pero la lucha está planteado y el reto es ineludible para todo salvadoreño que se sienta digno de ser tal.

    Atentamente y gracias nuevamente.

    Quijo-t

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  3. Carlos, excelente analisis. Pero tengo algunas preguntitas.

    Dentro del FMLN de la guerra, era solamente el PCS el que veía a la URSS como ejemplo a seguir? El ERP nada que ver. Carpio y las FPL eran mas pro chinos (si no me equivoco). PRTC troskistas. ERP no qerían saber de nadie, eran, como dijera Carpio, "democristianos con fusil".

    Pero aun así, no crees que el objetivo de construir una sociedad socialista fueron abandonados mucho antes del final de la guerra por las tendencias?

    Saludos.

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  4. Anónimo3:08 p. m.

    Sí, don Carlos Ábrego: su relato cronológico e histórico está bien hilvanado por ser casi fiel a respectivos momentos vividos por la salvadoreñidad; además de estar clarísimo. Sin embargo, no es lo mismo mandarla a llamar desde París que tenerla enfrente aquí en el "palo de hule" ya peloneado por narcoarenazis para evitar concentraciones populares de dignos indignados reclamando.

    Si se quiere vencer en el juego y fuego político al enemigo secular nuestro, ---pues sólo con el fuego bélico no fue posible---, débese adoptar o adaptar las tácticas politicastras de ellos, porque no se puede irrumpir de un sólo tajo para tomar el poder total del Estado (ejecutivo, legislativo, judicial, mediático, religioso, electoral, etcétera)... Debemos darles, a arenarcos, pociones de la misma medicina dada por ellos a nosotros desde 1524; y, la mejor manera por ser la más rapida, al menos en el próximo quinquenio o lustro, será continuar con la "partidocracia" actual.

    La derecha recalcitrante por ladrona descarada, está haciendo correr el rumor de que "todos" los partidos politiqueros están en crisis agonizante; lo cual es verdadero en 80% de ellos, pues los cuatro representantes de ella: arena, gana, pdc y pcn, (80%) sí, están en callejones sin salidas; en cambio, nuestro glorioso FMLN está en uno de sus mejores momentos desde cuando sus abuelos fundaron el PCS salvadoreño allá en riberas de Ilopango hace más de 80 años.

    Por ello, cristianeristas con dabuisonianos, han lanzado la "bola" generalizando la crisis parcial o total para ellos; porque piensan seguir entuturutando al electorado al implantarse el voto por fotografías o listas electorales... Con esa treta pretenden aniquilar a candidatos Frentistas; pues ellos, narcoarenazis, usando al máximo sus poderes mediáticos (prensa escrita, radial, televisiva, tabernaculera, etc.) y su sucio capitalismo salvaje robado al pueblo desde siempre (Ejidos-Realengos en 1879; ANTEL, bancos, INPEP, energía eléctrica, fósil y más, desde 1990), están con la quimera-pesadilla de llegar a ser absoluta mayoría en Asamblea Legislativa y concejos municipales para, desde allí volver asaltar a casa presidencial.

    Concluyendo: la bandera roja con letras y estrella, blancas, son la mejor garantía, por ahora, para un rotundo triunfo bilateral en marzo de 2012; luego, para 2014 y subsiguientes años electorales, el mismo pueblo salvadoreño, ya mejor educado en filosofías políticas y económicas, nos dará mejores pautas a seguir; pues no hay mal que dure dos siglos ni pueblos que lo resistan.
    Chichipate Cañaverales.-

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  5. Toda doctrina humana: social, económica, política o religiosa, puede ser excelentísima; y, por el contrario, puede ser malignísima: de acuerdo a capacidades positivas o negativas del conglomerado practicante, en especial de sus dirigentes principales; así: Monseñor Romero fue cristiano católico ejemplar para inmensas masas salvadoreñas desposeídas; en cambio, para cristeros católicos y protestantes, narcotraficantes o narcoarenazis, aún es encarnación de Belcebú... Por el contrario, el nuevo arzobispo sustituto de Monseñor Romero, un cura en "lacalle", fue mercader de la fe católica neoliberal, hasta haber sido estafado, ---con millones de dólares o colones propiedad del arzobispado--- por "finsepro-insepro" de un tal robertillo guanaco; y por otro timador chapín quien le ofreció duplicarle la plata ajena, allá en Brasil, en menos de 90 días calendario.

    Exacto sucede con doctrinas politicastras electoreras, cuando éstas son transformadas en el término despectivo recién dicho. Partidocracia hay en casi todo el mundo... Pondremos por ejemplo a República Bolivariana de Venezuela, donde la fracasada partidocracia de la quinta república, aún en agonías, se niega a entregar los fierros y despotrica, por medio de prensas oligárquicas obsoletas, contra la magnífica dirigencia de aquel humilde pero inteligente pueblo hermano quien, después de efectivos 12 años de ser gobernado por PSUV, está haciendo camino al andar. CONCLUSIÓN: No son los partidos políticos malos en sí; malos son los falaces dirigentes quienes, siendo ladrones dor vocación, hacen de la política sucia su profesión.

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