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01 septiembre 2014

Lysenko y la dialéctica


No temo equivocarme al afirmar que son contados los salvadoreños que supieron en su tiempo algo sobre el “Asunto Lysenko”, tampoco los que vinieron después han escuchado o leído sobre este famoso “asunto”. Sin embargo conocer este episodio  de la historia de la URSS es importante para entender el desapego de muchos científicos en el mundo occidental respecto a la dialéctica materialista. Este desinterés, o mejor dicho, esta animadversión no tiene como único origen este triste episodio de la “ciencia soviética”, contribuyó también todo el clima que surgió después de la Segunda Guerra Mundial y se amplificó con la instauración y desarrollo de la “guerra fría”. Por mi parte durante mis estudios, en los años sesenta, en Moscú, algo leí en el Pravda, pero confieso que no presté mayor interés y no comprendí entonces su importancia y todo lo que encerraba. La polémica en los diarios la vi apenas como un episodio un tanto candente de la destalinización.

Trofim Denísovich Lysenko era un agrónomo muy apasionado y realizaba experimentos que le dieron cierta reputación, aunque ninguno de ellos mejoró realmente la agricultura soviética, ya desde 1927 un corresponsal del Pravda publicó un reportaje sobre sus “descubrimientos”, uno era que se podía bonificar la tierra sin abonos minerales o fertilizantes, también afirmaba el reportaje que había encontrado una manera de reverdecer las áridas tierras de Azerbaiyán (Lysenko trabajaba en una estación experimental) plantando guisantes en invierno. Así los campesinos de la región iban a tener con qué alimentarse, sin temor a alguna hambruna. El experimento en los años subsiguientes no dio los resultados requeridos. Pero la fama de Lysenko se estaba forjando. Sin embargo esto no era tan grave, lo que se volvió trágico para la ciencia soviética, para la agricultura y para la dialéctica materialista es que bajo el ala protectora de Stalin, Lysenko adquirió una autoridad que sobrepasaba sus competencias y a partir de esta autoridad mal adquirida llegó a enviar a sus oponentes a los “Campos Carcelarios” del régimen y otros fueron simplemente exterminados, fusilados.

La genética se volvió el Galileo de los comunistas

Lysenko había hecho suya la doctrina de Lamarck que se resume en esto, que el sabio francés escribió en su “Philosophie zoologique” (1806): “El ambiente influye en la forma y la organización de los animales; el uso continuo o frecuente desarrolla y aumenta el tamaño de cualquier órgano, mientras que el desuso permanente lo debilita hasta que finalmente desaparece; todas las adquisiciones y pérdidas son debidas a la influencia del ambiente, ya que mediante el uso y el desuso son conservadas por la reproducción”. Fue esta convicción la que lo llevó a darle una guerra sin cuartel a la biología genética, sus batallas amparadas y sostenidas por Stalin llevaron a la destrucción de laboratorios, cátedras, al aislamiento o la muerte de grandes científicos y al atraso de décadas en una ciencia en la que comenzaban a colocarse en los primeros rangos mundiales después de la Segunda Guerra Mundial. Como lo dice el Premio Nobel, François Jacob: “Pues como la Iglesia condenó otrora las ideas de Galileo por ser incompatibles con la doctrina, de igual manera los comunistas prohibieron la genética, considerada incompatible con los principios mismos del marxismo” (François Jacob, “La souris, la mouche et l’homme”, Editions Odile Jacob, 1997, pág. 49).

En definitiva se trata de un charlatán, que ignoraba lo elemental en biología y cuyos éxitos en agronomía fueron sobre todo propaganda y mentiras. Jacques Monod, otro Premio Nobel francés, lo compara a un aficionado que publica un folleto a cuenta de autor, convencido de haber encontrado el secreto de la vida o el remedio contra el cáncer y que se muestra furioso por ser ignorado por la “Ciencia Oficial”. Pero lo desconcertante en todo este asunto es que Lysenko haya podido obtener el apoyo de Stalin, y con esto, el de todas las autoridades soviéticas, del Estado, del Partido, la justicia, la prensa. Y fue así que obtuvo una victoria total contra sus enemigos. Logró prohibir la práctica y la enseñanza de la genética. Los que se atrevían a adherir a las teorías genéticas eran enviados a Siberia y fueron muchos los que no volvieron.

Pero tal vez lo más asombroso fue que esta posición cobró realidad también en los países del Este europeo, que estaban bajo la influencia de la URSS. En las “Democracias populares” también se prohibió la enseñanza de la genética. La cosa llegó al colmo cuando en Budapest, la Facultad toda entera, bajo la dirección del rector, llevó con solemnidad a las letrinas, para botarlas allí, las colecciones de moscas “Drosophila” que se utilizaban para la investigación y la enseñanza. En Brno (Moravia) fue derribada la estatua del monje Gregor Mendel y los cultivos de arvejas que habían servido para las experiencias del monje, fueron arrancados del huerto del monasterio. Los Partidos Comunistas y los intelectuales comunistas de Occidente también se sometieron a estas estrafalarias doctrinas. Si los científicos del Este europeo se vieron obligados a aceptar por la represión y la amenaza de muerte, los intelectuales comunistas de Occidente no tenían ni siquiera esta escusa.

En agosto de 1948, en una sesión de la Academia de Ciencias Agrícolas de la URSS, Lysenko y sus acólitos, con el apoyo directo de Stalin, arremeten contra los que sostenían los principios de la genética de Mendel y de Morgan. Los ataques no tenían nada de científico, simplemente el enunciado puro y llano que esas ideas no se conformaban a los principios del Marxismo-Leninismo. Esto apenas a cinco años antes del descubrimiento del ADN.

El catecismo estaliniano

Es de esta manera que va a revelarse la dialéctica marxista en su forma estalinista. La dialéctica ya no era una elucidación categorial puesta a disposición de los investigadores y sometida a su libre juicio, sino que normas incondicionales de la verdad a las que debe someterse todo saber. Este absurdo en el que sale a brillar una incultura teórica aparejada de un desvergonzado cálculo político, a partir del cual Stalin erigió el marxismo en filosofía de Estado. La dialéctica fue codificada en cuatro “leyes” en el célebre “Materialismo dialéctico y materialismo científico” de 1937. En realidad se trata del capítulo IV de la “Historia del Partido Comunista (bolchevique) de la URSS” publicado por las Ediciones en Lenguas Extranjeras de Moscú. Esta obra fue redactada bajo la dirección de Stalin. El capítulo IV fue publicado en folleto aparte y ha figurado durante toda una época como la exposición elemental de referencia del marxismo para todos los partidos comunistas del mundo.

La dialéctica que fue llevada al trono de reina de todas las ciencias se convirtió en sierva de un poder que la dogmatizó para normalizar toda la vida ideológica. Se caminó hacia atrás en el camino recorrido por Marx por subvertir el implacable sistematismo idealista de Hegel, de acuerdo al cual la “Ciencia de la Lógica”, “método absoluto del conocer”, permite al pensamiento en su “independencia de lo concreto” ser lo que alza a la forma racional “toda la variedad de conocimientos y de ciencias”.


El uso precientífico grotesco que hizo Lysenko de las generalidades bautizadas “filosóficas” muestra la ventaja que se ha podido sacar de la presentación dada con pretensiones valorizadoras, en la cual la dialéctica es mostrada como “ciencia de las leyes más generales” de toda conexión y de todo desarrollo.

El “asunto Lysenko” es ante todo político, aunque su condición de posible teórico en la inversión —sustentada por Hegel y menoscabada por Marx— pero de alguna manera y por desgracia reintroducible  en el otro sentido por el mismo Engels, abusivamente instrumentalizada por Stalin, donde lo filosófico ataviado del traje de “saber absoluto” se ha erigido en Tribunal Supremo de la verdad en todas las ciencias.

“La verdad es siempre concreta”

Cualquiera que sea el estatuto que se le confiera a la dialéctica, es necesario afirmar con fuerza que no se trata de una ciencia, que no enuncia leyes, ni puede erigirse en criterio. De sus indicaciones generales es imposible deducir ningún conocimiento particular. Marx ha formulado esta tesis: “la verdad es siempre concreta”, esta verdad tantas veces repetida por Lenin, no figura en el catecismo de Stalin.

Pero el desastre no termina allí, su prolongación es el empobrecimiento del contenido de la dialéctica en formulaciones “llaves maestras” a las que fue reducida: conexión universal, cambio ineluctable, salto cualitativo obligatoriamente brusco, lucha de contrarios confinada al conflicto de lo antiguo con lo nuevo: es lo que subsiste de la riqueza de determinaciones que contiene la “Ciencia de la Lógica” de Hegel y que Marx puso en obra en “El Capital”.

El pernicioso efecto es que en base a esta concepción, la dialéctica se convierte en árbitro de lo cierto o falso en cualquier tema científico en nombre de una congruencia o no con sus pretendidas “leyes”. Estas son apenas tesis filosóficas: bajo el membrete de materialismo, nos encontramos en el lado opuesto de toda cientificidad. No se le puede negar tampoco a los principios dialécticos el derecho de prevalecerse de una pertinencia efectiva y acordarles valor heurístico no conduce irremediablemente a simples tonterías. Engels más de una vez al inspirarse de ellas hizo prueba de una sorprendente clarividencia, por ejemplo respecto a la antropogénesis, para defender desde 1876, en su “Dialéctica de la Naturaleza” la tesis según la cual, el desarrollo histórico toma el relevo de la mera evolución biológica, dándole al trabajo un papel fundamental en el surgimiento del hombre.

El compendio estaliniano además de indigesto es simplemente falso, puesto que la discontinuidad y la invariancia son tan reales como el cambio y la conexión, la transición gradual igualmente cierta que el salto cualitativo, conflicto de contrarios reversible no es menos cierto que el conflicto irreversible.

Para Lysenko el material hereditario no puede ser independiente de las condiciones de vida del individuo, porque la dialéctica nos enseña que “todo se enlaza”, ni inmutable puesto que “todo se transforma”. Guiado por este tipo de fórmulas vacías, Lysenko se permitió mofarse de Schrödinger, cuyo libro de 1944, “What is life?”, que constituyó una etapa importante en el camino que condujo al descubrimiento de la molécula del ADN. Lysenko decreta entonces “metafísica idealista”, “posiciones anti-científicas”, lo que no entra en su mente obtusa es que fórmulas como esas, “todo se enlaza”, “todo se transforma” son tan vacías como sus contrarios. De esto se puede sacar la enseñanza de que “una dialéctica rudimentaria es una contradicción en los términos” como dice Lucien Sève en el libro bajo su dirección “Sciences et dialectiques de la nature”, La Dispute, Paris, 1998.

Esta enseñanza es válida para los que se dicen marxistas, pero no solamente para ellos, sino que también par muchos otros, científicos sobre todo, que rechazan la dialéctica sin tener mucho conocimiento de ella, a veces con un conocimiento tan precario como son los compendios del mismo tipo del que he mencionado arriba. El mismo François Jacob en su libro al que hice referencia antes, afirma sin dar mayores razones: “Que se la tome por aquí o por allá, de este u otro lado es imposible pegar la genética a la dialéctica”. En ninguna de las páginas siguientes de su libro el científico francés, premio Nobel, no da ni una sola razón, ni una sola explicación para justificar semejante afirmación. François Jacob es también de alguna manera una víctima de Lysenko, pues este sabio se quedó clavado en la dialéctica rudimentaria de los catecismos de los años que siguieron la guerra y por supuesto ya no buscó saber nada más, sobre todo que esa “dialéctica rudimentaria” dio como resultado el “lysenquismo” que provocó una guerra contra su ciencia, la genética.

  


2 comentarios:

  1. Anónimo4:59 p. m.

    Este fue uno de los episodios oscuros en la otrora URSS, cuando la política se entrometió a querer dirigir, en este caso a la ciencia con metodos de ordeno y mando. Según cuentan cuando Nikita Kruschof visitó Estados Unidos, visitó un centro experimental y le mostraron las mazorcas de maiz híbrido que por cruces genéticos habían obtenido y Kruschof quedó impresionado, tanto que al volver de su viaje, ordenó que se sembrara maiz en los koljoz, por lo que los soviéticos le pusieron el apodo de Dadia kukuruza(creo que se traduce algo así como Tio maiz).El "affair" lysenko ocasionó el atraso de la URSS en la biología, pero un camino similar , aunque en menor grado, ocurrió con la teoria de la relatividad de Einstein, pero el daño en la fisica fue menor porque estaba relacionado a la defensa.No me queda claro lo de la dialéctica, lo de las 4 famosas "leyes de la dialéctica" que explicaban todo me parece que proviene de una interpretación de Engels, que el estalinismo elevó.

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    1. Según sostienen el biólogo francés François Jacob ya en la más temprana destalinización físicos soviéticos que sí obtuvieron visas de salida de su país a congresos internacionales, se dieron cuenta del desastre producido por Lysenko. Fueron físicos los primeros en intervenir en la prensa y en revistas para restablecer la genética y por destituir a Lysenko, que seguía imponiendo su autoridad.
      La historia de Jruchov tiene algo de cierto, sobre todo lo del apodo, “kukuruz” significa maíz. En realidad, lo que quiso introducir Jruchov era el consumo humano del maíz, pues hasta entonces era alimento exclusivo de animales. Y hubo fotos y reportajes con Nikita Serguiévich comiendo maíz.
      La cuestión de las cuatro “leyes” de la dialéctica es la obra exclusiva de Stalin y de sus acólitos y seguidores por el mundo. Esto fue consagrado en múltiples manuales de divulgación y de vulgarización.
      El papel un poco inoportuno de Engels fue que en algunas formulaciones deja entender no que la dialéctica se reduce a unas cuantas leyes, sino que constituye un saber científico, una especie de “meta-ciencia” que puede establecer lo cierto o falso en todas las ciencias. Pero en el mismo libro “Dialéctica de la Naturaleza” salva de la ambigüedad su posición. No me voy a extender sobre esto ahora, prefiero dejar este tema para otro artículo más detallado.
      Sobre la teoría de la relatividad no puedo decir que ésta haya corrido el mismo destino que la genética, pues en 1917 ya era universalmente aceptada en los medios científicos incluidos los rusos. Pero si hubo en ciertos medios intentos de someterla a un ostracismo, en los años treinta.

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