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09 septiembre 2011

El Estado salvadoreño y la “partidocracia” IV

Los temas que he ido abordando en los precedentes artículos mezclan sin duda alguna la teoría y la práctica. Me he refirido al Estado salvadoreño, a su carácter clasista, su papel de insturmento de dominación sobre el resto de la sociedad, he señalado la función de agentes políticos de los partidos y su papel de administradores del Estado en beneficio de la clase dominante, la oligarquía. Me he referido también a la situación inédita que vivimos hoy en el país, aclaro que no me refiero al hecho de que el FMLN haya accedido al poder ejecutivo, sino que políticamente se ha creado una situación en que el enfrentamiento ideológico no conduce ahora, de manera automática, a la represión. Es decir que por primera vez en la historia de nuestro país se pueden expresar ideas que pongan en tela de juicio el sistema de dominación burgués. Al mismo tiempo he insistido que las clases trabajadoras se han quedado sin un instrumento político que desde ahora luche por la transformación de la sociedad capitalista en una sociedad socialista.


Este objetivo se ha engavetado pretextando que la situación actual no es revolucionaria, que la correlación de fuerzas no es propicia a la causa, que tenemos enemigos poderosos como son los Estados Unidos, donde viven además millones de salvadoreños. En realidad, para ser exactos el imperialismo se ha convertido en el principal aliado del gobierno del FMLN y del presidente. También en el interior se abandonó toda lucha ideológica, todo enfrentamiento con las clases dominantes.


En una reciente entrevista, Orestes Ortez, miembro de la Comisión Política del FMLN, presenta a la oligarquía como la principal opositora del gobierno, que denigra toda iniciativa presidencial y gubernamental, pero cuyo pecado fundamental es que no quiere pagar impuestos, “no quiere compartir el pastel”. Además que tampoco quiere darse cuenta de que el FMLN tiene dirigentes que entienden del progreso, que entienden el mundo de los hombres del capital. “¡Cómo no!, sí lo conocemos y hemos venido haciendo una experiencia de aprendizaje en el país… Y mantenemos relaciones con importantes empresarios”.


Este aprendizaje es patente. “Si nosotros somos los que tenemos que dar el primer paso para mejorar la relación con la empresa privada, estamos dispuestos a darlo, aún con el “cucurucho dorado”; estamos dispuestos a discutir en una mesa de país cómo vemos el asunto y escuchar cómo ellos lo ven. Somos una fuerza que ha desmostrado tener capacidad de cambiar, superar la debilidad, la deficiencia de la discapacidad de aprendizaje y ese es un punto fundamental”.


Sí, el FMLN ha cambiado fundamentalmente: ahora llama a la colaboración de clases y cifra en la oligarquía y en toda la burguesía las esperanzas de sacar al país de la crisis. La crisis que golpea al país y no sólo al país, sino que al mundo entero, no es para el FMLN una crisis del sistema, que tiene su resolución en la transformación de la sociedad, sino que, según Ortez, se puede resolver si la oligarquía se decide a “compartir el pastel”, a pagar más impuestos.


El estigma del FMLN


El dirigente del FMLN considera como un estigma que se les juzgue como “enemigos de la empresa privada”. Pero quiero llamar la atención sobre un detalle de la entrevista que no es solamente picante, sino que muy significativo del estado de ánimo de los militantes y dirigentes del FMLN. La pregunta del periodista es la siguiente: “Pero siempre se ha pensado, y no sé si es estigma, que el FMLN es antiempresa privada, debido a su aspiración a un sistema socialista”. Este último elemento de la pregunta es completamente ignorado por Orestes Ortez, pero perfectamente se atreve a una amalgama, pues afirma que “Desde que surgió la lucha revolucionaria, hemos sido estigmatizados como enemigos de la empresa privada”. Falso, mentira, ningún auténtico revolucionario, empezando por Marx y Engels, pensó alguna vez que fuese un estigma ser considerado como enemigo de la propiedad privada, de la apropiación privada de las ganancias, de la empresa capitalista.


Es esta pues la situación de la cúpula efemelenista, pero también de la mayoría de militantes que no sólo la acepta, sino que defiende a capa y espada a sus dirigentes y las posiciones adaptadas por ellos. Digo esto, pues hay quien piensa que es posible transformar al FMLN del interior, volverlo a sus posiciones revolucionarias. Esto es imposible. Es imposible porque los militantes no se lo plantean seriamente y aún si algunos se lo plantean, es imposible por la última reforma estatutaria que no permite que ninguna persona, sin el visto bueno de la cúpula, pueda acceder a un puesto de dirigente. Lo hemos visto en el nombramiento de candidatos para las próximas elecciones, en el que a pesar de protestas masivas de la base en algunas ciudades, la decisión de la cúspide es la que prevalece: a la base se le informa de la decisión de la Comisión Política como lo declaró Benito Lara, Secretario departamental.

Esta entrevista confirma una vez más la deriva derechista del FMLN, su asunción de administradores de los intereses de las clases dirigentes a través del Estado, llevando a cabo la misma política que el partido ARENA, tal vez condimentando con algunas medidas sociales, que en parte alivian la miserable condición de las familias pobres, pero que no cambia en nada fundamental en estructuras socio-económicas del país.

Una exigencia revolucionaria


¿Qué tipo de luchas son revolucionarias ahora en el país? Esta pregunta la hice en uno de los artículos anteriores y por supuesto es necesario encontrarle una respuesta. Esta semana ha vuelto a las primeras planas de los diarios y en los noticieros televisivos el grave problema del transporte urbano e interurbano. Surge por la exigencia de los propietarios de los autobuses de retrasar la fecha del pago de las esquelas. Y amenazaron con irse a la huelga. Más allá del rechazo de cumplir con la ley y las componendas que siempre llegan a tiempo, vuelve a surgir en las mentes de los salvadoreños la necesidad de una reforma fundamental del transporte. Son muchos los que proponen la necesidad que el Estado asuma este servicio, que sea el garante de su eficacidad. Todos sabemos las condiciones precarias en que son transportados los salvadoreños, la anarquía reinante, la total inseguridad y los aumentos sucesivos y constantes de los pasajes. Ahora tenemos una gestión capitalista del transporte, tenemos empresas privadas de transporte y la realidad nos muestra que son incapaces de resolver el problema, de prestar un servicio digno de ese nombre. Es precisamente donde surge la aspiración de un servicio público del transporte, administrado por una compañía nacional. Por el momento los salvadoreños se ven desposeidos de un servicio necesario, lo que tienen no merece ni el nombre de transporte público. Esta aspiración, esta demanda crece de manera espontánea en la población. ¿Qué partido político acompaña a la población en estos pedidos? Ninguno.

Un partido revolucionario no solamente debe acompañar, sino que organizar la lucha para obtener satisfacción a una demanda más que justificada. Un partido revolucionario debe tratar de popularizar el contenido de esta aspiración naciente, dar los argumentos, mostrar los aspectos transformadores, desalienantes de esta demanda. Al mismo tiempo, pues por el momento se vive en el régimen capitalista, el transporte de personas es también y sobre todo el transporte de mano de obra para los empresarios, es evidente que también ellos deben de contribuir en el esfuerzo financiero que significa modernizar el transporte.


Pero en esto se puede ir muchísimo más lejos, porque no basta con crear una empresa nacional de transporte, sino que es necesario que realmente los trabajadores de la empresa y los usuarios se apoderen de ese bien. Los trabajadores deben adquirir el derecho de supervisar la administración de la empresa, de tener instancias de consulta y proposición. Los usuarios deben poder opinar y reclamar constantemente un servicio digno de ese nombre. Es aquí donde la exigencia de transparecia se vuelve necesaria, no solo en la consulta de informes y pedidos de información, sino en el control mismo de la gestión y en el derecho de proposición. Todo esto implica también cambios en la mentalidad de las personas. No sólo se trata de ser transportado, sino que también de considerar el vehículo como algo común, como algo que le pertenece a todos y por lo tanto un bien que hay que cuidar y compartir. Una lucha de este nivel, llevada a cabo en todo el país, sería portadora de cambios significativos en el orden social reinante. Esta batalla sería una escuela de luchas políticas, pues se busca el bienestar común y la manera eficaz de resolver un problema de sociedad.

Pero emprender y dirigir esta lucha no lo puede hacer un partido de derecha, ni un partido que ha abandonado sus objetivos revolucionarios y que predica que en la empresa privada y su desarrollo se encuentra la salida a la crisis que vivimos. (Sigue)

3 comentarios:

  1. Anónimo8:59 p. m.

    "No sólo se trata de ser transportado, sino que también de considerar el vehículo como algo común, como algo que le pertenece a todos y por lo tanto un bien que hay que cuidar y compartir. Una lucha de este nivel, llevada a cabo en todo el país, sería portadora de cambios significativos en el orden social reinante."
    Creo que en este trozo de su discurso se puede encontrar la semilla de un nuevo enfoque que oriente el pensamiento del salvadoreño de clase trabajadora y clase media hacia una visión socialista, la que actualmente ha desaparecido del ámbito nacional ya sea por desidia o por carencia de un partido político que se encargue de encaminar al pueblo por esa ruta. Podría encontrarse aquí el inicio de un sentir de comunidad, de solidaridad ante un mal que afecta a todos por igual tanto por la calidad de "transporte" en sí, como por la calidad de los vehículos de transporte que mas que eso son máquinas de muerte regando en el ambiento esos gases tóxicos que están matando lentamente a la población en general. Este fenómeno afecta por igual a todos pues aunque Usted se conduzca en su Mercedes o BMW la nube de humo negro que lanzan los autobuses lo anega totalmente.
    Gracias don Carlos por su excelente artículo y por favor, no desmaye pues Usted proporciona el único sitio realmente crítico al que se puede recurrir.
    Atentamente
    Quijo-t

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  2. Anónimo12:17 a. m.

    Mi comentario va mas que nada dirigido a implementar un sistema educativo que concientice a las bases sobre cual sistema es el que de verdad va a defender los intereses de las mayorias, cuales son sus fundamentos y sus principios, y que asi pueda ser implementado y defendido, sabiendo que el proceso de cambio tiene que venir de abajo hacia arriba, todo por convencimiento propio, no por imposicion. Tambien mi inquietud es sobre quien o quienes van a lidearear este proceso de cambio? Con toda seguridad no va a venir de la oligarquia ni del partido en el poder, tiene que existir una organisacion alternativa que vaya trabajando como las hormiguitas, de uno en uno, y hacia la unidad, ya que la unidad hace la fuerza. Sin este proceso educativo no se podria garantizar que ningun modelo propuesto pueda ser efectivo ya que sin esa educacion de la conciencia todo cambio puede ser facilmente manipulado y distorsionado una vez mas hacia la corrupcion de bases y de lideres en el proceso, volviendo otra vez a lo que ahora estamos viviendo, mas frustracion para el pueblo que no ve sus necesidades minimas resueltas, mas distancia entre los que tienen de sobra y los que no tienen nada, etc.

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  3. Socialismo del siglo XXI, ---o Positivismo del sociólogo frances, Augusto Comte, formulado en el XIX---, no está siendo tan efectivo como sueña o añora Hugo Rafael Chávez Frías; aunque él, Chávez Frías, con su reducido equipo de trabajo estatal, se esfuerza al máximo para hacerlo realidad sostenible al mediano plazo más corto posible; pues, cualesquiera revoluciones democráticas nunca terminarán, como no ha terminado la Revolución Cubana con sus 53 años de gloriosa marcha; pues Revoluciones Socialistas utópicas son tan viejas como el mismo Jesucrito, el Quijote de la Mancha y Óscar Arnulfo Romero de El Salvador.

    Haciendo breve semblanza de última década del XX y primera del XXI, pondremos por ejemplo a 3 países: Chile, España, El Salvador. Posterior a caída del orangután pinochet, durante casi dos décadas gobernó a Chile varios gobiernos llamados de Unidad Nacional; asimismo en España después de tragedia en Estación Atocha e inminente caída del asno chema aznar, el PSOE pareció consolidarse bajo batuta de Rodríguez Zapatero. En El Salvador, a 20 años después de haberse firmado acuerdos de paz en Chapultepec; y, desde 1989, cayó y calló en fauces del neoliberalismo, iniciado por un tal cristiani; y, continuado hasta hoy por un insípido e inodoro funesto carta ajena.

    Resumiendo y concluyendo: Socialismo chileno sólo fue boom publicitario; pues, ni Lagos, ni el otro ni Bachelet, lo iniciaron por no intentar abandonar al neoliberalismo constitucional armado por pérfido pinochet; neoliberalismo más campante ahora con el individuo apellidado Piñera, quien está siendo combatido por el desamparado pueblo chileno, dirigido con valentía por el estudiantado general, cuya cabeza espiritual es el cacique Caupolicán.

    España, desde deceso del medio "inmortal" francisco franco baamonde, 1975, tuvo altibajos sociales hasta cuando llegó asno aznar, quien se auto sepultó en Atocha. A ocho años de gobernar el PSOE dirigido por José Luis Rodríguez Zapatero, dicho socialismo del PSOE ha fracasado en rotundo. Pruebas; 40% en desempleo; oligarquías y burguesías bancarias, enriqueciéndose más como en Grecia. En El Salvador, ha ocurrido y sigue ocurriendo tal descalabro; pero suigéneris. Pos guerra civil salvadoreña, 1972-92, empeoró condición socio-económica, al haber sido saqueados bienes más productivos del Estado Salvadoreño por ladrones guanacos neoliberales desgobernantes. 20 años después, con nuevo gobernante, junio en 2009, ---de oficio entrevistador en radio y tv---, tal Socialismo del XXI quizá ni en el XXIII aparecerá. ¡Cosas veredes, Carlos Ábrego amigo!...

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