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15 mayo 2009

El despotismo nacional y el FMLN

El Salvador es un país dominado por el despotismo. Son muy pocas las relaciones sociales que no estén impregnadas por este fenómeno, que impone una superioridad y usa de la fuerza o del poder en el trato con los demás. Este ha sido el modo de gobernar de nuestros dirigentes. Este despotismo se ha convertido, durante largos períodos de nuestra historia, en sangrientas dictaduras y hemos vivido lindando con prácticas fascistas. Lo repito, el despotismo recorre todas las fibras del tejido social salvadoreño. Nadie se escapa. Todos lo padecemos, en las familias, en las escuelas, en los colegios, en los mercados, en las calles, en los barrios, en las oficinas, en los talleres. Hay directores de escuelas o institutos que imponen cortes de pelo, en vez de preocuparse de su propia capacidad educativa o pedagógica. Hay mesoneros, pues todavía existe este bochorno de vivienda, que le imponen horarios arbitrarios a los inquilinos. Este despotismo gobierna la violencia intrafamiliar permanente en nuestro país. Todos los abusos familiares se consideran normales. El despotismo es inconcebible sin la violencia, sin el uso de la fuerza y por supuesto con el profundo sufrimiento que conlleva.

Aunque esto parezca contradictorio, nuestra democracia tiene ese aspecto tan escuálido, porque se trata de una democracia despótica. Todo el desfuncionamiento de nuestras instituciones, un poder ejecutivo todopoderoso, una asamblea llena de tramitaciones ocultas e inconfesables, poco deliberativa, caja de resonancia y nido de intrigas y componendas. La Corte Suprema de Justicia cómplice y al servicio del ejecutivo. Nuestra justicia renquea con fiscales generales obedientes a los intereses de los más fuertes. La justicia es sobre todo punitiva, con penas de cárcel estrafalarias que no admiten ninguna esperanza de redención. Las prisiones son centros de exterminio de la persona humana, obligando a todos los reos a la más miserable promiscuidad.

Esta oscura descripción no contiene ni exageración, ni tampoco es muy original. Quiero sencillamente que me sirva de introito para las reflexiones que siguen sobre las tareas inmensas de democratización del país. El término democratización en realidad me parece muy restrictivo: el campo social hacia el que apunta incluye a penas las instituciones del estado. Es cierto que las instituciones del estado modelan, encuadran, estructuran el resto de relaciones en la sociedad. No obstante la profunda reforma estatal que urgimos, no puede ser emprendida de manera separada, aislada de profundos cambios en todo el tejido social salvadoreño.

Se comienza mal

El país tiene ansiosas expectativas sobre las transformaciones en las condiciones materiales de los más necesitados que va a producir el cambio de gobierno. Es sobre todo en este rubro en que será juzgado prioritariamente Mauricio Funes y su gabinete. Es cierto que gran parte de nuestra miseria moral proviene de la miseria material en que desde siglos viven amplias capas de nuestra sociedad. No obstante si los nefastos efectos del despotismo en nuestra vida cotidiana no desaparecen, los logros que se obtengan en la vida económica tendrán poco incidencia en la transformación global de nuestra sociedad. Es más, esos cambios económicos correrán peligro de revertirse y motivar mayor descontento y frustración.

Es menester apuntar que son muy malos augurios para la refundación necesaria los inicios de la actual asamblea. Los partidos de derecha que prometieron o que siguen anunciando las mejores intenciones de cooperación, se aliaron para elegir como presidente de la Asamblea a un oscuro personaje de un partido minoritario. No cabe duda que esta elección es el fruto de transacciones muy anteriores y resultan ser el pago por el retiro del candidato presidencial. Se trata de un dando y dando. Pero sinceramente no me esperaba que la derecha abandonara de tajo sus enraizadas tradiciones antidemocráticas. El tipo de oposición que la derecha llevará durante este quinquenio va a ser de destabilización del gobierno. Los conformistas de siempre dirán que esa actitud es de “buena guerra”. Sin embargo para que esta actitud aparezca en lo que realmente es, urge que el partido en el poder cambie también radicalmente su actuación pública e interna. Los pactos pasados en los últimos días de la legislación anterior nos dan indicios que muy poco han aprendido o que no perciben claramente que la transformación social que necesita el país los obliga a un análisis mucho más maduro que el que han hecho hasta ahora.

La aprobación de la reforma constitucional que concierne la prohibición expresa del matrimonio entre homosexuales nos revela muchos síntomas sociales que el FMLN no quiere o es incapaz de enfrentar. La reforma era y sigue siendo obviamente inútil, ni la Constitución y ni el Código Civil permiten en su estado actual este tipo de acto civil. No obstante el FMLN sufrió las presiones necesarias, que vienen de la sociedad y también de las instituciones religiosas. El FMLN no tuvo el coraje de enfrentar estas presiones. No quiso definir claramente su posición respecto a un fenómeno social que ha sido tradicionalmente reprimido. Nuestra sociedad ha encarado la homosexualidad con autoritarismo, la única manera que le permite su ideología despótica. La tendencia general en todos los países respecto a la homosexualidad es la aceptación y su tolerancia. Las relaciones sexuales forman parte de la vida íntima, de opciones estrictamente personales. Por lo tanto, legislar a su respecto considerando que la homosexualidad es contra natura o contraria a la moral es coartar la libertad. Se trata de la visión religiosa. Nosotros vivimos en un país que muy pronto en su historia declaró la separación del Estado y de la Iglesia, que en varias de nuestras constituciones se dijo laico. Es necesario constatar que esto fue simple declaración, en la vida real la religión siguió dictando conductas al Estado, los jerarcas religiosos siempre estuvieron presentes en la vida política nacional. La moral religiosa se impuso como única.

El arzobispo se conduce como un ayatola

No pertenezco a los acérrimos anticlericales o antirreligiosos. Mi interpretación de que la religión es el “opio del pueblo” es en absoluto marxiana: la religión alivia de alguna manera su sufrimiento, como lo hacía el opio entre los ricos. Todos sabemos que en nuestro país ha existido una tradición anticlerical en la izquierda, antirreligiosa, ateísta. En los años setenta se inició un necesario acercamiento entre la iglesia y las fuerzas revolucionarias (uso este término, aunque a veces me ha parecido muy abusivo su uso). Este cambio de actitud siempre me pareció progresivo. Pues en muchos problemas no existe oposición entre la religión y la transformación social a la que aspiraban los miembros de las organizaciones sociales. La colaboración se ha hecho posible. Pero esta situación, como muchas otras en el mundo, ha sufrido cambios en el sentido inverso. La permanente derechización en las jerarquías católicas ha ido mermando el entendimiento entre la izquierda y la Iglesia. La Iglesia ha adoptado posiciones cada vez más retrógradas y contrarias a lo que se pudo esperar en el tiempo del auge de la teología de la liberación.

No obstante, incluso en los momentos en que la colaboración entre la izquierda y la Iglesia estaba en su apogeo, nunca pensé que la opción religiosa fuese un asunto público. La fe en un país laico no puede ser regida por el Estado, no tenemos religión oficial (en el papel, de hecho la Católica lo es). Como se puede ver estoy señalando dos asuntos que pertenecen al área estrictamente personal: la religión y la sexualidad. En ambos las fuerzas de la izquierda no han querido sanjar por lo sano.

Es menester subrayar que la cooperación entre las organizaciones de izquierda y la iglesia, no se efectuó en aspectos de la vida espiritual, sino que en el campo estrictamente político, en asuntos de la vida civil. La iglesia actuaba como ente político, lo hacía con toda evidencia a partir de sus propias convicciones ideológicas. Pero no era una colaboración espiritual. La derecha no admitía esta colaboración política. Sabemos que llegó al extremo del magnicidio contra Monseñor Romero y otros prelados. Pero cuando el arzobispo se pliega a su ideología o la comparte, cuando en mancomunada acción les permite la defensa de los intereses de la clase dominante, dejan que el arzobispo asuma funciones contrarias a nuestra Constitución. Últimamente el arzobispo metropolitano ha asumido papeles que tienen los ayatolas en las repúblicas islámicas. Domingo a domingo opina, toma posición sobre asuntos políticos, se acude a él como a un idóneo interceptor, asumiendo mediaciones que no le corresponden.

El escándalo republicano ha sucedido cuando el texto de la reforma constitucional se le dio al arzobispo para pedir su visto bueno. No quiero referirme al circo que se armó en las cercanías de la Asamblea, el fanatismo mostraba allí más odio que caridad y capaz de tirar la primera piedra. Ni los fariseos lo hicieron cuando Jesús, el Nazareno, les intimó. Vieron lo que Cristo escribía sobre la tierra con su índice y se fueron.

El partido y el estado

La actitud de la izquierda, del FMLN en particular, tiene que ser de principio. Estamos ante un Estado clasista, se trata de un órgano de dominación, erigido y organizado para ese fin. No puede haber actitudes neutrales ante el Estado. Es más el estado salvadoreño es un estado despótico que ha sido moldeado por los partidos de derecha y la clase oligárquica desde el inicio de la vida independiente.

El FMLN ha estado durante todo un largo período a la defensiva Ideológicamente, haciendo múltiples concesiones, adaptándose a la sociedad, más que tratando de transformarla. Esto significa que poco a poco ha ido perdiendo su calidad de organización revolucionaria y ha ido aceptando y defendiendo compromisos con el sistema de tipo socialdemócrata. No obstante la situación política nacional le impone al FMLN nueva actitud. Las victorias electorales pasadas han creado en el país nueva correlación de fuerzas. Es cierto que no fueron victorias con la contundencia deseada. Sin embargo la situación nacional, como internacional se prestan para una contraofensiva.

Ahora que el presidente y el gobierno van a tener los colores del FMLN, aunque sobre esto se impone un análisis profundo y desapasionado, el papel del partido cambia cualitativamente. Su capacidad de incidir concretamente sobre la sociedad se ha multiplicado. Esto impone cambio de actitudes inmediatas. El FMLN debe de ver desde ahora la sociedad no desde el punto de vista de un partido de oposición, sino que como un partido de gobierno que puede proponer y concretar cambios reales y prácticos en todos los ámbitos de la sociedad.

El FMLN no tiene la mayoría necesaria en la asamblea para gobernar con todo la holgura deseada y necesaria. Esta situación puede tener sus ventajas para el país. Obligatoriamente esto pone de manifiesto el doble carácter que tiene un partido político: como representante de la sociedad en las instituciones del estado y como organización social. Esto reclama distinguir su papel en tanto que partido de gobierno y organización social. Ambas son funciones políticas. Pero tienen que ser delimitadas a la perfección. Esto puede llevar a enfrentamientos. Solamente en donde el partido es confundido con el estado y viceversa, en donde el carácter social de la organización se pierde y se convierte en representante del gobierno en la sociedad, los conflictos tardan en surgir y a veces estallan de manera violenta en la sociedad: esto ha conducido a la desintegración del partido en tanto que representante de la sociedad en las instituciones del estado y en tanto que organización social. Lo vimos en los países del socialismo real.

El FMLN en tanto que organización política debe buscar apoyarse en la población, llevar la discusión al seno del pueblo, obtener apoyo a su propio programa de acción. Pero para esto es necesario que los militantes puedan cumplir con esta función. Para ello la forma actual del partido, su excesivo centralismo, su verticalismo, tienen que dejarle el paso a nuevos modos de funcionamiento, que permitan la iniciativa del militante y el reforzamiento de su capacidad ideológica. El funcionamiento del partido también ha sido infectado del malestar social general, su funcionamiento también ha adolecido de despotismo. Las bases militantes han sido utilizadas por la dirección. La dirección es una función casi hereditaria y no la emanación de la voluntad del partido en su totalidad, los puestos de dirección son ocupados ad vitam y no pueden ser cuestionados. El dirigente es simplemente el detenedor de la verdad. Todo esto tiene que cambiar. Para transformar el país, el partido tiene que hacer funcionar su inteligencia colectiva.

El FMLN tiene también como tarea dignificar la política. Hasta ahora las prácticas visibles e invisibles de la derecha han hundido en el lodo la actividad pública. La política no es considerada como una acción en vista del servicio general, sino que como un oficio de lucro y de corrupción, de intriga y de traición. El FMLN también ha participado en este sistema y no ha salido ileso. El secretismo, el negociado a espaldas de la gente es una de las prácticas mas extendidas en el ámbito nacional. Todo lo que toca a la política es oscuro, sucio, viscoso. En nuestros regímenes despóticos la política ha sido confiscada y se ha convertido en un campo exclusivo de unos pocas camarillas. El pueblo practica la política en los momentos en que es llamado a ejercer el sufragio. En esta campaña el pensamiento popular que fue recogido por las mesas de reflexión convocadas por el FMLN ha sido una práctica innovante, salvo que esto no puede ser considerado únicamente como insumo para que piense la cúpula, los asesores y los técnicos. Este modo de ver las cosas sigue impregnado del mismo modo de funcionar en política y dominado por la tendencia despótica de las instituciones. El partido tiene pues que devolverle el espacio público a la gente para que ejerza todos sus derechos políticos. Los espacios públicos tienen que convertirse en el receptáculo del cuerpo social.

Un ejemplo de esta manera secreta de considerar el debate ha sido las negociaciones de última hora, la madrugada legislativa, en la que se ha tratado de paliar el mal, agregando a la reforma reaccionaria del diputado Parker una frase sibilina que no cambia en la práctica el fondo del asunto. Una reforma que tiene que ver con un problema de sociedad que se ha tenido marginado, sobre el cual no se ha debatido, sobre el que existen tantos prejuicios, no se puede resolver en una siniestra madrugada antidemocrática. ¿Hubo en esto alguna encerrona, un dame y te doy? En todo caso un partido que tenga en alta estima la actividad legislativa y la política en general, que desea transformar la sociedad tiene que poner coto a ese tipo de trueques politiqueros.

Insisto de nuevo, la sexualidad no es un asunto público, pertenece al campo de lo privado. La ley establece justamente los casos en que hay abuso y trasgresión. Nuestras leyes prohiben la violación y las prácticas pedófilas. Pero es un grave prejuicio considerar a los homosexuales como los principales agentes de estos delitos. Se sabe que en la gran mayoría la violación de menores es cometida por personas que pertenecen a la familia próxima de la víctima, personas que tienen por lo general relaciones heterosexuales.

4 comentarios:

  1. Anónimo4:55 p. m.

    Muy bien dicho. Yo pienso que el FMLN se siente bien en ese papel adaptado a los sectores mas atrasados de la sociedad, asi la dirigencia se siente segura de sus puestos. Los diputados derechistas estan por aumentarse el sueldo, el frente da un "gritito" y luego se pegan su "estiron" en la silla y se quedan callados. El frente ya no es un partido revolucionario es institucionalizado.

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  2. NO podría estar más de acuerdo.

    El despotismo se ha convertido en algo tan "natural" en nuestro ambiente, que el que no lo practica es tildado de débil. Es triste, realmente triste.

    Saludos don Carlos

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  3. creo que es correcto llamar de esa manera a la clase política, las actitudes que tienen de doble moral no escapan a la lupa mas pequeña, si no vayan y pregunten a Parker como hizo para sacar a su hijito del alma del escándalo sexual del cual fue acusado, la prensa nacional quien tambien es doble moralista ni siquiera tocó el temita parkeriano; pero bueno, la adaptación del frente no es de extrañar, siempre en las sociedades modernas se enseña que la máscara es mas sana que ser auténtico y honesto, hay que recomendarle a los políticos que se lean "EL MIEDO A LA LIBERTAD" de Erich Fromm, TALVES ALGO SE LES PEGA Y DEJAN DE SER TAN FACHAS, QUE CREO ES MAS CORRECTO QUE DESPOTAS.

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  4. Anónimo6:57 a. m.

    totalmente de acuerdo! excelente artìculo.

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