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20 abril 2007

La Pasión y la Razón: oposición y combinación

Por Carlos Abrego

CALISTO. ¿Cómo, simple? ¿No sabes que alivia la pena llorar la causa? ¿Cuánto es dulce a los tristes quejar su pasión? ¿Cuánto descanso traen consigo los quebrantados sospiros? ¿Cuánto relievan y diminuyen los lagrimosos gemidos el dolor? Cuantos escribieron consuelos no dicen otra cosa.

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MELIBEA. Por Dios, que sin más dilatar me digas quién es ese doliente, que de mal tan perplejo se siente que su pasión y remedio salen de una misma fuente.


Una de las oposiciones que se suele esgrimir y que abunda en la los ensayos es la que enfrenta a la pasión con la razón. La pasión, en nuestra lengua, por lo menos, tiene ya cinco siglos que se acompaña de connotaciones negativas. La pasión ciega, causa arrebato, puede ser diabólica y empaña al juicio. Una de las pasiones que más ha sido tratada es la amorosa. Pero Cupido suelta su flecha para privarnos del dominio de nosotros mismos. No obstante lo curioso es que la passio latina está ligada más a padecer, a sufrir, a la pasibilidad. La pasión moderna es todo lo contrario, es sobre todo inquieta y nos mueve a la acción.

La pasión contiene todavía en nuestra lengua esos significados latinos, la pasión de Cristo es su sufrimiento, su padecimiento. Pero no es esta pasión que se le opone a la razón, sino la que ofusca y que señorea en nosotros. Hay un texto de Luis de Lucena, “Repetición de amores”, escrito hacia 1500, que dice muy bien los estragos de Cupido:

“La quinta propiedad o insignia de Cupido es que trae en la cinta muchos corazones colgados. La causa desto es para significar que los enamorados no tienen poder en sus corazones, mas posséelos Cupido, y dónde él va, allá los lleva. Esto se haze por ser el desseo e amor pasión muy fuerte, y todas las tales passiones tienen condición de sacar fuera de sí al que posseen, no le dexando señorío de sí mesmo; y por quanto el amor es de estas passiones la mayor, fuerza mucho al honbre desamparándole de sí y haziéndole que no tenga querer, ni no querer, mas solo aquello, quiera o no quiera, a que le mueve el desseo, que es Cupido.Y ansí Cupido possee su corazón y no él.” (El subrayado es mío, C.A.).

La pasión aturde los sentidos, nos dicen. Las acciones que se dejan conducir por la pasión nos extravían y nos pierden. La razón por el contrario nos ilumina el entendimiento, nos obliga a la prudencia, nos llama al recato, nos vuelve cautelosos y precavidos.

Apasionadamente contra lo irracional

No obstante esta oposición solo en apariencia es irreconciliable, en realidad la pasión no siempre obstruye los sentidos y nos opaca el entendimiento. La pasión que puede llevarnos a acciones intrépidas en las que el coraje es necesario, puede convertirse en virtud . La sed de justicia, por ejemplo, puede apasionarnos, puede incitarnos a la acción. Pues la injusticia indigna la consciencia y aprieta al corazón. La aspiración a la justicia puede ser tan fuerte como la pasión amorosa y puede perfectamente congeniar con la razón. La indiferencia ante lo injusto es un vicio. Y los que tratan de justificar las desigualdades, acusan la apasionada injerencia de perder la razón ante una realidad que justifican por su simple existencia. Siempre han habido ricos y pobres, nos dicen. Es cierto, pero esta existencia no implica que sea razonable, más bien esta realidad se vuelve atropello a la razón, cuando lo que se pone en juego es la vida misma. No es racional, no obedece a la razón, que pudiendo poner coto a la desnutrición infantil, causa de muerte prematuras, por ejemplo, se le llame utopía a la apasionada aspiración por un reparto equitativo. Eso no ha existido nunca, ni existe en ninguna parte. Pues esta realidad actual es simplemente irracional. La pasión que pretende acabar con un mundo que acongoja a las madres, que fustra sus sueños más preciosos, no podemos atribuirle una rotunda oposición a la razón.

La razón y la pasión conceptualmente son externas, no forman una unidad íntima. Cuando digo externas me refiero a que cada una puede pensarse separadamente y ambas admiten la existencia de la otra, sin que una implique la destrucción de la otra. Podemos pues exigir que lo que hasta hoy no ha existido, exista y podemos hacerlo apasionadamente y valiéndonos de la razón. El mundo que existe admite e impone por la fuerza individuos que no logran ser libres, a los que se les obliga a vivir necesitando lo que es esencial para sus vidas.

La razón y la pasión no son antagónicas. El antagonismo exige, implica la destrucción, la desaparición de su contrario, mientras que pasión y razón pueden incluso combinarse, asociarse. Pueden también existir separadamente, pueden también oponerse, es cierto, pero se trata solamente de eso, de una oposición y no de una contradicción.

5 comentarios:

  1. Chichicaste7:58 a. m.

    Dificil tema para abordar.

    Comprensible desde el momento en que las emociones tambien son fuente de fuerza, pero no de razonamientos.

    Una madre puede dar la vida para salvar la de su hijo/a, pero para el observador frío, seria un desperdicio que pierda la vida, pero para la mujer en ese momento, las emociones superan el instinto de conservación, y la eleva a un acto valiente para salvar la vida del hijo/a.

    Causa dolor la muerte, y es el razonamiento, y la ciencia la que en la medida que ha aportado para combatir las enfermedades le da una solución.

    Y de principio, fue la emoción ante las enfermedades la que fue fuente de fuerza para combatirlas.

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  2. Chichicaste, gracias por la visita. Mirá —yo voseo fácilmente— no calificaría de frialdad, la cualidad de un tipo que deja perecer a una persona. Me hablas de un “observador frío”, tal vez sería un “observador indiferente”. La abnegación de alguien que pretende salvar una vida, va acompañada siempre de un riesgo. Este altruismo es el que nutre las acciones heroícas, que para muchos se han convertido en banales, como es la intervención de salvavidas, bomberos y muchos otros. Pero el sacrificio de una madre no puede “observarse fríamente”. No me he puesto a jugar con tus palabras, ni a buscarle a tu ejemplo algunas pulgas. En el caso del bombero, por ejemplo, el cálculo, la pericia, el entrenamiento pueden limitar el riesgo y en esta preparación antes de la acción, hay uso de la razón, no obstante no podemos negar que su abnegación es total. La abnegación no siempre es apasionada.

    Los esposos Curie, Pierre y Maria, se entregaron apasionadamente a la ciencia, la sed de conocimiento los hizo exponerse a radiaciones —entonces se ignoraba su peligro— pero este ejemplo es el primero que se me ocurre del matrimonio de la razón y la pasión.

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  3. Chichicaste5:03 p. m.

    Depende de la forma consciente en que se actúe.

    Claro, El ejemplo del observador "frío" ante el evento tiene muchas otras justificaciones al no actuar, puede ser que su estado de conciencia no este tan despierto. O puede ser que este tan despierto al darse cuenta que al calcular el riesgo concluya que los dos pueden morir en el intento.

    Para la madre en ese momento, solo hay dos posibilidades, cuenta con el recurso del razonamiento, se puede percibir que posiblemente aunque el riesgo de perder la vida sea alto, también ella mida la posibilidad mínima de salvar al hijo.

    Aunque puede ser existir la probabilidad de no actuar ante su incapacidad de no poder salvarlo. En este caso, colocamos a dos actores en una contingencia extrema.

    En el caso del ejemplo de los dos científicos, creo que solo por el mismo conocimiento se logra el mínimo riesgo, si los esposos Curie hubieran sabido que las radiaciones provocaban algún daño hubieran diseñado alguna tipo de equipo anti – radiactivo. De todos modos no dejaron de ser apasionados por la investigación.

    En los ejemplos expuestos, surgen las preguntas:

    Cristóbal Colón, en algún momento de su viaje hacia un lugar desconocido, fue movido por la convicción de que encontraría algo, un enclave de tierra, sin saber lo que le esperaba, siguió con el rumbo, lo único que lo motivaba posiblemente era una mínima fe científica de que no llegaría a una caída de catarata, como suponían algunos, y asi, bajo esa convicción sin tener fundamento siguió el rumbo, pese a que el resto de los tripulantes, deseaban girar y regresar.

    En los ejemplos expuestos, surgen las preguntas:

    ¿Que grado de pasión le permite al ser humano tomar el riesgo y hacer actos que para la razón podrían ser cuestionados como un peligro?

    ¿Donde domine mas la razón sobre la pasión?

    ¿O los dos elementos que resultan y preparan esa causa?

    Advierto que las dos van de la mano.

    Y en tanto advierto también que el escrito, en si aborda la igualdad como una aspiración humana, los que parecen que critican esta postura, no advierten en la paradoja misma que los lleva a perder su propia humanidad.
    La infelicidad de perder dinero la tienen los que lo poseen, y en tanto, la mayor tragedia del pobre es la de aspirar a superar la desigualdad por ese ese mismo que reproduce mas de lo mismo, para entrar a esa paradójico y ciclo.

    ¿Que pasión y razonamiento nos llevara a romper con nuestra auto-destrucción?

    Saludos.

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  4. El ejemplo de la madre que sacrifica su vida pertenece a otro campo: la abnegación. Se trata justamente de la renuncia o sacrificio que hace alguien de su propia voluntad de sus afectos o de sus intereses por altruismo. La misma actitud de la madre puede adoptarla un bombero un salvavidas. Y puede hacerlo sin que intervenga la pasión. Es en esto donde reside nuestra discrepancia, en la clasificación del hecho.

    Recibí un atento saludo,

    Carlos.

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  5. Chichicaste12:41 p. m.

    He estado un poco ocupado y no había regresado al tema.

    Gracias por la explicación.

    Dificil es que exista la abnegación de una madre sin un grado de entusiasmo o digamos pasión hacia un hijo/a

    Pero si creo en el caso de un bombero o un salvavidas puede ser que para realizar sus actividades no lo haga con pasión.

    Lo mismo se da con el trabajo (broma) ;-)

    saludos.

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