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05 octubre 2018

Movimiento social o mundillo politiquero

A sabiendas de que las próximas elecciones presidenciales no cambiarán en nada el panorama político actual, se vuelve urgente pensar el futuro político nacional en vistas de emprender una lucha de transformación social. Aunque muchos cifran vanas esperanzas en el candidato de GANA, Nayib Bukele, como fruto de un espejismo, de una ilusión hábilmente preparada y producida por su equipo y algunos de sus allegados, todo seguirá igual, la política social y económica continuará sirviendo los intereses de la casta oligárquica salvadoreña.

La honda decepción que han producido en los ciudadanos las gestiones de ARENA y del FMLN, el hartazgo de ver siempre las mismas caras corroídas y ahora la copa ya repleta se le agrega el ribete de varios sonados casos de corrupción en las altas esferas del Estado, principalmente la más honorable, la más encumbrada, la presidencia de la república.

La corrupción no es nueva, apenas si se ha vuelto más descarada, más abierta. Los dos primeros presidentes de ARENA se apoderaron de algunas empresas del Estado bajo la cobertura legal de los procesos de privatización, los tres últimos presidentes se han servido copiosamente de la famosa “partida secreta” Es en este trasfondo que surge Nayib Bukele. Su figura cobró relevancia a través del oportunismo de los dirigentes del FMLN, pues solamente por sus contactos, por sus empresas de publicidad lo admitieron en el partido y lo presentaron como su candidato a la alcaldía de Nuevo Cuzcatlán, ninguna experiencia, ni militancia política, apenas su pertenencia a una familia y a una clase social, además de su juventud; según el cálculo de la cúpula efemelenista esta maniobra politiquera les doraría la carcomida fachada de su partido. Ya habían intentado esta misma maniobra con Mauricio Funes. En ambas fracasaron. Bukele entró al partido con la mira desde entonces en la presidencia de la república. Más o menos como el “Pibe de Oro” , que soñó muy temprano en participar en un Mundial y ganarlo. La gran diferencia es que Maradona era un genio del balón, mientras que nuestro opaco cipote nunca pudo terminar el primer año de ninguna facultad. Los cupuleros a puras penas contuvieron su ardores en las elecciones pasadas y le ofrecieron como premio de consuelo el puesto de alcalde de la Capital.

Salió Bukele a la palestra como el “Llanero Solitario”, a combatir implacable a la cúpula misma de su partido (al que varias veces olvidó que era el suyo y que incluso una vez la entonces Secretaria de Organización, la diputada Guevara, tuvo que refrescarle la memoria). Se apoyó muy astutamente en la creciente protesta y total descontento de miembros y del electorado del FMLN por el incumplimiento de muchas promesas y de no emprender nada que llevara a la anhelada transformación del país. Varias veces les reprochó el abandono de los antiguos ideales y principios. La prensa de derecha le ayudó más de lo que pudo, sirviéndole de caja de resonancia y convirtiéndolo en una figura de envergadura nacional, la prensa ante todo perseguía perjudicar al FMLN y fue creando poco a poco un peligroso concurrente electoral al parido de derecha. La dirección del FMLN adoptó la misma actitud que tuvo con Funes, calló y consintió al agitado y agitador alcalde. Y como aquellos que se duermen en la misma cama de los niños, muy mojados amanecen, eso les aconteció a los experimentados exguerrilleros. No voy a repetir el episodio de la manzana, que no alude a la mítica de Pandora, sino que a la burlesca de los infantiles cuentos de brujas. Recuerdo, por el final de la hazaña, que nuestro ilusionista se presentó como el gran enemigo de la partidocracia y enemigo de toda corrupción. Ahora lo vemos en el partido de Tony Saca y de otros corruptos, en uno de los peores partidos de la politiquería nacional.

¿Por qué Bukele?

La rocambolezca entrada de Bukele a GANA le ha desteñido el traje de paladín y su popularidad ha decaído lo suficiente como para que haya segunda vuelta en las próximas elecciones. Sin embargo este episodio en sí poco resplandeciente, tiene que detener nuestra atención, no por los protagonistas principales, un candidato de ARENA insulso, inculto e incapaz, que no reniega de los crímenes de su partido y que trata de justificar con su paupérrima oratoria; tampoco vale la pena hablar del candidato saltarín del FMLN, que también vive del pasado, a pesar de su afán de representar la modernidad. Vale la pena detenerse en este episodio por la fulgurante ascensión en la escena política nacional de un ilusionista y mentiroso. Preguntémonos, cómo ha sido posible en un país, que llevó adelante una lucha para la liberación nacional, que llevó a cierta altura la reflexión política, que adquirió el respeto y la admiración internacional, sí, ¿cómo es posible que un charlatán pueda imponerse como una opción política?

Paremos mientes en el hecho de que poco o casi nada se habla durante este tiempo de los problemas económicos, sociales y culturales del país. Al contrario lo que vemos es la radicalización del liberalismo del partido en el poder, el FMLN. La medida faro del último año de gobierno es la creación de una nueva y extendida “zona franca”, es con este tipo de medidas liberales que quieren redorar el abollado blasón y derrotado en las últimas elecciones. La derecha nos prepara el abandono de la distribución del agua a la empresa privada y un retorno a sus nefastas prácticas del pasado. El desencanto de los salvadoreños es profundo y justificado. Al mismo tiempo afuera de este mundillo politiquero, que ocupa la totalidad del campo político, tenemos el vacío. Pues afuera de este mundillo los ciudadanos no tienen otra cosa que abstenerse o anular el voto. Estos actos o no actos políticos pueden servir apenas para manifestar el descontento, para protestar, pero no contienen en sí algo positivo que apunte hacia alguna salida.

El sistema no ofrece soluciones

Un primer paso en nuestra reflexión consiste en demostrar la total imposibilidad de encontrar una salida a los problemas nacionales al interior del sistema político vigente, en este sistema de democracia representativa que se practica en el país. Sin embargo no se trata de pensar que el problema reside primordialmente en el mal uso de un sistema que funciona en otras partes, no se trata pues de nuestra idiosincrasia, de nuestras costumbres, de nuestro modo de ser, globalmente el sistema funciona correctamente en el país, tenemos las mismas instituciones que en cualquier otra parte, tenemos las leyes compatibles al sistema, las organizaciones sociales y políticas que se necesitan para hacer funcionar el sistema. Muchos de los defectos nuestros los adolecen también otros países, en donde existen los mismos desperfectos y las mismas corrupciones, apenas si el envoltorio ideológico y la maquinaria mediática son más perfeccionados. También en Europa vemos ministros en la cárcel por diferentes chanchullos, partidos que entran en crisis y están a punto de desaparecer, políticas que se deciden y se ejecutan por influencia de grupos de presión ajenos a las instituciones del Estado y financiados por los grandes consorcios multinacionales. En estas prácticas se acumulan toda suerte de trueques y prebendas. Tampoco podemos negar que nuestras instituciones políticas y republicanas estén cargadas con nuestras propias herencias históricas y agravadas por el carácter despótico de nuestro Estado oligárquico.

Este sistema funciona y cumple su papel para los fines que fue creado, para el beneficio de la clase que domina la sociedad. Este sistema se asienta en una ilusión que encierra la etimología de su nombre: democracia. Surge este sistema con la ausencia de su principal protagonista, el demos (pueblo) no existe realmente en las esferas del poder. Fueron muchas las “reparaciones” que se le aplicaron al sufragio, desde el censatario hasta el universal, la participación popular fue creciendo, no obstante el pueblo siguió ausente del poder. La desilusión también es universal, la participación popular en las elecciones vuelve a disminuir constantemente en todo el mundo, salvo en aquellos países en los que la participación la volvieron obligatoria.

Esta simple constatación debe alertarnos sobre los peligros que conlleva buscar remediar nuestra situación nacional a partir del sistema mismo. No podemos en absoluto pretender reformar el sistema desde adentro, pues para ello sería necesario cambiar el objetivo mismo del sistema, su función. El sistema funciona acorde a su función, por consiguiente nuestros objetivos políticos no pueden encerrarse dentro de un marco que se opone y contradice los intereses populares. Las soluciones no están al interior del marco político existente, obligatoriamente éstas se encuentran afuera, en otra parte. El problema no es simplemente espacial, esa “otra parte” es también conceptual, concierne profundamente nuestra manera de pensar lo político, el quehacer político. Nuestras actividades deben desarrollarse en un terreno mucho más amplio, un terreno que también contiene al campo político existente, se trata de toda la sociedad. Es al interior de todas las actividades de nuestra sociedad en la que hay que introducir la política, pero no la politiquería existente, sino que una política que estamos obligados a inventar.

Al mismo tiempo nunca se parte de cero, tenemos la experiencia de nuestra historia con varios intentos de superar y resolver la precaria situación de vida de la gente de nuestro país. Es cierto que por el momento tenemos ante nosotros más fracasos que triunfos, esto no lo podemos ocultar. Sin embargo se puede aprender mucho de las derrotas sufridas, si tenemos la lucidez de analizarlas con toda objetividad.

Las circunstancias en que actuamos nos fueron impuestas, el hecho mismo de emprender algo contra la dominación hegemónica de la oligarquía, eran también intentos de crear nuevas circunstancias. Incluso se intentó por la lucha armada destruir por completo la dominación oligárquica y su Estado con su sistema político. Esta lucha obligatoriamente se situó afuera del marco político existente, se le oponía, lo contradecía. Pero al mismo tiempo este tipo de lucha también se nos impuso por las circunstancias, por la voluntad ajena, por la ausencia de “libertades democráticas”, los objetivos que se plantearon entonces eran ambiciosos, tal vez superaban lo que era posible. Lo que se logró por las armas es lo que tenemos ahora y que ahora se nos presenta como inaceptable, pues como lo hemos visto, no se pueden resolver los problemas nacionales dentro de lo existente. Al mismo tiempo se trata de un logro político no desdeñable. Si es cierto que la vida cotidiana no ha cambiado mucho, que la violencia impera en nuestra sociedad, violencia multiforme, la que se ejerce en los hogares, en la calle por muchos agentes, incluyendo aquí las mismas fuerzas del orden y las maras, la que ejerce siempre el Estado con todas y en todas sus instituciones. Esta violencia brutal la vemos en los tantos casos de nuestras muchachas que son condenadas a inhumanas penas de cárcel por el simple señalamiento de haber abortado. Estas condenaciones contrastan con la clemencia que se muestra hacia los poderosos que violan todas las leyes. Muchos, demasiados delitos se quedan sin ser ni siquiera investigados. Recordemos lo que Monseñor Oscar Romero llamaba la “violencia institucionalizada”.

Compartir nuestras ideas

Y no obstante esta violencia, la ausencia de cambios substanciales en la vida de todos los días, podemos ahora reunirnos, podemos ahora compartir nuestras reflexiones, podemos publicar y difundir nuestras ideas sin temor y sin las amenazas de muerte que durante décadas pesaron sobre nosotros. Por primera vez vivimos en el país una situación en la que la parte popular puede expresarse. Tampoco idealicemos lo que acabo de señalar, recientemente el expresidente ladrón confeso, Tony Saca, cuando ejercía su mandato reprimió y encarceló activistas que defendían el agua y el medio-ambiente y se oponían a la minería metálica a cielo abierto. Lo que significa que esta relativa libertad es también precaria como la mayoría de los aspectos de nuestra vida social.

Volvamos de nuevo nuestra mirada hacia atrás, tuvimos una experiencia enriquecedora, los movimientos sociales de los años setenta fueron reales invernaderos de ideas y prácticas nuevas. Estos movimientos sociales de lucha acogieron en su seno distintas organizaciones, sindicatos, comités e individuos, reunificaron las luchas y fueron creando una correlación política en la sociedad que tuvo amplias repercusiones. Estos movimientos fueron golpeados por las dictaduras sin ningún miramiento, fueron desacreditadas, acusadas de un sinfín de perversiones. Y a pesar de ello lograron sobrevivir y actuar. Paradójicamente fue en este último período de nuestra historia que los movimientos sociales desaparecieron de hecho. Sin que desapareciera la necesidad socio-política que las hizo surgir. Esto también es un hecho que merece que en alguna ocasión lo estudiemos detenidamente.

Señalemos dos momentos que nos parecen importantes, estos movimientos sociales no gozaban de total autonomía, dependían de partidos políticos u organizaciones guerrilleras. Esta dependencia concernía los contenidos de sus demandas, el momento de sus acciones y en general la concepción política general de estos movimientos se pensaba fuera de ellos mismos, sus estructuras organizacionales también fueron transferidas de los partidos y de organizaciones guerrilleras, con el mismo tipo de jerarquía y compartimentación. En otras palabras se les impuso un funcionamiento verticalista y un secretismo conspirativo. Es evidente que estos aspectos no surgieron independientemente del funcionamiento de la sociedad y de su sistema político represivo. Recordemos las masacres, las invasiones de cantones, la represión sindical y de las organizaciones sociales, etc. El peligro de muerte que corrían los militantes y activistas era permanente. Este peligro de muerte se hizo efectivo en miles de casos, la represión no discriminó a nadie, no tomó en cuenta ni edad, ni sexo, ni rango social.

El otro aspecto viene ligado al precedente, se compenetran. Se trata de que los movimientos sociales no pudieron pensar su “exterioridad” respecto al campo político dominante, su oposición era frontal, pero sus acciones, su propaganda, sus proposiciones no salían del cuadro institucional impuesto por la oligarquía. Oscilaban entre un extremo al otro, por un lodo enarbolaban consignas revolucionarias y de transformación social y por el otro lado la gran parte de sus propuestas eran apenas reformistas (hubo también propuestas de transformación económica y social radicales). Este último aspecto señala con abundancia sus límites políticos y reflexivos. Por supuesto que este vaivén ideológico era inevitable dada nuestra propia historia, como la historia continental y mundial. Algunos puntos que ahora se señalan aquí era imposible percibirlos en aquel entonces, porque muchas reflexiones actuales toman en cuenta la misma historia y se han enriquecido por la experiencia misma.

El ejemplo del agua

La exterioridad de la que hablamos aquí no significa una cómoda salida hacia un limbo teórico, hacia una permanente reflexión, ni tampoco un desinterés del acaecer diario en nuestra sociedad. Al contrario es urgente ligar indisolublemente la acción y la reflexión, ambas son necesarias. Esta exterioridad tampoco es una total desatención de lo que sucede en el campo político existente, pues lo que se decide allí concierne la vida de los ciudadanos, va a determinar el presente y el futuro del país. Por lo general lo que se decide de primordial en el poder ejecutivo, como legislativo son medidas que empeñan la vida y futuro del país. Medidas positivas para la gente hay que buscarlas con lupa y por lo general son de poco peso, son migajas para contener las protestas a un nivel soportable de gobernabilidad. Si tomamos el ejemplo del agua. El viraje tomado por esta cuestión tan vital se planteó contra la privatización del agua, no obstante esta riqueza natural no puede ser privatizada por la ley misma. Pero sí se le puede entregar a sociedades privadas su tratamiento comercial, darles la administración de la extracción, su distribución, su embotellamiento. Los peligros para la comunidad nacional son grandes, no se trata de un simple aumento del precio, sino también del control sanitario del agua que se nos vende, de su cuidado y de su reparto equitativo. Los distribuidores pueden perfectamente privilegiar la exportación pues hay países que están dispuestos a comprar caro este líquido vital, ya sea porque en sus territorios escasea o porque tienen suficientes recursos como para importar y despilfarrarlo. Este despilfarro existe en nuestro país en las piscinas de las mansiones, la que sirve para regar jardines privados, mientras no hay suficiente agua para regar cultivos en momentos de sequía o no. ¿Puede una empresa privada tener como preocupación el uso que se le va a dar al agua? Las empresas privadas no reparan en este tipo de consideraciones, su objetivo son las ganancias, la mayor ganancia posible. El uso presente y futuro del agua tiene aspectos de civilización, concierne la supervivencia de la humanidad.

Lo que está planteado para el interés del país no es la entrega del agua al interés privado, sino que la consolidación, desarrollo y modernización de la empresa estatal, ANDA. Este problema, puntual en apariencia, encierra un sinfín de otros, en primer lugar la capacidad de los movimientos sociales de alertar a toda la población del peligro que se corre, sensibilizar a toda la población, pues somos todos los que urgimos que este recurso sea preservado y bien distribuido. Se trata pues de un problema de sociedad o si prefieren de un problema de nación. Pero para un movimiento social la lucha no se para en la sensibilización de la población, sino en movilizarla para obtener satisfacción de las exigencias. Hay otro aspecto que se impone al movimiento social: pensar en la función de un organismo estatal como ANDA, como volverlo en realidad una pertenencia del pueblo, cómo darle al pueblo la posibilidad de ejercer control directo de su bien. Con el desarrollo de las luchas, si estas se despliegan, irá apareciendo la necesidad de crear “consejos” o “comités” locales de control y gestión del agua. Una tarea debe de ser la obtención del derecho de controlar la gestión global de ANDA.

Las proposiciones que ahora se discuten no toman en cuenta a la sociedad salvadoreña en su totalidad, la composición misma de los organismos propuestos lleva adentro, hasta la médula de sus huesos la ideología dominante, son organismos con conceptos de jerarquía y verticalistas, en los que la representación de los empresarios es predominante. Proporcionalmente su número no corresponde al peso poblacional, ellos son una ínfima minoría. Se les entrega esa predominancia numérica por una pretendida idea de su importancia económica, esta consiste en que son los dueños de los capitales. La clase capitalista ha impuesto la idea de que su existencia es imprescindible, que sin su existencia el país no funcionaría, que la economía nacional renquearía, que son ellos el “motor” del país, como dijera el “revolucionario comandante Leonel”, ahora presidente de la república. La economía nacional está como está por la incompetencia de esa gente, su su voracidad, por su actitud rentista y parasitaria. La gestión de sus capitales constituye la traba más grande para el desarrollo del país, mientras que el trabajo de los asalariados es el que pone en movimiento esos capitales y los valorizan. Sin la fuerza de trabajo esos capitales son materia muerta. Pero la idea dominante es que los capitalistas son buenos administradores, pero sobre todo que el interés de su capital es nuestro interés común. Nos han obligado a pensar que el destino del país depende de esos capitales privados y que el interés de la nación se identifica con el interés del capital.

Esta batalla por el agua va ser dura, pues recordemos que un desfalco de ANDA por su expresidente Perla, fue de 50 millones de colones. Ese dinero no era, de lejos, la totalidad de lo que percibe esta institución, fácil es imaginarse el apetito y codicia que despierta la administración del agua entre los empresarios.

Para los partidos políticos en presencia en la palestra politiquera, este acucioso problema es apenas un tema de la propaganda electoral y para uno de ellos, ARENA, un aspecto de su misión de servirle lo mejor posible al capital privado, sin importar las nefastas consecuencias de entregarle la gestión de un bien público. El capital tiene pocos escrúpulos, varias catástrofes ecológicas han sido la consecuencia de negligencias debidas a la búsqueda del mayor beneficio, en estos momentos podemos ver que las grandes compañías de productos químicos persisten en vender pesticidas que introducen en nuestra alimentación perturbadores endocrinos y causa la creciente mortandad de las abejas, los ejemplos abundan.

El movimiento social con sus actividades y sus reflexiones siempre irá más allá de los partidos políticos, cuyo objetivo principal es llegar al poder, al poder tal cual existe, tal cual funciona, guardando su esencia de eje central de todo el engranaje estatal en beneficio de la clase dominante.

Independencia del movimiento social

La exterioridad del movimiento social también consiste en su independencia de cualquier interés partidario, su funcionamiento es político, tiene su propio ritmo, no se deja imponer agendas, ni calendarios por el mundillo politiquero, ni por los medios de comunicación de masas. El movimiento social con sus movilizaciones puede invertir las decisiones tomadas por el gobierno y la asamblea, puede imponer otro tipo de soluciones a los problemas sociales planteados. Su terreno, hay que insistir, es toda la sociedad. Su reflexión y quehacer deben penetrar todas las instancias en las que es necesario tomar decisiones políticas. El ejemplo del agua es un indicativo, pero existen otros de igual importancia, por ejemplo, la escuela. Este asunto es asimismo polifacético, en el que interfieren varios protagonistas, en primer lugar los niños, sus profesores, los padres de familia y el gobierno. Los sindicatos de maestros han limitado su actividad a meras reivindicaciones corporativas, poca atención le han prestado a su propia preparación profesional y formación permanente. Es urgente tomar consciencia de que el nivel cultural e intelectual de los profesores condiciona en mucho el desarrollo mental de nuestros jóvenes. Esto hay que tenerlo presente ya que al hablar de reformas educacionales, no se trata solamente de los contenidos de los programas, sino que también de la preparación de los que van a enseñarlos. También es necesario hablar de los aspectos materiales, salarios, edificios, instrumentos, etc.

Los padres de familia tienen que organizarse en asociaciones por escuela, por barrios, ciudades y en todo el país. Los padres tiene que ser asociados a todo lo que pasa en las escuelas, ser informados de los problemas que encuentran las escuelas para realizar su misión educativa, etc. Los profesores y los padres no deben entrar en contacto únicamente en relación a algún problema, tampoco sus encuentros deben tener lugar bajo el signo de la oposición y la confrontación.

Es inútil señalar la importancia del problema escolar, de él depende en mucho el desarrollo del país. Pues es la escuela la que determina el nivel cultural general del país, de su nivel técnico, científico. El movimiento social no puede dejar de lado este aspecto de la vida social, tiene que tomarlo globalmente y luchar para que los gobiernos lo vuelvan realmente una prioridad nacional, consagrándole un presupuesto consecuente, tomar las medidas adecuadas y adoptar las leyes que se imponen. Aquí deben de aparecer nuevas instancias como reuniones de padres de familia, reuniones de profesores y padres de familia, conexiones directas entre las instancias oficiales del gobierno y ambos sectores, profesores y padres. Se trata de nuevas instancias políticas que amplían la participación ciudadana. Como se nota no se trata pues solamente de luchar por los edificios adecuados a la enseñanza, por las aulas con todo el equipo didáctico necesario. Apenas hemos esbozado este gran terreno de luchas y de encuentros. Su valor es tal que al abordarlo nos damos cuenta de que el destino de la nación está íntimamente ligado al de la escuela. Hay aspectos que no se han tocado como son la laicidad, la gratuidad universal, etc.

Estos dos grandes temas, que debe asumir el movimiento social, nos muestran el despliegue de toda una panoplia de problemas a tratar y a profundizar. En este escrito no podemos ni siquiera enumerarlos todos. Esto mismo pone de manifiesto que las tareas de un movimiento social no pueden confundirse con lo que se proponen los partidos actuales y lo que les proponen a los ciudadanos, ir a cada tanto a depositar un boletín en las urnas, ocuparse de algunos problemas bajo el aspecto de simples promesas electorales. Las tareas del movimiento social requieren un trabajo y una reflexión permanentes. La gran diferencia es que la existencia de un movimiento social es la invitación a cada individuo, a cada ciudadano a convertirse en actor directo del destino del país, mientras que en el sistema político actual el ciudadano es apenas un espectador de una función circense grotesca, pero con el agravante de que los electores se vuelven cómplices de su propia estafa. Las elecciones sirven para legitimar el uso y usufructo del poder gubernamental por parte de los partidos políticos y de todo el mundillo politiquero. Al mismo tiempo que todo este espectáculo tiene también un objetivo ideológico, hacer creer que los electores están representados en el poder, que los gobernantes y diputados son apenas sus delegados, pero en realidad son y se comportan como los dueños.

Este movimiento social, con todas las organizaciones que lo van a conformar, no va a surgir de repente como una milagrosa aparición, para que aparezca y dé sus primeros pasos, es menester un trabajo paciente y abnegado, urge armarse de mucha paciencia y evitar toda precipitación. Obligatoriamente los promotores serán un grupo restringido de militantes que asuman la responsabilidad de darle forma inicial a este movimiento. Su entrega y convicción tienen que ser totales. En esto se necesita inventiva e imaginación, pues no se puede repetir lo existente, ni los viejos y caducos modelos de partidos y organizaciones que fracasaron y que han llevado a los trabajadores a callejones sin salida, a repetidas derrotas. Sobre este tema hay mucho que estudiar y discutir. Trataremos en otra ocasión este tema.

Para concluir es necesario señalar que este modo de acción o de considerar las acciones tienen un aspecto nuevo, se trata de acciones que apuntan a reapropiarse lo que de suyo le pertenece a la gente, a los trabajadores. Esta reapropiación tiene que producirse en los hechos, en la realidad y asimismo en la mente de las personas. Se trata de participar activamente en la gestión, por ejemplo de ANDA, conquistar este derecho, se trata también que una gestión abierta hacia la gente es más eficaz pues realiza los intereses de la comunidad y esto de forma directa, sin superfluos intermediarios. Esto implica convencer a la mayoría de ciudadanos, de los beneficios que se adquieren al poder controlar directamente la gestión de la cosa pública y de poder deliberar cuáles son las mejores soluciones. Esto lleva a un cambio de mentalidad, porque participar en esta gestión requiere entregar su tiempo por el bienestar de la comunidad y forzosamente se adquiere la íntima convicción de que se ejerce un derecho legítimo.

5 comentarios:

  1. Es uno de los mejores análisis que he leìdo en los últimos tiempos. Retrata la realidad a todo color.

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  2. Largo y tedioso... y nunca aterrizó en algo medianamente situado. Lleno de lugares comunes no puede ser reflexivo por repetitivo de cualquier otro folleto de una marcha callejera.

    Venía a leer el componente de entregar el poder al pueblo en un sentido latinoamericano y me quedo con que nunca se propuso abordar eso...

    Qué puede aportar revisar a un candidato que según esto no tiene nada, pero ha generado un Movimiento. Inútil comparar con la década de 80s... no es la misma sociedad.

    Punto.

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    1. Enrique Trigueros, no me sorprende tu reacción, ni tu incapacidad de ver lo distinto, lo absolutamente diferente de mis proposiciones de apoderación, no sólo de las acciones reivindicativas, sino de la administración directa por la población de lo que le pertenece. Claro que viniste a buscar un recetario y te tomaste con proposiciones de lucha, muy distintas a ir a las urnas a depositar una papeleta. Pensaste que iba a hablar de “entregarle el poder al pueblo”, pero lo que propongo es la disolución de ese poder dominante de una clase social sobre el resto de la sociedad.

      Por supuesto que alguien que cifra sus esperanzas en un mesías, en un hombre providencial, le cuesta ver la capacidad intelectual de los individuos. Este tipo de acciones, en las cuales es necesario apoderarse de todos los aspectos de un problema, de analizarlo, de confrontar las opiniones y análisis ajenos con los propios, de emitir juicios y soluciones, en fin de poder deliberar sobre él, todo esto es muy distinto a asistir pasivamente a reuniones, o a ver vídeos o a estar presente en mítines en la que los individuos son parte de una masa amorfa, pero obediente y algunas veces fanatizada.

      Claro que es posible que luego me digás ¿dónde has visto eso? Y me dirás eso no existe en ninguna parte. Es cierto, lo que domina en las sociedades capitalistas es todo tipo de alienaciones, donde los individuos se enfrentan a poderes ajenos, a poderes monstruosos que nos aplastan a todos. Lo que propongo es un camino, una veredfa para salir de ese mundo de ríos estancados.

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  3. El muchacho es de esos milenials que lo que hay es producto de la casualidad y no obra de luchadores sociales, es típico esa mención de folleto de marcha callejera. Don Carlos nos plantea que el pueblo el que debe hacer política y no entregarla a los representantes pues ¿que nuevo hay entregarla a un Mesías y sus anecdotarios que solo dan vuelta a la perdiz??

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  4. ""Venía a leer el componente de entregar el poder al pueblo en un sentido latinoamericano"""...QUÉ CLASE DE PAYASADA LA DE ESTE MECHICA. COMO SI EL JUEGO ELECTORAL NO FUERA BURGUÉS EN SU ESENCIA COMO PARA ENTREGARLE EL PODER AL PUEBLO.

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