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05 julio 2011

De nuevo platicando con Alvaro Rivera

En estos días estuve interrogando a un columnista de Contrapunto sobre algunas de sus afirmaciones y sobre todo le demostré ampliamente que lo que afirmaba sobre K. Marx era falso. Le dije y se lo vuelvo a repetir, que habla siempre de un “marxismo ortodoxo” pero concretamente no nos dice quiénes lo practican, ni cita un solo postulado de ese marxismo, por lo menos así supieramos concretamente a qué se refiere exactamente. En esto residen mis objeciones a lo que escribió en un artículo en que según dice el quiere “ver socializada la discusión sobre los asuntos públicos”.


Porque no se puede realmente discutir con alguien que a pesar de responder en “los comentarios”, no me aporta ninguna respuesta sobre estos cuestionamientos. En su largo artículo no produce tampoco respuesta sobre lo que lo he cuestionado, en vez de eso se lamenta de no sé qué “caja de lustre” que he sacado en nuestra discusión, parece que el hecho de vivir en Francia y de estudiar el marxismo me hubiere obligado a olvidar su manejo. Cualquier salvadoreño, sabe que sacar a relucir ”la caja de lustre” es ponerse a insultar a alguien. Pues esto es simplemente falso. Una simple mentira y no veo para qué lo dice. Pienso que tiene mejores argumentos para tratar de salir parado en una polémica. Pues se preocupa de bostezar libracos de retórica.


No obstante voy al centro de nuestra discusión: hay dos puntos importantes, el primero es lo que afirmaba de Marx y lo otro es un recuerdo que le hice de su apasionada defensa de la socialdemocracia y los bandazos que da en sus posicionamientos políticos. Voy a poner aquí mismo lo que afirma, cosa que él no hace y esto que los comentarios en Contrapunto tienen que ser cortos.


“Veamos mi razonamiento y la crítica que Ábrego le hace: “Pero de haber sido un actor importante de la gran lucha de clases, cosa que sí fue Lenin, Marx habría enfatizado el aspecto positivo de su pensamiento”. De la primera frase de mi argumento (que Marx no fue un actor importante en la gran lucha de clases), Ábrego deduce que yo ignoro la experiencia política de Marx y que, por lo tanto, no sé nada de marxismo. Yo no niego esa experiencia, lo que hago es cotejarla con la de otro gran líder revolucionario. Quizás me excedí al valorar la trayectoria militante de Marx, pero eso no invalida mi juicio de que la biografía política de Lenin fue mucho más importante que la del gran barbudo de Tréveris. Lenin fue el inspirador de un fenómeno político que marcó el destino de millones de personas en el siglo XX. Pero no es eso lo que a mí me interesaba recalcar, sino el hecho de que la magnitud de los desafíos que Lenin enfrentó (derribar un Estado y construir otro) lo condujo a plantearse de modo más urgente y sistemático los problemas de “la política” en el marxismo. Lenin no se detuvo en la negación del sistema capitalista, fue más allá, se entregó al proyecto de levantar la nueva sociedad. Marx, por diversas razones, no desarrolló una teoría sistemática sobre el Estado y evitó “teorizar” sobre el socialismo; Lenin no tuvo más remedio que abordar los aspectos positivos de la política radica”.



Como ven, Alvaro se encarga de traducir mis reproches, no me cita, no dice lo que escribí. Lo voy a decir de nuevo. De lo que afirma se deduce —sin esfuerzo mental excesivo— que minimiza la actividad política de Marx. Cuando dice “de haber sido un actor importante de la gran lucha de clases”, ¿acaso no está diciendo que no lo ha sido? ¿Me equivoco acaso? Pero además de ser el gran creador del pensamiento que sigue marcando hasta hoy la vida política y filosófica de la izquierda, es Marx quien ha puesto al desnudo en qué consiste esta “lucha de clases”. Pero de manera concreta, ¿quién fue el promotor y fundador de la Primera Internacional Comunista? ¿Quién fue el que escribió junto con Engels, el Manifiesto Comunista? ¿Acaso Marx no participó activamente en la política cotidiana de esa misma Internacional? Su papel en las diferentes polémicas en contra de las diversas deviaciones y el anarquismo, ¿no era político? Su participación en el nacimiento del partido en Alemania, etc.



Le refería a Alvaro lo fundamental que Marx escribió en textos políticos, “La lucha de clases en Francia”, “El 18 Brumario”, las críticas al Programa de Gotha, etc. También le aclaraba que Lenin para escribir sus libros políticos escudriñó los textos políticos y teóricos de Marx. Pero Alvaro Rivera insiste y dice “El sentido general del párrafo aludido, y que Ábrego “se salta”, era que la experiencia de Marx, a diferencia de la de Lenin, no lo llevó a plantearse los problemas positivos de la política marxista”.



Los libros de Lenin sobre los aspectos del Estado y la lucha de clases se basan en los apuntes de los escritos de Marx y de Engels, pero sobre todo de Marx. Lo poco “positivo” que afirma Lenin sobre la sociedad futura lo saca de los escritos de Marx, el carácter transitorio del socialismo pertenece a Marx, la desaparición del Estado en el comunismo es una idea de Marx, la famosa “dictadura del proletariado” como forma inicial del Estado de la sociedad socialista es de Marx. Negar o ignorar esto y referirse a un “marxismo dogmático” es un abuso. Pues ponerle motes al pensamiento de quién sea, es necesario dominar el campo al que se refiere, es evidente que Alvaro no lo conoce, no lo ha estudiado, si no, no insinuara el papel político poco importante jugado por Marx.



Pero esto es justamente muy peculiar en él, son muchos sus artículos en los que él adopta la pose del maestro madrileño y sentencioso, en que insiste sobre los marxistas ortodoxos, sin dar una muestra, un pedacito de una cita, de algo que nos pueda indicar a qué se refiere. Es inútil pedírselo. Hacerlo es “sacar la caja de lustre” y decirle que ignora los elementos citados arriba es más que insultarlo.



Antes de pasar al otro aspecto que le ha dolido a Alvaro Rivera, que le saque en cara, que ahora abdique de la defensa de las posiciones de los reformistas y oportunistas de la Socialdemocracia, les voy a poner tres pasajes de su artículo. Se trata de una polémica, por supuesto que tiene derecho a atacarme, pero que no se presente como una virgen pura, pues no lo va a lograr. Veamos:



No voy a imitar las posiciones maniqueas en las que cae nuestro amigo. A pesar del error suyo que comento, de ninguna manera se me ocurriría decir en frío, como él hace, que mi oponente no sabe nada ni dice nada sobre el asunto que aborda”.


Como ven declara sus intenciones de no imitar mis errores. Pero sigamos leyendo:


Entre nosotros domina la maledicencia que sanciona como oportunista cualquier cambio en el pensamiento político de alguien”.


Alvaro empieza muy bien al imitarme, me dice maldicente. Y ahora leamos el remate:


Ábrego, en el mejor estilo de los comisarios políticos del estalinismo, me acusa de dar bandazos ideológicos en vez de preguntarse por qué he modificado ciertas posiciones”.


Y termina pues con un piropo. Me llama “comisario político del estalinismo”. Mi gran error fue recordarle sus anteriores posiciones, se trata de bandazos, pues de una constante presentación de las “soluciones socialdemócratas” como insoslayables, de una defensa patética de la moderación, de recomendarnos un pragmatismo inteligente para adaptarnos a la cruda realidad, viene ahora y se presenta como el cantor de la esperanza.


No le exijo nada. Ni siquiera le insinuo que recuerde el tono doctoral que entonces tomaba y su tono acusador de querer llevar todo a no sé qué cataclismo. Hoy descubro que también no quiere un socialismo con comisarios políticos. Es muy loable.


Me alegra que la realidad, la lucha de clases que antes rechazaba, lo haya obligado a cambiar de opinión, espero que esa opinión se convierta en profunda convicción, que persista en ver que en la sociedad capitalista, en los momentos que parecen estar llenos de calma absoluta, puede aparecer el fantasma de la lucha de clases. Es cierto que los “Indignados” de Madrid han conmocionado a muchos. Pero no llegué a decirle, lo que se me pudo haber ocurrido “¿Adónde vas Vicente? Adonde va toda la gente”.

2 comentarios:

  1. Con toda franqueza, Don Carlitos, creo que es perder el tiempo con este tipo que busca plantar "batalla académica" con quien se le ocurra, cuando (estoy completamente seguro) ni él mismo se comprende. Tengo idea de este sujeto desde intentó hacer algo parecido con Rafael Menjívar Ochoa, y éste no le paró ni bola.
    Es duro tratar con alguien así, ya me ha pasado. Tratan de continuar la discusión fuera del tema tratado y se van por las tangentes, detalles, cositas que uno dice y que, como lo menciona, tratan de tomarlos con tonos de cataclismos. Eso desespera.

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  2. Anónimo1:02 a. m.

    De marxismo-leninismo puro en El Salvador, 99% de la población, ---incluyendo en este porcentaje a 80% de universitaria privada---, no conocen ni las pastas conteniendo tres tomos de "El Capital", mucho menos "La Sagrada Familia", el "Manifiesto Comunista" y otras no tenidas en mente ahora. Entonces, meterse a discutir en público salvadoreño sobre tal materia, es como obligar a leer e interpretar a Emmanuel Kant a un muchacho hasta de bachillerato insulso; pues, Kant, aun diciendo con palabras técnicas o filosóficas mayores, nunca será comprendido por nuestras mal cultivadas masas poblacionales, tal como comprenden los Evangelios atribuidos a Jesús. Si el guanaco salvadoreño no entiende a Don Alberto Masferrer, es porque este sencillo por claro filósofo no está en los pénsum oficiles del Estado; porque sólo mencionar a Masferrer sin medio profundizar en sus diáfanas doctrinas, es no haberlo conocido en El Salvador.

    Cuando discutimos sobre cosas profundas no entendidas por altos porcentajes poblacionales, estamos gastando pólvora contra zopilotes... No importa qué ideas vulgares se tengan sobre vida y obra de KARL MARK y colaboradores. Es más importante mantenernos unidos; pues el enemigo público número uno de la salvadoreñidad, es la quinta centenaria oligarquía ladrona, contrabandista, evasora, delusora, falsificadora y pérfida tigra de palo.
    Chichipate Cañaverales.-

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