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09 diciembre 2017

Hacia un régimen personal

Cuando la crisis del sistema capitalista se vuelve cada vez más acuciante, la clase dominante cierra sus filas y los ideólogos multiplican esfuerzos para que las víctimas del sistema acepten su “racionalidad” y “naturalidad” y consientan la dominación. La crisis que sacude a nuestro país se manifiesta prioritariamente en el campo político y social, dejando en segundo plano, casi oculto el campo económico. No obstante sabemos que lo fundamental reside en las relaciones de producción. Todos sabemos también que en estas últimas décadas el movimiento popular y revolucionario ha sufrido un derrumbe, la consciencia de clase ha quedado hecha trizas y en estos momentos se ha quedado sin organización política.

El lento, paulatino, aunque inexorable viraje hacia la derecha del FMLN marca de forma contundente la victoria de la clase dominante (la oligarquía). Puede parecer paradójico que esta victoria se haya dado en los momentos en que el principal partido de derecha perdió las riendas del Ejecutivo y también de alguna manera su hegemonía parlamentaria. Los otros partidos de derecha para seguir existiendo no han tenido empacho alguno para aliarse al expartido rebelde y guerrillero. Se sabe también que más allá de las cosméticas medidas sociales adoptadas por el prófugo expresidente Funes, el FMLN, en ambos períodos, ha ejecutado una política gubernamental continuista de lo que antes hizo el partido ARENA.

Este partido tuvo un lento desgaste en el poder, el del FMLN ha sido fulgurante provocando en la opinión un rechazo al mundillo político en su totalidad. Este rechazo es el rasgo preponderante de la crisis actual del sistema. Como dije arriba este rechazo cubre con creces la crisis de nuestro sistema económico incapaz de asegurar el más mínimo desarrollo al país y todo el cuerpo social se hunde en un pantano de problemas socio-económicos (bajo nivel de vida, desempleo, subempleo, miseria en algunos casos, acoso y crímenes de parte de las pandillas, bajos niveles educacionales y culturales, etc.). Este rechazo ha recibido la abreviación de “rechazo al bipartidismo”. La ideología ha hecho de este fenómeno el principal culpable de la crisis, la más grave enfermedad de nuestro sistema político. El resumen es enorme y es este punto el que ha impulsado al proscenio político a Nayib Bukele.

Por el momento todo parece ir por los buenos rieles para este especialista en publicidad, todo el sistema de propaganda ideológica se ha ido plegando a las exigencias de la publicidad, todo se ha vuelto mercancía y todo se vende envuelto y por la imagen que entregan buenas campañas publicitarias. Hoy Eugenio Chicas incriminaba a la ausencia de publicidad en favor de los logros del gobierno y de la actividad de su partido el abisal desprestigio que gozan ahora el gobierno y el partido oficial. Este rechazo del bipartidismo crea al mismo tiempo un vacío o mejor dicho un terreno que ocupar, este terreno es el que ahora acapara Nayib Bukele.

La imagen que se vende es la del paladín de la honradez y sobre todo el de un caudillo, la de un líder popular, la de un hombre providencial que desde su altura habla directamente al pueblo. Bukele se presenta como el portador exclusivo del rechazo al bipartidismo y en eso coincide totalmente con el pueblo al que se dirige directamente y le promete encarnar lo mejor que pueda ese rechazo. Esta identificación del personaje y el pueblo es uno de los pilares de su propaganda. Para obtener esta identidad se han usado todos los resortes psico-sociológicos y retóricos del populismo. El caudillo encarna las aspiracione populares, estas no son ni siquiera enumeradas, se concentran en el rechazo al bipartidismo, al que se le imputan todos los males de nuestra sociedad. Bukele y sus “nuevas ideas” cumplen holgadamente los objetivos de ocultación de la verdadera crisis que atraviesa el país.

Bukele se presenta como el que va a sanar el sufrimiento que padece la gente por el engaño sufrido de parte de los dos partidos corruptos e infieles a sus promesas, el sufrimiento social y económico es cierto, pero no se reduce al rechazo del bipartidismo, este sufrimiento tiene otra causa: la confiscación de la plusvalía por parte de la oligarquía. Pero el cuerpo social al perder su consciencia de clase, el proletariado que antes se propuso cambiar la sociedad, exige ahora apenas reparación de las ofensas de la traición, del no cumplimiento de lo que se esperaba de los gobiernos. Se trata pues de un simple resentimiento en busca de un objeto.

El objeto ya fue encontrado y Bukele se lo ha apropiado y se lo ofrece al sufrido pueblo en la bandeja publicitaria: el bipartidismo. Antes se trataba de sacar a ARENA del poder e iniciar los cambios prometidos. Bukele apenas nos promete suplantar a ambos partidos. Y como el caudillo encarna al pueblo nos encontramos de pronto, con estas “nuevas ideas” populistas, en la situación del cumplimiento democrático de llevar en solo hombre al pueblo al poder para salvar a la patria del bipartidismo.

Aquí vemos pues hasta que nivel tan bajo ha llegado el movimiento social, muchos exmilitantes del FMLN acuden a portar en ancas publicitarias a Nayib Bukele sin poner mientes en la vacuidad social de la propuesta del nuevo salvador nacional. Ya no hay objetivos sociales, ya no hay exigencias de reformas, ya no hay lucha emancipadora de las clases oprimidas. Hay algunos que se llenan de paciencia y de indulgencia que les importa poco que sea el mismo Nayib Bukele que se haya propuesto como el candidato del pueblo, que no admita la menor oposición a este postulado electoral. Incluso todo se puede discutir, todo tipo de propuestas son esperadas y alentadas, poco importa de dónde vengan, pero hay una sola cosa que no se puede cuestionar: la candidatura y el liderazgo de Nayib Bukele.

Se trata de una situación paradójica, de un régimen de partidos políticos que es el que consagra la actual constitución, los exrevolucionarios que adhieren al “movimiento sin ideas” de Bukele no les importa ir a un régimen personal, caudillista, de culto de una persona. No obstante como de aquí a las elecciones no va a haber ninguna reforma constitucional que instituya otro tipo de régimen, pues las “nuevas ideas” van a tener que enmarcarse dentro de un partido político. Sorprende justamente que se prefiera hablar de un movimiento y no de un partido político, tal vez sea que se prefiere lo amorfo y sin obligaciones estatutarias hasta que llegue en el calendario la obligación de constituir un partido, que se formará a las carreras, sin tiempo de reflexión y con el único objetivo de presentar un candidato ya designado muy “democráticamente”.
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