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29 noviembre 2014

Las raíces profundas del oportunismo en El Salvador




Hace algunos años, amigos y conocidos me sugerían que simulara mis convicciones profundas políticas y filosóficas, es decir mis convicciones comunistas. Su argumento era que si deseaba tener audiencia era preferible dirigirme a mis compatriotas sin referirme al pensamiento de Marx, el estado de consciencia había retrocedido enormemente y que desde la caída del Muro de Berlín ya ni siquiera los que se llamaban revolucionarios recurrían al vocabulario marxista. Los objetivos ya no podían ser los mismos y sobre todo que el anticomunismo en vez de retroceder había avanzado.

Desobedecí estas recomendaciones, desde el principio de mis intervenciones políticas preferí de inmediato dar a conocer mis convicciones. Mi análisis era totalmente diferente, si la conciencia de clase de los trabajadores había menguado entre mis compatriotas, lo mejor era emprender una batalla ideológica abierta contra la reacción salvadoreña y contra los que preferían colaborar con la oligarquía. Desde ese tiempo hasta ahora la audiencia de mis escritos no ha sido muy grande, pero los miles que han visitado mis “Cosas tan pasajeras” algunos de entre ellos se tomaron el trabajo de distribuir mis artículos entre sus amigos, creando un relevo muy importante. Las referencias a las ideas revolucionarias de Marx han ido reconquistando su pasada audiencia y ahora de nuevo con orgullo y abiertamente hay organizaciones y personas que se refieren al pensamiento de Marx sin ambages, ni preámbulos. En esto ha contribuido mayormente la crisis generalizada del sistema capitalista de la primera década del siglo.

No obstante en nuestro país las ideas marxianas han sido divulgadas en versiones rencas, limitadas y dogmáticas. Además las ideas de Marx así presentadas llegaron al país cuando la represión era feroz y sangrienta. Destierro, prisión y torturas era el lote que se reservaba a los opositores; los materiales circulaban clandestinamente (me estoy refiriendo a los años cincuenta, cuando el PCS pudo reactivarse realmente, después del Martinato) y en esas condiciones era imposible tener discusiones y debates amplios. Hubo algunos camaradas que pudieron asistir a las escuelas clandestinas del PCS, aunque es necesario reconocer que los mismos instructores no estaban debidamente preparados para trasmitir un pensamiento sumamente complejo. Algunos apenas habían asimilado el manual de Politzer “Principios Elementales de Filosofía” con todas las limitaciones que este manual tenía que no pueden ser imputadas a Politzer mismo, pues fue redactado por uno de los oyentes en la “Universidad Popular” de París, a partir de sus notas tomadas durante los cursos y además el folleto fue publicado después del asesinato de Politzer por los nazis. También llegaban folletos soviéticos de propaganda y algunos textos cortos o compendiados de Karl Marx y de Friedrich Engels. Esta escasez inicial en los documentos, en traducciones con cavilaciones terminológicas imputables a las condiciones mismas del retraso en los estudios marxistas en nuestra lengua, en las condiciones que acabamos de señalar, difícilmente podían producir un pensamiento propiamente marxista.

Debemos agregar que el tipo de organización (no solamente debida a la clandestinidad), sino a la tradición misma surgida de la Tercera Internacional, que reposaba en el centralismo democrático y que se había convertido en centralismo autocrático durante el estalinismo, propiciaba que los dirigentes se convirtieran en autoridades infalibles y dotadas de una inteligencia que los volvía eminentes economistas, acabados filósofos y grandes especialistas en otras ciencias. Un dirigente entonces no podía mostrar ninguna duda, estaba obligado a guiar, a mostrar el camino y el modo de pensar exacto, sus análisis de la situación eran indiscutibles. Muchos de estos dirigentes apenas habían leído un texto integral de Marx o de Engels y cuando digo “leído” me refiero a eso simplemente, no habían tenido el tiempo suficiente para poder estudiarlo y releerlo hasta asimilar profundamente su contenido.

Dos o tres miembros de la dirección del PCS de entonces pudieron asistir a los cursos que prodigaba a los dirigentes de los partidos “hermanos” de los países subdesarrollados el Partido Comunista de la Unión Soviética (PCUS). Estos cursos eran variados, el nivel superior duraba entre tres hasta seis meses en el seno de la Escuela Central del PCUS. Allí se dispensaba el dogmatismo estaliniano, toda la riqueza del pensamiento de Marx y Engels reducida a unas cuantas “leyes de la historia y de la dialéctica”. Es esto pues lo que nos fue sirviendo de base para desarrollar “nuestro marxismo”.

Necesidad de refundar el movimiento revolucionario

Esta descripción les parecerá a algunos un tanto caricaturesca, no obstante hasta el día de hoy algunos jóvenes salvadoreños siguen sosteniendo como la suma ciencia de la dialéctica marxista los tres o cuatro principios a lo que redujo Stalin la inmensa riqueza del pensamiento dialéctico de Marx. He mencionado arriba a algunas organizaciones que se declaran marxistas-leninistas, algunas se declaran afiliadas a la IV Internacional (trotskista), otros ponen en el mismo plano de sus páginas a Marx, Engels, Lenin, Stalin y Mao. Todo esto parece mera amalgama de principios sin ninguna crítica. Se trata de una simple declaración de pertenencia y una evidente dispersión de fuerzas. Hay algo en esto que es importante señalar, esta declaración de pertenencia a corrientes heterodoxas y en cierto sentido hasta eclécticas demuestra que no se ha analizado profundamente ni el contenido ideológico de esas tendencias, ni tampoco la situación política nacional. Muchas de estas conductas me resultan reacciones epidérmicas, que han surgido de la decepción de la política revisionista y oportunista que conduce desde hace años el FMLN.

La necesidad de suplir al FMLN, que en estos momentos se encuentra gobernando al país y que no escatima esfuerzos por presentar su política como la única posible y que prodiga su más ingenioso denuedo por demostrar que en un país como el nuestro y en nuestra situación es imposible iniciar la transformación de la sociedad. No obstante la necesidad real y urgente de refundar un movimiento revolucionario en el país nos obliga a que no nos equivoquemos al analizar las posiciones actuales de los dirigentes y de la mayoría de militantes del FMLN, algunas personas suponen que el oportunismo actual es el resultado de su participación en el sistema electoral y sobre todo de disponer ahora del gobierno. Pero si nos detenemos un instante para analizar lo que ha causado este resultado, veremos que no se trata solamente de la participación dentro del sistema, sino que se trata de causas internas, inherentes al proceso político nacional de más medio siglo.

Desde hace más de medio siglo, los enfrentamientos con el enemigo de clase han tenido formas y contenidos muy variados, pero al mismo tiempo desde entonces hubo al interior mismo del movimiento enfrentamientos internos precisamente sobre esas formas y contenidos de la lucha por los intereses de los trabajadores. Hubo dos tendencias que dominaron los debates, pero es necesario señalar que los debates no tuvieron lugar entre todos los miembros del PCS, sino dentro del círculo reducido de los dirigentes y a los militantes les llegaban ecos amortiguados por la siempre urgente unidad del partido, que constantemente se presentó como un objetivo primordial. La escasa o nula preparación ideológica tanto de la dirección como de los militantes, agreguemos a esto las condiciones de represión brutal y asedio que llevaban los diferentes gobiernos son hechos que hay que tener siempre presente. Era imposible materialmente llevar adelante un debate de ideas o la simple preparación ideológica.

Todas las células del PCS hacían esfuerzos por cumplir con la obligación estatutaria de una reunión semanal, pero a veces uno se conformaba a una reunión de vez en cuando, por falta de locales, por falta de quórum, por falta de tiempo. Cuando las condiciones de seguridad  medio se lograban y el secretario de célula había recibido el “informe” del Comité Central (CC), mecanografiado en un fino papel, entonces se llevaba a cabo la reunión. Esta consistía la mayoría de veces en escuchar al secretario de célula leer el “informe”  del CC y una vez acabada la lectura procedía a quemar el papelito que dejaba una escasa ceniza en el suelo, que luego se recogía cuidadosamente para botarla en la basura. Los militantes se veían obligados a prestar infinita atención a esa lectura y tratar de memorizar y entender lo leído. El secretario a veces preguntaba si alguien quería opinar o si necesitaba un complemento de información. Si había preguntas la reunión podía alargarse un poco, los puntos restantes en la agenda eran las finanzas (reclamar las cotizaciones no pagadas por el militante) y otro que misteriosamente se llama “organización”. En este punto se hablaba de todo, de las medidas que había que tomar para que los posibles “orejas” no pudieran sospechar que había alguna reunión, escasamente en los años cincuenta y sesenta se organizaba las pintas o el reparto (siempre nocturno) de volantes debajo de las puertas de las casas. Rara vez se hablaba de reclutar nuevos miembros, pues antes de eso había que llevar a cabo una investigación para evitar infiltraciones. Se hablaba pues sobre todo de las medidas de seguridad para protegerse del enemigo. De vez en cuando en las reuniones aparecía un folleto de propaganda sobre la vida cotidiana en el “País de los Soviets”. Las células estudiantiles de la Universidad o con presencia de estudiantes o algunos intelectuales se entablaban conversaciones de mayor contenido ideológico.

Las injerencias externas

He descrito estas reuniones y lo que en ellas se trataba para mostrar la precariedad impuestas por las circunstancias. Pero los intercambios más nutridos eran afuera de las reuniones de las células, durante encuentros informales entre amigos que se conocían y que se sabían miembros del “partido”. La división del partido en dos tendencias no nos aparecía entonces con gran evidencia, pues de manera general todos los dirigentes altos e intermediarios estaban de acuerdo que la “toma del poder” se iba a realizar usando la fuerza, por la lucha armada. Este acuerdo declarado se fue resquebrajando poco a poco, en cierta medida por influencia extrajera: los cubanos ejercían presión para que en el continente se iniciaran luchas armadas. Fue entonces que surgió claramente la teoría del “foco revolucionario” que en realidad constituía una interpretación abusiva de la experiencia guerrillera en Cuba. En todo caso, alrededor de este tema y en general de la posibilidad de llevar a la práctica la estrategia de la toma del poder por la lucha armada fueron apareciendo dos posiciones opuestas. Una que fue minoritaria pregonaba la necesidad de prepararse inmediatamente para llevar a cabo la lucha armada, preparar escuelas de instrucción en el manejo de armas y de la estrategia militar y la otra que señalaba la imposibilidad de organizar una lucha de guerrilla en un territorio tan pequeño como el nuestro y sin montañas tan altas como la Sierra Maestra en Cuba.

Es en estas discusiones que se van a ir perfilando ambas tendencias, pero estas discusiones no se dan realmente en el seno del PCS, quiero decir en las instancias deliberativas, en reuniones de direcciones departamentales o nacionales, sino que en conversaciones informales entre miembros y en alguna ocasión en que algún dirigente acudía una reunión “ampliada” de direcciones departamentales que solían organizarse. Es en ellas que se tenía la oportunidad de escuchar las dos posiciones opuestas, pero no en la misma reunión, sino cuando dirigentes que pensaban distinto aparecían por separado en las reuniones. Nunca hubo tendencias organizadas realmente, ni proselitismo.

Dos tendencias opuestas

Las divergencias entre algunos dirigentes fueron apareciendo en la superficie con el correr de los años sesenta. Hubo unidad respecto a las insistencias e inmiscuiciones de los dirigentes cubanos que se rechazaron. En el fondo de las divergencias surgía también un análisis diferente de la coyuntura nacional y sobre todo en el análisis de la composición clasista de la sociedad salvadoreña. La sociedad capitalista salvadoreña no era reconocida como tal por la ausencia de instalaciones industriales y por el carácter de exportadora agrícola de nuestra economía y sobre todo su carácter monocultivadora. Se había optado por llamar a nuestra sociedad de “semifeudal”. En esta clasificación intervinieron economistas e ideólogos soviéticos que entonces eran la última instancia dirimente. Las clases dominantes se componían por estratos que giraban en torno de las familias oligárquicas. Las familias terratenientes eran también las que habían fundado bancos y poseían la incipiente industria. Aquí había un déficit teórico. Las relaciones feudales ya habían desaparecido, no quedaban ni resabios de la sociedad colonial económicamente hablando. Algunos para justificar el apelativo de “semifeudal” ponían como ejemplo la tienda de las haciendas que endeudaban a los campesinos y las fichas que formaban parte del salario que obligaban a los campesinos a adquirir mercancías en las tiendas de la hacienda. Esto fijaba a los campesinos en las haciendas sin poder tener libre circulación en el país, pues las deudas eran como las “cadenas feudales”.

Este modo de ver nuestra sociedad olvidaba o hacía caso omiso que la dominación mundial del capitalismo (imperialismo) ya era una incontestable realidad, la economía capitalista ya estaba mundializada. No obstante lo que en realidad reinaba como fundamento en el país eran las relaciones capitalistas, los trabajadores ya no tenían los medios de producción, para vivir o sobrevivir estaban obligados a vender su fuerza de trabajo y el origen de las riquezas de la burguesía era la plusvalía obtenida por el impago de un tiempo determinado de las jornadas. Esto es lo que pasa en las relaciones capitalistas, esto era lo que pasaba en las cosechas de café, de la caña, del algodón y es lo que pasa en el capitalismo actual. El hecho de que la realización de las ganancias se operara en la venta internacional no le resta en nada a la esencia capitalista de nuestra economía de entonces, de ahora. Luego apareció el neologismo “capitalistoide” que en esencia no divergía mucho del “semifeudal”, aunque ya el énfasis era el capitalismo.

En realidad los que sostenían que no teníamos montañas lo suficientemente altas agregaron asimismo el argumento de que las condiciones no estaban dadas, pues era imposible pasar de la situación “semifeudal” al socialismo, además no existía en el país la clase proletaria que dirigiera la revolución. Pero si se podía luchar por acceder al poder para acelerar la instauración del capitalismo que al mismo tiempo iba a crear a su sepulturero, la clase obrera. Simultáneamente se descubrió que entre los oligarcas y algunos miembros de la burguesía había contradicciones y que los revolucionarios estaban obligados a aprovecharlas. Fue a través de esto también que apareció el argumento de que existían militares progresistas y que también en el seno de las Fuerzas Armadas había contradicciones. Todas estas contradicciones eran “aprovechables”, se empezó a usar los términos “contradicción principal” y “contradicción secundaria”. Estos términos fueron tomados del folleto de Mao Tse-tung “Sobre la contradicción” (agosto 1937) y no creo que al introducirlos en su vocabulario se preocuparan mucho de asimilarlos, ni mucho menos procedieron a una crítica del aporte del líder chino. Más adelante voy a volver en detalle sobre este tema.

Las “contradicciones” en el seno de la burguesía

Esta interpretación de la realidad servía de base teórica para considerar la acción política del partido. Si existían contradicciones en el seno de las clases dominantes era necesario aprovecharlas y tratar de profundizarlas. Una parte de las clases dominantes eran conservadoras y las otras “progresistas” que intentaban “modernizar” la economía del país para sacarlo del semifeudalismo que lo dominaba. Este era uno de los “objetivos” del partido, modernizar el país, ponerlo en el camino del progreso y sacarlo del atraso casi feudal. O sea que buscar alianzas con la “burguesía nacional” contra la oligarquía y el imperialismo —que eran los principales obstáculos para el progreso del país— se convertía en objetivo. Para justificar este tipo de alianza sin pasar a la colaboración de clases, se alegaba que la burguesía había entrado en una contradicción secundaria con la oligarquía, que de la misma manera que Mao Tse-tung había señalado la existencia de “contradicciones en el seno del pueblo”, contradicciones no-antagónicas, en nuestra sociedad existía en el seno de las clases dominantes contradicciones no antagónicas, pero que adquirían las formas de una contradicción antagónica, sobre todo si ese sector burgués se aliaba a las fuerzas progresistas del país bajo la conducción de los revolucionarios del PCS. Esto de alguna manera se consideraba como una estrategia a mediano plazo.

Este oportunismo se trataba de fundamentar en la teoría marxista. Nuestra sociedad debía atravesar todas las etapas de desarrollo económico, salir realmente del feudalismo hacia el capitalismo para que surja una clase proletaria digna de ese nombre. Sólo la clase obrera puede liberar la sociedad y disolver las clases sociales, claro que es necesario aliarse a los campesinos y como en la gran Revolución de Octubre también con los soldados. Y es aquí también que nuestros oportunistas descubrieron entre los oficiales una “fracción progresista” que había entrado en una contradicción secundaria con el Alto Mando. Contradicción no antagónica, pero como lo había indicado el líder chino Mao Tse-tung, una contradicción puede también tomar las formas de su contrario y en este caso volverse antagónica. Este tipo se sofisma les sirvió de base teórica a los oportunistas de los años sesenta, setenta y ochenta. Esto los sustentaba para participar activamente en los golpes de Estado, en los que las clases trabajadoras estaban totalmente ausentes, pero representadas por los dirigentes del PCS. En esa época no se citaba ya a Mao, pues había entrado en contradicción irreconciliable con los líderes moscovitas y entre las ortodoxias existentes los dirigentes del PCS siempre se sometieron al gran centro del movimiento comunista internacional: Moscú.
  
Como ven el oportunismo no ha surgido hoy, no se ha solidificado en estos años de participación en las instituciones del Estado democrático burgués. El oportunismo fue el que llevó al PCS a atacar a las FPL con igual ahínco con que lo hacía la prensa nacional durante casi toda la década de los setenta. Los mismos epítetos, criminales, bandoleros, terroristas, etc. Ellos seguían preparando golpes de Estado “progresistas”. No me voy a extender sobre las condiciones en que el PCS puso el pie en el último estribo del tren de la lucha armada. Sobre lo que ocurrió entonces lo ha abordado ya en mis artículos de “Cosas tan pasajeras” sobre todo el objetivo de salir lo más pronto de la guerra e iniciar las negociaciones.

Como pienso haber demostrado que la ausencia de un conocimiento profundo del pensamiento de Marx y sus desarrollos posteriores tuvo mucho que ver en la deriva oportunista del PSC desde los años cincuenta y que ha culminado con su política gubernamental y su funcionamiento interno. Por supuesto que en estas cortas páginas han quedado afuera los detalles, apenas se trata de las pinceladas mayores en el esbozo de toda esta historia. Me queda por cumplir con una promesa hecha arriba: volver sobre el tema de la contradicción. Para poder extenderme lo necesario en este tema que es uno de los que fundamentan la dialéctica en general y la materialista en particular, les pido que me perdonen y acepten que lo haga en otro momento, en una segunda parte que escribiré luego.  



  
   

5 comentarios:

  1. Anónimo5:00 p. m.

    La adherencia o no a la lucha armada no nos hace más o menos marxistas, ese debate que existió durante la decada de los 80 en el salvador fue superado al desencadenarse la guerra civil luego del asesinato de Romero y luego del desenmascaramiento de la dictadura militar con los cada vez más visibles fraudes electorales.En este país por el atraso educativo y la persecución cultural ha hecho que se deconozca la historia de las ideas socialistas, sobre todo de sus fracasos. Es mejor conocer sus fracasos para no repetirlos. Además la divulgación de las ideas de Marx ha sido muy limitado, incluyendo en las filas del comunismo organizado. No digamos entre las capas medias radicalizadas de fines de los 1970, que irrumpieron a la vida política tratando de emular a Cuba, china, VietNam y en las filas de los trabajadores rurales que irrumpieron en su organización por los sectores progresistas de la Iglesia y que luego se aliaron a las organizaciones del BPR (Bloque Popular revolucionario) y otras. Las organizaciones de esa "nueva izquierda" tambien llegaron a tener adherencia entre grupos religiosos. De ahí que en organizaciones como las FPL, ERP y otras era la Biblia y las enseñanzas de jesucristo las que guiaban a sus militantes, no era el marxismo. Por supuesto que la tercera Internacional no habría imaginado una cosa así, ni los chinos ni cubanos, es un fenómeno latinoamericano o mejor Centroamericano, en Suramérica, en algunos países es lo indígena. El actual pragmatismo del FMLN además de la idiosincracia nacional tiene como fondo la crisis de las ideas socialistas de este periodo. La izquierda a nivel mundial y el marxismo internacional no ha logrado ninguna propuesta que supere al capitalismo, incluso Cuba se está abriendo al capitalismo, ya lo hizo china, Vietnam.De ahí que la dirigencia del Fmln bambolea al son de las olas . De este pais no puede salir una propuesta teórica, somos dependientes de la producción intelectual de afuera. Es nuestro atraso.Pero hasta en países de capitalismo avanzado se ve esta crisis . En Francia, sectores de la clase obrera hoy votan por los fascistas del frente nacional. El marxismo francés adolece de propuestas tambien. La crisis del marxismo es global.

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    1. Totalmente de acuerdo que no es la actitud respecto de la lucha armada lo que te vuelve o no marxista. Lo que narro es otra cosa, son los argumentos que una corriente al interior del PCS avanzaba para no emprender ninguna iniciativa que permitiera concretizar la intención de llevarla a cabo. Esta intención era enunciada por ambas corrientes.
      Me parecen pertinentes tus señalamientos del papel que jugaron la religión cristiana y las organizaciones cristianas en el movimiento popular que se inició en los años setenta. Este acercamiento y cooperación es un momento particular y positivo de la lucha revolucionaria en el país. Esta apertura de ambas parte era imposible en las décadas anteriores.
      Sobre las políticas que se llevan en Chinan, Vietnam, Cuba de reintroducción de la propiedad privada merece un estudio mayor, que debe de comprender asimismo el estudio de esa suerte de “capitalismo de Estado” que ha existido en los países que se llamaron “socialistas” o “democracias populares”. Lo que ocurre en esos tres países es consecuencia también de ese tipo de sociedad y de la nueva situación mundial. Pero esto que he dicho es muy abstracto, se necesita profundizar estudiar a fondo esas experiencias y esos fracasos.

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  2. Anónimo7:20 p. m.

    Hola Carlos.

    Tengo la impresión que es limitado tu enfoque y un tanto purista (en el sentido que haces un análisis del modo de producción, no de una formación socioeconómica).

    En ese sentido, la existencia de distintas relaciones sociales de producción dentro de la misma Sociedad, donde una de ellas es determinante, bastan para denominarla según ella.

    La otra cosa que me parece incorrecta, es querer determinar el todo, lo absoluto (en este caso el acceso al marxismo), desde estructuras clandestinas y sin roce unos con otros. Mi experiencia es que sí hubo estudio del marxismo en la década de los setenta, pero no fue ni masivo, ni popular.

    Sobre el oportunismo: la victoria del capitalismo a nivel superstructural es evidente. Se descuidó la escuela política ideológica, la reproducción de cuadros, durante la guerra. Pero hubo compromiso, confianza, entrega, sacrificio, por una lucha concreta: antidictatorial, y antioligárquica.

    La dictadura militar, fue sustituida por una civil, después de la guerra.
    Tengo la impresión que las nuevas condiciones fueron mejor aprovechadas por el capitalismo (que profundizó sus relaciones sociales de producción hasta el último cantón), que por los que deseaban socialismo. Tu chero, hugo.

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    1. El asunto es que la caracterización que hacían aquellos que llamaban nuestra sociedad de "semifeudal” o los que la llamaban “capitalistoide” se referían al modo de producción y eso se desprende por los argumentos que traían y he expuesto.

      Por otro lado no veo por qué debe de divergir la denominación de una sociedad de su propio modo de producción. Pero no veo qué otro modo de producción había en el país entonces, las relaciones para producir lo que fuera, para ganarse la vida de los salvadoreños sin medios de producción era vender a los propietarios su fuerza de trabajo. Los minifundios de subsistencia que componían las propiedades del campesinado no tenían otra salida que plegarse a las leyes del mercado, impuestas por los importadores o los mayoristas de las ciudades. No era ese modo de sobrevivir un modo de producción específico. No veo pues a qué te referís al hablar de “varios” modos de producción existentes en los años cincuenta, que son a los que me estoy refiriendo y los años posteriores. Los vestigios de otro modo de producción y que tal vez determinaba mayormente al país son las propiedades ejidales que destruyeron los futuros capitalistas y oligarcas salvadoreños en los años ochenta del siglo XIX. De este modo de producción sabemos muy poco o casi nada para que me aventure a determinarlo de alguna manera. Pero puedo presumir que de alguna manera la producción, la distribución y el consumo no se atenían a las reglas capitalistas y eran comunitarios. Pero no puedo extenderme más en esta suposición por déficit de conocimientos históricos concretos y esto no creo tampoco que sea un aspecto personal del problema.

      No veo en qué contradice que en los setenta hubo personas, pequeños grupos que estudiaron el marxismo con la ausencia de un estudio sistemático en las organizaciones políticas. En realidad, es esta ausencia dentro de los partidos, tanto en su dirigencia, como dentro de los militantes que ha tenido peso en el curso de nuestra historia. Que hubo tal vez en alguna universidad grupos o personas que estudiaban a Marx, Engels, Lenin, etc. no lo puedo ni constatar, ni tampoco negar. Lo que sí está a mi alcance de constatar es que la producción teórica marxista no es una mercancía que sobre en el país.

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    2. En mi escrito he tratado de mostrar que el servilismo actual, el oportunismo actual del FMLN no ha aparecido hoy por las nuevas circunstancias, sino que tiene raíces ya viejas, muy profundas desde los años cincuenta. Lo he tratado de mostrar con la justificación “teórica” que buscaron entonces en los escritos de Mao Tse-tung a su constante búsqueda con sectores capitalistas y con sectores del ejército.

      La burguesía, con sus partidos y otras instituciones (prensa, institutos, etc.) y a partir del Estado no dejó de dar batalla a las ideas revolucionarias. El lector que comenta arriba habla acertadamente que el derrumbe de los países del “socialismo real” tuvo un impacto muy fuerte. Ya desde la aparición de la “perestroika”, cuando Gorbachov anunció que Moscú dejaba de ser el centro del movimiento comunista y que de ahora en adelante cada partido “tenía que pensar con su propia cabeza” descompuso a muchos, entre ellos y por supuesto a dirigentes salvadoreños acostumbrados a seguir las directivas moscovitas. El proyecto de reconstrucción de la sociedad soviética del grupo de Gorbachov fracasó y el vuelco hacia el capitalismo de esa sociedad también ha tenido un impacto mayor en las mentes de los dirigentes de las fuerzas “revolucionarias”. En realidad, la ideología capitalista los tragó. Pero los tragó sin que ellos resistieran, ellos abandonaron todo tipo de combate ideológico. Y también en esto la falta de una sólida preparación teórica nos los llevó a un análisis profundo de las sociedades del Este europeo, ni de la nueva situación que se abría ante nosotros. La llegada a la legalidad desde la clandestinidad sin una estrategia revolucionaria para las nuevas circunstancias no favoreció al movimiento salvadoreño, sino que sirvió también para su derrumbe y dejar un partido dirigido por oportunistas con una base desorientada e incapaz de reaccionar.

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