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01 noviembre 2005

Pensar con Marx hoy II

Este segundo texto de Lucien Sève es la continuación de sus comentarios sobre el libro de Luc Ferry y Jean-Didier Vincent, ¿Qué es el hombre? He omitido en esta traducción todos los envíos a las páginas de las obras citadas. Las citas de los Grundrisse he tenido que traducirlas a partir del texto de Sève, por no tener a mi alcance una publicación al castellano de esta obra. Al final del texto vienen las notas que he señalado con asteriscos (*) y que pertenecen a Lucien Sève.

¿No existe la libertad según los materialistas?

Por Lucien Sève

Ya que existe una concepción materialista, más específicamente materialista-histórica de "la libertad", es absolutamente escandaloso ocultarla censurando la obra de Marx como también la de Espinoza*. Marx y Engels resumieron en "La ideología alemana" las dos posiciones filosóficas que desde hace tiempo están en presencia: "Hasta ahora la libertad ha sido definida por los filósofos bajo un doble aspecto: de un lado —por todos los materialistas— como una potencia, como un dominio de las situaciones y de las relaciones en donde vive un individuo; del otro —por todos los idealistas, en particular los alemanes— como autodeterminación, un despego del mundo real, como libertad puramente imaginaria del Espíritu". No, afirma un materialista, ningún acto humano escapa a la causalidad** tanto sociohistórica como neuropsíquica; en este sentido "la libertad", ficción sobrenatural postulada por las filosofías espiritualistas, simplemente no existe, por consiguiente hay que concebir de nuevo, de manera radical, todo lo que éstas supuestamente fundan en materia moral, jurídica o política. Y no obstante, la palabra libertad tiene en el pensamiento marxiano un contenido totalmente real y capital. Pero para hacerlo oir a quien, autorizándose a no saber nada, se cree sin embargo permitido a dar por imposible un concepto materialista-histórico de libertad, necesito aquí esbozar también lo que tendría que decir, sobre este tema, una exposición para grandes principiantes.

Si Luc Ferry se imagina plantear aceptablemente la cuestión formulando el dilema: o ustedes admiten el desligamiento del "determinismo", o ustedes excluyen la existencia de "la libertad", significa que tiene una concepción de las más reductoras, ya que no dialéctica, de la necesidad y al mismo tiempo de la libertad. La necesidad no es de ninguna manera un unívoco factum, abarca siempre por el contrario una pluralidad de posibles contradictorios. La misma ley de la gravitación mantiene de pie o derrumba un edificio según las circunstancias, entre las cuales se encuentra la manera en que ha sido construido; y si nosotros tenemos la libertad de construirlo de tal suerte que permanezca de pie, no es "arrancándonos" de la gravedad, sino que al contrario respectándola de lo más cerca —esto es una trivialidad desde Bacón. Hacer de tal suerte que se actualice tal posible más bien que tal otro no ha implicado nunca que se derogue el encadenamiento de las causas, ni la determinación por las leyes; si quisiéramos derogarlas tendríamos obligatoriamente la experiencia de la no-libertad. Comentando en el Anti-Dühring la frase de Hegel "La libertad es ciega solamente en la medida en que no es comprendida", Engels escribe: "La libertad no está en la soñada independencia respecto a las leyes de la naturaleza, sino que en el conocimiento de estas leyes y en la posibilidad dada por ello de ponerlas en marcha metódicamente para fines determinados. [...] La libertad de la voluntad no significa por consiguiente otra cosa que la capacidad de decidir en conocimiento de causa. Por consecuencia, más el juicio de un hombre es libre sobre una cuestión determinada, más grande es la necesidad que determina el tenor de este juicio...".

Toda la cuestión consiste así en la aptitud de intervenir en la actualización de los posibles. Y esta aptitud no tiene ciertamente nada de una "facultad" sobrenaturalmente dada al "hombre"; al contrario es una capacidad conquistada, en el curso de biografías personales y de la historia colectiva, de modo siempre inconcluso y desigual***: "La libertad" no es otra cosa que la suma de liberaciones concretas. Nuestra vida individual como también social no comienza en la libertad, sino que en la dependencia, la ignorancia, la impotencia; y se aleja únicamente a través de una larga marcha emancipadora llena de obstáculos hacia la autonomía práctica, el saber crítico, la acción transformadora, el momento-clave de cada nueva conquista de libertad es la toma de consciencia en la que se afirma un dominio ampliado del mundo y de nosotros mismos. Esta toma de consciencia ocupa un lugar central en la concepción materialista-histórica del pensar y del actuar libres. En los Grundrisse, Marx escribe por ejemplo que para el asalariado explotado, "reconocer los productos [de su trabajo] como suyos propios y juzgar el estado de cosas en el cual es separado de sus condiciones de realización, como algo inaceptablemente impuesto por la fuerza, es una consciencia inmensa, ella misma producida por el modo de producción fundado en el capital, del que esta consciencia está anunciando el fin, como cuando el esclavo tomó consciencia de que no podía ser la propiedad de un tercero, cuando tomó consciencia de ser una persona, a partir de ahí la esclavitud vegetó artificialmente, incapaz de perdurar como base de la producción". La opción voluntaria de quien está perfectamente determinado a actuar sobre la base de una toma de consciencia no deroga de esta suerte ni la casualidad psíquica interna, ni tampoco la casualidad natural o social externa, pero al proponerse actualizar tales o cuales de sus posibles antes que otros, les sobre-impone una determinación por los fines: actuar libremente es actuar mucho menos a causa de que en vista de... Es lo que apuntaba ya Espinoza al definir al hombre libre como el que vive "según el mandamiento solo de la Razón".

Pensar así la libertad no como una supuesta facultad abstracta de escapar al "determinismo", sino como una potencia real de intervenir concientemente tiene una consecuencia mayor, comenzando por esto: la palabra libertad no remite a una simple estructura del sujeto, sino a todo un conjunto de relaciones sociales en el seno de las cuales puede formarse y manifestarse tal potencia, objetiva al mismo tiempo que subjetiva. El mundo humano concretamente dado realiza absolutamente otra cosa que ofrecer situaciones en el cuadro neutro de las cuales se ejercería una libertad subjetiva llave maestra, incluso oponerle obstáculos a los que desde afuera ésta se confrontaría siempre a lo idéntico; él define lógicas concretas, tanto internas como externas, del pensar y del actuar libres en un tiempo y en un lugar definidos de su evolución histórica. Por ejemplo, muestra luminosamente Marx a partir de La Ideología alemana, el pasaje de la sociedad medieval al mundo burgués, en el que son abolidos los antiguos lazos de dependencia personal, permitió masivamente acceder a los individuos a "la contingencia de sus condiciones de existencia" y este "derecho de poder gozar en toda tranquilidad de la contingencia" es la base misma de lo que se exalta bajo el nombre de "libertad personal". Pero, al mismo tiempo, con la generalización de las relaciones mercantiles, se opera la "solidificación" [Konsolidation] de nuestro propio producto en una potencia objetiva que nos domina, escapando de nuestro control, contrarrestando nuestras esperas, reduciendo en añicos nuestros cálculos" (tenemos en mente, por ejemplo, en el mundo de hoy, esas catástrofes en las que son entrampados tantos asalariados, desde el despido bursátil a la pérdida del capital-jubilación pasando por la deslocalización de empresas y muchas otras pretendidas "fatalidades económicas", nombre mistificador de la alienación por el capital). De este modo, puede concluir con Marx, "en la representación, los individuos son más libres bajo la dominación de la burguesía que antes, porque sus condiciones de existencia les son contingentes; en la realidad, ellos son naturalmente menos libres, porque están mucho más subordinados a la potencia de las cosas". Toda su obra ulterior retoma y profundiza esta visión crucial sobre las estructuras histórico-biográficas de la libertad —como el análisis de los Grundrisse revelando "la inepcia que consiste en considerar la libre concurrencia como el último desarrollo de la libertad humana", mientras que nosotros tenemos aquí "a la vez la libertad y el total anonadamiento de la individualidad bajo el yugo de condiciones sociales que toman la forma de potencias factuales, incluso de cosas todopoderosas —de cosas independientes de los individuos y de las relaciones que mantienen entre ellos". Se aprecia mejor todavía ahora toda la ventaja que existe en decretar que en el materialismo histórico no hay y no podría haber en él lugar para una concepción de la libertad: autorizándose al mismo tiempo a escamotear integralmente estas tan desagradables consideraciones sobre nuestro mundo real.
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* No tenemos la insigne candidez de indignarnos que un filósofo sea agresivamente adversario del materialismo en general y del materialismo histórico en particular. Quien piensa con Marx no sabría volver a alguien "responsable" de lo que las circunstancias histórico-biográficas han hecho de él; todo juicio moral estaría fuera de lugar. No obstante, la lucha de ideas tiene sus reglas, por lo menos entre interlocutores de un cierto nivel de consciencia cultivada. Que un autor situándose a este nivel, por añadidura apasionado de "moral deontológica", se comporte como nuestro autor respecto a Marx, he aquí algo que compromete la responsabilidad y constituye un escándalo intelectual.
** Que el pensamiento de Marx sea "determinista" es el tipo de prejuicio extendido —incluso entre algunos "marxistas"— que Luc Ferry recibe y tiene sin escrúpulo por una verdad establecida. Todos aquellos que se tomaron el trabajo de leer a Marx saben que su causalismo dialéctico es absolutamente irreductible a cualquier determinismo —ver sobre este punto, entre otros, la rica obra de Michel Vadée, Marx, penseur du possible (Marx, pensador de lo posible), cuyo primer capítulo está consagrado a lo que él llama "el equívoco" del pretendido determinismo de Marx, y el último a su concepción de la libertad. Que Marx, que ha establecido poderosas leyes tendenciales en el movimiento de la historia, no haga ninguna clase de concesión a un fatalismo determinista, cualquiera puede convencerse por el simple y solo hecho de que toda su obra es un apasionado llamado a la acción revolucionaria, este llamado sería un puro contra sentido, si Luc Ferry tuviera aunque fuera una pizca de razón al imputarle el determinismo. En cuanto al "reducionismo" ya he anotado anteriormente la extrema tontería de tachar a un pensador, cuya actitud está marcada de punto a punto por la dialéctica, es decir del modo de pensar más radicalmente antirreductor que haya. Por ello entre el materialismo histórico y el materialismo biológico en el sentido hoy divulgado de este término —es decir, en el que los procesos neuro-biológicos se toman como la explicación suficiente de los comportamientos humanos, la esencial socio-historicidad de nuestra humanitas es completamente ignorada, o, en el mejor de los casos, pensada como reductible a las proporciones de simple epigénesis— no hay una necia "querella de preeminencia", como escribe Luc Ferry, sino que más bien un vivo litigio de fondo. En lo que me atañe, literalmente nunca he dejado de combatir la ideología reductora del biologismo, desde la ilusión de otrora según la cual el pavlovismo podría perfectamente ser la "psicología del marxismo" y la creencia tenaz en los "dones" hasta las imposturas siempre vivaces sobre la pretendida "programación genética" de las disposiciones tan íntimamente histórico-culturales como son las capacidades intelectuales, las preferencias sexuales u otras actitudes morales.
*** Desigualdad de hecho que no descalifica por supuesto en nada el principio regulador de la igualdad en derecho de todos los hombres, pero que obliga al contrario a medir cuán lejos está —en el mundo de clases fundamentalmente desigual que todavía es el nuestro— la igualdad en derecho de serlo de hecho.

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