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24 septiembre 2011

Respuesta al comentario 5

¿Por qué desecha usted la hipótesis de que una labor comunicativa como la suya puede venirle de perlas a la derecha? Mire, el descontento de la gente necesita una dirección, una canalización, un marco interpretativo y si ese marco no está bien orientado con el objetivo de fortalecer a la izquierda, con el objetivo de buscar nuevos cauces, cauces positivos, constructivos, esperanzadores, entonces puede darse la paradoja de que el FMLN se convierta en el enemigo principal para cierta izquierda y puede que eso, naturalmente, y aunque a usted no le guste, acabe favoreciendo a los sectores más conservadores de nuestra sociedad. Creo, Sr. Abrego que usted apunta muchas verdades, pero reflexione y preguntese si las los efectos de su crítica no acaban siendo uno solo con los efectos psicológicos de la crítica derechista. Se lo digo sin ánimo de agredirlo.



Tu pregunta, estimado lector, implica demasiados presupuestos que es necesario aclarar.


En primer lugar, que criticar al FMLN implica de suyo la posibilidad de hacerle el juego a la derecha. Esta implicación casi automática tiende a absolver de entrada toda actitud que pueda adoptar el Frente.


En segundo lugar, el corolario del primer presupuesto es que al cerrar los ojos ante la política efectiva del Frente, se acalla otras voces y se le da al Frente la posibilidad de continuar con su política, que es necesario afirmarlo con fuerza, nada tiene que ver con una política de izquierda.


En tercer lugar, tu cuestionamiento también implica que una política de derecha, como la que practica el Frente, se vuelve de izquierda por el hecho mismo que es practicada por el Frente. Esta tautología oculta que no es el nombre del partido que caracteriza a la política, sino que los efectos de ella. Por consiguiente, quien le hace el juego a la derecha es el Frente. Pero no es tanto a la derecha política, que de por sí es beneficiada por el descontento provocado por la política frentista, sino que a la derecha económica que es la que sigue fortaleciéndose en su inhumana dominación.


En cuarto lugar, existe un punto que también me parece importante. Presuponés que la izquierda se resume, se limita al Frente. Por el momento, con el deslizamiento evidente de este partido hacia la derecha, cada vez se hace más difícil asimilar al Frente con la izquierda y sobre todo que pueda representar a toda la izquierda. Y este es el quid de la situación.


La realidad de la política del Frente en todos los campos, no permite depositar de nuevo las esperanzas populares en él. No criticar fuertemente al Frente sería acompañarlo en su política, en su derechización, en definitiva sería simplemente engañar a la gente.


Creo que el papel de una persona conciente es, al contrario, señalar con firmeza la derechización del Frente y una de las principales consecuencias de esta derechización es que el FMLN ha reducido las aspiraciones populares a su propio triundo electoral.


Lo he dicho ya en artículos precedentes: el FMLN está conduciendo a los trabajadores a un callejón sin salida, le está preparando el retorno a la derecha. Este retorno no se le puede adjudicar de manera absurda a los que critican la política del FMLN, sino que a la acción gubernamental, a la política real del Frente, a sus reales alianzas con elementos de derecha, con los Estados Unidos. Los constantes y permanentes abandonos del Frente son evidentes: acaso se puede cerrar los ojos ante las declaraciones de los principales dirigentes del Frente en las que afirman que “no son enemigos del gran capital”. En claro ¿qué significa esto? Pues que son sus amigos. ¿Qué significa que no tienen en sus planes la construcción de otra sociedad? ¿Acaso no se refieren al papel primordial del capital en la solución de nuestros problemas nacionales? Todo esto lo declaran abiertamente, con el mayor descaro. ¿Se le puede acusar a un bloguero de hacerle el juego a la derecha, si denuncia estas posiciones como enteramente oportunistas de derecha, como una entrega al capital?


El FMLN, a través de la voz de sus principales dirigentes, no cuestiona más al sistema económico reinante en el país. El FMLN asume cien por cien la política promovida por Funes de “unión nacional”. Esta política escamotea la principal contradicción de nuestra sociedad: los intereses egoistas de la oligarquía y los intereses de los trabajadores. ¿Quién le hace el juego a la derecha económicamente dominante?


El hecho de que la ANEP se muestre hostil al gobierno, que no acepte los ofrecimientos del FMLN no es una prueba de que la política gubernamental sea de izquierda. Simplemente que los dirigentes del patronato salvadoreño muy inteligentemente han visto que su actitud inconciliatoria le está cundiendo beneficios económicos y políticos. Quien concede es el Frente, quien presta oído a la exigencia patronales es el Frente (el caso de los sindicatos de Claro, es más que un ejemplo).


El FMLN ya no puede presumir representar a todas las fuerzas de izquierda. Ya no es una fuerza revolucionaria. Es su política real, son las declaraciones de sus dirigentes, las que cuentan. Por consiguiente, la tarea actual es la reconstrucción de toda la izquierda, en la que la formación de una nueva fuerza revolucionaria se impone. Como lo he señalado en mis cuatro artículos El Estado salvadoreño y la “partidocracia”, necesitamos un nuevo partido de nuevo tipo, cuya forma de organización se adapte a las nuevas circunstancias y a los objetivos de transformación de la sociedad salvadoreña. El FMLN se presenta ahora como un adversario de las fuerzas revolucionarias. Esto es parte también de la nueva situación. Entonces los “nuevos cauces, cauces positivos, constructivos, esperanzadores” no se pueden depositar en un partido que asume abiertamente la colaboración de clases, en el FMLN.

23 septiembre 2011

No se vayan tan a la derecha

Puede parecer extraño, pero la primera persona que informó sobre la partida de la Dra. Victoria Marina de Avilés del Ministerio de Trabajo, fue un diputado del partido ARENA, David Reyes. Lo hizo por la red de Twitter. Hubo desmentidos semi-oficiales, pero sobre todo se desencadenó desde entonces toda una serie de explicaciones sobre el “despido”. Una de ellas fue que la conducta y convicciones de la Ministra eran incompatibles con la política laboral y sindical del presidente Funes. Su integridad, su seriedad y sobre todo sus convicciones eran un estorbo. Se dijo que algo se estaba tramando.


Esta vez el presidente no ejecutó su cantaleta “ha perdido mi confianza”. Pues ningún ministro del gobierno, ni funcionario ha tenido el reconocimiento de los más interesados en su permanencia, los sindicatos. Los que perdieron la confianza con esta destitución fueron los trabajadores. El nombramiento de Humberto Centeno (exministro de Gobernación) al puesto de Ministro de Trabajo, a pesar de su pertenencia a la dirección del FMLN no levantó mayor entusiasmo. Como siempre y como lo hacen todos los nuevos nombrados, aseguró Centeno que iba a continuar el trabajo emprendido por su predecesora.


No obstante ayer supimos que el nuevo Ministro de Trabajo se apresta a ejecutar una sentencia que a todas vistas es inconstitucional, pero sobre todo es anti-sindical. El ministro del partido “revolucionario” de derecha, FMLN, va a disolver dos sindicatos cuya disolución es exigida por la dirección de la empresa “Claro” de propiedad de Carlos Slim.


Recientemente el presidente se reunió con este multimillonario. Recordarán algunos que el primer encontronazo de Funes con los diputados del Frente tuvo que ver con la anulación de esa especie de renta que perciben de los usuarios las compañías de teléfonos. Recordarán otros que el presidente Funes reconoció que su veto lo aplicaba después de haber tenido conversaciones teléfonicas con los empresarios. Evidentemente a nadie se le escapó que el mexicano era uno de los principales interesados en el veto presidencial. Como esta medida era simbólica y había adquirido de inmediato la aprobación general de la población, el obediente servidor de Slim tuvo que negociar con los diputados y se acordó no superar el veto, mantener la famosa “cuota”, pero reducirla un poco. Fue en este episodio que la desnudez del Rey se hizo manifiesta. Funes es el presidente de los ricos, de los muy ricos, del más rico del planeta.


El nuevo episodio que estamos viviendo con los planes de Centeno (guiado de la mano, no puede caber duda, por el sirviente de Slim) implica aún más a la cúpula efemelenista en la política reaccionaria del gobierno del “cambio”. Puede ser que Centeno sea un mequetrefe, pero también es cupulero y el detalle picante es que fue dirigente sindicalista del mismo sindicato que hoy se dispone a disolver. Fue dirigente del sindicato cuando aún no se habían rematado en la privatización los servicios de ANTEL.


Los detalles de toda esta historia la pueden encontrar en este enlace, hagan el clic aquí.


Se trata de una historia con cola y vieja. La Corte Suprema de Justicia ha declarado inconstitucional la disolución y las sentencias de disolución emitidas por los tribunales complacientes con las exigencias patronales. Los ministros de ARENA le prestaron oído a los tribunales, ignoraron la resolución de la Corte y se hicieron los sordos.


“Fue hasta en 2009 cuando la Dra. Victoria Marina de Avilés revocó las decisiones de sus predecesores, basando la suya en jurisprudencia Constitucional nacional y en los Convenios 87 y 98 así como en la recomendación 143 de la OIT aprobados por El Salvador, otorgando así en septiembre de ese año, personería jurídica a SITCOM”. Esto significa que la Ministra no tardó en darle razón a los sindicalistas, de restituirles sus derechos constitucionales y de aplicar con justicia las resoluciones de la Corte. El nuevo ministro con la misma celeridad se dirige hacia una decisión contraria: va anular lo sancionado por la Dra. de Aviles y rastreramente complace al multimillonario y de ribete al criado del multimillonario.


Esperemos que recapaciten, que no se vayan tan a la derecha, que no quieran aplicar la vieja política de las dictaduras de prohibir los sindicatos.

22 septiembre 2011

Un discurso y acciones de derecha

Roberto Lorenzana es el vocero del FMLN. A través de él se expresa el pensamiento de la dirección del Frente. Todas las semanas da por lo menos una conferencia de prensa. En estos días el diputado Lorenzana tuvo palabras de mucho desprecio hacia los maestros organizados en el sindicato Bases Magisteriales. Afirmó simplemente que el objetivo principal del movimiento reveindicativo de los maestros es debilitar al gobierno y al FMLN.


Además esas intenciones no nacen en el seno de la organización sindical, según el diputado efemelenista le vienen de Tendencia Revolucionaria que dirige Dagoberto Gutiérrez. Esta vez el diputado no adornó sus acusaciones con el ritual “yo respeto a Dago, respeto sus opiniones, etc.”, sino que de plano lo acusó de ser la fuente de esos malvados designios.


Estas declaraciones abiertamente expresan desprecio hacia los maestros, pues los considera fácilmente manipulables y manipulados por Tendencia Revolucionaria y por Dagoberto Gutiérrez. Lleva además un ataque a las reveindicaciones de los maestros, pues estas declaraciones persiguen también ese fin: ocultarlas detrás de esa humareda deshonesta.


Esta actitud de Lorenzana no es nueva en nuestro medio político, ni tampoco es nuevo bajo el cielo político en general. En El Salvador la han aplicado todos los partidos de derecha ante las reveindicaciones laborales de los asalariados. Antes eran los comunistas que estaban detrás de cualquier reveindicación y detrás de los comunistas criollos se asomaba la mano peluda de Moscú. Luego vino el turno de interpretar el papel de la mano oculta y manipuladora al propio FMLN, pero el acusador era ARENA con sus partidos satélites DC y PCN.


El discurso de Lorenzana es un discurso de derecha. Es el mismo discurso que usa cualquier partido de derecha en cualquier parte del mundo. Los trabajadores se dejan siempre manipular, ellos no saben lo que quieren y son tan ignorantes que el primer oportunista que llegue los puede llevar por el camino de las manifestaciones y de la huelga. Sin esa gente que no da la cara, los trabajadores no tendrían motivos para protestar.


Pero este discurso de derecha, que asume el diputado efemelenista en tanto que vocero de su partido, no es una golondrina solitaria en el cielo otoñal de nuestra política. Este discurso acompaña a los actos de los dirigentes. Sánchez Cerén es un alto dirigente del partido. Fue el primero en acusar a los maestros de complotar contra el gobierno y de hacerle el juego a la derecha. Pero sobre todo le niega la justeza a las reveindicaciones y les ofrece como respuesta un no categórico. El hacerle el juego a la derecha ha comenzado ha ser ya el estribillo generalizado de los efemelenistas, sean de la cúpula o de la base.


En los últimos sondeos de opinión se ve que el viento ya no sopla en su favor, el principal partido de derecha ARENA ha pasado al primer lugar en las preferencias de los electores. Los dirigentes del FMLN no ven ninguna otra razón en ello que la conspiración de fuerzas que buscan su debilitamiento y por supuesto su derrota electoral. Esos cambios perceptibles en el electorado no pueden proceder del malestar de la gente, de la desilusión, del disgusto en no ver venir realmente un cambio en sus vidas. Los dirigentes del FMLN están persuadidos que la política gubernamental está cundiendo efecto y que los cambios son más que palpables.


La violencia criminal no disminuye, el Ejército ha pasado a jugar un papel de primer plano, sin que esto se justifique en los resultados contra la delincuencia. El militarismo presidencial es aprobado por la cúpula. La tercera ley de “mano dura” tampoco dio resultados. La prevención es una palabra hueca para los gobernantes salvadoreños. Combatir la fuente de la violencia con medidas sociales es algo que no tienen en vista. El presidente incluso ha propuesto al Ejército como el “educador” de los jóvenes “en peligro de delincuencia”. Esta noción vaga y perversa al mismo tiempo, estigmatiza a los pobres. Pues no se va a ir a buscar en los barrios ricos a estos jóvenes que van a ser encargados al Ejército para que los ponga en el recto camino. ¿Pero qué significa “en peligro de delincuencia”? ¿De dónde viene ese peligro? ¿Por qué encomendarle a militares que no tienen en absoluto ninguna preparación pedagógica el cuidado de estos jóvenes? En esto se ve al meñique que nos gobierna y su pequeñez de espíritu. Ante un problema crucial para el país, ante un problema de formación y de educación de los jóvenes de pocos recursos, no es capaz de volverse hacia las instituciones de educación y formación y analizar sus necesidades y aportar las soluciones que puedan permitirles ocuparse de los jóvenes como es su papel y su prerrogativa. Esta mente carcelaria y militarista vuelve su mirada hacia el encuadramiento militar, la disciplina de hierro, la sumición al grito. El contraefecto ya es previsible.


El desempleo sigue aumentando, el poder adquisitivo está por los suelos, los precios siguen aumentando, los productos básicos para la alimentación se vuelven cada vez menos accesibles. Esto no es el cambio prometido. Pero los dirigentes del FMLN siguen repitiendo que su política está sacando al país hacia nuevas perspectivas. Es por eso que no pueden entender que haya gente que proteste, que haya gente que les de la espalda. Para ellos eso es únicamente el producto del accionar escondido de la Tendencia Revolucionaria y de Dagoberto Gutiérrez.


No hace mucho el chivo expiatorio era el pastor Chamagua, no creo que hayan abandonado este blanco. La campaña de desprestigio que iniciaron contra este antiguo asociado era ya el preludio de una serie de acusaciones. Hoy es el turno de Dagoberto Gutiérrez y de la Tendencia Revolucionaria, luego vendrán otros, los bloguistas izquierdozos, extremistas o utopistas.


Los dirigentes del FMLN son incapaces de cuestionar su propia conducta, son incapaces de pensar que sea su propia acción la que produce los efectos que estamos viendo. Es su política de complacencia con el patronato, sus llamados a reconocimiento por parte del gran capital, su proclamada renuncia a reformar la sociedad, el entierro de toda veleidad socialista, el reconocimiento del papel civilizatorio del capital, todo esto no puede exaltar a la población que pensó que algo iba a cambiar, que aunque fuera poco a poco se iban a ir dando los cambios de estructura, que la vida iba a comenzar a ser diferente. En vez de eso, el estancamiento sinónimo de retroceso es el fruto que se está cosechando.

09 septiembre 2011

El Estado salvadoreño y la “partidocracia” IV

Los temas que he ido abordando en los precedentes artículos mezclan sin duda alguna la teoría y la práctica. Me he refirido al Estado salvadoreño, a su carácter clasista, su papel de insturmento de dominación sobre el resto de la sociedad, he señalado la función de agentes políticos de los partidos y su papel de administradores del Estado en beneficio de la clase dominante, la oligarquía. Me he referido también a la situación inédita que vivimos hoy en el país, aclaro que no me refiero al hecho de que el FMLN haya accedido al poder ejecutivo, sino que políticamente se ha creado una situación en que el enfrentamiento ideológico no conduce ahora, de manera automática, a la represión. Es decir que por primera vez en la historia de nuestro país se pueden expresar ideas que pongan en tela de juicio el sistema de dominación burgués. Al mismo tiempo he insistido que las clases trabajadoras se han quedado sin un instrumento político que desde ahora luche por la transformación de la sociedad capitalista en una sociedad socialista.


Este objetivo se ha engavetado pretextando que la situación actual no es revolucionaria, que la correlación de fuerzas no es propicia a la causa, que tenemos enemigos poderosos como son los Estados Unidos, donde viven además millones de salvadoreños. En realidad, para ser exactos el imperialismo se ha convertido en el principal aliado del gobierno del FMLN y del presidente. También en el interior se abandonó toda lucha ideológica, todo enfrentamiento con las clases dominantes.


En una reciente entrevista, Orestes Ortez, miembro de la Comisión Política del FMLN, presenta a la oligarquía como la principal opositora del gobierno, que denigra toda iniciativa presidencial y gubernamental, pero cuyo pecado fundamental es que no quiere pagar impuestos, “no quiere compartir el pastel”. Además que tampoco quiere darse cuenta de que el FMLN tiene dirigentes que entienden del progreso, que entienden el mundo de los hombres del capital. “¡Cómo no!, sí lo conocemos y hemos venido haciendo una experiencia de aprendizaje en el país… Y mantenemos relaciones con importantes empresarios”.


Este aprendizaje es patente. “Si nosotros somos los que tenemos que dar el primer paso para mejorar la relación con la empresa privada, estamos dispuestos a darlo, aún con el “cucurucho dorado”; estamos dispuestos a discutir en una mesa de país cómo vemos el asunto y escuchar cómo ellos lo ven. Somos una fuerza que ha desmostrado tener capacidad de cambiar, superar la debilidad, la deficiencia de la discapacidad de aprendizaje y ese es un punto fundamental”.


Sí, el FMLN ha cambiado fundamentalmente: ahora llama a la colaboración de clases y cifra en la oligarquía y en toda la burguesía las esperanzas de sacar al país de la crisis. La crisis que golpea al país y no sólo al país, sino que al mundo entero, no es para el FMLN una crisis del sistema, que tiene su resolución en la transformación de la sociedad, sino que, según Ortez, se puede resolver si la oligarquía se decide a “compartir el pastel”, a pagar más impuestos.


El estigma del FMLN


El dirigente del FMLN considera como un estigma que se les juzgue como “enemigos de la empresa privada”. Pero quiero llamar la atención sobre un detalle de la entrevista que no es solamente picante, sino que muy significativo del estado de ánimo de los militantes y dirigentes del FMLN. La pregunta del periodista es la siguiente: “Pero siempre se ha pensado, y no sé si es estigma, que el FMLN es antiempresa privada, debido a su aspiración a un sistema socialista”. Este último elemento de la pregunta es completamente ignorado por Orestes Ortez, pero perfectamente se atreve a una amalgama, pues afirma que “Desde que surgió la lucha revolucionaria, hemos sido estigmatizados como enemigos de la empresa privada”. Falso, mentira, ningún auténtico revolucionario, empezando por Marx y Engels, pensó alguna vez que fuese un estigma ser considerado como enemigo de la propiedad privada, de la apropiación privada de las ganancias, de la empresa capitalista.


Es esta pues la situación de la cúpula efemelenista, pero también de la mayoría de militantes que no sólo la acepta, sino que defiende a capa y espada a sus dirigentes y las posiciones adaptadas por ellos. Digo esto, pues hay quien piensa que es posible transformar al FMLN del interior, volverlo a sus posiciones revolucionarias. Esto es imposible. Es imposible porque los militantes no se lo plantean seriamente y aún si algunos se lo plantean, es imposible por la última reforma estatutaria que no permite que ninguna persona, sin el visto bueno de la cúpula, pueda acceder a un puesto de dirigente. Lo hemos visto en el nombramiento de candidatos para las próximas elecciones, en el que a pesar de protestas masivas de la base en algunas ciudades, la decisión de la cúspide es la que prevalece: a la base se le informa de la decisión de la Comisión Política como lo declaró Benito Lara, Secretario departamental.

Esta entrevista confirma una vez más la deriva derechista del FMLN, su asunción de administradores de los intereses de las clases dirigentes a través del Estado, llevando a cabo la misma política que el partido ARENA, tal vez condimentando con algunas medidas sociales, que en parte alivian la miserable condición de las familias pobres, pero que no cambia en nada fundamental en estructuras socio-económicas del país.

Una exigencia revolucionaria


¿Qué tipo de luchas son revolucionarias ahora en el país? Esta pregunta la hice en uno de los artículos anteriores y por supuesto es necesario encontrarle una respuesta. Esta semana ha vuelto a las primeras planas de los diarios y en los noticieros televisivos el grave problema del transporte urbano e interurbano. Surge por la exigencia de los propietarios de los autobuses de retrasar la fecha del pago de las esquelas. Y amenazaron con irse a la huelga. Más allá del rechazo de cumplir con la ley y las componendas que siempre llegan a tiempo, vuelve a surgir en las mentes de los salvadoreños la necesidad de una reforma fundamental del transporte. Son muchos los que proponen la necesidad que el Estado asuma este servicio, que sea el garante de su eficacidad. Todos sabemos las condiciones precarias en que son transportados los salvadoreños, la anarquía reinante, la total inseguridad y los aumentos sucesivos y constantes de los pasajes. Ahora tenemos una gestión capitalista del transporte, tenemos empresas privadas de transporte y la realidad nos muestra que son incapaces de resolver el problema, de prestar un servicio digno de ese nombre. Es precisamente donde surge la aspiración de un servicio público del transporte, administrado por una compañía nacional. Por el momento los salvadoreños se ven desposeidos de un servicio necesario, lo que tienen no merece ni el nombre de transporte público. Esta aspiración, esta demanda crece de manera espontánea en la población. ¿Qué partido político acompaña a la población en estos pedidos? Ninguno.

Un partido revolucionario no solamente debe acompañar, sino que organizar la lucha para obtener satisfacción a una demanda más que justificada. Un partido revolucionario debe tratar de popularizar el contenido de esta aspiración naciente, dar los argumentos, mostrar los aspectos transformadores, desalienantes de esta demanda. Al mismo tiempo, pues por el momento se vive en el régimen capitalista, el transporte de personas es también y sobre todo el transporte de mano de obra para los empresarios, es evidente que también ellos deben de contribuir en el esfuerzo financiero que significa modernizar el transporte.


Pero en esto se puede ir muchísimo más lejos, porque no basta con crear una empresa nacional de transporte, sino que es necesario que realmente los trabajadores de la empresa y los usuarios se apoderen de ese bien. Los trabajadores deben adquirir el derecho de supervisar la administración de la empresa, de tener instancias de consulta y proposición. Los usuarios deben poder opinar y reclamar constantemente un servicio digno de ese nombre. Es aquí donde la exigencia de transparecia se vuelve necesaria, no solo en la consulta de informes y pedidos de información, sino en el control mismo de la gestión y en el derecho de proposición. Todo esto implica también cambios en la mentalidad de las personas. No sólo se trata de ser transportado, sino que también de considerar el vehículo como algo común, como algo que le pertenece a todos y por lo tanto un bien que hay que cuidar y compartir. Una lucha de este nivel, llevada a cabo en todo el país, sería portadora de cambios significativos en el orden social reinante. Esta batalla sería una escuela de luchas políticas, pues se busca el bienestar común y la manera eficaz de resolver un problema de sociedad.

Pero emprender y dirigir esta lucha no lo puede hacer un partido de derecha, ni un partido que ha abandonado sus objetivos revolucionarios y que predica que en la empresa privada y su desarrollo se encuentra la salida a la crisis que vivimos. (Sigue)

25 agosto 2011

El Estado salvadoreño y la partidocracia III

Es evidente que lo que he venido describiendo en mis precedentes artículos “El Estado salvadoreño y la partidocracia I y II” (leer el primero aquí y el segundo aquí) no deja ninguna duda en la poca esperanza que podemos cifrar en algún cambio radical del FMLN, que lo devuelva a sus antiguos objetivos, hacia una estrategia de tranformación social. Su constante viraje hacia posiciones social-demócratas, sus constantes llamados a aceptar el marco legal e institucional actual como el único posible, su ofrecimiento de servicios al gran capital, la hostilidad manifiesta contra las reveindicaciones laborales y salariales de los distintos sectores, su sumisión a la política del presidente Funes, tanto interior como exterior, etc. son pruebas más que suficientes de lo que acabo de afirmar. Cabe pues preguntarse ¿y ahora qué va a pasar? ¿Se ha terminado realmente la historia? ¿El capitalismo salvadoreño, subdesarrollado y dependiente, constituye el último eslabón?


Al mismo tiempo surgen otras preguntas: ¿es posible ahora y aquí una lucha por la transformación social? ¿Acaso el desarrollo hacia la social-democracia del FMLN no significa su imposibilidad en El Salvador? ¿Existen fuerzas dispuestas a no abandonar la lucha revolucionaria? ¿Qué tipo de luchas son revolucionarias ahora en El Salvador?


Estas interrogantes son importantes y muy díficiles de responder de una manera unívoca y tajante. Tampoco pienso que pueda darle a ellas respuestas definitivas y que sea posible que una persona, sin el concurso de otros, tenga la capacidad de proponer soluciones.


La patente inconformidad de muchos sectores, tanto al interior como al exterior del FMLN, ante la situación creada en estos dos años del gobierno de Mauricio Funes y la deriva derechista del Frente, han dado pábulo para que se plantee la posibilidad de que surja en el país una nueva izquierda. Hasta hace poco era imposible plantear este tipo de posibilidades, pues el Frente ocupaba todo el espacio de la izquierda, dejándole una minúscula parcela al CD (Cambio Democrático) en tanto que partido aliado y de tendencia social-demócrata. Incluso todas las tentativas de crear otros partidos de izquierda abortaron, vinieran de afuera del FMLN o como fruto de un cisma.


Una nueva fuerza política


El cuestionamiento sobre la posibilidad de que aparezca una nueva fuerza política es ya de por sí parte del panorama mismo. Es tal vez una de las novedades más importantes, pues hasta ahora el cuestionamiento era, ¿se puede ser de izquierda afuera del FMLN? Sobre esto ya no cabe duda. No obstante crear otra fuerza política no es una tarea sencilla y ante los fracasos anteriores es necesario llevar adelante una reflexión profunda sobre este tema. Sin embargo no es pelegrino afirmar que todos los partidos que aparecieron, han tratado de competir en el mismo terreno institucional en el que el FMLN estaba ya instalado y con una reputación que se había forjado principalmente en los años de la guerra, en tanto que organización guerrillera. En ese terreno era imposible conquistar un espacio.


Al mismo tiempo no se puede plantear como objetivo, después de la experiencia adquirida y el camino recorrido hasta hoy por el movimiento revolucionario, entrar en el mismo terreno en el que las aspiraciones de transformación social han sido absorbidas por el sistema. No se trata de denigrar las elecciones y la participación en ellas por mero principio. Lo que sí es criticable como lo hemos venido señalando es volver las elecciones el terreno fundamental de las luchas y abandonar incluso lo más elemental como es la organización de los trabajadores en sindicatos y el aprendizaje de la lucha reveindicativa. Es en esas luchas donde se toma conciencia de la condición de proletario, de trabajador. Son esas luchas las que inculcan los sentimientos de solidaridad, de abnegación y combatividad. Son esas luchas las que forjan la conciencia de clase. Por supuesto que esto no basta, las luchas políticas de transformación social tienen otro nivel de conciencia, pues son las que llevan a entender la globalidad de los procesos sociales y es donde de manera más nítida se aprehende la necesidad de superar al capitalismo. Actualmente estamos muy lejos de esto.


Hemos visto que el tipo de partido autocrático no puede evolucionar, de medio de lucha se ha vuelto fin en sí, la dirección tiende a perennizarse, a reproducirse y la docilidad de las bases a los dictados de la dirección es simplemente consternante. La base es desposeida de su voz, de toda iniciativa. Esto significa que este tipo de partido se ha vuelto obsoleto e incapaz de emprender las luchas necesarias para los cambios radicales que urge nuestra sociedad.


Es aquí donde llega el momento crucial donde surgen nuevos y más profundos cuestionamientos: ¿qué luchas son revolucionarias hoy en El Salvador? Y para llevarlas a cabo ¿qué tipo de organización es necesario? No obstane antes de responder a estas preguntas es indispensable volver sobre qué entendendemos por luchas revolucionarias. Por lo general la revolución es asimilada a los movimientos armados, a los grandes tumultos, a los grandes asaltos a cuarteles y palacios, etc. Para la mayoria de la gente revolución es sinónimo de violencia, hablar de una revolución pacífica le resulta como una expresión contradictoria, como un oxímoron.


Una situación política inédita


Nosotros estamos ahora en El Salvador en una situación política que excluye totalmente el uso de las armas. Podemos decir que uno de los resultados de la guerra ha sido que aparezca en el país la posibilidad de emprender luchas políticas radicales sin que la represión venga a golpearlas. Estas luchas se pueden conducir públicamente. Esto es totalmente inédito en el país. Este es un logro mayor y se lo debemos a la lucha heroica del pueblo salvadoreño y a su organización de entonces el FMLN. Es cierto que esta situación en cierta medida es precaria y puede ser como en otras tantas ocasiones reversible. Esto ha quedado demostrado en estos días con los exmilitares refugiados en el antiguo casino de la Guardia Nacional, protegidos de la captura por la PNC (Policía Nacional Civil) y en las peripecias sobre el famoso decreto 743, las instituciones han sido burladas, manoseadas. La derecha y algunos exmilitares no han disfrazado sus amenazas de golpe de Estado. Esto también significa que para guardar y hacer prosperar esta situación se necesita nuestra total vigilancia y mantener una correlación de fuerzas que vuelva imposible un retorno a las dictaduras. Sin embargo esta amenaza latente no debe conducirnos a limitar nuestras exigencias, a cambiar de objetivos y a menguar nuestras ambiciones.


Tal cual han quedado planteados los problemas, nos encontramos con nuevas tareas, una de ellas fundamental, la construcción del útil para alcanzar los objetivos. Este instrumento no se puede semejar a los anteriores de tipo autocrático, debe pues ser de un nuevo tipo, en el que los miembros adquieran un alto nivel de conciencia que les permita a cada momento, frente a cada problema social que se presente en su entorno, saber analizarlo y determinar por sí mismos las respuestas apropiadas. Para ello es necesario que su organización tenga la capacidad de respuesta rápida, que pueda al mismo tiempo alertar a los otros miembros. Se trata de una organización que no puede ser vertical, su horizontabilidad implica al mismo tiempo una total igualdad de los miembros. Es cierto que la práctica instruye sobre la necesidad de un organismo central que coordine acciones de envergadura nacional y que organice las respuestas apropiadas. Los miembros del partido dejan de ser ejecutantes de consignas y de planes elaborados en la cúpula, el partido mismo por la actuación de sus miembros al interior de la sociedad, en el centro mismo de los problemas concretos, adquiere el carácter de protagonista de la historia que está llevándose a cabo.


En este nuevo tipo de organización tampoco puede haber monopolio de la información, ni del conocimiento. Hasta ahora en los partidos autocráticos los dirigentes han acostumbrado al militante a conformarse con un saber precario o la ignorancia de los detalles de los problemas que le conciernen directamente. Incluso se llegó ha monopolizar la autoridad de conocer, un conocimiento que no venía obligatoriamente del estudio de la cuestión, sino que por el hecho mismo de encontrarse en la cúspide del partido. El secretismo, la compartimentación se han convertido en insturmentos de manipulación, en el que vence la intriga y hace propicio el funcionamiento de las camarillas.


La transversalidad de la organización significa también trasmisión total de toda información necesaria para la toma de decisiones individualizada. Esto de ninguna manera implica el desarrollo de la anarquía, ni del espantaneismo. Esto significa que los militantes, uno a uno, en su individualidad, en su persona, es respetado y puede enriquecerse, aprovechando del conocimiento y de las opiniones de todos.


Esto obligatoriamente va ligado a un aspecto fundamental de la lucha del movimiento revolucionario. Es hartamente repetida la frase de Lenin: “Sin teoría revolucionaria no puede haber tampoco movimiento revolucionario”. Esta afirmación del revolucionario ruso se volvió en una especie de frase de encantamiento, pero en lo concreto los partidos autocráticos poco a poco fueron inculcando un rechazo a todo aquello que de cerca o de lejos se asemejara a lo teórico. Eso le correspondía a lo sumo al Secretario General o alguna eminencia gris o a veces a los intelectuales del partido que “asesoraban” a la dirección. Muchos militantes llegaron incluso a presumir que no necesitaban de la teoría, que su función era la práctica y exclusivamente la práctica. Se llegó a decretar en algunas veces que dedicarse a la teoría era una especie de “enfermedad” de pequeños burgueses. Pero Lenín no sólo señaló en las condiciones de la Rusia de finales del siglo XIX la urgente necesidad de elevar la conciencia del proletariado, sino que agregó, citando a Engels, que la lucha teórica iba a la par y era de igual importancia como la lucha económica y la lucha socio-política.


Esta lucha teórica es un terreno totalmente en barbecho en nuestro país. Desde hace mucho tiempo, como lo hemos señalado antes, la lucha ideológica fue abandonada por el FMLN y la ideología dominante no encuentra ninguna oposición y la visión burguesa de la sociedad sigue imponiendo su hegemonía. La compresión de los procesos sociales es indispensable para aportar soluciones concretas.


Pero la situación inédita de la que he hablado arriba encierra también por primera vez en nuestro país la posibilidad del estudio del pensamiento marxiano, sin ser perseguido, ni ir a parar a la cárcel. Es decir tenemos por primera vez en la historia de nuestro país la posibilidad de discutir, de analizar nuestra realidad de manera pública. El nuevo partido tiene la tarea —para llevar adelante la lucha teórica de la que hablaba F. Engels— de crear las condiciones para que la teoría no sea el patrimonio de unos cuantos. (Sigue)

13 agosto 2011

El Estado salvadoreño y la “partidocracia” II

Cuando el fin primero del FMLN (en su período legal) se convirtió en la accesión al poder ejecutivo, los temas mismos de transformación social han ido pasando a segundo plano y ha ido apareciendo en el discurso de los dirigentes y de sus militantes toda una serie de argumentos que tienden a demostrar la imposibilidad actual de emprender las luchas transformadoras. Si desde los años cincuenta hasta los años setenta, en el seno del Partido Comunista de El Salvador, se alegaba la imposibilidad de la lucha armada en nuestro territorio por razones geográficas, más que por razones políticas, ahora lo que se avanza son los aspectos “subjetivos” de la situación. Se afirma que nuestro pueblo es extremadamente reaccionario, es anticomunista y rechaza al socialismo como una sociedad opresiva, ineficaz y superada luego de su bancarrota en el Este europeo. Entonces en el partido “guía” se habla del socialismo como un ideal, como algo utópico y se le relega a un futuro más que lejano. Al mismo tiempo se agrega que tampoco nuestro país puede enfrentarse a los Estados Unidos, que nuestro país no posee ni petróleo, ni gas, ni ningún otro mineral de valor. Incluso se alega que es preferible volverse un aliado de los Estados Unidos y en este respecto se insiste sobre la presencia de varios millones de salvadoreños en el suelo estadounidense.


La situación de la opinión salvadoreña descrita en el párrafo anterior no es totalmente falsa, ni tampoco fortuita. Es el resultado de una batalla ideológica permanente que ejecuta la clase dominante y que ha impuesto siempre sus terrenos de lucha. Su victoria es indudable. Es menester además señalar el abandono casi total de una respuesta a la altura de parte de las fuerzas progresistas y revolucionarias en el país. Como lo señalé en el artículo anterior, el FMLN no se dotó de ningún medio para participar públicamente en el combate ideológico. Durante estos veinte años de adaptación al ejercicio de la democracia representativa, el aparato del partido no ha sufrido cambios estructurales, es decir el famoso principio del “centralismo democrático” sigue en pie y por el momento pareciera responder a las necesidades electoralistas del “centro”. La organización se ha convertido en una máquina eficaz de conquista de electores, de pesca de votos. En efecto, casi en todas las elecciones el FMLN ha agrandado el caudal de votos y aumentado sus diputados, sus ediles y alcaldes. Hasta llegar a ganar las últimas elecciones presidenciales.


En apariencia el FMLN ha alcanzado ya su fin primero: en estos momentos es el partido en el poder. Es cierto que para ganar las elecciones presidenciales tuvo que presentar a un candidato, cuya tardía adhesión al FMLN respondía a una exigencia legal y no a las convicciones de Mauricio Funes. Al contrario, Funes no se considera ligado a la supuesta ideología de “su” partido, lo ha proclamado durante la campaña y lo ha repetido cada vez más estruendosamente durante estos dos años. Ahora el FMLN presenta a Funes como un aliado, su presidencia como transitoria hacia... En realidad, aún no han definido hacia qué son transitorios la presidencia y el gobierno actuales. En todo caso, los dirigentes efemelenistas no ocultan que su objetivo primero queda por realizarse, que para ello tienen que continuar aumentando su caudal de votos, obtener una holgada mayoría parlamentaria y sobre todo poder presentar a un candidato salido de sus rangos. Su presencia en el gobierno la consideran como una simple participación al lado de aliados del centro e incluso de derecha.


La dificultad de definir hacia adónde nos proponen ir los dirigentes del FMLN, hacia qué estamos ahora en transición, reside en que el objetivo estratégico de los partidos revolucionarios fue abandonado, lo anotaron en las imposibles calendas griegas, lo convirtieron en acariciado sueño de ilusos. Este objetivo solo en apariencia es mantenido, cuando en los estatutos no borran todavía el carácter socialista del partido. De manera ritual se refieren incluso al “Socialismo del Siglo XXI”, no obstante son incapaces de definir de manera somera en qué consiste ese socialismo. Un dirigente, José Luis Merino tuvo la ocurrencia de proponernos el “socialismo pipil”, pero incluso entonces todo quedó vago y en generalidades: “fruto de nuestra experiencia, auténticamente nacional”.


He señalado tres cosas, primero, la asunción al ejecutivo se volvió el objetivo primero del FMLN; segundo, su estructura verticalista, centralista y autocrática y osificada y al servicio exclusivo de las campañas electorales; y tercero, la incapacidad de formular teórica y prácticamente hacia donde nos invitan a seguirles y qué tipo de sociedad es ese “Socialismo del Siglo XXI” o si se prefiere “el socialismo pipil”.


No cabe duda que estos tres puntos condenan al FMLN a conducirse como cualquier otro partido político del país, a tener los mismos objetivos limitados de poner a su servicio las estructuras y entidades del Estado y a ser incapaces de formular proposiciones concretas para construir otra sociedad en la que se pongan las bases para resolver los problemas sociales, políticos y culturales que agobian actualmente a la población salvadoreña.


Por razones coyunturales y nada ideológicas, el FMLN no ha podido como lo hizo ARENA someter a su servicio exclusivo el aparato del Estado. Las razones son que para lograr su fin tuvo que recurrir a un aliado que no le permitió verterse del todo en el engranaje estatal. Mauricio Funes reclamó y obtuvo su propia tajada, para él y sus “amigos”. Pero en el fondo, el objetivo de apoderarse por completo del Estado coincide profundamente con su concepción del partido y del Estado. En los países del Este, que sirvieron de modelo, cobró realidad el Estado-Partido y el partido tuvo la forma autocrática que conocemos ahora osificada y que algunos se atreven a llamar “centralismo democrático”.


El filósofo francés, Lucien Sève nos dice que “la forma-partido no es una entidad aislable; está sobre todo dictada por la función estratégica que ella se asigna en el campo político estructurado en el que desea intervenir”[1]. Esta reflexión nos puede ayudar a comprender la permanencia del tipo de organización verticalista y centralista del FMLN y en el resto de partidos que se proclaman “revolucionarios”. Se trata de una forma organizativa heredada de la III Internacional Comunista. No se puede aquí por el poco espacio trazar ni siquiera los rasgos generales de la historia de como se suplantó el “centralismo democrático” por el “centralismo autocrático”. Pero voy a señalar dos puntos que me parecen esenciales: el primero es que en la concepción leninista el “centro” no era el “comité central”, ni aún menos el “buró político”, ni “el lider del partido, su secretario general”. El centro para Lenin era el congreso. Toda la actividad de todo el partido, de las bases, como de la dirección estaba supeditada a lo decidido en el congreso. El congreso era la reunión de todo el partido en donde los delegados representaban tendencias y corrientes. En el congreso leninista no se discutía el texto presentado por la dirección, ni exclusivamente las propuestas de la dirección. Segundo, el pensamiento, las iniciativas, las proposiciones iban de abajo hacia arriba y también de arriba hacia abajo. La dirección no acaparaba para sí misma el momento de la reflexión, dejándole a las bases el “derecho” de ejecutar las directivas. Como las resoluciones tomadas por el congreso procedían de todo el partido, no había necesidad que enviados o representantes de la dirección “bajaran” hasta las bases para “explicar” la “línea” del partido. En el “centralismo autocrático” las cosas se invierten, la dirección es el centro y decide de todo, las bases obedecen y repiten las consignas. Las bases deben de ser dóciles, obedientes y sobre todo disciplinadas, constituir un cuerpo monolítico, dispuesto siempre al combate. Para las bases, para los militantes el partido se vuelve en fin en sí, la dirección adquiere para las bases cualidades de infalibilidad insospechadas. De tal manera que el que se oponga a la dirección se convierte inmediatamente en un elemento “anti-partido”. Esta fue una de las acusaciones que más floreció durante el estalinismo en la Unión Soviética y el Este europeo. También fue la acusación que se esgrimió contra muchos durante las purgas en los partidos “revolucionarios” de Occidente.


El fin en sí que persigue el FMLN va a determinar también la extensión del campo político en el que va a intervenir. Este campo está estructurado de tal manera que las elecciones acaparan casi la totalidad de su actividad. En nuestro sistema las elecciones son los principales actos políticos que se le ofrece a los ciudadanos para la distribución del poder. El funcionamiento mismo del sistema electoral le quita a los electores la real posibilidad de elegir entre opciones que le planteen diversas visiones de sociedad. Es decir los electores sufren una alienación crucial de su derecho a elegir. El FMLN no cuestiona en ningún momento este estado de cosas, se ha acomodado. Incluso tal vez sea uno de los partidos más aventajados, pues la disciplina de sus militantes, su presencia en todo el territorio le da una eficacidad que no tienen los otros partidos. Esto se ha demostrado en los sucesivos avances obtenidos en las elecciones municipales, legislativas y presidenciales.


A partir del objetivo primordial del FMLN, la asunción del poder, en tanto que partido, la organización actual, con los estatutos remodelados para la preservación de la continuidad de la misma dirección, corresponde perfectamente para esta función estratégica. Si el objetivo fuera transformar la sociedad el campo político fuera muchísimo más extenso, las elecciones tal vez ocuparían un lugar importante, pero no serían lo fundamental, ni lo exclusivo. Y el terreno estructurado de su actividad fuera también un momento mismo de la lucha, fuera un aspecto mismo de la transformación social.


El FMLN ha abandonado desde el fin de la guerra toda idea de la toma del poder por las armas. Creo que en estos momentos no existe algún insensato en el país que promueva la lucha armada. Se trata pues de asumir el poder, de llegar al poder por otras vías. Es precisamente este respecto de la reflexión que nos lleva a repensar el momento electoral no como el primordial en la actividad del organismo político que defiende los intereses populares. También nos lleva a la reflexión de que es urgente pensar en la nueva forma-partido que necesitamos para llevar adelante todas las actividades políticas en toda la sociedad de manera permanente (no solo en los momentos electorales). Pues como no se trata de ganar una guerra militar, sino que un combate político, ideológico y no sólo como una opción electoral, sino que como una opción de sociedad, las “armas” son los argumentos, lo que se persigue es la convicción. (sigue)

[1] Sève, Lucien, Commencer par les fins, La Dispute, París, 1999, pág. 179

Pronunciamiento sobre el caso de los jesuitas

Pronunciamiento de la Procuraduría para la Defensa de los Derechos Humanos ante el procesamiento en la Audiencia Nacional del Reino de España de ex militares de la FAES acusados en la muerte de los sacerdotes jesuitas y sus dos colaboradoras


En los últimos días, se han venido desarrollando una serie de acontecimientos relacionados con la tramitación del proceso judicial incoado en el Juzgado Central de Instrucción Número 6 de la Audiencia Nacional de España, en contra de un grupo de ex militares de las Fuerzas Armadas de El Salvador acusados en los asesinatos de Ignacio Ellacuría, S.J.; Ignacio Martín Baró, S.J.; Joaquín López y López, S.J.; Amando López, S.J.; Segundo Montes, S.J.; Juan Ramón Moreno, S.J.; Elba Julia Ramos y Celina Mariceth Ramos, ocurridos en noviembre de 1989.


La Procuraduría para la Defensa de los Derechos Humanos (PDDH), ha seguido con suma atención el diligenciamiento de este caso dado que, sin duda alguna, constituye una prueba del verdadero avance de la institucionalidad y del proceso social de construcción de la democracia en nuestro país. La PDDH tal como lo ha consignado en distintos foros, nacionales e internacionales, estima que este execrable hecho así como la larga lista de masacres aún pendientes de justicia, por ejemplo, la “Masacre de El Mozote” de la cual se conmemorarán 30 años el próximo mes de diciembre, pertenecen a la categoría que el Derecho Internacional de los Derechos Humanos designa como crímenes de lesa humanidad (iuris gentium) y guardan el efecto de ser procesalmente imprescriptibles.


Con respecto a este tipo de crímenes vale decir no operan ni prescripciones ni la aplicación de medidas de amnistía. Mucho menos con las características de la Ley de Amnistía General para la Consolidación de la Paz aprobada por la Asamblea Legislativa el 20 de marzo de 1993, a pocos días de haber sido hecho público el Informe de la Comisión de la Verdad (15 de marzo de1993), se orientaba más a ser un instrumento de favorecimiento de la impunidad, que un medio de reconciliación y de reencuentro de la sociedad salvadoreña.


Como institución nacional de derechos humanos hemos planteado una postura frente a esa norma en el sentido que la misma debe ser anulada no solamente porque es contraria a las obligaciones jurídicas de carácter internacional en materia de derechos humanos, emanadas tanto del sistema de protección universal como del sistema interamericano de derechos humanos sino, porque, constituye un imperativo ético. Es oportuno traer a cuenta que, sobre ese particular, la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH), organismo que forma parte del referido sistema hemisférico de protección, al cual El Salvador está sometido, se pronunció, en los siguientes términos:


La CIDH ha señalado reiteradamente que la aplicación de leyes de amnistía que impiden el acceso a la justicia en casos de violaciones serias de los derechos humanos, hace ineficaz la obligación de los Estados partes de respetar los derechos y libertades reconocidos en ella y de garantizar su libre y pleno ejercicio a toda persona sujeta a su jurisdicción sin discriminación de ninguna clase, según establece el artículo 1(1) de la Convención Americana. En efecto, dichas leyes eliminan la medida más efectiva para la vigencia de los derechos humanos, vale decir, el enjuiciamiento y castigo a los responsables”.


La PDDH, en el anterior orden de ideas, expone su postura institucional en cuanto a que, por un lado, el procesamiento judicial a los ex militares involucrados en la muerte extrajudicial de los sacerdotes jesuitas y sus colaboradoras, debe verse como una oportunidad excepcional para que se imparta justicia a las víctimas y sus familiares; asimismo, debe verse como un desafío para que las instituciones públicas de nuestro país respondan al mandato constitucional y legal para el que han sido creadas.


Vale recordar que esta Procuraduría se pronunció sobre el caso, declarando que:


“Da por establecido el incumplimiento del Estado salvadoreño a las recomendaciones de la Comisión de la Verdad, en lo referente al asesinato de los Sacerdotes Jesuitas Ignacio Ellacuría, Ignacio Martín Baró, Segundo Montes Mozo, Joaquín López y López, Amando López, Juan Ramón Moreno, así como de la señora Julia Elba Ramos y su hija Celina Mariceth Ramos, por el hecho violatorio de no investigar, procesar y sancionar, seria y efectivamente, a los autores materiales e intelectuales del crimen, así como a los funcionarios que participaron de los delitos de encubrimiento y fraude procesal señalados en el citado informe de la Comisión de la Verdad.


El incumplimiento de las obligaciones antes dichas, acarrea por sí mismo, una imposibilidad de que los familiares de las víctimas puedan acceder a una reparación adecuada, que es otra recomendación expresa de la Comisión de la Verdad. Por tanto, da por establecida, también, la violación a este derecho fundamental.”


Por ello, como defensoría del pueblo vemos en el encausamiento a los responsables de la muerte de los padres jesuitas y sus empleadas, una ocasión invaluable para que el Estado salvadoreño pague la deuda histórica que ha acumulado frente a las víctimas en materias de derecho a la verdad, a la justicia y a la reparación integral hacia ellas, y sus familiares. La verdad, creemos, se encuentra íntimamente ligada con el deber jurídico del Estado salvadoreño de investigar o esclarecer aquellos hechos que configuren violaciones a delitos, a derechos humanos y abusos de poder, todo ello como parte del deber de garantía.


En consecuencia ante el auto dictado por el Juzgado Central de Instrucción Numero 6 de la Audiencia Nacional de España, como Procuraduría para la Defensa de los Derechos Humanos hacemos las siguientes consideraciones y recomendaciones:


- El proceso penal mediante el cual se procede acordar prisión, búsqueda y captura internacional de los procesados, fue iniciado sobre la base de leyes propias de su país, lo cual significa que debe respetarse su autonomía e independencia;


- Que debe garantizarse los derechos de las víctimas, que buscan establecer la verdad, justicia y reparación de estos graves hechos.


- Las ordenes de detención, búsqueda y captura internacional, con entrega de las personas a los servicios de INTERPOL, con el fin de solicitar su Extradición, deben ser ejecutadas conforme al procedimiento establecido en la Constitución de la República de El Salvador articulo 28 y 182 numeral 2º; conforme al Tratado de Extradición celebrado entre la República de El Salvador y el Reino de España y leyes secundarias;


- Que ante la trascendencia de este caso es necesario dejar que funcione la institucionalidad en nuestro país a fin de que se garantice un proceso justo, imparcial e independiente en contra de los procesados, quienes igual que las victimas, les asisten sus derechos y garantías procesales.


Finalmente, con este caso, tal como lo han sostenido los representantes de la Iglesia Católica de nuestro país, todos debemos abonar a erigir un orden social fundado en ese derecho y valor fundamental que resulta ser la verdad, la que, recordando palabras del defensor de derechos humanos el insigne Monseñor Oscar Arnulfo Romero, no debe estar esclavizada bajo los intereses de la riqueza y el poder.


San Salvador, 11 de agosto de 2011.

Licenciado Oscar Humberto Luna

Procurador para la Defensa de los Derechos Humanos