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25 agosto 2024

La educación un tema prioritario

El tema de la formación es recurrente cuando se evoca el exiguo interés que despierta nuestro país en los inversores extranjeros. Este tema viene acompañado de los lamentos acongojados sobre su bajísimo nivel y se señala también con insistencia la urgencia de elevar el nivel de nuestra mano de obra. Globalmente es la manera de abordar el tema. Tal vez haya comentaristas que tengan una visión mucho más amplia y más profunda. No obstante la educación de nuestra juventud, su formación se encara como parte de los posibles incentivos para que capitalistas extranjeros vengan al país a invertir. También se alude a las infraestructuras, últimamente también se menciona la versatilidad de nuestra legislación y la imposible confianza que puede inspirar un país en que las instituciones dependen de los caprichos de la clica en el poder.

La empresa destructora de nuestro país que ha emprendido el usurpador, también se manifiesta en este tema, las escuelas siguen en el abandono, muchas escuelas no perciben el dinero que se les destina en el presupuesto de la nación. Los testimonios sobre esto abundan en las redes sociales. La demagogia del dictador que prometió a los estudiantes de la Universidad Nacional no permitir ninguna baja en su presupuesto y que si era elegido a la presidencia, él mismo desfilaría con los estudiantes para protestar. Su protesta fue reducir treinta millones de dólares en el presupuesto universitario.

Por el momento dejemos de lado la denuncia, pues el estado de nuestra educación no ha surgido ahora, es algo endémico y esto no sólo concierne a los sucesivos gobiernos, sino que asimismo a la oligarquía. Durante casi un siglo y medio fuimos un país de analfabetas, baste recordar la denuncia que hizo en su libro “Leer y escribir” nuestro gran pensador Alberto Masferrer. La oligarquía cafetalera no mostró nunca un interés por introducir en el país innovaciones y ella misma fue incapaz de proponer algo transformador de la sociedad, al contrario su conducta fue dejar intactas todas las supervivencias coloniales y feudales. Esta situación duró hasta ya pasada la mitad del siglo anterior. El carácter parasitario de nuestra actual burguesía lo ha heredado de aquella oligarquía que nunca se propuso mejorar las condiciones de trabajo y de vida de su “fuerza de trabajo”.

Caben algunas palabras explicativas del calificativo “parasitaria” que he usado respecto a la vieja oligarquía y a la actual burguesía. Durante décadas fue corriente ver a los cafetaleros ausentarse del país e ir a disfrutar de su fortuna a Miami o a cualquier otra ciudad de veraneo, volvían algunos meses para administrar los cortes y luego la expedición de su mercancía al extranjero. Pero sobre todo ocuparse igualmente de exportar sus ganancias para colocarlas en negocios financieros. Pagaban pocos impuestos cuando no podían eludir esta obligación. El país no prosperaba y esto dejaba indiferente a la clase privilegiada, no era un problema que le incumbiera. La educación de los salvadoreños no fue nunca algo que se abordara en las playas veraniegas de Miami, ni en casinos extranjeros. Fue así como fueron acumulando capitales afuera y haciendo negocios en lugares con mejores tasas de ganancia. El Salvador fue su vaca lechera y la ordeñaban hasta el desgaste. La actual burguesía no ha cambiado de actitud.

Recordemos los “papeles panameños” que revelaron que hasta los nuevos ricos, como el dueño del FMLN, Luis Merino, también fueron descubiertos con depósitos de millones de dólares en el extranjero. Es una práctica casi consubstancial del capitalista salvadoreño. El dinero de Luis Merino colocado en Panamá provenía de Alba-Petróleos que inicialmente fue promovida como para ayudar al desarrollo de municipios pobres.

El viraje que cobró el país en la década de los cincuenta (los historiadores tal vez tengan más que contarnos al respecto) fue el inicio de ciertas mejoras incluso en la educación, la red de escuelas creció, surgieron escuelas que se llamaron “experimentales” (en los años sesenta se llamaron “vocacionales”), en estas últimas se enseñaban diferentes oficios, poco a poco el Ministerio de Educación (que apareció en 1939 apenas) fue elaborando planes y programas con mejores contenidos y mejores intenciones. No obstante la educación nunca constituyó una prioridad de nadie, los patrones tal vez exigieron alguna vez mejorar su mano de obra.

Y en realidad cuando se habla de mejorar la formación de nuestra juventud para atraer inversionistas se manifiesta una visión limitada y limitante de la educación. No se toma en cuenta la persona de los educandos, sino que el servicio que puedan prestarle al capital. En nuestra sociedad, como en el resto de sociedades capitalistas, la persona humana no es considerada en su integralidad, apenas se le ve como un apéndice de las máquinas, los trabajadores no son sujetos reales, su desarrollo autónomo e integral no puede existir en la visión capitalista. Todo está encaminado a sacarle provecho, se evalúa su utilidad y es esta la que requiere preparación.

No obstante ahora estamos enfrentados a algo aún más grave, son colosales los ataques que la dictadura asesta al sistema educativo. Luego de su campaña mentirosa de hasta la construcción de cinco escuelas semanales y las computadoras para cada cipote, el dictador deja centenares de escuelas sin las debidas asignaciones presupuestarias, las que reciben dinero les toca por cada alumno y por día apenas 0.03 céntimos de dólar. Pero en muchas escuelas los maestros tienen que sacar de sus propios bolsillos el pisto para comprar los insuficientes materiales didácticos, cartones, yeso, crayones, lápices, etc. En muchísimas escuelas no hay electricidad, ni agua potable. Y el payaso pavonea que somos un país del primer mundo.

La cuestión urgente que aparece es ¿cómo contrarrestar estos ataques, cómo detener el derrumbe de lo poco que tenemos? No se puede esperar por el momento un movimiento de los propios maestros, ante tanto despido de empleados del gobierno, viendo sindicalistas encarcelados y los asesinatos que ocurren en las prisiones, la brutalidad de la policía y la soldadesca en las calles buena parte de la población vive amedrentada, con miedo. Los maestros viven en esta realidad de miedo y amenazas. Quizá lo que nos queda es solicitar de otros pueblos la solidaridad y su apoyo.

Dejo para más tarde algunas reflexiones sobre la educación para el futuro, lo que debemos preparar cuando hayamos reconquistado la república y el destino del país.




 

18 agosto 2024

¡A remojar barbas se ha dicho!

 Por Carlos Abrego

Nadie fue capaz de vaticinar que con la llegada de Bukele al poder, iba a desatarse una serie de catástrofes sociales. Estas son reales, el país se ha endeudado y está a punto de ahogarse en esa deuda y el FMI tarda en lanzar el salvavidas que Bukele reclama a gritos; la hambruna ya no es un fantasma que amenaza, sino que una dolorosa realidad, que se expande por todo el país. La carestía de los productos de la canasta básica sube a inalcanzadas cimas. Es frente a esta hambre y desesperación que los agentes de la CAM de San Salvador libran batallas callejeras y destruyen las mercancías de los vendedores ambulantes. Con esto sumen aun más en la pobreza a estas familias, privándolas de sus fuentes de recursos para poder pagar su sobrevivencia diaria. La cólera de muchos contra los agentes de la CAM es justificada, pero se equivocan un tanto del principal blanco, que en realidad es el alcalde mismo de San Salvador, quien obedece al presidente de la exrepública salvadoreña.

El gobierno de Mauricio Funes no emprendió reformas estructurales para transformar la sociedad salvadoreña, sin embargo sí realizó reformas y tomó medidas, hasta donde se lo permitió la derecha, que aliviaron en mucho el malvivir de numerosas familias, ayudó a los escolares con desayunos gratuitos, útiles y zapatos también gratuitos y el par de uniformes anuales, creó instituciones sanitarias y de asistencia social para la niñez y las mujeres. Sánchez Cerén mantuvo estas medidas intactas, actualizó tal vez alguna. Por lo general no anuló ninguna de estas medidas.

Al llegar Bukele sí han desaparecido en realidad algunas, llegó prometiendo mejorarlas todas y en vez de eso tenemos que cierra instituciones, las ayudas a la niñez renquean en su ejecución y la promesa tantas veces repetida y gritada de que renovaría los locales vetustos de las escuelas y que construiría nuevas y como mentir le es tan fácil ha afirmado varias veces que estaba construyendo cinco escuelas semanales, nadie las vio, pero hay quienes le creen, sobretodo afuera del país.

Nuestra sociedad no ha progresado mucho en su mentalidad, podemos decir que groso modo nos dominan sentimientos totalitarios, casi fascistas, tenemos el culto del cacique fuerte y dominador. Cuando las maras fueron creciendo y hubo personas que llamaban a instaurar medidas preventivas y de reeducación eran rechazadas por la mayoría. Eran rechazadas por inútiles e ineficaces, a la sumo podían servir a largo plazo, pero lo que se imponía era exterminar a esa gentuza, a esos criminales. Este término usado en la Alemania nazi no aparecía en los comentarios diarios de manera fortuita, reflejaba un modo de pensar y sentir ya viejo entre nosotros, desde alguna adoración que logró adquirir el mismo prototipo de dictador Maximiliano Hernández Martínez y que se fue prolongando bajo la larga sucesión de dictaduras. Nos acostumbramos al orden dictatorial, a las soluciones represivas. Aquello de que en algo andaba metido para justificar una captura de cualquiera mostraba a las claras que lo subversivo no recibía ninguna aprobación, ni apoyo. Esta mentalidad persiste en el país y de alguna manera el usurpador dictatorial la inculca y la alimenta.

Con el Estado de Excepción que se ha vuelto permanente, recibe por sus resultados visibles la aprobación casi unánime de la población. Es cierto que el pánico y temor constantes que reinaban en buena parte del territorio nacional han desaparecido y ahora la gente puede circular por las calles tranquilamente y hasta los niños pueden jugar sin amenazas de las maras. Esta medida radical no ha encontrado ningún obstáculo para su aceptación. El gran pero que ha comenzado a aparecer es que bajo el amparo de esta aceptación general, las autoridades apresan también a gente inocente y se aprovecha para arreglar cuentas políticas y reprimir la naciente oposición a su gobierno. Hay también gente que es torturada, hay otros que han sido asesinados en las cárceles, etc. Todos estos atropellos son del dominio público. Sin embargo el usurpador hábilmente replica que los que defienden a los llamados inocentes lo que realmente quieren es liberar a los mareros.

Esta falacia ha calado incluso en defensores de los derechos humanos, casi todos al denunciar los atropellos que sufren las víctimas inocentes en las cárceles y reclamar su justa liberación, no omiten agregar que no están pidiendo que se liberen a los criminales. Con esto hay un problema de sociedad y de ética muy importante. Es cierto que ya no hay más justicia en el país, los jueces tienen que sobreponerse al miedo para dar fallos que puedan disgustar al régimen, la Constitución fue asesinada y no tuvo ni siquiera un entierro digno, se le dejó pudrirse abandonada en los escombros de nuestra dolorosa historia.

El Código Penal ya no tiene vigencia y la presunción de inocencia es un concepto fantasma para los carceleros del régimen. Los presuntos criminales que están ahora en las cárceles salvadoreñas no han tenido juicio, ni ninguna notificación judicial, no pueden ser asesorados por abogados, muchos están privados de visitas, salvo algunos cabecillas que tienen un trato particular, tal vez por antiguos favores que recibió el caíd de la clica gobernante.

Todas estas ilegalidades se han vuelto minucias. Esto ha venido a completar una filosofía del derecho retrógrada que rige en nuestro país. Las penas mínimas en El Salvador son en cantidad de años como las máximas en países europeos. La privación de libertad preventiva se ha vuelto la norma, lejos está de ser una excepción, un último recurso. El Salvador está en la lista de países latinoamericanos con el 80% de encarcelados sin condena (con Bolivia, Paraguay, Uruguay, Panamá y República Dominicana), esto debido al rezago judicial. Esto es una realidad que existía ya antes del Régimen de Excepción.

Ahora en el retroceso civilizatorio emprendido por el usurpador, en la Asamblea se ha hablado de hacer juicios por montones, decenas o centenas, en los que no se podrá juzgar equitativamente a nadie, pues no habrá tiempo, ni posibilidad para juzgar uno por uno a todos. La condena será igual para todos. Esto se aborda tranquilamente, sin estorbos morales, en la Asamblea. Los inocentes que sufren prisión (que no es ni preventiva, ni provisional, sino que simplemente arbitraria) son la demostración de que los desmanes del dictador le pueden alcanzar a cualquiera, que nadie se tenga por librado. ¡A remojar barbas se ha dicho!

Ahora volvamos a la frase que no omiten agregar los defensores de los derechos humanos cuando reclaman la liberación de sus protegidos, “que no están por que se liberen a los criminales”. Claro que la presión inmoral que ejerce el dictador los obliga a esta precaución oratoria, no obstante esto significa una tácita aceptación de que esos criminales sigan en cárcel sin que se les aplique a ellos el derecho a la defensa, ni el derecho a la presunción de inocencia, de que se les aplique imparcialmente la justicia. Recapacitemos en lo que esto significa de retroceso en la concepción del derecho, aceptamos que la reclusión sin juicio, ni condena tiene absoluta cabida en nuestra sociedad. Este es un paso mayor en la aceptación no sólo de la ideología de la dictadura, sino que también en la aplicación de esta arbitrariedad ahora y para siempre. Esto se vuelve sin más en un principio de nuestra filosofía del derecho.


11 agosto 2024

Por otra sociedad realmente nueva y nuestra

Por Carlos Abrego

El tiempo no se detiene, en su pasar lo que a su adentro sucede, va creando historia, pasado. Hace algunos días tuvo lugar la Convención cuarenta y cuatro del FMLN, de alguna manera ese hecho va ya entrando en la historia, en el pasado. Ahora lo que podemos afirmar es que a nosotros, los que vivimos en este presente del que también de todos modos hace parte esa Convención, nos parece que se esperaba otra cosa, que por fin surgiera una autocrítica que explique este desmoronamiento vertiginoso que se ha soldado por un partido sin representación institucional, sin diputados, ni alcaldías. Al contrario el secretario general, Manuel Flores, llegó a vanagloriarse de ser la segunda fuerza política del país. Es lo que proclamó en su improvisado discurso final de la Convención.

Exhortó a los miembros de su partido a entrar en campaña “no electoral”, “permanente”, pero con el objetivo de reconquistar los puestos electivos perdidos. Ese fue el punto fundamental de su discurso. También fijó la tarea de “acompañar al pueblo en sus luchas y de ayudar a los necesitados”. En una declaración del 15 de julio pasado a Prensa Latina, Flores sostuvo que “una de las primeras cosas que voy a hacer en mi primer discurso como secretario general es pedir perdón al pueblo por los errores cometidos por anteriores direcciones partidistas”. Este gesto de Pilato, lo deja aún más claro al seguir en su declaración “reconoceremos los errores y luego enrumbar y corregir lo mal hecho. Sobre esa base vamos a caminar pero no voy a vivir dándome golpes en el pecho, porque esos errores no son míos todos, pero si voy a asumir el reto colectivo como Secretario General”.

He leído esto no sin justificada perplejidad. Mi asombro es la ausencia de solidaridad con sus camaradas dirigentes anteriores y algunos que lo van a acompañar, pues a la Comisión Política entraron en su mayoría los que estaban ejerciendo la dirección hasta la apertura de la Convención. No sé si pidió o no perdón al pueblo, pero lo que queda claro con cristalina nitidez es que los errores ya son historia y que no los va asumir de ninguna manera. Al parecer los errores no son del partido, sino que de algunas personas, o sea que fue candidato presidencial, pero no tiene nada que ver ni con los errores cometidos, ni con las direcciones pasadas. En esto veo clara indigencia ética.

Cuando digo que Flores considera que los errores ya son historia, me refiero a que esta manera de ver las cosas es como si el paso del tiempo los ha borrado. Esos errores ya no pertenecen al presente del FMLN. Entonces ¿por qué pretende corregirlos? No critico aquí la falta de lógica, sino que cierta pobreza ideológica, pues la encrucijada en la que se encuentra el país, un partido con el pasado del FMLN debe con valentía y honor asumir sus responsabilidades de fuerza política de oposición y como fuerza política que alguna vez tuvo objetivos mayores de transformar al país. Es eso lo que nos obliga a ocuparnos de su política actual. Lo que vemos ahora es que su pensamiento no tiene nada que ver con el partido que llevó adelante una guerra, que fue ejemplo y modelo en América Latina y que movilizó millares de personas con propósitos claros y por lo que muchos ofrendaron sus vidas. Este pasado lo siguen mencionando, les sigue sirviendo de tarjeta de visita, pero cae en el olvido cuando se trata de asumir las responsabilidades históricas del momento.

En todo su discurso no mencionó al dictador usurpante y ni a su gobierno, no criticó la política que perpetran, ni sugirió en ningún momento que los ataques a las libertades públicas destruyen vidas individuales y familias, tampoco denunció la falta de una política económica coherente y útil para la población. Supongo que sería fuera de lugar o algo muy delirante pedirle que denuncie al capitalismo y la producción de todas las alienaciones que hacen sufrir a la gente. El gobierno con método minucioso destruye todo el tejido social salvadoreño, el sistema histórico de la red municipal fue volcado a la nada, distanciando a millones de personas de los centros en donde se debe decidir aspectos de sus vidas cotidianas. El usurpador le robó el dinero a los poderes locales (el FODES) y cada día que pasa pisotea su autonomía, etc. Manuel Flores no dijo nada de todo esto.

No obstante frente a la política agresiva del dictador, que destruye al país como un invasor extranjero, no se puede seguir con las interjecciones que han usurpado la función del razonamiento. Son muchos los que emiten ayes cebollentos y dios míos chillones y destemplados que confiscan la atención, pero que no logran convencer a nadie. Para convencer es menester usar el argumento que exige examen previo de la situación para proponer posibles soluciones. No se puede seguir con los ojos cerrados o tapándose los oídos ante las críticas que se emiten contra el FMLN, estas críticas no son traicioneras, ni puñaladas traperas. Esto por un lado, el otro lado es también la actitud que debe tomarse ante la dictadura, ¿se espera que el tiempo haga su labor y cumpla con aquello de que no hay mal que dure cien años? Para muchos aún es necesario hacerles el llamado a abrir sus consciencias y preguntarles si un partido que ya no prepara estrategias, ni puede ejecutar tácticas y que improvisa discursos incluso en su instancia reflexiva más alta como es la convención nacional, ¿puede servirle al pueblo, a la nación entera para liberarse de todas las opresiones, para derrocar la dictadura?

La situación actual es grave, bajo la aparente quietud forzada por los consecutivos decretos de renovación del Estado de Emergencia, hay una violencia instituida en las cárceles, en las calles con la presencia de militares y policías que no respetan nada, que pueden capturar, destruir puertas, muebles y privar de libertad al que se les antoja. Los jueces no tienen libertad de ejercer su oficio, hay muchos que decretan libertad de los reos apresados ilegalmente y los carceleros devuelven cadáveres. El hambre en muchas familias es real y diaria. Las escuelas siguen en pésimo estado, los niveles de formación son bajos, muchas Casas de la Cultura fueron cerradas, más de trecientos empleados del Ministerio de Cultura fueron despedidos de un día para otro, como ha sucedido con muchos otros empleados públicos. Recuerden que desde el inicio el dictador sacó a muchos empleados por el simple hecho de llevar el mismo apellido de algunos dirigentes de su antiguo partido, el FMLN. Ya no tenemos Constitución y preparan una que no será para la nación y su ética nacional, sino que es para complacer los caprichos del usurpador. Esta empresa de destrucción descivilizadora de la nación y del país nos hunde aun más en la barbarie, antes eran los delincuentes los que cometían actos salvajes, ahora son los uniformados del Estado los que se encargan de aterrorizar a la población. Y hay que tener presente que esta violencia apenas empieza, se va a agravar cuando la gente rechace cada vez más la amargura de la política de la clica de los Bukele y sus asesores venezolanos.

Tenemos que pensar desde ahora como construir una política que limite esta empresa de destrucción y como crear aspiraciones no para volver al pasado, sino para construir un futuro mejor para todos. Debemos recrear esa aspiración por otra sociedad realmente nueva y nuestra.



 

07 agosto 2024

Empezar por los fines

 

Por Carlos Abrego

Hace pocos días hojeaba el libro de Blaise Pascal, “Pensamientos”, confieso que nunca lo he leído de pe a pa, entonces me topé con esta reflexión: “Es algo deplorable ver a los hombres deliberar sólo sobre los medios y jamás sobre los fines”. Nuestro país, nuestra sociedad, atraviesa una profunda crisis social, cultural y política y muchos nos planteamos como principal tarea salir de ella. Es claro que la primera pregunta que nos hacemos es ¿cómo? Es innegable que la interrogación apunta hacia los medios y nos hemos enfrascado en discutir en ese cómo. Sabemos que la solución al problema pasa obligatoriamente por las luchas. ¿Cómo organizar estas luchas, quién las organiza, qué tipo de luchas, etc.? Algunos sugieren que se tiene que volver al liderazgo del FMLN, otros rechazan tajantemente esta opción, no sólo por su derrota y estado actual, sino que porque lo consideran la causa misma que nos condujo a la crisis. Otros proponen nuevas organizaciones, de varios tipos y conduciendo luchas sociales sin participar actualmente en las elecciones. Quizás el único punto de concordia es la urgente necesidad de elevar el nivel de conciencia de nuestro pueblo.

El repudio casi general al estado actual de nuestra sociedad implica, aunque de modo inconsciente, el rechazo al sistema económico y al consiguiente retraso social que conlleva y al que nos vemos reducidos. Haber estado sometidos al dominio económico extranjero durante tanto tiempo, que además fue complacientemente aceptado por la oligarquía nacional y justificado por su élite intelectual asociada, nos ha privado de la base material para un desarrollo social y económico autónomo y autosuficiente. De cierto modo, la salida de este sistema económico está planteada en el pensamiento de la izquierda salvadoreña desde por lo menos los años cincuenta del siglo pasado. Y también desde entonces hubo una enconada lucha por imponer el “cómo salir”, las famosas vías armadas o pacíficas. Aun no hemos olvidado nuestra historia reciente y no ignoramos que hasta dentro de la opción armada se siguió proponiendo la “vía democrática”. Es doloroso reconocer que la situación actual nos muestra que ambas vías fracasaron.

La lucha no la lleva adelante solamente la parte popular, sino que también la clase dominante sirviéndose de su Estado despótico, las luchas populares fueron concretamente dirigidas contra las sucesivas dictaduras. Las luchas emancipadoras del pueblo salvadoreño, urge decirlo, no tuvieron como único blanco la futura construcción social, ni la independencia del imperialismo, sino que concretamente se entrelazó con las luchas antidictatoriales. En la mente, en la conciencia de los salvadoreños predominó este último punto. El primer objetivo fue siempre sacarnos de encima a la dictadura.

Cabe señalar que en lo concreto no se supo pensar la dialéctica de ambas luchas, la inmediata y la mediata. Lo urgente ocupó todo el terreno de nuestra reflexión, de allí que el objetivo de la “toma del poder” cubrió o mejor dicho eliminó de nuestro pensamiento la configuración de la sociedad a la que anhelamos. Las circunstancias no se prestaban al desenvolvimiento y desarrollo de la teoría revolucionaria propia, la clandestinidad no es propicia para la controversia teórica, la compartimentación de tareas y el verticalismo organizativo impusieron un dogmatismo casi natural, pues la razón, la verdad absoluta le pertenecía a las dirigencias. Los desacuerdos se arreglaban con insultos, expulsiones y anatemas. Nuestro “marxismo” fue siempre de segunda o tercera mano y muchas veces era simple y llanamente el viciado marxismo estaliniano. La dialéctica se redujo a cuatro o cinco reglas que anihilaban el complejo método o forma de pensar desarrollado y propulsado por Hegel y Marx. Esto que señalo aquí no es un mal salvadoreño exclusivo.

Si logramos algún día sacarnos de encima a la clica de los Bukele ¿habremos resuelto todos nuestros problemas? En realidad eso sería apenas un episodio en nuestra historia, que ahora se nos pinta como el más importante y el más urgente. No niego la importancia, ni la urgencia de llevar algún día ante los tribunales a todos los delincuentes y usurpadores que ahora nos gobiernan. No obstante echemos una mirada hacia atrás, ¿acaso no tuvo su gran importancia el acto en que se firmaron los Acuerdos de Paz? Allí se abrió un nuevo episodio de nuestra historia. ¿La izquierda estaba preparada para responder las aspiraciones, los anhelos, las ilusiones del pueblo salvadoreño? Estamos con esta dictadura cerrando el ciclo iniciado entonces. Y hay que decirlo, fue la izquierda que llevó en ancas hacia el poder a este insolente y pretencioso ignorante de Nayib Bukele. La izquierda llegó al poder sin tener al inicio la capacidad de presentar su propio candidato a la presidencia, aun menos de tener claro qué es lo que había que hacer ya en el poder. Escudarse en que no se tuvo la mayoría parlamentaria es negar la incapacidad rotunda de lograrlo, ni el deseo de averiguar los motivos, todos los motivos del fracaso. La presencia de ese monigote en el poder se lo debemos al FMLN, ¿cómo pudieron consentir las “bases” que un recién venido al partido pudiera casi de inmediato representarlos en la principal alcaldía del país? Pero fueron las “bases” las que aclamaron y promovieron a Mauricio Funes como candidato presidencial, sin ser miembro del partido. Funes nunca ocultó que no comulgaba con las ideas, ni los programas del FMLN, afirmó que tenía su propio programa. Es que esas “bases”, que en realidad son el partido, tenían bajo nivel ideológico y de manera borrega obedecían a la dirección oportunista de derecha del FMLN.

No se trata de venir a achacarle a uno u otro individuo la responsabilidad de lo ocurrido. La historia obedece a otros criterios, a otras leyes. Ahora debemos constatar que era imposible tener otro tipo de organización que el que se tuvo, que al verticalismo se le llamaba “centralismo democrático” y que tenía la aureola de su origen leninista. Nadie podía darse cuenta entonces que en la práctica, concretamente se había heredado un funcionamiento estalinista. Y de esto no fuimos las únicas víctimas, apenas a fines del siglo pasado e inicios de este, en el mundo, algunos teóricos han empezado de reflexionar sobre este problema y aún no se llega a soluciones evidentes. Este modo de funcionar llevó al FMLN, en los años ochenta, a tener estrategias militares y políticas enfrentadas y en algunos casos antagónicas. Unos pensaban que la guerra debía de ser prolongada y otros que era urgente terminar con ella y pasar a luchar democráticamente. Sucedió lo que tenía que suceder, nadie puede saber que hubiera pasado si la otra opción hubiera triunfado. Pero en ningún caso hubieran sido, ni fueron las “bases” las que decidieron. Obligatoriamente debemos constatar que el nivel de conciencia de los militantes era bajo, no así sus impulsos, sus deseos, sus anhelos, su ganas de cambiar las cosas, de acabar con esta sociedad de miserias que nos imponen los ricos.

Acabar con esta sociedad de miserias sigue siendo nuestro anhelo, nuestro más hondo deseo, sin embargo seguimos sin saber por qué otra sociedad luchamos. Nuestras luchas antidictatoriales tienen presente, son concretas, tienen realidad, mientras que la lucha por la nueva sociedad es totalmente abstracta, aun no tiene existencia, no tiene realidad. Sin embargo sería un craso error oponerlas, considerarlas de manera separada, no ver que realmente son un todo, que son una unidad de contrarios, no se puede pues ignorar uno o el otro. El fin de nuestra lucha es la otra sociedad, a la que llegaremos mediante las luchas concretas de ahora, que no se puede obviar ni una, ni la otra. No obstante es necesario saber que ambas luchas al unirlas estrechamente tienen fuerza educadora y elevadora de nuestra conciencia. Así que vale la pena también comenzar por los fines.


19 mayo 2024

Por una nueva nación

Hay gente muy alarmada por la empresa destructora del país dirigida por la clica de Bukele y que dura ya muchos años. Ya no tenemos instituciones democráticas, no hay recursos posibles, se destruye la economía nacional, se endeuda al país, ya no hay Constitución, puesto que el gobierno y los dos otros poderes la pisotean a diario. Ya no vamos a tener presidente, pues Bukele es un usurpador y no tiene ninguna legitimidad, puesto que su candidatura era inconstitucional. Por mucho que la falsa Sala de lo Constitucional haya emitido fallo para su reelección, pues tampoco ellos son magistrados legítimos, su nominación fue más que viciada e irrespetuosa de los trámites legales.

Ya son tantas las violaciones a la Constitución, que nadie ha protestado por el hecho de que el bachiller Bukele haya puesto en venta la nacionalidad salvadoreña y que ahora quiera regalarla a los que se atrevan a venir a invertir en el país. El artículo 92 de la Constitución actual no dice que nuestra nacionalidad se puede regalar o ponerla en venta. No se sabe de nadie que haya comprado un pasaporte salvadoreño, ni que se haya presentado a algún consulado a manifestar su deseo de residir en El Salvador e investir en el país. Otro fiasco bukeliano, como el bitcóin.

Ante la destrucción de la república y la inexistencia de leyes, salvo los caprichos del dictador, muchos salvadoreños exigen que el Régimen de excepción ya no sea renovado, una excepción que se ha vuelto la normalidad. Lo que motivó la instauración del Régimen de excepción fueron los numerosos asesinatos cometidos por las maras en un fin de semana trágico, al parecer tanto el Ejecutivo, como la Asamblea, consideran que durante estos dos años el problema de los asesinados por los pandilleros persiste hasta el día de hoy, pues en el artículo 30 de la Constitución se establece que se puede renovar el Régimen de excepción únicamente “si continúan las circunstancias que la motivaron”.

Es evidente que hay que seguir denunciando los desmanes del poder, que se debe de luchar para limitar las arbitrariedades, pero la lucha fundamental a la que tiene que abocarse el pueblo salvadoreño es derribar la dictadura a fin de restablecer la legalidad, abrogar todas las leyes que vinieron a pisotear nuestra soberanía, nuestra cultura y nuestra historia. La lucha no se puede limitar a restablecer lo que teníamos antes de que se iniciara la destrucción del país por los Bukele. La sociedad en la que vive el pueblo salvadoreño permite que muchos cipotes crezcan sin escuelas apropiadas, sin una alimentación equilibrada, sin poder adquirir conocimientos científicos y culturales para el desenvolvimiento de sus personalidades y potencialidades. Esta sociedad propicia la extrema explotación de nuestros campesinos, que muchos siguen viviendo sin las mínimas condiciones de vida decente, sin agua potable a su alcance, sin electricidad, en un hábitat degradado e indigno para un sano vivir. Los trabajadores en general reciben por su trabajo sueldos que no alcanzan para cubrir las necesidades mínimas para reproducir sus vidas y las de sus familias. Hay que comprar ropa, comida, pagar el alquiler, el agua, la electricidad, el transporte, alguna que otra diversión, etc. Los salarios no alcanzan para todo eso. Hay enormes deficiencias en los servicios de salud pública, la gran mayoría de los ancianos no tienen pensiones que les permitan terminar sus vidas dignamente.

Todo esto último no resulta de la inactividad del gobierno actual, todos los gobiernos anteriores no emprendieron nada que viniera a resolver estos problemas nacionales. Bukele acusaba casi a diario la “cúpula” de haber olvidado sus antiguos ideales, nunca dijo exactamente cuáles, pero dejaba suponer que a su llegada a la presidencia él sí iba a recordarlos y ponerlos en práctica. Ahora vemos que se ha olvidado por completo y se esfuerza porque nuestra gente también los olvide. Desea borrar de nuestras mentes todo nuestro pasado de luchas, algunas de gran heroísmo.

No obstante, hay algo que puede sorprendernos, Bukele goza de cierta popularidad y de apoyo en una franja bastante amplia de la población. Cada día que pasa esa popularidad y apoyo decrecen, el diluvio de propaganda y publicidad cada vez hace menos mella en la población salvadoreña. Pero no se puede soslayar esa franja bastante amplia de los salvadoreños que siguen fascinados por su persona y algunos hasta llegan a endiosarlo. Tampoco se puede eludir que la resistencia es escasa, de muy poca envergadura al ver todo lo que los Bukele y su gobierno han emprendido, asistidos y asesorados por un grupo de venezolanos, para destruir al país y hundirlo en astronómicas deudas que nadie ve en qué se usan, ni quien se favorece de todo ese dineral.

La transparencia, garantía de democracia, ha desaparecido, nada se sabe del enriquecimiento de los Bukele y sus secuaces, nadie sabe quiénes son esos venezolanos, ni cuando devengan. No creo que alguien se haya olvidado de la promesa de instituir la CICIES (Comisión Internacional contra la Impunidad de El Salvador), lo hizo, pero cuando Ronalth Ochaeta informó que había enviado 12 avisos de posibles ilícitos en carteras del Estado a la Fiscalía General de la República, Nayib Bukele se retractó y le ordenó a su Fiscal General romper los tratos con ese nuevo organismo, desde junio de 2021 ya no existe. Y desde entonces muchos gastos y cuentas fueron declarados “reservados”, aquí no pasa nada, silencio, pasen de largo.

Como se puede pensar, un simple retorno a lo que había antes no es suficiente, porque con ello no podremos reparar todo el daño cometido y que siguen cometiendo los mareros en el gobierno. Entonces es urgente elevar nuestras exigencias sociales y democráticas. No existe un solo ámbito social o económico que no urja de enmiendas o profundos cambios. Cada sector de la población tiene listar sus prioridades, sus exigencias. El pueblo salvadoreño tiene que levantarse de nuevo, ponerse de pie y alzar su voz. Tiene que retomar el hilo de su historia y luchar por una nueva nación.








 

21 marzo 2024

En el fondo del pozo

El país ha llegado al fondo del barranco, claro que siempre se puede llegar más abajo. Lo peor siempre se presenta como la página siguiente de nuestra historia. Sin embargo, lo que nos permitía imaginar, dadas las circunstancias heredadas después de la guerra y los Acuerdos de Paz, una dictadura como la que tenemos ahora se nos ocurría como improbable. Por supuesto que si nos ponemos a analizar, podemos descifrar todos los pasos que nos condujeron a este callejón sin salida. No se ve luz al otro lado del túnel, todos los horizontes nos parecen tapados por nubarrones negros.

Las antiguas fuerzas sociales han periclitado por completo, sin pronosticar su total desaparición, pues la inercia de algunos organismos es alimentada por sus antiguas lealtades militantes. No han decaído por completo, pero ya no influyen en el ámbito político, tal vez solo en el ensañamiento retórico del dictador que continúa vanagloriándose de su triunfo sobre el partido que lo puso en órbita y del viejo rival de derecha.

No obstante existe un acuerdo en la necesidad de deshacer el régimen actual y volver a la lenta construcción de la democracia que se había emprendido en el país. Nadie ignora que para ello es urgente emprender luchas tenaces y continuas. De inmediato surge la pregunta ¿cómo llegar a estas luchas? Y muchos piensan que todas estas luchas deben tener como mira las próximas elecciones. Creo que en realidad hemos vuelto, con las diferencias obligadas por los cambios de época, a las mismas circunstancias que motivaron el surgimiento de las FPL, que planteó como estéril políticamente la participación en elecciones que ya estaban perdidas de antemano. Ahora nos encontramos frente a una aplanadora propagandística que despilfarra millones de dólares en promover la imagen del dictador tanto en el interior como en el exterior del país.

No se crea que estoy proponiendo tomar las armas de nuevo y volver a la guerra de liberación nacional. De alguna manera los Acuerdos de Paz significaron la derrota de las fuerzas populares. Lo que siguió fue el dominio completo de la derecha, pero con ciertas concesiones importantes desde el punto de vista histórico, la izquierda pudo organizarse y participar en la política más o menos libremente, las instituciones estatales comenzaron a funcionar y aparecieron instancias de recurso y garantías constitucionales, se logró introducir y crear organismos de transparencia en el manejo de los recursos del Estado. Sabemos que todo esto ha desaparecido y lo podemos considerar como el cabo del proceso iniciado en los años setenta. Aclaremos que el inicio de la derrota tuvo lugar cuando se abandonó la estrategia, pensada por Cayetano Carpio, de la guerra popular prolongada. Al respecto he escrito varias veces en este blog.

Pues bien, esta estrategia no era solamente militar, sino que también política. Es necesario entender esto para pensar qué es lo que debemos emprender y cómo hacerlo. En muchas ocasiones anteriores he abordado el tema del partido político de nuevo tipo. He criticado la falsa democracia del modo de funcionar de los partidos que usan el famoso centralismo democrático. Este principio organizativo tuvo vigencia en el partido bolchevique durante largos años de la preparación y consecución de la Revolución de Octubre. Funcionó bajo la influencia vigilante de Vladímir Ilich Lenin, luego sufrió la degeneración propiciada por Iósef Stalin, en la que el centralismo dejó de ser democrático y se transformó en simple centralismo y que condujo al culto de la personalidad del líder del partido. El secretario general era un hombre orquesta, filósofo, estratega militar, economista, etc. y su opinión era preponderante en cualquier litigio o discusión. La base, la famosa base, era ejecutora, obediente, sumisa y pasiva. De hecho este funcionamiento está en el origen del declive total del movimiento comunista internacional.


Se puede afirmar que fue esto lo que ha motivado la reflexión sobre el partido político de nuevo tipo. Esta reflexión se lleva en muchos países, con altos y bajos y en algunos lugares hay pensadores que han teorizado al respecto. No voy a entrar por el momento en el detalle de estas reflexiones, no obstante lo que ya he dicho en otros artículos puede servir de inicio de la presentación del tema. Lo principal es que la función de dirigencia ya no está centralizada, no hay una dirección que piensa y decide la acción, ni el rumbo de las acciones. Es el conjunto de militantes que ahora piensa y decide realmente de lo que es menester hacer en cada momento. Muchos han reaccionado ante este planteamiento como si fuera una simple utopía y han objetado que siempre es preciso una dirección, una cabeza.

Hay que decir que desde fines del siglo pasado e inicio de este, aparecieron movimientos reivindicativos que tuvieron este tipo de organización, recuérdese el movimiento de “las noches de pie” en Francia, los “Indignados” de la Puerta del Sol, en Madrid, los “Occupy Wall Street” del parque Zuccotti de Nueva York. De algunos de estos movimientos surgieron partidos políticos que luego entraron a participar en la vida política nacional y adoptaron las antiguas formas de funcionar, produciendo fracasos en los iniciales intentos sociales, otros fueron reprimidos violentamente por el poder político. Hay un movimiento que ha tenido repercusión mundial, que sigue existiendo y que sorprendió a todos, me refiero a los Chalecos amarillos (Gilets jeunes). Este movimiento desconcertó a todos los observadores, los periodistas les exigían que nombraran un “portavoz oficial”, un “representante oficial”, etc. Su desconcierto fue mayúsculo. Pero el principio tácito de los Chalecos amarillos fue no tener líderes, ni portavoces, cada círculo, cada grupo podía hablar en nombre suyo o de todos. Cuando aparecieron en las escenas de los programas televisivos fue impresionante como los periodistas insistían en que debían elegir un representante oficial o un portavoz único. Incluso optaron por una persona que ellos mismos promovieron como el portavoz de los Chalecos amarillos. Esta persona se negó e incluso rechazó las invitaciones a aparecer en los plató televisivos. Este sigue siendo el funcionamiento de los Chalecos amarillos hasta el día de hoy.

Este movimiento francés no es revolucionario, está compuesto por ciudadanos que confiesan diversas corrientes políticas, se trata de un movimiento plural reivindicativo. Hay comunicación entre los grupos directamente, sin intermediarios, discuten entre ellos, formulan las reivindicaciones del momento, participan en distintas acciones, incluso con otros movimientos. Cada miembro piensa por sí mismo.

Ahora imaginémonos un partido con ideología revolucionaria, que se proponga la transformación de la sociedad, en el que cada miembro piense por sí mismo, que pueda opinar libremente, sin la vigilancia de un dirigente que conoce cuál es la línea a seguir. Todo el partido, es decir todos sus miembros, son el intelectual colectivo. Con un funcionamiento tal, cada individuo progresa y hace progresar al resto. Antes, con el centralismo democrático se decía “el partido ha decidido” y en realidad era o bien el grupo dirigente, buró político o el comité central o a veces el secretario general en persona. El partido (todos los militantes) tenían que obedecer sin pensar, había que explicarles cuál era la línea del partido, cual era su política. Era un funcionamiento alienante.

Vuelvo a ciertas cosas que he apuntado arriba. Primero que nos encontramos en una situación semejante a la que dio origen a las FPL, es decir tener como objetivo entrar a funcionar como partido político dentro del ámbito burgués, cuando entonces no existía ninguna garantía de respeto de los derechos políticos y humanos y tener como objetivo plegarse a ese funcionamiento electorero, era traicionar los intereses de los trabajadores, fue así como lo planteó Cayetano Carpio, ahora estamos en una situación semejante, no existe ninguna garantía de respeto a ningún derecho, incluso el dictador mismo ha dicho que “no tiene gracia que la policía capture solo a los culpables” y esto lo repiten diputados y ministros. Incluso, no recuerdo quien fue, alguien afirmó que los policías eran “jueces que ejercían en la calle, con capacidad de condenar”. Hemos visto los resultados electorales muy semejantes a los resultados de los países con regímenes totalitarios. Los partidos que participaron en las elecciones fueron cómplices de la violación de la Constitución, con eso se han descalificado por completo.

O sea que entrar ahora políticamente a funcionar dentro de este sistema “aplanadora”, es jugar el papel de simple alfombra de limpiapies. Ya no se trata solamente que entrar a funcionar dentro de este tipo de sistema político es aceptar todas sus reglas de dominación de la clase burguesa y sus derechos impuestos a la sociedad entera, sino que además de eso es asumir que se acepta como normales todas las derrotas.

Veamos otro punto anotado arriba, la estrategia de “guerra popular prolongada” no era solamente un asunto militar, sino que también político. Se trataba que el “ejército popular” tenía que moverse al interior del pueblo como un pez en el agua, es decir ser aceptado como parte del pueblo, naciente de él, para que esto fuera posible era necesario persuadir a los trabajadores que los objetivos revolucionarios del “ejército popular” eran sus propios objetivos. Esto no se logra de la noche a la mañana, sino que hay que emprender una lucha ideológica de persuasión y que el pueblo se empodere de los principios y formas de pensar el mundo tales que aspire a transformar la sociedad para que cese la dominación burguesa en nuestras vidas. Es lo que se encierra en la palabra “prolongada”, pues esto no se logra fácilmente, se trata de una inmensa tarea, que urge de una perseverancia y de mucho tiempo. Tampoco se trata de obtener esta adhesión de la totalidad de los ciudadanos, pero sí de una gran mayoría. 

09 febrero 2024

Ahora, después del fraude

Todo el mundo sabe perfectamente que Bukele ha violado la Constitución al presentar su candidatura a la presidencia de la república. Todos los observadores internacionales, como los gobiernos de todos los países con los que se tiene relaciones diplomáticas. O sea que todas las felicitaciones que lleguen son muestras de su complicidad y todos los observadores que no declaren ilegítima e ilegal la elección presidencial no están cumpliendo con su deber. Este es mi primer punto.

El segundo punto es que gozando de todo el poder represivo, de haber usurpado todas las instituciones del Poder Judicial y con un Tribunal Supremo Electoral ad hoc, no fueron capaces para disimular el fraude.

Estas han sido las elecciones más fraudulentas desde los Acuerdos de Paz. La desfachatez de Bukele al anunciar el número de diputados que había obtenido su partido antes de que se iniciara el conteo, muestra el desprecio hacia los salvadoreños y a la llamada comunidad internacional.

El tercer punto es una pregunta ¿Vale la pena protestar y denunciar el fraude perpetrado en estas elecciones? Tal vez protestar, pero únicamente por principio, pues ¿quién va a escuchar las protestas y las denuncias? Me refiero a los que puedan en este caso doblegar al payaso que tenemos como dictador.

El problema fundamental para los salvadoreños es cómo quitarnos de encima a la “clica de Batman”, pues esta clica sigue extorsionando al pueblo y dejando exangüe a todo el país. El endeudamiento es de cifras astronómicas y no se ve ningún beneficio para el país, los gastos corrientes son difícilmente completados por el presupuesto, aunque el rubro de la publicidad estatal sigue desbordando los límites. Hasta tal punto que mucha gente en el extranjero cree que la biblioteca que construyó China en San Salvador es obra del gobierno e incluso hay gente ignorante que afirma que es “la más grande del mundo”. Hay quienes creen que realmente en el país se construyen dos escuelas diarias, lo que equivaldría a cerca de, 3600 escuelas nuevas construidas hasta el día de hoy. O sea que ya no habría en el país ninguna escuela en ruinas, ni con dotaciones arcaicas. Cualquiera en El Salvador puede constatar que esta constituye la mentira más monstruosa del dictador. Los rubros de la educación y de salud han sido disminuidos en el presupuesto nacional.

La tarea nacional es recobrar todo lo perdido en estos cinco años, todas las instituciones de control democrático y de control financiero de las actividades del Estado. Tenemos que recobrar por completo la libertad de expresión y de organización, la libertad de manifestación. Va a ser necesario depurar todos los organismos del Estado ahora bajo el control del partido oficial que como se sabe no actúan por el bien común, sino en beneficio y en favor de la clica en el poder actualmente.

Pero hay algo que debe ser prioritario, se trata de volver a las luchas sociales y económicas, retomar las reivindicaciones por mejores condiciones de vida y de trabajo, mejores salarios, por una política fiscal justa. Esto tiene que ser prioritario, pues desde los Acuerdos de Paz, los trabajadores se dejaron adormecer por el revisionismo del FMLN y durante todos estos años se abandonaron todas estas luchas que son las que fortalecen la consciencia de clase de los trabajadores. Se trata de una tarea ardua y sumamente necesaria, pero hay una tarea igualmente ardua y necesaria, es la de crear una organización política de nuevo tipo, que sea fiel a los intereses de los trabajadores y los instruya en reapropiarse de esas mismas luchas y de sus organizaciones.


11 diciembre 2023

Razones de esperar

 Siempre hice una mueca de desaprobación cuando oía esa frase de que “los pueblos se merecen el gobierno que tienen”. Siempre pensaba en nuestras dictaduras y el sufrimiento que le infligían a nuestro pueblo y si nuestra gente parecía resignarse, todas las dictaduras nos llegaron como fuerzas externas y poderosas que se nos impusieron. No había en esos fenómenos sociales nada que debiera culpar a nuestro pueblo, ni a otros pueblos que sufrían de dictaduras. Eran fuerzas poderosas e ineluctables.

Ahora, al recorrer la recién realizada encuesta de opinión de la UCA, sin profundizar en el análisis de los resultados, se me antojó que la mayoría de los salvadoreños se merecen la dictadura que se nos está imponiendo. Claro, en esto es necesario siempre llenar de matices nuestro razonamiento y juzgar con mayor tino. El aparato propagandístico del gobierno, con millones de dólares a su disposición, tiene consecuencias fatales en la mentalidad de muchos salvadoreños. En la encuesta hay algunos datos espeluznantes como la preferencia declarada por un gobierno autoritario a uno democrático, incluso hay una tendencia a aceptar la pérdida de derechos constitucionales si eso permite la permanencia en el poder del clan Bukele. Pero esta tendencia al autoritarismo, a la tranquila aceptación de su presencia en la sociedad, no es nueva, siempre ha existido, todas las dictaduras han logrado crear en la población una base social de apoyo. Esta base social de apoyo es la que propiciaba esa apariencia resignada de toda la población. Los que sostienen al dictador exhiben este apoyo sin tapujos, los opositores tienen que ser muy prudentes.

Las fuerzas represivas del Estado se encargan ya de imponer y suscitar miedo, cometen permanentes desmanes, atacan sin ninguna clemencia a los más pobres que buscan sobrevivir con sus ventas ambulantes. El Estado de Emergencia (medida constitucionalmente pasajera) se ha vuelto permanente y le sirve a los policías, en son de pandilleros, como escudo protector para sus patrañas. Se sabe que hay personas que han preferido abandonar el país por la persecución policial y política. Hay una franja importante de nuestros compatriotas que consideran todo esto como formando parte del orden y la calma que necesitan para vivir a gusto.

No obstante hay razones de esperar que este episodio de nuestra historia no se prolongue por décadas hundiendo las posibilidades de cambio en la sociedad. Hay restos de progresismo que resiste, que no se calla, que protesta, que aspira a reforzarse, hay costumbres nuevas de solidaridad, de ayuda mutua. Hay entre los salvadoreños gente que se indigna por los desmanes policíacos, incluso hay algunos que se atreven a enfrentarlos. Todo esto hay que aprovecharlo, por eso es necesario que surja, que emerja una organización que le dé una estructura de nuevo tipo para reunir todas esas fuerzas que no decaen o que empujan por brotar.

Sabemos que lo que estamos sufriendo tiene sus causas, que tuvo condiciones propicias para aparecer en el panorama político nacional. En esto hay responsabilidades históricas que no se pueden ocultar, que hay que tenerlas presentes, tanto para no volver a cometer los mismos errores, como para, examinando esos procederes, poder inventar nuevas costumbres, nuevos métodos de acción. Hay que saber que durante cierto tiempo nos va a tocar encaminarnos a tientas.


12 noviembre 2023

La meta prioritaria de hoy

Siguiendo en la misma línea de reflexión, deseo alertar sobre un peligro social que corre nuestro país, me refiero a la desaparición por completo de una corriente revolucionaria de izquierda. Desde antaño, desde el indio Aquino siempre hubo en El Salvador una corriente dentro de la población que se oponía con fuerza al orden establecido. Es al principio del siglo pasado que surgió un partido político con una “ideología revolucionaria” i, se trata del Partido Comunista. Con altos y bajos en su actividad y en su coherencia, mantuvo en su seno una corriente revolucionaria. No haré toda la historia, pero la dislocación, la escisión que dio a luz a las FPL, el PC entró en una actividad de colaboración de clases que sigue hasta hoy en vigencia dentro del FMLN. Hay que señalar aquí que la corriente revolucionaria está agonizando desde 1983, después del asesinato o suicidio de Cayetano Carpio.

El pensamiento de Cayetano Carpio respecto a la lucha por la conquista del poder hizo aportes sustanciales y logró en la práctica implementar una organización política y una organización armada. Abandonó las declaradas intenciones y entró en la acción. Al respecto, su posición de principio de no participación en las elecciones bajo cualquier forma y del resto de contiendas “legales” durante los regímenes dictatoriales fue clara y rotunda. Se trataba de no mantener la ilusión sobre una democracia de fachada, que en definitiva era un freno para la toma de conciencia de los cambios radicales que necesitaba y sigue necesitando el país.

Ahora el FMLN participa en las elecciones ilegales e inconstitucionales, pues todas las instituciones políticas, desde la Corte Suprema de Justicia hasta el Tribunal Supremo Electoral, son ahora el engendro de ilegalidades cometidas por la mayoría del partido oficial en la Asamblea Nacional, el hecho mismo de que Bukele participe en ellas, siendo presidente en funciones condena estas elecciones como ilegales y hace cómplice a todos los que participan en ellas. Si fuese el FMLN un partido revolucionario, no haría mucho caso en desaparecer del campo político institucional y haría todo lo posible por reconquistar su posición política dentro de la sociedad. Pero eso no encaja con los negocios del verdadero jefe del FMLN, José Luis Merino. Los estrechos lazos político-comerciales de Merino con los Bukele priman sobre el interés nacional.

Creo que este escueto resumen de la situación actual muestra la urgencia de crear una organización revolucionaria que no haga de su admisión en la viciada práctica política una prioridad, sino que se dedique a congregar a los trabajadores, a organizarlos para luchar por mejores condiciones de vida y por transformar la sociedad en que viven. La tarea es ardua, sobre todo que las corrientes revisionistas con su ideología de colaboración de clases es mayoritaria y que el pensamiento revolucionario ha tenido un enorme deterioro en las últimas décadas y las derrotas sufridas han impedido la elaboración de renovadas prácticas sociales y políticas. Reconstruir el pensamiento revolucionario y sus prácticas deben de ser la meta inmediata de los revolucionarios.


iAlguna vez me voy a extender sobre este término ‘ideología’.

20 octubre 2023

Una perspectiva

 

La disyuntiva que planteé en mi nota anterior puede parecer desproporcionada o desequilibrada, además algunos pueden interpretar mi posición contraria a mis intenciones. Pues la urgencia actual es indudablemente volver a una situación que nos devuelva un ambiente democrático como el que se tenía antes de la llegada de los Bukele al poder. No obstante luchar contra el régimen dictatorial poniéndonos como meta un retorno a lo anterior, me parece justamente cerrar perspectivas y negar lo que históricamente se había logrado como planteamiento social y político. Todos estamos conscientes que nuestro país iba por el camino de conquistar costumbres y hábitos democráticos, pero al mismo tiempo muchos percibían que esa “democracia” republicana no bastaba para manifestar realmente las aspiraciones populares, aún menos satisfacerlas.


Quiero recordar que antes de esta tragedia dictatorial, nos planteábamos crear una nueva organización, pues considerábamos que el FMLN en el poder no pudo cumplir sus propias promesas, menos aún responder plenamente a las aspiraciones de cambio de los trabajadores. Muchos protestamos y denunciamos la actitud del FMLN, analizamos sus resultados, algunos positivos (pocos y sin contener cambios substanciales de sociedad) y sobre todo criticamos la adopción de la ideología y práctica neoliberales. Criticamos el continuismo en muchos aspectos de las políticas económicas y sociales, el endeudamiento como única fuente del financiamiento de sus políticas, sin pensar en una nueva política impositiva progresiva. Nayib Bukele supo aprovecharse del descontento y denunciaba que el FMLN había abandonado sus viejos ideales. Bukele nunca comulgó con esos ideales y sí con el liberalismo, eso lo podemos constatar a diario en su política económica. Lo que tenemos ahora es una agravación de lo de antes y pérdida de las pocas conquistas.


No voy a entrar en detalles de lo que pasa actualmente, los que quieren están enterados. ¿Cómo salir de este atolladero? ¿Renunciando de nuevo a los “antiguos ideales”? ¿Echando por la borda los conceptos que nos permitieron plantearle al país un cambio de sociedad? Es cierto que han surgido nuevos partidos políticos, sin embargo ninguno aporta verdaderas soluciones, el hecho mismo de que todos han buscado de una o de otra manera entrar a competir al interior del marco político impuesto por la dictadura y su partido oficial, nos muestra que no han analizado profundamente el carácter totalitario del régimen.


Por mi parte creo que sigue estando de pie la creación de un partido político que pueda conglomerar a todas las personas que aspiran sacarse de encima a la dictadura, pero sobre todo quieren un cambio de sociedad. No podemos plantear que un retorno a lo que teníamos antes sea suficiente, sobre todo que el pasado reciente fue el que nos desilusionó y que le sirvió de trampolín a los Bukele para que se adueñaran de las finanzas del país.


La pobreza ha crecido, la marginación de una parte de la población que sobrevive con niveles de verdadera miseria, el abandono de siembras de los principales productos de nuestra alimentación, el despilfarro del dinero nacional para darle gusto al dictador en sus sueños de grandeza: no se trata sólo del bitcoin que no sirvió para nada, sino para darle a Nayib Bukele un paquete de esa moneda artificial, no se trata del concurso de Miss Universo, no se trata de un sinfín de gastos suntuarios de su tren de vida y del gasto de millones de dólares de publicidad a nivel internacional, del pago de un ejército de troles que lo ensalcen y sirvan de caja de resonancia a sus mentiras cotidianas. Se trata del retroceso en todo y que no se invierte nada en el desarrollo. Valga de ejemplo que se les retiran a dos ministerios claves (Educación y Salud) millones de su presupuesto actual. El país está quedando exangüe.


Sólo una organización política revolucionaria puede abrirle al pueblo, dentro de este mundo de estancamiento, una perspectiva de futuro, de un renacimiento en el que se pueda cumplir con las tareas de una nación libre y soberana.

10 octubre 2023

No nos resignemos

La página en blanco produce vértigo. El vértigo nos obliga a lanzarnos al abismo, en este caso es la escritura. No se trata de escribir por escribir, aunque no exista un plan preestablecido, ha precedido un tiempo juicioso de rumiadura. Pero ¿qué he estado rumiando? Me ha costado darle nombre a este rumiar. No tanto al rumiar mismo, sino que al contenido, a lo que ha alimentado mi rumiar. Resulta que he dejado de publicar en este mi blog de “Cosas tan pasajeras”, pues muchas de mis precedentes meditaciones sobre el acontecer nacional han ido adquiriendo una especie de desactualización porque la realidad política nacional poco a poco ha venido retrocediendo y hemos ido a parar en una dictadura represiva, aunque maliciosamente publicitaria. La publicidad se ha vuelto la manera de comunicar del régimen. No obstante la publicidad es mentirosa.


Ante esta nueva situación salvadoreña, un payaso por presidente y una mayoría que lo apoya o no lo combate y los opositores, algunos falsos y otros por principio y totalmente entregados a una crítica y denuncia rutinaria y de alguna manera resignada. Y aquí me he topado con el nombre de mi rumiar. ¿Cómo podemos evitar la resignación? En una de mis lecturas recientes, al principio del libro “La Voie” de Edgar Morin viene una frase de Ernesto Sábato, puesta en exergo y que reza así: “Hay una manera de contribuir al cambio y es la de no resignarse”.


La cuestión es ¿a qué no debemos resignarnos? Se trata simplemente a la presencia en el poder ejecutivo de la banda de los Bukele o de manera más fundamental a la sociedad capitalista que nos impone todos nuestros sufrimientos individuales como colectivos. Supongo que pocos o nadie tuvieron en mente esta disyuntiva, una tan particular e inmediata y la otra tan general y tan alejada de nuestra realidad actual. Me permito por el momento dejar de un lado esta disyuntiva, ahora me voy a referir a algo que todos nos repetimos y es que el presente lo explica y lo ha condicionado nuestro pasado. Esto lo decimos respecto a nuestras vidas personales, como a la historia de nuestro país. Es lo que nos ha pasado lo que nos ha conducido a este presente. Pero también debemos saber que el presente nos explica de alguna manera nuestro pasado. Nuestro pasado podemos entenderlo por este presente tan poco glorioso para nuestro país. Este presente lo estamos viviendo porque cometimos en nuestra historia todos los errores que fueron condicionando que en un momento dado un oportunista, un demagogo populista acaparara en su propio beneficio todas las denuncias, todas la desilusiones que se fueron acumulando durante tantos años de la posguerra.


Si ahora vuelvo a la disyuntiva, a lo que no debemos resignarnos. A la funesta presencia de la banda de los Bukele en el poder o a la permanencia de esta sociedad capitalista que destruye nuestras vidas. Sin embargo si nos ponemos a reflexionar un momento, nos daremos cuenta que el gobierno actual, con sus desmanes, su estado de excepción permanente, su represión, sigue en la misma línea de conducta liberal o neoliberal de los anteriores, que en ese sentido nada ha cambiado, que su demagogia apenas si oculta la miseria que se agrava y las fortunas que acumulan las mismas familias adineradas. Algunos trataron de adivinar el surgimiento de una nueva “oligarquía”, pero ese malabarismo y palabrerío barato, remedo de reflexión pretendía ocultar que se trata siempre de la misma clase social que sigue dominando nuestra sociedad. El gobierno, este como los anteriores, siguen siendo servidores de la clase burguesa. Es esto lo que no podemos perder de vista, es a esto que no podemos, no debemos resignarnos.





22 enero 2023

La mira estratégica

 

No es para restregárselo en la cara a la antigua cúpula del FMLN, pero es necesario recordar que fueron ellos los que pusieron en el proscenio de la vida política nacional al actual dictador Nayib Bukele. Lo hicieron por su ya legendario “abandono de los antiguos ideales”. ¿Se acuerdan quién hizo de esto su caballito de batalla? El oportunismo que los llevó a poner a Funes como candidato, incitó a Bukele a entrar al partido y lo dijo claramente, es más, cuando le preguntaron por qué entraba al FMLN respondió llanamente:”porque quiero ser presidente”. Nunca aludió ni a sus ideales sociales, ni a los de su nuevo partido. La cuestión de la autocrítica se planteó inmediatamente después de la catastrófica derrota, pero hasta ahora apenas he escuchado a uno solo de los excupuleros decirlo con todas sus letras.


Ahora las urgencias son ya otras, pues la regresión social que sufre el país es abisal. Pero sí hay un punto del pasado que no se puede eludir, tiene que ver con esa sensación, impresión general de que los gobiernos del FMLN no cumplieron, no respondieron a las aspiraciones populares. No se trata de saber si las promesas que hizo Mauricio Funes las cumplió o no, esas aspiraciones populares proceden de mucho más lejos y son más profundas y tienen que ver clara o oscuramente con el tipo de sociedad que deseamos tener. Ese deseo ahora parece utópico o irreal, aunque persiste de alguna manera. Ahora cabe preguntarnos ¿podía Funes dar una respuesta positiva y concreta a esa aspiración? Creo que no. Las circunstancias no se prestaban, la correlación de fuerzas internas, ni externas no lo permitían. Aunque incluso los electores de Norman Quijano paradójicamente esperaron los anhelados cambios sociales. Los ataques mediáticos contra Funes se centraban justamente en esto y también los de ARENA. Estos ataques y una pésima promoción del gobierno de Funes invisibilizaron los reales logros de su gestión. No me refiero a Sánchez Cerén pues se prestó más a la mofa y al escarnio que a una crítica política.


Debo reconocer que personalmente critiqué a Funes, no sobre sus acciones y obras, sino por la falta de profundización de las medidas hacia una transformación social. Admití entonces que su gobierno no tenía la mayoría que le hubiera permitido satisfacerlas, pero no comprendí el porqué no acudía directamente al pueblo para que se manifestara, desde el gobierno se podía movilizar a la gente por nuevas conquistas, tampoco o aún menos entendí la apatía de la dirección del FMLN a este respecto.


La regresión social que sufre el país no concierne sólo los aspectos económicos y los rudos golpes que reciben los más pobres, esta regresión atañe la vida social, la educación en todos sus niveles, la actividad cultural en general. Pero lo más grave es el grado de aceptación de la población de lo que ocurre en el país. El jefe del Ejecutivo es un mentiroso empedernido, reduce los gastos sociales y educacionales y muchos aplauden o lo defienden. En apoyo al gobierno ahora se destaca que el Estado de Emergencia ha llevado a muchos barrios una calma que estaban anhelando, en parte es cierto, pero el costo de esa calma es la privación de libertad de muchos compatriotas inocentes y la interrupción de la aplicación de los procedimientos penales, con todo lo que eso significa de arbitrariedad y a la larga de cierto absolutismo medieval y de un despotismo dictatorial.


En una de las manifestaciones del año pasado se entonaba el grito de “¿cuál es la ruta?”, no mentaré la respuesta que se gritaba, aunque merece que nos detengamos un instante en una respuesta más consistente a esa pregunta tan válida y apremiante en este momento.


Desde la campaña presidencial de Funes, el hecho mismo de recurrir a él y de dejar que lo impusieran las fuerzas mediáticas y de derecha denotaba que la campaña ideológica se había perdido. El argumento fundamental de esa opción fue que había que ganar a como diera, que con un candidato del partido (lo acababa de demostrar la derrota de Handal) se iba directamente al fracaso. Por consiguiente el inmediatismo triunfó sobre una estrategia de largo plazo en la que cabía conquistar las mentes de los ciudadanos mucho más allá de lo que se le llamaba “el núcleo duro” del electorado. Luego nos dimos cuenta que ese “núcleo duro” resultó ser muy frágil ideológicamente y cedió a la demagogia de Bukele. Esta enseñanza de la historia debe servir para el futuro. Pero en el sentido de llevar adelante una batalla ideológica argumentada que conquiste la mente de nuestros compatriotas y en la que se demuestre vigorosamente que la estructura social de nuestro país es caduca. La lucha ideológica no es sólo contra el gobierno, sino contra el Estado oligárquico en general y la dominación de la casta oligárquica. Es el capitalismo el que no responde a las aspiraciones populares, el objetivo fundamental del sistema es aumentar la reproducción del capital. Todo va para satisfacer este objetivo. Esto es lo que hay que hacer comprender a la gente, es esto lo que estanca el desarrollo del país y mantiene a la mayoría de la población en la pobreza y a miles de familias en la indigencia.


El objetivo real es transformar la sociedad, no se trata simplemente de volver al poder, de reconquistar el gobierno, pues si no cambiamos la correlación de fuerzas ideológicas, se volverá a lo mismo, a administrar un Estado que está dominado por la oligarquía y que le beneficia.





17 enero 2023

La Mis Universo y el trencito del Pacífico

 El anuncio de la organización en El Salvador del concurso de Mis Universo ha ocupado el centro de la atención en las redes sociales, denuncias y bromas al respecto. Algunos esperaron el anuncio de la apertura de los trabajos para la construcción del tren del Pacífico. Este anuncio vendrá pronto pues el dispositivo legal para robar lo votaron en la Asamblea: la ley de adquisiciones y contrataciones (LACAP) no se aplicará en los trabajos del famoso tren.


Esto significa que no van a haber licitaciones y llamado a la concurrencia de las ofertas, es el ministro el que va a repartir los contratos a la cherada. Las sociedades fantasmas van a surgir para vender rieles, clavos, traviesas, carriles, pandroles, catenaria, etc. Incluso se importará el balastro a empresas de dudosa reputación. Para las mordidas es muy seguro que no van a aceptar los bitcóins, sólo dólares en cuentas secretas en paraísos fiscales.


Valga agregar que como de costumbre la ley fue votada por los diputados de Rancios Vicios (NI) y sus secuaces. La ley se aceptó sin ninguna discusión, ni argumento en su favor. Nada explica el porqué de esta medida. El descaro es parte del sistema de gobierno de los Bukele, las mentiras y sobre todo las cortinas de humo, como tal sirvió el famoso concurso de mis Universo.

12 enero 2023

Del bipartidismo al poder personal

 Sigo ahora casi inmediatamente comentando la situación de vacío político que se ha creado en El Salvador después del triunfo de Bukele y su partido, pero sobre todo por la abrumadora derrota de los dos principales partidos. La alternancia de ambos partidos se le llamó “bipartidismo”, aunque el FMLN no llegó a tener un dominio total del aparato estatal, sobre todo dependió siempre de los votos de GANA y de los otros partidos, incluyendo a ARENA mismo. La llegada al poder de Mauricio Funes despertó cierto entusiasmo en la población en general y de la gente de izquierda en particular. Las esperanzas y aspiraciones eran muchas. Los gobiernos del FMLN no respondieron a todo lo que se esperaba de ellos. Durante ambos gobiernos hubo realizaciones que hasta ahora tienen efectos sociales, a pesar de que el gobierno actual ha cerrado muchas instalaciones y servicios a la población. Los medios de comunicación no le dieron tregua a estos gobiernos y hacían eco, cuando no eran los principales difusores del descontento. Este descontento creció y esta fue la brecha que le abrió a Bukele un protagonismo inusitado y contradictorio con su pertenencia al FMLN. Era miembro y se comportaba como un simple aliado y fue el que abanderó la lucha contra la “cúpula efemelenista”. Durante su campaña extendió su blanco y se dedicó a denigrar el “bipartidismo”. Si hago este resumen es para refrescar la memoria. Muchos miembros del FMLN adoptaron la misma actitud y muchos se fueron a engrosar el partido Nuevas Ideas.


El objetivo era sacarle el monopolio del ejercicio del poder a las cúpulas de ARENA y del FMLN. Este objetivo hacía pareja con el de incrementar el pluralismo y facilitar la participación popular en la vida política. No obstante la situación actual no tiene nada que ver con aquellas legítimas aspiraciones, todo lo contrario estamos ante un monopolio del poder por un grupito familiar y secuaces que no admite oposición, que la reprime y que incluso pretende marginar todo movimiento popular y a los partidos derrotados. Del bipartidismo se pasó a un poder personal y esto no les indigna a aquellos que hicieron campaña por aumentar el pluralismo y la participación popular. Incluso el culto a la personalidad es peor que el que se practicaba con Chávez o Fidel. Nuestro dictador Bukele decide de todo, improvisa a diario, gasta el dinero del Estado para su propia promoción y no cumple nada de lo que prometió. Es esto lo que defienden con ahínco los borregos o focas del partido presidencial.

Bukele es incapaz de enfrentar cara a cara a algún oponente, prefiere sus quejumbrosos monólogos, en los que se presenta como la víctima expiatoria de todos el perversos del vasto mundo. Pero el colmo es que una vez más se propone violar la Constitución y sus serviles pseudomagistrados lo aprueban para presentarse de nuevo a la elección presidencial y perpetuar su gobierno personal. ¿Es esto lo que deseaban sus partidarios? ¿En qué vacío mental y de consciencia han caído?

La realidad de hoy es un retroceso histórico, lo poco que se logró con los Acuerdos de Paz se viene destruyendo sistemáticamente, en vez de profundizar la endeble democracia que teníamos, el clan Bukele y secuaces esta instaurando un dictadura represiva, el régimen de excepción se ha renovado por décima vez y bajo este estado francamente ilegal se persigue a oponentes, a comunidades, sindicalistas, a miembros del FMLN.

No se puede retornar al pasado, esto también concierne a la lucha contra la actual dictadura, la guerra revolucionaria fue necesaria entonces y en definitiva era la única salida que le quedaba al pueblo. Ahora ya no podemos repetir ese momento. Aunque sabemos que las futuras elecciones van a ser fraudulentas y que en ellas van a participar exclusivamente el partido oficial y sus satélites. O sea que el camino electoral también está vedado. ¿Qué hacer? ¿Qué rutas nos quedan? Creo que este tema es amplio y escabroso, nadie puede dar una respuesta personal o individual, hay que buscarla entre todos. Claro que todos, uno a uno puede dar su opinión, pero con la consciencia de que existen otras opiniones y que es urgente aprender a escuchar.

10 enero 2023

Pequeña reflexión como un retorno

 

Hace ya más de un mes, un amigo que reside en Canadá, no sé exactamente dónde, me mandó un correo electrónico, muy corto y preciso: me preguntaba por qué no publicaba más en mi blog “Cosas tan pasajeras”. Es cierto que han pasado meses y meses sin que intervenga en mi blog. No obstante no he podido darle una respuesta precisa, mucho menos breve. Le contesté agradeciendo su correo y le dije que tal vez las razones de mi silencio sean muchas, pero no tengo una lista ordenada, ni con valor decreciente, de las más fundamentales a las más triviales. Le dije que tal vez el hecho de no tener eco alguno, me daba la impresión dolorosa de escribir en el vacío. Sé que hay gente que me lee y que comparte mis escritos. Esto lo sé, no obstante nadie me contradice, ni apoya mis decires.


Desde la elección de Nayib Bukele y su mayoría parlamentaria se ha creado en El Salvador un vacío político apabullante. El dictador sostiene en permanencia un monólogo acusador de ataques imaginarios que vienen de todas partes que sólo él identifica y que sus secuaces y seguidores creen reales. La oposición sigue sin reconstruirse verdaderamente y le cuesta intervenir con cierto peso. Hay que señalar que la dictadura hizo todo lo posible por acallar las marchas de protesta utilizando los mismos métodos intimidatorios de las sucesivas dictaduras militares. Esta situación no significa que todo esté tranquilo y que no exista oposición. Hay bolsones de resistencia y también de reflexión. Muchos de los que intervienen lo hacen desde afuera y el alcance de sus intervenciones son limitadas por el hecho mismo de que internet no es en nuestro país un medio real de información y su alcance es muy limitado en las clases populares. Circula en el país una cantidad de celulares muy modernos, pero están en manos de un puñado de personas, hay algunos que tienen varios celulares y la gran mayoría tiene que conformarse con celulares de menor calidad y sobre todo con un acceso muy limitado y contado a internet. Esta circunstancia le deja al poder el campo libre para difundir su propaganda y sus mentiras.


Lo más consternante de la situación es que la gran mayoría parece estar conforme con el estado de cosas, el encarcelamiento de miles de personas sin proceso, ni debidos trámites judiciales, el estado de emergencia pareciera convenirle a la mayoría, la carestía, el desempleo, los trabajos precarios, el rebusque constante de miles de familias para sobrevivir son reales y visibles para todo el mundo, pero la actitud general de los salvadoreños es la indiferencia, una especie de valeverguismo profundo. El individualismo pequeño-burgués (para llamarlo de alguna manera) ha impregnado a toda la sociedad. Las aspiraciones son individuales y egoístas, superarse como se pueda, sin importarle a nadie atropellar al prójimo, la mezquindad se ha vuelto como una segunda naturaleza nacional, la desconfianza generalizada, la valorización del individuo ante el resto de la gente. Desde hace cierto tiempo se ve proliferar en las redes sociales “memes” que llaman a la desconfianza general del otro, al valor intrínseco del yo (les doy un ejemplo que se pretende poético: “Madurar es: aprender a estar solo y elegir no estar con cualquiera”). Hemos vuelto a un estado general de la sociedad similar o peor del que denunciaba a inicios del siglo XX nuestro pensador nacional Alberto Masferrer.