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23 enero 2011

La pobreza se baña en la abundancia

Con un título mentiroso un cable desata una serie de comentarios que están fuera de la realidad. Me refiero a este título: “El Salvador es el tercer país con más consumo del mundo”. ¿Qué podemos deducir de esta frase? Pues que en los hogares salvadoreños abundan todo tipo de artefactos domésticos, que las familías poseen varios vehículos, que la alimentación de todos es satisfactoria, que todos se visten decentemente, hasta con cierto lujo, que nuestros domicilios son espaciosos y con todas las comodidades habitacionales. Nos podemos imaginar por el título que nos estamos equiparando a los países más ricos, donde los niveles de vida son los más altos. Es sobre esta falsa imagen que se desatan los comentarios sobre el cacareado consumismo salvadoreño, pareciera que nuestra pobreza se baña en la abundancia.


Pero preguntemos ¿qué países nos preceden en este “consumismo”? Pues países tan subdesarrollados y pobres como el nuestro: Lesoto y Liberia. Esto debería ponerle freno a este fogoso entusiasmo crítico y poner mientes en la realidad de lo que ha motivado un título tan falso, pues lo que se nos dice es que la relación “consumo/producto interno bruto es muy alta”. Lo que esto señala no es un consumo estravagante, sino la extrema pobreza de nuestra producción. Es justamente esta la información relevante, es este el aspecto de la relación que nos debe preocupar.


No se necesita demaciado cacumen para entender que una población con salarios tan bajos, como son los tres salarios mínimos, el más alto no pasa de los 300 dólares y los otros dos son aún más bajos. El alto nivel del desempleo, según el PNUD más del 40% de la población está desocupada y más del 48% de la población activa carece de un empleo de calidad. ¿Qué consumo extravagante y criticable puede tener una población que gana poco y con un alto nivel de desempleo e incapaz de generar ahorro?


La relación “consumo/PIB” es de cada 100 dólares producidos, hay un consumo de 102,4 dólares. La producción es tan baja que las remesas entran en un porcentaje muy alto en el producto interno bruto. El informe del PNUD denuncia la escasa inversión y un bajo ahorro. Las proporciones por los años “2008 y 2009, la inversión promedió el 14% del PIB (producto interno bruto) y el ahorro el 9,3%", añade el documento, e indica que, "en contraste, los países de alto crecimiento económico presentan tasas de ahorro e inversión del 25% o más con relación al PIB".


Los medias salvadoreños han insistido en el consumismo, los redactores del PNUD también pronuncian este sustantivo, pero los medias pasan por alto el raquítico crecimiento de la economía nacional desde 1960, apenas 1.1%. Aquí se encuentra el meollo del problema del modelo que se aplica en El Salvador. ¿Pero acaso este crecimiento procede de que los trabajadores consumen demasiado o proviene de que la clase dominante, la oligarquía, ha preferido exportar capitales, evadir y eludir impuestos? El sometimiento de nuestro país a los dictados del FMI y de la BM fue instaurar leyes que permitan a las empresas extranjeras pagar pocos impuestos o simplemente no pagar y exportar sin impuestos los beneficios. Estos organismos nos obligaron a vender las empresas nacionales a la oligarquía y a los monopolios extranjeros. Este tipo de inversión es ineficaz, pues no es creador de nuevas riquezas, ni de nuevos empleos, sino que se trata de una simple transferencia de propiedad. Estas transacciones totalmente nefastas para nuestro país, pues el resultado ha sido que no tenemos nuestro propio sistema bancario, las empresas que fueron construidas por el erario nacional fueron a parar en manos de patrones que no invierten, que no innovan, que aumentan precios, como la electricidad y la telefonía, bajo el pretexto de restituir el capital invertido. Esta situación aumenta la cifra del consumo sin que la calidad y el nivel de la vida aumenten.


Para poder hablar de consumismo como lo hacen los medias y algunos precipitados comentaristas, deberíamos primero saber como se compone este consumo, qué parte de los salarios va a la alimentación, al alquiler, a productos como el transporte, la electricidad, el gas, las medicinas, la ropa, el calzado, etc. Si nos planteamos este tipo de cuestiones, no se puede hablar de consumismo, ante una población que tiene dificultades para juntar cabo con cabo en los angustiosos fines de mes. ¿Qué consumismo tienen los que ganan el salario mínimo o menos del salario mínimo? ¿De qué consumismo se puede hablar de parte de la población campesina? Si, muchos hogares no tienen acceso a la electricidad, ni al agua potable y a servicios higiénicos.


La solución a la irresponsabilidad ante la nación de las clases dirigentes, los sucesivos gobiernos han profundamente endeudado al país, sin producir realmente crecimiento, ni inversiones productivas. Es esto lo que tratan de ocultar con la palabra culpabizadora de “consumismo”.


Se impone un urgente y estricto control de la circulación de capitales, apremia instituir impuestos sobre los capitales especulativos y parasitarios y facilitar realmente las inversiones creadoras de empleos y productoras de alto valor agregado en el país.


Es decir no podemos entretenernos con la enconada mesquindad de acusarnos mutuamente, porque fulatino gasta sin pensar y bota las cosas sin realmente consumirlas. Es posible que podemos, en algunos casos, medir mejor nuestras compras, pero seamos serios, la pobreza en nuestro país es tal, que no permite realmente la existencia de un consumismo desenfrenado. La alharaca en torno del consumismo salvadoreño persigue ocultar el total fracaso del capitalismo salvadoreño y también de las políticas económicas practicadas por los gobiernos sucesivos.


Realmente necesitamos invertir las prioridades de la sociedad. Hasta hoy se han priviligiado los beneficios privados y la acumulación privada. Pues aunque no lo parezca en el país se han acumulado riquezas y la distancia existente entre las clases trabajadoras y la clase oligárquica es enorme. Esta clase parasitaria durante medio siglo ha acumulado y exportado a otras plazas más rentables sus ganancias.


En estos meses el patronato, su prensa y sus partidos han alegado que se necesita un clima de confianza para invertir, insisten en la gubernabilidad, en la seguridad para sus inversiones, el respeto de las reglas de juego. Pero la ausencia de inversiones y de crecimiento de nuestra economía no data de hoy: el promedio de 1,1% de crecimiento desde 1960 es elocuente en este sentido.


Entre las promesas electorales del candidato, ahora presidente, y del partido que lo promovía, un lugar importante ocupaba la reforma fiscal, todo esto se fue en discursos y simulacros que no produjeron las contribuciones necesarias para invertir en el desarrollo del país. Este gobierno como los anteriores ha continuado la misma política de endeudamiento.


No se puede continuar conservando esta política de salarios de miseria. Sí, otra exigencia es el aumento substancial de los salarios mínimos, el control de los precios de los productos de primera necesidad. Estas pocas medidas chocan con los intereses de la oligarquía, pero corresponden con las necesidades de la población, pues invertir en el bienestar, en la educación y en la formación son medidas que traerán consecuentes beneficios para la economía. La formación de los trabajadores contribuye al aumento de la productividad. Pero sobre todo estas medidas son propicias para el desarrollo de las personas.


La inversión de las políticas gubernamentales no va a venir sola. Ya ha pasado el tiempo suficiente para percibir cuál es el rumbo del actual gobierno en lo fundamental. Es necesario saber y tener en cuenta que las pocas medidas sociales, importantes en la vida diaria para muchas familias, no han tocado en nada la estructura social del país. La pirámide social sigue siendo la misma. En El Salvador hay quienes viven en la opulencia, que gastan en pocas horas lo que un trabajador gana durante un año. El cambio llegará como fruto de la mobilización popular, por el camino de luchas reivindicativas y solidarias.

19 enero 2011

El capitán y sus marineros

Desde que Mauricio Funes se pronunció contra la participación de sus ministros en las campañas electorales, fueron pocas las voces que con cierta timidez criticaron esta torcida salida del madamás salvadoreño. El vice-presidente Sánchez Cerén afirmó que si su partido le pedía participar en la campaña electoral, lo haría y sólo entonces renunciaria de su cargo de ministro de Educación. Hubo otras declaraciones diciendo que perfectamente podían hacerlo durante los días de fin de semana. No obstante la gran mayoría de comentarios fue favorable a este dictado presidencial.


En realidad los comentarios, casi todos, recordaban la conducta del expresidente Saca, que estuvo los cinco años de su mandato en permanente campaña publicitaria promoviendo su persona y en los últimos meses en constante campaña electoral en favor de su candidato a la presidencia, Rodrigo Ávila. Esta actitud fue justamente criticada por el FMLN entonces en la oposición. Pero hay aquí un aspecto que es necesario recordar, en la campaña publicitaria de Saca usaba los dineros del Estado y en sus desplazamientos propagandísticos en favor del candidato arenero, el expresidente dispuso de medios humanos y materiales del Estado. Ya verán luego porque traigo esto a colación. En todo caso, la mayoría ha visto un paso adelante para nuestra “democracia”.


El partido FMLN terminó aceptando la voluntad presidencial, la escaramuza efemelenista no duró mucho, al contrario el nuevo portavoz del partido, el diputado Lorenzana, acudió complacido a plegarse y abundó en las razones que movieron al presidente para dictar esta prohibición.Y como ya se está volviendo costumbre, Medardo González aportó su donosa bufonada y sentenció que “donde manda capitán, no manda marinero”. La honda perspicacia de Medardo González de deja perplejo.


Ya lo he dicho en otras ocasiones que el FMLN no tiene, por incapacidad teórica, ningún análisis del Estado salvadoreño y tampoco mide, ni percibe las intenciones de Mauricio Funes. Me voy a detener en algo que se deduce de la declaración de Sánchez Cerén. La primera es que los ministros son nombrados y destituidos por el presidente y para esto no necesita ninguna justificación, se trata de su potestad. En cambio no puede destituir al vice-presidente.


Mauricio Funes ha comenzado ya a buscar la manera de despedirse por completo del partido que lo puso en el sillón presidencial. Este ha sido su primer gran intento. Los dirigentes del partido “en el gobierno” han esquivado este “derechazo”. No obstante la cosa se plantea que si constitucionalmente Funes puede distituir a sus ministros y a los altos funcionarios de las agencias del Estado, en estos momentos aún no puede hacerlo políticamente.


Es por eso que aprovechando la coyuntura que se ha creado ha sugerido que perfectamente puede llamar a ocupar un puesto ministerial a un miembro de ARENA o de GANA. Vean que no mencionó a los dos partiditos satélites, el PCN y PDC. Esto ha traído un manifiesto malestar en las bases del FMLN y en el electorado de izquierda. El llamado a la “unidad nacional” en este caso no ha funcionado cien por cien. Esta es la brecha que la derecha aprovecha para pedir que los ministros del FMLN renuncien de sus cargos o de sus puestos de dirigentes del FMLN. El intrépido editorialista Hinds le exige a Funes que sea claro y preciso, que diga exactamente que pueden o no pueden hacer sus ministros y que lo exprese en el decreto. La derecha se siente revigorizada y se muestra hasta exigente con Funes.


No obstante la falta de un análisis del Estado se manifiesta en que la cúpula del FMLN no supo sopesar el carácter presidencialista de la Constitución y la permisividad que le ofrece al primer magistrado de la república de convertirse simplemente en un déspota. La Constitución consagra el despotismo presidencial. Varias veces me referí a este aspecto durante la presidencia de Tony Saca. El presidente actual, ya en tanto que candidato, lo hizo sentir con creces en sus actitudes y en sus declaraciones. Las descalificaciones de los ministros, la manifesta prepotencia ante el FMLN, los insultos a los diputados y a la misma Asamblea, su desprecio por los partidos políticos y otras instituciones son claras manifestaciones de la misma actitud despótica que permite la Costitución y que es aceptada sin pispiliar por los “revolucionarios” que dan muestras de su “vocación democrática”. Se trata de una vocación a aceptar acríticamente la democracia del Estado burgués como el súmum, como un límite. Recuerden las reincidentes declaraciones de Schafik Handal que “su programa era la Constitución, toda la Constitución”. Claro, en esto se manifestaba un “contraataque” a las invectivas y acusaciones de la derecha sobre las intenciones antidemocráticas del FMLN. En esta actitud defensiva, pues no se trata de otra cosa, el FMLN fue paso a paso entregándosse al sistema y abandonando sus antiguas posiciones de clase. Funes ha venido simplemente a acelerar estos abondonos.


Voy a volver al decreto presidencial. Este decreto contiene tácitamente un derecho presidencial, pero por el otro lado encierra un abuso que se basa en una torcida interpretación del artículo 218 de la Constitución. Voy a poner aquí entero:


ARTICULO 218.- Los funcionarios y empleados públicos están al servicio del Estado y no de una fracción política determinada.No podrán prevalerse de sus cargos para hacer política partidista. El que lo haga será sancionado de conformidad con la ley.


Este artículo no prohibe a los funcionarios y empleados públicos participar en campañas electorales, ni tampoco hacer política partidista. Lo que se prohibe es “prevalerse de sus cargos”. Lo que hizo Saca, por ejemplo. Se trata de que un funcionario no puede prometer, ni debe obtener prebendas para sus votantes o para los que lo apoyen, haciendo uso de su cargo. La orden presidencial rebalsa el contenido de este artículo. Se trata pues de una sobreinterpretación. Es pues otro acto del despotismo presidencial.


El FMLN se ha aculado en una esquina del ring, por su oportunismo, por no haber hecho política de clase durante estos diecivueve años. Ellos se dedicaron de lleno al parlamentarismo burgués con los ojos cerrados y la cabeza gacha. Se dejaron imponer un candidato que no pertenece a su partido. Desde la campaña Funes los obligó a aceptar sus posiciones anti-venezolanas, su adhesión total a la política estadounidense, es decir, a la política imperialista. Aceptaron mantener la economía dolarizada, asimismo abandonaron la exigencia de abolir la ley de Amnistía. Todo esto lo hicieron cuando Funes aún era candidato. En ese momento, pudieron perfectamene detener sus pretenciones, exigiéndole que cumpliera con los principales lineamientos del partido al que había adherido para ser candidato. Todavía era tiempo, aún no era presidente. Pero la deriva derechista y oportunista ya había comenzado años antes. Esta derechización tiene profundas raíces en el pasado del PCS que ahora domina la dirección del FMLN.


En el discurso de los dirigentes y de los militantes del FMLN todavía hay residuos de la época en que pretendían transformar la realidad salvadoreña. Ahora han vuelto a los antiguos pretextos que usó el PCS para no entrar en la lucha armada de los años setenta y para participar en un golpe de Estado y otro tipo de intentonas putchistas. En un próximo artículo voy de nuevo a referirme a este aspecto de la política del FMLN de ahora.

13 enero 2011

Mauricio Pilatos se lava las manos

El presidente Funes se hizo la oreja pacha ante las protestas y recomendaciones de las organizaciones, asociaciones y otros organismos que le pedían que vetara el decreto que reforma el Código Electoral y que va a regular las candidaturas no partidarias. Mauricio Funes ha sancionado la ley.


Ya habíamos visto a Funes en la pose del gran penitente, pidiendo perdón en nombre del Estado por los crímenes cometidos por los organismos represivos y el Ejército durante la guerra civil y también por organismos paramilitares. Esa pose le evita ir derecho y claramente a enfrentar a los criminales de guerra y abolir la ley de Amnistía. El FMLN se ha plegado a esta impostura.


Lo vimos en la pose de fundador. El presidente sin partido sintió la necesidad de crear un movimiento que le sirva de apoyo político. Ese movimiento se arrastra sin tener por el momento una cara que lo identifique. El FMLN saludó la aparición del “Movimiento”, tal vez con la esperanza de que se mantuviera parado.


Hemos visto al presidente defensor de los intereses de su “amigo” Slim, defendiendo las reglas del juego. El jueguito consitía en que las compañías telefónicas seguirían cobrando un peaje. La justificación era que los inversores tenían que recobrar las sumas invertidas y el usuario sería la víctima de esta extorsión. Los partidos políticos lograron una rebaja. Fue una doble rebaja, la primera de la tarifa y la segunda de la autoridad de la Asamblea que fue simplemente humillada por el mandamás.


Lo hemos visto también en ese papelito de mandamás. Pero este ha sido variado y casi permanente. A tal punto que ningún funcionario de alto rango puede tomar alguna iniciativa, pues corre el riesgo se ser públicamente regañado por no consultar con el presidente, por hablar más de lo que le corresponde. El único que tiene voz es el presidente. Otra variante fue la del mandamás desilusionado: despidiendo sin explicaciones a los funcionarios porque perdió la confianza en ellos. En este registro tuvo varios destacados roles.


Detengo aquí este retrato, aunque me parece que si no pongo que lo hemos visto en vendedor de la soberanía nacional, cuando pide consejos a la Embajada sobre la posición a tomar frente al golpe de Estado en Honduras, algunos dirán que le estoy quitando una pose permanente. Pues lo hemos visto en comisionado vendedor del gobierno de Lobo ante los organismos internacionales, incluyendo la misma ONU. Al verlo en la tribuna de las Naciones Unidas alegar que su preocupación principal era el pueblo hondureño, tuve la corazonada de que en Casa Presidencial había algún dicípulo de Stanislavski, pues allí, en Nueva York, se le sintió totalmente compenetrado con su papel de vendedor de lamparitas.


El registro presidencial es amplio. Me refiero al registro de actor, pues ahora lo vemos en perfecto Pilatos, lavándose las manos y diciendo “yo en eso no me meto”, vayan al Sanedrín, perdón, a la Corte Suprema de Justicia. ¿La democracia, señor presidente? Pues al parecer eso no le incumbe, en eso deja al pueblo enfrentado a los dos partidos mayoritarios ARENA y FMLN. Pareciera que para Mauricio Funes la única institución democrática es la función presidencial. Ha criticado en permanencia a los partidos políticos, como usurpadores de la voluntad y opinión de la gente. Por eso creó su propio “Movimiento”. Se ha burlado de la Asamblea e incluso trató de engatusar a la Corte Suprema de Justicia, cuando está falló contra la partida secreta.


El decreto 555 es sobre todo una recetario de obstáculos para que puedan aparecer en la arena política las candidaturas no partidarias. La desigualdad de trato entre los candidatos, los candidatos de partidos políticos y los otros salta a la vista. No voy a hacer la lista, los remito a dos artículos anteriores sobre el tema: “El gran candado electoral” y “La doctrina es totalitaria”.


No obstante es necesario llegar al meollo de la conducta de este Pilatos. Esta vez la oportunidad de atacar a los partidos políticos y a la Asamblea se la han dado los principales interesados, los partidos mayoritarios, uno de derecha y el otro de izquierda. Pero lo que le interesa al presidente es enfrentar de nuevo al pueblo con sus representantes y luego enfrentar a la Asamblea con la CSJ. ¿Qué institución queda a salvo? Pues en este caso es la presidencia. Poco importa que ahora no obedezca al mandato de ser garante de la Constitución, que exige la igualdad de todos ante la ley.


No puede alegar que no le corresponde al presidente decir si un decreto es constitucional o no. Pues ya lo ha hecho, ya lo ha alegado en otras ocasiones. Incluso le regateó el fallo a la Sala de lo Constitucional, alegando precisamente la anticonstitucionalidad del fallo sobre la partida secreta. Pero lo que es aquí importante señalar es que Mauricio Funes prefiere seguir con su jueguito politiquero y dejarle a la CSJ el papel de defensor de la democracia. Pues Funes simplemente se convierte en el cómplice de ARENA y el FMLN para frenar un paso adelante en el ejercicio democrático.


Es necesario decir también que se trata sólo de un paso adelante, pero que no podemos esperar que ese paso se convierta en la panacea universal de nuestro sistema electoral. Pues se trata simplemente de ampliar las posibilidades de representar al pueblo en la Asamblea. Pero lo que está planteado es transformar la delegación de soberanía popular en una asunción total por el pueblo de su autoridad soberana. Esta asunción soberana del pueblo de sus derechos se coloca como el contrario del poder personal presidencialista. Sobre este tema será necesario volver y volver durante estos años que vienen. Pues se trata de introducir en nuestra vida política nuevas instancias democráticas con carácter participativo.

11 enero 2011

Cuestiones de socialismo

Vuelvo a publicar este artículo. Lo escribí hace seis meses, Medardo González aún no había declarado su apego al gran capital y al sistema capitalista. Ni tampoco los ofrecimientos de servicios del FMLN al patronato, hechos por José Luis Merino. La razón es simple: estamos en un atolladero, en este artículo propongo un debate, hago un análisis. Busquemos juntos una salida, no se trata de una opción electoral, ni electorera. Se trata de innovar, de crear nuevas prácticas.



Difícilmente podrán comprender los que se han acostumbrado a realizar el análisis superficial de las intrigas parlamentarias, del juego de declaraciones, de alianzas efímeras y circunstanciales, a los que tratan de alejarse de la creencia bastante pueril de que el destino del país y de las clases trabajadoras está en manos de un grupo muy restringido de personas, que precisamente se ocupan de esas mismas intrigas, que hacen esas declaraciones, que ligan esas alianzas. Todas estas acciones forman parte de un ejercicio politiquero que hasta ahora se ha impuesto en la opinión general como el fundamento de la política. Sin embargo lo que cuenta realmente en la vida real de la gente está determinando por el tipo de decisiones que se toman en la gestión de los asuntos económicos del país.


Es cierto que la fuerza del Estado puede de alguna manera interferir en el reparto de la riqueza nacional. Esta posibilidad existe, pero como siempre los posibles necesitan que la voluntad de las fuerzas políticas implicadas los conviertan en realidades. Por el momento el Estado salvadoreño sigue al servicio de los que poseen los medios de producción y de cambio, que son realmente los que gobiernan los destinos del país.


Esta situación es la que ha existido desde el siglo antepasado. Este régimen tiene un nombre que todos conocemos, se llama capitalismo. Es este sistema que ha sido incapaz de satisfacer las más urgentes necesidades de la población. Es este sistema económico el que nos mantiene en el subdesarrollo y dependiendo de potencias extranjeras. Esta dependencia no es solamente económica, sino que también cultural y social. Es este sistema el que ha entrado en crisis casi permanente desde hace algunas décadas en el mundo. Las continuas crisis bursátiles y financieras son momentos de exacerbación del disfuncionamiento del modo de producción capitalista.


La salida del capitalismo está planteada mundialmente. Esta última afirmación suena falsa, para muchos tal vez exagerada o sin sentido. Sobre todo para quienes, por la enorme capacidad que ha manifestado el capitalismo de sobrepasar sus propias crisis, se han convencido de su eternidad. No obstante lo que vuelve hasta cierto punto irrealista la afirmación en cuestión, es que no existen, en los países dominantes, organizaciones políticas populares, ni planteamientos políticos alternativos que tengan la suficiente fuerza para arrastrar a las clases trabajadoras.


No obstante el mismo funcionamiento del capital está mostrando la salida, cada vez se muestra con toda evidencia la incompatibilidad del sistema capitalista con el futuro de la humanidad. Es el capitalismo el que crea y mantiene la catastrófica situación de África, Asia y América Latina. Los millones de niños que mueren a corta edad es el resultado del despilfarro de capitales y de riquezas. En estos momentos la humanidad puede combatir epidemias y estas no son extirpadas, porque hacerlo implica abandonar el criterio que rige la existencia misma del sistema, la búsqueda de beneficios. Resolver los grandes problemas que enfrenta la humanidad, como la creciente destrucción del medio ambiente, contradice ese mismo principio, contradice los intereses del capital.


Todos hemos sido testigos de cómo los grandes Estados capitalistas acudieron solícitos a transferir a las compañías privadas de la finanza, bancos y sociedades de seguros, enormes cantidades de capitales públicos. Esta transferencia de miles de millones de dólares (millardos) no ha venido a colmar la famosa sed del oro de los banqueros. Si estos millardos hubiesen sido usados, por ejemplo, para pagar las hipotecas de los miles de familias estadounidenses, ¿acaso no se hubieran saneado las famosas “acciones basura”? Pero sobre todo se hubiera hecho la demostración de que los dineros públicos pueden usarse también en beneficio de los pobres. Los países europeos acaban de decidir préstamos (175 millardos) al gobierno de Grecia para que pueda soldar parte de su deuda financiera exterior. Este dinero va caer en las voraces fauces sin fondo de los bancos. Ni un solo centavo será usado para el desarrollo económico de Grecia, ni una sola escuela, ni una sola clínica, ni una sola fábrica, nada de eso va a aparecer en Grecia gracias a ese dinero. Al contrario se le impone a Grecia un plan de austeridad, hundiendo en mayor pobreza a las clases trabajadoras. La cólera de los trabajadores griegos es más que justificada.


La experiencia cotidiana de la explotación


Es cierto que los salvadoreños no son marxistas, como hace algunas semanas lo escribiera un editorialista de El Diario de Hoy, tampoco sabe que es el socialismo, como acaba de afirmarlo Mauricio Funes. Estas dos afirmaciones son ciertas. Pero son verdades a medias. Pues si los salvadoreños no son marxistas, viven y sufren los estragos del capitalismo, saben perfectamente qué es la explotación capitalista, la sufren en carne propia. Saben perfectamente que aumentar las ganancias capitalistas significa mantener bajos los salarios y si es posible bajarlos más, que es lo que sucede con el encarecimiento de la vida, con la pérdida del poder adquisitivo de los trabajadores. Cada vez cuesta más restablecer las fuerzas de trabajo, la salud de los trabajadores. Las familias salvadoreñas viven en su gran mayoría angustiadas por el día de mañana, muchas son las madres que no saben si podrán sustentar a sus hijos, vestirlos convenientemente (los uniformes gratis no bastan para ello), comprarles libros, llevarlos a espectáculos, darle un esparcimiento necesario para el desarrollo y florecimiento de su personalidad. Para poderles dar todo esto es necesario salarios dignos de ese nombre.


Aunque aparezca exagerado, quien determina el modo de vestirse de la gente, el espacio de vivienda, el modo de transporte, la cantidad y la calidad de la comida y hasta los gustos de la mayoría de la gente, son aquellos que tienen la potestad de determinar el monto del salario de los trabajadores. Porque por mucho esfuerzo que hagamos, el buen gusto se puede cultivar solamente si se tienen los medios para hacerlo. La mayoría de salvadoreños (no sólo de salvadoreños) no tienen la posibilidad de elegir entre una representación teatral o el siguiente episodio de la serie televisiva. Estas series que nos educan, que nos imponen modelos extraños, que nos presentan una vida irreal y fantasmática, también nos apresan en modelos narrativos repetitivos y recurrentes, nos mastican la interpretación de intrigas superficiales. Es también a través de estas series que la mayoría de salvadoreños incorpora una cultura extranjera, un modo de vida de propaganda y al mismo tiempo son asimismo el canal por donde circulan los temas de dominación ideológica del imperialismo.


Es cierto que los salvadoreños en general no saben qué es el socialismo. Pero tampoco conocen, en su inmensa mayoría, incluyendo al mismo presidente Mauricio Funes, las matemáticas superiores, pero ¿dejan de existir por ello? Tampoco saben como funcionan los celulares con los que comunican, pero esta ignorancia no vuelve fantasmales los mecanismos. De la misma manera, la ignorancia de los salvadoreños del socialismo, aunque el presidente le añada del “siglo XXI”, aprovechándose de la campaña diabolizadora de los medios nacionales e internacionales contra el gobierno de Venezuela, no lo vuelve ni imposible, ni irrealista, ni utopía. Las políticas alternativas al neoliberalismo que se ponen en práctica en los países de América del Sur todavía no constituyen en el fondo el socialismo. Sin embargo se trata de una búsqueda de salir de la dominación imperialista, de resolver los problemas de sus países conduciendo una gestión diferente de la que acostumbran los gobiernos de derecha y que durante décadas nos han impuesto las agencias financieras del imperialismo.


El presidente Mauricio Funes lo anunció durante la campaña y no pierde la oportunidad de repetirlo, su gobierno no va a construir el socialismo, ni va a adherir al ALBA. Este mensaje sobre la no construcción del socialismo tiene dos destinatarios, los que votaron por él siguiendo las consignas del FMLN y las clases dominantes, nacionales e internacionales. La oligarquía nacional se hace la sorda y sigue reclamando que el presidente se defina, que dé signos claros del rumbo que intenta seguir. En los Estados Unidos posiblemente hayan entendido mejor el mensaje de nuestro presidente. Los electores del FMLN aceptaron el mensaje, pero esperaron que el gobierno por lo menos iba a iniciar los cambios urgentes para aliviar en algo la vida cotidiana de la gente. Esto lo siguen esperando, pero la desilusión agiganta sus pasos. En resumen, las declaraciones de Funes a este respecto significan que su gobierno seguirá fiel a los dogmas capitalistas.


Pero las declaraciones presidenciales de que su gobierno no va a construir el socialismo encierra, a sabiendas o no, una gran verdad: el socialismo no se construye a partir de ningún gobierno, no es algo que se le concede al pueblo, sino que es la obra misma de la gente. La construcción del socialismo debe ser una obra consciente y activa de los trabajadores, sin su participación es imposible emprender este largo proceso de superación de la sociedad clasista dominada por el capital.


Hay personas que exigen definiciones del socialismo. Es normal que lo hagan, porque consideran que el socialismo debe regirse por una fórmula preconcebida, como si existiera en alguna parte etérea del Universo una Idea del socialismo a la que hay que someter a la realidad. Marx y Engels nos han enseñado a superar el idealismo hegeliano. No, no existe en ninguna parte una definición fija e inamovible del socialismo. No, no hay en ninguna parte la Idea hegeliana de socialismo, no hay fórmulas mágicas. Se trata de un proceso que emprenden los pueblos dentro del marco nacional, pues por el momento siguen existiendo los Estados nacionales y este proceso, difícil y tortuoso, se va amoldando a la realidad nacional, a las tradiciones específicas de cada pueblo.


No, no existen modelos de socialismo. Esta creencia dominó todo el siglo XX. Si existe algo común en el socialismo del “siglo XXI” es justamente el abandono de esa creencia de que existe un modelo único de socialismo.


Un partido político de un nuevo tipo


No obstante para poder emprender este proceso es necesario que exista un partido político, una fuerza política que tenga la voluntad de iniciarlo. La superación del capitalismo implica que desaparezcan una a una todas las alienaciones que sufren los asalariados. Este es un proceso que tiene lugar en las cabezas de todos y en las prácticas sociales. Estas prácticas consisten en incorporar a todos los ciudadanos en las decisiones a tomar, en la participación consciente y activa en la resolución de los problemas que se vayan planteando. Para esto es necesario la formación de todos, elevar su nivel de consciencia y de formación. Para ello es necesario compartir todas la información necesaria y todos los conocimientos que se requieran.


Como se ve, para que esto pueda suceder se necesita de un partido político de un nuevo tipo. Un partido que introduzca en su funcionamiento mismo como un principio fundamental la deliberación colectiva de los lineamientos del partido, en otras palabras, la necesidad de llevar a cabo congresos, en los cuales la base pueda definir y apoderarse de su propia política partidista y aprenda a analizar la realidad, a elaborar conjuntamente soluciones y resoluciones. Son los congresos la cima del partido. Pero hasta ahora el FMLN no ha tenido congresos, casi todas las decisiones son tomadas por la dirección y las conferencias nacionales tienen como única función la ratificación de la voluntad de los dirigentes. Este funcionamiento impide que los miembros del partido puedan ser dirigentes autónomos y conscientes de los trabajadores. El funcionamiento centralizado y verticalista coarta irremediablemente la iniciativa de los miembros de base del partido. Pero no se crea que esto sucede solamente en el FMLN, este modo de funcionamiento es común a los partidos de la derecha nacional. Ellos tienen también ese funcionamiento autoritario y verticalista. Los miembros de base son meros ejecutantes de la voluntad ajena. Pero si esto puede ser admisible en los partidos de derecha que buscan perpetuar el régimen capitalista, esto es incompatible con el partido revolucionario que busca la transformación profunda de la sociedad.


Lo vuelvo a plantear ahora ya sin muchos ambages . Me pregunto sinceramente ¿el FMLN actual, bajo la dirección actual es capaz de transformarse? ¿Es capaz de cambiar de funcionamiento? ¿Puede volver a retomar los principios revolucionarios? ¿Podrán los actuales dirigentes retornar al materialismo histórico, a la dialéctica marxista? Mis preguntas no son antojadizas. Me parecen que tocan el fondo del problema actual que enfrentamos en esta coyuntura.


El fin fundamental del partido revolucionario es transformar la sociedad, para ello es necesario organizar a la gente con ese fin, crear la consciencia necesaria. Los dirigentes del FMLN se propusieron como fin primordial la “toma del poder”. Para ellos se trataba de llegar al ejecutivo a como diera. Es por ello que no les importó llevar a un candidato que no compartía los planteamientos de su partido, que había declarado explícitamente que no aplicaría el programa del FMLN. Tal vez pensaron que bastaba con la adhesión al partido del candidato. Pero faltos de discernimiento no quisieron escuchar las declaraciones claras, sinceras de Funes de que adhería al FMLN únicamente para cumplir con un requisito constitucional.


La actitud actual de los dirigentes del FMLN es totalmente desconcertante. No estoy sugiriendo que tengan obligatoriamente que romper con Mauricio Funes, ni mucho menos retirar a los ministros del gobierno. Esto lo pide la derecha, ya empezó a reclamárselo al presidente. Pero la situación no es clara para la gente. Los salvadoreños siguen esperando las medidas que muestren reales signos del cambio prometido. Los salvadoreños no están reclamando la construcción del socialismo a partir del gobierno. El pueblo salvadoreño apenas espera que se aumente los salarios de los trabajadores, que se termine con la corrupción, que se haga justicia, que se castigue a los ladrones que se enriquecieron en el ejercicio del poder. Los salvadoreños también reclaman el retorno a una moneda nacional, son partidarios de abrogar la ignominiosa Ley de Amnistía. A los asalariados les gustaría nuevas leyes que les den nuevos derechos laborales y sindicales. Los salvadoreños reclaman mejor gestión de los servicios de salud, de que se mejore sensiblemente las instituciones de la enseñanza pública, que se les garantice mayor seguridad.


Pero hasta ahora no se ven señales de que el presidente tenga intenciones de cumplir, sus declaraciones van hacia otra dirección. El presidente apoya al gobierno represor de Honduras, salido del golpe de Estado. El FMLN no critica abiertamente, prefiere el silencio. El presidente se opone a un decreto justo respecto a la estafa de la renta telefónica, votado en la Asamblea y la dirección “comprende” la posición presidencial, aunque no la “comparte”. El presidente ejerce su función de manera autócrata, los dirigentes del FMLN agachan la cabeza y callan. Abundan las discordancias. Estas son visibles a simple vista. El presidente crea su propio movimiento con fines y propósitos personales. Dirigentes del FMLN declaran que el presidente tiene derecho a hacerlo. Pero esto viene a contradecir sus precedentes declaraciones de su no compromiso con una organización partidaria. Llega hasta dar como gesto de garantía de su compromiso con su Movimiento, el hecho de que vestirá los colores del Movimiento y claramente se refiere a su negativa de vestir los colores de “su” partido. Sánchez Cerén declara que el FMLN buscará aliarse con el Movimiento, de que se alegra de su creación. ¿Se trata esto de un fino análisis del significado político de la creación de este Movimiento? ¿Los dirigentes del FMLN son capaces de efectuar un análisis político de lo que está pasando?


El presidente ha declarado públicamente que motus propio acudió a los partidos de derecha para que le ayudaran para que en la Asamblea no se superaran sus observaciones al nuevo decreto sobre el RPNP. El FMLN continua hablando de presiones de la derecha.


La obligación de la dirección del FMLN es aclarar esta situación confusa. Hasta ahora nos dan la penosa impresión de que son incapaces de hacerlo, que se limitan a pronunciar declaraciones “amables”, “tácticas”. Pero como la presencia de Funes en el puesto de presidente de la República nos ha mostrado de que los dirigentes del FMLN no son finos tácticos, ni estrategas, temo francamente que el navío siga a la deriva.


Para poder decidir es menester saber


Algunos dirigentes del FMLN han señalado de que será el pueblo mismo quien decida de cuando se construirá el socialismo. Esta formulación es en el fondo una coartada “táctica”. ¿Qué significa? En primer lugar, que se va a proceder democráticamente, es el pueblo soberano quien va a decidir. Perfecto. No obstante no señalan como se tomará esa decisión, ¿por un voto legislativo? ¿Por referendo? Este silencio muestra simplemente que no se ha meditado profundamente que significa que el pueblo va a decidir cuando se construirá el socialismo. Pero hay otro aspecto, esto conlleva dos errores teóricos: el primero, se pretende que la construcción del socialismo va a tener un momento decisional de arranque y el segundo, que a partir de ese momento se comenzará a aplicar medidas estatales de transformación. Esta visión lleva oculta una visión esquemática, antidialéctica. El socialismo se limita a medidas económicas gubernamentales y de nuevo se restringe o se evacua la actividad consciente de los trabajadores. Pero el socialismo no es una serie de medidas económicas gubernamentales.


La particularidad de nuestro tiempo es que el capitalismo muestra cada vez más su incapacidad de resolver los problemas de la gente. Al contrario cada vez aparece claramente que la gestión capitalista, la búsqueda desenfrenada de beneficios sigue creando problemas a la humanidad. Un ejemplo actual, la contaminación de las aguas del Golfo de México por el petróleo, que producirá la desaparición de una enorme parte de la fauna y flora marítima. Esto va a crear nuevos desequilibrios ecológicos. Es evidente que accidentes de este tipo pueden ocurrir en cualquier momento, no obstante lo que se plantea aquí es que los accionistas de la BP nunca pensaron en prevenir este tipo de catástrofe.


En nuestro país también estamos sufriendo las consecuencias de una catástrofe, la tormenta tropical “Agatha” que ha inundado amplias zonas del país, produciendo víctimas humanas y pérdidas materiales. En los efectos de esta tormenta hay que buscar obligatoriamente que es lo que corresponde a las estructuras mismas de lo sociedad. La deforestación, la falta de un plan de prevención (esto no se construye en un año), la ausencia de infraestructuras de evacuación y canalización del agua, etc. Los sucesivos gobiernos han preferido la transferencia de capitales a la empresa privada que emprender servicios públicos y sociales.


El estado general de los servicios es deficiente en el país. Las estructuras médicas y de asistencia sanitaria se encuentran en un estado deplorable. Durante años los sindicatos de trabajadores de la salud, asociaciones diversas de usuarios han alertado sobre este estado de cosas. No obstante la población en general que ha sido víctima directa de este disfuncionamiento, también ha sido incapaz de exigir de los gobiernos sucesivos un servicio público digno de ese nombre. La toma de consciencia pública de la necesidad de construir en todo el país un servicio médico general forma parte del proceso de la construcción de otro tipo de sociedad.


La toma de consciencia implica también prácticas sociales distintas. No se puede considerar que los servicios médicos y hospitalarios nacionales pertenecen exclusivamente al Estado. Es cierto que se trata de un servicio que ofrece el Estado, pero la tarea es convertir estos servicios en propiedad real y directa de todos. Es necesario que se adquiera la convicción de que cualquier desperdicio de recursos, se trata de nuestro dinero y que eso implica pérdidas en el bienestar general de la población.


Una actitud diferente, una implicación directa de la población en cada uno de los sectores que prestan servicios, indudablemente traería substanciales mejoras. Pero al mismo tiempo ganaría terreno la idea que buscar soluciones comunes, desinteresadas produce una efectividad social mayor. Es este el criterio general que debe regir la conducta de la población, buscar la eficacia social en todos los terrenos. Se trata de un largo aprendizaje, de una toma de consciencia ardua , a la que no estamos acostumbrados, pues la ideología dominante nos impone el individualismo, nos impone criterios de consumidores. Esto tiene como efecto tratar todo desde el punto de vista mercantilista, las relaciones humanas se reducen a un deshumanizante “compra-venta”.


Contra todas las alienaciones es necesario crear prácticas sociales de reapropiación colectiva. Estas prácticas no se decretan, sino que se inculcan, a través de la educación, a través de la puesta en común de ideas, de procedimientos, de informaciones y de conocimientos. Es decir se trata de salir del campo politiquero y llevar la política al seno del pueblo como principal agente. Se trata también de una nueva concepción de la política. Es necesario que la práctica política nueva, de reapropiación colectiva de los espacios públicos, de los servicios comunes (transportes, escuelas, hospitales, telecomunicaciones, etc.) tome fuerza y que en base de esta nueva consciencia y de estas conquistas se pueda iluminar de otra manera los procesos electorales.


Se trata de un largo y complicado proceso. Pero vale la pena emprenderlo, pues es el único que nos garantiza la extensión ilimitada de la democracia, pues el poder ya no está depositado exclusivamente en las instancias estatales, sino que diluido en la sociedad. Y por otro lado solamente la participación constante de la gente en defensa de sus intereses, tanto individuales, como colectivos, puede preservarnos de derivas autoritarias. La participación es una garantía de la efectividad de las decisiones tomadas. Porque además se trata también de emprender siempre el control popular de lo que se ha decidido, luego de las necesarias deliberaciones.

06 enero 2011

Los micrófonos y la tortura

Según Norma Guevara, dirigente del FMLN, dijo que el partido se debe al pueblo y les "extraña" los ataques desde la izquierda, y que aquellos que buscan contraponerlos contra la militancia, metiendo cizaña y "una diferenciación que no existe", sólo le recuerdan a "los torturadores", solo que "ahora con micrófono". Estas palabras las reportó el Diario de Hoy el lunes 3 de enero.


Ante este exabrupto me toca que ser muy comedido. Primero emito una hipótesis, los que usaron los micrófonos habrán hecho uso de palabras muy agudas, pero muy agudas, para que el micrófono sea considerado por la dirigente efemelinista como un instrumento de tortura. Por otro lado, la parlamentaria ha pegado un grito, lo ha puesto en el cielo, corriendo el riesgo de que la exageración le caiga en el rostro como un escupitazo.


A medida que nos vamos apartando de los años de la guerra, los dirigentes del FMLN van perdiendo el pulso, les tiemblan las piernas y sienten que el suelo se les escapa debajo de los pies. Fácil era en aquellos años tenebrosos acusar a un compañero de agente del enemigo, hacerle un juicio sumario, mardarlo a matar o dejarlo que se vaya al extranjero. Era una manera muy eficaz de dirimir discordias y ambiciones. Ese recurso que daba los resultados requeridos, que no encontraba trabas, ni resistencias, ya no funciona, ya no puede funcionar. Pues si siguen existiendo testaferros del crimen y del negocio sucio, es menester asumir tarde o temprano el encargo. Así que por el momento, insisten en acusar al que critica de hacerle juego a la derecha (algunos dicen al enemigo, como en otros tiempos).


Repito eso ya no funciona. Pues el debate de ideas que empieza a abrirse camino en el país exige argumentos, demostraciones y razones. Poco a poco el argumento verticalista de “te lo digo yo” suena cada vez más hueco. Sobre todo cuando el jefe se expresa como bolo que aún no digiere el trago. Perdón, estimados lectores, por ponerme al tono con mis oponentes.


Vuelvo pues a la compostura. La derecha necesita que los dirigentes del FMLN conserven el discurso estereotipado que han venido usando en los últimos años. Esa urgencia es evidente. La derecha perdió las últimas elecciones estando en el poder, con todo el aparato del Estado a su servicio. Perdió las elecciones en primer lugar por su política, por la ausencia de soluciones a los problema del país. Mucha gente ya no soportaba la mala administración arenera. Esto es un hecho. Y este hastío era suavizado por el miedo que le inculcaba la derecha al acechante comunismo de patas peludas. Pero el malestar crecía y la derrota de ARENA se perfilaba en el horizonte. Para asegurarse de la salida del partido de la derecha del poder, muchos se pusieron a aconsejar al partido de izquierda. No tanto que cambiaran su estilo, pero por lo menos que pusieran a un candidato “moderado” y si no les molestaba de afuera del partido. “Póngale agûita y no leche al atol”, parecía ser el consejo de los expertos de la mercadotecnia electoral criolla.


Los cupuleros... no confundan, pues, he dicho cupuleros y no otra cosa. Digo pues los cupuleros del FMLN en secreteadas casi públicas con el emisario de Mauricio Funes, Hato Hasbún, pactaron sin pacto una alianza entre un partido y nuestro más afortunado Rastignac* nacional. Es en ese acto que va a comenzar en el país un doloroso y ciego “Esplendor de cortezanos”. El socialismo se vuelve una cantinela sin gusto, ni son. Se puede según el Secretario General, Medardo González, volverse un zangolote, mezclado con el capitalismo. El nuevo encargado del embudo electoral interno del FMLN, José Luis Merino no piensa, ni siente de otro modo, el capital no tiene por qué tenerle miedo al Frente.


Sé perfectamente que Medardo y Merino hablaron por micrófonos, pero no son estos los micrófonos los que torturan a Norma Guevara, sino los que afirman que el acelerado viraje hacia la derecha que ha dado el partido es insoportable. La cúpula del Frente, con sus bases, no le están haciendo el juego a la derecha, no, le están compitiendo el terreno al lado del patronato. Perdone, doña Norma, que la torture, pero vea, por lo menos yo no hago diferencia entre la cúpula y las bases, a todos los meto en el mismo saco. Pues la cúpula no es cúpula sin bases borregas y consintientes.

* Eugène de Rastignac es un personaje novelesco de Honorato de Balzac, cuyas aventuras se inician en la novela “El padre Goriot” y que reaparece en muchas otras de la "Comedia Humana". Se trata de un joven ambicioso, que observa a la “buena sociedad” a la vez con ojos sorprendidos y envidiosos, que se mostrará dispuesto a todo para llegar a sus fines. Hoy un Rastignac es un arribista, un zorro con dientes largos.

05 enero 2011

Camisa roja y cachucha roja

Carlos García Ruiz es alcalde de Soyapango, asimismo es miembro de la Comisión Política del FMLN. Es además Director-Secretario de Alba-Petróleos. El diario El Mundo publicó una entrevista que le concedió el 29 de diciembre recién pasado. La entrevista es interesante por varias razones. En primer lugar se trata de un dirigente bastante popular dentro de su partido y que tiene reputación de ser franco y directo. También es considerado como un guardián de la ortodoxia doctrinal del partido.


Su respuesta sobre la política que lleva adelante Mauricio Funes es lapidaria: “El Presidente está desarrollando lo que está en posibilidades de desarrollar. Y el FMLN está esperando de él lo que está haciendo”. Mayor ósmosis es imposible, por consiguiente cualquier especulación sobre las diferencias, desacuerdos y distancias entre el presidente y el partido es vana.


Al sintetizar de esta manera lo que otros tratan de explicarnos en sus ponencias y discursos, lo pone a salvo de cualquier acusación de complacencia. Dentro de nuestra realidad no existe otra opción, no existe ninguna otra política posible, no hay alternativa. Nuestro “ortodoxo” nos dice de otro modo algunas cosas, el gobierno de “unidad nacional” lo resume de esta manera: “Lo que es cierto es que (Funes) ha tenido la capacidad de relacionar a los distintos sectores que componen a la sociedad, como conjuntando para darle pie al plan de gobierno”.


Pero también en estas frases de nuestro radicalísimo alcalde han desaparecido las clases sociales, sus contradicciones, sus intereses irreconciliables. El habla de “sectores”. Nuestro “marxista-lenista” ha olvidado que las relaciones entre el sector patronal y el sector laboral existían antes de la llegada de Funes a la presidencia. Y estas relaciones son de explotación.


Algunos pensarán que Carlos García Ruiz al cambiar de discurso piensa de otra manera, algunos tal vez supongan que su análisis se diferencia del resto de dirigentes del FMLN porque se refiere a la crisis del capitalismo y proclama que “no es cierto que el capitalismo es el estado terminal de la humanidad”. No obstante se trata apenas de que su discurso es más prudente, más ordenado, más cuidadoso. No cae en los absurdos de un Medardo González.


Aunque no se urge escarbar mucho para que la identidad de pensamiento con el resto de dirigentes aparezca a la luz del día. Veamos que responde cuando el periodista le pregunta su opinión sobre el “estado actual del país”:


“"Percibo un país que ha estado sumergido en dos crisis. La crisis nacional, que la ha venido acumulando durante muchos años fruto de un modelo económico. Además se le agregó la crisis internacional del sistema, porque el que está en crisis es el sistema no es solo el modelo. El país se ha visto envuelto en ese marasmo que lo tiene, me parece, sumamente complicado al grado tal que pareciera ser que es el país de la región que menos va a presentar crecimiento este año. Si alcanzamos el uno por ciento será una cosa muy benéfica. La situación del país ha sido muy complicada en lo productivo y en lo económico, y requiere de todos los componentes de la sociedad un reesfuerzo para irnos recuperando. Uno de los problemas nuestros es una economía que se había dedicado más al consumo que a la producción, y eso había generado un desbalance entre lo producido y lo consumido”.


Si entiendo el país es víctima de una doble crisis, la propia y la generada por el capitalismo mundializado. Claro que en una entrevista no se puede entrar en los detalles conceptuales que pongan en relieve que la primera y la segunda son parte de un mismo y único proceso. La distinción entre “modelo” y “sistema” no tiene sentido por lo mismo que García Ruiz afirma.


Pero ¿cómo se ha manifestado esa crisis del capitalismo en nuestro país? La pobreza de la respuesta de nuestro ortodoxo es consternante. El crecimiento en nuestro país va a ser este año casi nulo, habrá que alegrarse si se llega al uno por ciento. Lean bien esto, “La situación del país ha sido muy complicada en lo productivo y en lo económico, y requiere de todos los componentes de la sociedad un reesfuerzo para irnos recuperando”. No veo qué diferencia hace entre lo productivo y económico, pero sigamos adelante. ¿La situación compleja es fruto de la actividad de que “componente” de la sociedad? Sobre esto no hay ninguna respuesta, es el capitalismo sin hombres, ni nombres el que ha producido esto, como una fatalidad, como algo que hemos venido sufriendo como los temporales y los terremotos.


Hay algo que merece sacarse al desnudo aparte. Se trata de lo siguiente, nuestro revolucionario propone ni más ni menos que “todos los componentes” participen al mismo esfuerzo para sacar al país de la crisis, para recuperarnos. ¿Qué esfuerzo se les pide a los trabajadores, a los que sufren de lleno las consecuencias de la crisis? Tal vez que renuncien a sus pretenciones de vivir mejor, de ganar mejores salarios, que dejen de lado sus reivindicaciones. Los otros “compontes de la sociedad” son los patrones de la ANEP.


Este personaje gusta de mostrarse por doquier en rojo vivo, camisa roja y cachucha roja. Pero el hábito no hace al monje, nos han repetido tantas veces. Pero lo que propone y como lo propone conduce en vía recta hacia la colaboración de clases, hacia la "armonía social" soñada por los patrones.


Pero el dirigente del FMLN agrega algo que tal vez se piense justo, si se toma de manera superficial. Se ha vuelto corriente en muchos escritos de culpar al consumismo como el principal responsable del sufrimiento de la gente. No es pues el capitalismo, sino que el consumismo. Pongamos atención en esto. Pero ¿de qué consumismo hablamos en El Salvador? Es posible que existan en nuestro país personas que tienen la posibilidad económica de entregarse al consumo desenfrenado, pero ¿es el caso de la mayoría de salvadoreños? ¿A qué consumismo se ha dedicado la familia campesina que tuvo que resolverse por comer maiz trnsgénico? ¿A qué consumismo se puede dedicar una familia con menos de quinientos dólares al mes? ¿Cuántas familias tienen esa renta?


Como prueba del consumismo exagerado al que se entragan los salvadoreños nos hablan de la enorme cantidad de celulares que funcionan en el país. Hablan de un promedio de dos por persona. Como siempre este promedio no es más que eso, un promedio. Sin embargo, ¿se trata de un consumismo exagerado tener ahora un celular? Para que podamos decir que es el consumismo el responsable de nuestras desgracias es menester fijarnos en la capacidad adquisitiva de las mayorías. No se trata pues de juzgar a toda la sociedad por el consumo de una capa restringida de toda la sociedad.


La frase de Carlos García Ruiz con la que concluye su respuesta es simplemente una inepcia: “Uno de los problemas nuestros es una economía que se había dedicado más al consumo que a la producción, y eso había generado un desbalance entre lo producido y lo consumido”. Claro que si consumimos más de lo que producimos, hay un desbalance. ¿Pero un líder político de un partido revolucionario puede satisfacerse con este tipo de necedades?