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09 mayo 2015

¿Qué otro mundo queremos?



Los magistrados de la Corte Suprema de Justicia pertenecen como los diputados, los miembros del Ejecutivo, los periodistas, los entrevistadores, encuestadores, algunos publicistas a la esfera política, a ese mundillo cerrado en sí mismo, al que se entra por unción de algún partido político, por unción de la alguna autoridad instituida, que puede ser algún secretario general o un grupo de personas pertenecientes al mundillo. Empecé la lista por los magistrados de la CSJ —pude referirme de manera más concreta a los de la Sala de lo Constitucional— porque en algunos de sus fallos han puesto en entredicho la autoridad de los partidos políticos y su función dentro de esta esfera. La función de mediación entre la sociedad y el poder está consagrada por la misma Constitución. La realidad misma de esta esfera es mucho más potente que la supuesta rebeldía mostrada por los magistrados.

Las candidaturas independientes fueron un fiasco rotundo, el voto cruzado trajo más estorbo que ventajas. Los fallos de la Sala sólo en apariencia ostentan un carácter subversivo. Los fallos no pueden aniquilar una realidad que funciona dentro del marco de la democracia representativa y que posee sus leyes propias que se fundan en la ideología misma de la dominación.

Este mundillo político tiene sus propias características que se desprenden de su autonomía dentro de la sociedad. Se trata de un “universo que obedece a sus propias leyes, que son diferentes de las leyes del mundo social ordinario— nos dice el sociólogo francés Pierre Bourdieu. Prosigue este estudioso afirmando que “Alguien que entra en política, como alguien que entra en religión, debe operar una transformación, una conversión e incluso si ésta no aparece como tal, incluso si no tiene consciencia de ello, aquélla le es tácitamente impuesta, la sanción en caso de transgresión es el fracaso o la exclusión” (“Propos sur le champ politique, Pierre Bourdieu, Presses Universitaires de Lyon, 2000, Lyon). 

Existe una separación entre el mundillo político y el resto del mundo, un corte entre los profesionales y los profanos, como en el ámbito religioso existen los clérigos y los laicos. La existencia de este mundillo en nuestro país se ha ido formando poco a poco, pues hemos vivido períodos en que realmente y de manera propia no se hacía política, porque las dictaduras no lo permitían, los partidos no eran realmente partidos sino que grupos que servían de mamparas a la ausencia de libertades y derechos ciudadanos. Sabemos que hubo necesidad de la guerra para que este mundillo apareciera sobre la apariencia que existía antes. Pero ya subsistían las premisas y las bases, las elecciones y las instituciones del Estado, existía también la ideología que permitió su afirmación y consagración.

Una de la bases del funcionamiento de este mundillo es que los legos no tienen derecho a expresarse sobre la política, se trata de una prohibición tácita, los únicos que tienen competencia son los políticos. Es muy distinto hablar en un parque o en un café o en la casa de política que hacerlo dentro de las instancias en donde hablar es también actuar más allá del alcance de mi voz, en donde mis palabras van a ser reproducidas por los medios y van a adquirir un valor de opinión multiplicada, pues aparece como algo que no sólo pertenece al que se expresa, sino que lo hace en representación de aquellos que sólo pueden hacerlo en la esfera privada. Esto es tan así que la expresión de “los sin voz” se ha afirmado y muchos pretenden tomar la palabra en su nombre.

¿Quiénes pueden formar parte de ese mundillo? De manera general son los hombres los que tienen mayores posibilidades, pues la división entre sexos le da privilegios al sexo masculino, por tradición, por costumbres, por la misma división del trabajo. Por lo general las mujeres tienen menor propensión a ocuparse de la política, a responder a cuestionarlos sobre el tema. Lo mismo que la gente de mayor instrucción se interesa más en la política que los menos instruidos, esto incluye también a los más pobres que tampoco tienden a meterse en política. Estas condiciones son sociales y de ninguna manera naturales del interés en la política.  Otra condición social que permite entrar en ese mundillo es tener tiempo libre: “la primera acumulación de capital político es el hecho que gente dotada de un excedente económico que les concede apartarse de las actividades productivas, lo que les permite ponerse en posición de voceros” (Óp. cit. p. 54). La educación y formación son también un factor propicio para ejercerse en el mundillo político. Hay algo de suma importancia que señala también Bourdieu: “Es importante saber que el universo político reposa sobre una exclusión, sobre una desposesión. Más el campo político se constituye, más se autonomiza, más se profesionaliza, más los profesionales tienden a mirar a los profanos con una especie de conmiseración”.

Tengo para mí que en nuestro país esta conmiseración se troca en desprecio: lo hemos visto nosotros en la arrogante actitud de muchos de nuestros políticos (Flores, Funes, Reyes, etc.), los diputados a sabiendas de que las primas que se adjudican son mal vistas por la gente, siguen inmutables votándolas como si nada, nuestro aguileño presidente de la Asamblea se indignaba cuando los periodistas le señalaba su tren de vida desproporcionado respecto a la indigencia en que vive la población. Para Sigfrido Reyes el lujo es ínsito a la función, de allí su frenética búsqueda de lo suntuoso, su viaje de despedida fue ya como el ribete que nos ofreció de regalo.

En estos días los políticos que pueblan el Ejecutivo y la Asamblea han tratado a los magistrados de la Sala como legos que no entienden nada y les discuten sus fallos constitucionales. Claro que los diputados y el presidente no aportaron mucho argumento, pero si trataron de alarmar a la población acusando de irresponsabilidad a los magistrados, que ponían en peligro la vida republicana, todas las instituciones, las bases mismas de convivencia que se lograron con los Acuerdos de Paz. Toda esta alharaca politiquera con un desprecio tal llamaba al “pueblo” a manifestarse contra los magistrados, de repente el presidente se vuelve un sedicioso cualquiera contra un Poder de los tres que tiene el Estado salvadoreño. Fabio Castillo le suplicó a Sánchez Cerén un poco de recato y que deje en paz a los magistrados.

En nuestro país hay otra actitud de desprecio de los profesionales de la política respecto a la población. Los de la derecha responsabilizan a la población de la permanencia de la izquierda en el poder y los de la izquierda responsabilizan a la población del retorno de la derecha al poder. Esta simetría muestra una especie de connivencia, es casi como un tácito acuerdo entre los partidos mayoritarios para acaparar entre los dos el máximo de votos. Pero hay algo más, si pierden, los irresponsables han sido los que no acudieron a las urnas, los que no les dieron sus votos. 

 Cito de nuevo a Pierre Bourdieu: “Es algo de lo cual los profanos tienen a veces la intuición. Sospechan que esas gentes que juegan a ese juego que se llama la política, tienen entre ellas una especie de complicidad fundamental, previa a su desacuerdo. Incluso se puede decir que tienen, por el hecho mismo de la pertenencia, intereses a la perpetuación del campo, y que pueden ser presentados como la expresión de los intereses de los ciudadanos que les han dado la delegación de representarlos” (pp. 56-57). 

Una de las características del mundillo político es que las acciones y decires de los que están a su interior no se determinan por su relación directa con sus electores, sino con los miembros del mismo mundillo. “Dice lo que dice —por ejemplo una toma de posición respecto a la seguridad o respecto a la delincuencia…— no para responder a las expectativas de la población en general  o incluso de la categoría que le dio sus votos, que lo ha designado como su mandatario, sino que por referencia a lo que otros en el campo dicen o no dicen, hacen o no hacen, para diferenciarse o al contrario apropiarse posiciones capaces de amenazar la apariencia de la representatividad que pueda tener” (p. 57).

Esto que señala el sociólogo francés también implica que entre muchas de las tomas de posición de los políticos tienen como referente el mismo mundo de la política, existe pues un interés político específico, que no se puede asimilar inmediatamente a los intereses de los que les dieron el mandato. Hay intereses que se definen en relación con la gente del mismo partido (por ejemplo Ortiz buscando candidatura) o contra la gente de otros partidos. El funcionamiento en el campo produce un efecto de encerramiento. Este efecto es el resultado de un proceso: entre más el espacio político se autonomiza, más avanza según su lógica propia, más tiende a funcionar en conformidad con los intereses inherentes al mundillo, más la ruptura con los profanos se profundiza.

Entre más se autonomiza el mundillo político y más la ruptura se abre, se produce y se pone en obra una competencia específica, un sentido del juego propio al campo mismo, un sexto sentido. El ejemplo de Ortiz es instructivo: él buscaba ser candidato a la presidencia, lo sigue buscando para el próximo escrutinio, pero sabía muy bien que no debía proclamarlo, en ninguna de sus entrevistas se declaró candidato a la candidatura, pero siempre dejaba abierta la opción con un sibilino “si el partido me pide…”. Su posición ambivalente, de tener una aureola de “reformista”, pero fiel al aparato ortodoxo, fiel a los mandatos de la cúpula, cuidándose que sus posiciones no entraran en franca y clara oposición con el trío compuesto por Medardo González, Sánchez Cerén y Merino (que son los que ponen y disponen en la dirección del partido). Algunos de sus amigos inexpertos y profanos publicaron en Estados Unidos una “carta abierta” proponiéndolo como candidato a la presidencia. Esta carta vino a contrariar la discreción que hasta entonces había manifestado y tuvo que insistir mucho dentro del partido para reafirmar su lealtad y negar rotundamente que nada tenía que ver con esa “carta abierta”. Lo paradójico de la situación es que luego del pasaje de Funes por la presidencia, que había sido un momento clave en de la actividad del FMLN dentro del mundo político, mostrándose como un partido de apertura, capaz incluso de presentar a un foráneo como su candidato, Ortiz era una pieza del ajedrez político de la que la cúpula podía echar mano, pues Ortiz seguía gozando del prestigio de “reformista” leal.

Este sexto sentido es el que permite negociar los compromisos, que se guarde silencio sobre algo que se mencionaría en otras circunstancias, que uno proteja a sus amigos discretamente, que uno sepa qué responder a los periodistas. Todo esto contribuye al encerramiento del campo político y que se vuelve repetitivo, que se mueve en el vacío. No obstante por razones evidentes, este mundillo político no puede llegar a los extremos a los que sí llegan ciertos círculos artísticos que prescinden del público y permanecen entre ellos: los que juegan a la política no pueden seguir jugando solos, sin referirse a los que en nombre de los cuales pretenden expresarse y delante de los que de tiempo en tiempo tienen que presentarse para que les renueven con sus votos la delegación.

Son estos momentos electorales en que el mundillo encerrado en sí mismo tiene que abrir las puertas y se da cuenta que su legitimidad no reposa en sus propias capacidades, sino en el voto que tienen que procurarse ante los electores. La voz que han usurpado y en nombre de la que pretenden hablar, se vuelve lo que es, ajena. Pero es la voz que enajena el político profesional y vuelto de nuevo al mundillo con su mandato renovado, pierde la memoria y de nuevo se vuelca al juego para mantenerse en él y para perpetuarlo.

Este mundillo político se autorreproduce, se nutre de sí mismo y todo lleva a que los mismos personajes se perpetúen en el ejercicio del mando político. Esto es así al interior mismo de los partidos en los que raramente aparecen nuevas caras. Viven en autocracia. No obstante para acallar las protestas internas o externas de la falta de renovación del personal político, las cúpulas introducen con goteros y filtros a nuevas caras. Este renuevo a veces es lento, cauteloso, muchos de los jóvenes tienen que pasar por los viveros de los puestos intermedios, raros son los que tienen una ascensión fulgurante.

En nuestro mundillo político salvadoreño ha sido el FMLN el que ha ofrecido mayor flexibilidad: lo demostró abriéndole las puertas a Mauricio Funes. Por supuesto que esta apertura no fue total, Funes era ya miembro del mundillo político desde hacía mucho tiempo, desde sus programas televisivos se había creado un capital político apreciable hasta tal punto que pudo negociar de igual a igual con la estructura política de un partido. Todo el proceso fue paradójico: Funes se presentaba como independiente, como un hombre aparte, como alguien que trae renuevo a la política y que proclamó que su alianza con el FMLN era por necesidad institucional. Funes sabía perfectamente que necesitaba de esa estructura, pero asimismo no ignoraba que el partido urgía de alguien que no fuera de sus rangos, por lo menos es lo que le vendieron a los dirigentes del Frente y ellos compraron con beneplácito. En todo caso el novicio se mostró mucho más ducho que los viejos zorros de la intriga cupulera y politiquera. Fue el novicio el que impuso sus reglas, el que afirmó cuantas veces fue necesario que el gobernaría a su modo, con su gente y su programa.

El caso con Nayib Bukele tiene sus semejanzas y diferencias, también llega de afuera, llega sin declararse presidenciable y acepta ir de candidato a alcalde de un pueblito. Pero este silencio sobre sus futuras ambiciones es secreto de polichinela hasta tal punto que si le preguntan sobre sus pretensiones presidenciales no se hace el sordo, ni el distraído, las afirma claramente. Pero Bukele es menos experto, su llegada al mundillo no fue estruendosa, salvo que en vez de mostrarse liberal empedernido como lo hizo Funes, Nayib Bukele optó por un lenguaje más radical y olvidado por la propia cúpula. Los viejos líderes lo dejaron hablar sin corregirlo, mantenían a través de él la ilusión de las “utopías perdidas”.  Su lenguaje contrasta, tiene toda la apariencia de radical y desde el inicio Bukele se pone en la postura de porta-voz del pueblo humilde y olvidado, de los “sin voz”. Esta es una originalidad, aunque al mismo tiempo su estatuto real de empresario lo lleva a defender a la figura del empresario como un ente imprescindible en el panorama económico y la empresa privada como una entidad natural en la sociedad. 

Nayib Bukele es ahora alcalde de San Salvador, su posición aparte y crítica en su campo, lo distingue y lo ha vuelto muy popular. Aunque la polarización no le permitió destacarse como los sondeos le auguraban. Bukele se ha dado cuenta que su posición de disidente a medias de la cúpula le beneficia al interior del partido y más allá, hasta tal punto que se ha permitido acérrimas y acerbas críticas a los diputados y a otros dignatarios efemelenistas. Una de ellas le valió ironías y hasta un llamado al orden de parte del Secretario General, Medardo Gonzáles, que de manera clara lo llamó a “ubicarse”. Medardo González trató de disculpar y reprender al novicio. Es muy posible que ambos vayan a tener que medirse y entrar en un mano a mano por el puesto de presidenciable. 

Este mundillo cerrado en sí mismo, autónomo, manejando con sus propias leyes y sus códigos, es también un mundo aparte. Un mundo que se ocupa no sólo de su propia perpetuidad, sino que es el principal apoyo al mantenimiento de la dominación de clase. No es a través suyo que el pueblo puede aspirar y buscar su emancipación. Tampoco es en ese campo que las clases trabajadoras podrán hacer oír su voz, ni obligar a que las escuchen. Entrar a ese mundillo es aceptar sus reglas, sus modos de vida y el fango de todo tipo de connivencias.

Hasta ahora aun tardan en aparecer las alternativas políticas, las opciones que no nos obliguen a participar de un mundo que no es nuestro, a poder realmente enfrentar al Estado y a las clases dominantes en un terreno que no sea el que ellos han elegido y que han construido para ocultar su dominación y que les ha servido para domesticar a las fuerzas populares. Por todo el mundo surgen movimientos que tratan de construir alternativas, pero muchos terminan entrando al juego político y a la arena en donde se ven obligados a aceptar las reglas que ellos mismos han denunciado. 

Es urgente elaborar nuevas prácticas y construir un nuevo pensamiento. Ya sabemos que el tipo de organización centralizada y de delegación sirve sólo para desposeer al militante de su propio pensamiento y de su propia voluntad. Son organizaciones autocráticas que se reproducen con una pericia sin fallas. Lo que hay que definir es justamente qué tipo de organización se urge, pero que al mismo tiempo se adapte a los nuevos objetivos. La situación moderna es compleja. Las clases dominantes tienen bien rodadas sus técnicas de dominación, desde la enseñanza acrítica de los centros educativos hasta la publicidad que nos cautiva y embruja y nos inyecta deseos e ilusiones. ¿Qué otro mundo queremos? Dejo planteada esta pregunta. Espero que todos los que rechazan este mundo estancado, este mundo que ha decretado el fin de la historia, que se complace en destruir a la humanidad y hace pesar sobre nuestras cabezas la amenaza de destruir el mundo en que vivimos, que todos busquemos con ardor las soluciones.  

19 marzo 2015

Contradicciones XII



Es menester tener presente que las relaciones entre las formas de la resolución y la esencia de la contradicción misma no son mecánicas. Es cierto que la esencia misma es invariable hasta la resolución que opone a los contrarios y se puede de manera general presuponer que la resolución de una contradicción antagónica va adoptar formas a partir de la esencia, pues se trata de suprimir uno de los opuestos, que estas formas serán violentas, explosivas. Mientras que la resolución de una contradicción no-antagónica tiende a tomar formas pacíficas, no violentas. No obstante las relaciones entre esencia y las formas de contradicciones son mucho más dialécticas, puesto que la forma no es una simple manifestación pasiva de la esencia, la forma es donde se desarrollan procesos específicos, en los cuales tienen lugar las relaciones entre la esencia y las condiciones concretas, entre lo interno y lo externo. Dicho de manera las formas explosivas no son exclusivas de la contradicción antagónica. La explosión lógicamente consiste en la brusquedad con la que se opera un cambio cualitativo, o sea la fuerza que produce efectos destructores internos y externos.

El cambio cualitativo mismo es un fenómeno brusco y único sólo si se lo opone a la lenta multiplicidad de cambios cuantitativos que lo preparan. Con demasiada frecuencia se aíslan, se separan mecánicamente los cambios cualitativos de los cambios cuantitativos. En verdad, en la realidad, todo cambio es a la vez cuantitativo y cualitativo: la calidad de una contradicción, su lógica esencial, depende directamente de la relación cuantitativa de las fuerzas entre los contrarios. Como lo dejamos dicho anteriormente, entre cantidad y calidad hay unidad e identidad de contrarios. Las fases de acumulación de cambios cuantitativos son aquellas cuyo aspecto esencial es el del cambio cuantitativo y de transformaciones cualitativas parciales. Hay una especie de transfiguración lenta y gradual sin que por de pronto la cosa se transforme radicalmente. A la inversa los saltos cualitativos se caracterizan por el predominio del cambio cualitativo, los cambios cuantitativos mismos toman el aspecto cualitativo: el quiebre de la antigua cualidad modifica radicalmente el ritmo de los cambios cuantitativos y provoca nuevos.

Si nos detenemos a observar en detalle, un cambio cualitativo es la absorción, la integración de un número significativo de cambios cualitativos más elementales, “moleculares”, por ejemplo en el caso del nivel molecular de un cuerpo, celular en el caso de un ser viviente, de relaciones en una formación social. Empero la brusquedad que provoca cada cambio cualitativo molecular que acaece en un punto crucial, en la anudadura, de los cambios cuantitativos, no produce una brusquedad global, ésta únicamente puede resultar en la medida en que hay una simultaneidad de los cambios cualitativos moleculares, parciales. Admitamos que las condiciones internas de gestación y maduración de los cambios cualitativos parciales (“moleculares”) tienen el ritmo de un fenómeno estadístico, podemos esperar que éstos se produzcan con cierta dispersión en el tiempo, que se manifestará por un escalonamiento del cambio cualitativo global: la forma explosiva no aparece o por lo menos no de grandes dimensiones. Pero si surge un obstáculo externo capaz de impedir durante cierto tiempo más o menos largo los cambios moleculares, parciales, incluso los más precoces, las condiciones de su simultaneidad se van creando. Cuando la presión del cambio cualitativo es lo suficientemente fuerte para hacer saltar el obstáculo o los obstáculos que han impedido los cambios parciales, la simultaneidad se manifiesta por la brusquedad de un fenómeno global y surge como fuerza destructora: es entonces que se produce la explosión.

En este sentido la explosión es una forma externa, independiente de la esencia de la contradicción y es contingente a su respecto. Es de esta manera que puede aparecer determinante el tratamiento subjetivo en su desarrollo, es de este modo que una contradicción no-antagónica, de por si no explosiva, si se encuentra bloqueada en su desarrollo por un obstáculo externo, puede aparecer y resolverse de manera explosiva. Aquí podemos ver en una forma teórica clara algunos fenómenos a los que se ha referido Mao Tse-tung, pero al mismo tiempo podemos darnos cuenta que no tienen nada que ver con la transformación de esencia de lo no-antagónico en antagónico.

Las formas de resolución de una contradicción antagónica tampoco se pueden reducir a la explosión violenta. Aunque en este caso y por lo que hemos dicho antes, se entiende perfectamente que el obstáculo generador de la explosión se encuentra al interior mismo de las contradicciones antagónicas, en las que uno de los contrarios se opone por esencia al desarrollo del otro. En este sentido las contradicciones antagónicas se nos presentan como auto-explosivas. Empero como lo hemos dejado dicho, el salto cualitativo no es un fenómeno sencillo e instantáneo, se trata de un período complejo e interiormente diferenciado. Lenin al referirse a los “vuelcos de la historia mundial” se burlaba de aquellos que no comprendían que “saltos de esa género se extienden por períodos de diez años y a veces aún más” (En nuestro caso esto nos llama a tener mucha paciencia, que incluso la gestación de un partido puede tomar más tiempo del que se desea, pero que puede acelerarse por la presión interna de las contradicciones de clase en el país).

En una contradicción antagónica el contrario inicialmente dominante se opone al desarrollo del otro y en esto bloquea los cambios cualitativos moleculares los más precoces que va madurando el mismo desarrollo de la contradicción. Es lo que provoca que las primeras fases del salto cualitativo se presenten con frecuencia bajo la forma violenta, explosiva. No obstante a medida que los cambios cualitativos moleculares se acumulan, la relación interna de las fuerzas se va modificando y el contrario inicialmente dominante va perdiendo poco a poco su capacidad de oponerse a la continuación del proceso, entonces la necesidad de las formas explosivas decae cada vez más. Si vemos más de cerca el salto cualitativo y lo analizamos dialécticamente aparece que su propio desarrollo implica un cambio cualitativo: sus primeros logros modifican las condiciones en las que se van consiguiendo los otros. Es por eso que en el proceso de resolución de las contradicciones antagónicas puede perfectamente adquirir formas no explosivas al llegar a un cierto grado de madurez.

Voy a referirme aquí, de manera muy sucinta a un caso que nos concierne y del que se habla mucho, pero con demasiados prejuicios, me refiero al proceso de Independencia. Desde más o menos los años cincuenta se desarrolló en el seno del Partido Comunista Salvadoreño un movimiento contradictorio, se trata de oponerse a la historia nacional que vehiculaba la clase dominante. Y por supuesto que ésta contaba con muchas falsedades y muchas leyendas que no llegaban al estatuto de historia. La falta de documentación, la ausencia en esos tiempos de historiadores de profesión dieron como resultado que el PCS no pudo oponerle a la burguesía una historia que no tuviera en sí prejuicios y leyendas. Pero además una personalidad que tuvo y sigue teniendo peso en nuestro país dejó un prejuicio anti-clerical para narrar la Independencia. Pero el cura que más desprestigio tuvo fue el principal personaje: José Matías Delgado. Le inventaron propiedades sin la menor documentación (no existe catastro de esa época), lo hicieron desaparecer de San Salvador en noviembre de 1811, ocultaron que fue hecho preso al cabo de la rebelión y que los estudiantes de la Universidad de San Carlos lo eligieron rector como signo de protesta y de solidaridad con la gesta de San Salvador. Cuando se habla del movimiento de la Independencia se refieren exclusivamente al 21 de septiembre de 1821. E incluso se refieren con demasiada frecuencia a un solo pasaje del Acta y esto para denigrar todo el proceso y a los próceres. Algunos han de pensar que con este simplismo hacen obra revolucionaria. No se dan cuenta que con eso se privan de aprender de nuestra historia nacional.

El proceso se inició incluso antes del Primer Grito de 1811, pues estos días de rebelión principalmente en San Salvador, pero no únicamente, pudo tener lugar por la divulgación de las ideas de la Revolución Francesa y de la Independencia de los Estados Unidos (recordemos que el pensamiento revolucionario estadounidense era tal vez el más avanzado). Hubo gente que copiaba a mano libros enteros para difundir esas ideas, corriendo el riesgo de prisión por los agentes de la Inquisición. Se difundía también lo poco que llegaba de las luchas que iban ocurriendo en el Sur del continente. Es menester reconocer que las luchas por la Independencia estaban preñadas de contradicciones antagónicas, la fundamental era la que oponía a la Corona a las fuerzas independistas de todo el continente y esto se reproducía en cada región o Virreinato. Pero hay quienes olvidan que en enero de 1814 hubo otro movimiento armado en San Salvador (reprimido tal vez con mayor violencia que el anterior de 1811). Pero entre ellos en Centroamérica hubo elecciones a las Cortes de Cádiz y los diputados enviados eran de temple progresista. La participación de diputados americanos en Cádiz es un logro importante de la lucha, el estatuto de las colonias legalmente va cambiado por la presión de los independistas. Pero hay que agregar otra cosa que es externa, pero tuvo repercusiones internas, se trata de la ocupación napoleónica de España, durante ese tiempo los contactos mercantiles de las colonias tuvieron expansión hacia otros puertos que antes les estaban prohibidos y los consiguientes efectos materiales e ideológicos.

Se trata pues de un proceso largo, los logros se van acumulando, la correlación de fuerzas ha ido creciendo en favor de los independistas. España ha ido perdiendo las batallas, la Corona se ha desprestigiado y ha ido perdiendo sus principales colonias en el Sur y sobre todo el poderío militar. Cuando llega el momento crucial para Centroamérica, la Corona no puede realmente oponerse a la simple Declaración de Independencia. El salto cualitativo se dio en Centroamérica de manera más o menos pacífica. Y las declaraciones de Independencia se han ido acumulando en varios ayuntamientos de la Capitanía General, esto lo dice claramente el Acta y en ese mismo lugar se pone de manifiesto el apoyo popular que gozan los delegados presentes en el Palacio Nacional de Guatemala: “Leídos los oficios expresados: discutido y meditado detenidamente el asunto, y oído el clamor de Viva la Independencia, que repetía lleno de entusiasmo el pueblo que se veía reunido en las calles, plaza, patio, corredores y antesala de éste palacio, se acordó por esta Diputación e individuos del Excelentísimo Ayuntamiento”., luego de esto viene una amenaza de lo que pudiera suceder si no se procedía de inmediato y de manera pacífica a declarar la Independencia: “Que siendo la Independencia del Gobierno Español la voluntad general del pueblo de Guatemala, sin perjuicio de lo que determine sobre ella, el Congreso que debe formarse, el Señor Jefe Político le mande publicar para prevenir las consecuencias, que serían temibles en el caso de que la proclamase de hecho el mismo pueblo”.  Esta última frase se ha interpretado como una voluntad de los próceres de dejar de un lado al pueblo. Pero esta interpretación es miope, pues no quiere leerlo todo y se contenta con una frase cuyo carácter retórico salta a la vista. Pues los representantes de la Corona ya no pueden postergar la declaración y están obligados a obedecer lo que entonces era la voluntad del pueblo.

O sea que la acumulación de fuerzas de los independistas centroamericanos, por razones internas y externas, los puso en la postura de resolver la contradicción antagónica con un salto cualitativo que no tuvo la forma violenta que sí se dio en otros lugares y en fechas anteriores en que la Corona tuvo las fuerzas para resistir.

18 marzo 2015

Contradicciones XI



El salto cualitativo se ha convertido en nuestro país en casi un tic del lenguaje, hubo un tiempo en que cualquier cambio de lo que fuera se le apodaba “salto cualitativo”, incluso adherir a una organización “revolucionaria” era un “salto cualitativo”. Se vuelve pues comprensible que este modo de resolución de contradicciones haya adquirido una “autonomía” en el modo de considerar la dialéctica en El Salvador. Sin embargo esta autonomía es falsa, no corresponde al pensamiento dialéctico mismo, para poder abordar este punto, se hace necesario referirse a la unidad de los contrarios, de su lucha, de la determinidad de la cosa, que obligatoriamente nos lleva a otras categorías importantísimas, en primer lugar la esencia, pero no sólo sino que a los aspectos cuantitativos y cualitativos, a lo interno y externo, etc. El salto cualitativo en tanto que tal implica pues un cambio cuantitativo y cualitativo, de allí, también ver esta otra contradicción, me refiero a la unidad de contrarios que son la cantidad y la calidad, para poder llegar a las formas de la lucha de contrarios y ver cómo han interferido en este salto elementos internos y externos, que han vuelto la resolución de la contradicción en algo más o menos brusco, violento, explosivo.

Retornemos a la contradicción antagónica que el propio Marx expone como tal, se trata de la contradicción entre el carácter social de la producción y el carácter privado de la apropiación capitalistas, dicho de otro modo entre el proletariado y la burguesía. Esta contradicción se nos presenta inmediata y empíricamente bajo formas violentas, explosivas y es con ellas que se la identifica o sea se le da su determinidad, no obstante ¿qué es lo que esencialmente la identifica, le da su naturaleza de antagónica? Dicho de otro modo ¿qué es lo que la vuelve irreductible, irreconciliable? La respuesta la encontramos objetivamente en el desarrollo mismo de la contradicción hasta su acabamiento histórico y lógico en el que se expresa su contenido esencial: la supresión de la apropiación privada capitalista por una revolución y la emancipación de la producción social, la supresión de la explotación capitalista y la emancipación del proletariado y de la sociedad entera.

Cualquiera que fuese la contradicción antagónica, ya sea en la historia social, como en la historia de las ideas, nos lleva a la misma conclusión, el acabamiento consiste en la supresión de uno de los contrarios y la emancipación del otro. ¿Este carácter histórico y lógico del antagonismo lo adquiere la contradicción en su marcha, de manera contingente? De ningún modo, este carácter es originario, es decir está presente desde que surge la contradicción, incluso en el estado embrionario, pues el capital es inseparable de la explotación del trabajo asalariado y se opone a todo desarrollo de las fuerzas productivas que no contribuya a su propia puesta en valor. Este carácter antagónico no es una cosa que le adviene a la contradicción en algún momento dado de su desarrollo, cuando por ejemplo adquiere rasgos violentos o explosivos. Existe siempre, incluso de manera latente desde su formación, desde que surge esta contradicción. Existe ahora mismo en el país aunque se exprese visiblemente, de manera palpable y aunque sea sólo de manera esporádica, en algunas luchas de los trabajadores.

Este punto es fundamental. En su absoluta generalidad, la categoría de contradicción dialéctica implica una relación de oposición entre dos contrarios que se niegan mutuamente en el interior de la unidad que ambos formen y que expresa el concepto de la cosa. Empero la negación tiene determinaciones muy diversas, cada tipo de cosa tiene su propio tipo de negación, de tal manera que en cada una resulta un desarrollo propio y por ende su género propio de ideas y de conceptos. De tal modo que un género de contradicción se define racionalmente  por el tipo de negación que lo ha generado, dándole así mismo su esencia y que determina todo su desarrollo hasta su resolución. Es antagónica una contradicción en la que un contrario es negado por el otro en su existencia misma. Es por ello que su desarrollo presupone la supresión de uno de los contrarios y el otro contrario es liberado. La contradicción no-antagónica es aquella en la que cada contrario niega al otro en su identidad, por lo que su desarrollo presupone únicamente la separación transitoria y relativa de los contrarios al interior de la cosa, de su unidad. La resolución consiste en el establecimiento de una forma nueva de identidad entre ambos contrarios.

Por lo mismo, la contradicción entre la producción social y la apropiación privada al interior de la sociedad capitalista es por esencia una contradicción antagónica y la contradicción entre el valor de uso y el valor de cambio en la mercancía es por esencia una contradicción no-antagónica. Esto deja claro que por esencia una contradicción antagónica no puede convertirse en no-antagónica y viceversa. Si esto pudiera hacerse, el antagonismo y el no-antagonismo serían formas inesenciales de la contradicción. Apunto además que este modo de considerar la cosa, este tipo de falsas transformaciones, le quita toda objetividad a la dialéctica materialista y por consiguiente el carácter objetivo del antagonismo de clases en la sociedad capitalista.

En la próxima entrega voy a abordar directamente el salto cualitativo como resolución de las contradicciones. Era necesario dejar claro que es lo esencial en cada una de las contradicciones, pues algunos piensan que lo que caracteriza a la contradicción antagónica es la violencia misma y asimilan el salto cualitativo a una explosión, a algo obligatoriamente violento y sobre todo intrínseco a la contradicción en sí.