El autor de este blog agradece la reproducción total o parcial de los materiales aquí publicados siempre que se mencione la fuente.

30 marzo 2013

Saussure, por dónde empezar


 Voy a copiar en francés la primera nota de Ferdinand de Saussure que fue publicada en el libro “Ecrits de linguistique générale” en nrf Editions Gallimard, París, 2002. Los editores son Simon Bouquet y Rudolf Engler. Sigue la traducción y un comentario. Esta primera nota lleva por título Prefacio”:

1 Préface


 Il paraît impossible en fait de donner une prééminence à telle ou telle vérité de la linguistique, de manière à en faire le point de départ central : mais il y a cinq ou six vérités fondamentales qui sont tellement liées entre elles qu’on peut partir indifféremment de l’une ou de l’autre et qu’on arrivera logiquement à toutes les autres et a toute l’infime ramification des mêmes conséquences en partant de l’une quelconque d’entre elles.

            Par exemple, on peut se contenter uniquement de cette donnée :

            Il est faux (et impraticable) d’opposer la forme et le sens. Ce qui est juste en revanche c’est d’opposer la figure vocale d’une part, et la forme-sens de l’autre.

            En effet, quiconque poursuit rigoureusement cette idée arrive mathématiquement aux mêmes résultats que celui qui partira d’un principe en apparence très distant, par exemple :


            Il y a lieu de distinguer dans la langue les phénomènes internes ou de conscience et les phénomènes externes, directement saisissables.

 Doy esta versión provisoria de la primera nota manuscrita del lingüista ginebrino:

1 Prefacio

            “Parece imposible de hecho dar una preeminencia a tal o cual verdad de la lingüística, de manera que podamos hacer de ella el punto de partida central; pero hay cinco o seis verdades fundamentales que están ligadas entre sí, de tal manera que uno puede partir indiferentemente de una o de otra y se llegará lógicamente a todas las otras y a toda la ínfima ramificación de las mismas consecuencias partiendo de cualquiera de ellas.

            Por ejemplo, uno se puede limitar únicamente a este dato:

            Es falso (e impracticable) oponer la forma y el sentido. Al contrario lo que es justo oponer es la figura vocal de una parte y la forma-sentido de la otra.

            Efectivamente, si alguien persigue rigurosamente esta idea llega matemáticamente a los mismos resultados que aquel que parta de un principio en apariencia muy distante, por ejemplo:

            Cabe distinguir en una lengua los fenómenos internos o de conciencia y los fenómenos externos, directamente aprehensibles”.


Es imposible no darse cuenta que desde el momento en que esta nota fue escrita y el momento actual, los cambios terminológicos han sido drásticos. Esto paradójicamente ha sido el resultado del desarrollo de la misma lingüística saussureana. Por otro lado, muchos criticaron a los “editores” del “Curso de lingüística general”, Charles Bally y Albert Sechehaye, el punto de partida que adoptaron, no obstante esta primera nota demuestra que ellos fueron fieles al maestro ginebrino, pues en realidad el “Curso” propiamente dicho, la exposición de la nueva teoría realmente se inicia en el capítulo III, los dos primeros son generalidades preliminares que bien se pueden poner allí u omitirlas. Pero la exposición real la inician justamente a partir de un principio o una de las “verdades fundamentales” de las que nos habla de Saussure en esta nota, verbi et gratia, la dualidad del objeto o si se prefiere el carácter dual del objeto de la lingüística.
 
Me llaman la atención dos adverbios usados por de Saussure en este “Prefacio”, “lógicamente” y “matemáticamente”, pero no me sorprendieron, ambos se refieren a los efectos inexorables o necesarios que se desprenden de iniciar la exposición por una de esas “verdades fundamentales”. Ahora tal vez algunos dijeran “automáticamente”. En todo caso de lo que se trata es de un movimiento interior, propio del objeto mismo. Este arranque condiciona el resto de la exposición, cada paso prepara el siguiente y lo presupone. Si este inicio nos conduce lógicamente, matemáticamente a los mismos efectos, a “las mismas consecuencias”, significa que este punto de partida de la exposición no es arbitrario, sino que necesario. Pues cuando se llega a examinar a partir de qué punto hay que iniciar la exposición de una ciencia, de una investigación, también esto significa que la investigación propiamente dicha ya está concluida y la tarea que se presenta no es la descripción de cada paso de la búsqueda, sino que la presentación de los resultados.

Saber por dónde es necesario iniciar la exposición significa haber despejado de la montaña de datos y materiales examinados, cuál es el hilo conductor del raciocinio llevado adelante y cuál es el movimiento mismo y propio de la materia estudiada. Muchos critican a los “editores” del “Curso” de no dejar aparecer las dudas y las vacilaciones del maestro ginebrino. Piensan que hubiese sido interesante, importante dejar aparecer en el “Curso” el momento de búsqueda, que no todo estaba acabado en la mente de Saussure.

Aquí tenemos un problema realmente filológico y lógico también. El primero se trata de averiguar: ¿si los materiales encontrados posteriormente, los que no estuvieron en las manos de Charles Bally y de Albert Sechehaye, desmienten las “verdades fundamentales” que aparecen en lo que muchos llaman la vulgata? ¿Si lo nuevo contradice los postulados en los que se basa el desarrollo de la exposición del “Curso” o si solo nos dan una apreciación del camino investigativo que está recorriendo Saussure durante esos años? Por el momento no aparece que lo nuevo venga a desmentir o contradecir fundamentalmente lo expuesto en el manual. Es posible que algunos aspectos se puedan ahora formular de otra manera. En realidad muchas cosas dichas en el “Curso” se han ido matizando, se han ido refinando y profundizando en el desarrollo de la lingüística saussureana.

Los editores de los “Ecrits de linguistique générale” (“Escritos de lingüística general”) nos dicen en su prefacio (pág. 9) que “su carácter menos categórico testimonia una observación como esta: “La dificultad que uno experimenta en anotar lo que es general en la lengua, en los signos de habla que constituyen el lenguaje, es el sentimiento que estos signos pertenecen a una ciencia mucho más vasta que no lo es la “ciencia del lenguaje.” O aun esto, de manera más radical: “Si hay realidades psicológicas, y si hay realidades fonológicas, ninguna de las dos series separadas no sería capaz de dar un instante nacimiento al menor hecho lingüístico. — Para que haya hecho lingüístico, es necesario la unión de las dos series, pero una unión de un género particular — del cual sería absolutamente vano de explorar en un solo instante los caracteres o decir de antemano en qué consistirá”. Las partes entrecomilladas de esta cita pertenecen a Saussure y vienen en las páginas 265 y 103 respectivamente de estos “Escritos”.

Sabemos tanto del “Curso” como por los mismos “Escritos” que Saussure pensaba en una ciencia general de los signos y de la que la lingüística formaría parte. No veo en que esto es menos categórico o en qué es más categórico el “Curso”. Pero incluso lo que ahora nosotros llamamos signos no corresponden a lo que Saussure llama aquí, en este pasaje, “signos”. Y justamente el segundo pasaje citado trae justamente una de esas “verdades fundamentales” de las que se puede partir para exponer la ciencia del lenguaje. Es decir, eso que cabe distinguir y que obligatoriamente no se pueden separar, que únicamente unidas constituyen un hecho lingüístico. Esto está retomado tal cual en el “Curso”. Incluso está retomado en sus vacilaciones terminológicas. Este es uno de los “defectos” más señalados con mayor recurrencia y tal vez con mayor justificación a los “editores” del manual.

Todo el curso, todos las discusiones posteriores alrededor del signo lingüístico giran precisamente en torno a esa “unión de género particular”, de su carácter. Esta unión de género particular es también la que caracteriza a esta otra “lengua y habla” y que proviene justamente o si se prefiere se engendra a partir de la unión estrecha, indisoluble del significante y del significado. Desentrañada la verdadera naturaleza de esa unión sui generis permite justamente evitar caer en una “filosofía del lenguaje”, a estas alturas, inútil y sin ningún interés. Que muchas cosas, en sus reflexiones, le parecieran a Saussure pertenecer aún a una filosofía del lenguaje no cabe duda. Pero su inquietud era precisamente fundar la ciencia del lenguaje.

Por otro lado, no creo justamente que se pueda lógicamente exponer la ciencia del lenguaje a partir de cualquier “verdad fundamental”. Hay una “verdad fundamental” que las contiene todas y a partir de la cual se pueden deducir “matemáticamente” las otras, esta verdad es la más abstracta y la más sencilla. Se trata del signo lingüístico, de la unión del significante y del significado. A partir de aquí podemos incluso llegar hasta los fundamentos de la ciencia general de los signos y señales, la semiología.   

28 marzo 2013

En torno al método de Marx


Abundan los artículos en los que se pretende exponer el método de Marx, no obstante son muchos los que defraudan al lector. Esta decepción proviene ya sea del contenido de los artículos, ya sea de la expectativa misma de los lectores, que desean a toda costa tener al final de su lectura un útil aplicable a cualquier objeto. Pero esta situación de insatisfacción no es algo que deba sorprendernos demasiado, pues el tema implica un arduo trabajo de estudio del pensamiento marxiano y significa al mismo tiempo el rechazo de muchos lugares comunes y prejuicios.

El propósito de este escrito no es la exposición del método de Marx propiamente dicha, sino que de emprender una escarda del terreno. Casi todos los que han emprendido exponer el método de Marx y Engels están de acuerdo que se trata de la dialéctica materialista misma y también que ésta es la inversión de la dialéctica hegeliana. Al respecto tal vez sea necesario referirse al propio Marx y a su intención de exponer el método que “Hegel descubrió y que él mismo mistificó”, en unas cuarenta a cincuenta páginas. Esto lo afirma el propio Marx en una carta a su amigo y compañero de luchas, Engels, que escribió el 14 de enero de 1858. En realidad Marx habla del núcleo racional del método de Hegel. Su intención es de redactarlo en un estilo claro y comprensible a toda persona con sentido racional.

No obstante esta carta nos dice solamente su intención de exponer el núcleo racional del método de Hegel, nos da la indicación del volumen aproximado en páginas que se propone escribir y en qué estilo pretende realizarlo. Pero todo esto si alguna vez le queda tiempo para dedicarse a este tipo de labores, lo haría con mucho gusto.

Sin embargo Marx nunca más vuelve a referirse a este trabajo, ni a su deseo de llevarlo a cabo. Por lo menos esto no aparece plasmado en ningún escrito suyo, ni de Engels, ni de cualquier otra persona contemporánea.

Núcleo racional del método de Hegel

Estas cortas líneas escritas por Marx a Engels, han dado pábulo a muchos historiadores del marxismo, de economistas y filósofos para escribir largas páginas y discutir las razones del silencio ulterior de Marx al respecto y sobre todo las razones por las que Marx nunca escribió el opúsculo prometido sobre el núcleo racional del método de Hegel.

Muchos se conforman en señalar que efectivamente los estudios económicos preparatorios y la posterior escritura de sus obras económicas no le dejaron tiempo para esa obra filosófica. Sin embargo asimismo son muchos los que piensan que esta explicación se queda muy corta.

La explicación más corriente y de mayor aceptación es que Marx no procedió a escribir esta obra sobre la dialéctica materialista puesto que nos ha legado en El Capital su propia “Gran Lógica” y que es allí donde es menester buscar el método de Marx.

Muy bien. Pero con esto no queda arreglado todo, pues persiste la necesidad de una exposición de la dialéctica materialista que tenga una forma autónoma. Por lo menos es lo que persiguen los filósofos que exponen la dialéctica materialista.

Por su parte, sin hacer referencia a la intención de Marx, Engels le manda a Marx un plan de una obra que pretende escribir sobre la dialéctica de la naturaleza. Este proyecto surge algunos años después, la carta está fechada el 30 de mayo de 1873. En ella Engels dice que su “elaboración, de cualquier manera, exigirá aún mucho tiempo”. A partir de esta carta y de otras en las que Engels le manda un plan ampliado y otras veces un plan acortado, podemos concluir que también en la mente de Engels surgió la idea de exponer la dialéctica en forma de la dialéctica de la naturaleza. Todos sabemos que este propósito fue realizado en gran parte por Engels, muchos “capítulos” terminados, puestos en orden, etc. Claro la obra fue publicada después de su muerte, en Moscú, en 1925.

No voy a dar los detalles de los planes, ni toda la historia de la edición que ha tenido tres variantes sucesivas, la que he mencionado de 1925, luego otra de 1935 y la última de 1941en una nueva traducción al ruso. Estas ediciones difieren en el orden de los materiales y en la interpretación de algunos pasajes. Sobre el orden de los materiales ha habido muchas discusiones, no obstante se puede considerar la última versión como la que mayor aceptación ha tenido y que es completada por un aparato crítico extendido en las republicaciones posteriores.

A este respecto es necesario indicar que Engels consideraba “La Dialéctica de la Naturaleza” como una obra separada, autónoma y no tenía ninguna intención de incluirla en otra obra de mayor extensión y dedicada a alguna teoría de la dialéctica en general. Que la obra es pensada de esta manera atestigua la carta de Engels a Marx del 23 de noviembre de 1882, en la que se puede leer: “ahora, sin embargo, es necesario terminar lo más pronto posible la dialéctica de la naturaleza”.

Lenin y su proyecto

Es menester recordar también aquí que Lenin desde el otoño de 1914 hasta inicios de 1916 se dedicó a preparar materiales y confeccionar diversos planes para la escritura de una obra sobre la dialéctica. No obstante solamente en los testimonios de su esposa, N. K. Krupskaya, se puede saber de la intención de Lenin de escribir este trabajo. Es posible que Lenin mientras no tuviera ya avanzada su redacción no deseara comunicarle a nadie su intención de escribir esta obra. Pero no se puede poner en duda que sí tenía este deseo, a la vista de los materiales preparatorios que tenemos a nuestra disposición. En el caso de Lenin aparecen claras las razones de que el proyecto se quedó sin realización: llega un año decisivo, 1917 y además la imperiosa necesidad de escribir dos obras que se pone a redactar: la primera sobre la revolución y el Estado y la otra sobre el imperialismo. Luego sus actividades políticas antes y después de la Revolución y posteriormente su estado de salud le impidieron realizar el proyecto.

En el tercer prefacio al “Anti-Dühring” de cierta manera Engels vuelve sobre el tema, todos sabemos que entre los dos amigos hubo una especie de “división del trabajo”, esto lo dice aquí mismo, en el prefacio al que aludo. Sabemos también como Engels nunca dejó de manifestar su admiración hacia su compañero. No se crea pues que en esta ocasión falla en su conducta y además se muestre presuntuoso, al contrario debemos de agradecerle que nos hable de esa manera: “Marx y yo fuimos sin duda tal vez los únicos en salvar de la filosofía idealista alemana la dialéctica consciente para integrarla en la concepción materialista de la naturaleza y la historia”.

Deseo señalar un detalle que no es en nada fútil, al contrario en este texto adquiere una significación particular e importante. En este prefacio, Engels escribe en primera persona del singular. Pero abandona este pronombre cuando se refiere explícitamente o no a su labor común con Marx. Voy a citar aquí un parágrafo que me parece ilustrativo del tema que nos ocupa. Engels en este pasaje se refiere a sus ocupaciones científicas y de preparación de su obra “La dialéctica de la naturaleza”,  ya en Londres después de que dejara sus labores comerciales.

“Se trataba para mí al hacer esta recapitulación de las matemáticas y de las ciencias de la naturaleza, de convencerme en los detalles —sin que dudara de ninguna manera en su conjunto— que en la naturaleza se imponen, a través de la confusión de las innúmeras modificaciones, las mismas leyes dialécticas del movimiento que en la historia rigen también la aparente contingencia de los acontecimientos; las mismas leyes, que forman igualmente el hilo conductor en la historia de la evolución lograda por el pensamiento humano, llegan poco a poco a la consciencia de los hombres pensantes: las leyes que Hegel ha desarrollado por primera vez de una manera extensa, pero bajo una forma mistificada, y que nosotros nos proponíamos, entre otras aspiraciones, sacar de este envoltorio místico y hacerlas entrar netamente en la consciencia con toda su simplicidad y su universalidad”.

Si observamos de cerca este párrafo, nos daremos cuenta que Engels inicia en el singular de la primera persona y al final usa el plural. Pero lo que más llama la atención es que en este pasaje Engels hace eco a la carta que Marx le enviara el 14 enero de 1858 (a la que me he referido arriba) y habla de “una forma mistificada” y sobre todo enuncia que ambos compartían la “aspiración” de sacar la dialéctica del “envoltorio místico y hacerlas entrar netamente en la consciencia con toda su simplicidad y su universalidad”.

¿Podemos inferir que Marx y Engels volvieron a hablar sobre este tema? Creo que no cabe duda. Incluso la comunidad en las expresiones usadas dejan ver claramente que también coincidían en sus puntos de vista. Ambos toman como punto de partida a Hegel, no obstante ambos señalan la forma mistificada en que la dialéctica está desarrollada en los escritos hegelianos.

Una recomendación metodológica

En este mismo prefacio Engels nos da una recomendación metodológica de gran valor y alcance. Se trata de sacar esas leyes que rigen el movimiento de la historia, de la naturaleza y del pensamiento humano, pero no se trata para Engels “de hacer entrar por construcción las leyes dialécticas en la naturaleza, sino que de descubrirlas ahí y de extraerlas”. Creo que queda con claridad suficiente que en la mente de los fundadores de la filosofía dialéctica materialista no existen ni esquemas, ni leyes, ni nada que haya que aplicar desde afuera a la realidad natural, ni a la realidad social. Estas leyes se descubren en la realidad misma, en la realidad cambiante.

Sin embargo al terminar su prefacio relata la lucha que se lleva a cabo entre concepciones diametralmente opuestas, una que considera que todo está fijo en la naturaleza y los que ven en los más recientes descubrimientos científicos de la época el movimiento y los cambios. Esta última concepción se ha ido imponiendo en la ciencia poco a poco,  lo que lleva a concluir que la fijeza y los valores absolutos de las concepciones naturalistas de la época son “introducidas en la naturaleza estrictamente por la reflexión”, desde afuera. Llegar a la concepción contraria se puede “por la presión de los hechos que se acumulan en la ciencia de la naturaleza, se logra esto más fácilmente si uno aborda el carácter dialectico de estos hechos con la consciencia de las leyes del pensamiento dialéctico”.
Es decir las leyes dialécticas deben de extraerse de la realidad misma, pero esto se puede hacer mas holgadamente si se conocen las leyes del pensamiento dialéctico. Es esto que Hegel ha expuesto brillantemente en toda su extensión y que metió en un envoltorio místico. Marx y Engels salvaron “de la filosofía idealista alemana la dialéctica consciente para integrarla en la concepción materialista de la naturaleza y la historia”.

24 marzo 2013

Romper con la historia de dominación



El asunto no es nuevo. El subdesarrollo de la economía salvadoreña no es consecuencia exclusiva de las políticas de los sucesivos gobiernos. Por una razón importante, todas las políticas gubernamentales implementadas fueron para agradar las exigencias patronales. La historia de nuestro subdesarrollo está ligada íntimamente a la actitud rentista que siempre tuvieron nuestros ricos.  Desde la Independencia buscaron la manera de perpetuar un modo de vida de “hidalgos” (En España, el 18 de marzo de 1783, el rey Carlos III se ve obligado a promulgar una real cédula en la que se decreta que trabajar no es un deshonor. Toda la sociedad española peninsular y colonial está imbuida del ideal nobiliario de aspirar a la ociosidad, por lo que el trabajo está mal visto). Esta actitud la heredaron nuestros ricos.

Su verdadero afán era recibir las ganancias sin preocuparse directamente de la administración de sus negocios. Se enriquecieron cuando el precio del café “ascendía como un águila” y dejaban de recolectar cuando el precio del café se iba de pique. Poco les importó el nivel de vida de los trabajadores.  Las relaciones que tenía con los peones eran casi feudales, en muchas haciendas se pagaba en fichas de la tienda, en otras se pagaba con significativos atrasos, engañando en las cuentas, etc.


Recordar la masacre del 32, que no fue exclusivamente étnica, como ahora gustan algunos presentar ese episodio de nuestra historia. El hambre fue generalizada, las cosechas abandonadas, la miseria de la gente dando alaridos. Masferrer ya había denunciado esa miseria, ya había querido cambiar esa circunstancia con un “mínimo” para vivir decentemente.  La respuesta de la oligarquía fue esa masacre y para mantener a la gran mayoría en la miseria y en el analfabetismo. También sobre esto escribió Alberto Masferrer en “Leer y escribir”.

Como una hacienda

El país entero fue visto como una hacienda y a pesar de que ahora existe un tipo nuevo de patrones, que han asimilado algunos principios del famoso “Homo economicus”, pero bajo el mismo fondo, para el máximo beneficio recurre siempre a lo mismo, bajos salarios y condiciones de vida deplorables.

Nuestros burgueses han amasado grandes fortunas que mantienen afuera del país y por lo general en inversiones especulativas. En el país invierten en el sector terciario, dejando al capital foráneo el papel de introducir la industria. Es tradicional en nuestro país, tratar de “venderlo” ofreciendo una mano de obra baratísima, moldeable, no sindicalizada y ahora ya poco combativa. Y si por un sobresalto de indignación se muestra rebelde, la fuerza está siempre lista en uniformes con botas y garrotes para intervenir. Es por eso que se crearon las zonas francas exonerando de pago de impuestos, posibilidad de hecho de exportar todas las ganancias sin dejarle al país ni un “tostón”.  En esas zonas francas nunca se instaló una fábrica productora de mercancías con un alto valor agregado, la maquinaria vetusta y en muchas veces obsoleta. Y por lo general ya amortiguada, es por eso que muchos de esos empresarios se van del país abandonándolo todo, incluyendo sus deudas respecto a sus empleados, a los que no les pagan las debidas indemnizaciones y en ocasiones los últimos salarios.

Es esta la clase capitalista que tenemos, parasitaria y rentista. Son ellos los que han moldeado a su antojo nuestra sociedad. Ese es el tipo de empresario que domina en nuestro país. O sea que cuando se implora a las “fuerzas vivas” de la nación que se sienten a elaborar “un plan de país”, en este llamado tan pueril no se toma en cuenta a las clases trabajadoras, se habla de los partidos y del patronato. Pero los partidos son los sirvientes de ese patronato que acabo de presentar. Desde décadas rechinan cuando alguien pronuncia la palabra “fiscal”. Pues eso merma su fortuna, eso merma sus posibilidades acumulativas y con esa parte mermada de “su” fortuna por el fisco, hay quienes pretenden mejorar un tanto las condiciones de vida de la chusma.

Ese cacareado “plan de país” es imposible, pues nosotros estamos enfrentados a una clase capitalista que durante decenios y decenios se han mostrado indiferente al destino de toda la nación. Incluso no vacilaron, al ver amenazados sus intereses,  en cometer por el intermedio de su Estado las repetidas masacres de nuestra historia.

La derecha cumple con su rol

Los dirigentes de los partidos de la derecha no entran en contradicción al considerar a esa clase como a la que hay que servir y como la que “mantiene” al país. Es lo que repiten, son ellos los que “dan” el trabajo a los obreros. Pero en realidad, esa clase se enriquece del producto del trabajo, al que explota sin misericordia, en condiciones de trabajo execrables, con salarios de miseria. Vivimos en una sociedad que no solo se enajena el producto del trabajo de los asalariados, sino que todo se nos presenta como una potencia extranjera, que nos aplasta.

La violencia que reina en el país es el resultado de nuestra propia historia, de esa historia que ha dejado sin puertas hacia el futuro a nuestros jóvenes, que muchos optan por huir hacia el extranjero. Otros ante la miseria de sus vidas se van por la fácil vía de la vida delictiva. Los partidos de derecha ante este inmenso problema  de nuestra sociedad reaccionaron como siempre, la represión. Sus “manos duras” y “súper duras” agravaron la situación, pues esa creciente violencia debe combatirse en su fuente. Pero en este tema también volvemos a lo mismo, ¿quién sufre directamente la violencia? Pues no son los ricos, los que ponen los muertos, los que sufren el acoso confiscatorio de las bandas, son pequeños comerciantes, la gente pobre en la calle, en los barrios, en el transporte. Ellos, los ricos, el 1% que se reparte el 60% de los ingresos, viven en otras esferas, protegidos por alambres electrificados, altas murallas, guardianes y la eficacia recobrada de la PNC.

El gobierno actual de “izquierda” ha hecho una política con el ojo puesto en los cambios de humor de la oligarquía. También se ha puesto en su servicio, pero con una modalidad, hicieron un esfuerzo por encontrar una manera de aparecer preocupados por la gente de la calle. Medidas sociales, como el vaso de leche, como los uniformes, los útiles, los zapatos para los alumnos de las escuelas, incluso el “generoso” reparto de “títulos de propiedad”, todo eso son apenas remiendos que se le hace al desgarrado tejido social de nuestro país. Son incluso válvulas de escape para que no haya una explosión social que nadie sabe en qué podría terminar.

Una situación política degradada

Los dirigentes del FMLN repiten que no son los enemigos del gran capital. Lo han dicho y lo han repetido “no hay nada a que tenerle miedo”, “no tenemos como objetivo ni a corto plazo, ni a mediano plazo, construir el socialismo”, se les escapa el “largo plazo”. Podrían perfectamente agregarlo. Pues ahora ya son un partido “social-demócrata” de derecha, cuyo objetivo es convertirse en el cirujano estético del capitalismo. Ellos siguen al presidente que hizo suyos los intereses del capital extranjero, principalmente de su “aliado estratégico”, que en realidad es su “patrón estratégico”, el imperialismo estadounidense. El presidente ha optado por ser el jefe del partido del extranjero. Su gobierno ha sido una estafa.

Es esta estafa que los candidatos del FMLN se proponen continuar, pues la reivindican como suya. Ellos afirman que es eso que van a profundizar. Tal es la degradación de la situación política, que tanto Funes, como el grupo parlamentario efemelenista y el de Saca, distraen a la opinión provocando rencillas y querellas con la Corte Suprema de Justicia. Mientras tanto los problemas nacionales, como son una reforma fiscal digna de ese nombre, una reforma educacional urgente en todos los niveles de la enseñanza, una puesta en marcha de un servicio médico tantas veces prometido, un nuevo y moderno Código de Trabajo. Aquí la lista se puede alargar, pues la vida de los salvadoreños es precaria en todos los campos. Voy agregar uno, la fuerza de trabajo es acarreada en condiciones de ganado, en un transporte que le llaman público, pero que es sobre todo humillante para la dignidad del pueblo salvadoreño. Tan degradada está la situación que el expresidente Saca tiene el descaro de volverse a presentar como candidato. Este hombre que mostró con creces su incapacidad y su avaricia, acusado por su propio partido de haberse enriquecido a despensas del dinero público. Pues Saca sigue siendo un hombre de derecha, es el mismo que dejó vacías las arcas del Estado. Y hoy hay sondeos que lo dan con posibilidades de volver. Esto es una degradación política sin precedentes. Los trabajadores se han quedado sin un partido que los represente, se han quedado sin organizaciones que velen por sus intereses y la desesperación los incita a buscar lo que puede ser el menor mal. Esta desesperación también se conjuga con la resignación.

En esta situación es necesario buscar las posibilidades de crear un partido realmente que vele por los intereses de los trabajadores, que emprenda una lucha contra la despiadada explotación del capitalismo salvadoreño e internacional que padece nuestro pueblo, una organización que emprenda una lucha ideológica que saque del sopor a la clase trabajadora. Estas posibilidades existen, aún hay en nuestro pueblo ese espíritu de rebeldía, aún vive en nuestra gente la esperanza de una vida mejor. Eso se puede ver en algunas luchas que se han manifestado en estos últimos meses. Pero tenemos que darnos cuenta que un nuevo partido no puede surgir y cumplir sus tareas, si no cambiamos realmente nuestra concepción de la política, del modo de hacer política. Ese partido tiene que ser nuevo en todos los sentidos, que rompa desde su surgimiento con todas las taras del verticalismo, del apoderamiento de la voluntad de los militantes por los dirigentes. Necesitamos un partido que se proponga romper con la historia de dominación de una casta parasitaria que nunca le ha propuesto al país otra cosa que una vida de miseria, esta misma que se vive hoy.

27 febrero 2013

Sí, de acuerdo, pero...


Uno podría estar de acuerdo con lo que dice el padre José María Tojeira, pero lo que pasa ahora en España, lo que sucede en Italia, las maniobras y crímenes cometidos por los EE. UU. con sus aviones sin piloto, etc. no veo donde exista esa democracia tan soñada. Los avances democráticos en las famosas "grandes democracias" pueden perfectamente ser pérdidas si los pueblos mismos no se ponen alertas.

No creo posible un pacto entre los partidos en favor de desarrollar la democracia, hoy por hoy, los partidos defienden intereses ajenos a los intereses populares. Por consiguiente exigirles, proponerles que pacten para desarrollar la democracia es un deseo muy virtuoso, pero de ninguna manera realista.

Muchos ponen de ejemplo los Acuerdos de Paz, como si esos mismos acuerdos hubieran sido el resultado de la buena voluntad y se hubiera obtenido beneficios para el pueblo. Los avances "democráticos" es esta misma democracia que critica Tojeira. En realidad, los Acuerdos de Paz fueron de alguna manera impuestos por las mismas circunstancias de la guerra, fueron impuestos por la intervención de los Estados Unidos, por la imposibilidad de seguir en la guerra con una correlación de fuerzas que no daba un ganador. Pero en esos Acuerdos ni siquiera se abordó los problemas políticos, económicos y sociales que motivaron la guerra. Se puso coto a las hostilidades. Claro que el ambiente político es mejor ahora que antes de la guerra, donde la fuerza bruta era el lenguaje de los gobernantes de derecha contra los que protestaban.

Pero es de alguna manera ilusorio pedirle a esos mismos políticos que se pongan de acuerdo entre ellos para mejorar la democracia, para introducir ética en sus conductas. Los vemos actuar todos los días, vemos sus actitudes, escuchamos sus declaraciones, vemos sus intrigas, adivinamos sus chanchullos. Cada partido defiende sus intereses, sus posiciones dentro del Estado para aprovecharse de él.

Acaso es posible un pacto político que instituya un aumento de los impuestos a los capitalistas, que es la única posible fuente de aumento, para financiar todos los programas en salud, educación y otros para aliviar la angustiosa vida que llevan las clases pobres. Eso es imposible, pues los que les permiten vivir del Estado son precisamente los miembros de la clase dominante.

Porque en todo lo que se lleva a cabo en la vida política no podemos abstraer esos intereses. No podemos imaginarnos una vida política que de repente se entre en una especie de limbo en el que desaparezcan los intereses creados. Y estos intereses son mezquinos y son hasta ahora los que han movido a los políticos.

No creo que sea la intención del padre Tojeira sembrar nuevas ilusiones en la gente. Pero en definitiva  es lo que resulta, pues todos aquellos que reclaman un Acuerdo de País hacen abstracción que entre las diferentes clases existen intereses opuestos, antagónicos. Y desgraciadamente los intereses de los trabajadores no tienen hoy por hoy representación política.


Porque muchas cosas se pueden arreglar desde las políticas del Estado, si las clases pudientes participan con impuestos al financiamiento de las acciones estatales, pero si los empresarios persisten en evadir impuestos, en exportar sus ganancias y prefieren invertir en el extranjero. En El Salvador estamos frente a una clase oligárquica que nunca se ha preocupado por la condición de vida de los trabajadores, que nunca introdujo mejoras sensibles en la preparación de la mano de obra, que ha preferido usar el país como simple fuente de rentas. Y esto lo ha mantenido durante décadas con dictaduras. Ahora lo hacen sin dictadura, pero con la complicidad de la clase política.

Porque bien lo dice el padre Tojeira, si se le hubiese preguntado al pueblo que “el ingreso mensual de un diputado sea el equivalente a 38 salarios mínimos del campo”, no creo que se hubiera obtenido un consenso. Pero esta diferencia de ingresos crea también distancia en modos de vida, en modos de pensar, de percibir el mundo. El diputado presidente de la Asamblea, Sigfrido Reyes, se escandalizó porque hubo quien protestara por la vajilla de plata que compró para el uso de los diputados, no es capaz de entender las protestas por los regalitos de Navidad que con el dinero público les hizo a sus colegas. Pero este no es el único caso. En Casa Presidencial la cosa no es diferente.

O sea seguir soñando con la posibilidad de un acuerdo entre políticos para sanear su propio modus vivendi no es coherente.  Pensar posible reconciliar intereses opuestos también es ilusorio.


18 enero 2013

Seguimos con el libro de Sève


He mencionado anteriormente las pruebas más que suficientes que presenta Lucien Sève sobre la masiva presencia de la terminología de la alienación en los trabajos económicos de Marx maduro. Este hecho, esta prueba aportada por Sève desde su trabajo publicado 1974 (“Analyses marxistes de l’alénation”), ha quedado como ocultada en la literatura marxista o no, que trata de la alienación en Marx. Durante años, tres décadas, muchos han preferido ignorar ese trabajo y seguir manteniendo con Althusser que la palabra alienación desaparece totalmente del vocabulario de Marx en El Capital. Claro que la puesta en evidencia desarrollada por Sève obligó a algunos a reconocer su presencia, pero trataron de interpretarla como una supervivencia, como algo que aparece apenas en filigrana y tomando en cuenta sólo el aspecto de la alienación/venta.

Sève ha procedido a demostrar numéricamente la presencia del concepto y del término en los trabajos de El Capital, en el libro mismo del que estoy haciendo este amplio resumen, el filósofo francés nos entrega 82 pasajes de las obras sobre El Capital, donde figura o no el término, pero donde funciona y se expone el concepto de alienación (en castellano tenemos también los términos de enajenación y de extrañamiento).

 Ahora bien la pregunta crucial es justamente ¿encontramos en El Capital (Sève incluye todas las obras marxianas que van desde el “Grundrisse” hasta las “Teorías sobre la plusvalía”) un auténtico concepto de alienación? Y si la respuesta es afirmativa ¿es el mismo o diferente del que funciona en los Manuscritos de 1844? ¿Y en qué aspectos es diferente, si lo es?

El concepto que maneja el joven Marx en sus Manuscritos de 1844 se trata de: una pérdida de sí que se opera en el proceso personal del trabajo productivo, cuya fuente hay que buscarla en ese proceso (Selbstentfremdung: el trabajador se aliena a sí mismo), y que es causa más que efecto de la “propiedad privada”. Al leer los textos recopilados por Sève uno se da cuenta que la visión de 1844 de manera esencial ha sido invertida en su contrario. La alienación no es en primer lugar un proceso que se opera en el trabajo productivo personal, en su fundamento se trata de la gigantesca veta histórica que ha cavado en el mundo social un enorme abismo entre los productores directos y sus condiciones materiales de trabajo; no, el trabajador no es la fuente de su propia alienación, esta resulta al contrario de las relaciones de producción que lo dominan por completo y que constituyen la inevitable premisa objetiva de su actividad laboriosa —él no se aliena, lo alienan. De ninguna manera este trabajo alienado no es absurdamente la causa de la “propiedad privada”. Es todo lo contrario, la apropiación capitalista confiscatoria de los medios de producción y de cambio, confiscación que fue emprendida históricamente en las peores violencias sociales (en lo que atañe nuestra historia nacional, la violenta e inhumana confiscación de las tierras ejidales de 1882, además lo confiscado ya durante la Colonia) y que al reproducirse constriñen a los trabajadores poseedores solo de su fuerza de trabajo a producir en relaciones de alienación y que por consiguiente los alienan.

Lejos de ser un concepto vacío en El Capital es el más fuerte de los conceptos, el del divorcio histórico radicalizado por el capital entre trabajo productivo y la riqueza social. En la cuestión de la alienación, como en el resto de asuntos, entre 1844 y El Capital ha intervenido una inversión crucial de perspectiva a partir de la cual ha sido repensada la idea de alienación sobre la base del materialismo histórico. Ignorar en qué se ha convertido la alienación en El Capital y querer permanecer en el esbozo de 1844 —que bajo muchos aspectos es idealista— para pensar las alienaciones de hoy se trata de una opción de nefastas consecuencias.

En los textos de Marx que ha compilado Lucien Sève nos topamos con una expresión en la que es necesario reparar y a la que Marx recurre en varias ocasiones: fremde Macht (potencia ajena). Expresión de escasa frecuencia en 1844 que aparece sólo hacia el fin del texto sobre el trabajo alienado y que cada vez  se remite al solo objeto (Gegenstand), al solo producto del trabajo (Produkt), de manera que la fórmula tiene un alcance muy limitado. Al contrario, en El Capital esta formulación se vuelve frecuente y se refiere ya no al solo producto del trabajador, sino que a esos inmensos conjuntos que son las condiciones de trabajo impuestas, la riqueza social confiscada. Al mismo tiempo se encuentra, lo que nunca aparece en 1844, la expresión en plural —die fremde Mächte, “las potencias ajenas”, que se convierten en sinónimo de Entfremdung (alienación). Expresión cargada de sentido, a la altura de una alienación que ya no es más una simple pérdida del objeto, sino que una radical exterioridad hostil de todo un mundo, ese mismo mundo que ha sido moldeado por el capital. En los Manuscritos de 1844, la alienación es un avatar de la actividad productiva personal; en El Capital, esta expresión remite nada menos que a la esencia misma de la formación social capitalista: la implacable metamorfosis de las producciones humanas —en la ausencia de una apropiación colectiva— en potencias indómitas que subyugan y aplastan a los trabajadores. Más que un simple concepto, esta fórmula, es aquí, nos dice Sève, una “categoría fundamental del materialismo histórico”, una “figura fundamental de la dialéctica” que expresa “la forma más general de la historia humana” en la época en donde ésta aún no ha salido realmente de su prehistoria.

¿Se puede decir entonces que la alienación según El Capital rehúsa la de los Manuscritos de 1844 y la substituye? No, no es lo que muestran los textos. “Estos muestran un trabajo de pensamiento que a la vez suprime y conserva, opone y transpone, en una palabra supera el análisis juvenil desplegando la intuición fundadora en un cuadro teórico totalmente distinto. El tema anti-hegeliano mayor de 1844: —hay alienación del trabajo asalariado en el sentido que la productiva “salida de sí” en el objeto es al mismo tiempo la más punitiva “pérdida de sí” en el sufrimiento— este tema pasa en los análisis de El Capital, no obstante allí cambia profundamente de sentido, porque, puesto en escena anteriormente en una decoración socio-histórica de fantasía que lo hacía aparecer al revés, es de ahora en adelante puesto sobre sus pies y es retocado según las indicaciones de una rigurosa crítica de la economía política”.

También aquí el aspecto léxico es probatorio. Este toca la expresión clave según la cual el trabajador “se aliena” (“sich entäussert”, “sich entfremdet”). Si oímos en esta formulación únicamente lo que parece hacer del trabajador el autor de su propia alienación, debemos esperar que no aparezca más en El Capital. Pero no es el caso, lo que se comprende de la manera siguiente: la idea —que no excluía claramente el texto tan ambiguo de 1844— según la cual el trabajador, al ser el actor del trabajo alienado, es en definitiva el autor de su propia alienación, esta idea constituye una increíble aberración económica, pero ella es sin embargo en el primer momento una evidencia fenomenológica, en el sentido que es justamente el trabajador que al realizar su trabajo alienado, plasma el efecto humano sobre sí mismo al mismo tiempo que el efecto económico sobre la reproducción del capital. No obstante totalmente a lo opuesto de 1844, los textos de El Capital no dejan lugar a cualquier ambigüedad sobre el fondo: si descriptivamente se puede pues decir que el trabajador asalariado se aliena al realizar su trabajo alienado, es importante agregar con toda claridad que explicativamente la verdadera relación está invertida: el trabajador se aliena únicamente porque está constreñido a hacerlo por las condiciones objetivas alienadas y alienantes que son las del trabajo asalariado en el modo de producción capitalista. Esta inversión crucial de perspectivas trae como corolario la desaparición en El Capital de un término eminentemente confuso: “Selbstentfremdung” (autoalienación).


   





   

05 enero 2013

Ley del Asocio un peligro para el país


El presidente, la embajadora, ministros, representantes de organismos internacionales, incluyendo personal de las Naciones Unidas instan a la Asamblea que adopte lo más pronto posible la ley del Asocio Público-Privado. El presidente Funes insiste en la urgencia y sobre todo en que este “acuerdo” (esta ley no menciona ningún gobierno extranjero), no contiene el principio de privatización.

El descaro del presidente es que miente desvergonzadamente. Entregar bienes y propiedades fiscales a una empresa para que la haga funcionar, la explote no se le puede llamar de otra manera. El inciso a) del Art. 3 reza de esta manera: el “Estado entrega al participante privado bienes u obras materiales de dominio público, para que, según corresponda, construya, amplíe, equipe, repare o mantenga una obra pública a ser explotada y destinada a brindar un servicio público, mediante concesión de obra pública”.  En la ley no se dice en cambio de qué se le da a la empresa privada la administración de estos bienes de la nación. Empleo ahora este término, pues la ley usa para tapar la realidad el término de “bien fiscal”, es decir perteneciente al fisco, al tesoro del país.

El presidente Funes ha repetido que durante su mandato no habrá ninguna concesión para la minería. Con esta promesa pretende exonerarse de emitir una ley que prohíba toda explotación minera en el país, tomando en cuenta todos los daños al medioambiente que estas empresas conllevan. Pero con esta promesa nos oculta, nos miente, pues la ley del Asocio admite de manera implícita la posibilidad en el futuro de poder hacer ese tipo de concesiones. Pues la ley contiene este otro punto, en el Art. 7: “Las licencias, autorizaciones, aprobaciones o actos similares complementarios, incluyendo las concesiones de recursos naturales reguladas en leyes especiales, que fueren necesarias para la realización de ciertas actividades objeto de un contrato, deberán ser otorgadas con carácter previo a la firma de dicho contrato sin perjuicio de aquellas que, por su propia naturaleza, deban ser gestionados con posterioridad”.

La ley no dice claramente que se entiende por recursos naturales, esto puede incluir los minerales actuales, como futuros. Pero también puede incluir los recursos como los ríos y su fuerza hidráulica, simplemente el agua, toda el agua. Esto puede cubrir también todos los recursos marítimos.

O sea que la sibilina promesa de Funes que durante su mandato no iba a permitirse la minería, oculta que la ley —que con tanta fuerza exige que se vote lo más pronto posible— contiene la posibilidad futura de ese tipo de concesiones y otras aún peores. La ley simplemente permite que empresas privadas tomen el control de todos los bienes nacionales. 

Pero esta enajenación de los bienes materiales, se acompaña del rapto de la soberanía nacional. Esta pérdida de la soberanía se da también en la imposibilidad que esta ley del Asocio le impone a la Asamblea para que pueda controlar qué sucede con estas concesiones. En primer lugar la Asamblea se ve maniatada, le conceden cuarenta días para que apruebe o rechace los contratos preparados por PROESA y la empresa privada. Se imaginan el grosor de esos contratos, tienen que ser leídos y analizados en cuarenta días. Con el agravante que si la Asamblea no se pronuncia dentro de ese lapso, el Estado tiene que pagar a la empresa privada 1% del monto del contrato.

Hay que darse cuenta de algo, la Asamblea pierde toda autoridad, toda su competencia, pues la ley del Asocio le impone votar un contrato con la sola alternativa de aprobarlo o rechazarlo. Esto significa que no puede modificar nada en el contrato. Su función deliberativa, de controladora de la acción del Ejecutivo se ve simple y llanamente cercenada.

Por supuesto que el burócrata de turno dirá que se trata de asuntos técnicos que han tomado mucho tiempo en discutir los detalles y que su redacción ha sido fruto de muchos compromisos, de largas conversaciones y negociaciones. Eso se entiende. No obstante ¿por qué se necesita de una ley general, que permite evadir el control de la Asamblea y que le entrega a una institución del Ejecutivo toda la amplitud para liquidar los bienes de la nación?

Ese Asocio se nos pinta como la solución de muchos problemas. Es la misma cantaleta arenera la que entona Funes y sus asociados, cuando los gobiernos de Cristiani, Calderón Sol, Flores y Saca se dedicaban a privatizar. Los capitales iban a llegar a aliviar nuestra pobreza, a traernos progreso y bienestar. Se habla de inversión, pero en realidad lo que va a suceder es una simple transferencia de bienes.

Lo que se prepara es completar lo que ya ejecutó ARENA. Se trata pues de un peligro mayor para el país, no se trata pues de algo insignificante, de algo inicuo. Al contrario, se trata de un ataque en forma contra el país, Funes se prepara a convertirse en el más acabado vendepatrias. ¿Los diputados van a aceptar ser cómplices de esta fechoría?

03 diciembre 2012

Los Manuscritos de 1844 (Fin, IV)




Prosigo en esta nueva entrega con los otros tres puntos del análisis que hace Lucien Sève de la “alienación” en los Manuscritos de 1844 del joven Marx. En el tercer punto aborda la relación entre la propiedad privada y la alienación. Hay que entender que se trata aquí de la propiedad privada de los medios de producción y de cambio, precisión que omite el joven Marx.

El filósofo francés nos dice que la manera de tratar esta relación —propiedad privada/alienación— tal vez sea el aspecto más espeluznante (“médusant”) de estos Manuscritos. El autor nos dice que el pasaje vale la pena citarlo: “La propiedad privada resulta por consecuencia del análisis del concepto del trabajo enajenado” (“Das Privateigentum ergibt sich also durch Analyse aus dem Begriff der entäußerten Arbeit”). Previniendo la reacción estupefacta de sus lectores, Marx agrega: “Partiendo de la Economía Política hemos llegado, ciertamente, al concepto del trabajo enajenado (de la vida enajenada) como resultado del movimiento de la propiedad privada. Pero el análisis de este concepto muestra que aunque la propiedad privada aparece como fundamento, como causa del trabajo enajenado, es más bien una consecuencia del mismo, del mismo modo que los dioses no son originariamente la causa, sino el efecto de la confusión del entendimiento humano”.

El joven Marx califica este extraordinario vuelco como un “misterio”. Es la manera en que se cumple, se ejecuta el acto productivo individual que engendra la masiva realidad histórico-social que es la apropiación capitalista. Nos encontramos en un mundo al revés y con una posición muy por debajo del materialismo histórico. Pero Marx insiste: “el trabajo alienado es la causa inmediata de la propiedad privada”. No obstante persiste un enigma: “¿cómo llega el hombre a enajenar, a extrañar su trabajo? ¿Cómo se fundamenta este extrañamiento en la esencia de la evolución humana?” La respuesta al parecer se contiene en la pregunta: es “el hombre” precisamente quien “engendra la dominación que ejerce el que no produce sobre la producción y sobre el producto”.

El manuscrito se cierra con la promesa de continuar más adelante con el tema. La exposición de 1844 sobre el trabajo alienado se quedó inconclusa. Al ver la inconsistencia histórica, nos dice Sève,  uno no puede dejar de estar de acuerdo con Althusser sobre este punto: este texto se quedó inconcluso, porque era inacabable. Sève prosigue: “No cabe duda, existe no obstante, se podría aducir, una intuición penetrante en la idea que la alienación íntima del trabajo asalariado es irreductible a la simple explotación externa de su producto por el propietario capitalista, y por consiguiente ella remite a un análisis explicativo interno de mayor profundidad; cierto, volveremos sobre esto, sin embargo llevar un análisis profundo exige justamente substituir la gran abstracción vacía de “el hombre” por el estudio atento de las relaciones sociales, cuya ausencia recluye irremediablemente a este texto juvenil en la especulación”.

Ahora bien la especulación no es solamente inoperante, puede volverse nociva, nos dice Lucien Sève al iniciar el cuarto punto. Nociva en un tema de suma importancia, la apreciación del trabajo obrero, de su tenor humano, de su alcance social.

A este respecto el joven Marx nos da una imagen del trabajo absolutamente oscura. El obrero no solamente está condenado al desenlace que puede conducirlo hasta morir de hambre, sino que también a una deformidad que alude a la barbarie, a una servidumbre en la que se pierde toda dignidad y en la que se siente vuelto un “animal”. El obrero está destinado a padecer la “imbecilidad” (Blödsinn) y el “cretinismo” (Kretinismus). La actividad productiva no es otra cosa que un “trabajo forzado”, que salvo una obligación física, “es huido como la peste”.

Lo que renquea en este cuadro no es tanto lo que dice, sino lo que no dice, pues las condiciones en las manufacturas y las fábricas de los años 1840 se semejan realmente a las de un penal. Lo que el joven Marx no ve es el carácter a pesar de todo gratificador de la actividad productiva, la riqueza de la experiencia profesional, el orgullo del oficio, el tesoro de la camaradería entre los obreros; lo que desconoce, en su indicación unilateral del trabajo “huido como la peste”, es que su pérdida contradictoriamente se vuelve el meollo del drama del desempleo, cuando la asunción es lo que le confiere su grandeza al proletario. Esta unilateralidad nos habla más que cualquier otra cosa del fondo aún burgués del análisis lastimero del trabajo obrero. Esta unilateralidad delata también la fecha en la que el texto sobre el trabajo alienado fue escrito: la primavera de 1844. Marx acaba de llegar a París y todavía no se ha ligado relación con los obreros parisinos, como tampoco pudo conocer a los obreros alemanes y de los que habla sin conocerlos realmente.

No obstante Marx aprende rápidamente, unos meses después, en agosto de ese mismo año le escribe a Feuerbach: “Tendría que asistir a una de las reuniones de los obreros franceses para persuadirse de la frescura juvenil, de la nobleza que se manifiesta en estos obreros vapuleados”. Aparece aquí todo lo que faltaba en su análisis primaveral.

En uno de los textos preparatorios de El Capital, el famoso texto que se conoce como el Grundrisse, polemizando con Adam Smith sobre la célebre frase bíblica “Te ganarás el pan con el sudor de tu frente”, clásicamente interpretada como una maldición eterna que pesa sobre el trabajo, Marx que sabe ahora de qué habla, al contrario afirma que en este trabajo “forzado del exterior” y agotador, hay también, contradictoriamente, una preciosa “autoefectuación del sujeto” y potencialmente incluso una “libertad real” que reclama desplegarse por el intermedio fundamental de la emancipación social.

El quinto punto se refiere a la sorprendente actitud que tiene el joven Marx respecto al aumento de los salarios y a la lucha por obtenerlo. Porque en estos Manuscritos de l844 la alienación aparece económicamente no elucidada, históricamente inexplicada, antropológicamente imputada “al hombre” y unilateralmente exenta en sí de toda dinámica positiva, no aparece en ésta nada que permita pensar en su superación liberadora. La descripción del trabajo en el texto no es solamente oscura, sino que también es oscura su perspectiva histórica, o mejor dicho, su falta de perspectiva en la que lo sitúa. Es cierto que algo va a cambiar en el tercer manuscrito, cuando introduce el tema del “comunismo”, pero no vuelve a situar el trabajo en este contexto. Como tampoco es cuestionada esa afirmación particularmente nociva del primer manuscrito, según la cual “Un alza forzada de los salarios,… no sería, por tanto, más que una mejor remuneración de los esclavos, y no conquistaría, ni para el trabajador, ni para el trabajo su vocación y su dignidad humanas”.

En la primavera de 1844, el joven Marx condena pues con una frase filosófica perentoria la batalla por el salario, esta verdadera lucha por la vida del mundo del trabajo que es al mismo tiempo la escuela elemental del combate obrero. Esta frase “revolucionaria” completa el cuadro de un análisis donde la especulación filosófica y la compasión social inexperimentada se conjugan para dar un irisado pretexto susceptible de desembocar, si se acepta como una doctrina práctica, en un callejón sin salida estratégico.

Veinte años después, enriquecido por una incomparable experiencia de luchas populares, Marx explica todo lo contrario a un auditorio de asalariados ingleses: "Si en sus conflictos diarios con el capital (la clase obrera) cediese cobardemente, se descalificaría inexorablemente para emprender movimientos de mayor envergadura”, (en “Salario, precio y ganancia”, informe pronunciado por C. Marx los días 20 y 27 de junio de 1865 en las sesiones del Consejo General de la Asociación Internacional de los Trabajadores. Publicado por primera vez en Londres en 1898).
La única y muy breve mención que aparezca en el primer manuscrito de 1844 de un más allá posible de la alienación del trabajo concierne “la forma política de la emancipación de los trabajadores”, de la que el tercer manuscrito dejará ver su insuficiencia. Rotundamente hay abundancia de motivos para considerar con la mayor vigilancia crítica esta cautivadora fenomenología del trabajo alienado, como cualquier reutilización actual.






29 noviembre 2012

Análisis de los Manuscritos de 1844 (III)


Para darse cuenta por entero del cambio ocurrido en la concepción de Marx es necesario ver claramente cuál era su pensamiento anterior, ver lo que pensaba cuando aún no era totalmente materialista, ni totalmente dialéctico. Cuando todavía no era Marx. Es decir cuando su modo de pensar era todavía metafísico. Voy a resumir las observaciones que hace Lucien Sève a la concepción de alienación que Marx desarrolla en los Manuscritos de 1844.

Son cinco puntos los que desarrolla Sève. El primero es que a pesar de que el joven Marx alega partir de manera explícita del terreno de la economía política —afirma que la alienación es el “hecho económico actual” por el que hay que comenzar— en todo lo largo de las quince páginas de sus análisis se puede constatar la ausencia total de una conceptualización económica. Hay un despliegue muy rico de indicaciones acuciosas respecto a la vida del trabajador alienado, no obstante el texto es pobre en explicaciones sobre las determinaciones económicas de esta experiencia vivida: nada sobre la mercancía, su valor de uso y su valor de cambio, nada sobre la capacidad humana del trabajo, sus condiciones y su formación, nada sobre el mercado del trabajo, ni sobre el mismo modo de producción capitalista.

Hay una vaga alusión al “sistema del dinero”, pero nada preciso sobre la relación de clases al que pertenece ese trabajo alienado. La palabra clase no aparece en el texto y cuando de manera furtiva surge el término “capitalista”, Marx se siente obligado a agregar “(o de cualquier manera que se quiera nombrar al dueño del trabajo)”… Todo el texto delata una conmovedora inexperiencia en materia económica.

Incluso se puede señalar más de una aserción que al hablar estrictamente desde el punto de vista económico es pura y simple fantasía: verbi y gratia la segunda frase de su análisis reza: “El trabajador se vuelve una mercancía a un precio tanto más vil cuanto más mercancías produce”. La idea que el nivel del salario del trabajador estaría ligado de manera negativa al volumen de su producción no tiene el más mínimo fundamento. De modo general, mientras que la cuestión del salario es central en el tema abordado, Marx no tiene de manera manifiesta ninguna idea precisa al respecto.

En varias ocasiones se refiere al “salario del trabajo”, fórmula que cubre sin que se dé cuenta la misma ilusión que se esforzará en desenmascarar en El Capital: el salario no es el precio del trabajo, sino que de la fuerza de trabajo, lo que es radicalmente diferente y es necesario decir que en esta diferencia reside todo el secreto de la ganancia capitalista. Lucien Sève concluye este primer punto de su análisis de esta manera, “Antropológicamente rica, la idea de alienación tal cual se encuentra en los Manuscritos de 1844 es económicamente inutilizable, persiste en el orden de la gran abstracción no elucidada”.

La segunda observación de Lucien Sève afirma que la alienación es planteada, pero no se dan las razones de este plantear, por consiguiente además de no elucidada, permanece inexplicada. Sin embargo el autor señala que la concepción del joven Marx trae algo muy nuevo respecto a la de Hegel. La novedad consiste en que la noción de Marx le opone a la “salida de sí” (Entäusserung) pensada como momento de un desarrollo positivo, la “pérdida de sí” en el objeto (Verlust des Gegenstandes), la Entfremdung como un avatar negativo del sujeto.

No obstante este punto capital permanece totalmente injustificado. Se trata de un momento en la fenomenología de la actividad productiva, la alienación es pensada como una modalidad de la objetivación del trabajador en su producto. Marx al pasar a la segunda fase del análisis dice: “Examinemos ahora más de cerca la objetivación, la producción del trabajador y, en ella, la alienación, la pérdida del objeto, de su producto”. La alienación es dada como un avatar de la objetivación (objectalisation), un vuelco de la actividad productiva contra sí misma, una patología interna de la salida de sí. Esta procedería —no se explica ni cómo, ni por qué— no de un afuera social, no de una lógica ajena impuesta por las relaciones externas alienantes, sino que del interior mismo del trabajo. Es lo que expresa la sinonimia conservada a todo lo largo del texto entre Entäusserung y Entfremdung: es al exteriorizarse (ausser) en su producto que el trabajador se aliena (fremd) en su esencia.

Lucien Sève hace aquí una observación lingüística y de traducción muy importante. “Uno se ve incitado, nos dice, a tomar en el sentido fuerte la forma reflexiva de la fórmula clave: el trabajador se aliena (“sich entäussert”, “sich enfremdet”), él se auto-aliena (Selbstenfremdung, auto-alienación): el pronombre reflexivo afirma que el trabajador no es solamente el objeto de la alienación, sino que su sujeto, su actor y por consiguiente su autor”. El análisis de los Manuscritos de 1844 no le imputa de manera clara la alienación al capital, sino que de manera constante y vaga al trabajo mismo. Aquí uno puede constatar que si se siguen los análisis del joven Marx, se puede perfectamente denunciar la alienación disculpando al capital, incluso imputarla a una inclinación del trabajador por la “servidumbre voluntaria”, este punto Sève va a tocarlo en la continuación de sus observaciones. Más que de una vaguedad conceptual se debe hablar de una mistificación irreflexiva.

En la próxima entrega voy a resumir los otros tres puntos que nos ofrece Sève. Quiero agregar una observación que nuestro autor pone en una nota al pie de página: “Franck Fischbach al traducir todas las ocurrencias de este término por “alienación de sí”, no deja aparecer ante el lector la dimensión activamente reflexiva del término Selbstentfremdung (Auto-alienación)”. Por mi parte agrego que en Sève es constante la preocupación de la exactitud de la traducción. Es cierto que los traductores no tienen el mismo nivel conceptual de un estudioso de los textos, los errores de traducción resultan visibles cuando una elucidación conceptual se pone en marcha. Este trabajo de elucidación aún no aparece en nuestro idioma de la misma manera que se hace en francés, en alemán o en ruso.

25 noviembre 2012

Garaudy, Althusser y Sève (II)


El impacto que tuvo en el mundo, pero sobre todo entre los comunistas, el Informe Secreto al XX Congreso del PCUS (de Nikita Jruchov), fue estremecedor. Muchas fueron las consecuencias, muchas cosas cambiaron y otras desgraciadamente perduraron. Aunque la situación en general había cambiado. Muchas cosas se emprendieron entonces, desde finales de los años cincuenta e inicios de los sesenta. Había que salir del estalinismo. Es hasta estos momentos tan cruciales que Lucien Sève remonta en su libro “Aliénation et émancipation” para encontrar el origen de las reflexiones en torno a la alienación. Aunque la principal disputa no se produjo entonces entre Louis Althusser y Lucien Sève, sino que entre estos dos filósofos y Roger Garaudy. Cada uno a su manera y a partir de sus posiciones.

Roger Garaudy era entonces miembro de la dirección del PCF (Partido comunista francés). Hasta los años cincuenta como la mayoría de los intelectuales comunistas aprobó sin mayor crítica las posiciones doctrinales del estalinismo. Pero después del famoso XX Congreso muchos iniciaron una especie de “aggiornamento” ideológico. En este contexto Garaudy publica “Perspectivas del hombre. Existencialismo, pensamiento católico, marxismo”, París, 1959. En este libro el autor postula que el punto de partida de la crítica de Marx es el hombre y que el análisis del trabajo alienado constituye el núcleo de esta crítica y que por consecuencia “los Manuscritos de 1844” pueden ser considerados como el “acta de nacimiento del marxismo”.

Louis Althusser publica en 1965 dos libros que no son solamente una respuesta a Garaudy, sino que dos piezas importantes en el pensamiento marxista: “Por Marx” y “Leer El Capital” (libro escrito con Étienne Balibar, Roger Establet, Pierre Macherey y Jacques Rancière). En ellos Althusser ataca el “humanismo ecuménico” de Garaudy que se basa en una concepción errónea del concepto “hombre”: una abstracción especulativa. No, la crítica de Marx no parte del “hombre”, al contrario ella barre “toda antropología filosófica para producir un materialismo histórico pensado en términos conceptuales de manera radicalmente diferente —modo de producción, superestructuras políticas, practicas ideológicas—…”. Pero sobre todo Althusser proclama que los “Manuscritos de 1844” no son el “acta de nacimiento del marxismo”, se trata de un texto “todavía filosófico”, hay que tomar este adjetivo “en la misma acepción contra la cual Marx marcará una condenación sin apelación”. Por consiguiente es imprescindible concluir que “El Marx más alejado de Marx es precisamente ese Marx”. (Citas de “Por Marx”).

Los que han leído a Althusser saben que es quien ha desarrollado y demostrado el cambio radical que se opera en el pensamiento de Marx y Engels a partir de su “Ideología Alemana”. Es suyo el término “corte epistemológico” que introduce en este contexto.

Sin embargo Althusser declara que la alienación no es un elemento central del pensamiento marxiano, justamente es lo contrario, se trata de una de esas categorías de ascendencia hegeliana y feuerbachiana que perpetúan en el joven Marx las ilusiones del “humanismo filosófico”, es uno de esos conceptos ideológicos premarxistas, de los cuales hay que despojarse a fin de elevarse a una verdadera crítica de la economía política y que por demás, de manera ejemplar, “desaparecerá” por completo en El Capital (en “Por Marx”).

Estos dos puntos van a constituir un terreno de encuentros y desencuentros entre Althusser y Sève. Encuentros sobre todo en su común oposición a los postulados de Garaudy, contra ese “humanismo teórico” y su eclecticismo. Muchos conocen el vuelco hacia el misticismo y otras posturas de Garaudy, que tras sus “conversiones” al Islam y al espiritualismo hindú, ha coqueteado con el “negacionismo”.

A mi modo de ver las discusiones entre Sève y Althusser son de mayor interés. Estas tornan alrededor de los conceptos marxianos de “esencia humana” y de alienación o enajenación. En castellano existen estos dos términos, en francés existe sólo “aliénation”. Nuestra ventaja es que en enajenación encontramos la misma raíz de ajeno que completa el paradigma conceptual que usa Marx en alemán. Sobre esto voy a volver cuando resuma el estudio terminológico marxiano que realiza Lucien Sève al respecto.

El primer tema sobre la “esencia humana” no lo voy a tratar aquí en estas reseñas-resúmenes. En este terreno hay un acuerdo sobre el rechazo necesario del concepto “hombre” y del corolario “humanismo”. Sève y Althusser discrepan sobre la interpretación de la VI tesis de Marx sobre Feuerbach, el concepto de esencia y otros puntos adyacentes. Voy a dedicarle posteriormente algunos artículos a este tema, sobre todo que se trata de un tema mayor de la filosofía.

En el próximo artículo voy a tratar de la alienación en los “Manuscritos de 1844” según lo expone Lucien Sève en su libro y sobre la discusión entre Sève y Althusser a este respecto. Agregaré que Sève menciona a Henry Lefebvre para reconocer que a pesar de la ausencia en los textos marxistas de la época estaliniana del término “alienación”, este filósofo le dedica al concepto mucho espacio en sus estudios antes de los años cincuenta.