18 junio 2012
Darle sentido a la política de hoy
12 junio 2012
Sueño con ágoras salvadoreñas...
07 junio 2012
Amenazas y sumiciones
04 junio 2012
"Siempre ha sido así"
27 mayo 2012
El gobierno de Funes y los otros
22 mayo 2012
En la Asamblea se vuela al ras del suelo
10 mayo 2012
La paranoia de Lorenzana
03 mayo 2012
Lecturas y recuerdos (lingüísticos)
27 abril 2012
Los representantes del pueblo reclaman aumento
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El aumento de salarios para los presidentes de comisión ha sido abrogado.
16 abril 2012
El imposible examen de conciencia
Los dirigentes del FMLN nos va a dejar en ayunas. El análisis de la desbandada electoral lo prometieron para luego, con calma, sin precipitaciones. Esa artimaña les ha servido de escudo y ahora ya nadie espera que los dirigentes, la CP venga y entregue sus sesudas conclusiones. ¿Para qué?
Un examen de conciencia obligatoriamente los llevaría al origen de este resultado. Ese origen es remoto, cuando ante la encrucijada que les puso enfrente el ejercicio legal de la política optaron por el electoralismo puro y llano, dejando de lado el escabroso y difícil camino de las luchas sociales, la suerte ya estaba echada. Pues pasar de un discurso ultrarrevolucionario y de arengas al capado discurso reformista no era algo plausible, ni tampoco posible a la vista de las esperanzas de entonces. Ese discurso lo mantuvieron para alimentar los ánimos de los que vinieron a formar el electorado “duro”. Crear entonces un nuevo discurso reformista hubiese sido considerado como una traición, entonces siguieron prometiendo las transformaciones urgentes, las reformas de las estructuras, optaron por ser una oposición intransigente (en el discurso). Pero ese discurso ya no correspondía a ninguna práctica real del FMLN. Poco a poco, trataron de matizar sus posiciones, sin abandonar los objetivos declarados, los fueron postulando como actualmente imposibles. Allí surgió el tema de la gradualidad, de que no se puede exigir que todo cambie de la noche a la mañana. Los cambios profundos se convirtieron en un lejano horizonte. Por ahora debemos de moderar nuestros ardores y adaptarnos a las circunstancias.
Esta adaptación ha sido lo más exitoso del FMLN, fue así que convencieron a sus bases y a su electorado “duro” que lo más importante era llegar como fuese al Ejecutivo, ya allí todos íbamos a ver lo que íbamos a ver, solo entonces escucharíamos cantar al verdadero gallo. Pero frente a Funes se comportaron como gallinas cluecas. En realidad no manifestaron disgusto frente a la política presidencial, pues en el fondo correspondía al pensamiento profundo de la dirección efemelenista, tal vez en algún detalle no estuvieron de acuerdo, alguna que otra postura, pero ellos estaban dispuestos a asumirlo todo y beberse el cáliz hasta el fondo. Y se emborracharon de reformismo, pero sobre todo de oportunismo.
Es por eso que del discurso ardiente de las antiguas arengas revolucionarias pasaron al más hondo y sepulcral silencio. Funes hacía y deshacía, cuando pujaban los cupuleros, Funes, todo un capataz, los mandaba a callar. Y se callaban. Lo que anhelaban sobre todas las cosas era un continuismo en sus puestos. Le metieron trancas, aldabas y candados a los Estatutos del partido, nadie puede moverlos, nadie puede moverse en el partido sin su consentimiento. Y al mismo tiempo pasaron a una de las purgas partidarias más totalitarias de nuestra historia, afuera más de cincuenta mil miembros, sin mayor motivo de no tener más de cinco años de ser miembros, ¡vaya falta! Y con los nuevos miembros se fueron hacia afuera los criticones. Se quedaban adentro sólo los que ya habían demostrado con creces la debida sumisión a la dirección partidaria y que estaban dispuestos a cerrar filas sin mayor motivo que un simple silbido de los jefes.
O sea que en esta pendiente, en esta cuesta abajo, es imposible que la CP tenga algo que criticarse, pues todo corresponde a lo que sienten, a lo que piensan. Tal vez si, reconocen algunos, en declaraciones de punta de labio, hemos cometido algunos errores en la campaña, es posible que en nuestra derrota haya tenido que ver la manera en que tratamos el subsidio del gas, tal vez, quizás, quién sabe… Pero un análisis es imposible que pueda salir de esas cabezas ya entregadas en absoluto a la maniobra de corredor en la Asamblea, a las intriguillas de corrillo en el partido.
Les doy un ejemplo, toda su conducta durante el fallo de la Sala de lo Constitucional respecto a las candidaturas independientes para diputados. En esa ocasión se comportaron con una paranoia total, supusieron que eso iba dirigido exclusivamente contra su partido. Vieron un complot, empezaron con exigirle a ARENA que se echara para atrás, luego fueron asumiendo la defensa de la posición de ARENA con mayor ardor, para al final aceptar a regañadientes el fallo de la Sala. Pero todo eso duró meses, de idas y venidas, de transacciones, de imputaciones, con el punto culminante de organizar un mitin contra los magistrados de la Corte Suprema de Justicia. Y si hubieran tenido un tantito así, de molleja, pues se hubieran informado como funciona eso en otros países. Pues nada, esas candidaturas particulares nunca llegan a las Asambleas, ni a las municipalidades, si tal vez en el mundo haya algunas que sí, pero es la infinita excepción. O sea todo ese desgaste político para nada. Sí, eso sirvió para poner al desnudo el miedo que tienen de perder sus puestos, el miedo que le tienen a un avance marginal de la democracia.
Y ahora sin hacer un análisis concienzudo de la derrota, a raíz de un “campo pagado” apresurado y precipitado, en el que un grupo de paisanos les pide que opten por Oscar Ortiz como candidato presidencial, se lanzan sin mayor reflexión a dejar correr “bolas” sobre que ya se decidieron por la candidatura de Sánchez Cerén. Nadie desmiente, que el rumor se propague, ya veremos que resulta. Esto es dejarse llevar por la improvisación, de nuevo se delata su hábito de la intriguilla. Los miembros de la Comisión Política que no aceptan que nadie les sugiera nada, que le tienen tirria a Oscar Ortiz, ya ni se sabe ni por qué, pues todos andan en las mismas posiciones, en el mismo discurso reformista, pues son estos miembros que desean obligar a Ortiz a que dé un paso en falso.
Ahora se viene un jale y apriete tremendo. Pues no creo que no se den cuenta que Sánchez Cerén no es popular en la población, que ni siquiera tiene todo el apoyo al interior del partido. Invocar, como lo han hecho ciertos analistas, su “legendario pasado” para contentar a las bases y al electorado duro es simplemente una burla, “un atropello a la razón” como dice el tango. No, si optan por el “Comandante Leonel” pues es porque tienen miedo de ganar con otro candidato. Bueno, porque no quieren correr el riesgo de ganar con otro. Pues con Sánchez Cerén no ganan. Lo saben a ciencia cierta. Pero llegar directamente al Ejecutivo es tentador, sin funestos mediadores, les abriría el camino real de ministerios y de agencias gubernamentales. ¡Se imaginan la ganga!
Es por eso que me parece ya esclerosis de lo que padecen los cupuleros, ya ni el cálculo politiquero les resulta, ya ni la habilidad intrigante saben desplegar, pues si nos ponemos en su lugar, acaso no es mejor declarar que les parece interesante la proposición que les llega en ese “campo pagado”, pero que aún es prematuro decidirse, que todavía hay tiempo para la reflexión, que no hay necesidad de apresurarse. Podrían mostrarse hasta magnánimos demócratas y decir que van a recoger todas las proposiciones y luego de sopesarlas, elegirán al más idóneo. Pero debemos concluir que en ellos habla más fuerte el galillo de la ambición desenfrenada que la razón.
Lo que les puedo decir es que no me voy a poner de consejero de príncipes. Igual que no tuve esperanza alguna en Funes y no la sigo teniendo, no le doy, ni le di consejos, ni creo que los acepte, ni los pida, él recibe órdenes del Norte. Entonces, como siempre nos queda la implacable pregunta ¿qué hacer? Pues pienso que por el momento nos toca darnos cuenta que las opciones que se nos presentan en el ahora político nacional, ninguna de ellas puede suscitarnos confianza, ni mucho menos esperanzas para resolver nuestros problemas. Es urgente que nos demos cuenta que adentro de ese campo minado de engaños y ambiciones, los de abajo no podemos ponernos a jugar, como si el destino nacional fuera algo al que se le apuesta.
Lo he dicho en otras ocasiones, existe en el país una izquierda que se ha quedado sin expresión política. Es en esto que debemos concentrar nuestros esfuerzos, en crear un organismo político que abra nuevos horizontes, que le dé al país nuevas esperanzas, pero sobre todo un instrumento que le permita renovar con las luchas sociales, que ponga de nuevo en el tapete las reivindicaciones más sentidas de la gente. Si, la seguridad diaria es primordial, pero nos hemos dejado obnubilar y hemos llegado a asumir que la muerte violenta es la única que nos acecha. Pues no, los bajos salarios, las condiciones de vida, las viviendas, los deseos frustrados, las angustias de inicio y fin de mes, el incierto futuro de los hijos, todo eso no es vida, no es para eso que hemos venido a este mundo. Entonces hay que darle sentido a nuestras vidas, no podemos conformarnos con lo que nos pasa, es menester que tomemos conciencia de que otra vida es posible, incluso en El Salvador. No, no se trata de soñar en paraísos terrenales, se trata de darle a todos dignidad humana, en las faenas diarias, en los hogares, en las escuelas, en las relaciones sociales, en el trabajo, etc. Es necesario apropiarnos de nuestros destinos, de apropiarnos de las decisiones que atañen nuestras vidas, en todas las esferas. Es por eso que debemos crear un nuevo organismo que tenga nuevas y inauditas formas de funcionar, que se desligue del mundo politiquero y electorero, pero que tenga una efectividad de luchas y profundos compromisos con las necesidades populares.
27 marzo 2012
Sobre la tregua delincuencial
El tema de las negociaciones entre el gobierno y las pandillas y el acuerdo entre las pandillas entre sí, no es fácil de tratar. Por el momento el gobierno niega su implicación en ellas y ambas partes, gobierno y pandillas niegan la existencia de dichas negociaciones. Aunque las apariencias atestiguan de lo contrario. Pues el traslado de una prisión a otra, la presencia en las cárceles de un prelado y de un exguerrillero como mediadores, incluso el mismo reportaje de los periodistas de El Diario de Hoy, no pueden darse sin el consentimiento de las autoridades, de las más altas autoridades del estado.
Pero hay un aspecto que hace también delicado abordar el tema, es que por el momento el resultado es positivo, muy positivo. La reducción drástica de las muertes es una noticia que se ha estado esperando durante tantos años, cuyo aumento parecía como algo ineluctable. No obstante a pesar de este significativo aspecto positivo del asunto, surge toda una serie de cuestionamientos de fondo. En esto es menester no dejarse ir por los senderos de la pasión y ni tampoco por los caminos fáciles de la retórica. Aquí hay que pulsar bien cada palabra.
El mutismo de las autoridades en los últimos días, remplaza a las triunfantes declaraciones del Ministro, el general Munguía Payés, quien alardeaba, afirmando que como consecuencia de su llegada al puesto ministerial y la nueva actividad policial, la criminalidad se había reducido en estos últimos días. Todos sabemos que ésta creció desde su llegada hasta que apareció el acuerdo entre las maras. El semanal cibernético El Faro publicó la noticia de la negociación y el ministro se vio obligado a desmentir, incluso llegó a una amenaza velada contra los periodistas de este medio, evocando en su ausencia, pero frente a otros periodistas convocados por él, la muerte del fotógrafo y cineasta francés Christian Poveda, dando a entender que ese era el peligro que corrían los periodistas de El Faro.
Luego aparecieron dos personajes que afirman haber jugado el papel de intermediarios entre las dos principales pandillas del país: el obispo castrense Colindres y el escritor Mijango. El primero nos explica abundantemente que su misión es divina, que habla en nombre de Dios, que obedece a la voz del Señor y nos habla en un lenguaje con notorios dejos medievales y el otro ha mostrado un protagonismo subalterno. Pero no es el estilo personal lo que vamos a juzgar. Ni lo conveniente o inconveniente de esta mediación, ha dado resultados positivos y podemos alimentar ciertas esperanzas de que esta situación perdure.
Aunque aquí surgen ciertas dudas sobre todo el proceso mismo de esta negociación y si es válido mantener esperanzas en que a lo que se ha llamado “tregua”, se mantenga y desemboque en algo duradero.
Lo que podemos cuestionar es precisamente cuáles han sido los principios que han regido la negociación, sobre qué bases se ha negociado. En otras palabras, ¿es solamente ese traslado a otras cárceles el pago que se ha dado a los delincuentes? ¿Existen otras concesiones? Y si la respuesta es afirmativa, ¿cuáles han sido? Estas preguntas implican más allá de los detalles, principios morales fundamentales. ¿El Estado se ha dejado imponer estas negociaciones? ¿Se trata de un simple caso de correlación de fuerzas? Los criminales que han mostrado con esta baja de asesinatos, su íntima implicación en ellos, ¿pueden sinceramente presentarse, como lo han hecho es su “comunicado”, en representantes de toda la sociedad? Es menester recordar aquí que Mauricio Funes ha declarado hace dos años, con enfática solemnidad, que nunca su gobierno iba a negociar con delincuentes.
Pero esta vorágine de crímenes en que vive el país exige que se hagan todos los esfuerzos necesarios para extirparla. Si acaso es cierto que los delincuentes han tomado conciencia de la atrocidad de sus crímenes y dicen ser ellos también “parte de la solución del problema”, pues no pueden presentarle a la sociedad y a las víctimas condiciones para cesar sus fechorías. ¿Qué quiere decir esto? Pues que podemos reconocer que las condiciones de encarcelamiento no son realmente humanas, que hasta ahora se ha priorizado la represión y que no se han emprendido planes preventivos. Podemos admitir y no solamente admitir, sino que se ha sido constatado por todos, que no existen reales planes sociales para darle a la niñez y juventud de los barrios pobres, las posibilidades de construir de manera diferente sus vidas.
Es cierto que en vez de mandar al ejército a patrullar, se pudo perfectamente preparar y enviar a otro ejército, un ejército de educadores, de animadores de barrio, de trabajadores sociales. Esto no hubiera producido ningún milagro, pero sí cambios substanciales en el tratamiento del problema. ¿Es tarde para cambiar de actitud? No, lo que la situación actual nos revela es que no se puede seguir tratando ni a los delincuentes, ni a los jóvenes de los barrios pobres únicamente como una excrecencia venenosa para toda la sociedad. No se puede pues creer que la fuerza, el maltrato y la humillación militares constituyen la base de la reeducación para “jóvenes en peligro de caer en la delincuencia”, como es el plan “pedagógico” del presidente.
Sin embargo hay en esta situación un grave problema moral. Los jefes de las maras han puesto en la balanza, como moneda de cambio, vidas humanas. Hay que sopesar con toda la gravedad este aspecto. Todos nos hemos regocijado de la disminución del número de asesinatos, pero al mismo tiempo cabe sorprenderse por la facilidad con que esta reducción se ha obtenido. ¿Pueden los jefes de las maras revertir inocentemente este proceso? Esta es justamente la pregunta central de todo esto. Pues si podemos exigirle al gobierno toda transparencia necesaria en el tratamiento de este asunto, es necesario también que la sociedad sepa ¿qué es lo que condiciona que esta reducción de muertes diarias pueda volverse permanente o por el contrario trágicamente pasajera?
Lo repito, lo que se ha puesto en juego son vidas humanas. Por eso mismo no podemos resignarnos a la probabilidad que la situación precedente vuelva simplemente, como si nada. Es por eso que todo el silencio oficial es hasta cierto punto irresponsable. Todos se han sorprendido del silencio del presidente, del silencio de los partidos políticos. La clase política acaba de solicitar los votos y ante un problema crucial de nuestra sociedad guarda silencio, como si nada hubiera pasado. En esto es necesario que todos sepamos cuál es el trasfondo de lo que se ha negociado y en qué reside realmente que esta situación es considerada, en principio, como pasajera. Digo esto pues el término “tregua” no es una situación permanente.
Con esto no termina el sufrimiento infligido a toda la sociedad. Siguen las extorciones, siguen otros delitos contra familias y personas individuales; Todos sabemos que esto no se puede considerar como futura moneda de cambio. Estos actos son simplemente delitos y si basta con una orden para que ellos cesen, ¿qué esperan los responsables para darla? Con esto significo que los jefes de las maras han pretendido a un alto grado de moralidad y de preocupación por el bienestar de nuestra sociedad, se han proclamado “parte de la solución”. Ahora también ellos deben dar muestra de la sinceridad de sus palabras. Sobre todo que han proclamado que su honor reside en la palabra dada.