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07 julio 2011

¿Hacia una dictadura constitucional?

Espero que los diputados se den cuenta del peligro a la democracia que encierran las proposiciones que le llegan de Casa Presidencial concerniente a la Ley Orgánica Judicial. Todas las reformas propuestas pretenden anular las actividades de la Sala de lo Constitucional. Todas son trabas a su independencia y todas van dirigidas a disminuir la capacidad de fallo y a amenguar las posibilidades de un fallo rápido.


Espero que no vean estas reformas con el espíritu revanchista con que votaron el decreto 743 y ni que apliquen la falta de lógica con que han envuelto los alegatos incoherentes que cada partido y grupo parlamentario, han producido estas últimas semanas para justificar su conducta.


Lo que propone Funes es simple y sencillamente la desaparición de la Sala de lo Constitucional. El decreto 743 ponía a un miembro de la Sala actual como árbitro supremo de la constitucionalidad, la proposición del presidente es que los fallos sean ratificados por los suplentes. ¿Qué mayor complicación que esta? Este procedimiento volvería a la Sala un tribunal mudo e impotente, obligado a deliberar en permanencia hasta llegar no solo a la unanimidad absurda que propone el decreto repudiado, sino que a un consenso en el que los suplentes adquieren el papel de superiores de los titulares. Funes le llama a esto entrar en la modernidad.


Los asesores de Funes, los que lo redean son gente aduladora y sumisa. Recuerden lo que se contaba del general Maximiliano Hernández Martínez, el prototipo del dictador. Se dice que cuando preguntaba ¿qué horas son?, le respondían invariablemente, “las que usted quiera mi general”. Lo mismo está pasando ahora con el presidentillo que tenemos. Todos han hablado de su arrogancia, de su ego de sapo de la fábula de La Fontaine, que se infló hasta reventar por desear ser tan grande como un buey. Las proposiciones han sido inventadas por sus asesores con el afan de agradar, de seguir “gozando de su confianza”, so pena de ser destituidos.


Algunos advirtieron ya que el decreto 743 llevaba en sí el peligro de una dictadura. Pues la Sala de lo Constitucional se veía en la imposibilitad de dar fallos y esto abría ancha la calle hacia cualquier decreto autoritario procedente de la Asamblea, como de Casa Presidencial. La Sala enmudecida no podía servir de muro de contención al despotismo del Ejecutivo. Todo pues podía irse a la deriva.


Entre las proposiciones de reforma a la Ley Orgánica Judicial hay una que de forma anodina, subrepticia, chanchullera pretende darle al Ejecutivo el poder de determinar qué fallo es constitucional y cuál no lo es. Pues para que tenga forma de ley debe ser publicado en el Diario Oficial y solamente en él. Pero ¿quién decide de esa publicación? ¿El director de la Imprenta Nacional? ¿El ministro de Gobernación? ¿El presidente de la república?


Está claro que si los diputados, los grupos parlamentarios analizan estas reformas exclusivamente a partir de la actual coyuntura, sin medir las graves consecuencias que encierran, nos encaminaríamos hacia una dictadura constitucional. El disfuncionamiento institucional que ahora conocemos no es nada, comparado a lo que se vendría, si dejaramos en manos de una sola persona, con todas las prerrogativas habidas y por haber. Pues sin una Sala de lo Constitucional independiente, capaz de dar fallos y emitirlos nos encontramos con un poder menos, haciendo desaparecer una parte substancial del Poder Judicial.


Sabemos que la Asamblea con una mayoría presidencial sumisa, con la actual configuración de la Constitución, permite conductas arbitrarias, consiente todo tipo de desfachatez, autoriza el más cínico despotismo. No se puede dejar en manos de una sola persona el poder ejecutivo y judicial al mismo tiempo. Si son empleados sumisos los que pueden decidir publicar o no un fallo de la Sala de lo Constitucional, desaparece su autonomía, su independencia.


Que Funes tenga las ínfulas crecidas para desear convertirse en una reyecito autócrata es una cosa, pero que los diputados por un rencor mal puesto, transformen el equilibrio institucional precario que ahora existe en una dictadura constitucional, sería el golpe de gracia a la naciente democracia salvadoreña.

05 julio 2011

De nuevo platicando con Alvaro Rivera

En estos días estuve interrogando a un columnista de Contrapunto sobre algunas de sus afirmaciones y sobre todo le demostré ampliamente que lo que afirmaba sobre K. Marx era falso. Le dije y se lo vuelvo a repetir, que habla siempre de un “marxismo ortodoxo” pero concretamente no nos dice quiénes lo practican, ni cita un solo postulado de ese marxismo, por lo menos así supieramos concretamente a qué se refiere exactamente. En esto residen mis objeciones a lo que escribió en un artículo en que según dice el quiere “ver socializada la discusión sobre los asuntos públicos”.


Porque no se puede realmente discutir con alguien que a pesar de responder en “los comentarios”, no me aporta ninguna respuesta sobre estos cuestionamientos. En su largo artículo no produce tampoco respuesta sobre lo que lo he cuestionado, en vez de eso se lamenta de no sé qué “caja de lustre” que he sacado en nuestra discusión, parece que el hecho de vivir en Francia y de estudiar el marxismo me hubiere obligado a olvidar su manejo. Cualquier salvadoreño, sabe que sacar a relucir ”la caja de lustre” es ponerse a insultar a alguien. Pues esto es simplemente falso. Una simple mentira y no veo para qué lo dice. Pienso que tiene mejores argumentos para tratar de salir parado en una polémica. Pues se preocupa de bostezar libracos de retórica.


No obstante voy al centro de nuestra discusión: hay dos puntos importantes, el primero es lo que afirmaba de Marx y lo otro es un recuerdo que le hice de su apasionada defensa de la socialdemocracia y los bandazos que da en sus posicionamientos políticos. Voy a poner aquí mismo lo que afirma, cosa que él no hace y esto que los comentarios en Contrapunto tienen que ser cortos.


“Veamos mi razonamiento y la crítica que Ábrego le hace: “Pero de haber sido un actor importante de la gran lucha de clases, cosa que sí fue Lenin, Marx habría enfatizado el aspecto positivo de su pensamiento”. De la primera frase de mi argumento (que Marx no fue un actor importante en la gran lucha de clases), Ábrego deduce que yo ignoro la experiencia política de Marx y que, por lo tanto, no sé nada de marxismo. Yo no niego esa experiencia, lo que hago es cotejarla con la de otro gran líder revolucionario. Quizás me excedí al valorar la trayectoria militante de Marx, pero eso no invalida mi juicio de que la biografía política de Lenin fue mucho más importante que la del gran barbudo de Tréveris. Lenin fue el inspirador de un fenómeno político que marcó el destino de millones de personas en el siglo XX. Pero no es eso lo que a mí me interesaba recalcar, sino el hecho de que la magnitud de los desafíos que Lenin enfrentó (derribar un Estado y construir otro) lo condujo a plantearse de modo más urgente y sistemático los problemas de “la política” en el marxismo. Lenin no se detuvo en la negación del sistema capitalista, fue más allá, se entregó al proyecto de levantar la nueva sociedad. Marx, por diversas razones, no desarrolló una teoría sistemática sobre el Estado y evitó “teorizar” sobre el socialismo; Lenin no tuvo más remedio que abordar los aspectos positivos de la política radica”.



Como ven, Alvaro se encarga de traducir mis reproches, no me cita, no dice lo que escribí. Lo voy a decir de nuevo. De lo que afirma se deduce —sin esfuerzo mental excesivo— que minimiza la actividad política de Marx. Cuando dice “de haber sido un actor importante de la gran lucha de clases”, ¿acaso no está diciendo que no lo ha sido? ¿Me equivoco acaso? Pero además de ser el gran creador del pensamiento que sigue marcando hasta hoy la vida política y filosófica de la izquierda, es Marx quien ha puesto al desnudo en qué consiste esta “lucha de clases”. Pero de manera concreta, ¿quién fue el promotor y fundador de la Primera Internacional Comunista? ¿Quién fue el que escribió junto con Engels, el Manifiesto Comunista? ¿Acaso Marx no participó activamente en la política cotidiana de esa misma Internacional? Su papel en las diferentes polémicas en contra de las diversas deviaciones y el anarquismo, ¿no era político? Su participación en el nacimiento del partido en Alemania, etc.



Le refería a Alvaro lo fundamental que Marx escribió en textos políticos, “La lucha de clases en Francia”, “El 18 Brumario”, las críticas al Programa de Gotha, etc. También le aclaraba que Lenin para escribir sus libros políticos escudriñó los textos políticos y teóricos de Marx. Pero Alvaro Rivera insiste y dice “El sentido general del párrafo aludido, y que Ábrego “se salta”, era que la experiencia de Marx, a diferencia de la de Lenin, no lo llevó a plantearse los problemas positivos de la política marxista”.



Los libros de Lenin sobre los aspectos del Estado y la lucha de clases se basan en los apuntes de los escritos de Marx y de Engels, pero sobre todo de Marx. Lo poco “positivo” que afirma Lenin sobre la sociedad futura lo saca de los escritos de Marx, el carácter transitorio del socialismo pertenece a Marx, la desaparición del Estado en el comunismo es una idea de Marx, la famosa “dictadura del proletariado” como forma inicial del Estado de la sociedad socialista es de Marx. Negar o ignorar esto y referirse a un “marxismo dogmático” es un abuso. Pues ponerle motes al pensamiento de quién sea, es necesario dominar el campo al que se refiere, es evidente que Alvaro no lo conoce, no lo ha estudiado, si no, no insinuara el papel político poco importante jugado por Marx.



Pero esto es justamente muy peculiar en él, son muchos sus artículos en los que él adopta la pose del maestro madrileño y sentencioso, en que insiste sobre los marxistas ortodoxos, sin dar una muestra, un pedacito de una cita, de algo que nos pueda indicar a qué se refiere. Es inútil pedírselo. Hacerlo es “sacar la caja de lustre” y decirle que ignora los elementos citados arriba es más que insultarlo.



Antes de pasar al otro aspecto que le ha dolido a Alvaro Rivera, que le saque en cara, que ahora abdique de la defensa de las posiciones de los reformistas y oportunistas de la Socialdemocracia, les voy a poner tres pasajes de su artículo. Se trata de una polémica, por supuesto que tiene derecho a atacarme, pero que no se presente como una virgen pura, pues no lo va a lograr. Veamos:



No voy a imitar las posiciones maniqueas en las que cae nuestro amigo. A pesar del error suyo que comento, de ninguna manera se me ocurriría decir en frío, como él hace, que mi oponente no sabe nada ni dice nada sobre el asunto que aborda”.


Como ven declara sus intenciones de no imitar mis errores. Pero sigamos leyendo:


Entre nosotros domina la maledicencia que sanciona como oportunista cualquier cambio en el pensamiento político de alguien”.


Alvaro empieza muy bien al imitarme, me dice maldicente. Y ahora leamos el remate:


Ábrego, en el mejor estilo de los comisarios políticos del estalinismo, me acusa de dar bandazos ideológicos en vez de preguntarse por qué he modificado ciertas posiciones”.


Y termina pues con un piropo. Me llama “comisario político del estalinismo”. Mi gran error fue recordarle sus anteriores posiciones, se trata de bandazos, pues de una constante presentación de las “soluciones socialdemócratas” como insoslayables, de una defensa patética de la moderación, de recomendarnos un pragmatismo inteligente para adaptarnos a la cruda realidad, viene ahora y se presenta como el cantor de la esperanza.


No le exijo nada. Ni siquiera le insinuo que recuerde el tono doctoral que entonces tomaba y su tono acusador de querer llevar todo a no sé qué cataclismo. Hoy descubro que también no quiere un socialismo con comisarios políticos. Es muy loable.


Me alegra que la realidad, la lucha de clases que antes rechazaba, lo haya obligado a cambiar de opinión, espero que esa opinión se convierta en profunda convicción, que persista en ver que en la sociedad capitalista, en los momentos que parecen estar llenos de calma absoluta, puede aparecer el fantasma de la lucha de clases. Es cierto que los “Indignados” de Madrid han conmocionado a muchos. Pero no llegué a decirle, lo que se me pudo haber ocurrido “¿Adónde vas Vicente? Adonde va toda la gente”.

Un defensor medio fiscal

El alegato que desarrolla Carlos Molina Velásquez en defensa del FMLN es muy ambiguo. Pues se inicia de manera muy singular, por el reconocimiento del “delito” cometido por su defendido: “Claro que hay que criticar a la dirigencia del FMLN por su manejo tan torpe de la cuestión, y exigirle un mínimo de coherencia entre la práctica y el discurso, así como una mayor comunicación con las organizaciones populares, sus mismas bases, etc.”.


Inmediatamente pasa al contraataque, a su vista probablemente de manera muy astuta, leamos qué nos dice: “pero eso no quiere decir que debamos ceder a la apocalíptica que anuncia o demanda el fin del partido”. En cierto sentido lo es. Pero sólo a partir del nivel discursivo, en donde luego de inventar ingeniosamente un sustantivo que está ya envuelto de todas las connotaciones escabrosas que posee ya el auténtico nombre, la Apocalipsis, que anuncia el fin del mundo, nos exhorta que no llamemos al cataclismo, “el fin del partido”. La continuación inmediata también es una innovación, pues los efemelenistas se limitan a acusar a sus oponentes “de hacerle el juego al partido ARENA”, Carlos Molina Velásquez mienta en primer lugar a la asociación patronal, la ANEP. Es cierto que esta asociación de manera imprevista se pone atavíos democráticos y defiende la Constitución como si fuera por primera vez que se viola. Nada dijo durante tantos años en que las violaciones eran sistemáticas y aún más descaradas. Su virtud es una farsa.


El académico salvadoreño piensa tal vez que al limitar la acusación a las tergiversaciones y doblez del FMLN en la crisis provocada por el decreto-mordaza 743, va a lograr su cometido y va a poder evacuar el resto de abandonos políticos e ideológicos cometidos por el partido en el poder.


El meollo de su alegato se encuentra en una afirmación que debemos aceptar como premisa: “El partido FMLN sigue siendo un instrumento fundamental para las luchas populares”. Pero los que se oponen al Frente justamente acusan a la cúpula de haber raptado el “instrumento popular” y de desviarlo de su objetivo primordial. Sobre este punto el alegador no dice nada.


El gran punto de su defensa es justamente algo que estaba en todos los labios con enorme regocijo en los primeros días del gobierno de Funes: “Sacamos a ARENA del Ejecutivo”. Pero la gran desilusión precisamente viene de la falsedad de esto, ARENA sigue jugando un papel importante en las decisiones del Ejecutivo, los expresidentes areneros son convocados por el actual presidente como consejeros, lo esencial de la política económica gubernamental no se distingue en nada de la anterior. La política de endeudamiento sigue en pie. Su aproximamiento y la sumisión al gobierno de los Estados Unidos es más que evidente y aún mayor que la que practicó el último presidente de ARENA, Tony Saca. Funes ha llegado hasta el punto de servir de principal sostén de los golpistas hondureños. Sobre esto nada han dicho los dirigentes del FMLN y los militantes no reaccionan o simplemente repiten el estribillo acusador contra los que critican. Pero ahora sabemos que altos dirigentes (entre ellos el propio Medardo González) fueron a la Embajada de los Estados Unidos a presentarse como los nuevos amigos del gobierno estadounidense. Ellos alegaron su honarabilidad y su amistad. En una entrevista Sigfrido Reyes se ufanaba que un alto funcionario de la Embajada lo había recibido en su casa y lo había agasajado con una taza de té y tal vez con cucharitas de plata.


Aunque de vez en cuando, como para mantener ardiente la velita, los dirigentes repiten su apego incluso al marxismo, aunque a un marxismo un poco capado. Pero dan pruebas claras de su alejamiento del objetivo socialista y su defensa del gran capital. El 5 de diciembre de 2010, en el diario El Mundo, el secretario general del FMLN lo dice sin ambajes. Cito la pregunta y la respuesta:


Hay algunos dirigentes de la empresa privada como Jorge Daboub que dicen que confían en el presidente de la República y no en el FMLN ¿qué le dice?


Que es una mala comprensión, una mala interpretación, ya sea porque se equivoca, o por interés. Pero el FMLN no ha planteado, ni plantea, como algo programático, no estamos planteando para nada sobre la necesidad de terminar con el capitalismo, con la gran empresa, con el gran capital. Lo que creemos es que hay que utilizar la fuerza y potencial del capital, del Estado, para salir adelante con nuestro país. Y por eso regreso al tema del dólar: nosotros en el FMLN si creemos que una de las cosas que detiene las posibilidades de poder avanzar es mantenernos anclado con el dólar. Es una acusación (posición de algunos empresarios) es más de carácter ideológica que de carácter político. El FMLN ha venido demostrando y seguirá demostrando que el FMLN no es enemigo del empresario, no es enemigo de la gran empresa, y tampoco habla de la necesidad, de la creación de otro modelo, de otro sistema. Estamos simplemente pensando en la necesidad de seguir con nuestro país, de construir nuestro país".


Si se lee bien lo que afirma Medardo González, reconoce que su partido “no ha planteado, ni plantea, como algo programático... la necesidad de terminar con el capitalismo”. Como algo programático y esto a pesar de que adhirieron precipitadamente a la V Internacional Socialista de Hugo Chávez y que en los múltiples cambios en el reglamento nunca se han atrevido a borrar el calificativo de “socialista” al partido.


Pero es que en la misma entrevista el Secretario General no tiene ningún empacho en declarar que el marxismo es su ideología, pero por supuesto es él quien posee la clave, el verdadero, el auténtico. Y rechaza toda una serie de “marxismos” que enumera sin referirse a quienes los practican en concreto.


No obstante Carlos Molina Velásquez a pesar de que llama con vehemencia a no atacar, ni criticar al FMLN, lo hace aduciendo razones a veces un poco sorprendentes: “porque no está acabado” y no “todo lo que hace el Frente socava el proyecto izquierdista en nuestro país”. Bueno, si estuviera ya acabado entonces ¿quién perdería el tiempo en atacarlo? La segunda es reveladora: pues reconoce que no todo lo que hace socava el proyecto izquierdista en El Salvador. Esto simplemente es el reconocimiento de que si hay acciones del FMLN que obstruyen, obstaculizan el proyecto de transformación social.


Leamos algo muy interesante en la boca del defensor del FMLN: “La crítica atinada y necesaria a una cúpula que se alejó de la gente e incluso de su propia militancia debería ir acompañada de una reflexión acerca de los vínculos históricos, organizativos y simbólicos entre las organizaciones populares y el FMLN: aun si repudian lo que hacen sus dirigentes, se trata de “su partido”, lo cual no equivale a puro entreguismo a la línea que dicta la cúpula”.


Creo que si la critica es atinada y necesaria por razones de peso como el hecho de alejarse de la gente e incluso de su propia militancia, no veo en qué sazonarla con una reflexión sobre “los vínculos históricos, organizativos y simbólicos” pueden cambiar la esencia de los actos de los dirigentes del partido. Pero el defensor apela a una especie de sumisión sentimental al “partido”, porque este ha sido “su partido”, de las organizaciones populares. Vaya argumento político que nos ofrece el abogado del Frente. El colmo es que aunque se repudie “lo que hacen sus dirigentes” con la salsa de la reflexión sobre los pasados vínculos esto “no equivale a puro entreguismo a la línea que dicta la cúpula. Pero ¿qué otra línea política exite en el FMLN?


Con tantas contradicciones, con tantas falsas propuestas y verdaderos reconocimientos del nefasto papel que juegan los dirigentes del FMLN en los proyectos populares, ¿para qué llamar a la obediencia y a la sumisión?


Porque en el funcionamiento actual del FMLN las bases han sido enmudecidas, sólo les queda obedecer, ejecutar lo que decide el pequeño grupo de la Comisión Política. Este grupo es el que le ha puesto tranca y candado a las puertas que llevan hacia la dirección, todo miembro del partido que pueda subir, debe pasar por el embudo estatutario y por el colador político de la cúpula.


Esta situación es la que hace pensar que una recuperación interna es imposible. Y el acercamiento que pregona Carlos Molina Velásquez hacia la dirección es un deseo muy devoto y muy ilusorio. Lo vemos justamente en la negación obstinada de no querer resolver la crisis actual y en los argumentos que sin excepción promueven los diputados y dirigentes del FMLN y en la constante acusación hacia todo aquel que se atreve a criticarlos de querer aliarse con la derecha.

01 julio 2011

La experiencia tiene que servir de aviso

No cabe duda que la situación política creada por la encarnizada oposición de la clase política a los fallos de inconstitucionalidad pronunciados por la Sala de lo Constitucional concernientes al Código Electoral, han puesto al desnudo la sólida cohesión y profunda unanimidad que existe entre todos los partidos representados en la Asamblea. En estos días hemos sido testigos de virajes espectaculares en las alianzas y en las tomas de posición. En definitiva los partidos parecen estar de acuerdo de prolongar indefinidamente la situación de conflicto entre los tres poderes del Estado.


El conflicto sigue abierto entre la alianza del Ejecutivo y el Legislativo contra el poder Judicial. Ambos poderes acusan a la Sala de lo Constitucional de invadir las prerrogativas de los otros poderes, en particular la de emitir leyes. En realidad se trata para todos los partidos, sin excepción, de conservar intacta la confiscación que han operado sobre el derecho del sufragio. Hasta ahora los partidos políticos, sus dirigentes ha venido repartiendo los puestos a diputados, alcaldes y concejeros a su antojo y tal vez como moneda de cambio para mantenerse en la cúspide de sus respectivos partidos. Las candidaturas individuales dieron como resultado la unión sagrada entre el FMLN y ARENA para dar a luz a un engendro legislativo. El decreto de estos “inesperados aliados” en vez de facilitar la posibilidad de cada ciudadano de postularse a un cargo, ha resultado ser una larga lista de obstáculos. La situación violatoria de la igualdad de los ciudadanos se peremniza y los dirigentes de ambos partidos insisten en que se trata de una ley justa y democrática. Los diputados persisten en mantener las listas cerradas elaboradas por las cúpulas y dejarle a esas dirigencias el derecho de elegir a los diputados, contraviniendo al derecho de la elección directa y universal de los ciudadanos. En esto la alianza entre el poder legislativo y el ejecutivo es obvia, el presidente acepta estas nuevas leyes sin observarlas, sin vetarlas, cuando a claras vistas no acatan las fallos de la Sala de lo Constitucional.


El episodio del rechazo de publicar en el Diario Oficial la notificación de la Sala y el lamentable alegato del presidente de la República, muestran al extremo que el poder que dispone de la fuerza, se adjudica abusivamente el derecho de interpretar la ley y de aplicarla a su antojo. Seguimos pues en pleno despotismo.


Los defensores de este sistema de dominación burguesa acuden permanentemente a sofismas e ilogismos para mantener sus posiciones. Ante el viraje que diera ARENA respecto al decreto 743, el FMLN (que no lo votó) rehusa con vehemencia abrogarlo. Y se han vuelto con el presidente en los más intransigentes defensores.


El presidente niega la realidad de la crisis institucional, arguye que de haberla, no estuviera inaugurando carreteras. El hecho de que exista un decreto mordaza en contra de la Sala, ¿no es la anulación simple y sencilla de un poder del Estado? La Sala ha declarado inaplicable el decreto y un empleado del Ejecutivo, obedeciendo al presidente, se niega a aplicar la ley y publicar la notificación de la Sala. La Asamblea vota en pleno su derecho de no dar recepción a las notificaciones de la Sala. Pero esas notificaciones contienen fallos, es decir resoluciones cuya vigencia no son apelables, pues provienen de la única instancia que puede interpretar la constitucionalidad de las leyes. Los encargados de garantizar el cumplimiento de las leyes, de velar por el respeto de la Constitución, los que tienen la fuerza (me refiero a la fuerza física de los cuerpos represivos) para doblegar la posible resistencia a su aplicación, han facilitado justamente el decreto mordaza y se amparan detrás de él para inaplicar la ley. Pero cuando es el mismo presidente que ordena no cumplir con la ley ¿Quién puede obligar al cumplimiento de la legalidad? ¿Quién tiene el poder coercitivo?


Es por ello que algunos han hablado de insurrección y de golpe de Estado como salida a la crisis. Ambos casos no son de actualidad, sobre todo el primero no es ni siquiera factible. El golpe de estado tampoco lo es, pero por razones políticas. El estado de violación permanente de la Constitución es el que ha prevalicido durante muchos años, los organismos del estado oligárquico han funcionado siempre de esta manera. Lo que ha venido ahora a provocar crisis no es pues la violación súbita e inaudita del “estado de derecho”, sino que una franja importante de la población ha tomado conciencia de la separación entre lo que dice la Constitución y lo que hacen los partidos políticos y sus dirigencias. La letra y los actos no se acoplan.


Pero este hiato entre la letra (las promesas) y los actos (la política real del gobierno) es lo que ha venido provocando el descontento popular, es lo que de manera ilusoria motivó que muchos vieran una salida del atolladero nacional en las candidaturas individuales, pues pensaron que con ello se acabaría la confiscación del estado por parte de los partidos políticos. Este es otro de los aspectos de la crisis. Pero es el más confuso, el más complicado y el que tal vez más tarde en disiparse.


Este último aspecto encierra el meollo político y social de la crisis. Porque de alguna manera, todos intuyen que las cosas no se van a arreglar incluso si los diputados consienten derogar el decreto 743 y que el presidente también esta vez se apure a sancionar y publicarlo. El problema es que día a día surgen obstáculos para el vivir de la gente. Hay que vestirse, comer, viajar al trabajo (cuando lo hay), en definitiva hay que salir a buscar esa mercancia universal que permite ser canjeada por cualquier otra y que se llama “el pisto”. Esos son los problemas del diario vivir, a los que hay que sumar el “sardineo” cotidiano en los buses, el miedo permanente de ser agredido, chantajeado, extorcionado, apuñalado o recibir una bala perdida o destinada. Es el problema de poder exigir sus derechos, cuando los hay, de obtener nuevos, indispensables.


Muchos han sentido con agudeza que es necesario enfrentar esta situación, pero que es imposible hacerlo uno a uno, separadamente. Que el cambio no va a llegar si no aparecen movimientos de masas que los exijan, que tengan la suficiente fuerza para que los intereses de los asalariados prevalezcan, que los intereses de las mayorias se impongan contra los de la ínfima minoría oligárquica.


No hay de otra, el cambio está planteado, pero no se trata de ponerle parches y más parches a la descascarada fachada de nuestra sociedad en ruinas. Es necesario ir a ver la calidad de los cimientos, en qué principios se funda esta sociedad y si coinciden con las aspiraciones mayoritarias. Se trata pues de abrir el camino hacia cambios profundos en la sociedad. Pero por el momento, los útiles sociales para llevarlo a cabo hacen falta, el partido político de nuevo tipo, en donde exista fusión real entre todos sus miembros, en el que haya desaparecido el verticalismo humillante y totalitario. Un partido en que cada voz valga igual que las otras, en que se aprenda la crítica, a razonar, a argumentar, a sopesar las proposiciones, a deliberar y a decidir juntos. Ese partido está por inventar, tiene que ser un partido de masas y surgido de ellas, al únisono con las aspiraciones más sentidas y decidido a cumplir e incapaz de virajes de conveniencia electorera.


También se necesitan sindicatos que defiendan los intereses de los trabajadores, sindicatos que salgan del sometimiento al patronato, que rechacen la tutela de los partidos políticos y que sean intransigentes en la defensa de los trabajadores. Sindicatos que luchen por ampliar los derechos laborales.


Son estos momentos de la crisis que es necesario profundizar, las reformas constitucionales aparecen secundarias desde esta perspectiva. Un amplio movimiento social puede imponer otro rumbo al país. Pero esto no se construye en un momento. No podemos permitir que se nos impongan los momentos electorales como hitos, como blancos hacia donde apunte toda la actividad partidaria. La experiencia de estas últimas décadas tiene que servirnos de aviso.

24 junio 2011

El Absurdistán que nos dejan

Parece increible que los dirigentes del FMLN no se den cuenta que su cerramiento persistente a los llamados de corregir la situación de bloqueo institucional creado por el decreto legislativo 743, con el cual la Asamblea le ha querido imponer mordaza a la Sala de lo Constitucional, le perjudica más a su partido que a los que lo promovieron.


Son Medardo González y Norma Guevara quienes salen primero a la palestra y le exigen a la Sala de lo Constitucional someterse a lo que ellos consideran la ley de la República. Con subterfugios han tratado de justificar sus escabullidas para no votar un nuevo decreto que restablezca el voto mayoritario en la Sala de lo Constitucional.


Ahora le niegan a los magistrados su derecho de declarar inaplicable por inconstitucional el mismo decreto. Pero estos dos diputados y dirigentes del FMLN van más allá y con toda la desfachatez del mundo asumen el derecho de establecer por su cuenta qué es o no constitucional en los mismos fallos de la Sala e incluso quieren con arraigado autoritarismo imponerle la agenda a la Sala.


La actitud del director de la Imprenta Nacional, Luis Ernesto Flores López, es una muestra más del disfuncionamiento del Estado salvadoreño. Este desacato de publicar el último fallo, que por otro lado es una sumisión medrosa al descontento presidencial, al que se somete indudablemente el ministro de Gobernación, no deja de preocuparnos, esto roza ya con la dictadura y el despotismo. Pues ahora un empleado asume sin mayor explicación, pero sobre todo sin ningún derecho, dictarle a la Sala de lo Constitucional la forma de sus decretos. Este empleado sabe que de cumplir con su deber de publicar los fallos de la Sala, puede conducirlo a “la pérdida de la confianza presidencial” y correr el mismo destino de otros funcionarios.


Bien han hecho algunos paisanos de bautizar a nuestro país con un nuevo nombre, “Absurdistán”. Pues lo que está ocurriendo delante de nosotros es en extremo absurdo. Las cúpulas partidarias se aferran a lo que siempre han considerado su patrimonio: la administración absoluta de la Asamblea y su derecho de nombrar a los diputados a través de listas que no permiten la elección popular. El sufragio universal es raptado por el modo de voto que la Asamblea ha impuesto al país, es esto lo que ha venido corrigiendo la Sala de lo Constitucional. Los fallos siguen las demandas hechas por ciudadanos. La Sala anterior no quiso asumir su deber y engabetó las demandas. El conflicto surge porque cuatro magistrados han decido poner al día la agenda constitucional del país. Los dirigentes del FMLN no ocultan, al contrario, lo proclaman que es esto lo que más los incomoda, lo que es insoportable. Medardo González lo dijo desde el primer día y Norma Guevara trata de sustentar con nuevos sofismas lo que Lorenzana y Reyes han venido repitiendo.


ARENA se lava de su pasado


Mientras tanto, uno de los dirigentes de ARENA no se priva de culpar al FMLN de la actual situación, con un cinismo particular, descarga sobre Toni Saca y el nuevo partido GANA, toda la responsabilidad de todas las gestiones anteriores y de sus amañados procederes. Jorge Velado, vicepresidente de ideología del Consejo Ejecutivo Nacional (Coena) de Alianza Republicana Nacionalista (ARENA) en una entrevista con el diario digital ContraPunto se muestra muy vivaracho y hasta recoge las críticas al FMLN y a Mauricio Funes que vienen de la izquierda, pero sin asumirlas del todo. Pareciera que las mañas que puede permitirse el actual presidente no fueran una herencia institucional dejada por su partido y sobre todo que fueron ampliamente practicadas por los cuatro presidentes areneros. La gran diferencia es que ARENA dispuso de los tres poderes a su antojo. Jorge Velado pasa un borrón, pero como quedan las manchas, le echa la culpa a Saca y al recién aparecido partido GANA. Su contrición es arteramente cocodrilesca, se arrepiente de haber hecho o de no haber hecho, según le convenga, ahora pareciera que el partido más virginal que tenemos en el país es ARENA.


Mientras gobernaba Saca todo el partido ARENA lo defendía y se sometía. La derrota electoral vino a trastocar el orden interno del partido oficial. Cristiani tomó las riendas y arregló cuentas y le pasó la factura del fracaso electoral a Antonio Saca. Con ojos de expertos indicaron los origenes y los montos que se apoderó el ex-presidente. Pero todo esto fue bulla y ninguna denuncia ante la Fiscalia, real y concreta. Con la misma convicción temen que el FMLN y GANA les apliquen a ellos, los areneros, las mismas prácticas de amenazas y chantajes desde la Corte de Cuentas que ellos practicaron durante 20 años con el PCN y la Democracia Cristiana.


La situación no se resolverá con la vuelta a la situación de antes del decreto 743. Pues toda esta pudredumbre institucional requiere una limpieza social de fondo, no se trata de algo que ha aparecido hoy, ni siquiera en los últimos veinte y dos años. Tampoco se trata de una solución de legislación, de una nueva constitución, sino que de una movilización general de la población que imponga cambios en las estructuras sociales y económicas del país. El Estado oligárquico que nos oprime, que nos ofrece este espectáculo tan barato con sus partidos políticos, sus instituciones violadas e inestables, sirve justamente para mantener sometidas a las clases trabajadoras. Pues lo que sigue siendo grave, realmente grave es que se nos quiera convencer que las “aspiraciones históricas de la población” son meras utopías irrealizables, como lo afirma Mauricio Funes en su entrevista a La Jornada de México.


Las aspiraciones históricas


Estas “aspiraciones históricas” son apenas mejoras salariales, tener con qué alimentar decentemente a las familias, darle un techo, educación conveniente a los niños y adolescentes, tener un trabajo todo el año, no tener que depender de la caridad gubernamental para vestir a sus niños. La población exige seguridad. Y las “soluciones” propuestas por Funes son las mismas que practicó ARENA, pero agravándolas, pues ahora el Ejército está en las calles y para colmo le quiere dar el papel de “educador” de los menores en peligro de delincuencia. Funes ha ido a México para revelar que nunca pensó cumplir con sus promesas, pues esas “aspiraciones históricas” entran en irreconciliable antagonismo con el debido pragmatismo de servirle al capital. Si el presupuesto no alcanza es porque la oligarquía recibe multimillonarias exoneraciones, porque no se combate la evasión fiscal y sobre todo porque Funes no se atreve a decretar una real reforma fiscal, en donde los que tienen más deben de pagar más. Esta frase la repitió durante la campaña, se trata también de una “utópica aspiración histórica de la población”.


El presidente se presenta como un martir atormentado, con flechas de la izquierda y latigazos de la derecha, pero a sabiendas de que es necesario sufrir para mantener la dominación sobre nuestra sociedad de la oligarquía. Funes delató al partido que lo llevó a la presidencia: “Yo estoy convencido de que una cosa es el discurso público del FMLN y otra cosa es su práctica política. En el discurso el frente no puede renunciar a sus utopías como partido revolucionario y socialista”.


Lean bien lo que sigue a lo que acabo de citar, el fondo ideológico de lo que afirma Funes es idéntico a lo que ametrallan los editorialistas y pensadores de la ANEP, en las páginas de El Diario de Hoy y de La Prensa Gráfica: “Pero la práctica cotidiana, donde el frente tiene representación y ejerce el poder, debe tener visión de largo plazo. Los alcaldes y diputados del FMLN no han tomado ninguna decisión que haga pensar que se quiere construir el socialismo del siglo XXI. Ellos quieren reducir la pobreza y para eso hay que fortalecer el tejido productivo nacional; quiere fortalecer instituciones y para eso tienen que ser independientes; quieren fortalecer la democracia y para eso las decisiones tienen que ser consultadas”.


Funes ha dicho en México que el partido del cual sigue siendo miembro, pero que trata como un aliado a someter a la razón, tiene un discurso para la galería, pero en la realidad, en la práctica, no ha tomado, ni tomará, nunca alguna decisión que haga pensar que se quiere construir el socialismo del siglo XXI. Esto no era necesario que lo dijera Funes para que apareciera como una verdad.


El FMLN ha abandonado en la práctica sus objetivos de transformación social. Es claro que este partido se acomoda a la situación política actual, en estos momentos la población salvadoreña mayoritariamente rechaza el socialismo, ya sea a cortas o con apellido de “siglo XXI”. Pero con el mismo dogmatismo doctrinario siguen declarándose la “vanguardia revolucionaria”. La cúpula y los militantes arguyen que por ahora es imposible convencer a la gente de construir el socialismo, que hay que esperar tener un presidente de "adentro" y la mayoría parlamentaria, para empezar a proponer los cambios de sociedad. Esto puede llevar cinco o seis legislaturas o presidencias. Mientras tanto, tenemos que conformarnos con los remiendos que quiera otorgarnos la oligarquía.


Insisto, la cúpula y los militantes, nos repiten, como lo afirma Funes, el socialismo es una utopía, una buena idea, pero irrealizable. Pero en una especie de esquizofrenia insisten que es su objetivo, que no lo han perdido de vista. En todo caso, el objetivo real es llegar al dominio total del Estado oligárquico y seguir la gestión del capitalismo nacional.


Desde finales del siglo XIX


No obstante es necesario que abordemos claramente cuáles son las soluciones a nuestros problemas. La pregunta clave es ¿podemos satisfacer nuestras “aspiraciones históricas” dentro del marco del dominio de la oligarquía? Este régimen es el que ha sido incapaz de darle un avance significativo al país. Repito, no se trata de los últimos veintidos años, el sistema funciona desde finales del siglo XIX y desde entonces veninos arrastrándonos en harapos, con escuelas en ruina, con maestros subpagados, mal preparados, con falta de medicinas, con hospitales asfixiados, la desnutrición persistente, el costo de la vida insoportable. En el país se consume más de lo que se produce. Pero no es por exceso de consumo, sino por deficiencia en la producción. Sí importamos hasta lo que constituyó por siglos nuestra propia alimentación original. No tenemos industrias, la oligarquía no invierte en el país, prefiere dedicarse a la especulación, vivir de las rentas. Si el café hubiera sido posible exportarlo sin secarlo, lo hubieran hecho. Nada hicieron para crear fábricas que torrificaran y empaquetaran el café y crear aquí mismo la mercancía acabada con todo su valor agregado.


Los régimenes pasados se han conformado con la inversión extranjera que traía maquinaria vetusta, técnicamente obsoleta y totalmente amortiguada. Las condiciones eran más que ventajosas para esos capitales, lo siguen siendo, pocos impuestos y libre exportación de ganancias, sin obligación de reinvertir y con salarios bajos. Nunca nadie se preocupó por exigir transferencia técnica a esa empresas, cooperación eficaz, con mutuas ventajas. Muchas de esas empresas se van de la noche a la mañana sin pagar los salarios y las indemnizaciones, abandonando las empresas, pues llevárselas sería una inconsiderable e inútil carga.


¿Podemos esperar que dentro de este marco se satisfagan las urgentes necesidades de las mayorías? El FMLN desde hace tiempo que no se propone romper con estas estructuras, sus militantes ni siquiera se han dado cuenta de los sucesivos virajes. En definitiva ellos no tienen la posibilidad de intervenir, son ejecutantes de las dicisiones de la dirección. En ese partido sin congresos, con un grupo de oportunistas enquistados en la dirección, con un extremo verticalismo, es imposible esperar cambios. Al militante le toca practicar un borreguismo desafortunado. El FMLN es ahora un partido burgués como cualquier otro. Acepta sin mayores reparos el transfuguismo sin principios.


El agotamiento del sistema


La crisis actual muestra ya el agotamiento del sistema de gobierno de la oligarquía, no es posible seguir con el régimen de dominación partidista. Fue este desgaste del sistema arenero que aventajó al FMLN y a Funes. Fue un profundo rechazo y una vaga esperanza en el cambio que le dio el triunfo electoral a la alianza de un hombre con un partido. Pero el FMLN no puede llevar adelante ningún cambio substancial en el sistema, no puede poner las bases para una transformación radical. No es su objetivo.


El defraude es grande, ha sido inmediato. Funes dice cierto cuando afirma “Estoy consciente de que la gente se va a decepcionar”. Pero al mismo tiempo se equivoca, pues la decepción ya se dio, es creciente. Su presidencia ya huele a estafa.


Los defensores del FMLN y de Funes que todavía se atreven a intervenir, protestan por las críticas y exigen proposiciones. Pero si los dirigentes del FMLN recogieron todas las “aspiraciones históricas de la población” y las apuntaron en sus programas. Pero al igual que a Funes les da igual decepcionar a sus electores. Ahora nos hemos quedado sin partido popular, sin un partido genuino de defensa de los trabajadores. Esta es la verdad. Ahora hay que decidirse a crear otro. Pero no se puede caer en lo mismo. El tipo de partido verticalista, con direcciones autoritarias y todopoderosas no puede conducir a nadie hacia otra sociedad más justa, más humana, más civilizada. Tenemos que dotarnos de otro partido, de otro partido de un nuevo tipo, un partido de exigencias participativas, tanto al interior, como al exterior, un partido intimamente ligado a la población, a la escucha de sus dolencias y tratando de prodigarle permanentemente una conciencia aguda de sus derechos y de sus posibilidades de acción.


Proponer otro tipo de sociedad no implica obligatoriamente proponer la violencia. La violencia social ya existe, debemos erradicarla, existe ahora en el desacato a la Constitución que ellos mismos nos han impuesto, existe en las condiciones laborales y de vida de los trabajadores.

21 junio 2011

Algo ha cambiado y todo sigue igual

La crisis institucional y social, que se ha desatado en el país a raíz del decreto mordaza 743, ha producido efectos durables. ¿A qué me refiero? El primero es la nivelación de todos los partidos políticos, cualquiera que sea su ideología proclamada. El desprestigio no ha dejado a salvo a ninguno. Hay algunos que han procurado pasar como desapercibidos, como si no estuvieran en el origen de toda esta crisis, me refiero a GANA, PDC y PCN. El partido ARENA ha dado un giro en su postura, tratando de salvarse, pero lo hizo de tal forma, que ponía al desnudo su manera poco honesta de proceder. El FMLN pudo salvarse, pero no lo quiso así. Ante la jugareta de ARENA de pedirles votar la derogatoria del decreto, en vez de responder que “si era cierto que no lo habían votado, siguiendo los principios justamente que encaminaron esta actitud y fieles a los motivos que los llevó a no votarlo, estaban dispuesto a buscar una solución”. Pero adoptaron una posición de capricho, de así no juego.


Sin embargo la situación de todo este circo de confabulaciones, de habladillas a escondidas, de pactos ocultos, de tironeos, de zafadas ha trastocado todo el sistema, el presidente actuó como parte integrante del pacto secreto, su prisa y sus declaraciones no dejaban duda al respecto. El FMLN en vez de alzarse, por lo menos una vez, a la altura del partido gubernamental, se vió de nuevo obligado a comportarse como lo hacía cuando ARENA estaba en el poder: son ustedes los que están en el aprieto, les toca a ustedes salirse del atolladero. Pero el problema de la ingobernabilidad en estos momentos les toca a ellos en primer lugar. Pero no son un partido gubernamental, su participación en el gobierno es mera figuración, el presidente los ha excluido y hace y deshace sin consultarlos, sin tomarlos en cuenta.


Pues el no haber votado el decreto los ponía, quieranlo o no, en contradicción con Funes. Pero esto en lo que respecta al voto. En realidad, todos, el presidente, los partidos de derecha que confabularon el decreto y el FMLN compartían la necesidad de amordazar a la Sala de lo Constitucional. Es en ese momento, en el que el FMLN pudo adoptar una posición a la altura, que su Secretario General expuso todo lo mal que pensaban de la Sala y se entusiasmó tanto que al exponer sus posiciones se le olvidó que el decreto no era de ellos, que no lo habían votado y lo defendió, lo justificó y lo declaró ley del país de la cual nadie se salva y que oponerse al decreto es entrar “en rebeldía”. Luego vino el sofista Lorenzana a tratar de consolar al gato mojado con aciete hirviendo.


La inconstitucionalidad como sistema


Todos hemos escuchado varias veces esas declaraciones, todos sabemos que la Sala de lo Constitucional estaba poniendo al día la constitucionalidad de las instituciones. Muchas leyes fueron votadas sin tomarla en cuenta, violándola. Es este sistema de gobernar sin respetar la Constitución que tuvieron los gobiernos areneros, con la complicidad de sus partidos satelites, PCN y PDC, que los magistrados estaban socabando con sus fallos. Pero también socababan un sistema de dominación del Estado por los partidos políticos que es contrario a lo que establece la Constitución que todos exhiben como escudo.


Es este sistema que se ha agotado, es este sistema introducido por ARENA que es inadmisible, que ya no puede seguir funcionando. Todos sabemos que la ley de Amnistía se votó para proteger a criminales de guerra, a violadores de los derechos humanos y a simples violadores de niñas y mujeres durante la guerra. Todos sabemos que en una madrugada dejaron al país sin moneda en beneficio de la especulación financiera, amanatiando su economía a los intereses de las transnacionales y a los dictados del FMI y a la Banca Mundial. El Tratado de Libre Comercio con los Estados Unidos fue aprobado por los diputados sin que se tomaran el trabajo de leerlo, ni mucho menos de ver las consecuencias nefastas que trae para el país. Digo para el país, pues es posible que algún importador salvadoreño salga también ganando, pero esto está muy lejos de significar que eso nos beneficia a todos.


No obstante es necesario señalar que este sistema ha funcionado hasta hoy, es decir, con este sistema nos han gobernado los gobiernos de ARENA y los tres poderes parecían funcionar en armonía. El sistema de partidos tenía en su poder también a la Sala de lo Constitucional, que engabetaba lo que le convenía engabetar, daba sus fallos en dósis homeopáticas.


Esta contradicción entre lo que proclama la Constitución y la necesidad que tiene la clase dominante, la oligarquía, de seguir su enriquecimiento bulímico ha salido a flote. Pero sigue cubierto por las apariencias, los partidos se muestran como separados de la clase dominante, apañando la vida política, con sus actos de corrupción, de componendas ilícitas, con sus chanchullos. Pero mientras nosotros discutimos y nos afanamos en desenredar todo esto, la oligarquía sigue haciendo sus negocios, sigue sin rendir cuenta al país de los impuestos no pagados, de la exportación de sus ganancias. Ellos siguen exigiendo más y más.


Es cierto que este momento es un momento eminentemente político. No hay ningún sector de la sociedad que no se haya sentido concernido por esta crisis. No obstante a la crisis, no obstante que la sociedad está alerta, con el mayor descaro, el FMLN y GANA se reparten la Corte de Cuentas y el Tribunal Supremo Electoral. Pero estos puestos y cargos son claves dentro de la corrupción en que vivimos. El partido que luchó por las transformaciones profundas en el país, lo vemos ahora repitiendo lo que hasta ahora han hecho sus más acérrimos enemigos del partido ARENA.


Todos los partidos por igual


Sí, vale preguntarse ¿existe diferencia entre estos partidos? Pues la experiencia de alianzas, de procederes, de conductas, nos obligan a decir que no hay mucha, que lo que los diferencia son intereses particulares de grupo, pero nada que pueda concernir los intereses del país y del pueblo. Para decirlo de manera más clara, el FMLN lucha y defiende las banderitas en los papeles de voto, por simple estrategia de mercadeo, pues le sirve de identificación con antiguas aspiraciones populares, que ellos, los Medardo, los Sigfridos, les Sánchez Cerén han echado por la borda.


Todos los principios por los que tantos murieron o fueron asesinados, por lo que tanta sangre se derramó, todo eso ya no existe. El FMLN ha elaborado toda una teoría del conformismo, todo un pragmatismo oportunista que relega a un futuro sin nombre, ni fecha, como una ilusión fantasmagórica, la transformación de la sociedad. ¿Como le vamos a creer a Sigfrido sus llamados a luchar por la derogación del decreto 743, si al mismo tiempo su jefe, su líder, Medardo González, lo justifica y dice que no hay marcha hacia atrás? ¿Cómo le vamos a creer que se preocupa por la gente, si ni siquiera se inmuta cuando defiente sus cubiertos de plata? El vocero Lorenzana simplemente nos trata a todos de idiotas.


Ahora ya ha quedado meridianamente claro que se trata de un partido de derecha como cualquier otro, sin mayores diferencias, tal vez con mayor eficacia, pues todavía existe mucha gente que lo considera protector de los pobres. Fueron a proponerle sus servicios al imperialismo a través de la Embajada, le han propuesto sus servicios al gran capital. Han entrado en lucha con ARENA en ese terreno, en quién le sirve mejor a la oligarquía. Se trata de eso, las alianzas en la Asamblea tienen como transfondo precisamente quién va a salir vencedor en esa contienda por servir mejor al gran capital. Era tal vez este el papel de vendedor de servicios que pensaron atribuirle a Mauricio Funes, pero él ha preferido su propio caballito y en vez de ayudar al Frente, lo ha estorbado. El Frente está muy agradecido con Funes, pues les sirvió de palanca para sacar del Ejecutivo a ARENA. Por lo menos en la apariencia, pues la realidad de la política no ha cambiado. El terreno del Ejecutivo se encuentra vacío de partido político, es decir, la lucha es ruda, la derecha tradicional mueve sus peones, se reune y pacta con el presidente, la nueva derecha efemelenista compite en las alianzas con el presidente.


Un impulso generoso y solidario


Esta situación ha dejado claro que el pueblo no tiene ahora partido que defienda sus intereses. Algunos jóvenes lo han intuido. Sin rechazar totalmente la política, se declaran apartidarios y tienen clara conciencia de que el sistema de partidos actuales se funda en la corrupción, en el desprecio de las leyes, en la total amoralidad. Algunos pensaron por un momento que el presidente que tanto prometió, en el que tanto creyeron se iba a levantar a defender la legalidad. Y este hombrecito se presenta como uno de los confabuladores. No obstante eso no ha desmovilizado a los jóvenes, al contrario, elevó su indiganción.


Estos jóvenes perciben que es urgente organizarse, unirse, discutir, reflexionar, llamar a la acción. Sus grupos surgen en franca oposición a los partidos políticos existentes. Su lucha no es sólo por volver a la legalidad y devolverle a la Sala de lo Constitucional su voz y sus funciones. Se han propuesto metas de “salud pública”, de barrer al país y limpiarlo de ese lastre politiquero que se ha usurpado la actividad política nacional, reduciéndola a intrigas nocturnas en los corredores de la Asamblea, en alianzas movedizas, en dobles sentidos y dobles morales. Estos jóvenes no son la mayoría, por el momento incluso son demasiado pocos, pocos frente a la inmensa tarea que se han propuesto. Pero a pesar de que no son gran número, todo el mundo siente que están expresando algo muy sentido y compartido por la mayoría. Estos jóvenes se han vuelto peligrosos para la casta política,. Por eso van a ser blanco de provocaciones, de tentativas de recuperación y de ataques francos y descarados. Estos grupos no han surgido para defender sus intereses, sino que en un impulso generoso se han puesto al servicio de una causa solidaria y justa.