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29 agosto 2010

Una masacre más en el sucio mundo

La masacre de Tamaulipas ha consternado a la gente que descubre en las pantallas de la televisión la muerte multiplicada de los emigrantes. Este descubrimiento súbito, que irrumpe en los hogares, indigna. Es también el momento en que surgen los grandes de nuestro mundo a mostrarse lacrimosos, compungidos y, por supuesto, alarmados, indignados también. Hacen declaraciones, condenan, prometen, se conduelen. Algunos hasta aprovechan para levantar el polvillo de alguna polémica. Esta indignación mediática, de fachada, sirve para muchos de catarsis.

Pero esta mascarada no los purifica, no les quita de encima su responsabilidad directa en lo que ha sucedido en Tamaulipas y en la interminable lista de muertes anónimas, que no se asoman a las primeras planas, porque no son espectaculares, pero que son tan numerosas, tan compactas que forman el cuerpo del tenebroso témpano, del cual la masacre de Tamaulipas es una de sus crestas.

He hablado de responsabilidad directa. Pues las decisiones que toman los dirigentes de gobiernos, de empresas, de partidos políticos repercuten directamente en la vida diaria de la gente. Es esta vida llena de precariedades, de sufrimientos, de privaciones la que en la desesperación hace surgir el sueño, la ilusión de otra vida, de la posibilidad de otro tipo de indigencia, de otro tipo de precariedad, la vida ilegal y arriesgada en los Estados Unidos. Saben que irse de sus países hacia el “paraíso” no prometido, es un calvario lleno de azares, pero sobre todo de adversidades. El paraíso tiene muchos ángeles guardianes enviados por los grandes jefes de Washington a las orillas cercadas, alambradas, pero aún más allá de ese muro que separa dos mundos, los ángeles se convierten en demonios por arte de tratados y advertencias amenazadoras del Gran Gobierno.

El absurdo sueño surge de la miseria, la insoportable miseria que desvaloriza la vida, que el famoso grito de la ranchera mexicana, “la vida no vale nada”, se vuelve tan real, pero al mismo tiempo angustiante en la vida de todos los días, en la que no hay trabajo, en la que hay que salir a ver si se halla algo, una oportunidad, un algo que se sabe casi imposible. Ya no se trata más, para esas familias, de un temido día siguiente, es el hoy, este hoy en el que hay que dar de comer a los hijos, que es insoportable.

Es esta vida la que crea el flujo migratorio. Es esta vida la que hay que cambiar. La promesa de hacerlo se ha desvanecido en un palabrerío de justificaciones, que alegan que “no todo se puede hacer en un día, ni en un año”. Nadie ha hablado de cambiarlo todo de un solo tajo. Pero en esta actitud hay convicciones profundas, convicciones hostiles al cambio prometido. En esto no se puede andar tergiversando, yéndose por las ramas. La pobreza de nuestra vida no surge por generación espontánea. Esta pobreza antigua ha sido creada, ha sido producida por un sistema que no puede prolongarse, que no puede subsistir de otra manera. El puñado de oligarcas que acaparan riquezas, que viven en opulencia, que desperdician capitales, que destruyen siembras porque no son rentables, que prefieren exportar sus capitales a plazas financieras y que piden a los gobiernos siempre mejores condiciones para la inversión, la suya propia y la extranjera. Este puñado de oligarcas que crea monopolios y que clama por la libre concurrencia como la condición misma del sistema. Pero no se dan cuenta que ellos mismos entran en contradicción contra el libre mercado. ¿Cómo puede concurrir un vendedor ambulante frente a un monopolio de distribución?

La pobreza no es la misma en todas partes

Es necesario pensar en esto. La acumulación de riquezas por un lado crea miseria en el lado opuesto. Sucede en el ámbito nacional, pero también en el ámbito mundial, globalizado. La constante acumulación de capitales proviene del movimiento mismo del capital. Es una ley. Una ley implacable, es una ley que obliga a muchos capitalistas a desaparecer de la arena por los golpes bajos de sus contrincantes, las ofertas de compras, los ofrecimientos de alianzas y fusiones. Este movimiento hacia el monopolio conduce a destruir en los centros capitalistas unidades de producción, a dejar en la calle, sin empleo a millares de personas. Estos capitales expatrían sus empresas hacia lugares en donde la sobreexplotación es vista casi como una ayuda. Este sistema marginaliza a millones de seres humanos, hundiéndolos en la desesperación.

La pobreza no es la misma en todas partes. Pero siempre es pobreza, pues es relativa a la riqueza que la produce. En los centros capitalistas los pobres reciben ayudas, alguna recompensa, alguna migaja caritativa prodigada por el Estado Providencia, del que va quedando solo la sombra. Las garantías laborales, las condiciones de trabajo más o menos protegidas, todas las conquistas obreras son destazadas poco a poco de manera inclemente por el sistema. En estos grandes centros del capitalismo la pobreza también tiene como frontera la miseria. Los vagabundos, los chichipates, los pordioseros, los vendedores ambulantes surgen en los subterráneos del metro y aparecen también en los andenes, al lado de las vitrinas.

Los grandes medios de comunicación de masas reproducen los discursos explicativos de hombres políticos, que azuzan a sus compatriotas con el peligro exterior, con esas hordas de salvajes que huyen del hambre y que vienen a amenazar nuestro sistema de protección social, que vienen a poner en peligro nuestro modo de vida. El odio echa de nuevo sus raíces, la bestia parda se asoma de nuevo hasta en los ministerios, en los parlamentos. El discurso fascista se banaliza, la persecución de etnias, de migrantes es presentada como una necesidad para preservar las sociedades civilizadas. Este odio es regado con la cotidiana propaganda que vierte miedo y zozobra.

Esta realidad que se agrava de día en día, los grandes “pensadores” modernos nos la venden como una fatalidad. He dicho nos la venden, pues estos defensores del sistema no conocen otro dios que el mercado. Estos creadores de “explicaciones” nos dibujan guerras de civilizaciones, nos prometen la salvación con el fin de las ideologías y nos llaman a que nos admiremos de los grandes triunfos del capital reinante. Sí, el capital no está moribundo, pues después de cada agravación crítica, algunos monopolios salen revigorizados, sin preocuparse de los cadáveres que han dejado en la arena de la libre concurrencia.

¿Qué hacer? Siempre surge esta pregunta, en cada encrucijada es necesario responder, las respuestas tienen que ser siempre nuevas. Pero en el fondo se trata siempre de lo mismo, ¿cómo salir del atolladero, como rescatar a los que están naufragando? En nuestro país el sistema oligárquico es viejo. Los problemas sociales que padecemos son crónicos, recubren a toda la sociedad, están en todas sus instancias, se multiplican. ¿Puede este sistema aportar la solución a nuestros problemas? ¿No basta ya todo el tiempo de nuestra vida independiente para ver que es incapaz de hacerlo? Su incapacidad reside en que su objetivo primordial, su objetivo fundamental es la acumulación de riquezas. Sí, volvemos a lo de siempre.

El otro flujo: las remesas

La solución no está escondida. En nuestra historia dolorosa la hemos vislumbrado en muchas ocasiones. En nuestro país corrió la sangre en busca de realizarla, se forjaron proyectos, se creyó que estábamos cerca y poco a poco la esperanza se fue evanesciendo. No podemos negar que la lucha ha permitido que hoy existan nuevas condiciones, no todo quedó como antes de la guerra. Pero la transformación del sistema no llegó. No podía llegar, pues los mismos de siempre siguieron gobernando los destinos del país. Ellos nunca se propusieron cambiar nada de nada. ¿Ahora, qué podemos hacer ahora?

Es necesario nombrar claramente y sin ambages la solución, se trata de romper con el sistema. Desbaratarlo. Es urgente que entre los intereses que defiende el actual presidente, con sus desalianzas y nuevas alianzas, con su “nuevo” partido y su salida, una vez en la silla, su grupito de compadres y comadres, que le sirvieron a la oligarquía y le siguen sirviendo, que se apuntan en las clases que imparten la Banca Mundial y el FMI, con toda esa gente y con esas intenciones, no, no podemos romper con el sistema. Mauricio Funes se considera sobre todo y ante nada el garante de las “reglas del juego” capitalista. Su principal problema político es que la oligarquía y sus partidos políticos lo tratan como a un nuevo “cholero”. Por ahí se hincha como el sapo de la fábula, en otras se arrodilla, como si los patrones fueran nuevos mesías.

Nuestro problema de hoy consiste en que no tenemos partido revolucionario. El grupillo que se ha encaramado en la tarima, nos quiere adormecer con un estribillo conformista: “las condiciones actuales no se prestan”. ¿Han emprendido algo para cambiar las condiciones? ¿Pero acaso ahora no tienen ministros? ¿Cuándo se tuvo mejores condiciones para tomar directamente medidas sociales que limiten la explotación capitalista? “No tenemos todo el poder”, repiten. Entonces se trata de luchar, de ganarse a la gente hacia las posiciones de transformación, de llevar una lucha al interior del Estado. Prefieren esperar. Decretan ahora, que su gobierno del “cambio” es apenas de “transición”. ¿Hacia dónde, hacia qué? Silencio sepulcral.

Un argumento que se yergue es el resultado del flujo migratorio: “tenemos miles y miles de compatriotas en los Estados Unidos, no los podemos poner en peligro”. ¿En peligro de qué? Pero ¿acaso no estamos poniendo en peligro a todos los que se escapan del país, acaso esta masacre de Tamaulipas no viene a recordarnos a todos los muertos en el camino, a todas esas mujeres que se han visto obligadas a quedarse allí mismito, en la frontera, en Tapachula, en algunos de los pobres, destartalos prostíbulos o en lujosas tabernas de tolerancia?

¡Ah! no nos olvidemos del otro flujo: las remesas. El grueso de las remesas vuelve, ese dinero trae pasaje de vuelta. No voy a decir que es inútil, por supuesto que muchas familias logran satisfacer algunas de sus necesidades con esos envíos, pero los que resultan ganando son siempre los mismos: los bancos y los grandes comerciantes. Ese dinero llega desperdigado, llega a particulares para satisfacer necesidades particulares. No se puede encarrilar hacia otro destino, a otros fines. De todas maneras en nuestra sociedad que no genera ahorros, por su pobreza, toda entrada sirve para el consumo. Muchos denigran ese consumo, diciendo que esas familias “se gastan el pisto en babosadas consumistas”. Es posible. No obstante para muchas familias ese dinero les ayuda a sobrevivir.

Pero la cuestión que se plantea es ¿podemos hipotecar el destino del país a cambio de las remesas? No hace mucho, durante el gobierno de Saca, se llegó un experto de la Banca Mundial y disertó sabihondo consejos para nuestros gobernantes de entonces: uno de ellos era mejorar el nivel educativo de nuestra gente, darles una educación técnica suficiente para que fuera más fácilmente exportable. El resultado, predijo, será menos problemas migratorios y un monto superior de remesas. Este experto le sirve al capital, argumenta en beneficio del capital, como los consejeros del presidente Funes, que fueron a la misma escuela. Esta gente canta delante de la bandera con estrellas: “la propiedad privada fue su dogma y su guía”.

La contradicción fundamental

Los dirigentes del FMLN no tienen nada que oponerles, no tienen otro himno. Pues ellos aceptan convencidos, sumisos que no hay solución, que no hay salida. Los de arriba, los del Norte son muy fuertes, no podemos nada sin ellos, no somos nadie sin ellos. Lo que a duras penas podemos hacer, es darle una pintadita a la fachada del resquebrajado edificio de nuestra sociedad. Los cimientos putrefactos, que son los que generan la miseria, deben quedar intactos.

No se les puede hablar de estrategia, no se les puede mencionar la contradicción fundamental entre el capital y el trabajo. La opulencia oligárquica y la pobreza de los trabajadores son la contradicción que exige resolución a través de urgentes transformaciones sociales. Esta contradicción ha madurado, ha llegado hasta el extremo, esta contradicción antagónica, que mantiene en lucha a las clases sociales, es la que caracteriza la situación actual de crisis de sistema social y económico que reina en nuestro país. Esta contradicción que se encuentra en el desarrollo histórico de nuestra sociedad, que lo frena, la revolución debe resolverla, para abrirle el camino a otra sociedad, a una nueva construcción social que ha sido preparada por el mismo desarrollo social. El parto de esta nueva sociedad obligatoriamente va a ser doloroso, la vieja sociedad resiste, se nutre de su pasado, de la fuerza que le da la situación dominante de la oligarquía. Por eso es necesario que nuestro pueblo vuelva a erguirse con toda su fuerza, vuelva a tomar la iniciativa.

La peor masacre es la que seguimos cometiendo al soportar una sociedad que ha caducado, que obstaculiza nuestro desarrollo de nación, que nos encierra en la dependencia, que no puede aportar ninguna solución radical a nuestros males. El pueblo debe reconquistar sus medios y sus instrumentos, es eso lo que ahora está planteado.

Carlos Abrego

21 agosto 2010

Muchas gracias, camarada Lorenzana.

“Para el diputado Roberto Lorenzana, las quejas no son para escandalizarse. “A estas alturas del partido, que ya ha corrido tanta agua abajo del puente, ya no podemos decir que hay un problema estratégico. Son ruiditos por aquí y por allá, pero eso es irrelevante”, consideró.

El parlamentario agrega que el problema ha sido que, en muchos municipios, las decisiones que se tomarán sobre sus autoridades son solo ratificaciones de acuerdos ya tomados por consenso: “Ya algunos sienten que pueden perder y por eso hablan de manipulación”, agregó”. Esta declaración ha salido hoy en La Prensa Gráfica.

Reparen en lo que dice Lorenzana, las elecciones serán la ratificación de ACUERDOS ya tomados por consenso. Esto significa que en esos municipios las famosas elecciones democráticas y secretas serán simple formalidad. Ni democráticas, ni secretas, pues ya se sabe lo que ha sido consensuado. Como quien dice por la boca muere el pez. Muchas gracias por la aclaración, camarada Lorenzana.

Carlos Abrego

18 agosto 2010

La "cachiporristas" y el problema femenino

El asunto de las “cachiporristas” no es tan baladí como lo piensan algunos. Es cierto que si desfilan o no, en nada va incidir en el nivel de vida de los salvadoreños, ni en el curso de los valores de la Bolsa. Esto es cierto. 

No obstante tal cual ha sido abordado, desde el ángulo que han adoptado los que han reclamado la prohibición y al que se han referido los que redactaron la circular del Mined, me parece que atañen a un problema mayor de la sociedad salvadoreña: el puesto de la mujer y los peligros que acechan a nuestras muchachas de parte de proxenetas y organizaciones de tráfico infantil.

No hace mucho una mujer denunció los abusos sexuales que ha sufrido por parte de un superior en el trabajo, esta denuncia fue atacada por un miembro del gobierno porque la consideró tardía, interviniendo en un asunto que está en manos de la justicia; en muchos comentarios que circularon en distintos foros, la mayoría ponía en duda la sinceridad de la denunciante. Solo pocos hombres y algunas mujeres intervinieron en su favor. Ningún personaje oficial intervino para defenderla y protegerla. Nadie aludió a la dificultad, en nuestra sociedad machista, de discriminación hacia las mujeres, la dificultad que experimentan las mujeres de denunciar el acoso sexual que sufren en las oficinas y en los talleres, en general en los lugares públicos. 

Comúnmente la sociedad entera tiende a culpar a las mujeres por estos actos cometidos en contra de ellas, como si su conducta, su modo de vestir, incluso su belleza, fuera suficiente para perdonar al abusador. Los hombres tienen derecho al manoseo, a las palabras soeces, alusivas o directas, a todas las ofensas. Las mujeres tienen que aceptar esos “piropos”, esas “caricias”, y por qué no, acceder a los deseos de los hombres. La mujer que se arma de coraje y denuncia al hombre que la ha acosado sexualmente, corre siempre el riesgo de ser sospechada de calumniadora, de querer vengarse, en fin de cuentas, quiere ocultar su propia culpabilidad.

Todos sabemos que esto ocurre, si no somos hipócritas, sabemos perfectamente que en nuestra sociedad estas conductas masculinas son admitidas, no son juzgadas como reprensibles. ¿Para evitar estas conductas les vamos a pedir a nuestras mujeres que se queden en sus casas, que cuando salgan de sus hogares, se vistan ocultando toda su feminidad? ¿Qué es lo que tiene que cambiar? ¿Qué es lo que tiene que ser reprimido con fuerza?

En realidad, en vez de acusar a las mujeres denunciantes, la sociedad tiene que crear las condiciones que las proteja, que no sufran un nuevo atropello, evitando poner sistemáticamente en duda su palabra. Pero más allá de esto, lo que hay que extirpar de nuestra sociedad es la conducta inmoral de los hombres respecto de las mujeres. Abandonar el presupuesto que la simple presencia de una mujer es de por sí una incitación a ejercer sobre ella ese tipo de violencias. ¿Cómo llegar a extirpar estas conductas? Pues obligatoriamente con la educación, educación de los adultos y formación de nuestros jóvenes.

Pero en el caso de las “cachiporristas” el asunto se ha abordado de tal manera, como si ellas fueran la causa del acoso de los traficantes y proxenetas. Se ha agregado que se trata de una manifestación denigrante de su condición femenina. ¿Es por el hecho de que muestran sus piernas? ¿Es acaso la única vez que lo hacen? En las playas, en las pistas de atletismo, en las canchas de diferentes deportes, también muestran sus “atractivos”. ¿Acaso no vienen hombres a verlas, a los cuales se les puede cruzar por la cabeza alguna idea procaz? Acaso a los espectáculos deportivos no pueden asistir los mismos personajes, a los que se ha aludido en los desfiles de las “cachiporristas”.

No obstante se ha hablado de cosas peores, que nada tienen que ver con los desfiles mismos. Del acoso, del tráfico que se realiza en la selección de las “cachiporristas” y de posibles manoseos de profesores, de directores e incluso se ha hablado que desde ahí pueden sufrir otro tipo de atropello mayor. Pero si las autoridades han tenido noticia de ello, ¿por qué no han intervenido para castigar el delito? ¿Por qué cambian de tema y de lugar de discusión? Ya no son los desfiles el problema. El problema reside en un delito, que puede tener lugar, incluso si se suprimen los espectáculos de las “cachiporristas”.

Pero al mismo tiempo se ha hablado que la actuación de las “cachiporristas” en sí es denigrante para la imagen de la mujer. Se ha hablado de ampliar la prohibición a las elecciones de las Reinas de Belleza que tienen lugar en muchos lugares del país. Se ha afirmado que tanto en unos como en los otros espectáculos se exhibe el cuerpo femenino como un objeto sexual.

Me parece necesario hacer algunas consideraciones. En primer lugar, ¿estas dos actividades son acaso las más graves en las que el cuerpo femenino se vuelve en objeto sexual? ¿Acaso el cuerpo femenino no es usado en la publicidad de forma más denigrante? Porque el cuerpo femenino en esos momentos no tiene otra relación al articulo en venta que su cuerpo. Esto sucede en revistas, en la televisión, en las vallas, etc. Y esto es cotidiano. Las autoridades que con tanta celeridad condenaron a las cachiporristas y a las madrinas de los equipos, los concursos de belleza, no se han referido a esta mercantilización del cuerpo femenino. Será porque en este caso se enfrentarían con un adversario poderoso, el mercado, el sacrosanto mercado.

Me parece que en esto ha habido mucho humo, mucha ligereza, poca reflexión. De nuevo el carácter autoritario de nuestros regímenes vuelve a salir a flote. En primer lugar desde un puesto del Estado se sentencia, se decide y luego van a “dialogar”. La decisión está plagada de todo eso, de una estupefaciente superficialidad, los motivos alegados condenan a las posibles víctimas de ser el origen del crimen. En segundo lugar constatan que la liviandad de los argumentos han sido rechazados por buena parte de la población, entonces dan medio paso hacia atrás con el pie izquierdo, pero con el derecho fijo en la prohibición para el próximo año. Mientras tanto las autoridades han declarado que van a “dialogar” con los “sectores” interesados y concernidos directamente. La palabra “dialogo” en el discurso burocrático no significa “escuchar”, se trata de “explicar” que la decisión tomada es la única posible. Las familias y las estudiantes que deseen ser “cachiporristas” tendrán que acatar la sabiduría de sus dirigentes. Parece que los profesores y maestros tendrán que ayudar a convencer, aunque tal vez piensen de otro modo.

No se les ha ocurrido que si existe algún problema, que hay gente que considera esto degradante para las jóvenes, esto proviene más de la “mirada ajena”, más que de los ejercicios y malabares de las muchachas. En vez de prohibir pudieron incluso promover dentro de los centros escolares, clases de bailes rítmicos, gimnasia, danzas diversas. Pudieron abordar el problema de la vestimenta, de transformarla, de variarla, en fin pudieron tener un poco más de respeto con la gente.

Pero si existe un problema moral, ético, entonces la imposición es más grave aún, pues los valores se inculcan, no se imponen. Si realmente existe un problema ético tienen que discutirlo con la población y tratar que sea aceptado por la comunidad la existencia de un problema, que se tome conciencia y que el valor ético propuesto se acepte.

La superficialidad de los funcionarios del Estado ha quedado manifiesta. Pero al mismo tiempo hay una pizca de desprecio hacia las clases populares y sus “diversiones” de poco gusto. Estos desfiles no son totalmente autóctonos, no son la transformación de una vieja costumbre nuestra, es cierto. Ha sido una costumbre importada, viene de afuera, no obstante su enraizamiento en la tradición festiva salvadoreña la ha trastocado y ya se ha vuelto una costumbre nuestra. Su origen extranjero no debe de servir de pretexto para el estigma. Porque entonces nos quedamos ya sin nada. Son tantas las cosas que nos llegan de afuera y las asimilamos, que si las abandonamos, nos quedaríamos sin cultura.

Imaginemos un país sin instrumentos musicales, sin ropa, sí, sin ropa, la mayoría de trajes que usamos no fueron inventados en El Salvador, sin cubiertos, sin platos, sin alumbrado eléctrico, ni nada que tenga que ver con los avances de la ciencia. Pues son muy pocas las cosas, si es que existen, que fueron inventadas entre nosotros. Me refiero a inventos y descubrimientos científicos. Todo eso ya constituye nuestra manera de ser. Lo que somos es todo lo que hemos hecho nuestro.

Nos llegaron del Norte estos ejercicios con las batutas, pero bien pudieron haber llegado los desfiles carnavalescos del Sur, con sus exuberantes mujeres mostrando totalmente sus piernas y sus amplios escotes, con movimientos sensuales. Pudimos conservar los disfraces indígenas e incluso combinarlos con los europeos, como sucedió en más de alguna fiesta patronal. Nuestra historia se ha hecho en contacto con los países del Norte, México y Estados Unidos y su influencia en nuestra vida es innegable. No todo ha sido positivo. Ni todo ha tenido las mismas repercusiones en nuestras vidas. De los Estados Unidos hemos sufrido cosas peores que la importación de las “cachiporristas”.

El asunto de la dignidad femenina merece otra cosa, otro nivel, medidas serias en la educación de nuestros niños y nuestras niñas. En la urgente reeducación de los adultos, en medidas reales para que se respete a la mujer en sus trabajos, en los lugares públicos, en los transportes, etc. Es urgente promover campañas por la igualdad entre los sexos, en todo lugar y en todo tiempo. Es necesario emprender campañas en contra de la violencia intrafamiliar, que es una fuente de sufrimiento mayor de nuestras mujeres y un ejemplo nefasto para los niños que viven en esos hogares.

Carlos Abrego

12 agosto 2010

Un partido sin voz, ni pensamiento

Tan poca democracia debe existir en los partidos políticos salvadoreños que la licenciada Norma Guevara de Ramirios, en su crónica semanal, se ufana describiendo en detalle el proceso de elecciones internas del FMLN y termina preguntando: “¿qué entidad social hace tal ejercicio de democracia?” Por supuesto que quedan en suspenso muchas explicaciones, por ejemplo, ¿cómo y quién propone las candidaturas? Hay otras que conciernen los criterios políticos que han conducido al partido “revolucionario” a distinguir entre militantes y adherentes. La principal diferencia que he podido detectar realmente, es el pago de la cotización y participar en una organización de base. Pero entonces ¿el resto de miembros no paga, no se reúne, en suma, no milita? Y al parecer se trata de la mayoría. Para un partido que se proclama “revolucionario” esto es una carencia extrema. Uno puede pensar que este distingo, sirve más para diferenciar dos categorías, los militantes seguros y los otros. Los seguros que se muestran obedientes a la dirección, que acatan los dictados de la dirección y que no se van a descarrilar en preguntas capciosas, en exigencias de aclaraciones, en posibles divergencias.


Pero lo que acabo de apuntar se puede considerar como palabras mal intencionadas, como palabras resentidas, que se quedan en la superficie y que se acoplan con las palabras proferidas por los “enemigos de clase”, por los que se unen al “concierto de la derecha”. No obstante el problema de todos modos sigue de pie. Aquí se ha mencionado solamente el protocolo de las elecciones en el seno del FMLN. Es lo que nos ha descrito Norma Guevara de Ramirios. Se trata pues solamente del aspecto formal de las elecciones y de la preparación de la Convención Nacional.


Al parecer la Convención Nacional tiene como principal objetivo la elección del Consejo Nacional. Tampoco se nos dice como y quien propone a los candidatos, aunque algunos ya van de oficio. Pero lo que queda claro es que esa Convención Nacional que elige la dirección, al Coordinador General, a la Comisión Política no es un Congreso. La dirección se elige sin que se le dé un mandato político preciso y definido, sin que los militantes hayan discutido, sin que hayan participado en la determinación de la estrategia del partido “revolucionario”. ¿Se trata realmente de un partido revolucionario? Mucho podrán decir que el partido es “marxista-leninista”, aunque últimamente no lo repiten tanto los actuales dirigentes. En todo caso el principal instrumento del centralismo democrático leninista no existe. Tenemos un partido que no tiene voz. Si, no tiene voz, ni pensamiento.


Los partidos revolucionarios tienen proyectos elaborados en común, tienen reuniones preparatorias en las que se analiza, critica y se evalúa la actividad política precedente y se procede a las enmiendas necesarias. Los partidos revolucionarios proceden al análisis de la situación política, económica y social del país en que les toca actuar, esto se hace en común por los militantes y las direcciones salientes. Es durante este proceso de preparación cuando los militantes siembran los pilares del proyecto estratégico del partido. El Congreso, según la teoría leninista, es el centro del partido. Es el partido en Congreso el que determina la política partidaria y a la que tiene que plegarse la dirección. Es a partir de lo determinado por el Congreso que la dirección va a ser juzgada. ¿Pero si no hay Congreso? Si no hay un proceso de elaboración por los militantes de la estrategia y principios del partido, pues es un partido sin pensamiento y sin voz.


Un partido que funciona de esta manera, no puede tener realmente militantes concientes, que sean ellos mismos capaces de concientizar al pueblo. Estos militantes pueden solamente definirse como personas “fieles al partido”, que en realidad es “fieles a la dirección”. Esta situación no es nueva. Es por ello que el FMLN navega sin timonel, sin saber a que santo acudir.


Por eso no se puede uno sorprender que este partido “revolucionario” le confiara el principal puesto del Estado a un extraño, a alguien que no se había definido realmente, que le impuso condiciones, él, una sola persona, un particular a todo un partido. Todo esto a escondidas, en secreto, en las oscuranas de la ignorancia, pues los militantes no podían opinar realmente, no podían analizar, nunca tuvieron en mano todas las cartas, ni siquiera vieron el color de la baraja. La dirección optó por Funes y los militantes aprobaron fielmente, con disciplina “revolucionaria”.


Es por eso mismo que sin ni siquiera consultar con la Comisión Política, el Coordinador General adhiere a una “Internacional por el Socialismo del Siglo XXI”. Esta adhesión irreflexiva y precipitada ha resultado un cohete mojado, pues la famosa Internacional se quedó en pañales y el único partido político que dio su acuerdo inmediato fue el FMLN. Pero esto era simplemente una maniobra para calmar a los militantes que comenzaban a inquietarse por la deriva derechista del gobierno y la actitud pasiva y complaciente de la dirección del Frente. Podrán alegarme que existía el proyecto de formación y programático y comisiones internacionales que debían definir y organizar la Internacional. El FMLN se comprometió a participar, pero también en esto se nota el carácter escasamente democrático de este partido, pues las delegaciones nombradas por la dirección iban sin que el partido, en algún Congreso, determinara, definiera su concepción socialista, ni la estrategia que puede conducir a nuestro país hacia esa nueva sociedad. El FMLN no tiene al respecto ninguna estrategia y ninguna visión clara de la futura sociedad. No la tiene, ni pretende discutirla dentro del partido, mucho menos en la sociedad salvadoreña. Pues esto la conduciría a entablar un abierto combate ideológico ante los partidos de derecha y con el presidente mismo. Es esta lucha ideológica que el FMLN no se ha atrevido a llevar a cabo durante tantos años. En estos años de post-guerra el FMLN se ha ido adaptando al sistema, al sistema político y al sistema económico.


La dirección se acomoda perfectamente a esta situación indefinida. Con toda comodidad puede cambiar de posición y caracterizar la situación en que nos encontramos. Incluso no responden con energía a la derecha que ha atacado a la diputada Sosa, cuando define al gobierno actual de “transición”. Los jefes callan. Pero esa es la explicación que le dan a los militantes. Pero defender esta caracterización del gobierno Funes/FMLN implica definir el “hacia qué” es transitorio este gobierno. Es esto que elude sistemáticamente la cúpula efemelenista. Prefieren también en este caso persistir siendo un partido sin voz y sin pensamiento.

07 agosto 2010

Filosofar nuestra realidad III

Por Carlos Abrego

Cuando alguien nos dice que “siempre ha habido ricos y pobres”, no lo hace para darnos una información; se trata por lo general de un argumento en contra de la posibilidad de un cambio social. Como lo hemos dicho antes, la fuerza de este argumento es que se funda en nuestra experiencia, en la experiencia de todas las generaciones que nos han precedido. Pero al mismo tiempo esta frase, este argumento, que en apariencia tiene el peso contundente de la evidencia, es arrastrado por postulados filosóficos que ignora la persona misma que la ha emitido.

Hemos visto que detrás de esta frase se esconde un postulado de la filosofía idealista, que niega los cambios y considera que el mundo es idéntico a sí mismo desde siempre. “Esto viene a significar, escribí en el artículo anterior, que la realidad, en su aspecto esencial, es inmóvil, eterna, que se encuentra afuera del alcance del movimiento de las cosas, que los movimientos sociales e históricos afectan únicamente la superficie del desarrollo de las sociedades y sus relaciones. Esto significa también que bajo el torbellino perpetuo de los acontecimientos se mantiene una naturaleza humana incambiable”.

Es por esta razón que algunos filósofos nos invitan a un rodeo, a darle la vuelta a la cosa pensada. La verdad no aparece directamente, si así fuera, ya lo han dicho otros antes, no habría necesidad de la ciencia.

No creo que haya que insistir sobre la utilidad del estudio de la filosofía. Gramsci decía que todos los hombres pueden ser filósofos a condición de que se les ayude a serlo. Pero esta ayuda no significa una simplificación, no se trata de esquematizar, no debe entenderse que haya que apartar el necesario esfuerzo de parte de quien estudia la filosofía, al contrario es menester prevenir que para encontrar agrado en la ocupación filosófica, hay que saber que se trata de un ejercicio mental al que no estamos acostumbrados, pero que “contribuye a la educación de la inteligencia, cualquiera que sea el fin que se proponga” (G. W. F. Hegel).

La sentencia “siempre ha habido ricos y pobres” es la expresión inconsciente de una ideología, de alguna manera hemos filosofado espontáneamente, sin darnos cuenta. Esto implica que estamos asumiendo un modo de pensar, que tal vez nos sea ajeno, que una vez puesto al desnudo, tal vez no nos convenga. Esta ideología espontánea es una conciencia inconsciente, que invierte las relaciones reales, se trata de una relación ilusoria de los hombres respecto a sus reales condiciones de existencia.

Algunos quizás dirán que de alguna manera esta “filosofía espontánea” no nos encadena a ningún sistema filosófico determinado, por consiguiente podemos decir que nuestro pensamiento se mueve libremente. Esto también es cierto sólo en apariencia, pues nuestra percepción espontánea de las realidades es siempre necesariamente limitada, parcial en el tiempo y en el espacio. Es decir si partimos únicamente de la experiencia tendemos a generalizar, a darle carácter de eterno a lo que es y sigue siendo particular y provisorio.

Agrego que estas interpretaciones de nuestra experiencia inmediata, las condimentamos con todas las ideas ya formadas que nos rodean y que al emerger del mundo tal cual está, ocultan necesariamente su movimiento, sus contradicciones y sus potencialidades. El famoso “sentido común”, las ideas recibidas, se nutren de ilusiones y nos incitan a conservar tal cual lo que existe.

Estas concepciones espontáneas tampoco son tan espontáneas, ni mucho menos inofensivas. Lo acabamos de decir nos invitan a conservar el mundo que nos rodea, a reproducirlo y nos infunden temores respecto a lo nuevo que adviene y a las ideas que innovan y que buscan las transformaciones.

Pensar con ideas hechas, en vez de ser una libertad, es una esclavitud, pues nos hace presa fáciles de todos aquellos que nos invitan a aceptar que otros piensen por nosotros, que nos inculcan miedo, resignación y que quieren privarnos del espíritu crítico.

Trataré, en las siguientes entregas de esta serie “Filosofar nuestra realidad”, de exponer algunos elementos que puedan servir de iniciación al pensar filosófico marxista. Se trata pues de algunos elementos de la dialéctica materialista, trataré de ser lo más claro posible, sin entrar algunas veces en detalles, sin embargo no voy a simplificar, ni a esquematizar. Por lo menos esa es mi intención. Por otro lado, debo expresar mi inquietud pues no tengo el hábito en estos asuntos. Por lo mismo, necesito de la participación activa de mis lectores. Voy a entablar un diálogo con ustedes.

Carlos Abrego

05 agosto 2010

Filosofar nuestra realidad II

Por Carlos Abrego

En el primer artículo cité tres frases que solemos oír en conversaciones y que expresan el sentido común; se puede perfectamente multiplicar los ejemplos, pero conformémonos con estas. Decía que estas frases están de alguna manera sustentadas por la realidad misma. En efecto, ¿qué contiene nuestra experiencia? ¿Qué ha contenido la experiencia de todas las generaciones que nos han precedido? Pues la existencia repetida de pobres y de ricos, la soltura y autoridad con que los que nos dirigen se comportan y la capacidad intelectual que desarrollan algunos individuos en el ejercicio de sus funciones. Estos hombres parecen destinados para ejercer los puestos que ocupan. Pero al mismo tiempo vemos como la gente humilde es puesta aparte de los medios materiales y culturales para dominar su propio destino colectivo.

¿Quién en El Salvador ha tenido la experiencia de la igualdad de chances y oportunidades en el acceso al patrimonio cultural? ¿Acaso no son perceptibles las grandes diferencias entre escuelas y colegios? Es esta realidad que nos rodea, la que nos impone las falsas ideas sobre la realidad misma. Y paralelamente a esto señalemos el desconocimiento total de lo que produce y reproduce esta realidad. Nos referimos a los procesos históricos y sociales que producen la riqueza, la explotación, las desigualdades, las jerarquías, a todas las dominaciones ligadas al Estado, a las instituciones, a la propiedad privada de las empresas, los múltiples efectos de las leyes que rigen la ganancia capitalista y los modos de la formación de las capacidades individuales a través de la asimilación del patrimonio cultural.

Es necesario señalar también que estas ideas ilusorias se enraízan en las mentes de manera diferente según sea el medio social al que pertenecemos, al bagaje cultural que hemos adquirido, a nuestro mundo afectivo, etc. todo esto tiende o no, a imponernos esas ideas como más o menos evidentes. Es todo esto lo que puede también variablemente justificar el lugar que ocupamos en la estructura social existente.

Es la experiencia cotidiana de estas cosas y el flagrante desconocimiento de la leyes que producen y reproducen esta realidad, nuestra propia vida, la de cada uno de nosotros, todo esto constituye la realidad en la que las ideas se forman y se transforman. A la vez, estas ideas tienden a producir nuestras conductas, nuestros comportamientos. Si la riqueza, la situación social, las formas de poder, los mecanismos económicos, etc. se conciben como eternos y hasta universales, entonces vamos a buscar un lugar en el sistema existente, en vez de forjar un sistema en que las funciones sean distintas y los modos de acceso tengan que ser inventados.

Esto no es muy complicado, concierne apenas las ideas, las opiniones y conductas cotidianas, estamos afuera de las grandes ideologías y de los sistemas filosóficos constituidos. No obstante si paramos mientes, todas estas opiniones y conductas tienen en común una idea filosófica importante: la riqueza, la estructura social, el poder, la propiedad, las capacidades individuales, etc. son consideradas como fenómenos naturales, que nada puede modificar profundamente.

Esto viene a significar que la realidad, en su aspecto esencial, es inmóvil, eterna, que se encuentra afuera del alcance del movimiento de las cosas, que los movimientos sociales e históricos afectan únicamente la superficie del desarrollo de las sociedades y sus relaciones. Esto significa también que bajo el torbellino perpetuo de los acontecimientos se mantiene una naturaleza humana incambiable. Se trata pues de un postulado de orden filosófico.

En estas frases en apariencia inofensivas, que pronunciamos sin mayor recapacitación y en nuestras conductas que les corresponden, podemos encontrar un verdadero andamiaje teórico, muy pocas veces sistematizado, que expresa una relación respecto a nuestras experiencias y tiende a imponernos ciertas tomas de posición, ciertas prácticas individuales y colectivas. Como vemos nadie se escapa de la filosofía.

Nos queda saber ahora si es cierto que las ideologías están muertas, como van repitiendo los que desean que la gente se mantenga en la ignorancia y que siga reproduciendo en la realidad, como en el pensamiento, un mundo que le conviene a las clases dirigentes.

Carlos Abrego

02 agosto 2010

Respecto a las candidatuas “independientes”

Antes de continuar con mi excursión “filosófica”, quiero emitir algunas reflexiones sobre el fallo de la CSJ sobre las candidaturas individuales o “independientes”. No voy a entrar a comentar el fallo, sino las consecuencias que de él ya han resultado. La primera observación que hago es que el desprestigio de lo que se llama “clase política” ha llegado en nuestro país a extremos insospechados. Este desprestigio ha alcanzado a las instituciones políticas, tanto estatales, como civiles. Este desprestigio tiene un fundamento sólido en la constante conducta de los diputados, ministros y presidentes durante ya muchas décadas. 

Este desprestigio marca y determina la crisis de la política o si se prefiere, de lo político en general. Esto no es propio de nuestro país, la casi nula participación de la ciudadanía en las elecciones en la más grande “democracia” del continente es una muestra de su carácter universal de la crisis, pero hay otros ejemplos. La desconfianza en los hombres políticos, en su probidad, en su actitud desinteresada al servicio de la cosa pública, etc. trae aparejado justamente el desinterés de los ciudadanos en los problemas políticos en general y la apatía, enojo cuando se abordan estos temas.

La mayoría de comentarios sobre el fallo de la CSJ que he leído, manifiestan este desprestigio de los partidos políticos en tanto que institutos que expresan la voluntad de la sociedad. Los partidos son considerados como agrupamientos de interés privado y no como representantes de los intereses de las clases sociales en pugna en la sociedad. Esta consideración general ha tocado a todos los partidos, incluyendo al FMLN que hasta hace poco escapaba a este juicio en una parte de la población. El FMLN era considerado como el representante de los intereses de las clases trabajadoras. En la coyuntura actual su posición particular se ha desdorado y su participación en las reuniones parlamentarias y en los conciliábulos en Casa Presidencial, han venido a empeorar la valoración.

Como todo fenómeno social este desprestigio encierra aspectos positivos y negativos. Los aspectos positivos conciernen a la existencia de una valoración moral de la función política. Los ciudadanos le exigen a los políticos cualidades morales impecables en el ejercicio de su mandato, en la realización de sus funciones. Esta exigencia es la que al observar el comportamiento de algunos hombres políticos lleva a la gente a la desaprobación del actual funcionamiento de las instituciones. Surgen reivindicaciones de transparencia, de fiscalización popular, de participación directa de los ciudadanos. Estas reivindicaciones son los embriones actuales del desarrollo futuro de la democracia. No obstante el desprestigio de los hombres políticos contamina a la cosa política en general y a las instituciones mismas. Esto lleva consigo que mucha gente se desinteresa totalmente de la política y la considera como algo que no le concierne y llega incluso a considerar que ocuparse de la cosa pública es para gente de poca moral. Esto le pone trabas a las posibilidades de desarrollo de los actuales embriones de mejoramiento de la democracia, impide que se realicen.

Es en este contexto que las candidaturas “independientes” aparecen como un remedio, casi como la solución a los problemas planteados. Algunos han afirmado incluso que con estas candidaturas se inicia la democracia participativa. Por supuesto que hay proposiciones de la posible representatividad de algunos sectores (sindicatos, movimientos diversos). Pero con todo esto apenas se vislumbra, se anhela. Es decir esos comentarios han expresado de alguna manera las mismas reivindicaciones de transparencia y de representatividad en la Asamblea y en las otras instancias del poder. La pérdida de confianza en los partidos, la crítica de su funcionamiento vertical se expresa en la sobrevaloración de las candidaturas individuales. Pero esto viene a mostrar al mismo tiempo que la crítica de la democracia representativa no se ha llevado a cabo de manera radical. Pues la esencia de la democracia “representativa” no ha desaparecido, no desaparece con candidatos individuales. El pueblo en esta democracia se despoja de su soberanía y la entrega a sus representantes y en los órganos del poder ejecutivo y judicial. Este despojo es el que se pone de manifiesto en el funcionamiento de estas instituciones. Las múltiples declaraciones de Mauricio Funes de que es él, el presidente, quien decide en última instancia, es precisamente la máxima expresión de este despojo de la soberanía popular. Sus declaraciones se han podido interpretar, “el pueblo me ha dado el poder de imponer mi voluntad”. Lo mismo sucede con los diputados y alcaldes que consideran que son los propietarios de sus puestos. Es esta actitud la que ha propiciado la aparición de esos juicios negativos por parte de la población, es esta actitud la que favorece que aparezca el sentimiento que nos encontramos frente a una casta unida, con intereses comunes, sin importar el color político.

Es decir la valoración positiva de las candidaturas individuales expresa todo esto. Pero al mismo tiempo no se observa que estas candidaturas pueden conducir al despedazamiento del movimiento popular, a restarle coherencia a los planteamientos políticos generales, a llevar a una especie de nuevas agrupaciones en torno de intereses particulares. La defensa de intereses locales puede llevar a conflictos que le resten potencia a la manera de encarar los problemas generales, nacionales. ¿Qué puede tener de positivo que surjan líderes regionales? Estos serán tal vez caudillos locales que pueden federarse en torno a algún caudillo “nacional”. Este tipo de caudillos son los que instauran gobiernos personales, modos de gobernar despóticos, dictatoriales.

Pero al mismo tiempo estas discusiones y este entusiasmo por estas candidaturas “independientes” revelan que la manera de nombramiento de los candidatos de los partidos no satisface a la población. Los partidos tienen que tomar en cuenta esto. No creo que a la derecha le importe mucho este sentimiento. ¿Qué pasa con el FMLN? ¿Van a ser capaces de analizar el fondo de lo que esto manifiesta? ¿Van a tomar en cuenta para sus futuras listas de candidatos la necesidad de incluir el aspecto local e inmediato? Por el momento, me permito dudar, espero que los hechos me desmientan.

Todo esto es también el síntoma de una maduración política de la población, de una toma de consciencia de la necesidad de inmiscuirse mayormente en los engranajes políticos, en donde de manera directa se deciden los destinos generales del país, pero también el destino individual, familiar de cada uno de nosotros.

30 julio 2010

Filosofar nuestra realidad

La dura realidad en la que vive nuestro pueblo, todas sus privaciones, la precariedad de sus modos de vida, dejan aparecer cualquier aspiración de aplicar el famoso llamado de los filósofos del Siglo de las Luces, de “apresurarnos a volver popular la filosofía”, como una vana aspiración. Aquí, volver popular no significa que la filosofía recobre alguna reputación positiva , sino volver a todos los miembros de la sociedad capaces de poder ocuparse de los problemas más complejos que se nos presentan.

Este llamado tiene ya más de dos centurias y la filosofía sigue siendo una ocupación de especialistas y su número es limitado, incluso en sociedades cuyos recursos materiales son en mucho superiores a los nuestros. La filosofía sigue teniendo la misma mala reputación que tuvo siempre: para la mayoría la filosofía es una ocupación de ociosos que se divierten con complicados calambures y se esfuerzan en construir esquemas abstractos muy alejados de las preocupaciones del hombre de carne y hueso. En todo caso, la filosofía tiene mala fama y se nos presenta como algo inalcanzable, pero sobre todo incomprensible.

Este llamado ha sido retomado por otros filósofos, entre ellos Marx, Engels, Lenin, Gramsci, Lucács, etc. Debemos reconocer que estos filósofos hicieron esfuerzos en sus escritos por que este famoso llamado se plasmara en la realidad. No obstante estos esfuerzos la filosofía sigue siendo algo extraño y ajeno para el común de los mortales.

En parte esto se explica a partir de la filosofía misma, pues para practicarla se requiere esfuerzos, dedicación, aplicación y constancia. Pero más allá de estas requeridas cualidades de las personas, la filosofía encierra en sí misma dificultades propias, pues desde el inicio nos exige que nos despojemos de nuestro modo de pensar ordinario, critica nuestro sentido común. La filosofía es una constante invitación y exigencia a la reflexión.

Pero volver popular la filosofía significa democratizarla, es decir facilitar el acceso, esto por supuesto, pero al mismo tiempo es darle al pueblo lo que la filosofía ofrece de capacidades críticas y de conciencia, como la dan también las ciencias sociales, humanas y el arte.

Valga afirmar que volver popular la filosofía no puede significar llevarle al pueblo un saber que le ha permanecido en su principio exterior y ajeno. Más bien se trata de provocar el florecimiento de las potencialidades filosóficas del pueblo, que las discriminaciones sociales, las condiciones laborales despóticas, las inigualdades escolares han obstaculizado en la misma organización de su tiempo cotidiano. Se trata de revelarle al pueblo mismo las ideas, la concepción de mundo que lleva en su seno. Volver la filosofía popular significa también introducir al pueblo en el objeto mismo de la filosofía, en tanto que producto y autor de la historia social, económica y cultural de la sociedad.

Se trata pues de llevarle al pueblo una racionalidad que hasta ahora le ha permanecido exterior en el principio mismo. Para Marx se trata sobre todo de revelarle a los pueblos la racionalidad que contienen sus propios movimientos. Esta es una idea moderna, que se la debemos a este pensador tan atacado, pero al mismo tiempo tan ignorado. Se trata aun de una tarea por realizar.

La realización o no de este objetivo forma parte de la encarnizada lucha ideológica que se lleva a cabo a diario entre las principales clases sociales. Se trata de una lucha en que la balanza del triunfo se inclina por el momento por las clases dominantes, por las que ejercen su hegemonía sobre la sociedad entera. Esto tampoco puede extrañar a nadie. La ideología dominante se apoya precisamente en la aprehensión más inmediata del mundo social que nos rodea, que nos aparece como existiendo desde siempre y que se reproduce constantemente, hasta el punto de considerarlo como natural. La burguesía (en nuestro caso, oligárquica) tiene en sus manos los principales medios a través de los cuales se trasmite la ideología y lleva una constante batalla contra todo pensamiento que pueda poner en tela de juicio su dominación. No obstante el principal blanco de sus ataques sigue siendo la filosofía marxista, sobre todo caricaturando sus posiciones, imputándole postulados que no le pertenecen, pero con mayor hincapié ocultándola y hasta prohibiendo su estudio. En nuestro país solamente hasta ahora, se puede reivindicar como suyo el pensamiento marxista sin sufrir la represión, sin correr oficialmente peligro de muerte. Aunque esto hay que relativizarlo, pues la extrema hostilidad que se ha profesado durante toda nuestra historia no puede desaparecer en unos cuantos años.

La dificultad actual en nuestro país de filosofar, ya sea a nivel individual o colectivo, más allá de las dificultades intrínsecas a esta actividad, reside en que no tenemos ninguna tradición filosófica, que el nivel cultural general de la población no es muy elevado, no tenemos enraizada ni siquiera la costumbre de leer y aún menos de poner por escrito nuestros pensamientos. En nuestra historia contamos con un pensador de talento, Alberto Masferrer, pero todos sabemos que fue perseguido, luego “recuperado” y hasta oficializado.

La izquierda, cierta izquierda, optó por denigrar a Masferrer, en vez de apoyarse en sus escritos para hacer avanzar el pensamiento crítico nacional. Masferrer estaba lejos de ser marxista, no obstante su pensamiento agudo enfocó muchos males de su época y propuso soluciones. Los partidos de izquierda, los tradicionales como los que surgieron en la década de los setenta, no han producido textos de carácter filosófico, su empeño se dirigió sobre todo al análisis político y económico. Es cierto que mucho se dijo que estos análisis se sustentaban en el pensamiento del “marxismo-leninismo”. Pero muchas veces este apego al “marxismo-leninismo” era declarativo, rutinario y a veces excesivamente doctrinario.

Pero filosofar no es una actividad que surge espontáneamente, requiere un esfuerzo y los que se han lanzado a este ejercicio se han dado cuenta de las dificultades que encierra. Sin embargo no podemos menospreciar las formas y los contenidos de la actividad intelectual que acompañan a toda conducta práctica de la vida cotidiana. Estas conductas contienen ideas, más o menos sistematizadas y expresan de manera compleja un conjunto de concepciones generales, sociales, políticas, religiosas, morales, estéticas, etc. Nuestros comportamientos, de manera explícita o no, de manera consecuente o no, se apoyan siempre en opiniones, en juicios y conocimientos que hemos sacado de todo tipo de experiencias diarias.

Estas ideas tienen su origen en la infinita red de relaciones que hemos ligado a todo lo largo de nuestras vidas personales y en la historia colectiva, con la naturaleza, el medio socio-cultural, la estructura de la sociedad y nuestro propio lugar en dicha estructura. Son estas ideas, son estas concepciones las que dirigen, las que orientan los modos de considerar tal o cual acontecimiento, las maneras de reaccionar frente a tal o cual problema.

Estas concepciones expresan de alguna manera los procesos reales, pero no solamente eso, puesto que guían nuestros comportamientos prácticos forman parte de los mismos procesos.

Este tipo de ideas, de concepciones, aunque tengan poco o nada que ver con la reflexión filosófica, no podemos tampoco desconocer su significación profunda: por medio de esta multiplicidad de opiniones comunes se expresan ideas de alcance general, aunque no se acostumbre a formularlas como tales, su presencia es constante y casi permanente.

En nuestro país ¿quién no ha oído decir cosas como estas: “siempre ha habido ricos y pobres”, “hay gente que nace para dirigir”, “para hacer eso hay que ser dotado”? Podemos suponer que lo que expresan estas “verdades comunes” no se basan en algo sólido. Podemos admitir incluso que se trata de errores, ilusiones, expresiones de una resignación mistificada. De manera general nosotros suponemos que sólo las ideas ciertas, las verdades, reposan en causas reales, en la realidad y que las ideas falsas no, que son causadas por tontería, tal vez por la intención de engañar, por la inadvertencia, el descuido, etc., no obstante podemos decir que una idea errada, falsa tiene tantas causas reales como las ideas ciertas y verdaderas.

Permítanme que analice en qué realidad se basan las frases señaladas en una otra entrega. Además trataré de exponer las consecuencias ideológicas de tales ideas y a quien beneficia que este modo de considerar perdure.

23 julio 2010

Funes, ARENA y ANEP

La derecha no solamente sigue con el poder real, sino que desde sus instituciones ideológicas sigue imponiendo la agenda política. Esto no debe sorprender a nadie. Lo que puede de alguna manera extrañarnos es la escasa, por no decir nula, incidencia que tiene el FMLN en el debate político.

 No ha habido durante todo este año ningún tema discutido en la palestra política que tenga como origen una propuesta efemelenista. Todo de lo que se discute en el país sale de la derecha. Incluso cuando se discutió sobre la famosa cuota telefónica, no fue por la iniciativa legislativa, sino por la reacción presidencial. La derecha apoyó entonces al presidente y votó sus observaciones. Las medidas sociales (¿se les puede llamar así?) de reparto de uniformes, útiles, zapatos, el vaso de leche, mejoras en la dieta escolar, han sido encaradas en los medios dominantes no por su beneficio para la población, sino que por la tardanza en la aplicación, en las fallas que hubo, olvidando simplemente que ellos nunca pensaron en medidas de este tipo.

Cuando menciono a la derecha, me refiero a toda la derecha, a los partidos políticos y sobre todo a las instituciones aún más directamente ligadas al patronato salvadoreño: Fusades y las diferentes organizaciones gremiales patronales. Son estos últimos organismos los que tienen entradas en Casa Presidencial y los que son consultados preferentemente por Mauricio Funes y sus ministros de las carteras económicas más importantes. No hay una sola medida que no se les presente para su asentimiento, para que la enmienden, para que corrijan, etc. Los partidos de derecha no tienen realmente temas de la política económica del gobierno que criticar. No pueden ejercer su papel de oposición. Es por eso que recurren a inventarse problemas de “confianza” en la política del gobierno por parte de los inversores extranjeros y sobre todo de la “confianza” que deben tener los patrones en el futuro de los principios económicos que se aplicarán en el país. En algunas declaraciones de los principales dirigentes patronales pareciera que el presidente Mauricio Funes acariciara los sueños de nacionalizar toda la economía.

Últimamente la derecha (ARENA y ANEP) han emprendido un ataque publicitario contra el gobierno de Mauricio Funes y contra funcionarios de su gobierno ligados al FMLN. Según sus decires algunas casas de empresarios han sufrido allanamientos y se quejan que circulan informes en su contra y que reciben correos anónimos. Todo empezó por un incidente que no transcendió hasta que el mismo interesado, una semana después, lo dio a conocer: un control policial de los permisos de portar armas vencidos en la casa del ex presidente Calderón Sol. No hubo allanamiento de domicilio como insisten los medios, no es lo que ha dicho la esposa del ex presidente, ni el mismo ex presidente. Los policías no entraron en la casa de Calderón Sol. Ahora la ANEP se queja de que muchos empresarios han sufrido allanamientos. ¿Por qué reaccionan solamente ahora?

No obstante esto es parte de la campaña de desestabilización de la vida política nacional. Han iniciado una campaña como si ya se estuvieran instalando los “órganos revolucionarios de la dictadura del proletariado”. La prensa, los editorialistas, campos pagados, anuncios, etc. insisten en una situación peligrosa en la que las libertades todas están corriendo peligro.

El presidente Mauricio Funes no entiende a la derecha, no se explica el porqué de esa conducta sumamente hostil. Se ha reunido con los principales dirigentes de ARENA y los ha instado a que sigan trabajando con su gobierno. Y a la ANEP le pide que le muestren, que le indiquen en qué ha faltado, con qué medidas ha atacado sus intereses. El presidente alega en su favor que recibe el apoyo del gobierno de los Estados Unidos y de Brasil.

El Diario de Hoy nos reporta la siguiente frase del mandatario salvadoreño, ofendido, "Esta gremial empresarial, sin fundamento alguno, sin justificación seria y razonable, pide a mi gobierno muestras de estabilidad. Un gobierno que se ha despojado de su color político para tener la legitimidad moral de convocar a la unidad por encima de todo, un gobierno que protege, y ha dado muestras de ello, y que protege como jamás se había hecho hasta ahora, la seguridad jurídica". Mauricio Funes insiste elocuentemente en su posición en defensa del sistema: "¿Con qué medidas, acciones o dichos este Presidente ha roto su compromiso de promover la actividad económica, la generación de empleo y el mejoramiento de la competitividad? Por el contrario, he debido oponerme en más de alguna ocasión a decisiones del Órgano Legislativo precisamente para preservar la seguridad jurídica y resguardar las reglas del juego".

Mauricio Funes no se atreve, todavía no puede hacerlo, a declarar, “atajo de pendejos, ¿no se han dado cuenta de que soy de derecha? ¿Qué más quieren? ¿Que eche de mi gobierno a los rojos? Pero no se apuren, “paciencia piojos… que la noche es larga”, esa va a ser la etapa siguiente. Pobrecito presidente que tenemos. Unos lo atacan desde la izquierda y la derecha no está conforme con su continuismo político. No obstante se los está diciendo, el gobierno “se ha despojado de su color político” y promueve medidas para garantizar “el mejoramiento de la competividad”. El presidente se ha comprometido con el patronato a “resguardar las reglas del juego”. Crudo juego, el salario mínimo estancado en la miseria, los precios de los productos básicos siguen subiendo y pronto serán inalcanzables para las familias pobres. Los patrones de las maquilas quieren total flexibilidad de los trabajadores, quieren suprimir la jornada de ocho horas y con ello suprimir las horas extras. Los muy generosos pretextan que esa medida producirá ahorro en el gasto de transporte y les permitirá a los padres dedicarse a sus familias. Trabajar 44 horas en cuatro días, con cadencias tayloreanas, extenuantes, es una medida a favor de la familia y sobre todo con la baja de ingresos.

Un tema normalmente recurrente en la prensa de derecha y en las declaraciones patronales es la situación de inseguridad y de inestabilidad en que vive el país. Esto no es nuevo, no es nuevo en parte, pues durante los gobiernos de ARENA la prensa abordaba la violencia como una plaga, como un fenómeno que hay que combatir, pero que no era causado por las políticas gubernamentales. Ahora a un escaso año del gobierno de Mauricio Funes estos órganos patronales dejan caer la responsabilidad de la violencia y su recrudecimiento sobre el gobierno actual y sobre todo sobre las autoridades directamente concernidas por este problema.

Pero esta derecha no puede proponer soluciones reales, concretas a este problema. No voy a referirme de nuevo a la payasada de la lectura bíblica en las escuelas. El resto de proposiciones son las mismas que aplicó durante sus gobiernos, recrudecer la represión, aumentar las penas, criminalizar a toda la juventud, disminuir la edad de responsabilidad penal para incluir cada vez más adolescentes dentro del dispositivo represivo. Toda esta política ha fracasado, ha fracasado aquí, como en todas partes en donde se ha aplicado este tipo de medidas. El gobierno de Mauricio Funes ha reducido su política, bajo la presión de los medios de la derecha y de los hechos mismos, a reproducir las medidas fracasadas de los gobiernos de ARENA. La derecha no puede proponer soluciones reales, concretas al problema de la violencia, pues éstas obligatoriamente tocan de frente sus intereses. Puesto que la violencia que agobia al país no es un fenómeno atmosférico, ni una fatalidad nacional, sino que el resultado de una situación social creada durante décadas de dominio ilimitado de la oligarquía en la gestión estatal del país y su conducta parasitaria en los aspectos económicos.

Los equipos presidenciales se limitan a reaccionar, a preparar medidas que aparenten novedad y si es posible hasta originalidad, pero que en realidad son los mismos platos de la derecha recalentados y algunos refritos. La limitación conceptual de estos técnicos salta a la vista. Pues sus medidas se presentan destinadas a combatir la delincuencia y el alto nivel de criminalidad. Pero esas medidas, todas son represivas. ¿Qué significa esto? Pues que las medidas atañen el crimen ya cometido. Se trata de castigar lo que ya se ha perpetrado. No puede de ninguna manera alegar sobre el carácter disuasivo de estas amenazas legales, pues en los Estados en que todavía subsiste la pena de muerte, la criminalidad no desaparece, ni disminuye. La criminalidad disminuye con medidas preventivas, con medidas sociales y educativas. Se trata de medidas que toman tiempo y que urgen de fondos consistentes. También la presencia policial puede ayudar a disminuir la criminalidad, pero esta presencia disuasiva debe también dotarse de un carácter absolutamente nuevo: acercarse a la población para que se sienta realmente protegida y no perciba en los agentes potenciales agresores. Esto significa que la policía debe de convertirse en una institución civil en el pleno sentido de la palabra. Para ello es necesario que se proceda a una profunda remodelación del papel y de las funciones de la policía. Por supuesto que la policía debe de guardar su función investigativa y su función primordial de combate de la criminalidad y la delincuencia.

Las medidas sociales tocan la vida cotidiana de la gente, sus casas, su trabajo, sus salarios, su tiempo libre, sus diversiones, su vida hogareña. La promiscuidad no es una condición ideal para el desenvolvimiento de la personalidad de los individuos. La alimentación también tiene sus repercusiones en la conducta social de los niños y jóvenes. La desnutrición influye en los resultados escolares y en los diferentes aprendizajes en las etapas de desarrollo. Me refiero pues a las condiciones de vida que sufren los salvadoreños, para cambiarlas radicalmente y que esto tenga realmente incidencia civilizadora en las relaciones interpersonales, es necesario, es imprescindible que haya cambios radicales en las estructuras de poder. No se puede seguir favoreciendo a las clases explotadoras. El sistema que ha regido nuestra sociedad ya ha demostrado su caducidad, su ineficacia. La vida precaria de los salvadoreños es el resultado de las políticas económicas y sociales que se han aplicado hasta el día de hoy. Y que nuestro gobierno “despojado de su color político” pretende resguardar, sirviendo los intereses de los miembros de ANEP.

Me permito preguntar ¿de qué se ha despojado el FMLN para participar en un gobierno sin color político, transparente a los intereses del capital?

15 julio 2010

Lecturas sagradas y profanas

La Biblia, como otros textos religiosos, tiene además un carácter cultural, no religioso, histórico. Lo que significa que su lectura por sí misma no puede considerarse como un acto religioso, como un acto de fe. Pero si la leemos como un texto cultural, su lectura es profana, secular y no puede perseguir estrictamente fines morales, sino que de ampliación del horizonte cultural, cuyo efecto ético es mediatizado por la profundización de la educación.

Pero esta lectura implica conocimientos adyacentes que permitan su debida y correcta interpretación, en tanto que texto. Con esto apuntamos a que es necesario ya cierto bagaje cultural o la necesidad de adquirirlo previamente. Se trata pues de llevar adelante una investigación, una búsqueda, pesquisas. El texto no es sencillo, tiene pasajes que urgen de conocimientos filológicos, de contextualizaciones. Estos son requerimientos culturales profundos que nuestros estudiantes de las escuelas primarias y secundarias están muy lejos de poseer. No creo que los diputados de la derecha salvadoreña hayan meditado en esta complejidad, cuando de manera precipitada votaron el decreto de la obligatoriedad diaria de leer pasajes escogidos de la Biblia. La inutilidad de esta lectura, tal cual la propone la derecha, salta a la vista. Pues el objetivo alegado es el combate de la violencia.

Como el objetivo fijado a la lectura de la Biblia es el combate de la violencia, se toma el texto en tanto que religioso, en tanto que libro sagrado. Esta lectura también requiere preparación y urge asimismo de interpretaciones. Son estas interpretaciones las que diferencian las distintas religiones, la judía y las múltiples religiones cristianas. Pero tratando de esquivar este reproche los diputados han excluido toda interpretación, toda explicación e incluso toda reflexión.

Se trata pues de la simple y llana lectura del texto bíblico. Es esta lectura la que tiene que traer el apaciguamiento, la disminución de la violencia o su desaparición. Se trata pues de un uso mágico del texto. No sé si los pastores y sacerdotes de las distintas religiones que existen en El Salvador han tomado en cuenta este aspecto fetichista que le confieren al libro los diputados de derecha.

Ahora bien si el texto es considerado desde el punto de vista religioso hay además un problema político, constitucional, pues la Biblia no es el único texto sagrado existente, además contradice el mandato de la libertad religiosa. Esta libertad no concierne solamente la libertad de práctica de cualquier religión existente o la creación de la propia, sino que implica además la ausencia de esta práctica. Se trata pues de una opción de libertad universal, la Constitución nos confiere la libertad de creer o no creer. La imposición de la lectura de un texto, considerándolo como texto sagrado, veja pues esta libertad.

Es cierto que en el constante retroceso que hemos ido experimentando en nuestro país, hemos llegado a omitir en la Constitución el carácter laico de la enseñanza pública. La primera real Constitución liberal que tuvimos fue la de 1950 y que consideraba claramente la laicidad del Estado y que la enseñanza debía ser laica. Este punto crucial ha desaparecido de nuestra Constitución, se cambió el adjetivo “laica” por “democrática” en la siguiente Constitución salvadoreña.

Pero este decreto precipitado de la derecha tiene objetivos políticos y electoreros. Se impone la lectura de la Biblia tomando en cuenta la desesperación de la población ante el acto de salvajismo cometido contra los pasajeros de la línea de buses 47, en Mejicanos. Es decir que los diputados han aprovechado una situación en la que la población salvadoreña se encuentra en estado de choque, en que el miedo la domina, en que la pasión la guía mucho más que el entendimiento. Se trata pues de pescar en río revuelto. El presidente, Mauricio Funes, se ha dado cuenta de este aspecto, por eso en un principio se ha mostrado aquiescente ante esta medida, sin poner reparos en el carácter inconsulto del procedimiento y de los aspectos demagógicos que encierra la postura de la derecha. Es decir que Mauricio Funes ve perfectamente la descarada carnada en el anzuelo de la derecha y se propone sacar su tajada de esta alborotada pesca. Pero el asunto ya no es tan sencillo, autoridades religiosas de peso se oponen y alegan que la medida es anticonstitucional. La posición simplista de Funes no puede sorprendernos, “si la lectura de la Biblia puede contribuir a combatir la violencia”, el presidente no ve ningún reparo en su aprobación. Tan simplista es la posición presidencial que pone en entredicho su capacidad de recapacitar, es decir sopesar todos los puntos y reflexionar sobre las consecuencias. Su posición es también demagógica. Últimamente Funes ha matizado mejor su postura, aunque su objetivo de participar en el reparto de la pesca sigue de pie.

El arzobispo ha señalado que esta medida contradice a la libertad religiosa y que además traerá disputas entre las diferentes religiones. Un pastor protestante que está de acuerdo en el fondo con la postura episcopal, acusa al prelado católico de ser hipócrita. Por lo visto no es muy fácil realizar el ecumenismo en El Salvador.

Pero yendo a la necesidad de introducir en la enseñanza materias que contemplen la ética y el comportamiento en la sociedad, no se puede reducir a la simple lectura de textos elegidos de la Biblia. Se necesita de una reflexión profunda. Es cierto que hay urgencia, pero no por ello debemos actuar con precipitación. El civismo encierra principios éticos que no obligatoriamente se sustentan en las creencias religiosas. Los imperativos morales que deben regir la conducta en el trato con los demás deben por supuesto inculcarse a nuestros jóvenes en las escuelas, en todas las escuelas. Se trata de enseñar el respeto de sí mismo y la consideración de los otros como iguales en tanto que individuos. El respeto de la particularidad de todos en tanto que personas humanas, debe ser inculcado en los hogares, en las escuelas y en el contacto entre los adultos y menores.

Por supuesto que estos valores no pueden inculcarse de manera abstracta, desconectada de la realidad concreta en la que viven los jóvenes salvadoreños. Nuestra sociedad en tanto que tal tiene como fundamento ideológico el individualismo y los principios fundamentales de la propiedad privada. Es decir que la igualdad entre los seres humanos en tanto que individuos es puramente teórica, la realidad cotidiana impone para sobrevivir a la mayoría de las personas aceptar las desigualdades sociales, es decir aceptar reglas de vida que mutilan su propia individualidad, su ser particular. La preocupación individual es la de mantenerse, de procurarse su propia reproducción diaria, alimentos, vestido, techo, etc. Estos objetivos son constantemente contrariados por la falta de oportunidades reales que ofrece el estado actual del país. El primer imperativo moral que tenemos es justamente el respeto de sí mismo. Es este imperativo que es negado por la realidad inmediata en que nos encontramos. Esto significa que la realidad inmediata ejerce cotidianamente su violencia contra la existencia material de cada uno de nosotros, sobre todo de los más pobres.

Aunque a diario se proclame que todos somos iguales, que nacemos iguales, al confrontar estas aserciones con la realidad no cuesta mucho esfuerzo constatar que se trata de una mentira, que son frases falsas. Es más, al lado de estas afirmaciones con igual frecuencia encontramos el ensalzamiento de los que triunfan en la sociedad, en los que vencen para subir en la escala social. Este triunfo social implica gozar de privilegios, de tener condiciones materiales que los alejen de las preocupaciones diarias de la sobrevivencia. Pero sobre todo se ensalza la fuerza, la supremacía de los que no reparan en los medios para alcanzar los objetivos de superación social. Vivimos en el reino de la fuerza y de su ley.

Vivir obedeciendo los imperativos morales significa vivir en contradicción con los valores que fundan la sociedad actual. Vivir conforme a la moral implica un esfuerzo particular, un esfuerzo constante y tener conciencia de que los principios morales son superiores a los que nos impone la vida en esta sociedad de desigualdades.

02 julio 2010

La violencia en nuestra sociedad

Después de una larga ausencia retomo mis comentarios. Muchos son los acontecimientos que han ocurrido en el país y que retuvieron mi atención, muchas también han sido las opiniones que sobre ellos se emitieron y muchas son a las que me hubiera gustado responder o agregar lo mío. Comprenderán que un hecho me haya marcado con mayor peso y pienso que todos se imaginan que me refiero al crimen cometido contra los pasajeros del bus de la línea 47. El ataque armado contra el bus y el incendio con sus pasajeros al interior ha sido considerado como el punto culminante de la actividad criminal de las pandillas.

La indignación y la condena han sido unánimes y categóricas. Todos los salvadoreños nos hemos sentido agredidos. Nunca pensamos que actos de esta índole pudieran verse cometidos en nuestro territorio. Todos pensamos que las masacres eran asunto del pasado y que eran el patrimonio de las fuerzas represivas antipopulares. Esta vez el terror nos llega de parte de civiles, de miembros de nuestra sociedad. Claro que esta pertenencia a la colectividad nacional nos cuesta reconocerla y de manera inconciente colocamos a los asesinos afuera de la sociedad. No obstante lo primero que debe penetrar en nuestras conciencias es que esos grupos criminales son también el fruto de nuestra sociedad. Es cierto que podemos bemolizar nuestro juicio y argüir que las “maras” tienen su origen en los Estados Unidos y que el gobierno de ese país con absoluta irresponsabilidad y con total desprecio hacia nosotros, desde la firma de los Acuerdos de Chapultepec, inició la expulsión hacia nuestro país de criminales y miembros de esas organizaciones sin advertir convenientemente a las autoridades salvadoreñas. Esto es lo que siempre se ha alegado.

Sin embargo este hecho por sí solo no explica el desarrollo que ha tenido este fenómeno en nuestro país. Ese tipo de criminalidad ha encontrado en nuestra sociedad, en el tipo de sociedad que padecemos, el terreno propicio para su expansión. No podemos declararnos sorprendidos por la escalada criminal que se ha ido operando ante nuestros ojos. La violencia no es un fenómeno marginal en nuestra sociedad.

Violencia contra la violencia

Ahora mismo, la mayoría de reacciones de políticos, comentaristas, editorialistas, etc. lo primero que han preconizado, es continuar en la escalada de violencia represiva, llegando algunos a proponer la restauración de la pena de muerte. El gobierno en su política continuista propone una variante “mejorada” de las leyes “mano dura” y “superdura” de los gobiernos areneros. El aumento de los años de cárcel ha sido permanente desde hace diez. No hace mucho un criminal fue condenado a 120 años de reclusión. Lo ridículo de esta pena tiene el mismo nivel que la falta de discernimiento de los legisladores. No es la pena la que va a parar el crimen. Toda la sociedad se ha dado cuenta que las leyes represivas no han dado efectos benéficos en la lucha contra la criminalidad. Estas leyes incluso se han considerado como contraproducentes. No obstante la sociedad entera sigue enfrascada en este tipo de “soluciones”. Este empecinamiento de nuestra sociedad implica una ceguera ante la falta de resultados y manifiesta la incapacidad nacional de buscar soluciones que no impliquen la ley de Talión, que no encierren el repugnante rostro de la venganza, soluciones en las que no aparezca la violencia como principal rasgo.

En los primeros meses del gobierno de Mauricio Funes, en un artículo sobre la violencia y la prevención, invité a las autoridades a tener el coraje de reconocer y de anunciarle a la población que era ilusorio esperar resultados prontos e inminentes en la lucha contra la criminalidad. El grado de organización, la intensidad y frecuencia de los crímenes, la ausencia de útiles investigativos, de una PCN con suficientes efectivos y debidamente preparados, volvía imposible obtener la disminución inmediata del número de crímenes, al contrario lo que debíamos esperar, era un recrudecimiento de la criminalidad. Porque era necesario una política que rompiera con la que se había aplicado hasta entonces. Una política que priorizara la prevención, sin olvidar el mejoramiento del combate contra el crimen con la necesaria reestructuración y limpieza de la PCN. La restructuración implicaba, va de suyo, mejor preparación técnica de la investigación y el aumento de los efectivos. Todo esto requiere tiempo y medios.

Pero las autoridades actuales, en vez de hablar claramente con la población, de establecer un diálogo franco con ella, prefirió ceder a las distintas presiones y tomó medidas inmediatistas y demagógicas. El gobierno sacó al Ejército de los cuarteles y le encomendó tareas a las que no está preparado, lo puso de coadjutor policial. En vez de enfrentar con razones el miedo irracional y pasional de la población, atizado éste por la prensa amarillista nacional y los partidos de derecha, que acababan de mostrar su propia incompetencia en la lucha contra la delincuencia, el gobierno ha iniciado una militarización de la función policial, incorporando al Ejército en las cárceles y en las fronteras. De hecho la derecha ya había en gran medida militarizado a la propia policía. Ahora el gobierno de Funes/FMLN para completar el carácter eminentemente represivo de los antimotines ha recurrido a adiestradores franceses de los nefastos CRS (que tienen merecida fama antidemocrática en su propio país). El alegato del ministro de Gobernación efemelenista es digno de un Poniatowski o de un Bonnet, ex ministros franceses del Interior de la peor derecha francesa.

Para que la lucha contra la delincuencia y la criminalidad sea eficaz es también urgente que la Fiscalía asuma sus responsabilidades. Hasta ahora la ineficacia de la Fiscalía es patente y tal vez su dejadez es parte de una estrategia de la peor política de la derecha, que detrás de sus declaraciones indignadas y proposiciones rancias, aspira a poner sobre todo trabas y estorbos al gobierno actual. La derecha tiene como prioridad la reconquista del Ejecutivo, para ello ha puesto varios tizones en el fogón.

Asumir que la violencia surge de la sociedad

Pero una cosa que debemos asumir todos es que la violencia de las pandillas, de los otros delincuentes y traficantes son manifestaciones extremas de una violencia social que envenena nuestras relaciones sociales y que recorre a toda la sociedad salvadoreña. Esta violencia es antigua, profundamente arraigada. Las manifestaciones de esta violencia cotidiana y común son múltiples, van desde el lenguaje coloquial lleno de vulgaridades hasta el maltrato que se le inflinge a los niños y a las mujeres. Este maltrato se ha vuelto invisible, transparente. Los castigos corporales contra los niños, su rango en las relaciones familiares, su desconsideración generalizada, la explotación ultrajante en las calles y algunos talleres son fenómenos permanentes y que casi no llaman la reprobación social. Me estoy refiriendo a la sociedad y no a alguna que otra organización o asociación. Lo mismo podemos afirmar respecto a las mujeres. Las mujeres son el blanco de todos los abusos, ya sean verbales, como atropellos laborales, manoseos incluso en la vía pública. Si me refiero a los niños y mujeres en primer lugar, es porque también esto es lo más visible.

Esta violencia social toma el rostro del autoritarismo que recorre todo el tejido social salvadoreño. No es la primera vez que aludo a este autoritarismo. Se trata de un autoritarismo que hemos heredado desde la Colonia, pero que hemos ido cultivando en nuestra historia con todos los regímenes dictatoriales que se han multiplicado en el país. Estos regímenes han sido violentos, extremadamente violentos. La sociedad misma ante la sistemática violación de sus derechos civiles, libertad de expresión, libertad a secas, pues hubo encarcelamientos arbitrarios, expulsiones del país, torturas, asesinatos, masacres, la sociedad ante todo esto tuvo que recurrir también a la violencia. Se trataba de un derecho, pero era también un recurso extremo, pues la guerra insurreccional trajo indudablemente nuevos niveles de violencia. La guerra de tierra quemada que adoptaron los sucesivos gobiernos bajo el amparo y guía del imperialismo estadounidense dejó como saldo millares de muertos y muchos lisiados. La guerra dejó una ancha herida abierta. Esta herida no se sana con espectáculos presidenciales. La impunidad con que gozan los criminales de guerra es el criadero de la impunidad que gozan y reclaman los criminales de hoy.

La post guerra

La post guerra ha sido una larga mascarada que legalizó el crimen pasado y fue tolerando los crímenes que se cometían en los barrios. Pero ahora agobiados por tanto derramamiento de sangre, por los altos niveles de salvajismo en la ejecución de los asesinatos, la frialdad, la indiferencia de los delincuentes sentimos todos que esto ha llegado a límites intolerables. Pero, ¡cuidado! También podemos acostumbrarnos al horror criminal.

Nos hemos acostumbrado a la violencia institucional de la pobreza y en muchos casos de la miseria. Esta pobreza es criminal. ¿Cuántos niños han muerto por desnutrición en nuestro país? ¿Cuántos por enfermedades crónicas y curables? Hablo de los niños, pero esto se puede extender a las madres, que mueren en partos difíciles por falta de asistencia médica y por desnutrición. Esta pobreza no es una plaga o un fenómeno atmosférico. Esta pobreza es una consecuencia del sistema económico que padecemos. En el que sólo ha contado el interés del capital en detrimento de los hombres y mujeres de nuestro país. ¿Durante cuántas décadas las largas jornadas laborales eran sementeras de muertes prematuras? Los salarios de miseria producían una permanente hambruna. Este panorama no cambia, no ha cambiado. Los gobiernos con toda su fuerza bruta represiva, con toda su violencia, siempre han defendido y servido los intereses de las clases dominantes, de las clases que se han aliado siempre a los capitales extranjeros, sobre todo de los Estados Unidos. Estas clases dominantes, la oligarquía y la burguesía siempre han amenazado con dejar al país sin medios, si el gobierno se atreve a tomar medidas en contra de sus intereses, han amenazado abierta o asolapadamente de implementar un golpe de Estado.

Los intereses de la oligarquía requieren obligatoriamente bajos salarios. Ahora sus grandes pensadores tratan de imponer la desaparición del salario mínimo, de alargar las horas laborales. El pacto fiscal que proponen es la reducción de los gastos del Estado.

Nuestro país no puede permitirse disminuir los gastos en la salud pública, pues no da abasto a la penuria en que se encuentra, se urge de un aumento. Nuestro país no puede darse el “lujo” de disminuir el gasto de la educación y de la cultura, lo que urgimos es una profunda reforma y un gigantesco esfuerzo presupuestario para mejorar el sistema de enseñanza pública y de divulgación cultural. Nuestro país no puede reducir los gastos en la seguridad pública, todos vemos que al contrario se urge de un sensible aumento en ese rubro. Incluso estos no son realmente gastos, sino que verdaderas inversiones en el desarrollo nacional. Pero el país no puede seguir endeudándose.

Los pensamientos que salen del “tanque” de pensadores del patronato suenan huecos. Se han atrevido a proponer que se imponga a los vendedores ambulantes la TVA. La perversidad de esta gente es ingeniosa. Quieren agravar con un peso adicional la precariedad del subempleo y el raquítico poder adquisitivo de la población. La exigencia de disminuir el tren de vida del Estado no es otra cosa que la bulimia desenfrenada del patronato para recibir subvenciones y “ayudas” a la inversión. Esta actitud también es violenta, pues sustenta y justifica un estado de cosas que mantiene a nuestro país sumido en el subdesarrollo. Toda la actitud económica de la oligarquía ha sido parasitaria. Toda la producción de riquezas no ha servido para desarrollar al país, sino para mantener a una casta, que siempre ha vivido en la opulencia. Toda la acumulación de riquezas no sirvió para diversificar y modernizar la agricultura, ni mucho menos para crear las bases de una industrialización nacional.

Combatir y prevenir

No puedo dirigirme a los gobernantes de hoy, pues han optado por la militarización del país, por confiarle al Ejército un papel social que no le corresponde. El uso del Ejército para estos fines es la continuación de la aplicación de doctrinas de la “seguridad nacional”, pensadas por organismos ideológicos extranjeros y patrocinados por organizaciones ligadas a la CIA. El gobierno ha optado por continuar la labor iniciada por la derecha: el Ejército en las calles es un tramo mayor en la política agresiva del Estado oligárquico. El fracaso mexicano es patente en el uso del Ejército para fines de política interior. Pero la obediencia a los amos vuelve ciegos a los sirvientes.

No puedo dirigirme a los gobernantes de hoy, pues sus opciones no responden en nada a los intereses populares. La política de parches sociales no responde a las urgencias nacionales. Existen medidas que pueden ser el inicio de una política real de seguridad de la población, por ejemplo, el desarme total de la sociedad. Pero esta medida veja intereses privados de los mercaderes de la muerte. El aumento significativo de los efectivos policiales vendría a volver innecesarios las compañías privadas de seguridad. La subsistencia de estas agencias responde también a intereses privados. Se ha creado una comisión o un seminario para que medite sobre la ley de portación de armas, pero ¿por qué tantos remilgos para emitir una ley que puede ser de carácter profiláctico contra el crimen? La proporción de asesinatos cometidos por armas de fuego es enorme.

La restructuración de la policía implica devolverle o darle el carácter civil que los Acuerdos de Paz quisieron imponerle. Esta restructuración implica asimismo que la PCN se vuelva realmente garante de la seguridad y que obtenga la confianza de la población. La presencia policial ahora no es ninguna garantía de seguridad, pues su actitud es siempre prepotente, agresiva y violenta. Esta actitud corresponde a la ideología nacional de las relaciones sociales. El agente policial usa y puede abusar del poder que se le ha delegado. Este uso y abuso de la autoridad conferida es parte de nuestro funcionamiento social. Los maestros en las clases, los directores en las escuelas, el empleado público detrás de su escritorio, etc. practican esta “costumbre” nacional.

Una política preventiva, que por supuesto contiene una amplia franja educativa, no puede estar dirigida exclusivamente a la niñez y a la adolescencia. La violencia, el abuso de la autoridad es común en todas las edades y en todos los medios sociales. Es en el mundo adulto que tenemos que inculcar el respeto por los niños y por nuestras mujeres, el respeto y la aplicación de conductas civilizadas en el trato con los demás.

Es la sociedad que puede imponer las soluciones adecuadas para resolver este problema que tanto nos agobia. Pero para ello es necesario que renunciemos a recurrir exclusivamente a medidas violentas y represivas. Aclaro que el castigo del crimen es una parte de la política de combate contra la inseguridad, pero es necesario que entendamos algo tan sencillo, que el castigo viene siempre después del delito. Lo que nos importa es prevenir, crear las condiciones para su disminución radical y si fuera posible su desaparición. El castigo que viene después de cualquier falta debe contener su lado educativo. El castigo, todo castigo tiene que contener su aspecto preventivo. Es por eso que las cárceles tal cual están actualmente concebidas son sobre todo criaderos del crimen. El simple confinamiento, que se acompaña de un hacinamiento inhumano, debe proscribirse y ser remplazado por confinamientos con prácticas reeducativas.

Pero la medida fundamental es el cambio de estructuras económicas que contribuya a hacer desaparecer la pobreza, la miseria social. La vida precaria a la que están obligados tantos salvadoreños es fuente de incultura, de violencia sufrida y aplicada, de múltiples y profundos sufrimientos. En este mundo que predica a través de la publicidad que la realización personal consiste en el consumo de mercancías, de cualquier mercancía, útil o superflua, la pobreza es la negación de esa falsa realización personal, pero también privación de la real y verdadera realización personal a través de prácticas culturales y civilizadoras. Para ello es necesario cambiar el principio fundamental de la sociedad, el objetivo primordial de nuestras instituciones: mantener, propiciar y aumentar las ganancias privadas.