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08 abril 2010

La crisis y el FMLN

El último cuestionamiento en mi anterior artículo, ¿cuál puede ser el papel del partido político en la búsqueda de “nuevos modos” de hacer política?, merece una concienzuda reflexión. Pero este tipo de cuestionamientos no surgen en abstracto, son integralmente dictados por la realidad. En nuestro caso salvadoreño, aparece porque desde que las elecciones han sido más o menos respetadas, en las que no ha habido fraudes masivos y de alguna manera ha desaparecido el partido oficial único, como lo fueron el PRUD y el PCN, que copaban casi a cien por cien todo el aparato del Estado, desde entonces los sucesivos gobiernos le dieron la espalda al interés general. Desde que se firmaron los Acuerdos de Chapultepec y el FMLN pudo inscribirse como partido político, nos han repetido hasta la saciedad que en nuestro país se vive en democracia y que lo que nos toca ahora es afianzarla.


Los gobiernos de ARENA sumieron al país en estos últimos veinte años en una profunda crisis económica y social. La violencia, la inseguridad, la alta criminalidad, tanto de las bandas juveniles, como las agrupaciones mafiosas que trafican con la droga y las armas, el fraude fiscal, las evasiones y fugas de capitales se volvieron durante esos veinte años consubstanciales a nuestra sociedad. El recrudecimiento actual de la violencia es una resultante de ese estado.


Los gobiernos de ARENA sumieron al país en un crisis económica profunda. Cuando se decidieron a aplicar el credo neo-liberal a nuestra economía, privatizando, vendiendo nuestra soberanía, abandonando la agricultura para suplantarla por la importación de cereales, le vedaron por completo al país la posibilidad de un desarrollo económico armonioso. Toda la gestión del Estado se volcó a propiciar los intereses de un grupo oligárquico y a sus aliados las compañías transnacionales. Los gobiernos de ARENA endeudaron al país sin escrúpulos. Esta política sangró al país, provocando una emigración masiva, hasta tal punto que actualmente la tercera parte de nuestra población se encuentra en el extranjero, principalmente en los Estados Unidos. El cinismo de los políticos de derecha llegó hasta considerar a esta población como una ventaja para el país por el monto de las remesas enviadas. Hubo incluso “técnicos” de las instituciones financieras internacionales, que propusieron como solución a nuestros problemas una mejor “preparación técnica” de la mano de obra exportable. De esta manera los países receptores de mano de obra no impondrían límites a la inmigración salvadoreña y que nuestros compatriotas negociarían mejores condiciones de trabajo y mayor remuneración.


La población salvadoreña dentro de esta situación creyó mayoritariamente en la posibilidad de un cambio de orientación en la gestión gubernamental, en la posibilidad de llevar al poder político a un presidente y a un partido político que propiciaran una política económica radicalmete diferente a la que practicaba el partido ARENA. El voto en las elecciones pasadas manifestó principalmente dos cosas, un rechazo profundo a la política del partido en el poder y la aspiración, la confianza en el candidato Mauricio Funes y en el FMLN en su capacidad de cambiar el rumbo en la gestión gubernamental.


El continuismo


La situación actual no manifiesta realmente un cambio profundo de dirección. El gobierno no ha emprendido ninguna reforma que pueda indicar el deseo de transformar la gestión económica en beneficio del gran capital por una gestión en beneficio de las clases trabajadoras. El reparto de títulos de propiedad, el aumento de las ayudas sociales existentes ya durante las gestiones anteriores, el reparto de uniformes y útiles gratuitos, no constituyen realmente una clara política económica.


El país ha seguido endeudándose, nuestro gobierno sigue plegándose a los mandatos de los grandes usureros internacionales. Los acreedores financieros son presentados como nuestros salvadores, cuando en realidad nos imponen una eterna hipoteca, que tendrán que pagar las generaciones futuras, sin que la estructura profunda de la sociedad haya tenido un cambio substancial.


La violencia creada por los gobiernos anteriores sigue agravándose, la reforma fiscal resultó una broma de mal gusto, la corrupción de cuello blanco se ha convertido en un delito perdonable. El hiato entre el presidente y el FMLN es en realidad más un hecho comentado que una realidad política, pues la dirección del partido político niega su existencia. La dirección exige apenas mejor comunicación entre el presidente y la dirección partidaria y los diputados. El FMLN no manifiesta ninguna impaciencia. El ritmo presidencial es su ritmo, la política nacional, como internacional son aceptadas sin protestar. El patronato es asociado a las decisiones ejecutivas, se consulta permanentemente a la organización patronal FUSADES, su opinión es preferida a la de los sindicatos de los trabajadores y del resto de organismos representativos de la sociedad. El partido no protesta por los esfuerzos presidenciales de hacer aceptar por la comunidad internacional el gobierno hondureño salido del golpe de Estado y que sigue reprimiendo criminalmente al movimiento popular. Nuestro país forma parte de una alianza sin nombre con Colombia, México, Perú y Chile que se han vuelto los más obedientes servidores en nuestro continente de la contra-ofensiva imperialista.


Lo que esperaba la gente que votó por Funes era un aumento substancial de los salarios, la drástica disminución del desempleo, un control del precio de la canasta básica, la creación de oportunidades laborales para nuestros jóvenes, la disminución palpable de la criminalidad. Los que votaron por Funes esperaron que el país iniciara por primera vez una política internacional independiente y progresista. Como hemos visto la realidad es otra.


Lo expuesto escuetamente aquí nos muestra que la crisis política se ha profundizado. La confianza en el voto, en los hombres y partidos políticos se sigue resquebrajando. Esto lo sienten muchos comentaristas, lo expresan en sus comentarios, se manifiesta en los llamados al presidente de volver a sus promesas, de respetar su programa, los llamados que lanzan algunos a la dirección del FMLN para que asuma su responsabilidad en esta difícil coyuntura también muestran una preocupación por esta agravación política.


¿Qué papel para el FMLN?


El cuestionamiento sobre el papel del FMLN en esta situación no puede concebirse como un problema exclusivamente teórico. Se trata de algo práctico. No obstante esto no significa que el FMLN debe lanzarse a un activismo irreflexivo, tampoco puede perderse en largas e interminables reflexiones. Hay urgencia. Si en realidad se desea un cambio social, no se puede dejar a los electores que lo llevaron al poder sin explicaciones, sin proponerles soluciones ideológicas consistentes. Hasta hoy la dirección ha sido incapaz de explicar su política, la política del gobierno de Funes. Los electores son ahora espectadores de un melodrama entre aliados, el presidente y el FMLN. ¿Qué propone ahora la dirección del FMLN? Mejor, ¿qué puede proponer la dirección a los militantes, a los electores, al pueblo en general?


El problema es de capacidad política, aunque también de voluntad. El FMLN desde hace algunos años viene abandonando terreno en la batalla de ideas. Su participación en la vida institucional no se distingue realmente de la que llevan los otros partidos políticos. Por lo menos la mayoría de los salvadoreños no los considera como hombres políticos aparte. Como diputados y alcaldes enteramente entregados a la defensa de los intereses de las mayorías.


Sin embargo el FMLN conserva aún intacto el prestigio que adquirió como fuerza revolucionaria durante el periodo de la guerra civil. Este patrimonio es el que se está ahora dilapidando. Es mucho lo que se ha puesto en juego. No se trata de un juego politiquero en el que se pueda apostar al que reirá por último, reirá mejor. No se trata de mostrarse más astutos en el juego de alianzas y sorpresas, con trucos y candidatos sacados de la manga en último momento. Lo que está en juego es el destino del país.


Ante nosotros se ha abierto una ventana histórica, a través de la cual podemos vislumbrar un horizonte distinto al que nos ofrece el continuismo optado por Mauricio Funes. Pero para que esta ventana siga abierta es necesario desde ahora mostrar todas las cartas honestamente a los ciudadanos. Es urgente iniciar la organización de la población para que pueda expresarse libremente y autónomamente. Los ciudadanos deben organizarse en todas partes, en el trabajo y en los barrios. Es necesario que de nuevo muestre su creatividad, que haga el inventario de sus demandas, de lo más urgente, de lo que se tiene que resolver ahora, inmediatamente. El partido político puede cumplir un papel en este movimiento para unificar y darle coherencia al movimiento. ¿El FMLN tiene esta capacidad? ¿Tiene la voluntad de hacerlo?


No tengo ningún interés en oponer la dirección a las bases. No obstante la dirección parece como paralizada, sin poder enfrentar la realidad política, como si estuviera ante un cataclismo imprevisto. Es cierto que el viraje brusco, repentino de Mauricio Funes hacia la derecha no era previsible. Pero es ahora un hecho. Por el momento el jefe del Ejecutivo mantiene en sus puestos a los ministros del FMLN, pero su revocación es una de las posibilidades planteadas.


¿La dirección del FMLN va a aguardar hasta ese momento para reaccionar? La dirección tiene que reunir a sus bases, consultarlas, escucharlas, pulsar el estado de ánimo de sus militantes. Es necesario que los militantes puedan opinar sin temores, abiertamente. Si esta ventana se cierra definitivamente, habrá que esperar de nuevo muchos años para que vuelva a surgir una situación propicia al movimiento popular. Si la derecha vuelve, su revancha será nefasta para los trabajadores.

02 abril 2010

La crisis de la política

Meterse en política. Hacer política. El diccionario académico en internet nos da varias definiciones de la palabra ‘política’. Más abajo las voy a copiar y comentar. En ninguna de ellas se advierte algún rasgo que permita tener una actitud negativa respecto a esta actividad, ni contienen alguna apreciación despectiva. Sin embargo en muchas sociedades cuando se habla de los políticos (de las personas que se “meten en política”) con mucha frecuencia se hace en tono reprensivo. En nuestro país muy seguido hay llamados a no politizar algún problema, en casos que conciernen a la sociedad entera, que incumben a muchas personas.


Entiendo que lo que se pretende con esto de “no politizar”, no se refiere directamente a la política como actividad social, sino que se quiere prevenir del aprovechamiento del “caso” por alguno de los partidos políticos o por alguna persona con pretensiones políticas. Me llamó mucho la atención un reciente llamado a no politizar la memoria de Monseñor Oscar Arnulfo Romero por temor a que no sea beatificado, porque eso puede obstruir el proceso de canonización. No quiero por el momento extenderme sobre este caso particular, simplemente de pasada señalo que la permanente presencia del prelado en la memoria y en el corazón de los salvadoreños es un hecho eminentemente político, derivado de las posiciones en defensa de los más pobres que tuvo el arzobispo salvadoreño. Sus amigos y sus enemigos (los tuvo y los sigue teniendo) supieron valorar de manera diametralmente opuesta su manera de encarar su misión pastoral.


Volviendo al tema, este tono despectivo, reprensivo no es neutro. En cierto sentido tiene una valoración moral: lo político, la actividad política se asocia con la ambición, con el egoismo, con las intrigas, con la ausencia de reales convicciones. Los principios, las convicciones se enarbolan simplemente para ocultar oscuras ambiciones personales o partidarias. La política se asocia a la mentira, al engaño, a la hipocresía, se trata de algo moralmente sucio.


¿Esta visión tiene su fundamento? Lamentablemente es imposible negarle bases reales a este implacable punto de vista. El fraude, el robo, las malversaciones que producen enriquecimientos ilícitos son corrientes y no obedecen al interés social. En muchas ocasiones han ocurrido asesinatos ligados a la actividad política. No me refiero aquí al asesinato originado por la represión, sino por rivalidades de intereses que suceden incluso entre personas del mismo campo político, entre miembros del mismo partido.


La cuestión que se plantea socialmente es la siguiente: ¿la amoralidad es un atributo obligatorio, inherente de la actividad política? La respuesta a esta pregunta tiene repercusiones inmediatas en la vida social de las comunidades. Es innegable la importancia de la respuesta que se dé a la pregunta, al mismo tiempo responder implica asimismo una toma de partido moral y político. Por ello que sugiero que el tono reprensivo no es neutro, ni tampoco transparente o motivado exclusivamente por los hechos inmorales que he señalado. Esta actitud negativa es también inculcada, basándose evidentemente en los rasgos negativos aludidos, pero que persigue al mismo tiempo mantener alejados de los asuntos políticos a las mayorías. Esta actitud permite darle al asunto político el carácter fatal de la deshonestidad. Es por eso que se dice ya casi como un aforismo que “el poder corrumpe”. Si el “poder” corrompe, el corrompido es una víctima de las circunstancias.



Crisis global


La crisis actual de la sociedad capitalista es global, abarca todos los aspectos de la actividad social. No debe extrañarnos que la política sufra también las consecuencias de la crisis. Es por ello que es urgente analizar los aspectos políticos de la crisis del capitalismo. Arriba me referí a la definición que da el diccionario académico, se trata de definiciones de la palabra, sin entrar en detalles, ni darnos el concepto que se usa en las ciencias sociales. En la economía lexicográfica, los académicos han decidido darnos tres definiciones distintas, separadas. Estas separaciones tienen su explicación ideológica y no realmente semánticas. La primera definición tal cual aparece pudiera presentarse como la parte noble de la política y al mismo tiempo la más abstracta (teórica). El diccionario dice que “política” es “Arte, doctrina u opinión referente al gobierno de los Estados”. Cada uno de los sustantivos iniciales de la definición nos conducen hacia campos y actitudes diferentes, con distintas valoraciones. La palabra ‘arte’, por ejemplo, nos indica cierta pericia que se puede adquirir, pero que también se puede tratar de una predisposición, de un don. Al mismo tiempo podemos ligar el arte a la maña, a la astucia. Es precisamente esto último, lo que retienen sobre todo algunas personas de las doctrinas políticas de Maquiavelo.


La que he empleado para referirme al filósofo italiano, ‘doctrina’ implica una actividad intelectual que puede estar separada de la práctica, no es obligatorio, el mismo Maquiavelo es un ejemplo de un político activo y teórico. Doctrina implica ciencia, sabiduría, enseñanza. Al contrario “opinión” tiene la desventaja de recoger los aspectos negativos de la subjetividad.


La segunda definición se refiere a lo que en primer lugar tenemos presente en nuestra mente cuando hablamos de política: “actividad de quienes rigen o aspiran a regir los asuntos públicos”. Por supuesto que estas personas tienen su arte, su propia doctrina y opinión sobre la política y las aplican en su gestión de los asuntos del Estado. Hay que señalar que esta definición enuncia claramente el principal punto, el aspecto fundamental de la política: “regir los asuntos públicos”.


Los académicos nos ofrecen otra definición de “política”: “Actividad del ciudadano cuando interviene en los asuntos públicos con su opinión, con su voto, o de cualquier otro modo”. El ciudadano, el común de los mortales, don Juan de los Palotes no tiene arte, ni doctrina políticas, según los académicos apenas pueden intervenir “con su opinión”. Pero además su intervención no es permanente y lo hacen cuando opinan, cuando votan. Esto limita enormemente la actividad de los ciudadanos (prefiero el plural, la metonimia se presta a muchos equívocos). No obstante la definición académica es abierta, pues a la opinión, al voto han agregado un indefinido “o de cualquier otro modo”. Esto me parece capital, pero sobre esto voy a volver más tarde, adelanto que en este “cualquier otro modo” se centra la posibilidad de la resolución, de la superación de la crisis de la política.


Una de las manifestaciones de la crisis de la política es la pérdida de confianza de los ciudadanos en la actividad de los políticos. Esta desconfianza se ha manifestado de manera creciente en el desinterés que muestran los electores en su participación en las elecciones. En la ideología de la democracia burguesa, uno de los principales pilares es justamente el sufragio, que empezó siendo limitado a los que pagaban mayores impuestos, a los que pertenecían a las clases dominantes y sus allegados. Poco a poco se fueron ampliando las capas sociales que tenía derecho a emitir sus votos, hasta llegar por último al voto femenino y volverlo universal. El voto es la justificación de la actividad de los políticos, es en el sufragio de donde la democracia representativa obtiene su legitimidad. El voto es un momento central, es el rito por el cual los ciudadanos delegan el poder a los políticos. La pérdida de confianza en este acto, además de debilitar la confianza y disminuir la legitimidad del poder político, deja cada vez más al descubierto el inmenso hiato existente entre los ciudadanos y sus representantes. Más allá del incumplimiento de las promesas proferidas durante las campañas electorales, se trata de las consecuencias en la vida real y cotidiana que tienen las decisiones económicas y políticas.


La crisis del sufragio, momento crucial de la democracia burguesa, ha venido a manifestar claramente el carácter clasista del Estado. No todos los ciudadanos tienen el mismo nivel de consciencia de este hecho, no obstante la crisis económica obliga a los políticos a tomar decisiones que entran en conflicto con el interés común. Otro pilar de la ideología de la dominación burguesa es que el Estado es el garante del interés común, que es el organismo que vela por los intereses de toda la nación. Es por esto mismo que el tema de la unidad nacional es recurrente en los momentos de crisis política. No crean que este tema es un invento de Mauricio Funes, lo han usado los presidentes anteriores del partido ARENA, lo usan los presidentes de otros países como Italia, Francia, Alemania, España, los Estados Unidos, etc. Se trata de un tema común a las clases dominantes y a sus representantes.


Al mismo tiempo este desaliento, esta pérdida de confianza, esta apatía, este sentimiento de sentirse abandonados de los políticos por parte de los ciudadanos, casi como una sorprendente paradoja, se acompaña con el surgimiento de nuevas y profundas aspiraciones participativas. La puesta en duda de la eficacidad de la delegación del poder, de la falta de control de las decisiones gubernamentales, la imposibilidad de influir en esas mismas decisiones una vez pasado el voto, ha ido creando en la ciudadanía la ambición de cambiar, de transformar los mecanismos mismos de la toma de decisiones. Es por ello que las aspiraciones participativas por lo general son matadas en el huevo mismo.


La gente se da cuenta cada vez más que los políticos no se sienten los representates del pueblo, que no consideran sus funciones como una delegación del poder popular. Los políticos mismos han interiorizado el sentimiento de sentirse los detentores genuinos del poder y apenas si recurren al sufragio como a una simple ceremonia, como a una simple formalidad.


La crisis de la política salvadoreña



En nuestro país los presidentes de ARENA se comportaron como si se les hubiera entregado el poder para usufructo personal, como su patrimonio. Las clases dominantes soportaron esta conducta, porque al mismo tiempo ellas podían seguir beneficiando de los favores del Estado y seguir comportándose como los dueños de El Salvador. El presidente actual, ya desde la campaña electoral, manifestó justamente esta actitud repetidas veces. Sus repetidas afirmaciones en que era él, Mauricio Funes, el que iba a decidir en última instancia, relegando a su propio partido, a los miembros de su gobierno, a sus consejeros a un papel más que subalterno respecto al poder que iba a recibir. Una vez en funciones, su actitud no ha cambiado de forma, ni de contenido. Se comporta como el dueño del poder.


Para los que hayan olvidado un hecho significativo, las proposiciones de las mesas consultativas organizadas por el FMLN, dijo el candidato Funes que iban a ser “insumos” para la reflexión de su equipo. A esas mesas se supone que acudía la gente del pueblo, la que iba a votar por él, es decir, la que le iba a confiar su poder, no dárselo en propiedad. ¿Pero por qué Mauricio Funes iba a conducirse de otra manera? ¿Acaso los políticos, los dirigentes del FMLN no practican también la política de la misma manera? ¿Acaso las negociaciones que llevaron a cabo con Funes, no eran muestra de esta misma ideología? El secretismo es parte de la política burguesa, otro de sus pilares.


La crisis de la política salvadoreña es palpable. Las declaraciones del Sánchez Cerén y de Medardo González en los festejos del primer aniversario de la elección presidencial, las declaraciones de diversos dirigentes en las celebraciones del aniversario del PCS, las declaraciones en México de Medardo González muestran que es necesario buscar una salida al disfuncionamiento político. Pero la crisis se manifiesta también en la restructuración de los partidos de derecha, en sus conflictos, en su indecisión, en sus dudas. La crisis se manifiesta en la actividad parlamentaria, en la tardanza en tomar decisiones para elegir a funcionarios como el Fiscal General, los miembros de otros organismos judiciales del Estado.


Pero la principal manifestación de la crisis política es precisamente en que todo esto puede conducir a manifestaciones violentas. Los ciudadanos han visto que sus aspiraciones son burladas, que nadie asume la responsabilidad de resolver sus problemas más sentidos. Pareciera que la “gestión de los asuntos públicos” no lleva a la satisfacción de sus demandas.


Esto es justamente lo que dice el diccionario académico, cuando afirma que “el ciudadano interviene en los asuntos públicos... de cualquier otro modo”, además del voto y la emisión de opiniones. Todas las pretendidas reformas del Estado han llevado a lo mismo, a callejones sin salida. La resolución de la crisis política reside en encontrar esos “otros modos” de intervención popular. ¿A quién le corresponde buscarlos? Por supuesto que a los ciudadanos.


Pero en esto hay que tener cuidado como formulamos las cosas. Si he puesto en entredicho el discurso de la “unidad nacional”, no me voy a referir a los ciudadanos como si todos tuvieran los mismos intereses. Para muchos la crisis tal cual se manifiesta les conviene. En algunos países las clases dirigentes buscan precisamente la despolitización de la población. En los Estados Unidos, que se erige en el paladín de la Democracia, la abstención es una vieja y muy enraizada tradición, los inscritos en las listas electorales son una minoría y los que acuden a las urnas son aún menos. No obstante las temporadas electorales son espectáculos circenses que entusiasman al “populacho” como los gladiadores a la plebe romana. En muchos países europeos se busca eso mismo, un bipartidismo estéril y la ausencia del pueblo en el ejercicio político. Este es el peligro. Esta apatía conduce fácilmente a la marginación social de amplias capas de la población. La dominación de la burguesía se ve facilitada por este fenómeno de desisterés en los “asuntos públicos” por parte de los más necesitados.


Es por esto que es necesario buscar esos “otros modos” de intervención popular, pero que no aparten del voto. Pero debe tratarse de un voto con mayor consciencia política, por programas elaborados no por equipos en reuniones secretas, sino que programas ampliamente deliberados por los ciudadanos, en reuniones públicas. Los candidatos a cualquier función debe saber que se trata de una delegación. Esos “otros modos” deben tener sus propias instancias, sus propias reglas, instancias y reglas instauradas por los mismos ciudadanos, de manera transparente y profundamente democráticas. Porque la crisis de la política va aparejada por ese surgimiento de aspiraciones nuevas. ¿Qué papel puede jugar en esto el partido político?

Rompo mi silencio sin censuras...

He tenido que guardar silencio por problemas técnicos. Hace unos días recibí la información que Google había censurado a un periodista cubano. La censura consistía en el cierre de su blog y del buzón electrónico de La Isla Desconocida.

Hoy traté de verificar la noticia y me he encontrado con el blog que le ha sido restituido al bloguero cubano, Enrique Ubieta Gómez. Al parecer la solidaridad con este bloguero fue grande y la bulla que se armó iba creciendo. La compañía Google emitió un comunicado explicando el cierre por motivos estrictamente técnicos: el detector automático de spams lo cerró pues lo catalogó como una fuente de ese tipo de intrusos. Google afirma que en este procedimiento no hay intervención humana y que no se trataba de una censura política.

Les pongo aquí mismo el enlace hacia La Isla Desconocida, particularmente hacia un artículo donde se cuenta el caso del cierre. Por otro lado les pongo una entrevista que dio Enrique Ubieta Gómez a un cotidiano alemán en donde habla de los blogueros cubanos y de su postura.

Les recomiendo la lectura de este blog.

18 marzo 2010

¿Puede el FMLN invertir la situación?

Indudablemente nos encontramos en una situación política muy extraña, muy sui géneris. Por un lado tenemos a un presidente que bajo el pretexto de que es «el presidente de todos los salvadoreños» se desliga del partido que lo llevó a la presidencia. Se desliga, a veces se opone y otras hasta lo amonesta con fuertes vituperios. El FMLN, el vice-presidente que además es ministro y dirigente del partido, el domingo pasado, durante un mitin, se atrevió públicamente a pedirle mayor comunicación con el partido.


Todo presidente, una vez en funciones, no es sólo el presidente de los que lo eligieron, sino que de todos los salvadoreños, esto es una perogrullada. La separación de los partidos políticos de los distintos poderes del Estado consiste en no instrumentalizarlos. Es lo que han expresado los dirigentes del FMLN, cuando han dicho que su partido no se va a volcar en las diferentes dependencias y no va a tomar el estado como algo patrimonial. Esto es lo que pasa ahora y que contrasta totalmente con lo ocurrido durante los gobiernos anteriores. La independencia del jefe del Ejecutivo ha sido tal que los nombramientos de ministros y directores de las instituciones autónomas no fueron consultadas con el FMLN.


No obstante el presidente se ha alejado del FMLN, no solamente de manera institucional, sino que políticamente. Con esto ha producido sorpresas en algunos y en otros hasta descontento. Los amoríos políticos con la Administración estadounidense va más allá de la simple cooperación: a tal punto que Obama «apoya» la proposición de Funes de reintegrar a Honduras a las instancias regionales y continentales. ¡Funes se les adelantó! Esto es mucho más que un favor. Funcionarios estadounidenses declaran que el presidente de los Estados Unidos quiere hacer de la «cooperación» con el gobierno de Funes un «modelo» de las relaciones de su país con los gobiernos de América Latina.


Desequilibrio institucional


La situación institucional, en la que el partido que llevó a Funes a la presidencia no tiene la mayoría en la Asamblea, le crea dificultades para hacer escuchar su voz y sus proposiciones de manera autónoma. Es justamente esto que aprovecha Mauricio Funes. Si el FMLN con sus propios votos pudiera obtener mayorías, la situación realmente fuera otra.


El FMLN ha tenido que asociar sus votos con los de los diputados de la extrema derecha salvadoreña. La derecha aprovecha asimismo este desequilibrio institucional. Es por eso que con mucha tranquilidad pueden votar junto al FMLN e incluso negociar, regatear sus votos. El caso extremo fue cuando toda la derecha se retractó de su voto después de que el presidente señaló un error de nominación del robo que perpetran las compañías de teléfono. En esa ocasión dejaron al FMLN insistiendo y protestando solo y como un solo hombre apoyaron al presidente en su defensa de las transnacionales de teléfonos.


Pero el número de diputados no refleja toda la correlación de fuerzas en la vida pública salvadoreña. El partido tiene una audiencia que va más allá de sus resultados electorales. Esta circunstancia es en cierta medida un freno para el presidente. Digo en cierta medida, pues poco a poco va sintiendo que las bridas se aflojan y su trote hacia la derecha se va conveirtiendo en galope.


La paradoja es que los diputados efemelenistas para mostrar su «resistencia» al presidente, insisten en apoyar una medida que tiene origen en la derecha. Me refiero al aumento de los años de cárcel para menores de edad. Esta medida que no resuelve en nada la violencia, pues su efecto en la prevención es totalmente nulo. Ni la pena de muerte en vigencia en muchos Estados de los Estados Unidos evita en que se cometan todo tipo de crímenes. No son las penas las que combaten el delito, sino que medidas sociales y ecónomicas.


El presidente ha vetado esta medida porque la juzga anticonstitucional y contraria a los Tratados internacionales suscritos por El Salvador. El FMLN busca superar el veto aliándose al partido ARENA. Funes, en un descaro mayúsculo, le recuerda a los diputados del FMLN que siempre se opusieron a las medidas represivas, que siempre estuvieron en contra de este tipo de medidas por su ineficacia. Les recuerda que se opusieron a las leyes «Mano dura» y «Mano superdura».


En realidad la posición que defienden los diputados es contraria a sus principios. Esto es evidente. Pero el reclamo que les dirige Funes es un descaro. Porque tras andar prometiendo que llevaría a tribunales a todos los corruptos, declara ahora que no le interesa «perseguir a los corruptos». La pirueta de que lo que pretende es eliminar las fuentes de la corrupción y que es lo más importante, no deja de sorprender. Pues una de las principales fuentes de corrupción en el pasado ha sido la partida secreta. Funes la ha conservado y no hay hasta ahora nada transparente que nos informe sobre el uso que se hace de esos millones. Por otro lado su declaración es un himno a la impunidad de la criminalidad de cuello blanco.


Funes también podría recordarles a los dirigentes y diputados del FMLN que siempre estuvieron por la desdolarización de la economía salvadoreña y el retorno a la soberanía monetaria. No lo hace pues desde la campaña abandonó este objetivo nacional. Y el FMLN calló primero y justificó después.


El oportunismo electorero


Es este tipo de abandonos, es este tipo de desvíos en que los dirigentes del FMLN se pusieron en posición de debilidad. Su actitud fue entonces oportunista, llamarle la atención a Funes por esas declaraciones, pensaron entonces que ponía en peligro la victoria electoral. Antepusieron ganar las elecciones sin principios a dejar establecido un derrotero firme de transformaciones necesarias. Funes con sus desplantes durante la campaña fue marcando territorios como un predador.


¿Puede el FMLN invertir esta situación? Por mi parte creo que sí. Pero para ello necesitan realmente volver a objetivos de transformación nacional y no perseguir solamente objetivos electorales. Para echar a andar esos objetivos de cambio el FMLN tiene el peso suficiente en la sociedad, en el seno del pueblo. La lucha política no se lleva únicamente en el parlamento, la lucha real por las consciencias se lleva en las fábricas, en las oficinas, en los talleres y en los barrios, El FMLN tiene que dejar de ser una máquina electorera y volver a ser un partido político en íntimo contacto con la gente.


Los dirigentes del FMLN han optado por seguir aparentando que no hay divergencias con Funes, que apenas se trata de un problema de comunicación. Una vez más se están comportando con oportunismo y con falta de visión política. El pueblo se da cuenta que el cambio no llega, que los avances de los que se habla son muy pocos y pesan livianamente en la vida real de los pobres. Esas medidas nadie las menosprecia, pero tampoco podemos sobrestimarlas.


Los dirigentes piden que se hable con una solo voz, que todos tengan el mismo discurso. ¿Es posible? De manera general se puede llegar a esa situación, pero para ello es necesario que todo el mundo esté convencido de la justeza del discurso. Pero si el presidente se muestra servil ante el imperialismo y se le adelanta a sus deseos, si nuestro gobierno se ha convertido en el «modelo» de las relaciones que desean tener los imperialistas con el resto de países del continente. ¿Hay que olvidar la IV Flota? ¿Hay que olvidar el golpe de Estado que propiciaron en Honduras y el apoyo que le dieron a los golpistas? ¿Hay que olvidar las bases militares desperdigadas en todo el continente y aumentadas ahora en Colombia? ¿Hay que olvidar que los Estados Unidos persisten en el infame bloqueo contra Cuba? ¿Tenemos nosotros los salvadoreños que olvidar la participación de los Estados Unidos en el conflicto pasado, su intervención descarada contra nuestro pueblo?


Para poder hablar con una sola voz es necesario la íntima convicción. Para ello es necesario la persuasión. Pero para persuadir es necesario aportar argumentos y aceptar que todos puedan traer sus propios argumentos. Para hablar con una sola voz es necesario que funcione la democracia y que se delibere sobre la situación política actual.


La situación política no corresponde a la que previeron los dirigentes del FMLN. Es ante esta verdad que cierran los ojos y quieren que todos los cerremos.

16 marzo 2010

Divisa guanaca y revolucionaria

Hubiera sido mejor poder leer por entero los textos de las intervenciones de Sánchez Cerén y de Medardo González. Los busqué infructuosamente en el sitio oficial del FMLN y en el de Sánchez Cerén. Lo que tengo son apenas unas cuantas frases publicadas en los sitios de los diarios salvadoreños. Por la repetición de las mismas frases he llegado a suponer que la tijera con que cortaron a los periodistas salvadoreños es la misma. Aunque tal vez se trate de un acierto y esas frases sean el meollo de lo que dijeron los dirigentes del FMLN.

En el resumen de los logros del gobierno se ha mencionado los paquetes escolares, la pensión a los ancianos sin recursos, la entrega de títulos de propiedad a los campesinos, la eliminación de las cuotas tanto en la enseñanza, como en los hospitales. Al parecer esto indica que se va por el camino de crear las bases para la futura sociedad socialista. Una vez más se ha hecho mención de este objetivo y Medardo González ha vuelto a decir que es el pueblo quien va a decidir como será el socialismo salvadoreño. Luego habló de la urgente necesidad de mantener la unidad monolítica del partido y recomendó que todos tengan el mismo discurso. Fue en este momento en que tuvo la muy bien lograda frase de que no es correcto que “unos digan unas babosadas y otros otras babosadas”.


En lo que respecta al discurso de Sánchez Cerén los periodistas han recogido que ha recordado a todos que “juntos fuimos elegidos y que juntos tenemos que avanzar”. Y sobre todo se ha señalado el pedido a Funes de que tenga mayor comunicación con la dirección del FMLN.


A este último punto el presidente acaba de prometer remediar y dar una comunicación “más expedita”. Es lo que informó LPG.


¿Es acaso falta de comunicación el hecho de que el presidente tenga una relación previligiada con el gobierno de los Estados Unidos y que declare que ya no podemos acusar al imperialismo de ser responsable de nuestro atraso? ¿No se han enterado los dirigentes del FMLN que Funes es el abanderado de la reintegración del gobierno bastardo de Honduras a las instancias oficiales de Centroamérica y del Continente? ¿Realmente se trata en esto de falta de comunicación? Aquí el problema es de saber si el FMLN tiene o no capacidad de emitir un juicio al respecto. Si acepta para su propia política dar este viraje. En fin si tiene la capacidad de oponerse a esta política. ¿O es aquí donde entra a funcionar eso de que todos, los diputados, los alcaldes, los otros ediles, los dirigentes, los militantes tienen que tener el mismo discurso que tiene el jefe del Ejecutivo? Porque lo que se afirma es el indefectible apoyo al presidente de parte del FMLN. La recíproca no se plantea, no cabe.


No creo que fue por falta de comunicación que los diputados del FMLN y el presidente no entraron en un acuerdo respecto al pago del peaje telefónico. Se trata de oposiciones en el manejo de este tema, el presidente decidió defender a las compañías transnacionales y los diputados del FLMN quisieron aliviar los bolsillos de los hogares salvadoreños. En esto simplemente se ha demostrado que en algunas cosas hay antagonismo de intereses. ¿Cómo hablar el mismo lenguaje en este caso? ¿Cómo hacer destello de granítica unidad en este caso?


En todo caso como divisa de lucha, en el día de festejos de la victoria, de proponer todos el mismo discurso, la misma explicación, tal vez la misma falta de reflexión. En todo caso si es inapropiado de “no podemos andar hablando babosadas uno y babosadas otros” La divisa es que todos digamos la misma babosada.... ¡Reconfortante dialéctica!

13 marzo 2010

Síntomas de la realidad salvadoreña

1—. No he visto las fotos que publicó La Prensa Gráfica. No creo que haya perdido algo, tal vez la confirmación adicional de la baja calidad moral de la información que le sirven los medios a los salvadoreños. Desde hace años los medios le infunden miedo a sus lectores, oyentes y videntes. Se trata de una guerra ideológica. Se sabe que el miedo no es propicio para la reflexión, que mueve a lo primario, a lo bajamente instintivo.


Pero hay otro punto que me parece importante. Los medios han logrado convencer a los salvadoreños que la mayoría de crímenes de sangre que se cometen en el país, son perpetrados por jóvenes. Por mucho que las cifras oficiales de la Fiscalía y de la policía digan que los crímenes cometidos por menores de edad no superan el 12%, los comentarios y la “información” sobre la criminalidad juvenil es la que ocupa mayormente la atención de todos.


Los diputados no ignoran las cifras de las que hablo. No obstante con la ley que aumenta los años de cárcel para menores de edad, contribuyen ampliamente en esta campaña. No obstante es necesario que nos preguntemos las razones de esto. ¿Cuál es la otra criminalidad que corroe los cimientos de la sociedad?


Me refiero a la criminalidad de grueso calibre, la que tiene capacidad de organizarse, de intervenir en las esferas del poder, que puede intervenir para retardar o anular la intervención de los administradores de la justicia. Andar en pandilla no te hace miembro de una organización criminal, aunque los crímenes que se cometen, tengan los aspectos más salvajes de nuestra realidad actual. Los mareros pueden servir de sicarios al crimen organizado, pero les faltan los medios intelectuales y las infraestructuras económicas para tener dobles contabilidades, almacenes, cuentas corrientes, transferencias de capitales, lavado de dinero, compra de consciencias. Esa gran criminalidad tiene medios suficientes para comprar el silencio y sobre todo su impunidad.


2—. La toma de la UES es sintomático del carácter despótico de toda nuestra sociedad. El rector se ha comportado como un jefe de patrulla rural de los años cuarenta del siglo pasado. Felizmente no tiene machete, pero toda su actividad respecto a las exigencias de los no inscritos se ha apegado a la “doctrina de la seguridad” elaborada por los sectores más oscuros del imperialismo norteamericano. Ningún diálogo, los criminalizó, les dio un apodo, trató de intimidarlos, llamó a los policías (un rector que pide a las fuerzas represivas que le ayuden) y hace campaña para que la fiscalía aplique una de las más aberrantes leyes de nuestra legislación: “la ley antiterrorista”. Y lo que hacen esos desafortunados bachilleres es una manifestación contra la política presupuestaria de los gobiernos sucesivos. Fíjense que no estoy hablando de un mesonero, estoy hablando del rector de la Universidad Nacional. Su lenguaje es de guerra. El principal centro del humanismo universal es incapaz de resolver un conflicto por el diálogo. La violencia primera es la de negarle a nuestra juventud la educación que merece. No cabe alegar que sus notas fueron menores que la que se requiere para entrar a la Universidad. ¿Quién es el responsable? ¿Quién les dio el título de bachiller? El examen de admisión se ha instaurado con el fin de proceder a una selección, que en definitiva resulta ser una selección social. Pues si el examen es académico, los resultados dependen en mucho de las oportunidades de aprendizaje que ofrecen las condiciones económicas de los estudiantes.


Pero el título de bachiller debería ser suficiente para ingresar a estudiar a una institución de enseñanza superior, ya sea técnica o general. El problema del cupo es un problema mayor, es un problema nacional, no es un problema secundario. La enésima toma de la universidad tiene la virtud de plantear una vez más este problema. ¿Cómo resolverlo? El rector en vez de andar de la Seca a la Meca poniendo queja, cumpliría mejor su función instaurando un debate público sobre este problema y ofrecer su propia reflexión en tanto que primer académico del país.

11 marzo 2010

No se busquen en la lista...

La noticia le ha dado vuelta al planeta, el hombre más rico del mundo es un mexicano: Carlos Slim. Esta noticia anual alimenta crónicas mundanas y sirve anualmente para entonar himnos al capitalismo triunfante e igualitario. Por lo general los hombres más ricos vienen de familias pobres que gracias a sus esfuerzos han llegado a la cima social y económica. La saga del ingeniero Slim comienza con una libretita de ahorro que le entregó su padre… Ven que fácil es educar y volver a sus hijos multimillonarios. ¡Padres y madres a regalar libretitas de ahorro a sus hijos!

Pero más allá de estas crónicas, me he estado preguntando ¿qué peso tiene en esa lista de afortunados cada uno de los que le pagan a Carlos Slim el injustificado peaje telefónico, tan encarnecidamente defendido por Funes y votado por la derecha unida? Pero aún más allá de esto me he preguntado ¿qué peso tiene cada uno de estos salvadoreños con teléfono fijo en la preocupación presidencial? El empleado de Carlos Slim, el que dirige su compañía de teléfonos en El Salvador, tiene el número personal del presidente y puede llamarle para amenazarlo. ¿Ven la diferencia?


En todo caso, no cuquemos mucho al mexicano, que un día de estos se le puede ocurrir comprarnos a todos en alguna subasta organizada por la OEA.


Un consejo, no se busquen en la lista

09 marzo 2010

El pensamiento de Marx en El Salvador

A pesar de que sea importante, hasta fundamental, tener en cuenta que la palabra «socialismo» se refiere a una formación social de transición, que de acuerdo con Marx y Engels es el comunismo el futuro de la humanidad, no voy a entrar en estos momentos en estos distingos, pues me conduciría a desarrollos teóricos bastante complicados y suficientemente amplios, que van mucho más lejos del modesto fin que persigo en este artículo. No obstante deseo dejar constancia de que tener como objetivo el socialismo puede conducir de nuevo al mismo tipo de errores que se cometieron en los países del Este europeo, en los que el socialismo se volvió permanente y lo que es peor derivó hacia lo que muchos han llamado “capitalismo de estado”.


Mi propósito como ya lo he dicho es modesto. Hace ya algún tiempo escribí algo sobre el marxismo en El Salvador, constatando que en realidad nunca existió verdaderamente, por las condiciones de represión que acompañaron cualquier intento de introducirlo en el país. La falta de libertad de expresión y difusión durante décadas y el carácter clandestino de las organizaciones revolucionarias que adolecieron de un centralismo exacerbado, de un verticalismo en el que la dirección tenía la primera y última palabra fueron reales obstáculos para su nacimiento y desarrollo. Para que el marxismo se desarrolle, necesita de un ambiente completamente distinto. La posibilidad de divulgar los textos, de estudiarlos detenidamente (insisto en esto, no se trata de leerlos, de recorrerlos, sino que de estudiarlos). Además es imprescindible al mismo tiempo la plena libertad de expresión.


No obstante existe un problema terminológico que conlleva serios problemas teóricos. El mismo término “marxismo” tiene sus bemoles. Algunos recordarán que Marx rehusó ser llamado “marxista”, lo que implica de alguna manera que tampoco reconocía la existencia de algún marxismo. Este “ismo” puede inducir a considerar que el pensamiento de Marx y de Engels puede ser encerrado al interior de un marco doctrinario, imponiéndole la forma de un sistema acabado y cerrado. En realidad fue lo que pasó. La reducción en doctrina, en sistema acabado tuvo varias formas que lo fueron anquilosado o como dijera Lenin envileciendo. Esto ocurrió sobre todo en el mismo movimiento comunista y particularmente en la difusión de manuales y “catesismos” en los que se suplantaba con dogmas, frases hechas, fórmulas aplicables siempre y en todo lugar al pensamiento vivo de la dialéctica materialista y del materialismo histórico. En nuestro país en donde la mayoría ya sepultó el “sistema comunista” sin que éste haya existido y en el que sin real conocimiento del asunto se declara obsoleto al “marxismo”, resulta casi absurdo querer introducir una discusión de este tipo. Pues como ya hemos dicho la difusión del pensamiento de Marx y de Engels fue realmente inexistente en nuestro país y lo que lo suplió fueron las “catecismos estalinianos”.


Los enemigos del pensamiento revolucionario siempre lo han ocultado, lo han ignorado y sobre todo lo han caricaturado. Aunque para crear estas caricaturas los ideólogos de la burguesía recibieron la preciosa ayuda de los “marxistas” que propagaron dogmas y todo tipo de alteraciones.



Una pregunta útil



No obstante hay personas pueden intrigarse y preguntar ¿para qué necesitamos en El Salvador al “marxismo”? Esta pregunta no es ociosa. Pues requiere una respuesta satisfactoria tanto desde el punto de vista teórico, como práctico.


Marx es tal vez uno de los más grandes pensadores del mundo moderno y al mismo tiempo uno de los menos conocidos. Los aportes de Marx al conocimiento y al entendimiento de la sociedad capitalista sin innegables, sus aportes fundadores a la ciencia de la historia son reconocidos universalmente, su revolución filosófica —aplicación concreta y desarrollo de la dialéctica materialista— aún no ha terminado de dar todos sus frutos. Por mucho que se le haya denigrado, que se le haya dado por muerto, el pensamiento marxiano sigue vigente pues las condiciones históricas que le vieron nacer, aun habiéndose transformado profundamente, siguen vigentes por lo esencial. Es más la profunda crisis del capitalismo de hoy exige de nosotros una comprensión renovada de los mecanismos de la sociedad y la búsqueda de soluciones concretas que plantea la misma sociedad capitalista. ¿Dónde mejor que en Marx encontrar las herramientas conceptuales, los métodos de investigación para la inteligencia del mundo actual en crisis?


Es totalmente innegable que muchos aspectos concretos de los análisis de Marx han caído en obsolescencia, no obstante en esos mismos análisis podemos encontrar justamente la puesta en marcha práctica del pensamiento dialéctico. Marx es el pensador de lo concreto, sus obras están repletas de análisis de situaciones concretas, de fenómenos sociales y de todas las contradicciones reales en que se debate el capitalismo.


En nuestro país se plantea la necesidad de un cambio radical. Es esta la manera eufemística que tienen de expresarse los que aspiran a un cambio profundo de la sociedad o dicho de otro modo, de un cambio de formación social. Actualmente la burguesía y sus órganos de dominación ideológicos le han impuesto a las fuerzas revolucionarias el abandono como objetivo de lucha la trasformación revolucionaria de la sociedad salvadoreña. El socialismo que estuvo planteado durante años como un objetivo inmediato, se ha vuelto casi en un ideal inalcanzable o una ilusión quimérica. Existe en los estatutos del FMLN como objetivo, pero en la actividad diaria de propaganda política este tema está totalmente ausente. El partido en tanto que tal no lleva una batalla ideológica por retomar en este sentido la iniciativa, de revertir el estado actual de correlación de fuerzas en el campo de las ideas.


En los últimos meses, de manera esporádica se ha vuelto a hablar de socialismo, indicando que el socialismo en nuestro país no seguirá ningún modelo y se hará cuando y como lo decida el pueblo. Pero esto sin más detalles y siempre como un objetivo remoto. No obstante el FMLN se ha comprometido a pertenecer a la V Internacional Socialista convocada por el presidente venezolano Hugo Chávez. Por el momento parece que no hay mucha gente que se precipite a formar parte de la nueva organización internacional, aunque ha habido declaraciones más o menos aprobatorias.



La V Internacional Socialista



En lo que concierne esta adhesión a la V Internacional Socialista por parte del FMLN merece algunos comentarios. Mi primer comentario es que la decisión fue precipitada, me parece que Chávez lanzó la idea al aire esperando reacciones, pero sin ningún concepto, ni idea determinada. Por el momento muchos partidos que estuvieron presentes en el acto de lanzamiento aún siguen a la expectativa del desarrollo de los acontecimientos. Es la actitud, por ejemplo, del Partido Comunista de Cuba. Es necesario recordar que las experiencias desastrosas de las anteriores Internacionales mueve a la prudencia. Hay otro aspecto criticable en esta precipitada adhesión de parte del FMLN a la V Internacional Socialista. Me refiero al carácter antidemocrático de la decisión. Se trata de un cambio de estatuto del FMLN, que normalmente debe de ser discutido y aprobado por los miembros reunidos en congreso ordinario o extraordinario. Esto si realmente se trata de un partido regido por el centralismo democrático. ¿Pero ha existido alguna vez este centralismo democrático en las organizaciones revolucionarias de El Salvador? He señalado arriba que las condiciones de clandestinidad y de guerra en las que han vivido las organizaciones revolucionarias salvadoreñas les impedían prácticamente tener un funcionamiento que no fuera el verticalismo radical. Este verticalismo sigue existiendo y un ejemplo de ello es el hecho que estoy comentando.


Un acto de tal importancia debería de haber provocado una discusión abierta entre los miembros del FMLN, me refiero a todos los miembros del FMLN. ¿Podrán dar su opinión alguna vez sobre los objetivos y modos de organización de la nueva Internacional de la que obligatoriamente serán miembros? ¿Están en la posibilidad práctica de hacerlo? Me refiero a su preparación teórica y a la costumbre de una reflexión profunda en la elaboración de la política de su partido.


Acudir a una Internacional que fatalmente va a coordinar acciones, que va a fijar objetivos de lucha, que va a configurar y preparar programas exige de los miembros del partido individual y colectivamente la capacidad y la libertad absoluta de poder determinarse. El FMLN va a proceder como siempre, va a crear una comisión que preparará las posiciones y los textos. Los militantes tendrán a lo sumo el derecho de aprobarlos.


Vuelvo a las declaraciones de que en El Salvador el socialismo se hará cuando y como el pueblo decida. Esto me parece justo, muy justo. No obstante esta decisión popular no puede ver la luz si no hay discusión sobre qué significa concretamente participar a la construcción de una nueva sociedad, que obligatoriamente será inédita, pues tendrá las características nacionales que el pueblo mismo irá inventando. Esto implica redifinir cuáles son las fuerzas sociales de la sociedad salvadoreña que actuarán activamente en la superación del capitalismo, implica saber de qué manera se hará la apropiación de los medios de producción por los trabajadores, implica saber qué vías políticas concretas tomará el proceso de las transformaciones revolucionarias de la sociedad salvadoreña. Responder a estas cuestiones no es un asunto de un grupo de personas reunidas en una comisión.


Al mismo tiempo las respuestas no van a aparecer de manera espontánea en el seno de las clases sociales implicadas en la transformación social. Es necesario que la teoría revolucionaria venga a instruir al movimiento social, para ello no basta con campañas de propaganda. No niego su necesidad, pero esto es apenas un momento inicial de la toma de consciencia. Aquí llego al punto en donde la fusión íntima de la teoría y la práctica revolucionarias urgen de un profundo aprendizaje colectivo de los instrumentos conceptuales y de los métodos del pensamiento revolucionario de Marx y de Engels. Ir directamente a los textos de Marx y de Engels es hoy por hoy una tarea urgente, pero no se puede realizar de manera precipitada. El pensamiento revolucionario necesita de libertad para desarrollarse, necesita de discusiones abiertas, de la capacidad de escuchar, pero también de la capacidad de deliberar colectivamente.