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11 marzo 2015

Contradicciones X



Creo que la dialéctica no se puede reducir a la unidad y lucha de contrarios.  Espero ver la continuación de la exposición que explique los saltos de calidad, las negaciones y los métodos”. Esto es lo que uno de mis lectores ha dejado en los comentarios en uno de los artículos de esta serie.

Así dicho me resulta un tanto caricaturante para lo que venía escrito ya hasta ese momento en mi exposición, pues creo que ya había mostrado en qué consiste la unidad de los contrarios, que por supuesto no ha quedado expuesto de manera exhaustiva, mas espero que por lo menos se entienda qué son realmente los contrarios y en qué consiste esa unidad. Y la lucha de los contrarios es lo que nos lleva a la resolución de la contradicción misma. La contradicción consiste en la negación. O sea que se incluye en la exposición misma de la contradicción. Es posible que la categoría “negación” aún no haya quedado ni clara, ni tampoco la he expuesto aparte.  No obstante es necesario insistir que esta categoría en el sistema de Hegel se supedita a la unidad e identidad de los contrarios y se trata del límite de la cosa y de allí la posición del ser determinado. En Marx la cosa se presenta de otra manera, pero no deja de abarcar (”asumir”) lo hegeliano, hay un desarrollo, porque digamos que existen dos tipos de negación, La primera que se le puede llamar de funcionamiento: que es la determinación material o intelectual de un término de la contradicción como otro de un otro en la contradicción no-antagónica y de adversario del  otro en la contradicción antagónica y que es con esos otros que forman la unidad de la contradicción. La segunda es la negación de desarrollo que es la acción material o intelectual por la que un momento anterior del desarrollo es suprimido o superado.

El famoso “salto de calidad” no se puede ni siquiera abordar sensatamente si no lo referimos a la contradicción, pues se trata de una de las resoluciones de ésta. El estimado lector que afirmaba “que la dialéctica no se puede reducir a la unidad y lucha de contrarios” no se daba cuenta que la dialéctica no es que se reduzca a la contradicción, sino que trata de la contradicción y todo el desarrollo de la dialéctica no se puede exponer afuera de los principales problemas y temas que tienen que ver con la unidad e identidad de los contrarios. Todas las grandes categorías filosóficas se tienen que abordar en su desarrollo, lo que implica verlos en su funcionamiento contradictorio.

Muchos de los manuales sobre el marxismo que circularon desde mediados del siglo XX presentaban este famoso “salto cualitativo” como una de las tres leyes fundamentales de la dialéctica materialista, junto a la unidad de los contrarios y la lucha de los contrarios. Otros manuales convertían estas dos últimas categorías en una sola ley y agregaban la negación de la negación como otra ley. Sobre esto hay mucho que decir, empero es imposible admitir aunque fuera a lo largo algunos renglones lo sensato de tales alegaciones. Esta es la prolongación del esquematismo al que llevó Stalin a la dialéctica, aunque en parte fuera culpable de esta deformación Engels mismo por algunas formulaciones un poco ambiguas. Pero la dialéctica no es una ciencia, sino que una lógica, una directiva para pensar, de la dialéctica no se puede obtener ningún conocimiento concreto de la realidad por mera aplicación de sus “leyes”. Los conocimientos se obtienen del estudio concreto de una realidad concreta, pero las ciencias y las técnicas tienen sus propios métodos, la dialéctica en tanto que lógica puede ayudar a pensar estos mismos métodos y los resultados obtenidos. Pero la dialéctica no es una filosofía que esté sobre las ciencias y las dirija o pueda dirigirlas.

El cambio de calidad de una contradicción es en realidad una alteración en su determinidad, dicho de otra manera, cambio en su esencia. Esto se vuelve efectivo en las contradicciones antagónicas y en las no-antagónicas. La determinidad posee dos momentos distintos —anoto esto aquí para no dejar en el aire una categoría fundamental de la dialéctica—: la determinación y la disposición. La determinación es el algo en cuanto lo que es en sí; la disposición (algunos dicen “posición”) es lo que un algo es para-otro. Estos dos momentos no se toman aisladamente, sino que en permanente respectividad, es decir, cada uno se refiere al otro en permanencia, esta respectividad constituye la cualidad de ese algo. El cambio puede suceder ya sea en la determinación o en la disposición, pero como ambos son momentos de la determinidad, momentos de la calidad, poco importa qué es lo que cambia primero porque su respectividad (el relacionarse mutuamente, el asumirse) cambia y al cambiar cambia la naturaleza del algo, de la cosa.

Si impone agregar una elucidación de lo que significan los términos asumir y asumido, se trata nos dice Hegel de “una determinación fundamental que retorna sin más por todas partes, y cuyo sentido hay que aprehender determinadamente, diferenciándolo en particular de la nada.— Lo que se asume no se convierte por ello en nada. Nada es lo inmediato; un asumido es por el contrario un mediado, lo que no es, pero como resultado que ha surgido de un ser. Tiene aún, por consiguiente, en sí la determinación de la que procede.

Asumir tiene en el lenguaje el doble sentido de significar tanto conservar, mantener, como igualmente hacer cesar, poner punto final. El conservar incluye ya dentro de sí lo negativo de que algo venga a ser privado de su inmediatez y, por ende, de su estar abierto a las influencias exteriores, y ello con el fin de mantener ese algo. — Así, lo asumido es algo al mismo tiempo conservado que no ha perdido sino su inmediatez, pero no por ello ha desaparecido”.
Determinado con más exactitud, lo asumido es aquí algo asumido solamente en la medida en que ha pasado a entrar en unidad con su contrapuesto; en esta determinación precisa, él es algo reflexionado y puede ser llamado, convenientemente, m o me n t o. —“

O sea en la unidad que hemos nombrado devenir el ser y la nada son momentos, sus momentos. “Ser es ser y nada es nada solamente en su diferencialidad del uno respecto al otro; pero en la verdad de ambos, dentro de su unidad, ellos han desaparecido como esas determinaciones y son ahora algo otro. Ser y nada son lo mismo; porque son lo mismo, por eso no son ya ser y nada, y tienen una determinación diversa: dentro del devenir, fueron surgir y perecer, dentro del estar, en cuanto unidad determinada de otro modo son a su vez, momentos determinados de otro modo.”

Voy a darles un ejemplo, el fonema es la unidad de un sonido y de la percepción mental de ciertas características de ese sonido. Ambas no son lo mismo mientras estén separadas, mientras no entren a formar parte del sistema fonológico de una lengua determinada. Una vez ya formando parte de éste, la percepción mental (auditiva) y el sonido mismo conforman el fonema: la percepción y el sonido son momentos del fonema, dejan de ser lo que eran antes, ahora han pasado a ser lo mismo, han sido asumidos, ya no se diferencian en la unidad “fonema”. Pueden ver también este otro material, haciendo clic aquí.





05 marzo 2015

Contradicciones IX



Voy a citar directamente un largo párrafo de Mao que viene al inicio de “Sobre el tratamiento correcto de las contradicciones en el seno del pueblo”:

“En nuestro país, la contradicción entre la clase obrera y la burguesía nacional hace parte de las contradicciones en el seno del pueblo. La lucha de clases entre la clase obrera y la burguesía nacional es, en general, una lucha de clases en las filas del pueblo, porque la burguesía nacional de China tiene doble carácter. En el período de la revolución democrático-burguesa, ella tenía en su carácter tanto un lado revolucionario como otro conciliador. En el período de la revolución socialista, al tiempo que explota a la clase obrera obteniendo ganancias, apoya la Constitución y se muestra dispuesta a aceptar la transformación socialista. La burguesía nacional difiere del imperialismo, la clase terrateniente y la burguesía burocrática. La contradicción entre la clase obrera y la burguesía nacional, que es una contradicción entre explotados y explotadores, es de suyo antagónica. Sin embargo, en las condiciones concretas de China, esta contradicción antagónica entre las dos clases, si la tratamos apropiadamente, puede transformarse en no antagónica y ser resuelta por medios pacíficos. Pero la contradicción entre la clase obrera y la burguesía nacional se convertirá en una contradicción entre nosotros y el enemigo si no la tratamos como es debido, es decir, si no aplicamos la política de unidad, crítica y educación respecto a la burguesía nacional, o si ella no acepta esta política nuestra”.

La ausencia total de rigor teórico salta a la vista en este párrafo. La determinación antagónica de la contradicción entre las clases de la sociedad capitalista es tratada como una variable circunstancial y no como esencial de la contradicción misma. Incluso que en el párrafo mismo, Mao Tse-tung nos dice que “La contradicción entre la clase obrera y la burguesía nacional, que es una contradicción entre explotados y explotadores, es de suyo antagónica”. Empero este “de suyo” no es esencial para Mao, pues depende de algo externo, de “las condiciones concretas de China”. O sea que lo que sirve de fundamento para caracterizar esta contradicción, es decir, la explotación que la clase burguesa ejerce sobre los asalariados, puede desaparecer por un simple tratamiento apropiado. Mao confunde la política en una circunstancia dada y las posibles soluciones a la contradicción y la esencia misma de la contradicción. Esto significa que el antagonismo no reside en sí en la contradicción, sino que es una variable del tratamiento que podamos darle, correcto o incorrecto.

Esto no deja de provocar estupefacción, pues uno no llega a saber exactamente a qué se refiere Mao cuando habla de antagonismo y de no-antagonismo. De un lado se nos dice que el antagonismo o el no-antagonismo son caracteres esenciales de la contradicción, pero del otro lado el antagonismo sería apenas “una forma de la lucha de contrarios”. Por un lado el antagonismo o el no-antagonismo son esencialmente inherentes a la contradicción mientras no haya “cambiado totalmente su calidad”, pero el antagonismo es sólo un momento “no universal”, aunque siempre posible en el desarrollo de cualquier contradicción. Un ejemplo que nos da Mao es la lucha en el interior del partido entre fracciones opuestas que si la tratamos convenientemente es una contradicción no-antagónica, pero si no aplicamos la buena política se puede convertir en antagónica.

Esta manera de entender el antagonismo no tiene nada que ver  con la de Marx y Lenin para quienes el antagonismo es un rasgo de esencia de la contradicción, que puede existir perfectamente en un estado latente y que se distingue fundamentalmente de las formas de la lucha de contrarios en un estadio dado de su desarrollo. Esto no tiene nada que ver con el tratamiento que se le pueda dar, pues entonces se confunde la esencia con la forma que puede tomar el antagonismo en el desarrollo de la contradicción. La transformación del antagonismo en no-antagonismo y viceversa se vuelve pues en una noción confusa que nos remite una vez a un cambio real de esencia de la contradicción y otras veces a una simple modificación de sus formas.

Aquí podemos medir los estragos que puede causar la falta de rigor de la dialéctica en Mao, no encontramos allí la búsqueda exigente de las determinaciones lógicas que hacen de las indicaciones de Marx y de Lenin —a pesar del carácter incompleto y como dijimos un tanto enigmático— verdaderos aportes filosóficos. En Mao no hay una investigación rigurosa de las determinaciones lógicas, sino que una serie de ilustraciones empíricas, ejemplos muy heterogéneos. Es lo que sucede a todo lo largo de su folleto “De la contradicción”, no hay análisis conceptuales, sino ejemplos que a veces son posiciones políticas, actitudes puntuales que tomó el partido chino durante diferentes momentos de su lucha contra el imperialismo japonés o estadunidense y el tratamiento que le dio a las alianzas posibles contra el enemigo común con la burguesía china.

Es aquí donde llego a lo que sustentaba la política del PCS durante los años sesenta y setenta, en los que la contradicción fundamental entre la burguesía y los trabajadores era disfrazada en posibles alianzas para llegar al poder. Los comunistas salvadoreños se aliaban a una fracción de la burguesía declarando como único enemigo a la oligarquía. Pero de lo que se trataba era de poner a los trabajadores al servicio de una fracción burguesa para conquistar el poder político en su beneficio. En la actualidad, el FMLN en el poder, ya no alude ni a la dialéctica de Mao, ni mucho menos a la de Lenin, pero sí se ha puesto al servicio de la oligarquía y a veces trata de aliarse con sectores burgueses que intentan competir con los grandes burgueses. Los dirigentes del FMLN fingen no darse cuenta que esas luchas intestinas interburguesas son permanentes, que los capitales siempre están en competición, en rivalidad. Esta competición se da incluso a nivel internacional, lo que no impide estrecha alianza entre ellos para enfrentar a su enemigo esencial, a los trabajadores.

En el párrafo de Mao que cito arriba, en su primera frase nos damos cuenta que su falta de rigor identifica la noción de pueblo y de nación. Pues en esos momentos era la nación china, el pueblo y la burguesía la que enfrentaba al imperialismo que intervenía en el territorio nacional chino. Pero para trasladar a la burguesía “nacional” o “nacionalista” al seno del pueblo se necesita una flexibilidad conceptual muy elástica. En el caso de Mao, en la lucha contra el imperialismo invasor, se puede entender que busque alianzas con la burguesía, que de todos modos sabía que iban a ser de corto plazo, hasta que se expulsara al enemigo común fuera del territorio nacional. Pero de allí a decretar inconsecuentemente que la contradicción antagónica deja de serlo, hay un paso que no se puede dar si uno quiere pensar con rigor.  








02 marzo 2015

Los cambios no van a caer como mangos chapudos



Bueno, viendo esas cobijas llenas de fotos y símbolos diversos, honestamente lo más fácil era anular el voto. Pero el que quisiera votar según sus convicciones y simpatías tenía que llevar en el bolsillo una lista ya preparada con nombres y fotos de su preferencia o simplemente votar por bandera. En todo caso, contar uno a uno los votos, con las múltiples posibilidades de votar y sobre todo de las múltiples posibilidades de equivocarse, el conteo resulta arduo.

Sinceramente no veo en esas cobijas ningún avance democrático, ni mayor libertad electoral, me resulta sobre todo una complicación inútil. En la diversión antidemocrática de nuestras instituciones la Sala de lo Constitucional realmente ha jugado un papel notorio. Pronto va a haber elecciones departamentales aquí en Francia. Los partidos proponen sus listas y las hojas de voto de cada partido son distintas. Este país de larga tradición de sufragio nunca ha llegado a esa exageración, que lo que ha traído es mera confusión y gasto inútil. En esencia el carácter antidemocrático de las elecciones no ha cambiado con esas cobijas, ni tampoco en Francia es más o menos democrático que en El Salvador. Las elecciones sirven en las “democracias” actuales para darles credibilidad a los electos, a los que asumen administrar los asuntos del Estado en beneficio de las clases dominantes. El poder es usurpado en todas partes por aparatos burocráticos de partidos y ya ni siquiera se trata de una delegación del poder. El soberano está ausente, el soberano, el pueblo, obedece y va a emitir un voto creyendo que las personas que figuran en las listas y en las papeletas de voto van a hacer todo lo posible por cambiar la vida. Lo constata cada vez que eso no se realiza y en nuestro país con una frecuencia casi anual se presenta la oportunidad de emitir un voto.

¿Qué significa esto? Pues que la democracia sigue siendo una aspiración, que las instituciones burguesas se han agotado y que es necesario otro tipo de instituciones, otro tipo de Estado. Por el momento es lo que se plantea en el país, es un para mientras. Pero el asunto es que ese nuevo Estado no va a brotar del Estado actual, pues para eso sería necesario que los que gozan del poder actualmente se cuestionaran, que fueran capaces de asumir que ellos lo único que hacen es aprovecharse del Estado. Les da pisto y honores, viajes y comilonas.

El Estado burgués actual surgió de revoluciones, algunas muy violentas, otras fueron transiciones pacíficas. Esto fue así por la historia particular de cada país. Nosotros necesitamos de otro Estado no para satisfacer solamente nuestras aspiraciones democráticas, sino que se trata de resolver todos nuestros problemas económicos, sociales y culturales. Hay tanta penuria en todo, nuestro país está en constante desagüe, todos los días salen muchachos y muchachas hacia afuera, muchos a golpe de calcetín, a pata, a chuña hacia el Norte, a rodar el mundo en busca… ¿En busca de qué se va la mayoría de fugitivos? Pues se van con la esperanza de vivir de algo, de lo que sea. Este es un problema de nación, que no va a encontrar solución con imposibles “acuerdos de nación” pues esa migración es el resultado de una situación nacional en la que un puñadito de familias se enriquece constantemente y la gran mayoría debe ingeniárselas para sobrevivir.

Y ese puñadito de familias no tiene ningún interés en que la situación cambie, incluso este estado de cosas le beneficia en todos los sentidos. Hasta la emigración remesera le sirve para enriquecerse, pues son los principales captadores del dinero que circula en el país. Pero hay otra cosa, los beneficios que obtienen con un mínimo de inversiones es grande, los niveles de explotación son inmensos. Se trata pues de destruir este Estado oligárquico, ese fue uno de los objetivos que se planteaban en los años setenta y por los que tuvo inicio la guerra. No se logró ese objetivo, incluso el Estado oligárquico absorbió monstruosamente a los “revolucionarios” que ahora se preocupan más por sus propios sueldos, sus primas de Año Nuevo, sus negocios de todo tipo. Esa gente ya entró a vivir en el seno de la otra clase social, atravesaron la calle y caminan por el otro andén (es un decir, ellos andan montados en limusinas de doble tracción y cuidados por guardaespaldas).

Nadie ignora que nada va a cambiar después de este escrutinio. Los días van a seguir uno de tras de otro con ese lote creciente de preocupaciones, pues no se trata sólo de vasitos de leche, de uniformes y bolsones con útiles, de dos pares de zapatos. Estos son los repetidos logros y avances, los radicales cambios, que han sido capaces los “revolucionarios” de ofrecernos. Claro, de vez en cuando hay que reconocer que la misma acumulación capitalista produce avances hasta en nuestro país.

Debemos tomar consciencia de que el puñito de familias que nos domina no va a cambiar de actitud así porque sí. Para que las cosas cambien es urgente que nosotros los que llamamos a anular las cobijas llenas de fotos, emprendamos una campaña permanente de denuncia de todo lo que hace falta en el país: escuelas dignas de ese nombre, con profesores preparados, dispuestos a inculcarle a sus alumnos el espíritu crítico necesario, darles conocimientos firmes, pero no dogmas. Denunciar el estado de muchas viviendas en el país, sin sanitarios, sin agua potable, sin electricidad, etc. Mejores transportes, en todo el país. Derecho real de sindicalizarse, mejores condiciones de trabajo, reforma del Código del Trabajo, nuevos derechos laborales, cumplimiento de los ya existentes. No voy a hacer la infinita lista de lo que necesitamos. Pero para cambiar la actual y negativa correlación de fuerzas es necesario emprender las luchas necesarias. Los cambios se imponen, no van a caer como mangos chapudos y maduros.

01 marzo 2015

Contradiccioness VIII



Para entender mejor la innovación de Mao es menester dejar de nuevo claramente dicho que ni en Marx, ni en Engels, ni tampoco en Lenin, encontramos el término de contradicción no-antagónica. En los tres vemos que a veces —donde se espera que surja la expresión antagonismo— aparece simplemente la palabra genérica “contradicción” u “oposición”. Si en Marx, Engels y Lenin existe un inicio de elaboración teórica del antagonismo como una contradicción irreductible, irreconciliable, esencialmente aunque no de manera exclusiva entre las clases sociales, ninguno nos dejó una exposición extensa del tema. El antagonismo genera luchas agudas y revoluciones violentas, sin identificarse a estas formas. Al inicio aparece apenas como latente, de manera oculta, remitiéndonos a la estructura que caracteriza una contradicción dada desde su origen, hacia su esencia. Pero no caracteriza la esencia de todas las contradicciones: el antagonismo es pues transitorio como la sociedad de clases a la cual está ligado histórica  e intrínsecamente. Esto nos indica que al transitar hacia una sociedad sin clases antagónicas, el desarrollo social tendrá contradicciones cuya resolución no tiene que ser violenta.

Pero como acabo de decir en Marx, Engels y Lenin la categoría de contradicción se identifica y se diferencia del antagonismo. Esto crea confusión y nos puede conducir a pensar que el “antagonismo” es apenas una forma de la contradicción, contraponiéndose a lo que indicamos arriba, que el antagonismo nos remite más bien hacia la esencia y lo es desde el origen. Como se advierte esto confirma que la dialéctica legada por Marx no constituye un sistema cerrado, ni mucho menos acabado, que quedan muchos momentos que necesitan desarrollo. Este es uno de esos momentos.

He aquí que precisamente Mao Tse-tung parece completar la teoría ausente del antagonismo, desde su “De la contradicción” de 1937” pasando por “Las nuevas consideraciones sobre la dictadura del proletariado” (1956) hasta “Sobre el tratamiento correcto de las contradicciones en el seno del pueblo” de 1957, en estos textos Mao va más allá de donde habían dejado la reflexión Marx y Lenin, planteando la existencia de contradicciones no-antagónicas.

Existen pues dos tipos de contradicción de carácter contrapuesto, las contradicciones antagónicas, del tipo de las que existen “entre nosotros y nuestros enemigos”, entre el proletariado y la burguesía, entre el socialismo y el imperialismo, se trata nos dice de contradicciones fundamentales que “reposan en conflictos de intereses de clases hostiles” y las contradicciones no-antagónicas, del tipo de las que existen en el seno del pueblo (entre las clases que componen el pueblo, entre comunistas en el seno del partido, entre países socialistas), estas contradicciones no son fundamentales, sino que reposan en la oposición “entre opiniones justas y erróneas” o entre intereses que tienen “carácter secundario”.

Estos tipos de contradicción son totalmente diferentes por su carácter, lo que conduce, nos dice Mao, a métodos diferentes (“no-idénticos”) de intervención, verbi et gratia: la lucha armada o el método dictatorial, que apunta a derrotar al enemigo en el primer caso del antagonismo y a la crítica o al método democrático que tiende a establecer una nueva cohesión, en el caso del no-antagonismo. Empero Mao agrega una afirmación cuyo alcance es significativo y su novedad inaudita: “Según el desarrollo concreto de los fenómenos, ciertas contradicciones primitivamente no-antagónicas se desarrollan en antagónicas; en cambio ciertas contradicciones primitivamente antagónicas se desarrollan en contradicciones no-antagónicas”. De esta manera nos explica Mao “para resistir al principal enemigo común, las clases cuyos intereses fundamentales se enfrentan pueden a veces unirse. Inversamente, en ciertas condiciones, contradicciones determinadas en el seno del pueblo pueden igualmente transformarse progresivamente en contradicciones antagónicas, como consecuencia que una de las partes opuestas en la contradicción pasa gradualmente del lado del enemigo. En fin de cuentas, las contradicciones de este género cambian por completo su calidad y no son más contradicciones en el seno del pueblo, sino que se convierten en contradicciones entre los enemigos y nosotros”.

A primera vista estamos frente a un desarrollo de las ideas de Marx y Lenin sobre el antagonismo, al mismo tiempo a un aporte substancial a la teoría de la contradicción, que no solo al parecer da cuenta del hecho que las contradicciones antagónicas en la sociedad capitalista, “se vuelven no antagónicas en la sociedad socialista, sino que también del hecho, imprevisto por la teoría, pero que se pudo constatar, que las contradicciones en principio no-antagónicas en el socialismo pueden, en ciertas circunstancias “volverse antagónicas”.

No obstante hay algo que no deja de llamar la atención y de cuestionar, se trata de esa idea de una pretendida “transformación” de las contradicciones antagónicas en no antagónicas y viceversa. Hay un hecho resueltamente establecido en que las contradicciones antagónicas son esencialmente contradicciones irreductibles, irreconciliables. ¿De qué manera una contradicción en su desarrollo puede volverse en no-antagónica, lo que significa reductible y reconciliable? Mao Tse-tung no aporta realmente una respuesta teórica, en vez de esto nos da siempre ejemplos, éstos merecen un análisis detenido y circunstanciado. Es lo que haremos en el próximo artículo.


10 febrero 2015

Contradicciones VII



Ahora preguntémonos si todas las contradicciones se resuelven en una unidad superior, como la nada y el ser en el devenir. Karl Marx impugnó esto y mostró que existen otras contradicciones que no se resuelven de este modo, la realidad socio-política nos ofrece muchos ejemplos de contradicciones que aparentemente no tienen ninguna salida. El filósofo francés Lucien Sève nos exhorta “a estudiar con gran cuidado la cuestión ahora culpadamente descuidada de saber en qué consisten las estructuras lógicas de las contradicciones dialécticas y sin duda su diversidad de esencia”. “Lo que es claro —insiste Sève— es que de cualquier manera ninguna contradicción dialéctica se resolverá huyendo de su fondo inexorablemente contradictorio, aunque sea tratando de minimizarla”.

Es muy corriente el alegato de que ante un problema de sociedad es bueno que eliminemos lo malo para conservar lo bueno. Lo oímos con frecuencia en nuestro país, como la suma sabiduría para resolver los problemas que enfrenta nuestra sociedad. Esta fue la postura de Proudhon que Marx criticó en “Miseria de la Filosofía”: 

“Para él, para el señor Proudhon, cada categoría económica tiene dos lados, uno bueno y otro malo. Considera las categorías como el pequeño burgués considera a las grandes figuras históricas: Napoleón es un gran hombre; ha hecho mucho bien, pero también ha hecho mucho mal.

El lado bueno y el lado malo, la ventaja y el inconveniente, tomados en conjunto, forman según Proudhon la contradicción inherente a cada categoría económica.
Problema a resolver: Conservar el lado bueno, eliminando el malo”.

Con su acostumbrada ironía, Marx dice que va a abordar a Proudhon como una categoría y verá su lado bueno y su lado malo:

 “Si en comparación con Hegel tiene la virtud de plantear problemas, reservándose el derecho de solucionarlos para el mayor bien de la humanidad, en cambio tiene el defecto de adolecer de esterilidad cuando se trata de engendrar por la acción de la dialéctica una nueva categoría. La coexistencia de dos lados contradictorios, su lucha y su fusión en una nueva categoría constituyen el movimiento dialéctico. El que se plantea el problema de eliminar el lado malo, con ello mismo pone fin de golpe al movimiento dialéctico. Ya no es la categoría la que se sitúa en sí misma y se opone a sí misma en virtud de su naturaleza contradictoria, sino que es el señor Proudhon el que se mueve, forcejea y se agita entre los dos lados de la categoría”.
     
He traído esta larga cita por dos razones, una para dar un ejemplo de la firmeza de Marx en la batalla por la justa aplicación de los principios del pensamiento dialéctico y también para mostrar que bajo la apariencia de tomar en cuenta los contrarios, se puede quedar afuera del meollo donde surgen los problemas. En todo caso las contradicciones del tipo que aborda Hegel abundan en los estudios económicos de Marx, pero las que más han retenido la atención son otras, las que dentro de las luchas políticas y económicas oponen las clases sociales de manera irreconciliable, que no pueden resolverse pasando a una categoría nueva, en la que se conserven renovados los antiguos momentos. En la cita de arriba Marx lo expresa así: “La coexistencia de dos lados contradictorios, su lucha y su fusión en una nueva categoría constituyen el movimiento dialéctico”, limitándose todavía a la concepción hegeliana. Pero Marx en sus estudios históricos y económicos señala ese otro tipo en el que obligatoriamente la resolución consiste en la desaparición de uno de sus momentos y la total transformación del otro. A esta contradicción por lo general se le ha llamado “antagónica” y la otra en la que la contradicción se resuelve en una nueva categoría se le llama “no antagónica”.

Es hasta ahora que llego al problema al que me referí en el artículo inicial: “Las raíces profundas del oportunismo en El Salvador”. Me ha parecido necesario dar esta pequeña excursión sobre la contradicción, pues sin ella hubiera sido muy difícil explicar en base a qué equivocados postulados, los oportunistas del PCS en los años sesenta y setenta fueron llevados plantearse alianzas con representantes de las clases antagónicas, pensando que aplicaban correctamente la dialéctica más pura.

Sin perder el hilo de la reflexión, sin tampoco apresurarnos mucho, ni detenernos en detalles, me voy a ir directamente a plantear la innovación de Marx respecto a la contradicción tratada por Hegel. Esta consiste en que los dos momentos de la contradicción no se oponen simplemente para darle paso a una nueva fusión de contrarios, sino que la oposición es tal que para que aparezca lo nuevo, lo cualitativamente superior es necesario que uno de los contrarios desaparezca. Lo nuevo que aparece puede que contenga a su vez nuevos contrarios irreconciliables o se pase a otro estadio del desarrollo en el que la contradicción no imponga la destrucción de uno de los contrarios.

La palabra antagonismo surge a mediados del siglo XVIII y el adjetivo antagónico aparece un siglo después en francés. En nuestra lengua ambos términos son introducidos apenas a finales del siglo XIX. Y no es de uso frecuente apenas hasta principios del siglo XX. Marx hereda precisamente esta palabra de sus relaciones con el mismo Proudhon y la introduce en su vocabulario. Pero cuando escribe el “Manifiesto comunista” todavía no se atreve a utilizarlo en alemán. Las traducciones al castellano si traen las palabras “antagonismo” y “antagónico”, pero en el texto original en alemán no aparecen ni “antagonismus”, ni “antagonistisch“. Prefiere otro tipo de expresiones. Al principio en su correspondencia usa la variante inglesa “antagonism”. Esta palabra está ausente en los textos de Hegel, aunque algunas traducciones al castellano la introducen para significar “contradicción”, “oposición”, etc.; es el caso de la nueva traducción de “Ciencia de la lógica” de Félix Duque.

Marx introduce el término en sus textos en su forma “antagonismus”. Y es bajo este término que va a pensar la contradicción irreconciliable. Pero si buscamos el término opuesto, el que designaría la otra categoría de la contradicción, no lo encontramos en sus textos, me refiero a “no-antagónico”. Tampoco se encuentra en Engels y ni siquiera en los textos de Lenin. La ausencia del término no significa que no la hayan pensado, basta tener en cuenta que todos han estudiado profundamente a Hegel. Pero lo que sí es necesario tener en cuenta, es que ninguno de ellos ha categorizado esta otra contradicción, dejando abierta la problemática.

Mao Tse-tung en su trabajo “De la contradicción” aborda abiertamente ambas categorías: la contradicción antagónica y la contradicción no-antagónica.  En la literatura “marxista” es la primera vez que alguien intenta un análisis conjunto de ambas categorías. Este estudio fue redactado en agosto de 1937, pero conocido en otras lenguas apenas en los años 50. Este aporte no dejó indiferente a los pensadores marxistas de la época y por lo general la categoría complementaria del antagonismo entró en el vocabulario “marxista”. Por supuesto que no todos los marxistas declarados o presumidos tales, están de acuerdo sobre la dialéctica misma en general, aún menos sobre estas categorías en particular. En la continuación de este material, me voy a referir al tratamiento que hace Mao Tse-tung de la determinidad y la esencialidad de lo antagónico y de lo no-antagónico.