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19 abril 2013

¿La lucha por el socialismo es posible todavía?



La necesidad de cambios en las estructuras sociales del país aparece como una evidencia para todo el que se dice de izquierda o simplemente se preocupa por el modo de vida que lleva la mayoría de salvadoreños. No hace falta que cada vez se describa la precariedad en que vive la población  y se den cifras que corroboren esta situación. Al contrario, es urgente que se discuta con profundidad qué tipo de cambios se necesitan.

Voy a recordarles a muchos que en el país estuvo planteado por las organizaciones revolucionarias el cambio de estructuras económicas y sociales. Se habló durante años de construir el socialismo. Se emprendió la guerra con ese objetivo. Esto estaba escrito con todas sus letras en el programa del FMLN antes de que la corriente reformista tomara la dirección e impusiera su visión y sus objetivos. Sobre esto ha aparecido un interesante artículo en “Rebelión” de Joel Arriola (para leerlo den un clic aquí). Este recordatorio me parece imprescindible en la medida en que esta opción ha desaparecido totalmente en el discurso político salvadoreño y que el FMLN asume sin tapujos su papel de administrador estatal de los intereses del gran capital. No creo que valga la pena tampoco citar a los dirigentes del FMLN y al candidato a la presidencia proponiendo sus servicios a los empresarios. Sí, tal vez se imponga mencionar los más recientes piropos de Sánchez Cerén: “"Ustedes (sector empresarial) son el alma, el corazón y el motor del crecimiento económico del país. Los necesitamos a ustedes". Este salmo forma parte de la ortodoxia propagandística de la burguesía, es el que justifica el lugar que ocupan los burgueses en la sociedad. Es la íntima convicción de la cúpula efemelenista.

La desaparición casi total en el discurso político salvadoreño de la construcción del socialismo no es fortuita, es la consecuencia de la nueva correlación de fuerzas creada por el derrumbe del “socialismo real” y del triunfo ideológico del liberalismo en todas las sociedades capitalistas.

Hace algunos años, el editorialista Altamirano, más recientemente el presidente Funes, en una fácil retórica, alegaba que nuestro pueblo era eminentemente anticomunista y que si se le preguntaba si desea el socialismo respondería por la negativa. Esta evidencia no obstante oculta otra realidad: la insatisfacción de los salvadoreños por la vida que les impone el capitalismo y sobre todo las aspiraciones y anhelos de poder cambiar esa vida. Altamirano dirige y es propietario de un órgano de prensa que lleva adelante una lucha ideológica, en compañía de la gran mayoría de los media salvadoreños. Esta lucha ideológica es esencialmente anticomunista, mucho más anticomunista que procapitalista. La sociedad capitalista existe, la vivimos, se le exalta más como la garantía de una libertad muy abstracta para la mayoría, pues en concreto se trata de la libertad de emprender, de poder ser parte de esa “alma”, de ese “corazón”, de ese “motor” del que habla Sánchez Cerén. En otras palabras de ser parte de la clase dominante, de la clase que explota.

Sin embargo y muy a pesar de que el tema de la construcción del socialismo ha desaparecido, a pesar del derrumbe de los Estados socialistas del Este europeo, la lucha en su contra no amengua, no decae. Es esta lucha casi solitaria, contra un enemigo casi fantasmal, la que ha ido conformando el modo de pensar de los salvadoreños. No es pues una falsa certidumbre la de Altamirano y la de Funes, que si le preguntamos a la gente si desean una sociedad socialista, nos responderán mayoritariamente por la negativa.

Pero esa pugna solitaria de los órganos ideológicos de la burguesía salvadoreña no ha sido lo único que ha evacuado la aspiración por otra sociedad, resulta que el mismo derrumbe del “socialismo real” ha contribuido quizás con mayor impacto. Podemos preguntarnos si ante un tal fracaso ¿no vale la pena dejar que el mundo siga su curso sin mayores sobresaltos?

La respuesta pareciera imponerse por sí misma, no obstante el abismo que se abre entre la vida que anhelamos y la que tenemos, nos deja también la amarga certidumbre de que el mundo así como es, es un mundo estancado. Que aceptar que no hay remedio a la actual condición humana es pretender cerrar las ventanas y las puertas al futuro, privarla de horizontes. Es aceptar que tiene razón Fukuyama que la historia se ha terminado.

Esto nos lleva a concluir que urgimos de otra sociedad, que el cambio planteado no es producto sólo de un raciocinio, sino que resulta de la realidad misma, de su propio movimiento. Pero si el cambio se nos impone, no sabemos ni siquiera cómo dar los primeros pasos hacia el futuro. Sabemos que la política actual del gobierno de Funes/FMLN no lleva a resolver los problemas nacionales, tampoco, ni mucho menos podemos esperar que los resuelvan los partidos de derecha, ARENA o GANA. Las soluciones urgen, esto lo sabemos todos.

Pero la urgencia no debe conducirnos a la impaciencia, en esto tiene mucha razón el filósofo alemán Hegel, que la impaciencia quiere llegar al fin, sin darse los medios. Hay quien piensa que mientras tanto es necesario hacer propuestas detalladas, cifradas, racionales, aceptables, etc., en otras palabras, realistas. Sin preguntarse quién las llevará a cabo, si el gobierno actual se dignará a darle un vistazo, por muy realistas que parezcan. Algunos piensan que apenas se trata de resorber el déficit fiscal, de encontrarle un equilibrio al presupuesto, de disminuir los gastos del Estado. En el fondo, estas proposiciones y consideraciones se quedan en el mismo reformismo socialdemócrata o si quiere, del FMI. Pues estas sesudas proposiciones no cuestionan los fundamentos mismos de la sociedad capitalista. Ellos en el fondo aceptan los consejos de pragmatismo que le daba al FMLN, el exdirector del BCR, Carlos Acevedo (pulsen aquí). En resumidas cuentas es una invitación a aceptar el mundo tal cual es, aceptarlo como una entidad eterna e inmutable.

Hay en las palabras de Carlos Acevedo una aserción que funciona en el discurso ideológico burgués como un postulado: “el FMLN debe de ser más pragmático y aceptar que la economía de mercado funciona mejor que los regímenes de orientación socialista”.  Y agrega: “Los regímenes exitosos de orientación o inspiración socialista de alguna manera han tenido que adaptarse a ese entorno global de economía de mercado” y puso el ejemplo de China, “una de las naciones que el mismo FMLN ve y ha calificado como exitosa”.

En apariencia todo tiende a darle razón a Acevedo y al resto de apologistas del capitalismo. Qué mejor demostración que el catastrófico derrumbe del “socialismo real” en el Este europeo. La desbandada ha sido general. La evidente bancarrota de las economías de esos países no es un invento y su fracaso no se le puede imputar únicamente al bloqueo imperialista, aunque haya contribuido.

Es menester entonces determinar a qué se ha debido el fracaso. Tanto en el pasado, como en el presente hablamos de la necesidad de emanciparnos del capitalismo, esta forma social definida por la propiedad privada de los medios de producción y de cambio, fuente de la explotación del hombre por el hombre y de todas las plagas sociales que conlleva. La transformación fundamental que se impone por consiguiente es de pasar a la apropiación colectiva, socializando los principales medios de producción y de cambio, a través de nacionalizaciones extensas, lo que permitiría sustituir las leyes salvajes del mercado por una gestión controlada racionalmente. Tal mutación de las relaciones sociales es posible únicamente a condición que previamente se le haya arrancado a la clase poseedora la capacidad de disponer de la fuerza constriñente del Estado. Conquistado el poder político, la clase obrera y sus aliados podrán organizar democráticamente sobre una base totalmente distinta el conjunto de la vida social. Llevar a cabo estas arduas tareas presupone a su vez la existencia de un partido obrero revolucionario, fuerza organizada capaz de ejercer un papel dirigente de las masas trabajadoras a todo lo largo del proceso de la lucha de clases. Organización del partido de vanguardia, conquista revolucionaria del poder político, socialización de los principales medios de producción y de cambio, tales eran, más allá de cualquier variante, los tres principales capítulos claves del socialismo científico.

Ya asegurada la victoria del socialismo en un país o en una serie de países, aptos para resistir las embestidas previsibles del mundo aún capitalista que los rodea, se crearían las condiciones para la abundancia regulada de bienes y la disciplina libremente consentida de las personas, que harían surgir en la agenda social el pasaje del socialismo, fase transitoria, crucial, aunque aún incompleta de la emancipación humana, al comunismo. En donde cada una y cada uno podrá acceder a las riquezas sociales “según sus necesidades” y donde acabará por fenecer el poder del Estado y la humanidad por fin  pondrá término a su prehistoria.

Ahora detengámonos a cotejar con toda la seriedad posible este grandioso anuncio con la realidad efectiva de las sociedades “socialistas” del siglo pasado. De entrada podemos afirmar que la promesa hecha por lo esencial no se cumplió. Se debe admitir no obstante que las circunstancias eran profundamente desfavorables: los inclementes límites iniciales de desarrollo en casi todos los países que optaron por la vía socialista, los esfuerzos constantes, insidiosos e imperdonables del mundo capitalista por obstaculizar su crecimiento y su despliegue, la novedad extrema de muchos problemas que había que resolver. Al mismo tiempo se debe reconocer el valor de muchos logros significativos: los arranques económicos de gran magnitud, conquistas sociales de todo tipo, retroceso de muchas desigualdades, retroceso general de la alienación por el dinero, etc. Todo esto valida de alguna manera la promesa socialista anunciada, de lo contrario no se entendería cierta nostalgia por el pasado en amplias capas de la población de esos países que han tornado al capitalismo.

No quita que todo esto fue cubierto y manchado por la gravedad de todo lo que significa el desplome de la Unión Soviética y del socialismo del Este europeo. Lucien Sève caracteriza así la situación: “incoercible alergia a la democracia social y política susceptible de llegar hasta los crímenes de masa, tentativa obstinada de encuartelamiento de las consciencias, incapacidad fundamental de arribar a la alta productividad económica fundada en la implicación responsable de los productores, progresiva alza de las peores alienaciones hasta la pérdida del sentido histórico de toda la empresa y la bancarrota causada por la desafección popular”.

En lo que atañe a los países que se reivindican todavía o nuevamente del socialismo, en Asia o en Latinoamérica, se han encaminado, en diversos grados, por la senda de políticas de apertura controlada al capitalismo. La cuestión que se plantea hoy es de saber si este control no tiene por lógica ineluctable de convertirse en su contrario. En cuanto a los partidos de los países capitalistas que apuntaban a instaurar el socialismo, han perdido su credibilidad, con la implosión final del mundo soviético, algunos de esos partidos se han disuelto en las políticas neoliberales dominantes (es el caso de nuestro FMLN), otros perseveran levemente en sus opciones iniciales sin que ninguno hasta hoy haya logrado abrir en pensamiento, mucho menos en acto una gran perspectiva poscapitalista. El balance del último siglo es inclemente para el “socialismo científico”.

Lo que acabo de describir no incita para nada al optimismo. Pues en esta larga prueba, cada escalón en la caída, ha aportado su lote de disidencias y de tentativas renovadoras, pero ninguna ha conocido éxito alguno. Esto significa que los que quieren pensar de nuevo en el sentido de Marx en una efectiva emancipación humana, de entrada deben tomar la medida de lo que hace recaer pesadas dudas sobre la plausibilidad del proyecto.

Desde los años en que apareció el “Manifiesto del partido comunista” hasta la Revolución de Octubre y aún más allá, la línea de mira marxiana de una superación histórica del capitalismo ha exaltado enormemente las mentes avanzadas y ha movido a grandes combates emancipadores. Desde la emergencia del estalinismo hacia el final de los años veinte hasta el derrumbamiento del mundo soviético en los años noventa, esta misma mira ha despertado la desaprobación popular masiva y toda suerte de invalidaciones intelectuales muy severas, a la medida de las esperanzas suscitadas y al mismo tiempo defraudadas.

Y obligatoriamente tal cual están las cosas en este naciente siglo XXI, las certidumbres del editorialista Altamirano son compartidas por millones de gentes. A tal punto que la tentativa de pasar al socialismo para muchos se presenta como una amenaza que hay que conjurar a como dé lugar. Su posibilidad aparece minúscula ante aquellos que siguen deseando esa transición. Sin embargo hay un hecho nuevo innegable: la profunda crisis histórica del capitalismo le confiere a su superación una renovada credibilidad y hace aparecer claramente el exorbitante costo para la humanidad entera de su mantenimiento. ¿Esta transición es pensable en qué términos? ¿Por qué vías se vuelve accesible? Estas preguntas necesitan respuestas bien ponderadas, sin precipitaciones, es lo que permitirá llevar adelante políticas adaptadas a estas nuevas circunstancias.

30 marzo 2013

Saussure, por dónde empezar


 Voy a copiar en francés la primera nota de Ferdinand de Saussure que fue publicada en el libro “Ecrits de linguistique générale” en nrf Editions Gallimard, París, 2002. Los editores son Simon Bouquet y Rudolf Engler. Sigue la traducción y un comentario. Esta primera nota lleva por título Prefacio”:

1 Préface


 Il paraît impossible en fait de donner une prééminence à telle ou telle vérité de la linguistique, de manière à en faire le point de départ central : mais il y a cinq ou six vérités fondamentales qui sont tellement liées entre elles qu’on peut partir indifféremment de l’une ou de l’autre et qu’on arrivera logiquement à toutes les autres et a toute l’infime ramification des mêmes conséquences en partant de l’une quelconque d’entre elles.

            Par exemple, on peut se contenter uniquement de cette donnée :

            Il est faux (et impraticable) d’opposer la forme et le sens. Ce qui est juste en revanche c’est d’opposer la figure vocale d’une part, et la forme-sens de l’autre.

            En effet, quiconque poursuit rigoureusement cette idée arrive mathématiquement aux mêmes résultats que celui qui partira d’un principe en apparence très distant, par exemple :


            Il y a lieu de distinguer dans la langue les phénomènes internes ou de conscience et les phénomènes externes, directement saisissables.

 Doy esta versión provisoria de la primera nota manuscrita del lingüista ginebrino:

1 Prefacio

            “Parece imposible de hecho dar una preeminencia a tal o cual verdad de la lingüística, de manera que podamos hacer de ella el punto de partida central; pero hay cinco o seis verdades fundamentales que están ligadas entre sí, de tal manera que uno puede partir indiferentemente de una o de otra y se llegará lógicamente a todas las otras y a toda la ínfima ramificación de las mismas consecuencias partiendo de cualquiera de ellas.

            Por ejemplo, uno se puede limitar únicamente a este dato:

            Es falso (e impracticable) oponer la forma y el sentido. Al contrario lo que es justo oponer es la figura vocal de una parte y la forma-sentido de la otra.

            Efectivamente, si alguien persigue rigurosamente esta idea llega matemáticamente a los mismos resultados que aquel que parta de un principio en apariencia muy distante, por ejemplo:

            Cabe distinguir en una lengua los fenómenos internos o de conciencia y los fenómenos externos, directamente aprehensibles”.


Es imposible no darse cuenta que desde el momento en que esta nota fue escrita y el momento actual, los cambios terminológicos han sido drásticos. Esto paradójicamente ha sido el resultado del desarrollo de la misma lingüística saussureana. Por otro lado, muchos criticaron a los “editores” del “Curso de lingüística general”, Charles Bally y Albert Sechehaye, el punto de partida que adoptaron, no obstante esta primera nota demuestra que ellos fueron fieles al maestro ginebrino, pues en realidad el “Curso” propiamente dicho, la exposición de la nueva teoría realmente se inicia en el capítulo III, los dos primeros son generalidades preliminares que bien se pueden poner allí u omitirlas. Pero la exposición real la inician justamente a partir de un principio o una de las “verdades fundamentales” de las que nos habla de Saussure en esta nota, verbi et gratia, la dualidad del objeto o si se prefiere el carácter dual del objeto de la lingüística.
 
Me llaman la atención dos adverbios usados por de Saussure en este “Prefacio”, “lógicamente” y “matemáticamente”, pero no me sorprendieron, ambos se refieren a los efectos inexorables o necesarios que se desprenden de iniciar la exposición por una de esas “verdades fundamentales”. Ahora tal vez algunos dijeran “automáticamente”. En todo caso de lo que se trata es de un movimiento interior, propio del objeto mismo. Este arranque condiciona el resto de la exposición, cada paso prepara el siguiente y lo presupone. Si este inicio nos conduce lógicamente, matemáticamente a los mismos efectos, a “las mismas consecuencias”, significa que este punto de partida de la exposición no es arbitrario, sino que necesario. Pues cuando se llega a examinar a partir de qué punto hay que iniciar la exposición de una ciencia, de una investigación, también esto significa que la investigación propiamente dicha ya está concluida y la tarea que se presenta no es la descripción de cada paso de la búsqueda, sino que la presentación de los resultados.

Saber por dónde es necesario iniciar la exposición significa haber despejado de la montaña de datos y materiales examinados, cuál es el hilo conductor del raciocinio llevado adelante y cuál es el movimiento mismo y propio de la materia estudiada. Muchos critican a los “editores” del “Curso” de no dejar aparecer las dudas y las vacilaciones del maestro ginebrino. Piensan que hubiese sido interesante, importante dejar aparecer en el “Curso” el momento de búsqueda, que no todo estaba acabado en la mente de Saussure.

Aquí tenemos un problema realmente filológico y lógico también. El primero se trata de averiguar: ¿si los materiales encontrados posteriormente, los que no estuvieron en las manos de Charles Bally y de Albert Sechehaye, desmienten las “verdades fundamentales” que aparecen en lo que muchos llaman la vulgata? ¿Si lo nuevo contradice los postulados en los que se basa el desarrollo de la exposición del “Curso” o si solo nos dan una apreciación del camino investigativo que está recorriendo Saussure durante esos años? Por el momento no aparece que lo nuevo venga a desmentir o contradecir fundamentalmente lo expuesto en el manual. Es posible que algunos aspectos se puedan ahora formular de otra manera. En realidad muchas cosas dichas en el “Curso” se han ido matizando, se han ido refinando y profundizando en el desarrollo de la lingüística saussureana.

Los editores de los “Ecrits de linguistique générale” (“Escritos de lingüística general”) nos dicen en su prefacio (pág. 9) que “su carácter menos categórico testimonia una observación como esta: “La dificultad que uno experimenta en anotar lo que es general en la lengua, en los signos de habla que constituyen el lenguaje, es el sentimiento que estos signos pertenecen a una ciencia mucho más vasta que no lo es la “ciencia del lenguaje.” O aun esto, de manera más radical: “Si hay realidades psicológicas, y si hay realidades fonológicas, ninguna de las dos series separadas no sería capaz de dar un instante nacimiento al menor hecho lingüístico. — Para que haya hecho lingüístico, es necesario la unión de las dos series, pero una unión de un género particular — del cual sería absolutamente vano de explorar en un solo instante los caracteres o decir de antemano en qué consistirá”. Las partes entrecomilladas de esta cita pertenecen a Saussure y vienen en las páginas 265 y 103 respectivamente de estos “Escritos”.

Sabemos tanto del “Curso” como por los mismos “Escritos” que Saussure pensaba en una ciencia general de los signos y de la que la lingüística formaría parte. No veo en que esto es menos categórico o en qué es más categórico el “Curso”. Pero incluso lo que ahora nosotros llamamos signos no corresponden a lo que Saussure llama aquí, en este pasaje, “signos”. Y justamente el segundo pasaje citado trae justamente una de esas “verdades fundamentales” de las que se puede partir para exponer la ciencia del lenguaje. Es decir, eso que cabe distinguir y que obligatoriamente no se pueden separar, que únicamente unidas constituyen un hecho lingüístico. Esto está retomado tal cual en el “Curso”. Incluso está retomado en sus vacilaciones terminológicas. Este es uno de los “defectos” más señalados con mayor recurrencia y tal vez con mayor justificación a los “editores” del manual.

Todo el curso, todos las discusiones posteriores alrededor del signo lingüístico giran precisamente en torno a esa “unión de género particular”, de su carácter. Esta unión de género particular es también la que caracteriza a esta otra “lengua y habla” y que proviene justamente o si se prefiere se engendra a partir de la unión estrecha, indisoluble del significante y del significado. Desentrañada la verdadera naturaleza de esa unión sui generis permite justamente evitar caer en una “filosofía del lenguaje”, a estas alturas, inútil y sin ningún interés. Que muchas cosas, en sus reflexiones, le parecieran a Saussure pertenecer aún a una filosofía del lenguaje no cabe duda. Pero su inquietud era precisamente fundar la ciencia del lenguaje.

Por otro lado, no creo justamente que se pueda lógicamente exponer la ciencia del lenguaje a partir de cualquier “verdad fundamental”. Hay una “verdad fundamental” que las contiene todas y a partir de la cual se pueden deducir “matemáticamente” las otras, esta verdad es la más abstracta y la más sencilla. Se trata del signo lingüístico, de la unión del significante y del significado. A partir de aquí podemos incluso llegar hasta los fundamentos de la ciencia general de los signos y señales, la semiología.   

28 marzo 2013

En torno al método de Marx


Abundan los artículos en los que se pretende exponer el método de Marx, no obstante son muchos los que defraudan al lector. Esta decepción proviene ya sea del contenido de los artículos, ya sea de la expectativa misma de los lectores, que desean a toda costa tener al final de su lectura un útil aplicable a cualquier objeto. Pero esta situación de insatisfacción no es algo que deba sorprendernos demasiado, pues el tema implica un arduo trabajo de estudio del pensamiento marxiano y significa al mismo tiempo el rechazo de muchos lugares comunes y prejuicios.

El propósito de este escrito no es la exposición del método de Marx propiamente dicha, sino que de emprender una escarda del terreno. Casi todos los que han emprendido exponer el método de Marx y Engels están de acuerdo que se trata de la dialéctica materialista misma y también que ésta es la inversión de la dialéctica hegeliana. Al respecto tal vez sea necesario referirse al propio Marx y a su intención de exponer el método que “Hegel descubrió y que él mismo mistificó”, en unas cuarenta a cincuenta páginas. Esto lo afirma el propio Marx en una carta a su amigo y compañero de luchas, Engels, que escribió el 14 de enero de 1858. En realidad Marx habla del núcleo racional del método de Hegel. Su intención es de redactarlo en un estilo claro y comprensible a toda persona con sentido racional.

No obstante esta carta nos dice solamente su intención de exponer el núcleo racional del método de Hegel, nos da la indicación del volumen aproximado en páginas que se propone escribir y en qué estilo pretende realizarlo. Pero todo esto si alguna vez le queda tiempo para dedicarse a este tipo de labores, lo haría con mucho gusto.

Sin embargo Marx nunca más vuelve a referirse a este trabajo, ni a su deseo de llevarlo a cabo. Por lo menos esto no aparece plasmado en ningún escrito suyo, ni de Engels, ni de cualquier otra persona contemporánea.

Núcleo racional del método de Hegel

Estas cortas líneas escritas por Marx a Engels, han dado pábulo a muchos historiadores del marxismo, de economistas y filósofos para escribir largas páginas y discutir las razones del silencio ulterior de Marx al respecto y sobre todo las razones por las que Marx nunca escribió el opúsculo prometido sobre el núcleo racional del método de Hegel.

Muchos se conforman en señalar que efectivamente los estudios económicos preparatorios y la posterior escritura de sus obras económicas no le dejaron tiempo para esa obra filosófica. Sin embargo asimismo son muchos los que piensan que esta explicación se queda muy corta.

La explicación más corriente y de mayor aceptación es que Marx no procedió a escribir esta obra sobre la dialéctica materialista puesto que nos ha legado en El Capital su propia “Gran Lógica” y que es allí donde es menester buscar el método de Marx.

Muy bien. Pero con esto no queda arreglado todo, pues persiste la necesidad de una exposición de la dialéctica materialista que tenga una forma autónoma. Por lo menos es lo que persiguen los filósofos que exponen la dialéctica materialista.

Por su parte, sin hacer referencia a la intención de Marx, Engels le manda a Marx un plan de una obra que pretende escribir sobre la dialéctica de la naturaleza. Este proyecto surge algunos años después, la carta está fechada el 30 de mayo de 1873. En ella Engels dice que su “elaboración, de cualquier manera, exigirá aún mucho tiempo”. A partir de esta carta y de otras en las que Engels le manda un plan ampliado y otras veces un plan acortado, podemos concluir que también en la mente de Engels surgió la idea de exponer la dialéctica en forma de la dialéctica de la naturaleza. Todos sabemos que este propósito fue realizado en gran parte por Engels, muchos “capítulos” terminados, puestos en orden, etc. Claro la obra fue publicada después de su muerte, en Moscú, en 1925.

No voy a dar los detalles de los planes, ni toda la historia de la edición que ha tenido tres variantes sucesivas, la que he mencionado de 1925, luego otra de 1935 y la última de 1941en una nueva traducción al ruso. Estas ediciones difieren en el orden de los materiales y en la interpretación de algunos pasajes. Sobre el orden de los materiales ha habido muchas discusiones, no obstante se puede considerar la última versión como la que mayor aceptación ha tenido y que es completada por un aparato crítico extendido en las republicaciones posteriores.

A este respecto es necesario indicar que Engels consideraba “La Dialéctica de la Naturaleza” como una obra separada, autónoma y no tenía ninguna intención de incluirla en otra obra de mayor extensión y dedicada a alguna teoría de la dialéctica en general. Que la obra es pensada de esta manera atestigua la carta de Engels a Marx del 23 de noviembre de 1882, en la que se puede leer: “ahora, sin embargo, es necesario terminar lo más pronto posible la dialéctica de la naturaleza”.

Lenin y su proyecto

Es menester recordar también aquí que Lenin desde el otoño de 1914 hasta inicios de 1916 se dedicó a preparar materiales y confeccionar diversos planes para la escritura de una obra sobre la dialéctica. No obstante solamente en los testimonios de su esposa, N. K. Krupskaya, se puede saber de la intención de Lenin de escribir este trabajo. Es posible que Lenin mientras no tuviera ya avanzada su redacción no deseara comunicarle a nadie su intención de escribir esta obra. Pero no se puede poner en duda que sí tenía este deseo, a la vista de los materiales preparatorios que tenemos a nuestra disposición. En el caso de Lenin aparecen claras las razones de que el proyecto se quedó sin realización: llega un año decisivo, 1917 y además la imperiosa necesidad de escribir dos obras que se pone a redactar: la primera sobre la revolución y el Estado y la otra sobre el imperialismo. Luego sus actividades políticas antes y después de la Revolución y posteriormente su estado de salud le impidieron realizar el proyecto.

En el tercer prefacio al “Anti-Dühring” de cierta manera Engels vuelve sobre el tema, todos sabemos que entre los dos amigos hubo una especie de “división del trabajo”, esto lo dice aquí mismo, en el prefacio al que aludo. Sabemos también como Engels nunca dejó de manifestar su admiración hacia su compañero. No se crea pues que en esta ocasión falla en su conducta y además se muestre presuntuoso, al contrario debemos de agradecerle que nos hable de esa manera: “Marx y yo fuimos sin duda tal vez los únicos en salvar de la filosofía idealista alemana la dialéctica consciente para integrarla en la concepción materialista de la naturaleza y la historia”.

Deseo señalar un detalle que no es en nada fútil, al contrario en este texto adquiere una significación particular e importante. En este prefacio, Engels escribe en primera persona del singular. Pero abandona este pronombre cuando se refiere explícitamente o no a su labor común con Marx. Voy a citar aquí un parágrafo que me parece ilustrativo del tema que nos ocupa. Engels en este pasaje se refiere a sus ocupaciones científicas y de preparación de su obra “La dialéctica de la naturaleza”,  ya en Londres después de que dejara sus labores comerciales.

“Se trataba para mí al hacer esta recapitulación de las matemáticas y de las ciencias de la naturaleza, de convencerme en los detalles —sin que dudara de ninguna manera en su conjunto— que en la naturaleza se imponen, a través de la confusión de las innúmeras modificaciones, las mismas leyes dialécticas del movimiento que en la historia rigen también la aparente contingencia de los acontecimientos; las mismas leyes, que forman igualmente el hilo conductor en la historia de la evolución lograda por el pensamiento humano, llegan poco a poco a la consciencia de los hombres pensantes: las leyes que Hegel ha desarrollado por primera vez de una manera extensa, pero bajo una forma mistificada, y que nosotros nos proponíamos, entre otras aspiraciones, sacar de este envoltorio místico y hacerlas entrar netamente en la consciencia con toda su simplicidad y su universalidad”.

Si observamos de cerca este párrafo, nos daremos cuenta que Engels inicia en el singular de la primera persona y al final usa el plural. Pero lo que más llama la atención es que en este pasaje Engels hace eco a la carta que Marx le enviara el 14 enero de 1858 (a la que me he referido arriba) y habla de “una forma mistificada” y sobre todo enuncia que ambos compartían la “aspiración” de sacar la dialéctica del “envoltorio místico y hacerlas entrar netamente en la consciencia con toda su simplicidad y su universalidad”.

¿Podemos inferir que Marx y Engels volvieron a hablar sobre este tema? Creo que no cabe duda. Incluso la comunidad en las expresiones usadas dejan ver claramente que también coincidían en sus puntos de vista. Ambos toman como punto de partida a Hegel, no obstante ambos señalan la forma mistificada en que la dialéctica está desarrollada en los escritos hegelianos.

Una recomendación metodológica

En este mismo prefacio Engels nos da una recomendación metodológica de gran valor y alcance. Se trata de sacar esas leyes que rigen el movimiento de la historia, de la naturaleza y del pensamiento humano, pero no se trata para Engels “de hacer entrar por construcción las leyes dialécticas en la naturaleza, sino que de descubrirlas ahí y de extraerlas”. Creo que queda con claridad suficiente que en la mente de los fundadores de la filosofía dialéctica materialista no existen ni esquemas, ni leyes, ni nada que haya que aplicar desde afuera a la realidad natural, ni a la realidad social. Estas leyes se descubren en la realidad misma, en la realidad cambiante.

Sin embargo al terminar su prefacio relata la lucha que se lleva a cabo entre concepciones diametralmente opuestas, una que considera que todo está fijo en la naturaleza y los que ven en los más recientes descubrimientos científicos de la época el movimiento y los cambios. Esta última concepción se ha ido imponiendo en la ciencia poco a poco,  lo que lleva a concluir que la fijeza y los valores absolutos de las concepciones naturalistas de la época son “introducidas en la naturaleza estrictamente por la reflexión”, desde afuera. Llegar a la concepción contraria se puede “por la presión de los hechos que se acumulan en la ciencia de la naturaleza, se logra esto más fácilmente si uno aborda el carácter dialectico de estos hechos con la consciencia de las leyes del pensamiento dialéctico”.
Es decir las leyes dialécticas deben de extraerse de la realidad misma, pero esto se puede hacer mas holgadamente si se conocen las leyes del pensamiento dialéctico. Es esto que Hegel ha expuesto brillantemente en toda su extensión y que metió en un envoltorio místico. Marx y Engels salvaron “de la filosofía idealista alemana la dialéctica consciente para integrarla en la concepción materialista de la naturaleza y la historia”.

24 marzo 2013

Romper con la historia de dominación



El asunto no es nuevo. El subdesarrollo de la economía salvadoreña no es consecuencia exclusiva de las políticas de los sucesivos gobiernos. Por una razón importante, todas las políticas gubernamentales implementadas fueron para agradar las exigencias patronales. La historia de nuestro subdesarrollo está ligada íntimamente a la actitud rentista que siempre tuvieron nuestros ricos.  Desde la Independencia buscaron la manera de perpetuar un modo de vida de “hidalgos” (En España, el 18 de marzo de 1783, el rey Carlos III se ve obligado a promulgar una real cédula en la que se decreta que trabajar no es un deshonor. Toda la sociedad española peninsular y colonial está imbuida del ideal nobiliario de aspirar a la ociosidad, por lo que el trabajo está mal visto). Esta actitud la heredaron nuestros ricos.

Su verdadero afán era recibir las ganancias sin preocuparse directamente de la administración de sus negocios. Se enriquecieron cuando el precio del café “ascendía como un águila” y dejaban de recolectar cuando el precio del café se iba de pique. Poco les importó el nivel de vida de los trabajadores.  Las relaciones que tenía con los peones eran casi feudales, en muchas haciendas se pagaba en fichas de la tienda, en otras se pagaba con significativos atrasos, engañando en las cuentas, etc.


Recordar la masacre del 32, que no fue exclusivamente étnica, como ahora gustan algunos presentar ese episodio de nuestra historia. El hambre fue generalizada, las cosechas abandonadas, la miseria de la gente dando alaridos. Masferrer ya había denunciado esa miseria, ya había querido cambiar esa circunstancia con un “mínimo” para vivir decentemente.  La respuesta de la oligarquía fue esa masacre y para mantener a la gran mayoría en la miseria y en el analfabetismo. También sobre esto escribió Alberto Masferrer en “Leer y escribir”.

Como una hacienda

El país entero fue visto como una hacienda y a pesar de que ahora existe un tipo nuevo de patrones, que han asimilado algunos principios del famoso “Homo economicus”, pero bajo el mismo fondo, para el máximo beneficio recurre siempre a lo mismo, bajos salarios y condiciones de vida deplorables.

Nuestros burgueses han amasado grandes fortunas que mantienen afuera del país y por lo general en inversiones especulativas. En el país invierten en el sector terciario, dejando al capital foráneo el papel de introducir la industria. Es tradicional en nuestro país, tratar de “venderlo” ofreciendo una mano de obra baratísima, moldeable, no sindicalizada y ahora ya poco combativa. Y si por un sobresalto de indignación se muestra rebelde, la fuerza está siempre lista en uniformes con botas y garrotes para intervenir. Es por eso que se crearon las zonas francas exonerando de pago de impuestos, posibilidad de hecho de exportar todas las ganancias sin dejarle al país ni un “tostón”.  En esas zonas francas nunca se instaló una fábrica productora de mercancías con un alto valor agregado, la maquinaria vetusta y en muchas veces obsoleta. Y por lo general ya amortiguada, es por eso que muchos de esos empresarios se van del país abandonándolo todo, incluyendo sus deudas respecto a sus empleados, a los que no les pagan las debidas indemnizaciones y en ocasiones los últimos salarios.

Es esta la clase capitalista que tenemos, parasitaria y rentista. Son ellos los que han moldeado a su antojo nuestra sociedad. Ese es el tipo de empresario que domina en nuestro país. O sea que cuando se implora a las “fuerzas vivas” de la nación que se sienten a elaborar “un plan de país”, en este llamado tan pueril no se toma en cuenta a las clases trabajadoras, se habla de los partidos y del patronato. Pero los partidos son los sirvientes de ese patronato que acabo de presentar. Desde décadas rechinan cuando alguien pronuncia la palabra “fiscal”. Pues eso merma su fortuna, eso merma sus posibilidades acumulativas y con esa parte mermada de “su” fortuna por el fisco, hay quienes pretenden mejorar un tanto las condiciones de vida de la chusma.

Ese cacareado “plan de país” es imposible, pues nosotros estamos enfrentados a una clase capitalista que durante decenios y decenios se han mostrado indiferente al destino de toda la nación. Incluso no vacilaron, al ver amenazados sus intereses,  en cometer por el intermedio de su Estado las repetidas masacres de nuestra historia.

La derecha cumple con su rol

Los dirigentes de los partidos de la derecha no entran en contradicción al considerar a esa clase como a la que hay que servir y como la que “mantiene” al país. Es lo que repiten, son ellos los que “dan” el trabajo a los obreros. Pero en realidad, esa clase se enriquece del producto del trabajo, al que explota sin misericordia, en condiciones de trabajo execrables, con salarios de miseria. Vivimos en una sociedad que no solo se enajena el producto del trabajo de los asalariados, sino que todo se nos presenta como una potencia extranjera, que nos aplasta.

La violencia que reina en el país es el resultado de nuestra propia historia, de esa historia que ha dejado sin puertas hacia el futuro a nuestros jóvenes, que muchos optan por huir hacia el extranjero. Otros ante la miseria de sus vidas se van por la fácil vía de la vida delictiva. Los partidos de derecha ante este inmenso problema  de nuestra sociedad reaccionaron como siempre, la represión. Sus “manos duras” y “súper duras” agravaron la situación, pues esa creciente violencia debe combatirse en su fuente. Pero en este tema también volvemos a lo mismo, ¿quién sufre directamente la violencia? Pues no son los ricos, los que ponen los muertos, los que sufren el acoso confiscatorio de las bandas, son pequeños comerciantes, la gente pobre en la calle, en los barrios, en el transporte. Ellos, los ricos, el 1% que se reparte el 60% de los ingresos, viven en otras esferas, protegidos por alambres electrificados, altas murallas, guardianes y la eficacia recobrada de la PNC.

El gobierno actual de “izquierda” ha hecho una política con el ojo puesto en los cambios de humor de la oligarquía. También se ha puesto en su servicio, pero con una modalidad, hicieron un esfuerzo por encontrar una manera de aparecer preocupados por la gente de la calle. Medidas sociales, como el vaso de leche, como los uniformes, los útiles, los zapatos para los alumnos de las escuelas, incluso el “generoso” reparto de “títulos de propiedad”, todo eso son apenas remiendos que se le hace al desgarrado tejido social de nuestro país. Son incluso válvulas de escape para que no haya una explosión social que nadie sabe en qué podría terminar.

Una situación política degradada

Los dirigentes del FMLN repiten que no son los enemigos del gran capital. Lo han dicho y lo han repetido “no hay nada a que tenerle miedo”, “no tenemos como objetivo ni a corto plazo, ni a mediano plazo, construir el socialismo”, se les escapa el “largo plazo”. Podrían perfectamente agregarlo. Pues ahora ya son un partido “social-demócrata” de derecha, cuyo objetivo es convertirse en el cirujano estético del capitalismo. Ellos siguen al presidente que hizo suyos los intereses del capital extranjero, principalmente de su “aliado estratégico”, que en realidad es su “patrón estratégico”, el imperialismo estadounidense. El presidente ha optado por ser el jefe del partido del extranjero. Su gobierno ha sido una estafa.

Es esta estafa que los candidatos del FMLN se proponen continuar, pues la reivindican como suya. Ellos afirman que es eso que van a profundizar. Tal es la degradación de la situación política, que tanto Funes, como el grupo parlamentario efemelenista y el de Saca, distraen a la opinión provocando rencillas y querellas con la Corte Suprema de Justicia. Mientras tanto los problemas nacionales, como son una reforma fiscal digna de ese nombre, una reforma educacional urgente en todos los niveles de la enseñanza, una puesta en marcha de un servicio médico tantas veces prometido, un nuevo y moderno Código de Trabajo. Aquí la lista se puede alargar, pues la vida de los salvadoreños es precaria en todos los campos. Voy agregar uno, la fuerza de trabajo es acarreada en condiciones de ganado, en un transporte que le llaman público, pero que es sobre todo humillante para la dignidad del pueblo salvadoreño. Tan degradada está la situación que el expresidente Saca tiene el descaro de volverse a presentar como candidato. Este hombre que mostró con creces su incapacidad y su avaricia, acusado por su propio partido de haberse enriquecido a despensas del dinero público. Pues Saca sigue siendo un hombre de derecha, es el mismo que dejó vacías las arcas del Estado. Y hoy hay sondeos que lo dan con posibilidades de volver. Esto es una degradación política sin precedentes. Los trabajadores se han quedado sin un partido que los represente, se han quedado sin organizaciones que velen por sus intereses y la desesperación los incita a buscar lo que puede ser el menor mal. Esta desesperación también se conjuga con la resignación.

En esta situación es necesario buscar las posibilidades de crear un partido realmente que vele por los intereses de los trabajadores, que emprenda una lucha contra la despiadada explotación del capitalismo salvadoreño e internacional que padece nuestro pueblo, una organización que emprenda una lucha ideológica que saque del sopor a la clase trabajadora. Estas posibilidades existen, aún hay en nuestro pueblo ese espíritu de rebeldía, aún vive en nuestra gente la esperanza de una vida mejor. Eso se puede ver en algunas luchas que se han manifestado en estos últimos meses. Pero tenemos que darnos cuenta que un nuevo partido no puede surgir y cumplir sus tareas, si no cambiamos realmente nuestra concepción de la política, del modo de hacer política. Ese partido tiene que ser nuevo en todos los sentidos, que rompa desde su surgimiento con todas las taras del verticalismo, del apoderamiento de la voluntad de los militantes por los dirigentes. Necesitamos un partido que se proponga romper con la historia de dominación de una casta parasitaria que nunca le ha propuesto al país otra cosa que una vida de miseria, esta misma que se vive hoy.

27 febrero 2013

Sí, de acuerdo, pero...


Uno podría estar de acuerdo con lo que dice el padre José María Tojeira, pero lo que pasa ahora en España, lo que sucede en Italia, las maniobras y crímenes cometidos por los EE. UU. con sus aviones sin piloto, etc. no veo donde exista esa democracia tan soñada. Los avances democráticos en las famosas "grandes democracias" pueden perfectamente ser pérdidas si los pueblos mismos no se ponen alertas.

No creo posible un pacto entre los partidos en favor de desarrollar la democracia, hoy por hoy, los partidos defienden intereses ajenos a los intereses populares. Por consiguiente exigirles, proponerles que pacten para desarrollar la democracia es un deseo muy virtuoso, pero de ninguna manera realista.

Muchos ponen de ejemplo los Acuerdos de Paz, como si esos mismos acuerdos hubieran sido el resultado de la buena voluntad y se hubiera obtenido beneficios para el pueblo. Los avances "democráticos" es esta misma democracia que critica Tojeira. En realidad, los Acuerdos de Paz fueron de alguna manera impuestos por las mismas circunstancias de la guerra, fueron impuestos por la intervención de los Estados Unidos, por la imposibilidad de seguir en la guerra con una correlación de fuerzas que no daba un ganador. Pero en esos Acuerdos ni siquiera se abordó los problemas políticos, económicos y sociales que motivaron la guerra. Se puso coto a las hostilidades. Claro que el ambiente político es mejor ahora que antes de la guerra, donde la fuerza bruta era el lenguaje de los gobernantes de derecha contra los que protestaban.

Pero es de alguna manera ilusorio pedirle a esos mismos políticos que se pongan de acuerdo entre ellos para mejorar la democracia, para introducir ética en sus conductas. Los vemos actuar todos los días, vemos sus actitudes, escuchamos sus declaraciones, vemos sus intrigas, adivinamos sus chanchullos. Cada partido defiende sus intereses, sus posiciones dentro del Estado para aprovecharse de él.

Acaso es posible un pacto político que instituya un aumento de los impuestos a los capitalistas, que es la única posible fuente de aumento, para financiar todos los programas en salud, educación y otros para aliviar la angustiosa vida que llevan las clases pobres. Eso es imposible, pues los que les permiten vivir del Estado son precisamente los miembros de la clase dominante.

Porque en todo lo que se lleva a cabo en la vida política no podemos abstraer esos intereses. No podemos imaginarnos una vida política que de repente se entre en una especie de limbo en el que desaparezcan los intereses creados. Y estos intereses son mezquinos y son hasta ahora los que han movido a los políticos.

No creo que sea la intención del padre Tojeira sembrar nuevas ilusiones en la gente. Pero en definitiva  es lo que resulta, pues todos aquellos que reclaman un Acuerdo de País hacen abstracción que entre las diferentes clases existen intereses opuestos, antagónicos. Y desgraciadamente los intereses de los trabajadores no tienen hoy por hoy representación política.


Porque muchas cosas se pueden arreglar desde las políticas del Estado, si las clases pudientes participan con impuestos al financiamiento de las acciones estatales, pero si los empresarios persisten en evadir impuestos, en exportar sus ganancias y prefieren invertir en el extranjero. En El Salvador estamos frente a una clase oligárquica que nunca se ha preocupado por la condición de vida de los trabajadores, que nunca introdujo mejoras sensibles en la preparación de la mano de obra, que ha preferido usar el país como simple fuente de rentas. Y esto lo ha mantenido durante décadas con dictaduras. Ahora lo hacen sin dictadura, pero con la complicidad de la clase política.

Porque bien lo dice el padre Tojeira, si se le hubiese preguntado al pueblo que “el ingreso mensual de un diputado sea el equivalente a 38 salarios mínimos del campo”, no creo que se hubiera obtenido un consenso. Pero esta diferencia de ingresos crea también distancia en modos de vida, en modos de pensar, de percibir el mundo. El diputado presidente de la Asamblea, Sigfrido Reyes, se escandalizó porque hubo quien protestara por la vajilla de plata que compró para el uso de los diputados, no es capaz de entender las protestas por los regalitos de Navidad que con el dinero público les hizo a sus colegas. Pero este no es el único caso. En Casa Presidencial la cosa no es diferente.

O sea seguir soñando con la posibilidad de un acuerdo entre políticos para sanear su propio modus vivendi no es coherente.  Pensar posible reconciliar intereses opuestos también es ilusorio.


18 enero 2013

Seguimos con el libro de Sève


He mencionado anteriormente las pruebas más que suficientes que presenta Lucien Sève sobre la masiva presencia de la terminología de la alienación en los trabajos económicos de Marx maduro. Este hecho, esta prueba aportada por Sève desde su trabajo publicado 1974 (“Analyses marxistes de l’alénation”), ha quedado como ocultada en la literatura marxista o no, que trata de la alienación en Marx. Durante años, tres décadas, muchos han preferido ignorar ese trabajo y seguir manteniendo con Althusser que la palabra alienación desaparece totalmente del vocabulario de Marx en El Capital. Claro que la puesta en evidencia desarrollada por Sève obligó a algunos a reconocer su presencia, pero trataron de interpretarla como una supervivencia, como algo que aparece apenas en filigrana y tomando en cuenta sólo el aspecto de la alienación/venta.

Sève ha procedido a demostrar numéricamente la presencia del concepto y del término en los trabajos de El Capital, en el libro mismo del que estoy haciendo este amplio resumen, el filósofo francés nos entrega 82 pasajes de las obras sobre El Capital, donde figura o no el término, pero donde funciona y se expone el concepto de alienación (en castellano tenemos también los términos de enajenación y de extrañamiento).

 Ahora bien la pregunta crucial es justamente ¿encontramos en El Capital (Sève incluye todas las obras marxianas que van desde el “Grundrisse” hasta las “Teorías sobre la plusvalía”) un auténtico concepto de alienación? Y si la respuesta es afirmativa ¿es el mismo o diferente del que funciona en los Manuscritos de 1844? ¿Y en qué aspectos es diferente, si lo es?

El concepto que maneja el joven Marx en sus Manuscritos de 1844 se trata de: una pérdida de sí que se opera en el proceso personal del trabajo productivo, cuya fuente hay que buscarla en ese proceso (Selbstentfremdung: el trabajador se aliena a sí mismo), y que es causa más que efecto de la “propiedad privada”. Al leer los textos recopilados por Sève uno se da cuenta que la visión de 1844 de manera esencial ha sido invertida en su contrario. La alienación no es en primer lugar un proceso que se opera en el trabajo productivo personal, en su fundamento se trata de la gigantesca veta histórica que ha cavado en el mundo social un enorme abismo entre los productores directos y sus condiciones materiales de trabajo; no, el trabajador no es la fuente de su propia alienación, esta resulta al contrario de las relaciones de producción que lo dominan por completo y que constituyen la inevitable premisa objetiva de su actividad laboriosa —él no se aliena, lo alienan. De ninguna manera este trabajo alienado no es absurdamente la causa de la “propiedad privada”. Es todo lo contrario, la apropiación capitalista confiscatoria de los medios de producción y de cambio, confiscación que fue emprendida históricamente en las peores violencias sociales (en lo que atañe nuestra historia nacional, la violenta e inhumana confiscación de las tierras ejidales de 1882, además lo confiscado ya durante la Colonia) y que al reproducirse constriñen a los trabajadores poseedores solo de su fuerza de trabajo a producir en relaciones de alienación y que por consiguiente los alienan.

Lejos de ser un concepto vacío en El Capital es el más fuerte de los conceptos, el del divorcio histórico radicalizado por el capital entre trabajo productivo y la riqueza social. En la cuestión de la alienación, como en el resto de asuntos, entre 1844 y El Capital ha intervenido una inversión crucial de perspectiva a partir de la cual ha sido repensada la idea de alienación sobre la base del materialismo histórico. Ignorar en qué se ha convertido la alienación en El Capital y querer permanecer en el esbozo de 1844 —que bajo muchos aspectos es idealista— para pensar las alienaciones de hoy se trata de una opción de nefastas consecuencias.

En los textos de Marx que ha compilado Lucien Sève nos topamos con una expresión en la que es necesario reparar y a la que Marx recurre en varias ocasiones: fremde Macht (potencia ajena). Expresión de escasa frecuencia en 1844 que aparece sólo hacia el fin del texto sobre el trabajo alienado y que cada vez  se remite al solo objeto (Gegenstand), al solo producto del trabajo (Produkt), de manera que la fórmula tiene un alcance muy limitado. Al contrario, en El Capital esta formulación se vuelve frecuente y se refiere ya no al solo producto del trabajador, sino que a esos inmensos conjuntos que son las condiciones de trabajo impuestas, la riqueza social confiscada. Al mismo tiempo se encuentra, lo que nunca aparece en 1844, la expresión en plural —die fremde Mächte, “las potencias ajenas”, que se convierten en sinónimo de Entfremdung (alienación). Expresión cargada de sentido, a la altura de una alienación que ya no es más una simple pérdida del objeto, sino que una radical exterioridad hostil de todo un mundo, ese mismo mundo que ha sido moldeado por el capital. En los Manuscritos de 1844, la alienación es un avatar de la actividad productiva personal; en El Capital, esta expresión remite nada menos que a la esencia misma de la formación social capitalista: la implacable metamorfosis de las producciones humanas —en la ausencia de una apropiación colectiva— en potencias indómitas que subyugan y aplastan a los trabajadores. Más que un simple concepto, esta fórmula, es aquí, nos dice Sève, una “categoría fundamental del materialismo histórico”, una “figura fundamental de la dialéctica” que expresa “la forma más general de la historia humana” en la época en donde ésta aún no ha salido realmente de su prehistoria.

¿Se puede decir entonces que la alienación según El Capital rehúsa la de los Manuscritos de 1844 y la substituye? No, no es lo que muestran los textos. “Estos muestran un trabajo de pensamiento que a la vez suprime y conserva, opone y transpone, en una palabra supera el análisis juvenil desplegando la intuición fundadora en un cuadro teórico totalmente distinto. El tema anti-hegeliano mayor de 1844: —hay alienación del trabajo asalariado en el sentido que la productiva “salida de sí” en el objeto es al mismo tiempo la más punitiva “pérdida de sí” en el sufrimiento— este tema pasa en los análisis de El Capital, no obstante allí cambia profundamente de sentido, porque, puesto en escena anteriormente en una decoración socio-histórica de fantasía que lo hacía aparecer al revés, es de ahora en adelante puesto sobre sus pies y es retocado según las indicaciones de una rigurosa crítica de la economía política”.

También aquí el aspecto léxico es probatorio. Este toca la expresión clave según la cual el trabajador “se aliena” (“sich entäussert”, “sich entfremdet”). Si oímos en esta formulación únicamente lo que parece hacer del trabajador el autor de su propia alienación, debemos esperar que no aparezca más en El Capital. Pero no es el caso, lo que se comprende de la manera siguiente: la idea —que no excluía claramente el texto tan ambiguo de 1844— según la cual el trabajador, al ser el actor del trabajo alienado, es en definitiva el autor de su propia alienación, esta idea constituye una increíble aberración económica, pero ella es sin embargo en el primer momento una evidencia fenomenológica, en el sentido que es justamente el trabajador que al realizar su trabajo alienado, plasma el efecto humano sobre sí mismo al mismo tiempo que el efecto económico sobre la reproducción del capital. No obstante totalmente a lo opuesto de 1844, los textos de El Capital no dejan lugar a cualquier ambigüedad sobre el fondo: si descriptivamente se puede pues decir que el trabajador asalariado se aliena al realizar su trabajo alienado, es importante agregar con toda claridad que explicativamente la verdadera relación está invertida: el trabajador se aliena únicamente porque está constreñido a hacerlo por las condiciones objetivas alienadas y alienantes que son las del trabajo asalariado en el modo de producción capitalista. Esta inversión crucial de perspectivas trae como corolario la desaparición en El Capital de un término eminentemente confuso: “Selbstentfremdung” (autoalienación).


   





   

05 enero 2013

Ley del Asocio un peligro para el país


El presidente, la embajadora, ministros, representantes de organismos internacionales, incluyendo personal de las Naciones Unidas instan a la Asamblea que adopte lo más pronto posible la ley del Asocio Público-Privado. El presidente Funes insiste en la urgencia y sobre todo en que este “acuerdo” (esta ley no menciona ningún gobierno extranjero), no contiene el principio de privatización.

El descaro del presidente es que miente desvergonzadamente. Entregar bienes y propiedades fiscales a una empresa para que la haga funcionar, la explote no se le puede llamar de otra manera. El inciso a) del Art. 3 reza de esta manera: el “Estado entrega al participante privado bienes u obras materiales de dominio público, para que, según corresponda, construya, amplíe, equipe, repare o mantenga una obra pública a ser explotada y destinada a brindar un servicio público, mediante concesión de obra pública”.  En la ley no se dice en cambio de qué se le da a la empresa privada la administración de estos bienes de la nación. Empleo ahora este término, pues la ley usa para tapar la realidad el término de “bien fiscal”, es decir perteneciente al fisco, al tesoro del país.

El presidente Funes ha repetido que durante su mandato no habrá ninguna concesión para la minería. Con esta promesa pretende exonerarse de emitir una ley que prohíba toda explotación minera en el país, tomando en cuenta todos los daños al medioambiente que estas empresas conllevan. Pero con esta promesa nos oculta, nos miente, pues la ley del Asocio admite de manera implícita la posibilidad en el futuro de poder hacer ese tipo de concesiones. Pues la ley contiene este otro punto, en el Art. 7: “Las licencias, autorizaciones, aprobaciones o actos similares complementarios, incluyendo las concesiones de recursos naturales reguladas en leyes especiales, que fueren necesarias para la realización de ciertas actividades objeto de un contrato, deberán ser otorgadas con carácter previo a la firma de dicho contrato sin perjuicio de aquellas que, por su propia naturaleza, deban ser gestionados con posterioridad”.

La ley no dice claramente que se entiende por recursos naturales, esto puede incluir los minerales actuales, como futuros. Pero también puede incluir los recursos como los ríos y su fuerza hidráulica, simplemente el agua, toda el agua. Esto puede cubrir también todos los recursos marítimos.

O sea que la sibilina promesa de Funes que durante su mandato no iba a permitirse la minería, oculta que la ley —que con tanta fuerza exige que se vote lo más pronto posible— contiene la posibilidad futura de ese tipo de concesiones y otras aún peores. La ley simplemente permite que empresas privadas tomen el control de todos los bienes nacionales. 

Pero esta enajenación de los bienes materiales, se acompaña del rapto de la soberanía nacional. Esta pérdida de la soberanía se da también en la imposibilidad que esta ley del Asocio le impone a la Asamblea para que pueda controlar qué sucede con estas concesiones. En primer lugar la Asamblea se ve maniatada, le conceden cuarenta días para que apruebe o rechace los contratos preparados por PROESA y la empresa privada. Se imaginan el grosor de esos contratos, tienen que ser leídos y analizados en cuarenta días. Con el agravante que si la Asamblea no se pronuncia dentro de ese lapso, el Estado tiene que pagar a la empresa privada 1% del monto del contrato.

Hay que darse cuenta de algo, la Asamblea pierde toda autoridad, toda su competencia, pues la ley del Asocio le impone votar un contrato con la sola alternativa de aprobarlo o rechazarlo. Esto significa que no puede modificar nada en el contrato. Su función deliberativa, de controladora de la acción del Ejecutivo se ve simple y llanamente cercenada.

Por supuesto que el burócrata de turno dirá que se trata de asuntos técnicos que han tomado mucho tiempo en discutir los detalles y que su redacción ha sido fruto de muchos compromisos, de largas conversaciones y negociaciones. Eso se entiende. No obstante ¿por qué se necesita de una ley general, que permite evadir el control de la Asamblea y que le entrega a una institución del Ejecutivo toda la amplitud para liquidar los bienes de la nación?

Ese Asocio se nos pinta como la solución de muchos problemas. Es la misma cantaleta arenera la que entona Funes y sus asociados, cuando los gobiernos de Cristiani, Calderón Sol, Flores y Saca se dedicaban a privatizar. Los capitales iban a llegar a aliviar nuestra pobreza, a traernos progreso y bienestar. Se habla de inversión, pero en realidad lo que va a suceder es una simple transferencia de bienes.

Lo que se prepara es completar lo que ya ejecutó ARENA. Se trata pues de un peligro mayor para el país, no se trata pues de algo insignificante, de algo inicuo. Al contrario, se trata de un ataque en forma contra el país, Funes se prepara a convertirse en el más acabado vendepatrias. ¿Los diputados van a aceptar ser cómplices de esta fechoría?