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27 febrero 2013

Sí, de acuerdo, pero...


Uno podría estar de acuerdo con lo que dice el padre José María Tojeira, pero lo que pasa ahora en España, lo que sucede en Italia, las maniobras y crímenes cometidos por los EE. UU. con sus aviones sin piloto, etc. no veo donde exista esa democracia tan soñada. Los avances democráticos en las famosas "grandes democracias" pueden perfectamente ser pérdidas si los pueblos mismos no se ponen alertas.

No creo posible un pacto entre los partidos en favor de desarrollar la democracia, hoy por hoy, los partidos defienden intereses ajenos a los intereses populares. Por consiguiente exigirles, proponerles que pacten para desarrollar la democracia es un deseo muy virtuoso, pero de ninguna manera realista.

Muchos ponen de ejemplo los Acuerdos de Paz, como si esos mismos acuerdos hubieran sido el resultado de la buena voluntad y se hubiera obtenido beneficios para el pueblo. Los avances "democráticos" es esta misma democracia que critica Tojeira. En realidad, los Acuerdos de Paz fueron de alguna manera impuestos por las mismas circunstancias de la guerra, fueron impuestos por la intervención de los Estados Unidos, por la imposibilidad de seguir en la guerra con una correlación de fuerzas que no daba un ganador. Pero en esos Acuerdos ni siquiera se abordó los problemas políticos, económicos y sociales que motivaron la guerra. Se puso coto a las hostilidades. Claro que el ambiente político es mejor ahora que antes de la guerra, donde la fuerza bruta era el lenguaje de los gobernantes de derecha contra los que protestaban.

Pero es de alguna manera ilusorio pedirle a esos mismos políticos que se pongan de acuerdo entre ellos para mejorar la democracia, para introducir ética en sus conductas. Los vemos actuar todos los días, vemos sus actitudes, escuchamos sus declaraciones, vemos sus intrigas, adivinamos sus chanchullos. Cada partido defiende sus intereses, sus posiciones dentro del Estado para aprovecharse de él.

Acaso es posible un pacto político que instituya un aumento de los impuestos a los capitalistas, que es la única posible fuente de aumento, para financiar todos los programas en salud, educación y otros para aliviar la angustiosa vida que llevan las clases pobres. Eso es imposible, pues los que les permiten vivir del Estado son precisamente los miembros de la clase dominante.

Porque en todo lo que se lleva a cabo en la vida política no podemos abstraer esos intereses. No podemos imaginarnos una vida política que de repente se entre en una especie de limbo en el que desaparezcan los intereses creados. Y estos intereses son mezquinos y son hasta ahora los que han movido a los políticos.

No creo que sea la intención del padre Tojeira sembrar nuevas ilusiones en la gente. Pero en definitiva  es lo que resulta, pues todos aquellos que reclaman un Acuerdo de País hacen abstracción que entre las diferentes clases existen intereses opuestos, antagónicos. Y desgraciadamente los intereses de los trabajadores no tienen hoy por hoy representación política.


Porque muchas cosas se pueden arreglar desde las políticas del Estado, si las clases pudientes participan con impuestos al financiamiento de las acciones estatales, pero si los empresarios persisten en evadir impuestos, en exportar sus ganancias y prefieren invertir en el extranjero. En El Salvador estamos frente a una clase oligárquica que nunca se ha preocupado por la condición de vida de los trabajadores, que nunca introdujo mejoras sensibles en la preparación de la mano de obra, que ha preferido usar el país como simple fuente de rentas. Y esto lo ha mantenido durante décadas con dictaduras. Ahora lo hacen sin dictadura, pero con la complicidad de la clase política.

Porque bien lo dice el padre Tojeira, si se le hubiese preguntado al pueblo que “el ingreso mensual de un diputado sea el equivalente a 38 salarios mínimos del campo”, no creo que se hubiera obtenido un consenso. Pero esta diferencia de ingresos crea también distancia en modos de vida, en modos de pensar, de percibir el mundo. El diputado presidente de la Asamblea, Sigfrido Reyes, se escandalizó porque hubo quien protestara por la vajilla de plata que compró para el uso de los diputados, no es capaz de entender las protestas por los regalitos de Navidad que con el dinero público les hizo a sus colegas. Pero este no es el único caso. En Casa Presidencial la cosa no es diferente.

O sea seguir soñando con la posibilidad de un acuerdo entre políticos para sanear su propio modus vivendi no es coherente.  Pensar posible reconciliar intereses opuestos también es ilusorio.


18 enero 2013

Seguimos con el libro de Sève


He mencionado anteriormente las pruebas más que suficientes que presenta Lucien Sève sobre la masiva presencia de la terminología de la alienación en los trabajos económicos de Marx maduro. Este hecho, esta prueba aportada por Sève desde su trabajo publicado 1974 (“Analyses marxistes de l’alénation”), ha quedado como ocultada en la literatura marxista o no, que trata de la alienación en Marx. Durante años, tres décadas, muchos han preferido ignorar ese trabajo y seguir manteniendo con Althusser que la palabra alienación desaparece totalmente del vocabulario de Marx en El Capital. Claro que la puesta en evidencia desarrollada por Sève obligó a algunos a reconocer su presencia, pero trataron de interpretarla como una supervivencia, como algo que aparece apenas en filigrana y tomando en cuenta sólo el aspecto de la alienación/venta.

Sève ha procedido a demostrar numéricamente la presencia del concepto y del término en los trabajos de El Capital, en el libro mismo del que estoy haciendo este amplio resumen, el filósofo francés nos entrega 82 pasajes de las obras sobre El Capital, donde figura o no el término, pero donde funciona y se expone el concepto de alienación (en castellano tenemos también los términos de enajenación y de extrañamiento).

 Ahora bien la pregunta crucial es justamente ¿encontramos en El Capital (Sève incluye todas las obras marxianas que van desde el “Grundrisse” hasta las “Teorías sobre la plusvalía”) un auténtico concepto de alienación? Y si la respuesta es afirmativa ¿es el mismo o diferente del que funciona en los Manuscritos de 1844? ¿Y en qué aspectos es diferente, si lo es?

El concepto que maneja el joven Marx en sus Manuscritos de 1844 se trata de: una pérdida de sí que se opera en el proceso personal del trabajo productivo, cuya fuente hay que buscarla en ese proceso (Selbstentfremdung: el trabajador se aliena a sí mismo), y que es causa más que efecto de la “propiedad privada”. Al leer los textos recopilados por Sève uno se da cuenta que la visión de 1844 de manera esencial ha sido invertida en su contrario. La alienación no es en primer lugar un proceso que se opera en el trabajo productivo personal, en su fundamento se trata de la gigantesca veta histórica que ha cavado en el mundo social un enorme abismo entre los productores directos y sus condiciones materiales de trabajo; no, el trabajador no es la fuente de su propia alienación, esta resulta al contrario de las relaciones de producción que lo dominan por completo y que constituyen la inevitable premisa objetiva de su actividad laboriosa —él no se aliena, lo alienan. De ninguna manera este trabajo alienado no es absurdamente la causa de la “propiedad privada”. Es todo lo contrario, la apropiación capitalista confiscatoria de los medios de producción y de cambio, confiscación que fue emprendida históricamente en las peores violencias sociales (en lo que atañe nuestra historia nacional, la violenta e inhumana confiscación de las tierras ejidales de 1882, además lo confiscado ya durante la Colonia) y que al reproducirse constriñen a los trabajadores poseedores solo de su fuerza de trabajo a producir en relaciones de alienación y que por consiguiente los alienan.

Lejos de ser un concepto vacío en El Capital es el más fuerte de los conceptos, el del divorcio histórico radicalizado por el capital entre trabajo productivo y la riqueza social. En la cuestión de la alienación, como en el resto de asuntos, entre 1844 y El Capital ha intervenido una inversión crucial de perspectiva a partir de la cual ha sido repensada la idea de alienación sobre la base del materialismo histórico. Ignorar en qué se ha convertido la alienación en El Capital y querer permanecer en el esbozo de 1844 —que bajo muchos aspectos es idealista— para pensar las alienaciones de hoy se trata de una opción de nefastas consecuencias.

En los textos de Marx que ha compilado Lucien Sève nos topamos con una expresión en la que es necesario reparar y a la que Marx recurre en varias ocasiones: fremde Macht (potencia ajena). Expresión de escasa frecuencia en 1844 que aparece sólo hacia el fin del texto sobre el trabajo alienado y que cada vez  se remite al solo objeto (Gegenstand), al solo producto del trabajo (Produkt), de manera que la fórmula tiene un alcance muy limitado. Al contrario, en El Capital esta formulación se vuelve frecuente y se refiere ya no al solo producto del trabajador, sino que a esos inmensos conjuntos que son las condiciones de trabajo impuestas, la riqueza social confiscada. Al mismo tiempo se encuentra, lo que nunca aparece en 1844, la expresión en plural —die fremde Mächte, “las potencias ajenas”, que se convierten en sinónimo de Entfremdung (alienación). Expresión cargada de sentido, a la altura de una alienación que ya no es más una simple pérdida del objeto, sino que una radical exterioridad hostil de todo un mundo, ese mismo mundo que ha sido moldeado por el capital. En los Manuscritos de 1844, la alienación es un avatar de la actividad productiva personal; en El Capital, esta expresión remite nada menos que a la esencia misma de la formación social capitalista: la implacable metamorfosis de las producciones humanas —en la ausencia de una apropiación colectiva— en potencias indómitas que subyugan y aplastan a los trabajadores. Más que un simple concepto, esta fórmula, es aquí, nos dice Sève, una “categoría fundamental del materialismo histórico”, una “figura fundamental de la dialéctica” que expresa “la forma más general de la historia humana” en la época en donde ésta aún no ha salido realmente de su prehistoria.

¿Se puede decir entonces que la alienación según El Capital rehúsa la de los Manuscritos de 1844 y la substituye? No, no es lo que muestran los textos. “Estos muestran un trabajo de pensamiento que a la vez suprime y conserva, opone y transpone, en una palabra supera el análisis juvenil desplegando la intuición fundadora en un cuadro teórico totalmente distinto. El tema anti-hegeliano mayor de 1844: —hay alienación del trabajo asalariado en el sentido que la productiva “salida de sí” en el objeto es al mismo tiempo la más punitiva “pérdida de sí” en el sufrimiento— este tema pasa en los análisis de El Capital, no obstante allí cambia profundamente de sentido, porque, puesto en escena anteriormente en una decoración socio-histórica de fantasía que lo hacía aparecer al revés, es de ahora en adelante puesto sobre sus pies y es retocado según las indicaciones de una rigurosa crítica de la economía política”.

También aquí el aspecto léxico es probatorio. Este toca la expresión clave según la cual el trabajador “se aliena” (“sich entäussert”, “sich entfremdet”). Si oímos en esta formulación únicamente lo que parece hacer del trabajador el autor de su propia alienación, debemos esperar que no aparezca más en El Capital. Pero no es el caso, lo que se comprende de la manera siguiente: la idea —que no excluía claramente el texto tan ambiguo de 1844— según la cual el trabajador, al ser el actor del trabajo alienado, es en definitiva el autor de su propia alienación, esta idea constituye una increíble aberración económica, pero ella es sin embargo en el primer momento una evidencia fenomenológica, en el sentido que es justamente el trabajador que al realizar su trabajo alienado, plasma el efecto humano sobre sí mismo al mismo tiempo que el efecto económico sobre la reproducción del capital. No obstante totalmente a lo opuesto de 1844, los textos de El Capital no dejan lugar a cualquier ambigüedad sobre el fondo: si descriptivamente se puede pues decir que el trabajador asalariado se aliena al realizar su trabajo alienado, es importante agregar con toda claridad que explicativamente la verdadera relación está invertida: el trabajador se aliena únicamente porque está constreñido a hacerlo por las condiciones objetivas alienadas y alienantes que son las del trabajo asalariado en el modo de producción capitalista. Esta inversión crucial de perspectivas trae como corolario la desaparición en El Capital de un término eminentemente confuso: “Selbstentfremdung” (autoalienación).


   





   

05 enero 2013

Ley del Asocio un peligro para el país


El presidente, la embajadora, ministros, representantes de organismos internacionales, incluyendo personal de las Naciones Unidas instan a la Asamblea que adopte lo más pronto posible la ley del Asocio Público-Privado. El presidente Funes insiste en la urgencia y sobre todo en que este “acuerdo” (esta ley no menciona ningún gobierno extranjero), no contiene el principio de privatización.

El descaro del presidente es que miente desvergonzadamente. Entregar bienes y propiedades fiscales a una empresa para que la haga funcionar, la explote no se le puede llamar de otra manera. El inciso a) del Art. 3 reza de esta manera: el “Estado entrega al participante privado bienes u obras materiales de dominio público, para que, según corresponda, construya, amplíe, equipe, repare o mantenga una obra pública a ser explotada y destinada a brindar un servicio público, mediante concesión de obra pública”.  En la ley no se dice en cambio de qué se le da a la empresa privada la administración de estos bienes de la nación. Empleo ahora este término, pues la ley usa para tapar la realidad el término de “bien fiscal”, es decir perteneciente al fisco, al tesoro del país.

El presidente Funes ha repetido que durante su mandato no habrá ninguna concesión para la minería. Con esta promesa pretende exonerarse de emitir una ley que prohíba toda explotación minera en el país, tomando en cuenta todos los daños al medioambiente que estas empresas conllevan. Pero con esta promesa nos oculta, nos miente, pues la ley del Asocio admite de manera implícita la posibilidad en el futuro de poder hacer ese tipo de concesiones. Pues la ley contiene este otro punto, en el Art. 7: “Las licencias, autorizaciones, aprobaciones o actos similares complementarios, incluyendo las concesiones de recursos naturales reguladas en leyes especiales, que fueren necesarias para la realización de ciertas actividades objeto de un contrato, deberán ser otorgadas con carácter previo a la firma de dicho contrato sin perjuicio de aquellas que, por su propia naturaleza, deban ser gestionados con posterioridad”.

La ley no dice claramente que se entiende por recursos naturales, esto puede incluir los minerales actuales, como futuros. Pero también puede incluir los recursos como los ríos y su fuerza hidráulica, simplemente el agua, toda el agua. Esto puede cubrir también todos los recursos marítimos.

O sea que la sibilina promesa de Funes que durante su mandato no iba a permitirse la minería, oculta que la ley —que con tanta fuerza exige que se vote lo más pronto posible— contiene la posibilidad futura de ese tipo de concesiones y otras aún peores. La ley simplemente permite que empresas privadas tomen el control de todos los bienes nacionales. 

Pero esta enajenación de los bienes materiales, se acompaña del rapto de la soberanía nacional. Esta pérdida de la soberanía se da también en la imposibilidad que esta ley del Asocio le impone a la Asamblea para que pueda controlar qué sucede con estas concesiones. En primer lugar la Asamblea se ve maniatada, le conceden cuarenta días para que apruebe o rechace los contratos preparados por PROESA y la empresa privada. Se imaginan el grosor de esos contratos, tienen que ser leídos y analizados en cuarenta días. Con el agravante que si la Asamblea no se pronuncia dentro de ese lapso, el Estado tiene que pagar a la empresa privada 1% del monto del contrato.

Hay que darse cuenta de algo, la Asamblea pierde toda autoridad, toda su competencia, pues la ley del Asocio le impone votar un contrato con la sola alternativa de aprobarlo o rechazarlo. Esto significa que no puede modificar nada en el contrato. Su función deliberativa, de controladora de la acción del Ejecutivo se ve simple y llanamente cercenada.

Por supuesto que el burócrata de turno dirá que se trata de asuntos técnicos que han tomado mucho tiempo en discutir los detalles y que su redacción ha sido fruto de muchos compromisos, de largas conversaciones y negociaciones. Eso se entiende. No obstante ¿por qué se necesita de una ley general, que permite evadir el control de la Asamblea y que le entrega a una institución del Ejecutivo toda la amplitud para liquidar los bienes de la nación?

Ese Asocio se nos pinta como la solución de muchos problemas. Es la misma cantaleta arenera la que entona Funes y sus asociados, cuando los gobiernos de Cristiani, Calderón Sol, Flores y Saca se dedicaban a privatizar. Los capitales iban a llegar a aliviar nuestra pobreza, a traernos progreso y bienestar. Se habla de inversión, pero en realidad lo que va a suceder es una simple transferencia de bienes.

Lo que se prepara es completar lo que ya ejecutó ARENA. Se trata pues de un peligro mayor para el país, no se trata pues de algo insignificante, de algo inicuo. Al contrario, se trata de un ataque en forma contra el país, Funes se prepara a convertirse en el más acabado vendepatrias. ¿Los diputados van a aceptar ser cómplices de esta fechoría?

03 diciembre 2012

Los Manuscritos de 1844 (Fin, IV)




Prosigo en esta nueva entrega con los otros tres puntos del análisis que hace Lucien Sève de la “alienación” en los Manuscritos de 1844 del joven Marx. En el tercer punto aborda la relación entre la propiedad privada y la alienación. Hay que entender que se trata aquí de la propiedad privada de los medios de producción y de cambio, precisión que omite el joven Marx.

El filósofo francés nos dice que la manera de tratar esta relación —propiedad privada/alienación— tal vez sea el aspecto más espeluznante (“médusant”) de estos Manuscritos. El autor nos dice que el pasaje vale la pena citarlo: “La propiedad privada resulta por consecuencia del análisis del concepto del trabajo enajenado” (“Das Privateigentum ergibt sich also durch Analyse aus dem Begriff der entäußerten Arbeit”). Previniendo la reacción estupefacta de sus lectores, Marx agrega: “Partiendo de la Economía Política hemos llegado, ciertamente, al concepto del trabajo enajenado (de la vida enajenada) como resultado del movimiento de la propiedad privada. Pero el análisis de este concepto muestra que aunque la propiedad privada aparece como fundamento, como causa del trabajo enajenado, es más bien una consecuencia del mismo, del mismo modo que los dioses no son originariamente la causa, sino el efecto de la confusión del entendimiento humano”.

El joven Marx califica este extraordinario vuelco como un “misterio”. Es la manera en que se cumple, se ejecuta el acto productivo individual que engendra la masiva realidad histórico-social que es la apropiación capitalista. Nos encontramos en un mundo al revés y con una posición muy por debajo del materialismo histórico. Pero Marx insiste: “el trabajo alienado es la causa inmediata de la propiedad privada”. No obstante persiste un enigma: “¿cómo llega el hombre a enajenar, a extrañar su trabajo? ¿Cómo se fundamenta este extrañamiento en la esencia de la evolución humana?” La respuesta al parecer se contiene en la pregunta: es “el hombre” precisamente quien “engendra la dominación que ejerce el que no produce sobre la producción y sobre el producto”.

El manuscrito se cierra con la promesa de continuar más adelante con el tema. La exposición de 1844 sobre el trabajo alienado se quedó inconclusa. Al ver la inconsistencia histórica, nos dice Sève,  uno no puede dejar de estar de acuerdo con Althusser sobre este punto: este texto se quedó inconcluso, porque era inacabable. Sève prosigue: “No cabe duda, existe no obstante, se podría aducir, una intuición penetrante en la idea que la alienación íntima del trabajo asalariado es irreductible a la simple explotación externa de su producto por el propietario capitalista, y por consiguiente ella remite a un análisis explicativo interno de mayor profundidad; cierto, volveremos sobre esto, sin embargo llevar un análisis profundo exige justamente substituir la gran abstracción vacía de “el hombre” por el estudio atento de las relaciones sociales, cuya ausencia recluye irremediablemente a este texto juvenil en la especulación”.

Ahora bien la especulación no es solamente inoperante, puede volverse nociva, nos dice Lucien Sève al iniciar el cuarto punto. Nociva en un tema de suma importancia, la apreciación del trabajo obrero, de su tenor humano, de su alcance social.

A este respecto el joven Marx nos da una imagen del trabajo absolutamente oscura. El obrero no solamente está condenado al desenlace que puede conducirlo hasta morir de hambre, sino que también a una deformidad que alude a la barbarie, a una servidumbre en la que se pierde toda dignidad y en la que se siente vuelto un “animal”. El obrero está destinado a padecer la “imbecilidad” (Blödsinn) y el “cretinismo” (Kretinismus). La actividad productiva no es otra cosa que un “trabajo forzado”, que salvo una obligación física, “es huido como la peste”.

Lo que renquea en este cuadro no es tanto lo que dice, sino lo que no dice, pues las condiciones en las manufacturas y las fábricas de los años 1840 se semejan realmente a las de un penal. Lo que el joven Marx no ve es el carácter a pesar de todo gratificador de la actividad productiva, la riqueza de la experiencia profesional, el orgullo del oficio, el tesoro de la camaradería entre los obreros; lo que desconoce, en su indicación unilateral del trabajo “huido como la peste”, es que su pérdida contradictoriamente se vuelve el meollo del drama del desempleo, cuando la asunción es lo que le confiere su grandeza al proletario. Esta unilateralidad nos habla más que cualquier otra cosa del fondo aún burgués del análisis lastimero del trabajo obrero. Esta unilateralidad delata también la fecha en la que el texto sobre el trabajo alienado fue escrito: la primavera de 1844. Marx acaba de llegar a París y todavía no se ha ligado relación con los obreros parisinos, como tampoco pudo conocer a los obreros alemanes y de los que habla sin conocerlos realmente.

No obstante Marx aprende rápidamente, unos meses después, en agosto de ese mismo año le escribe a Feuerbach: “Tendría que asistir a una de las reuniones de los obreros franceses para persuadirse de la frescura juvenil, de la nobleza que se manifiesta en estos obreros vapuleados”. Aparece aquí todo lo que faltaba en su análisis primaveral.

En uno de los textos preparatorios de El Capital, el famoso texto que se conoce como el Grundrisse, polemizando con Adam Smith sobre la célebre frase bíblica “Te ganarás el pan con el sudor de tu frente”, clásicamente interpretada como una maldición eterna que pesa sobre el trabajo, Marx que sabe ahora de qué habla, al contrario afirma que en este trabajo “forzado del exterior” y agotador, hay también, contradictoriamente, una preciosa “autoefectuación del sujeto” y potencialmente incluso una “libertad real” que reclama desplegarse por el intermedio fundamental de la emancipación social.

El quinto punto se refiere a la sorprendente actitud que tiene el joven Marx respecto al aumento de los salarios y a la lucha por obtenerlo. Porque en estos Manuscritos de l844 la alienación aparece económicamente no elucidada, históricamente inexplicada, antropológicamente imputada “al hombre” y unilateralmente exenta en sí de toda dinámica positiva, no aparece en ésta nada que permita pensar en su superación liberadora. La descripción del trabajo en el texto no es solamente oscura, sino que también es oscura su perspectiva histórica, o mejor dicho, su falta de perspectiva en la que lo sitúa. Es cierto que algo va a cambiar en el tercer manuscrito, cuando introduce el tema del “comunismo”, pero no vuelve a situar el trabajo en este contexto. Como tampoco es cuestionada esa afirmación particularmente nociva del primer manuscrito, según la cual “Un alza forzada de los salarios,… no sería, por tanto, más que una mejor remuneración de los esclavos, y no conquistaría, ni para el trabajador, ni para el trabajo su vocación y su dignidad humanas”.

En la primavera de 1844, el joven Marx condena pues con una frase filosófica perentoria la batalla por el salario, esta verdadera lucha por la vida del mundo del trabajo que es al mismo tiempo la escuela elemental del combate obrero. Esta frase “revolucionaria” completa el cuadro de un análisis donde la especulación filosófica y la compasión social inexperimentada se conjugan para dar un irisado pretexto susceptible de desembocar, si se acepta como una doctrina práctica, en un callejón sin salida estratégico.

Veinte años después, enriquecido por una incomparable experiencia de luchas populares, Marx explica todo lo contrario a un auditorio de asalariados ingleses: "Si en sus conflictos diarios con el capital (la clase obrera) cediese cobardemente, se descalificaría inexorablemente para emprender movimientos de mayor envergadura”, (en “Salario, precio y ganancia”, informe pronunciado por C. Marx los días 20 y 27 de junio de 1865 en las sesiones del Consejo General de la Asociación Internacional de los Trabajadores. Publicado por primera vez en Londres en 1898).
La única y muy breve mención que aparezca en el primer manuscrito de 1844 de un más allá posible de la alienación del trabajo concierne “la forma política de la emancipación de los trabajadores”, de la que el tercer manuscrito dejará ver su insuficiencia. Rotundamente hay abundancia de motivos para considerar con la mayor vigilancia crítica esta cautivadora fenomenología del trabajo alienado, como cualquier reutilización actual.






29 noviembre 2012

Análisis de los Manuscritos de 1844 (III)


Para darse cuenta por entero del cambio ocurrido en la concepción de Marx es necesario ver claramente cuál era su pensamiento anterior, ver lo que pensaba cuando aún no era totalmente materialista, ni totalmente dialéctico. Cuando todavía no era Marx. Es decir cuando su modo de pensar era todavía metafísico. Voy a resumir las observaciones que hace Lucien Sève a la concepción de alienación que Marx desarrolla en los Manuscritos de 1844.

Son cinco puntos los que desarrolla Sève. El primero es que a pesar de que el joven Marx alega partir de manera explícita del terreno de la economía política —afirma que la alienación es el “hecho económico actual” por el que hay que comenzar— en todo lo largo de las quince páginas de sus análisis se puede constatar la ausencia total de una conceptualización económica. Hay un despliegue muy rico de indicaciones acuciosas respecto a la vida del trabajador alienado, no obstante el texto es pobre en explicaciones sobre las determinaciones económicas de esta experiencia vivida: nada sobre la mercancía, su valor de uso y su valor de cambio, nada sobre la capacidad humana del trabajo, sus condiciones y su formación, nada sobre el mercado del trabajo, ni sobre el mismo modo de producción capitalista.

Hay una vaga alusión al “sistema del dinero”, pero nada preciso sobre la relación de clases al que pertenece ese trabajo alienado. La palabra clase no aparece en el texto y cuando de manera furtiva surge el término “capitalista”, Marx se siente obligado a agregar “(o de cualquier manera que se quiera nombrar al dueño del trabajo)”… Todo el texto delata una conmovedora inexperiencia en materia económica.

Incluso se puede señalar más de una aserción que al hablar estrictamente desde el punto de vista económico es pura y simple fantasía: verbi y gratia la segunda frase de su análisis reza: “El trabajador se vuelve una mercancía a un precio tanto más vil cuanto más mercancías produce”. La idea que el nivel del salario del trabajador estaría ligado de manera negativa al volumen de su producción no tiene el más mínimo fundamento. De modo general, mientras que la cuestión del salario es central en el tema abordado, Marx no tiene de manera manifiesta ninguna idea precisa al respecto.

En varias ocasiones se refiere al “salario del trabajo”, fórmula que cubre sin que se dé cuenta la misma ilusión que se esforzará en desenmascarar en El Capital: el salario no es el precio del trabajo, sino que de la fuerza de trabajo, lo que es radicalmente diferente y es necesario decir que en esta diferencia reside todo el secreto de la ganancia capitalista. Lucien Sève concluye este primer punto de su análisis de esta manera, “Antropológicamente rica, la idea de alienación tal cual se encuentra en los Manuscritos de 1844 es económicamente inutilizable, persiste en el orden de la gran abstracción no elucidada”.

La segunda observación de Lucien Sève afirma que la alienación es planteada, pero no se dan las razones de este plantear, por consiguiente además de no elucidada, permanece inexplicada. Sin embargo el autor señala que la concepción del joven Marx trae algo muy nuevo respecto a la de Hegel. La novedad consiste en que la noción de Marx le opone a la “salida de sí” (Entäusserung) pensada como momento de un desarrollo positivo, la “pérdida de sí” en el objeto (Verlust des Gegenstandes), la Entfremdung como un avatar negativo del sujeto.

No obstante este punto capital permanece totalmente injustificado. Se trata de un momento en la fenomenología de la actividad productiva, la alienación es pensada como una modalidad de la objetivación del trabajador en su producto. Marx al pasar a la segunda fase del análisis dice: “Examinemos ahora más de cerca la objetivación, la producción del trabajador y, en ella, la alienación, la pérdida del objeto, de su producto”. La alienación es dada como un avatar de la objetivación (objectalisation), un vuelco de la actividad productiva contra sí misma, una patología interna de la salida de sí. Esta procedería —no se explica ni cómo, ni por qué— no de un afuera social, no de una lógica ajena impuesta por las relaciones externas alienantes, sino que del interior mismo del trabajo. Es lo que expresa la sinonimia conservada a todo lo largo del texto entre Entäusserung y Entfremdung: es al exteriorizarse (ausser) en su producto que el trabajador se aliena (fremd) en su esencia.

Lucien Sève hace aquí una observación lingüística y de traducción muy importante. “Uno se ve incitado, nos dice, a tomar en el sentido fuerte la forma reflexiva de la fórmula clave: el trabajador se aliena (“sich entäussert”, “sich enfremdet”), él se auto-aliena (Selbstenfremdung, auto-alienación): el pronombre reflexivo afirma que el trabajador no es solamente el objeto de la alienación, sino que su sujeto, su actor y por consiguiente su autor”. El análisis de los Manuscritos de 1844 no le imputa de manera clara la alienación al capital, sino que de manera constante y vaga al trabajo mismo. Aquí uno puede constatar que si se siguen los análisis del joven Marx, se puede perfectamente denunciar la alienación disculpando al capital, incluso imputarla a una inclinación del trabajador por la “servidumbre voluntaria”, este punto Sève va a tocarlo en la continuación de sus observaciones. Más que de una vaguedad conceptual se debe hablar de una mistificación irreflexiva.

En la próxima entrega voy a resumir los otros tres puntos que nos ofrece Sève. Quiero agregar una observación que nuestro autor pone en una nota al pie de página: “Franck Fischbach al traducir todas las ocurrencias de este término por “alienación de sí”, no deja aparecer ante el lector la dimensión activamente reflexiva del término Selbstentfremdung (Auto-alienación)”. Por mi parte agrego que en Sève es constante la preocupación de la exactitud de la traducción. Es cierto que los traductores no tienen el mismo nivel conceptual de un estudioso de los textos, los errores de traducción resultan visibles cuando una elucidación conceptual se pone en marcha. Este trabajo de elucidación aún no aparece en nuestro idioma de la misma manera que se hace en francés, en alemán o en ruso.

25 noviembre 2012

Garaudy, Althusser y Sève (II)


El impacto que tuvo en el mundo, pero sobre todo entre los comunistas, el Informe Secreto al XX Congreso del PCUS (de Nikita Jruchov), fue estremecedor. Muchas fueron las consecuencias, muchas cosas cambiaron y otras desgraciadamente perduraron. Aunque la situación en general había cambiado. Muchas cosas se emprendieron entonces, desde finales de los años cincuenta e inicios de los sesenta. Había que salir del estalinismo. Es hasta estos momentos tan cruciales que Lucien Sève remonta en su libro “Aliénation et émancipation” para encontrar el origen de las reflexiones en torno a la alienación. Aunque la principal disputa no se produjo entonces entre Louis Althusser y Lucien Sève, sino que entre estos dos filósofos y Roger Garaudy. Cada uno a su manera y a partir de sus posiciones.

Roger Garaudy era entonces miembro de la dirección del PCF (Partido comunista francés). Hasta los años cincuenta como la mayoría de los intelectuales comunistas aprobó sin mayor crítica las posiciones doctrinales del estalinismo. Pero después del famoso XX Congreso muchos iniciaron una especie de “aggiornamento” ideológico. En este contexto Garaudy publica “Perspectivas del hombre. Existencialismo, pensamiento católico, marxismo”, París, 1959. En este libro el autor postula que el punto de partida de la crítica de Marx es el hombre y que el análisis del trabajo alienado constituye el núcleo de esta crítica y que por consecuencia “los Manuscritos de 1844” pueden ser considerados como el “acta de nacimiento del marxismo”.

Louis Althusser publica en 1965 dos libros que no son solamente una respuesta a Garaudy, sino que dos piezas importantes en el pensamiento marxista: “Por Marx” y “Leer El Capital” (libro escrito con Étienne Balibar, Roger Establet, Pierre Macherey y Jacques Rancière). En ellos Althusser ataca el “humanismo ecuménico” de Garaudy que se basa en una concepción errónea del concepto “hombre”: una abstracción especulativa. No, la crítica de Marx no parte del “hombre”, al contrario ella barre “toda antropología filosófica para producir un materialismo histórico pensado en términos conceptuales de manera radicalmente diferente —modo de producción, superestructuras políticas, practicas ideológicas—…”. Pero sobre todo Althusser proclama que los “Manuscritos de 1844” no son el “acta de nacimiento del marxismo”, se trata de un texto “todavía filosófico”, hay que tomar este adjetivo “en la misma acepción contra la cual Marx marcará una condenación sin apelación”. Por consiguiente es imprescindible concluir que “El Marx más alejado de Marx es precisamente ese Marx”. (Citas de “Por Marx”).

Los que han leído a Althusser saben que es quien ha desarrollado y demostrado el cambio radical que se opera en el pensamiento de Marx y Engels a partir de su “Ideología Alemana”. Es suyo el término “corte epistemológico” que introduce en este contexto.

Sin embargo Althusser declara que la alienación no es un elemento central del pensamiento marxiano, justamente es lo contrario, se trata de una de esas categorías de ascendencia hegeliana y feuerbachiana que perpetúan en el joven Marx las ilusiones del “humanismo filosófico”, es uno de esos conceptos ideológicos premarxistas, de los cuales hay que despojarse a fin de elevarse a una verdadera crítica de la economía política y que por demás, de manera ejemplar, “desaparecerá” por completo en El Capital (en “Por Marx”).

Estos dos puntos van a constituir un terreno de encuentros y desencuentros entre Althusser y Sève. Encuentros sobre todo en su común oposición a los postulados de Garaudy, contra ese “humanismo teórico” y su eclecticismo. Muchos conocen el vuelco hacia el misticismo y otras posturas de Garaudy, que tras sus “conversiones” al Islam y al espiritualismo hindú, ha coqueteado con el “negacionismo”.

A mi modo de ver las discusiones entre Sève y Althusser son de mayor interés. Estas tornan alrededor de los conceptos marxianos de “esencia humana” y de alienación o enajenación. En castellano existen estos dos términos, en francés existe sólo “aliénation”. Nuestra ventaja es que en enajenación encontramos la misma raíz de ajeno que completa el paradigma conceptual que usa Marx en alemán. Sobre esto voy a volver cuando resuma el estudio terminológico marxiano que realiza Lucien Sève al respecto.

El primer tema sobre la “esencia humana” no lo voy a tratar aquí en estas reseñas-resúmenes. En este terreno hay un acuerdo sobre el rechazo necesario del concepto “hombre” y del corolario “humanismo”. Sève y Althusser discrepan sobre la interpretación de la VI tesis de Marx sobre Feuerbach, el concepto de esencia y otros puntos adyacentes. Voy a dedicarle posteriormente algunos artículos a este tema, sobre todo que se trata de un tema mayor de la filosofía.

En el próximo artículo voy a tratar de la alienación en los “Manuscritos de 1844” según lo expone Lucien Sève en su libro y sobre la discusión entre Sève y Althusser a este respecto. Agregaré que Sève menciona a Henry Lefebvre para reconocer que a pesar de la ausencia en los textos marxistas de la época estaliniana del término “alienación”, este filósofo le dedica al concepto mucho espacio en sus estudios antes de los años cincuenta. 

22 noviembre 2012

Lucien Sève, un filósofo que hay que conocer


A veces las casualidades nos ofrecen cosas inesperadas.  En la feria que se forma los fines de semana, en las inmediaciones del Mercado de San Telmo, en Buenos Aires, adonde fui sin proponérmelo, vagabundeando por la ciudad, entre los libros que ofrecía un muchacho encontré la “Introducción a la literatura norteamericana” de Jorge Luis Borges, en la editorial EMECE, 1997. Me la remató por menos de cinco euros (le pagué por supuesto en pesos). El librito difícilmente se puede encontrar en Francia y aun mismo en Buenos Aires: hay que buscarlo con lupa. Me puse a leerlo de inmediato, dejando de lado temporalmente otro cuyo tema me ocupa mucho en estos tiempos: la enajenación o alienación en tanto que fenómeno fundamental de la sociedad capitalista. Al llegar a la página 62  me topé con un comentario de Borges sobre Frank Norris (1870-1902) que reza así: “Creyó que ciertas fuerzas impersonales —el trigo, los ferrocarriles, la ley de la oferta y la demanda— son más importantes que el individuo y acaban por dominarlo, pero también creyó en la inmortalidad”.

Lucien Sève tiene ya más de treinta años de señalar y no solamente eso, sino que de manera extremadamente detallada ha demostrado la permanencia en el cuerpo de escritos económicos de Karl Marx del concepto de alienación. Que este pensador que muchos han llamado, no sin cierto propósito perverso, “el filósofo oficial del PCF”, sea uno de los menos conocidos afuera de Francia y aún en Francia misma menos reputado que Althusser, Lefebvre o el reconvertido Garaudy, sorprende a todos los que han seguido su labor infatigable. No es el único pensador de izquierda marxista alrededor del cual se ha formado un muro de silencio o silenciador, el mismo Althusser tuvo que fraguarse con mucha perseverancia su sendero hacia sus lectores.

Sève y Althusser fueron amigos. Los separaba cierta distancia en años. La amistad no impidió que ambos discreparan sobre algunos temas cruciales del pensamiento marxiano. Un punto de discordia ha sido la alienación. Según Althusser este concepto desaparece en los escritos de Marx maduro, incluso llegó a decir que no se encuentra en El Capital. La autoridad de Louis Althusser ha impuesto, en la filosofía oficial y extraoficial  marxista del siglo XX, este criterio. Un minucioso artículo de Lucien Sève,  publicado en 1974, ha mostrado la inconsistencia de la afirmación de Althusser, lo prueba con numerosas citas y demostrando que el nuevo concepto de alienación ha superado al antiguo que aparece en los manuscritos de Marx de 1944.

Lo curioso es que a pesar de la sólida demostración de Lucien Sève son muchos los que persisten en sostener la desaparición del concepto de alienación en Marx y siguen considerando que se trata de un concepto exclusivamente metafísico, especulativo. La ceguera y el ostracismo respecto a los escritos de Lucien Sève son sintomáticos. Algunos han empezado a revisar sus posiciones y admiten la permanencia del concepto, aunque lo circunscriben a la expropiación del producto del trabajo, en su aspecto estrictamente económico, a la explotación.

Ahora de nuevo se habla de tomar en serio este concepto, pero quienes pretenden hacerlo acuden a los escritos de Marx de 1844 como punto de partida, es decir cuando Marx aún no era Marx, cuando aún no se había operado la “fractura”, “el corte” del que habla Althusser, cuando Marx y Engels todavía no habían arreglado cuentas con su “conciencia filosófica” anterior, tal cual lo afirma Engels que hicieron en la “Ideología Alemana”.

En su último libro (“Aliénation et émancipation”, La Dispute, Paris 2012), Lucien Sève vuelve a publicar su artículo de 1974, agrega además un valiosísimo material, una compilación de textos de El Capital sobre la alienación. Se trata de 82 pasajes en los escritos de preparación de El Capital y del mismo libro clásico. Todo esto precedido de un texto de suma importancia “Urgencia de comunismo”. Además contiene un artículo publicado en “Le monde diplomatique”, ahora en este libro restablecido en su totalidad: “Causa ecológica y causa antropológica”.

Todos los textos son densos, algunos de cierta dificultad técnica, pero todos accesibles si se hace el debido esfuerzo. En próximos escritos voy a ir resumiendo algunos aspectos, que me parecen importantes para nuestra política, para la manera de hacer política en nuestro país. Por supuesto daré los detalles sobre el concepto de alienación que Marx tenía en los Manuscritos de 1844 y su superación en los escritos posteriores de Marx según lo que expone Lucien Sève.

Deseo pues dejar en este retorno —después de una larga ausencia en estas “Cosas tan pasajeras”— esta promesa, hacer sucesivas reseñas del último libro de Lucien Sève: “Aliénation et émancipation”.

Para volver a Borges y su comentario, esas “ciertas fuerzas impersonales” que terminan “por dominar” al individuo, son esas “esas potencias ajenas” que se han personificado y que dominan a los hombres. Son estas fuerzas exteriores, ajenas, impersonales que constituyen las diferentes alienaciones del mundo capitalista.

14 octubre 2012

Un partido de nuevo tipo


A pesar de la situación de bancarrota en que se encuentra el gobierno salvadoreño, incapaz de asumir pagos corrientes de salarios, facturas, subvenciones, etc. y sobre todo tener que recurrir constantemente a préstamos para seguir pagando los intereses de la deuda y la deuda misma, esto no constituye lo esencial de la crisis que sufre el país. Claro que esto es inadmisible, sobre todo que el presidente Mauricio Funes,  el mismo que proclamaba ante su partido, el FMLN, que “el que manda soy yo”, venga ahora ante el partido ARENA a pordiosearle los votos en la Asamblea para poder pagar los servicios de una deuda contraída en condiciones leoninas, por un expresidente arenero, Francisco Flores. Hasta hoy no se sabe a ciencia cierta adónde fue a parar ese dinero. Repito que esto es grave y ya no se puede ocultar a pesar de los berrinches presidenciales y la multiplicación de declaraciones soporíficas de sus ministros y consejeros. Todo esto son síntomas mayores de la crisis, es innegable.

El gobierno tiene esas dificultades financieras porque es el principal órgano de un Estado al servicio exclusivo de la oligarquía. El gobierno padece estas dificultades porque desde décadas le permite anualmente a la oligarquía eludir impuestos por un monto de 1,100 millones de dólares.

Pero donde se refleja mayormente la crisis del sistema es que más del 60% de la población del país es considerada como viviendo en estado de pobreza extrema o relativa. No se trata pues de un estado pasajero de algunas familias que han sufrido las consecuencias de una catástrofe natural, sino que de la inmensa mayoría de la población que es víctima del sistema reinante en el país. Esta pobreza es permanente, estructural. Pero no podemos nosotros considerar esta pobreza como un número más en los cuadros de las estadísticas nacionales. Urge que cada uno de nosotros considere el desastre social y humano que esto constituye. ¿Cuánta y de qué nivel es la desposesión que atañe a tantas familias? Se trata de privaciones diarias en alimentación, en vestimenta, en servicios, en salud, en diversiones, etc. Para ellos es tan aplicable el título de la novela del peruano Ciro Alegría, “El mundo es ancho y ajeno”.

¿Ante estas enormes privaciones, ante estas urgencias, no resultan ridículas las pretensiones efemelenistas que el gobierno de Funes ha iniciado los cambios estructurales necesarios para construir otra sociedad? Lo vuelvo a decir, aun sin minimizar el alivio que puedan constituir para las familias, las medidas del reparto de uniformes, zapatos, útiles, leche, etc. a los escolares, no dejan de ser miserables remiendos en un pantalón raído.

"El FMLN no es enemigo de la gran empresa"

El lunes 6 de diciembre del 2010, en una entrevista al diario “El Mundo”, Medardo González dejaba meridianamente transparente la posición de su partido frente al sistema: “Pero el FMLN no ha planteado, ni plantea, como algo programático, no estamos planteando para nada sobre la necesidad de terminar con el capitalismo, con la gran empresa, con el gran capital. Lo que creemos es que hay que utilizar la fuerza y potencial del capital, del Estado, para salir adelante con nuestro país. Y por eso regreso al tema del dólar: nosotros en el FMLN si creemos que una de las cosas que detiene las posibilidades de poder avanzar es mantenernos anclado con el dólar. Es una acusación (posición de algunos empresarios) es más de carácter ideológica que de carácter  político. El FMLN ha venido demostrando y seguirá demostrando que el FMLN no es enemigo del empresario, no es enemigo de la gran empresa, y tampoco habla de la necesidad, de la creación de otro modelo, de otro sistema. Estamos simplemente pensando en la necesidad de seguir con nuestro país, de construir nuestro país”.

Esta es la posición del FMLN, clara, transparente, dicha con todas las letras por su secretario general. Pueden los “borregos” berrear cuanto quieran, pero su partido no es la alternativa al hoy en que vivimos. La designación como candidato a la presidencia de Funes no fue un accidente, ni tampoco es un accidente el infalible apoyo a su política, ni tampoco son accidentes todos los abandonos ideológicos perpetrados desde décadas por los cupuleros del FMLN.

Puede este papanatas de Medardo González “persignarse frente al marxismo, frente al leninismo” o no, creo que es abusivo de su parte hacer referencias hacia cosas serias que nunca estuvieron a su alcance, ni sobre las que no tiene autoridad intelectual para pronunciarse. Porque si afirma que su partido no desea subvertir la sociedad en que vivimos, como puede al mismo tiempo afirmar sin pudor “que el FMLN tiene perspectivas como partido político de izquierda, revolucionario, marxista, leninista, pero a lo que me opongo es a conceptos teóricos fatales”.

El concepto fatal al que se opone este denostador del marxismo es el de la crisis del capitalismo en nuestro país. Lo afirma con toda la desvergüenza del lacayo: “el FMLN no ha planteado, ni plantea, como algo programático, no estamos planteando para nada sobre la necesidad de terminar con el capitalismo”.

Esta es la realidad, el partido que muchos consideraron o siguen considerando como revolucionario, como la fuerza subversiva  del sistema, por la boca de su secretario general, se les da un solemne desmentís.

Lo más urgente hoy en día

Entonces la urgencia política más actual, más acuciosa es la de crear una fuerza política que asuma las tareas que la sociedad en crisis le presenta. Estas tareas son inmensas, pues los trabajadores salvadoreños han perdido en mucho su legendaria combatividad, su nivel de conciencia es ahora muy bajo. Pues desde que fueron concluidos los Acuerdos de Paz nadie se ha encargado de promover las luchas sociales, todo se ha concentrado en las estériles contiendas parlamentarias. Se hace manifiesta la necesidad de volver a la sociedad, a su interior para reanimar la combatividad y realzar el nivel de conciencia política del pueblo.

No me parece que la discusión sea ahora la de si se debe o no participar en las elecciones, sino que determinar qué es lo fundamental en estos momentos. Hay muchos momentos esenciales que hay que tratar antes de una posible participación electoral. He hablado de la desposesión social, cultural y material que sufren las familias salvadoreñas, estas enajenaciones se han prolongado en la vida nacional por una desposesión, de un rapto de la función política de la gente, de las personas. Esto es patente en el cuadro de las instituciones políticas de la democracia representativa, de la democracia burguesa. En el sistema actual ya no se trata de una delegación de poder, de depositar la soberanía popular en los funcionarios electos, sino que de un apoderamiento de parte de éstos del poder político, sin tomar en cuenta la voluntad popular. Las elecciones ya no sirven para enviar al parlamento, al gobierno representantes de la sociedad, los partidos políticos eligen a sus candidatos y los imponen. Las elecciones son apenas momentos de la vida política que les sirve a la casta politiquera para legitimar su función. El pueblo en nombre del que se dice ejercer el poder ha quedado afuera. Esta alienación política se prolonga en los partidos mismos. Es justamente esto lo que ha mantenido cierta repugnancia por parte de la gente hacia la política en general, como hacia los partidos en particular. Esta reticencia ha alcanzado también a los ciudadanos que se consideran de izquierda. Nadie puede recriminarles esto. Las razones sobran. Entonces resulta paradójico que por mi parte insista sobre la necesidad de un partido político.

El viejo modelo estalinista

Hasta hoy en la izquierda el modelo de partido ha sido el estalinista o por lo menos los modelos autocráticos, en los que el militante se ha convertido en simple ejecutor de las decisiones de la dirección. En algunos partidos todavía existe una apariencia de democracia en la preparación de congresos, en los que se discute documentos que van a fijar la línea partidaria y la táctica del momento. Pero estos documentos no emanan de los militantes, sino que de los grupos dirigentes. El militante puede discutir una formulación, un punto preciso, pero no puede cambiar substancialmente todo el documento, pues para ello sería necesario que sus proposiciones tengan la misma difusión dentro del partido que las de la dirección. Cosa imposible. En el caso del FMLN no existen ni congresos, ni discusión de líneas, ni de tácticas. En el FMLN el militante tiene derecho sólo a ratificar lo decidido en la cúpula partidaria.

Este verticalismo mal llamado “centralismo democrático” fue el que Stalin impuso en el movimiento comunista, convirtiendo su persona y sus allegados en el centro del partido. En la idea y en la práctica de Lenin el centro era el congreso, el órgano deliberante, que debería reunirse con la frecuencia que las circunstancias requirieran. Pero sobre todo eran los militantes los que elaboraban en lo esencial sus propuestas. Pero esta desposesión política en los partidos políticos, en las instancias estatales, en la sociedad en general que se operó en los países del “socialismo real” condujo a las catástrofes humanas, sociales y políticas que todos conocemos. ¿Podemos seguir haciéndonos los desentendidos?

Se trata pues de fundar nuevas prácticas, se trata de crear un partido político de un nuevo tipo. ¿Qué significa esto? Por supuesto que la respuesta no puede recaer en una sola persona, que en esto tiene que participar todo aquel que comparta la necesidad de este nuevo partido. Digo esto no para zafarme de mis propias responsabilidades al respecto. Voy adelantar algunas ideas.

Dos ideas para materializarlas

Hemos entrado en una época en que la información tiene un peso primordial en el funcionamiento social. Esta información es sobre todo conocimiento, es por ello que ante la imposibilidad de convertirla en mercancía los que detentan el poder, prefieren ocultarla, tergiversarla, devaluarla, banalizarla. Esto sucede con todo tipo de información. Y al mismo tiempo vivimos en una época en que los medios de transmisión de la información han dado un salto hacia adelante que vuelve ésta casi simultánea a su producción. Hoy es imposible no enterarse de lo que sucede en los rincones más alejados, aún menos de lo que suceden en los grandes centros. Pero lo que nos llega a la mayoría es desvirtuado, desvaluado y ha pasado por el tamiz de los órganos de control de la información de los poderosos. Aquí también vemos como se opera una enajenación en este sistema, privando a los hombres de algo valioso.

Lo que acabo de señalar no es una simple consideración antropológica. En el nuevo partido político no se puede pues contar con militantes desinformados y separados de las fuentes de información partidaria y política. Es esto lo que debe garantizar una participación inteligente y consciente de los militantes en la elaboración y ejecución de la política partidaria. Este es un presupuesto actual del futuro partido, la facilidad de transmisión de la información tiene que ponerse al servicio de todos los militantes. Pero no basta con un militante informado y conocedor de todo lo necesario para determinarse. Es además necesario que sus opiniones puedan circular, puedan ser compartidas, debatidas con otros militantes, sin que pasen por un filtro central, temeroso de perder algún poder decisional. Entonces el nuevo partido debe de abandonar las estructuras verticalistas y dotarse de instancias horizontales de funcionamiento. Este aspecto es imperioso.  

Estas formas organizacionales hay que inventarlas, están surgiendo en muchas sociedades, por lo menos su imperiosa necesidad está planteada. En muchas luchas políticas y económicas los trabajadores han exigido participar directamente en las negociaciones, de estar informados a cada instante de los resultados. En los movimientos sociales también se han organizado en formas de acción y de congregación horizontales. Todos pueden participar, contribuir, aportar sus opiniones, sus posiciones, sus soluciones. Las instancias deliberativas no son exclusivamente las de la dirección del movimiento, del sindicato, etc.

Avanzo pues apenas estas dos ideas, pero que me parecen fundamentales, que se pueden debatir, depurar. Todos podemos participar en esto. Como se ve, estas dos ideas no admiten que un señorón venga a prevalerse de nada, no admite la figura del hombre providencial, del famoso “líder máximo”, del gran ideólogo indiscutible y conocedor de todo. Estas dos ideas contienen al militante activo y consciente, instruido en sus necesidades y seguro de sus capacidades. Pero sobre todo contienen la igualdad real de todos los militantes. Estas dos ideas son desalienantes si se llegan a plasmar en la nueva organización.




11 octubre 2012

No existe un partido político


A veces me sorprende lo cortantes que pueden resultar mis palabras cuando me pongo a polemizar. No obstante se trata de mis intenciones de convencer en lo que me parece ser lo más fundamental en estos momentos para el país. Pero no me refiero a lo urgente, a lo más urgente y que a diario se vuelve apremiante para muchos de nuestros compatriotas. En definitiva se trata también de eso o quizás sobre todo de eso, pero a partir de una profunda convicción que para resolver los problemas vitales de nuestros compatriotas, de nuestros compatriotas más pobres, son imprescindibles ciertos previos sin los cuales, todo propósito, toda acción o simple proposición resultan estériles, pues plasmarlos en la realidad es imposible hoy por hoy.

No estoy diciendo que no haya necesidad o que sea absurdo luchar hoy por mejoras en las condiciones de vida de nuestra gente. El asunto no es la necesidad de esta lucha, sino que se trata de los medios y de los fines que nos proponemos. No creo que alguien niegue seriamente la necesidad de luchar por estas mejoras, aunque al mismo tiempo todos nos damos cuenta que estas luchas no se desarrollan en el país, en las condiciones políticas actuales ninguna lucha por las indispensables mejoras en las condiciones de vida de los trabajadores no es la prioridad de ninguna de las organizaciones políticas, sindicales o sociales existentes. No entran en sus objetivos.

En la política nacional todo se concentra en las esferas estatales, en la actividad que se pueda desempeñar a partir del gobierno del país. El FMLN, partido en el gobierno, nos habla de profundizar los cambios y en esta ya absurda y larguísima precampaña electoral se podrá oír incluso sobre la urgencia de “profundizar los cambios estructurales”. No obstante aun si no menospreciamos o minimizamos las medidas tomadas por el gobierno de Funes, estas no constituyen en lo esencial y estructuralmente un cambio respecto a las políticas que venía realizando el partido de derecha ARENA. El exrector de la UCA, José M. Tojeira, escribe en su tribuna de esta semana en el Diario Co-Latino  lo siguiente: “Y el modelo salvadoreño de desarrollo, aun con las leves correcciones positivas que ha llevado a cabo el actual Gobierno, sigue siendo un modelo que favorece a quienes tienen más y deja en la marginación y el abandono a los que tienen menos. En ese sentido, nos encontramos con un modelo de desarrollo corrupto en su esencia, que además mantiene signos de corrupción permanente en su funcionamiento”.

Cuando el padre Tojeira afirma que “el modelo salvadoreño de desarrollo es corrupto en su esencia”, supongo que no se refiere únicamente a la actividad gubernamental, a las estructuras del Estado, sino que lo que sucede en toda la sociedad y principalmente en el modo de producción capitalista que determina el funcionamiento global de la sociedad. Es posible que estas diferencias en los términos oculten otras, pero globalmente creo que ambos nos referimos a lo mismo.

El sistema capitalista salvadoreño tiene sus propias características, sus particularidades. Algunos han sugerido que el cambio operado en los grupos familiares que componen la oligarquía y la aparición de nuevos sectores económicos que les sirven para extraer sus ganancias y acumular capitales, ha cambiado substancialmente el capitalismo salvadoreño. No obstante estos fenómenos no aportaron ningún cambio en las estructuras generales de la sociedad, se trata siempre de una ínfima minoría la que acapara las riquezas producidas en el país: “un 25% de las familias más ricas en El Salvador acaparan el 54% del total de los ingresos” nos recuerda el Co-Latino. El último informe oficial “Encuestas sobre Hogares y Propósitos múltiples 2011” dice que 28.3% de la población está en condiciones de pobreza relativa y que 40.6% en condiciones de pobreza total: lo que significa simplemente que en el país hay 68.9% de pobres. Estas cifras frías y parcas son incapaces de hacer surgir la cantidad de privaciones y frustraciones sociales de la que es víctima esta población. La “Encuesta” no da claras indicaciones de los criterios que han servido para esta clasificación. Los ingresos aparecen en promedios y por lo general son los ingresos asalariados. Nada se dice de los ingresos por beneficios y ganancias de la clase burguesa.

Esta situación no la ha producido el Estado, sino que el sistema capitalista de producción, el Estado es garante de esta situación. Por consiguiente, si es cierto que el Estado puede poner parches, un cambio real y radical puede venir exclusivamente si se supera este modo de producción, que es la fuente del estado de cosas en el país.

Se trata pues que la apropiación de las riquezas producidas es privada. Lo que esto demuestra es que un puñado de familias se opone al resto de la sociedad. Pero en el país ya no se cuestiona el modo de producción capitalista, todos los partidos políticos piensan que la “empresa privada” tiene en sus manos la solución, que el simple aumento de las inversiones va a producir los cambios económicos y sociales esperados. Todos los proyectos que se van a votar próximamente en la Asamblea tienen por principal objetivo propiciar la inversión capitalista extranjera y nacional. En el famoso “Asocio” el Estado se convierte en socio de los capitales, pero sobre todo como el garante de los préstamos que puedan contraer los capitalistas privados.

Uno de los atractivos que presenta el país para esos capitalistas es su legislación permisiva, la posibilidad de la exportación de las ganancias, el bajo nivel impositivo y alto nivel de exoneraciones y elusiones. Pero el ministro encargado de hundir el país en este pantano nos anuncia que es necesario “modernizar” la legislación de las “zonas francas”. ¿Piensan ustedes que en esta “modernización” se incluyen un aumento de los salarios mínimos, una legislación que proteja a los asalariados, que les facilite su sindicalización, que se introduzca mejoras en las condiciones de trabajo? Esto es impensable. Se trata de mantener o empeorar las condiciones de explotación de los trabajadores.

Lo vuelvo a repetir no existe en el país un partido político que cuestione radicalmente el modo económico en que funciona el país. Es decir que todos aceptan en principio que todo siga igual y que lo máximo que se puede hacer es darle una pintadita a la fachada del edificio social salvadoreño.

03 octubre 2012

Amor filial, amor al arte


Manuel Elías - Rolando Elías




La muestra es un recorrido por un periodo de la historia del arte salvadoreño, a través de la sempiterna conversación cómplice entre los hermanos Elías, sus voces plasmadas en la obra pictórica de Manuel y en los poemas de Rolando. Una oportunidad de explorar y descubrir la obra de estos dos artistas, y del tiempo y espacio en el cual existieron y crearon.

A través de su creación artística y de los testimonios de sus amigos, colegas, artistas contemporáneos, quienes nos cuentan anécdotas, historias de la década de los 60’- 70’, en la cual se departía en un ambiente al estilo de los movimientos artísticos europeos, en los cafés de Paris, Viena, Praga… y en los cafés y bares del centro del viejo San Salvador: Skandia, Lutecia, Central,  Alcázar, Bella Nápoles… un centro de actividad artístico, intelectual, delimitado entre la plaza Morazán, y la Plaza Libertad.



Ambos artistas compartían la cualidad de ser observadores agudos de la realidad,  en silencio y reservados, ser un observador requiere circunspección y estar fuera del protagonismo, de la luz de candilejas.

La búsqueda en Manuel de la perfección estética es patente en la ejecución de las diferentes técnicas  que explora: acuarela, dibujo, pintura, escultura; experimentando con diversos materiales: piedra, madera, oléo, acrílico, tinta, y explorando el tratamiento de temas diversos: bodegones, paisajes, abstractos,  retratos, desnudos, flores, jardines, incluso en el diseño de muebles y artesanías.

Paralelamente a su preocupación estética en las artes plásticas, en admiración por su hermano,  simbióticamente, escribe y publica historias, cuentos, critica artística, revistas, y se autodenomina “escribidor”.

Consistente con su carácter reservado, retador, escribe, y a veces firma sus cuadros bajo seudónimos, con Rolando compartiendo el  misterio: Juan Caminos, Genaro Rojas, Domingo Urbano, y otros más…




Su compromiso y comunión con la vida de artista se manifiesta en su “activismo”
por el arte y la cultura con la creación de galerías y centros culturales como la ”Galería Centro” y  “La Rendija”, en donde promueve y exhibe muestras de sus colegas artistas,  conversatorios, lecturas de poemas, presentación de escritores, música, etc. Además tomando parte en la formación de movimientos artísticos desde “Manchanueva” hasta la “Real Orden de los locos de octubre”.

Los hermanos comparten trazos de carácter y temperamento: discretos, reservados, huraños. Y entretienen entre ellos una relación de simbiosis artística,  de complicidad creativa.




Rolando, periodista en los mayores periódicos nacionales, escribe columnas,  notas periodísticas, artículos y comentarios sobre arte. Pero es en la escritura de sus ensayos y poemas que excele su sensibilidad y espiritualidad:  en  su colección de poemas “Cantata de mayo” en donde nos da testimonio de la revelación de Dios en la naturaleza. En los sonetos “de la rosa en la guerra” de su obra “La celebración de la rosa”, nos aporta otro rostro de la realidad transfigurada por la emoción . En su “Homenaje a Fray Luis de León” ahonda en la atmósfera de su temperamento místico, y como varios pensadores místicos, aporta nuevos aspectos a la verdad, porque vislumbra su rostro desde diferentes ángulos. Remarcable es el hecho que escribió estos sonetos en plena guerra. Cabe citar a Octavio Paz: “la misión de la poesía es sacar a luz lo que está oculto en los pliegues del tiempo”.

Con esta Retrospectiva se consuma un doble objetivo,  cumplir con la misión de  ofrecer arte y cultura al publico salvadoreño, y apoyar el proceso de recuperar y salvaguardar la historia del arte en El Salvador. 


Krishna Manuel Elías
Marlene Velasco-Bégué
Curadores