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14 octubre 2012

Un partido de nuevo tipo


A pesar de la situación de bancarrota en que se encuentra el gobierno salvadoreño, incapaz de asumir pagos corrientes de salarios, facturas, subvenciones, etc. y sobre todo tener que recurrir constantemente a préstamos para seguir pagando los intereses de la deuda y la deuda misma, esto no constituye lo esencial de la crisis que sufre el país. Claro que esto es inadmisible, sobre todo que el presidente Mauricio Funes,  el mismo que proclamaba ante su partido, el FMLN, que “el que manda soy yo”, venga ahora ante el partido ARENA a pordiosearle los votos en la Asamblea para poder pagar los servicios de una deuda contraída en condiciones leoninas, por un expresidente arenero, Francisco Flores. Hasta hoy no se sabe a ciencia cierta adónde fue a parar ese dinero. Repito que esto es grave y ya no se puede ocultar a pesar de los berrinches presidenciales y la multiplicación de declaraciones soporíficas de sus ministros y consejeros. Todo esto son síntomas mayores de la crisis, es innegable.

El gobierno tiene esas dificultades financieras porque es el principal órgano de un Estado al servicio exclusivo de la oligarquía. El gobierno padece estas dificultades porque desde décadas le permite anualmente a la oligarquía eludir impuestos por un monto de 1,100 millones de dólares.

Pero donde se refleja mayormente la crisis del sistema es que más del 60% de la población del país es considerada como viviendo en estado de pobreza extrema o relativa. No se trata pues de un estado pasajero de algunas familias que han sufrido las consecuencias de una catástrofe natural, sino que de la inmensa mayoría de la población que es víctima del sistema reinante en el país. Esta pobreza es permanente, estructural. Pero no podemos nosotros considerar esta pobreza como un número más en los cuadros de las estadísticas nacionales. Urge que cada uno de nosotros considere el desastre social y humano que esto constituye. ¿Cuánta y de qué nivel es la desposesión que atañe a tantas familias? Se trata de privaciones diarias en alimentación, en vestimenta, en servicios, en salud, en diversiones, etc. Para ellos es tan aplicable el título de la novela del peruano Ciro Alegría, “El mundo es ancho y ajeno”.

¿Ante estas enormes privaciones, ante estas urgencias, no resultan ridículas las pretensiones efemelenistas que el gobierno de Funes ha iniciado los cambios estructurales necesarios para construir otra sociedad? Lo vuelvo a decir, aun sin minimizar el alivio que puedan constituir para las familias, las medidas del reparto de uniformes, zapatos, útiles, leche, etc. a los escolares, no dejan de ser miserables remiendos en un pantalón raído.

"El FMLN no es enemigo de la gran empresa"

El lunes 6 de diciembre del 2010, en una entrevista al diario “El Mundo”, Medardo González dejaba meridianamente transparente la posición de su partido frente al sistema: “Pero el FMLN no ha planteado, ni plantea, como algo programático, no estamos planteando para nada sobre la necesidad de terminar con el capitalismo, con la gran empresa, con el gran capital. Lo que creemos es que hay que utilizar la fuerza y potencial del capital, del Estado, para salir adelante con nuestro país. Y por eso regreso al tema del dólar: nosotros en el FMLN si creemos que una de las cosas que detiene las posibilidades de poder avanzar es mantenernos anclado con el dólar. Es una acusación (posición de algunos empresarios) es más de carácter ideológica que de carácter  político. El FMLN ha venido demostrando y seguirá demostrando que el FMLN no es enemigo del empresario, no es enemigo de la gran empresa, y tampoco habla de la necesidad, de la creación de otro modelo, de otro sistema. Estamos simplemente pensando en la necesidad de seguir con nuestro país, de construir nuestro país”.

Esta es la posición del FMLN, clara, transparente, dicha con todas las letras por su secretario general. Pueden los “borregos” berrear cuanto quieran, pero su partido no es la alternativa al hoy en que vivimos. La designación como candidato a la presidencia de Funes no fue un accidente, ni tampoco es un accidente el infalible apoyo a su política, ni tampoco son accidentes todos los abandonos ideológicos perpetrados desde décadas por los cupuleros del FMLN.

Puede este papanatas de Medardo González “persignarse frente al marxismo, frente al leninismo” o no, creo que es abusivo de su parte hacer referencias hacia cosas serias que nunca estuvieron a su alcance, ni sobre las que no tiene autoridad intelectual para pronunciarse. Porque si afirma que su partido no desea subvertir la sociedad en que vivimos, como puede al mismo tiempo afirmar sin pudor “que el FMLN tiene perspectivas como partido político de izquierda, revolucionario, marxista, leninista, pero a lo que me opongo es a conceptos teóricos fatales”.

El concepto fatal al que se opone este denostador del marxismo es el de la crisis del capitalismo en nuestro país. Lo afirma con toda la desvergüenza del lacayo: “el FMLN no ha planteado, ni plantea, como algo programático, no estamos planteando para nada sobre la necesidad de terminar con el capitalismo”.

Esta es la realidad, el partido que muchos consideraron o siguen considerando como revolucionario, como la fuerza subversiva  del sistema, por la boca de su secretario general, se les da un solemne desmentís.

Lo más urgente hoy en día

Entonces la urgencia política más actual, más acuciosa es la de crear una fuerza política que asuma las tareas que la sociedad en crisis le presenta. Estas tareas son inmensas, pues los trabajadores salvadoreños han perdido en mucho su legendaria combatividad, su nivel de conciencia es ahora muy bajo. Pues desde que fueron concluidos los Acuerdos de Paz nadie se ha encargado de promover las luchas sociales, todo se ha concentrado en las estériles contiendas parlamentarias. Se hace manifiesta la necesidad de volver a la sociedad, a su interior para reanimar la combatividad y realzar el nivel de conciencia política del pueblo.

No me parece que la discusión sea ahora la de si se debe o no participar en las elecciones, sino que determinar qué es lo fundamental en estos momentos. Hay muchos momentos esenciales que hay que tratar antes de una posible participación electoral. He hablado de la desposesión social, cultural y material que sufren las familias salvadoreñas, estas enajenaciones se han prolongado en la vida nacional por una desposesión, de un rapto de la función política de la gente, de las personas. Esto es patente en el cuadro de las instituciones políticas de la democracia representativa, de la democracia burguesa. En el sistema actual ya no se trata de una delegación de poder, de depositar la soberanía popular en los funcionarios electos, sino que de un apoderamiento de parte de éstos del poder político, sin tomar en cuenta la voluntad popular. Las elecciones ya no sirven para enviar al parlamento, al gobierno representantes de la sociedad, los partidos políticos eligen a sus candidatos y los imponen. Las elecciones son apenas momentos de la vida política que les sirve a la casta politiquera para legitimar su función. El pueblo en nombre del que se dice ejercer el poder ha quedado afuera. Esta alienación política se prolonga en los partidos mismos. Es justamente esto lo que ha mantenido cierta repugnancia por parte de la gente hacia la política en general, como hacia los partidos en particular. Esta reticencia ha alcanzado también a los ciudadanos que se consideran de izquierda. Nadie puede recriminarles esto. Las razones sobran. Entonces resulta paradójico que por mi parte insista sobre la necesidad de un partido político.

El viejo modelo estalinista

Hasta hoy en la izquierda el modelo de partido ha sido el estalinista o por lo menos los modelos autocráticos, en los que el militante se ha convertido en simple ejecutor de las decisiones de la dirección. En algunos partidos todavía existe una apariencia de democracia en la preparación de congresos, en los que se discute documentos que van a fijar la línea partidaria y la táctica del momento. Pero estos documentos no emanan de los militantes, sino que de los grupos dirigentes. El militante puede discutir una formulación, un punto preciso, pero no puede cambiar substancialmente todo el documento, pues para ello sería necesario que sus proposiciones tengan la misma difusión dentro del partido que las de la dirección. Cosa imposible. En el caso del FMLN no existen ni congresos, ni discusión de líneas, ni de tácticas. En el FMLN el militante tiene derecho sólo a ratificar lo decidido en la cúpula partidaria.

Este verticalismo mal llamado “centralismo democrático” fue el que Stalin impuso en el movimiento comunista, convirtiendo su persona y sus allegados en el centro del partido. En la idea y en la práctica de Lenin el centro era el congreso, el órgano deliberante, que debería reunirse con la frecuencia que las circunstancias requirieran. Pero sobre todo eran los militantes los que elaboraban en lo esencial sus propuestas. Pero esta desposesión política en los partidos políticos, en las instancias estatales, en la sociedad en general que se operó en los países del “socialismo real” condujo a las catástrofes humanas, sociales y políticas que todos conocemos. ¿Podemos seguir haciéndonos los desentendidos?

Se trata pues de fundar nuevas prácticas, se trata de crear un partido político de un nuevo tipo. ¿Qué significa esto? Por supuesto que la respuesta no puede recaer en una sola persona, que en esto tiene que participar todo aquel que comparta la necesidad de este nuevo partido. Digo esto no para zafarme de mis propias responsabilidades al respecto. Voy adelantar algunas ideas.

Dos ideas para materializarlas

Hemos entrado en una época en que la información tiene un peso primordial en el funcionamiento social. Esta información es sobre todo conocimiento, es por ello que ante la imposibilidad de convertirla en mercancía los que detentan el poder, prefieren ocultarla, tergiversarla, devaluarla, banalizarla. Esto sucede con todo tipo de información. Y al mismo tiempo vivimos en una época en que los medios de transmisión de la información han dado un salto hacia adelante que vuelve ésta casi simultánea a su producción. Hoy es imposible no enterarse de lo que sucede en los rincones más alejados, aún menos de lo que suceden en los grandes centros. Pero lo que nos llega a la mayoría es desvirtuado, desvaluado y ha pasado por el tamiz de los órganos de control de la información de los poderosos. Aquí también vemos como se opera una enajenación en este sistema, privando a los hombres de algo valioso.

Lo que acabo de señalar no es una simple consideración antropológica. En el nuevo partido político no se puede pues contar con militantes desinformados y separados de las fuentes de información partidaria y política. Es esto lo que debe garantizar una participación inteligente y consciente de los militantes en la elaboración y ejecución de la política partidaria. Este es un presupuesto actual del futuro partido, la facilidad de transmisión de la información tiene que ponerse al servicio de todos los militantes. Pero no basta con un militante informado y conocedor de todo lo necesario para determinarse. Es además necesario que sus opiniones puedan circular, puedan ser compartidas, debatidas con otros militantes, sin que pasen por un filtro central, temeroso de perder algún poder decisional. Entonces el nuevo partido debe de abandonar las estructuras verticalistas y dotarse de instancias horizontales de funcionamiento. Este aspecto es imperioso.  

Estas formas organizacionales hay que inventarlas, están surgiendo en muchas sociedades, por lo menos su imperiosa necesidad está planteada. En muchas luchas políticas y económicas los trabajadores han exigido participar directamente en las negociaciones, de estar informados a cada instante de los resultados. En los movimientos sociales también se han organizado en formas de acción y de congregación horizontales. Todos pueden participar, contribuir, aportar sus opiniones, sus posiciones, sus soluciones. Las instancias deliberativas no son exclusivamente las de la dirección del movimiento, del sindicato, etc.

Avanzo pues apenas estas dos ideas, pero que me parecen fundamentales, que se pueden debatir, depurar. Todos podemos participar en esto. Como se ve, estas dos ideas no admiten que un señorón venga a prevalerse de nada, no admite la figura del hombre providencial, del famoso “líder máximo”, del gran ideólogo indiscutible y conocedor de todo. Estas dos ideas contienen al militante activo y consciente, instruido en sus necesidades y seguro de sus capacidades. Pero sobre todo contienen la igualdad real de todos los militantes. Estas dos ideas son desalienantes si se llegan a plasmar en la nueva organización.




11 octubre 2012

No existe un partido político


A veces me sorprende lo cortantes que pueden resultar mis palabras cuando me pongo a polemizar. No obstante se trata de mis intenciones de convencer en lo que me parece ser lo más fundamental en estos momentos para el país. Pero no me refiero a lo urgente, a lo más urgente y que a diario se vuelve apremiante para muchos de nuestros compatriotas. En definitiva se trata también de eso o quizás sobre todo de eso, pero a partir de una profunda convicción que para resolver los problemas vitales de nuestros compatriotas, de nuestros compatriotas más pobres, son imprescindibles ciertos previos sin los cuales, todo propósito, toda acción o simple proposición resultan estériles, pues plasmarlos en la realidad es imposible hoy por hoy.

No estoy diciendo que no haya necesidad o que sea absurdo luchar hoy por mejoras en las condiciones de vida de nuestra gente. El asunto no es la necesidad de esta lucha, sino que se trata de los medios y de los fines que nos proponemos. No creo que alguien niegue seriamente la necesidad de luchar por estas mejoras, aunque al mismo tiempo todos nos damos cuenta que estas luchas no se desarrollan en el país, en las condiciones políticas actuales ninguna lucha por las indispensables mejoras en las condiciones de vida de los trabajadores no es la prioridad de ninguna de las organizaciones políticas, sindicales o sociales existentes. No entran en sus objetivos.

En la política nacional todo se concentra en las esferas estatales, en la actividad que se pueda desempeñar a partir del gobierno del país. El FMLN, partido en el gobierno, nos habla de profundizar los cambios y en esta ya absurda y larguísima precampaña electoral se podrá oír incluso sobre la urgencia de “profundizar los cambios estructurales”. No obstante aun si no menospreciamos o minimizamos las medidas tomadas por el gobierno de Funes, estas no constituyen en lo esencial y estructuralmente un cambio respecto a las políticas que venía realizando el partido de derecha ARENA. El exrector de la UCA, José M. Tojeira, escribe en su tribuna de esta semana en el Diario Co-Latino  lo siguiente: “Y el modelo salvadoreño de desarrollo, aun con las leves correcciones positivas que ha llevado a cabo el actual Gobierno, sigue siendo un modelo que favorece a quienes tienen más y deja en la marginación y el abandono a los que tienen menos. En ese sentido, nos encontramos con un modelo de desarrollo corrupto en su esencia, que además mantiene signos de corrupción permanente en su funcionamiento”.

Cuando el padre Tojeira afirma que “el modelo salvadoreño de desarrollo es corrupto en su esencia”, supongo que no se refiere únicamente a la actividad gubernamental, a las estructuras del Estado, sino que lo que sucede en toda la sociedad y principalmente en el modo de producción capitalista que determina el funcionamiento global de la sociedad. Es posible que estas diferencias en los términos oculten otras, pero globalmente creo que ambos nos referimos a lo mismo.

El sistema capitalista salvadoreño tiene sus propias características, sus particularidades. Algunos han sugerido que el cambio operado en los grupos familiares que componen la oligarquía y la aparición de nuevos sectores económicos que les sirven para extraer sus ganancias y acumular capitales, ha cambiado substancialmente el capitalismo salvadoreño. No obstante estos fenómenos no aportaron ningún cambio en las estructuras generales de la sociedad, se trata siempre de una ínfima minoría la que acapara las riquezas producidas en el país: “un 25% de las familias más ricas en El Salvador acaparan el 54% del total de los ingresos” nos recuerda el Co-Latino. El último informe oficial “Encuestas sobre Hogares y Propósitos múltiples 2011” dice que 28.3% de la población está en condiciones de pobreza relativa y que 40.6% en condiciones de pobreza total: lo que significa simplemente que en el país hay 68.9% de pobres. Estas cifras frías y parcas son incapaces de hacer surgir la cantidad de privaciones y frustraciones sociales de la que es víctima esta población. La “Encuesta” no da claras indicaciones de los criterios que han servido para esta clasificación. Los ingresos aparecen en promedios y por lo general son los ingresos asalariados. Nada se dice de los ingresos por beneficios y ganancias de la clase burguesa.

Esta situación no la ha producido el Estado, sino que el sistema capitalista de producción, el Estado es garante de esta situación. Por consiguiente, si es cierto que el Estado puede poner parches, un cambio real y radical puede venir exclusivamente si se supera este modo de producción, que es la fuente del estado de cosas en el país.

Se trata pues que la apropiación de las riquezas producidas es privada. Lo que esto demuestra es que un puñado de familias se opone al resto de la sociedad. Pero en el país ya no se cuestiona el modo de producción capitalista, todos los partidos políticos piensan que la “empresa privada” tiene en sus manos la solución, que el simple aumento de las inversiones va a producir los cambios económicos y sociales esperados. Todos los proyectos que se van a votar próximamente en la Asamblea tienen por principal objetivo propiciar la inversión capitalista extranjera y nacional. En el famoso “Asocio” el Estado se convierte en socio de los capitales, pero sobre todo como el garante de los préstamos que puedan contraer los capitalistas privados.

Uno de los atractivos que presenta el país para esos capitalistas es su legislación permisiva, la posibilidad de la exportación de las ganancias, el bajo nivel impositivo y alto nivel de exoneraciones y elusiones. Pero el ministro encargado de hundir el país en este pantano nos anuncia que es necesario “modernizar” la legislación de las “zonas francas”. ¿Piensan ustedes que en esta “modernización” se incluyen un aumento de los salarios mínimos, una legislación que proteja a los asalariados, que les facilite su sindicalización, que se introduzca mejoras en las condiciones de trabajo? Esto es impensable. Se trata de mantener o empeorar las condiciones de explotación de los trabajadores.

Lo vuelvo a repetir no existe en el país un partido político que cuestione radicalmente el modo económico en que funciona el país. Es decir que todos aceptan en principio que todo siga igual y que lo máximo que se puede hacer es darle una pintadita a la fachada del edificio social salvadoreño.

03 octubre 2012

Amor filial, amor al arte


Manuel Elías - Rolando Elías




La muestra es un recorrido por un periodo de la historia del arte salvadoreño, a través de la sempiterna conversación cómplice entre los hermanos Elías, sus voces plasmadas en la obra pictórica de Manuel y en los poemas de Rolando. Una oportunidad de explorar y descubrir la obra de estos dos artistas, y del tiempo y espacio en el cual existieron y crearon.

A través de su creación artística y de los testimonios de sus amigos, colegas, artistas contemporáneos, quienes nos cuentan anécdotas, historias de la década de los 60’- 70’, en la cual se departía en un ambiente al estilo de los movimientos artísticos europeos, en los cafés de Paris, Viena, Praga… y en los cafés y bares del centro del viejo San Salvador: Skandia, Lutecia, Central,  Alcázar, Bella Nápoles… un centro de actividad artístico, intelectual, delimitado entre la plaza Morazán, y la Plaza Libertad.



Ambos artistas compartían la cualidad de ser observadores agudos de la realidad,  en silencio y reservados, ser un observador requiere circunspección y estar fuera del protagonismo, de la luz de candilejas.

La búsqueda en Manuel de la perfección estética es patente en la ejecución de las diferentes técnicas  que explora: acuarela, dibujo, pintura, escultura; experimentando con diversos materiales: piedra, madera, oléo, acrílico, tinta, y explorando el tratamiento de temas diversos: bodegones, paisajes, abstractos,  retratos, desnudos, flores, jardines, incluso en el diseño de muebles y artesanías.

Paralelamente a su preocupación estética en las artes plásticas, en admiración por su hermano,  simbióticamente, escribe y publica historias, cuentos, critica artística, revistas, y se autodenomina “escribidor”.

Consistente con su carácter reservado, retador, escribe, y a veces firma sus cuadros bajo seudónimos, con Rolando compartiendo el  misterio: Juan Caminos, Genaro Rojas, Domingo Urbano, y otros más…




Su compromiso y comunión con la vida de artista se manifiesta en su “activismo”
por el arte y la cultura con la creación de galerías y centros culturales como la ”Galería Centro” y  “La Rendija”, en donde promueve y exhibe muestras de sus colegas artistas,  conversatorios, lecturas de poemas, presentación de escritores, música, etc. Además tomando parte en la formación de movimientos artísticos desde “Manchanueva” hasta la “Real Orden de los locos de octubre”.

Los hermanos comparten trazos de carácter y temperamento: discretos, reservados, huraños. Y entretienen entre ellos una relación de simbiosis artística,  de complicidad creativa.




Rolando, periodista en los mayores periódicos nacionales, escribe columnas,  notas periodísticas, artículos y comentarios sobre arte. Pero es en la escritura de sus ensayos y poemas que excele su sensibilidad y espiritualidad:  en  su colección de poemas “Cantata de mayo” en donde nos da testimonio de la revelación de Dios en la naturaleza. En los sonetos “de la rosa en la guerra” de su obra “La celebración de la rosa”, nos aporta otro rostro de la realidad transfigurada por la emoción . En su “Homenaje a Fray Luis de León” ahonda en la atmósfera de su temperamento místico, y como varios pensadores místicos, aporta nuevos aspectos a la verdad, porque vislumbra su rostro desde diferentes ángulos. Remarcable es el hecho que escribió estos sonetos en plena guerra. Cabe citar a Octavio Paz: “la misión de la poesía es sacar a luz lo que está oculto en los pliegues del tiempo”.

Con esta Retrospectiva se consuma un doble objetivo,  cumplir con la misión de  ofrecer arte y cultura al publico salvadoreño, y apoyar el proceso de recuperar y salvaguardar la historia del arte en El Salvador. 


Krishna Manuel Elías
Marlene Velasco-Bégué
Curadores

27 septiembre 2012

¿Diálogo, polémica? ¡Sepa Judas!

Mi anónimo corresponsal que cortó la discusión, ha decidido seguir la plática y hoy  me ha enviado tres comentarios, que voy a publicar aquí y también responder uno por uno.  Bueno, voy empezar por el primero, ya veré si tengo tiempo para el resto.  Lo que copio en itálicas corresponde al escrito de mi corresponsal, en negrita es mi respuesta.



”La pura ignorancia y las ganas del triunfo dialectico fácil nos hacen hablar del revisionismo universitario. Cuál tu tía, cuál revisionismo. Seamos serios, mano. Quien esto escribe no es un receptor pasivo ni repetitivo de las ideas de otros (sean idealistas o materialistas) y ni White, ni Anderson, ni Cassirier, ni Ricoeur pertenecen al ámbito del revisionismo universitario por la simple y sencilla razón de que no son marxistas. La pregunta del millón, estimado “sabio”, es si su posición teórica los vuelve anti-marxistas (sea que nieguen la lucha de clases o el predominio de la base sobre la superestructura). Para saber esto hay que leerlos, estudiarlos y debatirlos, pero, por lo que veo, algunos prefieren poner etiquetitas facilonas y demagógicas para ahorrarse el esfuerzo de pensar y debatir””.



Al referirme al revisionismo universitario, lo hice aludiendo al término de Lenin el “marxismo profesoral”. Me referí claramente al hecho de que algunos  “envilecen el marxismo”, como se expresaba Lenin,  bajo el pretexto de mejorar el pensamiento de Marx, lo mezclan con el idealismo.



No me he puesto a discutir ni con White, ni Anderson, ni Cassirier, ni Ricoeur, sino que con vos. Que sea tu deseo escudarte detrás de esos nombres, no es asunto mío. Que estos autores no sean marxistas o lo sean, en nuestra discusión es irrelevante, pues no se trata de ellos. Que no podás pensar con tu propia cabeza queda manifiesto al recurrir a ellos sin aportar tu propia posición.



El asunto, lo que yo abordaba, lo que introduje en la discusión fue una posición política de Dagoberto Gutiérrez. Pues donde ha repetido su afirmación que el “estado es una ficción” fue en foros políticos. Si esto según tu parecer encierra un problema filosófico sobre  “la naturaleza y el origen de dicha objetividad”,  creo que sobre esto te respondí  ya ampliamente y sobre lo que te he dicho allí no decís nada, no rebatís nada, en ningún momento, apenas tu alusión que me mantengo en materialismo del siglo XVIII.  (Ver mis respuestas a los comentarios en el artículo precedente).



Fijate que al decir “La pura ignorancia y las ganas del triunfo dialectico fácil nos hacen hablar del revisionismo universitario”, usás el término “dialectico” en una acepción vieja, diría ya bastante rancia, pues ya Kant, Hegel y Marx le dieron otro significado y es el que se ha impuesto dentro de los marxistas. La acepción que retenés se ha quedado no en el siglo XVIII, sino que se ha ido a vagar por la Antigua Grecia, es cierto que muchos persisten en ignorar el nuevo sentido dado por Hegel y Marx.  Pero no te digo esto para reprocharte alguna ignorancia, ni te acuso de simples ganas de vencer en nuestra discusión. Por mi parte también conozco ese uso y la crítica que hace Hegel en la “Introducción” a su “Lógica”. Tampoco te voy a reprochar que ignorés este punto.


“”Recuerde lo que le digo, usted confunde los planos de la discusión y por eso hace mala filosofía ahí donde tendría que hacer teoría social y hace mala teoría social ahí donde tendría que hacer filosofía. Como confunde los planos del debate e ignora el sentido preciso que tienen los términos “ficción” y “realidad” en una teoría como la de Castoriadis, por ejemplo, usted entra como un caballo en medio de un banquete””.




Tu cólera y tus resentimientos no me sorprenden. Te repito que no discuto con otras personas, sino que con vos. Creo que no te has dado cuenta, por mis definiciones de ficción y de realidad, que pertenezco a una tendencia filosófica determinada profundamente materialista. Y que si aceptara otras definiciones que puedan dar otros autores, abandonaría mis convicciones. Por el momento, por falta de capacidad, por falta de no sé qué motivos, en ningún momento me has dado tu propia definición de ficción, ni de realidad. Ni siquiera pidiéndosela prestada a Castoriadis.




““Como usted desconoce el contenido preciso que adquieren los términos en el debate teórico más reciente, los toma del sentido común, es decir, de los rescoldos que ha dejado en la cultura moderna el materialismo del siglo XVIII. Usted está en su derecho de asumir el horizonte del sentido común, siempre que lo haga de forma crítica y siempre que conozca la trama filosófica de un debate que se plantea en torno al estatus ontológico de lo simbólico y su poder en la configuración de las instituciones””.



Aquí pienso que la cuestión no se trata “del contenido preciso que adquieren los términos en el debate teórico más reciente”, el asunto es si los acepto o no. El meollo filosófico reside en que la realidad no es algo que se demuestra, sino que se constata. Realidad es lo que está afuera de nuestra conciencia. Esta formulación no viene del siglo XVIII, sino que por primera vez se plasmó en el siglo XIX por los fundadores del materialismo dialéctico.


El problema de la existencia (lo que llamás “estatuto ontológico”) de lo simbólico no tiene nada que ver con la definición de “ficción”. Lo simbólico son convenciones sociales que aceptan tal o cual fenómeno como representando otra cosa, que adquiere un valor social. Estos símbolos pueden adquirir formas materiales o reposar en discursos. Su existencia es indiscutible, como la existencia de las ficciones, pero el problema planteado es si el estado es apenas una red de convenciones aceptadas por una comunidad o si este es el conjunto de instituciones que impone sus normas, sus valores, su fuerza a la sociedad y que todo esto se hace o no en beneficio de la clase dominante en la sociedad. Para constatar esto no necesito ir a leer o releer el idealismo “más reciente”.


Como no compartimos los mismos fundamentos filosóficos, no te puedo acusar de ignorancia, tampoco te voy a exigir que adoptes mis términos y que en tu razonar uses mis conceptos. Es esto lo que me exigís, me llamás ignorante porque no comparto tus ideas, porque no acepto que las ideas sobre el estado sean de mayor consistencia que el estado mismo. El estado no es el conjunto de ideas que los hombres tienen de él, sino que esa realidad que existe afuera de sus conciencias.



”Quien entra como un caballo en medio del banquete entra gritando ¡El Estado existe¡ como si alguien estuviera cuestionando dicha existencia. La frase provocativa de Gutiérrez no niega la existencia del Estado, lo que abre es una discusión sobre la naturaleza objetiva de dicha existencia ¿En qué se diferencian las personas de las cosas? ¿En qué se diferencian el ministerio de cultura y el volcán de Izalco, si ambos pertenecen a la realidad?”






Fijate que hasta aquí, hasta este último parágrafo no me has aportado ni un solo argumento, Afirmás mucho, insultás bastante, pero todo al modo asertorio, sería pues conveniente que lo hicieras al modo apodíctico. Adopto estas palabrejas para que me entiendas.



Con esto llego a otro punto, no es inventando jergas que uno se vuelve filósofo, no es dándole nuevas definiciones a las palabras que uno crea un sistema filosófico.



Aunque lo que quiero que quede meridianamente claro es que Dagoberto Gutiérrez al decir, sin mayor explicación, sin explicitar el contenido de lo que quiere decir, permite cualquier interpretación, como las que has venido haciendo en toda esta polémica. Creo sinceramente que el creador de un nuevo partido que tanto ha criticado al partido en el gobierno, debe de adoptar posiciones claras y contundentes. Su estilo es usar paradojas, lanzar frases cuyo sentido no reside en las palabras que la componen, sino que en lo que cada uno pueda suponer. Eso se asemeja al que lanza una red de pescador muy menuda para que caiga el pez gordo, como el pez flaco.



Sobre la naturaleza objetiva de la existencia del estado creo que me he explicado ampliamente, tanto en el artículo anterior, como en las respuestas que le ha dado a tus “comentarios” a ese artículo.



Me sorprende que repitás tanto que el tema es ese y no lo que yo abordo, aunque sea yo quien haya abierto el debate. Es cierto que me decís que ignoro los términos de tus filósofos y en los que Gutiérrez ha introducido el tema. Perfecto. Pero sigo sorprendido. Pues lo repetís en cada una de tus intervenciones y has sido incapaz de dar por lo menos un “chingastito” sobre “el origen y la naturaleza” del estado-ficción de Gutiérrez, tampoco no decís nadita de su “estatuto ontológico”.



Por último, si querés que publique alguna respuesta, espero que asumás tus opiniones, firmando con un nombre y un apellido identificables. Así volvemos más sana esta polémica.



Lo que sigue es la última respuesta que le dí a mi interlocutor en los comentarios:


Al final llegaste adonde tenías que llegar, te acercaste a los postulados idealistas de las palabras de Dagoberto Gutiérrez. Lo que me proponés es que acepte la filosofía idealista que vuelve real la idea, como si las ideas fueran primeras a la realidad misma. Pensás con todos esos ideólogos y me confirmás que este es el fundamento filosófico de Gutiérrez. No es que desconozca esas posiciones, sino que no estoy de acuerdo, también por razones filosóficas.


El problema de esa concepción filosófica es que quiere volver más real la Idea que se tiene del estado, suplantando la realidad del Estado por esa idea, deseando darle a esa idea la consistencia de real. No se trata pues que lo que he enumerado sean simples lugares comunes, más allá que muchos puedan aceptarlos, se trata de características que tienen realidad más allá de mi conciencia, más allá de la idea que me pueda hacer del estado. 



Porque en definitiva, lo que resulta es que el instrumento de dominación de la burguesía, no es simple envoltorio ideológico, sino que instituciones reales de toda índole, incluyendo las que crean la ideología dominante.



Esa ideología que reina en las universidades por tener el monopolio, por ser dominante no implica que repose en algo sólido. Me decís de nuevo esto: “el tema que se discute es cuál es la naturaleza de dicha objetividad” y vos con Gutiérrez respondés es ficción. Es decir que toda la realidad del estado la reducen a esto, te cito: “Cuando dice que es una ficción alude a su naturaleza de “creación simbólica” de carácter colectivo”. Es decir que vos pensás que esta “creación simbólica” tiene mayor importancia, tiene mayor “existencia” que lo que has catalogado como “lugares comunes”, pero que si se refieren a lo que está afuera de nuestra conciencia, que son independientes de nuestro pensamiento. Al contrario, a lo que se tiene en las conciencias vos le querés dar una consistencia de realidad que no tiene. Esa “creación simbólica” no tiene otra realidad que ideológica, es decir se trata de una “idea” sobre la realidad, o sea que no se trata que el “estado es una ficción”, la ficción, lo irreal son las ideas que nos presentan y nos inculcan los ideólogos sobre el Estado. 


Esa concepción se enfrenta a dificultades inexpugnables. Afirmar la existencia de lo que no tiene realidad sensible, es privar filosóficamente hablando a la afirmación de existencia de toda prueba convincente. Cualesquiera que sean efectivamente los límites e incertitudes del conocimiento sensible tomado en sí mismo, presenta el carácter capital de ser una experiencia concreta de una relación con la realidad exterior a mi conciencia y que existe independientemente de ella. Esta experiencia es en su principio repetible por mí mismo, como por otras personas cuántas veces se quiera. Es ella la que contiene una objetividad constriñente para todos los espíritus. 



Al contrario, la pretendida existencia objetiva de “realidades inmateriales” (tu “creación simbólica”) puede ser sostenida únicamente por razonamientos de carácter abstracto. Ya en “La crítica de la razón pura”, Kant ha establecido que no se puede demostrar la existencia de lo que sea por un razonamiento, pues la existencia no es una simple propiedad lógica, un simple atributo —o el predicado, como dicen los filósofos— de un concepto. La existencia no se demuestra, se constata.



Vos, Gutiérrez y los ideólogos que me has citado, cuya lista es, por supuesto, más amplia y que reinan en las universidades, pueden perfectamente afirmar que “vemos” las esencias por una “intuición intelectual”, el pensamiento no es un sentido y no puede establecer la existencia de los “objetos” de manera necesaria: si esto fuera posible, hace mucho tiempo que los hombres se habrían puesto de acuerdo sobre una misma filosofía. La pretendida existencia de esas realidades inmateriales (“la creación simbólica del Estado” en este caso) será siempre el objeto no de un saber, sino que de una creencia.



Es cierto que una creencia (esa “creación simbólica”) puede adquirir históricamente la consistencia de una fe religiosa, de una ideología dominante, y ser vivida y aceptada por muchos hombres, esto es un hecho de suma importancia, pero la diferencia esencial del conocimiento sensible, esta creencia, esta ideología dominante, no se convierte en absoluto en una experiencia compartida por todos los hombres, reproducible cuantas veces se quiera, universalmente necesaria.



Voy a lo esencial del problema que nos toca. Cuando Dagoberto Gutiérrez afirma que “el estado es una ficción”, se expresa inapropiadamente pues la ficción no es el estado, sino que las ideas que los ideólogos burgueses nos presentan como el estado. Pero al expresarse de esa manera, Gutiérrez lo hace como en otras ocasiones, buscando crear un efecto retórico, habla paradójicamente y crea más confusión que otra cosa. Sobre todo que a lo que vos has querido minimizar, llamándolo “lugares comunes” no lo toca, como si lo que hubiera que combatir fuese esa ficción y no la realidad palpable del estado oligárquico. Por mi parte, la batalla es realmente doble, contra la ideología, pero sobre todo contra la realidad. Y para ser claro, no me voy por las ramas, sino que trato dentro de mis posibilidades de manifestar el carácter clasista del estado salvadoreño.



10 septiembre 2012

El Estado no es una ficción


Cerca de una semana atrás, una amiga en el calor de una discusión, en Facebook, en un foro, me dijo que siempre quería tener la razón y que era un egocentrista. Bueno, tal vez sea cierto eso del egocentrismo, pero lo otro de que siempre quiero tener razón, pues eso tiene doble sentido. Uno, que quiero tener razón aunque no la tenga. El otro que me esfuerzo en argüir. Pero en esa discusión no recibí realmente un argumento en contra de lo que exponía. Puede ser que hubiera cambiado de opinión, pero no lo creo. 

Por qué lo digo, pues difícilmente me podrán convencer que “el Estado es una ficción” como lo ha afirmado Dagoberto Gutiérrez en varias oportunidades.

Pero hay algo sobre lo que quiero detenerme. Cuando entro en una discusión como esta, por supuesto que lo hago con mis ideas y pienso que estas son ciertas. Es decir, que cuando entro a discutir sobre algo, obligatoriamente debo pensar que tengo razón. Imagínense que entrara  en una discusión pensando que estoy equivocado. ¿Acaso eso no sería una especie de locura?

Claro que discutir sobre este tema no es baladí, no lo hago por frivolidad, porque de manera caprichosa piense que se impone llevarle la contraria al líder del partido Nuevo País. Me parece que la concepción del Estado no es un asunto secundario. Hace como unos cuatro años atrás le reprochaba al FMLN no tener una teoría sobre el Estado oligárquico, que no se habían parado a pensar en su naturaleza, que carecían de un análisis concreto. Se trata pues para mí de un tema recurrente.

En mi opinión era grave esa situación de un partido —que entonces todavía se presentaba como socialista y revolucionario y que se estaba preparando a asumir las riendas del gobierno— no procediera a plantear el problema del poder estatal de la clase dominante. En aquel entonces uno podía pensar que tenían intenciones de emprender reales cuestionamientos a la dominación oligárquica. Puesto que el meollo de nuestro atraso no tiene otro origen. La dominación oligárquica es global y la ejerce a partir de todos los aparatos de dominación, sin dejar ninguno de lado.

La burguesía oligárquica ha obtenido de nuestro pueblo, en su gran mayoría, el consentimiento de su dominación. Nadie se atreve a plantear que nuestro atraso se debe a que esta casta oligárquica es retrógrada y que en su desenfrenada sed de enriquecimiento ha conservado un nivel extremadamente bajo de los salarios y del nivel de vida de los salvadoreños. Ha sido incapaz de introducir en el país, a pesar de su creciente acumulación de capitales, un desarrollo productivo y correlativamente a esto, mantiene un bajísimo nivel educativo, una mano de obra poco preparada. Pues al negarse a dar una real contribución a las arcas del Estado, este no ha podido responder a las necesidades sociales que se han planteado al país.

Quiero decir con esto que la oligarquía siempre ha tenido una actitud rentista respecto a las actividades económicas que ejerce en el país. De manera regular y tradicional los oligarcas han exportado sus ganancias, durante años no las repatriaban. El Estado para funcionar ha tenido que irse endeudando para poder satisfacer las exigencias oligárquicas y mantener un aparato de Estado represivo siempre dispuesto a intervenir en defensa de esos intereses. Los trabajadores, las familias pobres han recibido poco, muy poco.

El gobierno actual ha hecho algunas reformas mínimas. La ANEP se conduce como si el gobierno de Funes estuviera ya construyendo el “infierno socialista”. Los oligarcas saben que no se puede darle a los trabajadores lo mínimo de derechos, pues temen que nuestro pueblo se despierte y se dé cuenta que es posible exigir sus derechos. Les cuesta ver que su Estado, el que está a su servicio, pueda ser el que sirva para ese despertar, eso es lo que temen. Es ese el origen de la quisquillosa conducta de la ANEP y su principal partido político respecto al gobierno de Funes.

Pero este Estado no puede ir muy lejos en sus “reformas”. No lo ha hecho durante casi siglo y medio de dominación oligárquica, lo que han ido aflojando ha sido lo estrictamente necesario para reproducir la población que les proporciona la fuerza de trabajo dócil y sumisa que hay en el país.

El problema del Estado no es una cosa secundaria, que se pueda tratar superficialmente. Es justamente un problema crucial, la manera cómo lo resolvamos, nos dará las indicaciones para las batallas políticas que se imponen hoy. Pues es a partir del Estado que se estructura toda la opresión de la clase dominante.  Esta opresión se manifiesta en todas las esferas de la vida social salvadoreña. Es a partir de esta dominación que se debe encarar las luchas para cambiar la sociedad.

Plantear claramente el carácter clasista del Estado me parece imprescindible, si lo que se propone un partido o un movimiento político-social es resolver los problemas del país.  

01 septiembre 2012

Alternativa al "juego democrático"


El sufragio en sí no constituye nada más que una manera de determinar una mayoría, a la que de alguna manera tiene que someterse la minoría. En esto puede que no haya fraude. El fraude se realiza en que las opciones visibles son las que representan los intereses de las minorías (capitalistas). El elector no se determina por los programas que apenas puede leer (no sólo por el analfabetismo), no se determina en plena consciencia de sus propios intereses. Es este el juego "democrático". Durante las extremadamente largas campañas, lo más importante no es la propaganda política, sino la publicidad para vender una imagen. Es por eso que en las discusiones de ahora se habla mucho de la imagen de los candidatos como aspecto primordial (Funes llegó a la candidatura y a la presidencia porque tenía visibilidad mediática, imagen de moderado). Resultó que no era ningún moderado, sino que un liberal radical y dogmático.

Por consiguiente, el único beneficio en la participación en las elecciones que puede obtener un partido revolucionario (me refiero a un partido revolucionario, pues se habla de adaptarse al sistema existente, los otros no se adaptan, sino que lo promueven), es contar a la población sobre la cual ha obtenido cierta influencia, de medir de alguna manera sus fuerzas. Insisto en eso “de alguna manera”, pues las elecciones tampoco son el reflejo  exacto del nivel de consciencia ciudadana.

Entonces ir a las elecciones, en cierta medida es entrar en algo viciado, en algo que difícilmente por sí solo va a aportar soluciones a los problemas. Claro que nadie espera que las elecciones arreglen nada, me refiero que a través de ellas solamente se logre alcanzar una mayoría favorable a las necesarias transformaciones estructurales para resolver los problemas sociales y económicos que enfrenta la población.  ¿Qué implica esto? ¿Qué la única opción es la guerra?

Pero el problema de la alternativa sí que es crucial. O sea lo que se plantea es lo siguiente, ¿el principal objetivo para un partido revolucionario es participar en las elecciones o tratar de obtener la famosa hegemonía en la sociedad de la que hablaba Gramsci? Últimamente se habla mucho de esta hegemonía, de Gramsci. Hasta socialdemócratas se han puesto a citarlo. Pero esta hegemonía significa un cambio radical en la correlación de fuerzas en el seno de la sociedad, para ello es necesario combatir la ideología dominante, que implica, entre otras cosas, que el voto en sí es democrático, que el capitalismo es un estado natural de la sociedad, que los patrones dan trabajo. Sobre esto último, ellos compran la fuerza de trabajo, vuelven mercancía a los hombres, los alienan.

Pero este cambio apenas esbozado no se realiza solamente en el discurso del partido, es necesario promover la organización de los trabajadores en los centros de producción. La organización es necesaria para la lucha por los intereses inmediatos de los trabajadores, salarios, mejores condiciones de trabajo, transporte, vivienda, etc. Es decir despertar la consciencia que todas esas cosas no son dádivas patronales o gubernamentales, sino que derechos de los trabajadores. Pero esta práctica de luchas se tiene que acompañar de una permanente lucha ideológica sólida, que enfrente toda la extensión de la ideología dominante.

Pero todo esto parece ya una repetición de lo consabido, de lo ya hecho en otros lugares y en el país, en otros tiempos. Y en parte es cierto. Es por eso que es necesario tener hacia el pasado una mirada crítica, analizar que ha sido lo que fracasó, cuáles fueron las trabas. Me parece justamente que una de las principales fue que se dio por sentado que sólo los dirigentes deben (pueden) pensar, que la teoría siempre es complicada y algunos la piensan incluso superflua. No se trata tampoco de volver filósofos profesionales a todos los trabajadores. Pero si se les tiene que dar los instrumentos para la reflexión autónoma. Esta reflexión autónoma tiene que acompañarse de la más amplia posibilidad de participar en las deliberaciones, en las tomas de decisión. Esto presupone abandonar de lleno todo verticalismo. Pero ¿cómo se hace esto? Este es un problema práctico, pero que conlleva la reflexión sobre la “forma partido”. O sea que alternativas a fundirse sin más al juego “democrático” existen, se pueden seguir buscando.   

21 agosto 2012

Algunas enseñanzas


A la vista de los resultados, después de dos meses de ataques y contraataques, de consultas, de editoriales, de artículos, viajes a Managua y recursos ante una Corte Centroamericana de Justicia —que nada tiene que ver con la constitucionalidad de nuestras leyes y decretos— tras una letanía de acusaciones y contraacusaciones, de una larga serie de discusiones y anochecidas y madrugones en Casa Presidencial, los diputados y dirigentes de los partidos políticos terminaron por ponerse de acuerdo para hacer lo que había ordenado la Sala de lo Constitucional. El resultado es ese. Cabe preguntarse ¿por qué tanta pólvora? ¿Para qué tanta bulla?

Con toda sinceridad no tengo respuestas a estas dos preguntas. Pues no me manejo en los círculos del poder e ignoro los códigos secretos de ese mundo. Pero lo que queda claro es que todo eso no se hizo por gusto, que había un objetivo oculto. Porque ahora los que han aceptado votar lo que durante dos meses se negaron hacer, porque eso contradecía sus principios de honorabilidad, porque votar según determinó la Sala era violentar la Constitución y sobre todo ceder ante la derecha recalcitrante, aliada de la oligarquía, organizada en la ANEP, explican que lo han hecho por espíritu de sacrificio, para demostrar el alto sentido del deber que tienen.

Es decir que los principios, la honorabilidad, el apego a las leyes se ha echado por la borda, al tarro de la basura. Y no se sabe por qué razones. Todos sabemos que esas negociaciones en Casa Presidencial fueron impuestas por el extranjero. El “aliado” de los Estados Unidos, el que no tuvo empacho de declararlo sin reservas, se acaba de dar cuenta que es simplemente un hace mandados. Bastó que un miembro de la dirección del patronato se fuera a quejar al Norte, para que senadores amenazaran con lo que más duele: los dólares.

Mauricio Funes se puso juguetón, quiso ningunear a dos importantes senadores de los Estado Unidos, como lo hizo con algunos empleados de la Embajada respecto a las revelaciones de WikiLeaks, La misma embajadora tuvo que intervenir para corregir al criado. Al parecer nuestro presidente que solo se maniató a esa servidumbre, de vez en cuando trata de adoptar poses de soberano. Pero es reyecito dentro del marco que le confiere la Constitución presidencialista. Pero ese marco no abarca lo que los jefes mandan, sus jefes del Norte.

¿Se puede sacar alguna enseñanza de todo esto? Si, tal vez más de una. Una de ellas es que la dirección del FMLN tiene todavía recursos para petrificar a sus bases y aún más allá de ellas. Pues le ha bastado afirmar que el que no está de acuerdo con la cúpula es su enemigo y un aliado de ARENA y de la ANEP. Los militantes han reaccionado como ante un capote de brega, se han enfurecido y arremetían con todo sin querer parar mientes y entrar en razón. Durante estos tres años de alianzas parciales con ARENA para algunos votos, alianzas secretas como en el episodio del decreto 743, la polarización había perdido densidad, pero ahora ha vuelto al primer plano de la escena política. Esto arrastra otra consecuencia: el fanatismo puede mucho más que la razón. En nuestro país predomina el fanatismo, de ambos lados, en ambos partidos mayoritarios. Algunos militantes del FMLN se olvidaron inclusive que muchos personajes de GANA hasta hace apenas tres años pertenecían a ARENA y que su fuga para fundar otro partido no tuvo lugar a causa de una conversión súbita a otras ideas. Los dirigentes y miembros de GANA siguen siendo de derecha, lo mismo que los del PES y de CN. O sea que el bloque de los cuatro no era un bloque progresista de izquierda, como muchos se esforzaban en presentarlo. Era un grupo de intereses partidarios, de intereses mezquinos. El interés de la patria, la defensa de la legalidad, de la Constitución, de los principios democráticos, de la ética no tenía nada que ver.

Pero al mismo tiempo, la mayoría de la gente solamente ha visto un largo pleito sin fin que se acabó. Que se acabó con negociaciones secretas en un momento que se habla tanto de transparencia. Y que se acabó con la decisión de hacer lo que debieron haber hecho desde el primer día, aplicar los fallos de la Sala de lo Constitucional. No creo que todo esto haya engrandecido la opinión que se hace la mayoría de la gente de la política.

Todos desde el menor de los diputados hasta el mismo presidente hablaban del respeto a la separación de poderes. Pero hemos visto a diputados reunirse en Casa Presidencial para discutir sobre algo que le corresponde a la Asamblea y que nada tiene que ver el Ejecutivo. El mismo Ejecutivo, por las declaraciones del mismo presidente, tomó parte en el pleito, aceptando que una Corte extranjera podía determinar que era constitucional o no, en vez del “único tribunal competente para declarar la inconstitucionalidad de las leyes, decretos y reglamentos, en su forma y contenido, de un modo general y obligatorio”, que es la Sala de lo Constitucional. Sabemos que hubo decretos que fueron aprobados por el presidente para entrampar a la Sala, para maniatarla. La ojeriza presidencial es tenaz, no le perdona a la sala el haber suprimido la famosa “partida secreta”. Y esto que es muy probable que su nuevo amigo, Tony Saca, le habrá enseñado algunas mañas.

El presidente de repente se declara neutral a todo eso, aunque en estos días ha vuelto a repetir que el fallo de la CCJ es válido y aplicable. ¡Vaya que necedad! Pero el papelito sin valor alguno según nuestras leyes, que atestigua del acuerdo entre partidos es el fruto también de la intervención extranjera. Y para que vean que ese papelucho no tiene valor legal, lo firman jefes de partido, el presidente en calidad de no se sabe qué y sin nombrar en base a qué ley se firma. Ese acuerdo es pues un negociado. Un desvergonzado arreglo del que nada se nos dice. Hubo reparto, pero los salvadoreños no se han enterado en qué ha consistido.

Pero la enseñanza más importante que podemos sacar de todo esto es que ningún partido de los que pueblan los curules de la Asamblea representan los intereses de los trabajadores. El patronato defendió a su principal partido. Pero el resto de partidos no son sus enemigos. La oligarquía salvadoreña puede dormir tranquila, pues más allá de la retórica acalorada de estos días, sus intereses no han sido nunca amenazados. Los partidos políticos como chuchos y gatos se pelean el pastel estatal. Es esta la triste realidad de nuestra vida política.

Creo que ante este panorama es muy poco proponer una Constituyente, poco o inútil, pues la vida política nacional está dominada por estos partidos, que serían los que enviarían el mayor número de diputados a la Constituyente. ¿Piensan algunos que en pocos meses de campaña electoral se puede transformar por completo el espectro político nacional?

Creo que la llave de nuestros problemas se encierra en esa última pregunta. En primer lugar no se va a poder cambiar ese panorama si no existe una nueva organización que se proponga esa transformación. Una nueva organización que en la práctica de su propio accionar en la sociedad muestre que es posible hacer política de otra manera. Que el fin real de la política no es el poder como algunos se empeñan en afirmarlo. El poder político es un medio para transformar la sociedad. Pero transformar la sociedad se puede desde ya, justamente introduciendo prácticas y objetivos nuevos que tiendan a volver actores a los ciudadanos que hasta hoy apenas si han sido espectadores.

10 agosto 2012

La Mesa Nacional frente a la Minería Metálica afirma que la propuesta de Ley de Suspensión de la actividad minero-metálica del gobierno



Ante la propuesta de la Ley Especial para la Suspensión de Procedimientos de Proyectos de Exploración y Explotación de Minería Metálica presentada por el Gobierno salvadoreño a la Asamblea Legislativa, a la opinión pública nacional e internacional exponemos que:

La suspensión de los proyectos de exploración y explotación de metales propuesta por los ministros de Economía y Medio Ambiente, no elimina la amenaza de la minería metálica para el país, solo la entretiene. El proyecto de Ley es de carácter temporal, superficial y no tiene ninguna fundamentación científica; refleja que a este gobierno no le interesa prohibir la minería metálica, aún cuando hemos demostrado técnica y científicamente que la extracción de metales del subsuelo salvadoreño es irracional ya que contamina y destruye más el ambiente, a la vez que rompe el tejido social de las comunidades, vulnerando derechos fundamentales de las poblaciones.

Reiteramos que la grave degradación ambiental que sufre nuestro país es incompatible con una industria tan depredadora como la minería metálica. La grave contaminación que tiene afectados al 98% de nuestros ríos, la escasez crónica de agua potable que sufre la población, además de que El Salvador es uno de los países más deforestados y densamente poblados de América Latina y uno de los más vulnerables del mundo, con más del 98% de la población en zonas propensas a sufrir desastres, son razones que deberían bastar para cerrarle las puertas a las empresas mineras en El Salvador.

Como Mesa Nacional frente a la Minería Metálica consideramos que la Propuesta de Ley de Suspensión presentada por el gobierno es demagógica una falsa solución a la amenaza que representa la voracidad de las transnacionales de la industria extractiva minera. Si lo que verdaderamente importa garantizar es la sustentabilidad y el mejoramiento de la calidad de vida de la población, el gobierno de Funes en lugar de buscar una salida superficial calculada para salvar únicamente su administración, debería promover la prohibición de la minería metálica a través de una nueva Ley de Minería explícita en ese sentido, justificada en la profunda crisis socioambiental que padecemos y cuya tendencia actual es a agravarse aceleradamente.

Entre otras inconsistencias, señalamos que la propuesta de crear un Comité de Seguimiento que monitoreará un supuesto “Plan de Fortalecimiento Institucional” y dictaminará el momento en que la suspensión pueda ser levantada, constituye una amenaza para la población salvadoreña, y en particular para las comunidades que ya se han visto afectadas por proyectos de exploración minera. Denunciamos que la decisión de prohibir o permitir la minería metálica no puede descansar sobre un grupo reducido de personas. Se trata de una decisión soberana del pueblo salvadoreño que, en consonancia con los principios constitucionales y del Derecho Internacional citados retóricamente en la propuesta de Ley de Suspensión, debe ser tomada por el pueblo salvadoreño en su conjunto y no por algunos cuantos empresarios y designados por el gobierno de turno.

La institucionalidad del Estado, históricamente ha sucumbido a los intereses particulares de las grandes empresas cuyo único interés es saquear nuestros recursos naturales. Basta ver la destrucción que la minería metálica ha provocado en el Río San Sebastián del departamento de La Unión  o la terrible contaminación por plomo producida en el cantón Sitio del Niño, La Libertad, para constatar que las reglas del juego, la afamada institucionalidad, está dispuestas para favorecer a las empresas y que las buenas intenciones no protegen realmente a las grandes mayorías y tampoco promueven una vida digna y sustentable para el país. 

Por lo anteriormente expuesto, exhortamos a la Asamblea Legislativa, a no dejarse sorprender por falsas soluciones, y que en lugar de abordar la propuesta de suspensión temporal de la extracción de metales del presidente Funes; conozca, discuta y apruebe a la mayor brevedad posible la Ley de Prohibición de la Minería Metálica que como Mesa Nacional frente a la Minería Metálica presentamos en 2006.

¡Rechazamos la demagogia y las falsas soluciones!

¡Exigimos la aprobación inmediata de una ley que prohíba definitivamente la minería metálica en El Salvador!


Mesa Nacional frente a la Minería Metálica. Agosto, 2012.