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19 julio 2012

La sociedad y el Estado


Las reflexiones que vengo desarrollando en estos últimos artículos y que han comenzado por “Darle sentido a la política de hoy” y que he continuado con “¿Crear un nuevo Estado?”, “Tres momentos de un proceso” y “Una vuelta al pasado” y que pueden consultar haciendo “clic” en cada uno de los títulos que he puesto. Estos artículos sin formar un todo, ni tener una concatenación coherente, están de alguna manera relacionados. Como se notará hay repeticiones de algunos puntos en los que me ha parecido necesario hacer hincapié. Hoy prosigo estas reflexiones.

Hace unos días en el vespertino Co-Latino salió un artículo de Julia Evelyn Martínez sobre el concepto gramsciano de “hegemonía” que me parece de gran utilidad en estos momentos y que de alguna manera puede completar a perfección esta serie de artículos. Las reflexiones que siguen tienen que ver en mucho con algunos puntos que allí se tratan.

Desde el primer artículo hice notar la perniciosa oposición que algunos pretenden erigir entre teoría y práctica. La necesidad de la teoría justamente se ha hecho sentir por la ausencia de un movimiento revolucionario en el país, esto que acabo de afirmar no es una paradoja, sino que la triste realidad en la que se vive hoy en el país. La ausencia de un movimiento revolucionario capaz se emprender una actividad dentro de la sociedad que cohesione a los trabajadores, que les dé los instrumentos conceptuales y prácticos para volver a participar realmente en la política real.

Maneras de hacer política

En estos momentos podemos ver que los partidos políticos se han enfrascado en luchas que muy pocos entienden su entero significado. Pues el enfrentamiento entre el FMLN y sus aliados GANA, PES y CN y la Sala de lo Constitucional se ha vuelto por razones poco manifiestas en un enfrenamiento entre partidos políticos, en el que se han invitado algunas organizaciones civiles. El patronato a través de ANEP y FUSADES pretenden defender la legalidad, la autonomía de la CSJ, el Estado de derecho, la Constitución. El FMLN hace lo mismo. Pero desacata los fallos de la Sala de lo Constitucional que son inapelables y recurre a una instancia regional para que venga a dirimir algo que no le concierne y para lo cual no ha sido creada, la CCJ. Con esto el partido de gobierno, en alianza también con el presidente Funes, muestran el poco interés que tienen por la soberanía.

Los partidos han movilizado a sus bases, las han lazado a la arena de los pleitos y esto a de nuevo ha venido envolver al país en una especie de polarización exacerbada en la que nadie escucha a nadie. Hubo incluso trifulcas durante una manifestación, hubo además despliegue de agentes del orden e incluso aparecieron francotiradores.

¿Pero lo que se alega es realmente el fondo del asunto? La Sala de lo Constitucional durante años estuvo engavetando las demandas de inconstitucionalidad de los ciudadanos, la actual se ha puesto a dar fallos. Pero esto fallos no han sido del agrado de la “clase política” en su globalidad. El triste episodio del decreto 743 y este actual muestran solo la mezquindad de la clase política, que busca mantenerse en un indivisible usufructo del aparato del Estado y de sus beneficios y hoy el FMLN quiere vengarse. El acuerdo para nombrar dos veces a los magistrados de la CSJ durante la misma legislatura, se hizo bajo la condición de una repartija de puestos. Esta repartija corre peligro: presidencia de la Asamblea y de las comisiones parlamentarias, puestos en otros organismos del Estado. Pues si las elecciones se anulan, ARENA entra a contar más, pues es el partido mayoritario y entonces el reparto es otro y esto puede voltear las alianzas.

Pero todo esto, como un sinfín de otros sucesos de esta naturaleza, no es una actividad política. Esto no concierne la vida de los ciudadanos. La mayoría de salvadoreños mira el espectáculo sin entender mucho, pero dándose cuenta que la clase política, esa casta que se reúne, se pelea en público, pero que en privado son “cheros, cheros” y comparten y departen diversiones y distracciones. Con esto los ciudadanos se apartan de la política, les parece que “hacer política” es conducirse de manera deshonesta y que en efecto para “meterse en política” es necesario tener muy baja moral. Esto es parte de la dominación de la burguesía sobre los trabajadores.

Una de las peores alienaciones

La reticencia que tiene la gente en “meterse en política” es precisamente una de las peores alienaciones que el Estado burgués le impone a los trabajadores. Primero empieza usurpando el poder, pues la gente se ve obligada a delegarlo, a entregarlo a los partidos políticos, a los hombres políticos. Lo que en el inicio era simple delegación, se vuelve propiedad de los partidos y de los hombres políticos. En esta desposesión un papel clave lo juega el mismo acto del voto, que se convierte en una especie de ceremonia que hay que cumplir de tiempo en tiempo. Son los políticos, los partidos políticos los únicos que tienen voz durante las campañas, el pueblo, el famoso “demos” no puede interferir, no puede sancionar. Pues el “juego político” le impone silencio, no puede destituir a sus delegados. Esta alienación que tan íntimamente está ligada al Estado, se opera afuera del Estado, en la sociedad. Porque las dominación de clase del Estado tiene repercusiones que van más allá de su ámbito, de sus instituciones.

Pero para cambiar esta realidad social es necesario que los que luchan por transformarla tengan la capacidad de cuestionar la dominación enajenante, de reducir e incluso invertir la dominación en su totalidad, en toda su amplitud y profundidad.

La cuestión de la hegemonía

Pero si nos planteamos de nuevo el problema del poder nos damos cuenta que aún si las condiciones nos permitieran un triunfo insurreccional esto no significa que se haya alcanzado todo el poder y sobre todo que se haya adquirido dentro de la sociedad lo que Gramsci llama la “hegemonía”. Pero ya hemos señalado que no estamos en ese tipo de situaciones, que en la situación actual, la lucha armada no es una opción actual y que nadie se la propone en el país. Se trata pues de iniciar otro tipo de “guerra”. Se trata de ganar esta guerra democráticamente, por medio de una lucha permanente en el terreno de las ideas, que tienen que conquistar los espíritus por su pertinencia, por la eficacidad de sus iniciativas. Se trata de conquistar el papel dirigente en la sociedad, en todos los terrenos sociales y algunas instancias estatales, como si se creara un doble poder político.

Se trata pues de ir conquistando progresivamente la hegemonía que al mismo tiempo puede conducir al poder con un consentimiento mayoritario real. No obstante esto descansa en una renovación de la política, ya no como pleitos entre estructuras partidarias (como lo vemos hoy) que buscan conservar el usufructo del aparato del Estado, que se ha vuelto en un fin en sí. Se trata pues de acabar con esa alienación a la que acabo de referirme, en la que la política inspira solamente desprecio y aborrecimiento.

Nuevas formas y nuevos contenidos

Esta renovación política incluye obligatoriamente inventarse las formas y los contenidos de la más amplia y activa participación de los ciudadanos en todo aquello que decide de su existencia social e individual, en el ámbito que sea. Esto le devuelve la dignidad a la política, le da un sentido concreto. Se trata pues de inventarse concretamente la democracia participativa, que está muy lejos de resumirse en referendos y plebiscitos.

Iniciativas en la que todos los habitantes de un barrio que, por ejemplo, exija la mejora del alumbrado eléctrico o la mejora del servicio de transporte. Se trata de que la gente se dé cuenta en deliberaciones concretas en dónde reside su interés. Si se logra imponer comités de barrio que puedan asumir el papel de gestores con sus propuestas y sus iniciativas. El presupuesto de una ciudad puede discutirse en estos comités. En estos comités se puede aprender a evaluar los costos, a saber definir prioridades, pero también se aprende a deliberar y decidir. Se aprende también la solidaridad, pues a veces hay que renunciar a sus propias exigencias para ayudarle a otros que están en peores condiciones. Cuando son los comités de todos los barrios los que deciden si es necesario crear una sala de recreo o una casa de la cultura, de una biblioteca, de una sala de reuniones, etc. se sale del clientelismo municipal. Pero hay otra cosa que se puede lograr es justamente el control de los gastos y la supervisión de la ejecución de los trabajos por los ciudadanos directamente concernidos.

Se imaginan que potencial puede resultar de todas estas iniciativas. Los ciudadanos asumiendo directamente las decisiones en los asuntos que les conciernen directamente. Hay aquí algo que de manera embrionaria aparece como una disolución del poder en toda la población. Aquí se trata apenas de un poder limitado, de un poder del Estado secundario, el municipal, y que depende aún de las decisiones del gobierno central.

Con esto aún no entramos a tocar al poder real, el poder dominador del capital. Pero no perdamos de vista que se trata de un proceso, de un proceso en el que la hegemonía se va conquistando poco a poco, en esta “guerra de posiciones” aparecen siempre nuevos y nuevos terrenos. El asunto es darle a la gente la posibilidad de intervenir, de dedicarse a meterse en política de otra manera, de una manera que le permite adquirir nuevos conocimientos y nuevas habilidades.

Con este tipo de iniciativas vemos como el Estado se diluye en la gente, pero se trata de una de las funciones del Estado. Se trata de la función administrativa, pero el Estado es también un instrumento de dominación política. Este segundo aspecto la ideología de la clase dominante trata de escamotearlo, de ocultarlo. Es aquí que surge la ilusión de un Estado neutro que expresa el interés general. El Estado como instrumento de dominación de clases debe fenecer.

13 julio 2012

Una vuelta al pasado


En estos años se ha repetido entre nosotros con suficiente frecuencia, que la conquista del poder político no confiere todo el poder, entendiendo que el poder real sigue en manos de la oligarquía. Esta constatación es justa, no obstante no ha dado como resultado ninguna reflexión sobre cómo debemos conquistar ese poder real.

Esta paradoja no debe extrañarnos. Pues en el país se ha contemplado siempre  teóricamente la toma del poder por la vía insurreccional, las otras vías eran paliativas a aquélla. Se daba por sentado que una vez lograda la victoria insurreccional toda resistencia al nuevo poder iba a ser imposible y que la estatización o nacionalización de los principales medios de producción se realizaría sin mayores trabas. Esto venía escrito con todas sus letras en los diferentes materiales del FMLN y de las organizaciones que lo componían. En esto no hubo divergencias.

Con los Tratados de Paz entramos a una nueva etapa en la vida política nacional. La situación ha cambiado de alguna manera. Los problemas sociales y económicos que condujeron a la guerra siguen sin resolverse, pero los atascaderos represivos que volvían sanguinaria la dictadura de la burguesía han desaparecido. La represión brutal y sistemática contra los oponentes se han suprimido, el partido que antes fue el opositor armado contra el régimen, pudo llegar al Ejecutivo a través de las elecciones. Nadie va ahora a cárcel por expresar sus ideas, ya no se tortura, los asesinatos de líderes políticos ya no son sistemáticos (me expreso de esta manera pues ha habido muertes sospechosas en torno a los movimientos contra la minería y otros casos). La actividad política puede ser pública y a nadie se le va a ocurrir acusar de subversivo a algún movimiento político.

Sistema polarizado

Claro que el país ha vivido durante estos años un sistema que se optó por llamar “polarizado”. En cierta manera lo ha sido, los dos partidos mayoritarios cuando se enfrentaban lo hacían —y en parte lo siguen haciendo— con cierta violencia verbal, durante las campañas electorales es necesario promesas y acuerdos de no agresión física, etc. Esta bipolaridad es de artificio. Lo hemos visto en acuerdos posibles y de por sí realizados entre ARENA y el FMLN. La política real sigue siendo la misma, hay continuismo en lo fundamental.

Los cambios habidos no nos han llevado a un régimen democrático burgués como los que existen en otros países. Se ha sospechado y casi comprobado que hubo fraudes, el aparato del Estado ha sido usado fraudulentamente en beneficio del partido en el poder, incluso con cierto descaro durante el último período presidencial de ARENA. Tony Saca uso de manera patrimonial los bienes del gobierno para su promoción personal. El gobierno actual ha sido menos oportunista en este sentido. Tal vez porque no es un gobierno monolítico, sino que es un gobierno de alianzas.

No obstante podemos afirmar que se puede llevar adelante un debate político entre los partidos políticos. Es posible también que los partidos políticos no encuentren escollos de ninguna naturaleza para dirigirse directamente a la población. Es decir no se plantea, no puede plantearse en estas circunstancias la toma del poder por la vía insurreccional.

Una utopía de soñadores

Pero si entramos de manera concreta a analizar el panorama político nacional nos damos cuenta que esa “apropiación de los medios de producción por los trabajadores asociados” de la que hablaba Marx, aparece hoy en día como una simple utopía de soñadores ingenuos. Es necesario constatar que si bien es cierto que en el discurso del FMLN hasta fechas recientes “el objetivo socialista” se mantenía inalterado e inalterable, pero en la actualidad en las declaraciones y en la práctica gubernamental, en la batalla política e ideológica el FMLN se ha transformado en un partido social-demócrata de derecha. A lo sumo promueve y reivindica medidas que alivien a algunas capas de la población más sufridas y marginadas. El objetivo socialista se ha engavetado y se proyecta volverlo a sacar dentro de cinco o seis presidencias. Es  lo que afirmaban cuando pensaban factible mantenerse en el poder más de una vez. Ahora la cosa es distinta, el panorama no es tan favorable para conservar el Ejecutivo, que no alcanzaron totalmente con la presidencia de Funes. Esto puede llevarlos a volver a sacar los manualitos del “marxismo-leninista” y radicalizar un tanto su discurso. Puede que se conformen con volver a polarizar su discurso y centrar sus ataques contra el partido ARENA, olvidándose convenientemente que GANA, PES y CN son también de derecha y que sostienen profundamente ideas de derecha y los intereses de la oligarquía.

En estos momentos todos los partidos se disputan el acceso al poder político. Hay dos que esperan sobrevivir manteniendo alianzas de conveniencia, ya sea con ARENA, ya sea con el FMLN, me refiero PES y CN. El tercer partido se perfila como una tercera fuerza, GANA en las últimas elecciones logró mantenerse como grupo parlamentario y colocarse como el punto de equilibrio de la balanza legislativa. Por el momento GANA prefiera al FMLN. Tal vez sea que sus antiguos compañeros de ARENA aún no quieran reconciliarse con los prófugos que crearon el nuevo partido. Esta separación puede mantenerse pues el expresidente Antonio Saca pretende ser el candidato de GANA. Esto convierte a este partido en un anfibio, partido del expresidente y del presidente actual. Pues Funes ha abandonado la idea de crear su propio movimiento, en realidad ha reconocido su fracaso en crearlo. Es por ello que ha realizado entre bambalinas un acercamiento con los dirigentes de GANA para poder seguir en vida políticamente al abandonar la presidencia y tal vez mantener posible su retorno a la presidencia.

En este panorama sucintamente descrito, los trabajadores no tienen su propio representante, su propio partido. Hay pues un vacío enorme en la política salvadoreña. Desde finales de los años veinte del siglo pasado, hubo en permanencia en el país una corriente revolucionaria organizada. En esas décadas el PCS (Partido Comunista de El Salvador) asumía la tarea de representar los intereses de los trabajadores. Pero este partido tuvo una cortísima vida legal, durante toda su vida ha sido un partido clandestino y el principal blanco de la represión del Estado. En su actividad clandestina logró organizar a ciertos sectores de los trabajadores en sindicatos, que también sufrían todo el peso de la represión.

La ruptura en el PCS

En los años sesenta, después del triunfo de la Revolución Cubana, surgió de manera imperiosa la necesidad de determinarse sobre las vías de la revolución. Hubo entonces en todo el mundo una discusión en torno a este tema, sobre todo en el Movimiento Comunista Internacional. El PCS opta en esos años una posición ambigua, por un lado se muestra favorable a la lucha armada cómo única manera de llegar al poder, pero al mismo tiempo en su seno muchos dirigentes alegan la imposibilidad de llevarla a cabo, por razones geográficas. Es en estos momentos que va a surgir una tendencia reformista en el seno del PCS, es la que va a vencer e imponer su política a pesar que el Secretario General tiene otra visión, muy distinta. Es desde entonces también que las actitudes oportunistas se van a manifestar.

A finales de los sesenta, durante la última Conferencia Internacional de Partidos Comunistas y Obreros que tiene lugar en Moscú, en junio de 1969, se va a marcar el fin real del Movimiento Comunista Internacional. En esa conferencia participa como jefe de la delegación salvadoreña, Salvador Cayetano Carpio. Es en esa Conferencia que van a salir a la superficie las contradicciones entre las diferentes concepciones de lucha. A partir de ese momento, se van a fijar posiciones que van a permanecer invariables hasta la aparición de la Perestroika y luego el derrumbe del Socialismo Real. En El Salvador se produce un sisma. Este sisma se origina sobre el tema de la lucha armada. Entre los que la creen posible y los que no tienen intenciones de emprenderla. Surgen es ese momento un nuevo partido político. La corriente oportunista mayoritaria se mantiene en el PCS y la otra tendencia revolucionaria se consolida en torno de las FPL. Este punto de la historia es importante. Porque no solamente se trata de una ruptura entre personas, se trata de dos concepciones que van a enfrentarse hasta el día de hoy.

Los movimientos guerrilleros

La tendencia mayoritaria en el seno del PCS va a dedicar buena parte de su actividad política a denigrar a las FPL, en esto se une a la dictadura y retoma su vocabulario para atacar al incipiente partido revolucionario. Pero por otro lado, en el discurso mantienen como opción la lucha armada, pero señalando que las condiciones objetivas y subjetivas aún no están dadas. Esta posición va a durar hasta finales de los años setenta. Mientras tanto surge asimismo nuevas organizaciones, el ERP y luego como una escisión del ERP, la Resistencia Nacional. Desde 1975 comienza a organizarse el Partido Revolucionario de los Trabajadores Centroamericanos (PRTC), las secciones salvadoreña y hondureña fueron las que tuvieron mayor importancia, no tuvo existencia en Nicaragua.

Este recuento es necesario hacerlo y es necesario volver sobre él tal vez de manera más sistemática pues hasta hoy es un momento importante, hasta tal punto que en su libro “Comandante Ramiro”, José Luis Merino se dedica a una tosca caricatura y continúa con sus ataques calumniadores contra Salvador Cayetano Carpio. Uno de los puntos falsos en su narración es la desnaturalización del conflicto interno en el PCS, pero sobre todo la real actividad de las FPL, sobre todo como la mayoría que se refieren a este período, oculta los puntos estratégicos fundamentales que los separaba. Las FPL no surgen como un grupo guerrillero, ni con una estrategia militarista, al contrario surge como partido político que va a organizar la lucha armada, con una estrategia de movilización de masas. Las acciones de masas cobran en aquellos momentos mayor importancia que la lucha armada, que entonces es apenas embrionaria y esporádica. Lo que oculta en su relato J. L. Merino es que él mismo y su grupo de dirigentes del PCS atacan y denigran a los movimientos reivindicativos de las organizaciones de masas de las FPL y del ERP.

Pero las luchas callejeras, las luchas de masas cobran cada día mayor auge, mayor vigor, al mismo tiempo la represión se vuelve más intensa y sanguinaria. El PCS fracasa en su estrategia golpista, no logra tampoco llegar al poder por las elecciones a través de la UNO. Estos fracasos lo incitan a dar un golpe de timón y se convierten a las tesis de la lucha armada. Es así como entran y participan en la creación del FMLN. Este grupo del PCS se va a volver hegemónico en la dirección del partido político FMLN que va a crearse con los Acuerdos de Paz. Poco a poco sus posiciones reformistas vuelven a dominar y es esto esencialmente que ha dejado sin organización propia a la tendencia revolucionaria. Las transformaciones ideológicas en las FPL después de la muerte de Salvador Cayetano Carpio es otro capítulo de la historia que aún no se ha escrito.

Un nuevo partido revolucionario

Es por eso que se plantea ahora la urgencia para los trabajadores la creación de un partido revolucionario. No se trata de cualquier partido, sino que de un partido que se proponga la transformación de la sociedad capitalista, su superación. No se trata de entrar a la lucha electorera para participar en la maquillaje de la sociedad de clases. No estoy diciendo que no se pueda participar, pero por el momento no es una tarea prioritaria. Se trata ahora de reconquistar el terreno perdido, las ideas revolucionarias han ido desapareciendo en los análisis sobre nuestra realidad, la actividad politiquera de componendas y arreglos ocultos es lo que domina ahora la política. Es pues urgente introducir nuevos criterios que retomen los intereses de los trabajadores como tarea principal y defenderlos, imponerlos.

Pero esto no es sencillo. Pues justamente las fuerzas revolucionarias están desperdigadas, algunas permanecen a pesar de todo en el FMLN, pero neutralizadas por la camarilla dirigente. Hay otros puntos, pues hasta ahora se ha considerado en nuestro país que para ser revolucionario es necesario llevar adelante la lucha armada. Al principio de este artículo he señalado que las condiciones han cambiado, que el partido revolucionario tiene que optar por una nueva estrategia. Es por ello que surgen problemas teóricos inaplazables que tienen que plasmarse en la realidad, en la actividad revolucionaria.

Uno de estos problemas es: ¿qué tipo de organización? Hemos visto en varias ocasiones como el verticalismo ha engendrado partidos compuestos por una cúpula que decide de todo y de militantes que sólo ejecutan y hemos visto a qué fracasos históricos esta forma de partido ha llevado. Pero al mismo tiempo es necesario también determinar en qué consiste ser revolucionario hoy, en estas circunstancias.

Por supuesto que estas preguntas son de urgente solución, pero no son fáciles de resolver, pero al mismo tiempo no se puede esperar llegar al término de estos problemas teóricos para emprender prácticamente la organización del nuevo movimiento. Existen grupos de jóvenes que se reúnen a estudiar, otros de trabajadores que también piensan en la necesidad de nuevas organizaciones, otros que han mantenido estructuras de antes, todos estos grupos no son homogéneos, es necesario que a pesar de esto, se tienda a federarlos.

Lo importante es que aparezca un movimiento social que asuma la defensa de los intereses de los trabajadores. Sin este movimiento no podrá avanzarse en la obtención de nuevos derechos laborales y sociales en el país.

(Sigue)




05 julio 2012

Tres momentos de un proceso


El tema del artículo anterior tal vez aparece sobre todo en su aspecto estrictamente teórico y no se perfilen sus aspectos prácticos. Es decir que algunos pueden pensar que el tema se aparta mucho del vivir diario de la gente. No obstante el Estado de manera inmediata nos determina en cada paso de nuestra vida. Así que entender el carácter del Estado tiene implicaciones en asuntos de la táctica y de la estrategia políticas.

En la concepción del Estado de Marx podemos percibir una distinción que ha heredado del pensador francés Saint-Simon. Esta distinción señala que además del aspecto de “administración de las cosas”, el Estado asume el papel de “gobierno de los hombres” y es aquí que aparece como potencia de dominación multiforme históricamente engendrada por el antagonismo de clases, esta potencia se presenta separada de la sociedad y concentrada en el aparato de coacción violenta o persuasiva por encima de ella; esta potencia ha sido desarrollada de continuo por las sucesivas clases pudientes, poseedoras, en tanto que instrumento de dominación, disfrazado en la encarnación del “interés general”.

Ante este “Estado político” Marx nos propone un proceso con tres fases íntimamente ligadas: la conquista del poder político por la clase obrera. Esta conquista es una condición decisiva para emprender y operar la transformación de la base económica de la sociedad. La otra fase es la destrucción del aparato estatal de opresión burgués a través de la instalación de la dictadura transitoria del proletariado que instaura la primera democracia verdadera para el pueblo y el inicio al mismo tiempo del perecimiento del Estado en todas sus dimensiones alienadas y alienantes, es así que los hombres comienzan a volverse dueños de sus propias opciones.

Todos sabemos que la perversión estalinista volvió este proceso en un estancamiento, convirtiendo, en su teoría, como el único o primordial objetivo la conquista del poder político. Los socialdemócratas han convertido este proceso en la toma del poder político dentro del mantenimiento del Estado de clases.


El FMLN es un partido de derecha


En nuestro país esta toma del poder ha sido el objetivo exclusivo y fue el que algunos pensaron poder alcanzarlo a través de varias vías, incluido el putsch. El poder político no confiere de hecho todo el poder. Pero nosotros en el país nos encontramos en una situación política y social que la conquista del poder político por la clase obrera se ha vuelto imposible, pues para ello la clase de los trabajadores necesita estar organizada en partido político. En artículos anteriores he insistido en el carácter reformista y socialdemócrata del FMLN, pero se trata de una variante tan oportunista, tan alejada de los intereses de los trabajadores, que podemos simplemente afirmar que se trata de un partido de derecha. En esta coyuntura de ataques a la institucionalidad republicana el FMLN y sus diputados interpretan el lamentable papel de los malos de la película. Sobre esto se ha escrito y opinado ya mucho y los parlamentarios y dirigentes efemelenistas se empecinan en imponer sus opciones, defendiendo sus intereses partidarios. Sus argumentos sofísticos y sus alianzas con GANA y los restos mortales de la Democracia Cristiana y del PCN que reviven y mantienen en una especie de “coma político”. El presidente Funes ha mostrado una vez más su tamaño moral, que el infinitamente pequeño bosón de Higgs parece un Himalaya. Este presidente se lo debemos al FMLN y a todos que pensaron que llegar al ejecutivo era lo primordial, lo fundamental.

Ante una situación de ausencia de un partido revolucionario, de un partido de los trabajadores, con una pérdida generalizada de la conciencia de clase, de una baja en la combatividad de los trabajadores se impone pensar seriamente en crear un nuevo partido y pensar seriamente en su estrategia. Deben pues entrar en consideración la forma-partido (concepto introducido por el filósofo francés Lucien Sève), pues ya hemos visto como se ha desvirtuado la forma del centralismo democrático para convertirlo en un centralismo autocrático. Este centralismo tuvo además como corolario un secretismo, una práctica compartimentada en la que la información y la formación política se volvían moneda de cambio de privilegios partidarios. La información, el conocimiento eran propiedad de la cúpula partidaria, que la usaba para doblegar las bases, para mantenerlas oscuramente sumisas.

En este tipo de partido los dirigentes se vuelven la voz suprema, son los que deciden de todo y lo imponen disfrazándolo en opinión de todos. Cuando en el FMLN se dice “el partido ha decidido”, no se refiere al conjunto de miembros, sino a una docena de personas que por lo general no contradice a un trío de mandamases. En el FMLN todo ha sido puesto bajo control de la dirección, nada puede decidirse afuera del órgano supremo, la Comisión Política. El resto de instancias pueden apenas confirmar, corroborar, aprobar. Esto lo hemos visto durante el nombramiento de candidatos a diputados y a las municipalidades. Ahora con el nombramiento de Salvador Sánchez Cerén que fue decidido a tres, el interesado, Medardo González y Jorge Luis Merino. El resto de dirigentes como en una organización mafiosa le han besado el anillo al ungido. La famosa “vanguardia del proletariado” en El Salvador se reduce a estos tres personajes insignificantes de nuestra tragicomedia política.

El desprecio que han mostrado con sus propias bases lo han mostrado respecto a sus electores. Y en estas semanas hemos visto que sus intereses caprichosos por unos cuántos puestos pueden violentar la Constitución que prometían respetar, Handal iba repitiendo “la Constitución, toda la Constitución”. Hoy los vemos acudir a una desprestigiada Corte Centroamericana para que interfiera en nuestros asuntos, para que les permita cometer un golpe de Estado contra la Sala de lo Constitucional. El partido que tiene en sus siglas “para la Liberación Nacional” pisotea la soberanía. Vemos pues en qué puede terminar una forma-partido que ignora la voluntad de sus militantes, que se despreocupa de su formación, que no tiene como principio la constante deliberación, la participación en las decisiones. Es necesario pues que el nuevo partido defina su organización tomando en cuenta todo esto, que es urgente echar por la borda para siempre ese verticalismo que ha dado como consecuencia una fe ciega en el jefe, en el líder, en el líder vuelto ídolo. Es necesario inventar nuevas formas transversales, horizontales.

El milagroso día de la victoria


Pero esto se refiere al funcionamiento interior, pero el funcionamiento hacia afuera, hacia los trabajadores también tiene que cambiar. Cuántas veces hemos repetido que es el pueblo mismo que tiene que liberarse, que es el pueblo mismo que tiene que construir la sociedad futura, a partir de sus propias aspiraciones. El partido es un instrumento popular, no es pues un organismo que remplaza al pueblo.

En estos momentos el partido es necesario sobre todo que hemos sufrido una despolitización de nuestra sociedad. Lo que ocurre en la “esfera política” son prácticas politiqueras, un remplazo de la política real por intrigas, madrugones, componendas, confabulaciones y negociadas. Es a esto que se le llama en nuestro país “política”. Pero la política es ocuparse de los problemas de la ciudad, de la polis. Los problemas de la vida cotidiana de la gente.

Estos problemas, en nuestro país, presentan un carácter de urgencia, cuya solución tiene que venir ahora, pues sin ella la vida se vuelve cada vez más imposible. Pero estos problemas tienen además un carácter crónico, se repiten, son antiguos, son parte de nuestra vida. El sistema económico, político y social dominado por la oligarquía ha sido incapaz de aportar ninguna solución. Esta dominación al contrario en vez de aportar soluciones agrava la situación. Estos problemas abarcan a todas las capas de la población y cada momento de nuestra vida, desde el nacimiento hasta la muerte. Es decir que no se puede pues esperar que llegue el milagroso día de la conquista del poder político, un maravilloso triunfo electoral de algún ídolo o de algún partido que se propone cambiar las leyes fundamentales.

O sea no se trata pues de un proceso que se inicia con un momento cumbre, sino que de un proceso permanente en el que las transformaciones sociales se preparan en la práctica social, en la que la dominación de la burguesía tiene que irse combatiendo día a día. Y en esto tienen que participar todos los que sufren la opresión. Los cambios, las transformaciones tienen que adquirir el carácter de necesarios en la cabeza de las personas, es necesario que las ideas de transformación social se vuelvan dominantes, es decir que esto se convierta en la hegemonía, tal cual lo concebía Antonio Gramsci.

                                                                                                              (Sigue). 

01 julio 2012

¿Crear un nuevo Estado?


¿Qué puede significar ahora, en El Salvador, crear un nuevo Estado? Es a lo que llama desde hace algún tiempo Dagoberto Gutiérrez. Por el momento aún no queda claro en qué reside la novedad del Estado que nos propone. Es cierto que cuando caracteriza al Estado actual revela con palabras bastantes justas su carácter clasista al servicio de la oligarquía. Esto nos induce a pensar que el nuevo Estado que nos propone debe superar al Estado oligárquico, no obstante surge aquí la cuestión inmediata ¿en qué consiste la superación de un Estado de dominación clasista?

Durante todo el siglo veinte, en la reflexión sobre el nuevo Estado, se manejó el concepto de “dictadura del proletariado”, en torno suyo se fueron definiendo ortodoxias y reformismos. Poco a poco este tipo de dicotomías se fue amenguando y muchos que procedían a exclusiones y a definitivas condenas, han llegado a la conclusión que la “dictadura del proletariado” se impuso en la Rusia soviética a partir de las circunstancias concretas del inicio del siglo XX en ese país y por la correlación de fuerzas internas (guerra civil) y externas (agresión de las potencias imperialistas y la continuación de la  Primera Guerra Mundial) en que se desempeñó el partido bolchevique.

El problema fue que de “dictadura del proletariado”, el Estado soviético se convirtió en simple dictadura de un partido y de su Secretario General, José Stalin. Desde finales de los años treinta el régimen estalinista inició el sistemático desmantelamiento de los órganos del partido y el asesinato también sistemático de los principales dirigentes bolcheviques. Las principales y primeras víctimas de la represión estalinista fueron los mismos miembros del partido, los que podían realmente oponerse a su dictadura. Luego vino una empresa de demolición de la teoría marxista y la deformación estalinista se convirtió en el catecismo anquilosado de la Internacional y de los partidos comunistas. Algunos partidos occidentales y teóricos a partir de finales de los años cincuenta recobraron una especie de libertad relativa para pensar de nuevo la teoría. Pero la deformación estalinista prevaleció en muchos partidos, los dogmas siguieron remplazando al pensamiento dialéctico y muchos siguieron prefiriendo los manuales a la atenta y aplicada lectura de las obras marxianas y engelsianas.


El perecimiento del Estado


Hay un punto mayor en la teoría marxiana del Estado que se silenció durante décadas por la influencia del dogma y de la dictadura estalinista, se trata del concepto del “perecimiento del Estado” en la sociedad sin clases. Como consecuencia de esto el socialismo que era un momento transitorio se convirtió casi en sociedad permanente y no como lo pensó Marx, una etapa inicial y transitoria hacia el comunismo. El Estado socialista en vez de iniciar su perecimiento se fue agrandando en un monstruo omnipresente y sofocador.
Por otro lado Marx sufrió sobre este punto y otros más los ataques de los ideólogos burgueses e incluso de algunos “marxistas”. Se afirma simplemente que Marx entendió mal el Estado, que no supo valorar lo político, ni lo jurídico y sobre todo dejó de lado lo esencial, el poder. Muchos se valen de la dictadura estalinista para rebatir el planteamiento de Marx. Pues la realidad fue superior a lo que la teoría suponía y el Estado socialista en vez de desaparecer se fue fortaleciendo hasta invadir toda la sociedad con el más cruel despotismo.

Pero hay algo más que le oponen a Marx, con el perecimiento del Estado se perderían todos los principios de la república, las ventajas de la democracia parlamentaria, los beneficios del Estado providencial, todas las garantías del Estado de derecho. No obstante en El Salvador hemos entrado en una crisis profunda de las instituciones mismas: un parlamentarismo que viene mostrando sus límites, un sistema que no consigue un funcionamiento armonioso de los poderes y el rapto que han operado los partidos políticos de todo el aparato del Estado. Es en este marco que Dagoberto Gutiérrez habla de un nuevo Estado.


Reparar o superar al Estado oligáquico


No obstante es aquí que aparece la pregunta crucial. ¿Gutiérrez nos propone sacar de su crisis al Estado oligárquico dejando intacta la dominación de clase o se trata de salir de esta crisis superando el Estado opresivo de la oligarquía? Si se trata del primer caso no se desemboca en un nuevo Estado; sino que en un Estado reparado para que la oligarquía prosiga su dominación sobre toda la sociedad salvadoreña. Si se trata de superar el Estado oligárquico, entonces se trata de construir un Estado esencialmente muy distinto al que sufrimos ahora. En el primer caso basta con una reforma constitucional, depurar algunas leyes, limitar la desviación partidocrática que impera ahora en el país.

La segunda vertiente de la alternativa nos conduce a repensar de nuevo la concatenación de la sociedad y el Estado. Si el nuevo Estado debe dejar de ser el Estado de dominación de la oligarquía, entonces esto significa que Dagoberto Gutiérrez nos está invitando a cambios revolucionarios en el país, nos está invitando no solamente a separarnos del Estado oligárquico, sino que también a transformar las relaciones económicas y sociales en el país.

Esto nos obliga entonces a preguntarnos si en estos momentos nos encontramos ante una situación revolucionaria en El Salvador. A esta pregunta podemos respondemos simplemente que no, la mayoría de nosotros está convencida que esa es la cruda realidad. Entonces volvemos a la pregunta inicial: ¿Qué significa ahora, en El Salvador, crear un nuevo Estado?

18 junio 2012

Darle sentido a la política de hoy


¿Qué tiene mayor sentido comentar hoy? ¿El recurso internacional hecho por la Asamblea Nacional sobre un fallo de la única instancia competente y habilitada a pronunciarse sobre la constitucionalidad de las leyes y decretos o la inminente promulgación de Salvador Sánchez Cerén como candidato a la presidencia por el FMLN? El primer punto es una cortina de humo para ocultar aspectos de la coyuntura hartamente más importantes, como es la declaración de Funes  de su necesidad de apoyarse más en los partidos de derecha para poder gobernar estos dos años restantes de su presidencia. La candidatura de Sánchez Cerén por último es un asunto interno de un partido que mantiene su importancia política por la inercia misma de las instituciones.

Respecto a este punto de la candidatura han aparecido numerosos consejeros que promueven candidaturas alternativas, presumiendo que los destinos nacionales dependen exclusivamente de la personalidad del candidato. Lo curioso es que los que ahora proponen al alcalde de Santa Tecla, Oscar Ortiz, han criticado seriamente al presidente actual como alguien que ha defraudado las esperanzas populares. Muchos de ellos han criticado acerbamente al FMLN por haberse dejado llevar por el oportunismo y haber llevado a la presidencia a Mauricio Funes. Su ídolo tecleño al contrario aboga por defender los “cambios” realizados por el gobierno del presidente y llama a sostenerlo y aprovechar su popularidad para tener chances de triunfo en el 2014.

Funes por su lado ya ha entrado a aplicar sus nuevas políticas y  a buscar ya los apoyos que necesita para llevarlas adelante. Se trata de las políticas liberales que le exigen los amos del Norte y los técnicos neoliberales del FMI. El capital nacional como el transnacional buscan de manera desesperada realzar el nivel de las tasas de ganancia y obtener nuevas transferencias de dinero público hacia sus bolsillos. Para ello se avecina la aplicación del Asocio firmado con los Estados Unidos y para cuya preparación se instituyó un consejo compuesto por “expertos” y miembros de la oligarquía o de una fracción de la oligarquía. Este último punto, si es solo una fracción es hasta secundario, pues el principio que lo rige es el que realmente cuenta. Es esto que está en juego con el plan de creación de empresas mixtas. El capital público sirviendo para garantizar las posibles deudas que tengan que contraerse y a su vez para responder por las pérdidas en el caso de algún fracaso.

Es posible que algunos sectores de la salud estén en la mirilla del gobierno, por eso es necesario seguir con atención las maniobras de división sindical que se propicia en el ISSS. ¿Qué significa esto? Pues que bajo la cubertura de empresa mixta se van a introducir en los servicios los criterios leoninos de la mayor ganancia. Por el momento los servicios públicos de la salud han sido dejados a la buena de Dios, con falta de inversiones, con un alarmante desabastecimiento de medicinas, falta de camas y pobreza en los equipos, muchos sin renovarse desde hace ya años. Esto es propicio para crear en la gente una expectativa favorable a la privatización, en la introducción de capitales privados. En esto sería necesario estar vigilantes en el futuro uso de los fondos propios del ISSS.

Los diputados del FMLN han preferido ponerse a pelear con la Sala de lo Constitucional y han dejado sin respuesta la amenaza de Funes de no recurrir a sus votos para llevar adelante su política prevista para estos dos últimos años. Francamente no veo que esto sea sin importancia. Funes hasta ahora ha cumplido con la burguesía y la herencia de la dolarización y el Tratado de Libre Comercio que prometió no tocar. Vuelve hoy a prometerles una política en su beneficio, no creo que los decepcione.

Ante los trabajadores se avecinan tormentas cuyos estragos no sabemos aún de qué magnitudes serán. En todo caso esas medidas son del mismo corte liberal que la dolarización, la privatización y el TLC. ¿Quién va a organizar la resistencia a estas medidas? ¿Quién va a llamar a oponerse a ellas? La derecha, ARENA y GANA ya dijeron que estaban dispuestos a acompañar a Funes en su política. Además ¿cuándo hemos visto a la derecha salir a defender los intereses populares? El FMLN está ocupado en su circo de berrinches contra la Sala de lo Constitucional y en la imposición a sus bases de Salvador Sánchez Cerén. Por otro lado, el FMLN no tiene la más mínima intención de enfrentarse a Funes. Por lo menos aún no saben cómo evaluar su posición de estar en el limbo, no son gobierno, ni tampoco oposición.

En todo caso, la posición que adopten no será respecto a los intereses de los trabajadores, sino que en relación a los intereses partidarios. Si llegan a la conclusión que les conviene seguir apoyando a Funes, pues ya encontrarán las necesarias justificaciones, si por el contrario calculan que lo mejor para ellos es desligarse, pues también encontrarán los motivos suficientes. Las declaraciones de unos y de otros apuntan a esta alternativa.

Si vuelvo a la pregunta inicial “¿Qué tiene mayor sentido comentar hoy?”, nos enfrentamos con un dilema atroz. Pues en el campo político nacional nos encontramos con un vacío abismal. No existe una fuerza organizada para defender los intereses populares. Claro, existen algunos sindicatos que pueden en algunas luchas concretas dar la cara por otros, promover la solidaridad. Pero en lo político nos encontramos en un terreno árido, en el que ya no se llevan luchas, en el que se discute exclusivamente de personas y en donde desde hace ya algunas décadas ha desaparecido el pensamiento. En vez de pensamiento político tenemos calculillos electoreros, combinaciones, astucias, argucias, alianzas y desalianzas. En suma en el proceso de acomodamiento del FMLN al espacio de la lucha legal y abierta, se tomaron en cuenta exclusivamente las artimañas y el palabrerío electorero.

O sea el dilema es ¿tiene o no algún interés seguir denunciando la actitud efemelenista? Sí, de alguna manera tiene cierto interés seguir denunciando. Pero esto ya no puede ser suficiente. Pues esta denuncia no puede tener como objetivo lograr algún cambio en la actitud oportunista del FMLN. La denuncia cabe solamente como una manera de aprender de la realidad, como un señalamiento de lo que hoy ya no funciona y para alertar a la población de los peligros que se avecinan. No obstante todos sabemos que esto tampoco basta. Lo que se necesita es crear algo nuevo, un organismo nuevo que responda a las necesidades actuales. Estamos pues ante un vacío que nos exige que reflexionemos, que despleguemos pensamiento político para encontrar los caminos de la acción.

Ante este vacío político y sobre todo la urgencia y gravedad de la situación de la gente, el arduo y fastidioso esfuerzo de pensar y producir pensamiento político nuevo para esta nueva situación se enfrenta con el desprestigio mantenido y cultivado contra la teoría. La teoría se presenta como superflua, como algo ocioso y sobre todo inútil. Se reclama la acción inmediata. No obstante la acción eficaz, la acción que pretenda obtener resultados no es un fruto que nace espontaneo y que cae por sí mismo. Tenemos que darnos cuenta que nos encontramos en una situación muy difícil, que de nuevo tenemos que empezar por sembrar la semilla y que el terreno, ya lo he dicho, es árido. Es cierto que la necesidad de crear algo nuevo se ha ido difundiendo, ha ido ganando terreno, cada vez más aparecen voces que lo claman y lo repiten.

¿Qué formas y qué contenidos tiene que tener ese algo nuevo? Las respuestas a esta doble interrogante no pueden ser de ninguna manera definitivas y ni totalmente acabadas. No obstante me parece que es necesario escarmentar. El escarmiento aquí significa saber que no podemos realmente construir algo nuevo conservando las viejas prácticas que nos han llevado a este actual callejón sin salida.

Una verdad que me parece imponerse es que el verticalismo en el que los que están arriba piensan, dirigen y acallan al resto tiene que abolirse definitivamente. Esto significa que la igualdad se impone o debe imponerse en la práctica. Esto también se ha ido convirtiendo en exigencia, en una apremiante necesidad, en una reivindicación de participación. No es pues ajeno a esto que el tema de la democracia participativa surja cada vez con mayor fuerza. Pero la democracia participativa no es exclusivamente hacia afuera de la organización política, en las instituciones exteriores, sino que debe de empezar desde el interior de la organización en la elaboración de su propia política.

Participar no es tampoco algo que surge de manera espontánea, se trata de hacer un esfuerzo, de un aprendizaje. Es por eso que es urgente crear instancias de participación y de deliberación. Aprender a cuestionar, a entender y criticar la respuesta son tareas iniciales para la acción. Cuando digo criticar no estoy diciendo vilipendiar, sino que analizar, sopesar los pros y los contras. Construir una auténtica democracia participativa requiere de mucho trabajo y de mucha paciencia de cada uno de nosotros. Pues cada uno debe aprender que sin abandonar o ignorar mi propia voluntad, es necesario reconocer que existe asimismo la voluntad ajena. Se debe aprender a mesurar los intereses propios y colectivos; a considerar las prioridades.

Con estas escuetas reflexiones deseo señalar que el inmediatismo y la precipitación pueden resultar siendo nuestros mayores enemigos. 

12 junio 2012

Sueño con ágoras salvadoreñas...


El texto que sigue lo redacté ya hace casi cuatro años. Este texto fue publicado como una de mis crónicas en la revista “Tres Mil”. Lo que en el planteaba, me parece, sigue siendo actual. Pienso que algo se ha avanzado gracias a las redes sociales en internet. Vuelvo a presentarlo hoy, tal cual lo publiqué entonces, he corregido apenas unas inevitables erratas y he agregado subtítulos. Salió el sábado 20 de septiembre de 2008.


Ya va para tiempo, para mucho tiempo, recuerdo mi último encuentro con Schafik Handal, fue en la Casa de América Latina de París, en el bulevar Saint Germain, después de un encuentro con jóvenes latinoamericanos que vinieron a escuchar su informe sobre la situación política en El Salvador. Casi siempre nuestros encuentros resultaron desencuentros, no siempre por culpa suya o por lo que se ha dicho tanto por su carácter, el mío tampoco está exento de tachas, ambos éramos explosivos. Puedo decir que conmigo Schafik nunca se mostró rencoroso. Lo digo para que conste. Pero esa última vez nuestra conversación fue sumamente cordial y por primera vez los temas que abordamos no nos condujeron al enfrentamiento, a la oposición. El tema lo introdujo en nuestro ambiente Mijaíl Gorbachov, durante la perestroika: «pensar por nosotros mismos», «ejercer nuestro espíritu crítico», «crear espacios de debate». Por supuesto que no puedo reproducir aquí nuestra conversación, temo caer en infidelidades, además las palabras de entonces tal vez ya no sean las mismas que usamos hoy. Pero los temas me parecen siguen estando de pie, siguen siendo actuales y esto no sólo en nuestro campo ideológico, sino que también a nivel nacional.


Mijaíl Gorbachov sorprendió a más de alguno cuando declaró que Moscú ya no era más el centro del Movimiento Comunista Internacional y que de ahora en adelante cada uno debía pensar con su propia cabeza. Con esta declaración le devolvía a todos los partidos comunistas lo que durante décadas se les había usurpado, su autonomía. Algunos partidos comunistas ya habían iniciado este camino hacia la autonomía, sobre todo los partidos de Francia, Italia y España. No obstante esta nueva actitud del PCUS dejó a la mayoría de partidos sumidos en la perplejidad y se sintieron irremediablemente huérfanos. Muchos habían perdido simplemente el hábito de pensar, su capacidad de ejercer la crítica y su actitud más corriente había sido la de prodigarle a la línea fijada por Moscú un apoyo y sumisión incondicionales. Ahora se les invitaba a criticar incluso las reformas que se llevaban acabo en la misma URSS.


Para muchos la nueva situación se volvió insoportable, pues el ejercer el espíritu crítico significaba al mismo tiempo la caída del argumento de autoridad, dejaba de existir la sacralización de la palabra del jefe, del secretario general, que curiosamente en cada país se había convertido, obedeciendo a una deplorable tradición fatal, en el mejor experto en cuestiones de Marxismo-Leninismo. Los secretarios generales no se privaban de proferir ex cáthedra las caricaturas que se confeccionaban en Moscú, a veces agregaban algún condimento personal, aunque carecieran de toda preparación filosófica. Lo que ellos afirmaban se convertía en certitud y no admitía discusión, ningún cuestionamiento. Cada país tenía su propia cumbre ideológica y estas cumbres se sustentaban y sustentaban a la cumbre moscovita. Gorbachov echó abajo este edificio, que no me atrevo a llamar del pensamiento único, pues en realidad no existía pensamiento alguno. Pero además de este edificio ideológico, la nueva actitud puso en peligro otro edificio gemelo: en torno al secretario general se formaba un cuerpo de ideólogos que trasmitían la luz a las bases y coartaban el espíritu crítico de los militantes, convirtiendo la organización partidaria en un sistema de obediencia vertical y la aceptación acrítica de la línea pensada por otros. Pensar por sí mismos implicaba cuestionar este funcionamiento, pero sobre todo inventar un nuevo tipo de organización de partido que permitiera la reflexión colectiva y la toma en cuenta verdadera de la voluntad y opinión de las bases. Huelga decir que no siempre o casi nunca este proyecto se realizó.


Todos sabemos que advino de las reformas que emprendió Mijaíl Gorbachov en la URSS. No obstante es menester que le reconozcamos que fue él quien introdujo en el ámbito de la política, de la administración de la cosa pública, la exigencia de mayor transparencia (glasnost) y la imperiosa necesidad de ejercer el espíritu crítico.


Dos aspectos del raciocinio crítico


Este ejercicio del raciocinio crítico implica dos aspectos que van íntimamente ligados, la quæstio, la capacidad de cuestionar y la disputatio, la aptitud a argumentar en público, ambas confieren a todo individuo la autonomía de espíritu.


El primer aspecto, la capacidad de cuestionar, presupone el análisis de los argumentos expuestos y su confrontación con las propias opiniones o las opiniones adversas. La disposición a este análisis requiere la condición de igualdad, todos los argumentos tienen que ser analizados y no puede existir ninguna traba, ni social, ni psicológica a este libre análisis. Este principio de igualdad es primordial pues es el que construye las condiciones para la posible deliberación. Supone, es evidente, que en un debate no debe existir una voz que se imponga por tener la autoridad de un puesto o cargo.


La capacidad de cuestionar no es innata. Se aprende. El papel que debe jugar la educación escolar es fundamental, la escuela debe inculcar el espíritu crítico (esto lo abordaré en otra intervención). Tomar la palabra públicamente aunque sea para preguntar no es siempre muy sencillo, sobre todo si la toma de la palabra es para cuestionar la validez del argumento presentado por el orador. Si nos vamos al fondo de lo que esto significa, comprenderemos que en esta capacidad reside en mucho el ejercicio mismo de la propia libertad. Pensar por sí mismo es un arte que tiene que ejercerse en público, por ello es imperiosa la necesidad de crear los espacios de debate en donde se pueda ejercer el derecho de cuestionar. Supongo que es evidente que no me refiero a esa práctica pseudodemocrática que le permite al público (auditorio) hacer preguntas para que el orador (jefe, experto) aclare, explique, ilumine. Me refiero a otra cosa cualitativamente diferente, lugares de deliberación.
La complejidad del mundo actual puede conducirnos a creer que solamente el perito tiene la capacidad de opinar y solamente él puede decidir lo que es más conveniente, lo más justo en cada situación. Esta creencia trae escondido un prejuicio o si se prefiere una presuposición: sólo existen soluciones técnicas, por consiguiente únicamente el experto puede conocer la solución. Con esto se acaba la democracia, se acaba la libertad. En la sociedad, mucho más allá de las soluciones técnicas, existen intereses, ambiciones, proyectos, fines. No existe pues neutralidad técnica. Es decir la solución que propone el técnico tiene consecuencias que corresponden a intereses, ambiciones, proyectos y fines de los grupos sociales y por lo general tocan a todo el mundo. La evaluación entonces no puede restringirse a su momento técnico. Incluyamos que a veces hay pluralidad de soluciones técnicas.


Argumentar implica aceptar el juicio ajeno


El otro aspecto, la disputatio, argumentar en público implica —además del momento positivo de la reflexión— la aceptación del juicio de los otros. Cuando en una deliberación se emite una opinión es obligación estar dispuesto a la contradicción. Se trata de una capacidad analítica que impulsa a la personalidad hacia su realización en el espacio colectivo. Hay pues en esto una verdadera coordinación entre lo individual y lo colectivo. El intercambio de argumentos, de puntos de vistas, de opciones, en el que no existe desnivel en su toma en cuenta, en el que la nivelación no es simplemente la superación de oposiciones, sino que también la aceptación razonada de las mejores opciones. Ambos aspectos de este raciocinio crítico son fundamentales para la creación de la democracia de un nuevo tipo. Se trata de una nueva cultura que hay que cultivar desde la escuela, enseñar a los jóvenes a no contentarse con la verdad aparente, a aprender a cuestionar lo que se presenta como evidencia y a buscar más allá de la apariencia los caminos que conducen al descubrimiento de la verdad. Pero se trata también de enseñarles a presentar razonadamente sus hipótesis, de tomar en cuenta las objeciones, saber analizar cada opción que se presente.


No hace mucho leí en un matutino nacional a “expertos” que oponen como antagónicas la posibilidad de enseñarle a los jóvenes la capacidad de tomar decisiones colectivas y la capacidad de decidir individualmente. Es evidente que se trata de una falsa oposición. El individuo no existe, nunca ha existido en islas desiertas, funciona siempre en sociedad, su capacidad individual de discernimiento la adquiere en el contacto con otros miembros de la sociedad y los parámetros de su juicio deben obligatoriamente que confrontarse con la realidad y se verifican en la práctica social. La personalidad no se despliega en el egoismo individualista, más bien en su acción dentro de la comunidad. Entre más fuertes son las personalidades, más fuerte es el colectivo.


Si he hablado al inicio de este artículo de Schafik Handal es precisamente porque fue la primera vez que abordé el tema con un compatriota. Hablamos de las ágoras griegas, de su simbolismo circular, del uso del azar. Nos proyectamos hacia el futuro. Entonces mi propia reflexión me limitaba a pensar que los grandes logros democráticos sólo serían posibles en otro tipo de sociedad, que primero había que abolir la explotación de los hombres por otros hombres. La democracia es una construcción constante y permanente. Por consiguiente enseñar a argumentar es crear las condiciones para que florezca la democracia en nuestro país. Necesitamos pues de instancias institucionalizadas del ejercicio público de deliberación popular.

07 junio 2012

Amenazas y sumiciones


Algunos diarios han relatado que la dirección del FMLN ha amenazado a sus direcciones departamentales, que en caso de desacato a la decisión del partido, en lo que concierne a la designación del candidato efemelenista a la presidencia, podrían simplemente ser expulsados.

En realidad, más allá de las amenazas, que tampoco hay que dejar de lado, es el mensaje dirigido a toda la ciudadanía. Se trata de un mensaje claro sobre el estado de nuestra democracia en general. Pudiera creerse que el FMLN es el partido político que más ha peleado por que se extienda la participación de la gente en la vida pública. Pero esto es simplemente una apariencia. Este aspecto participativo e incluyente nunca estuvo dentro de sus consideraciones. Las sucesivas dirigencias se instalaban en el poder partidario e iban dejando herederos que más o menos eran la emanación de su propia política al interior del partido. Esta autoproducción de jefes tuvo cierta apariencia democrática pues todo dejaba pensar que eran los militantes los que proponían candidaturas y elegían. En el FMLN se acabó con esas apariencias, al cambiar los estatutos, sin consultar con las bases, ni con las autoridades intermedias, mucho menos explicarles, en el momento en que se iba a votar las reformas, todas las consecuencias que estos cambios traían.

La cosa fue muy simple y al mismo tiempo garrafal. Pues la Convención Nacional que nunca fue una instancia deliberativa, ni propositiva, sino apenas una instancia sancionadora de lo que la cúpula partidaria le presentaba, al votar la reforma se estaba enajenando toda posibilidad de poder cambiar a un dirigente, de cambiar a su dirección. En muchas ocasiones he señalado que las Convenciones Nacionales no tienen el más remoto parecido con un congreso. El FMLN no tiene congresos, desde que se volvió un solo partido, nunca tuvo congresos en los que se discutiera, deliberara y decidiera, que fuera el producto de la actividad de todas las bases. Con la última reforma la dirección puede hacer lo que se le cante en gana.

Peor aún, no se trata de toda la dirección, pues el modo efectivo de funcionar de la dirección consiste en que unos pocos proponen y el resto acepta, señala algún punto pero demuestra ostentosamente su acuerdo con la proposición del grupo que en realidad dirige. Es a este grupo que los dirigentes y los militantes de base le llaman, “el partido”.

Como ahora, para la elección del candidato se afirma de arriba hacia abajo y de abajo hacia arriba, nuestro candidato será el que designe el partido. ¿El partido? Pero si no hay consultas, las reuniones que se han tenido han sido de información y se parecen más en su contenido al de una secta, cuyo pastor llama a reunirse, a unirse en torno de él, pues por todos lados los acechan, los asedian, los amenazan, los injurian, los calumnian, los atacan. Y todo aquel que se oponga al “partido”, a lo que ha decidido “el partido”, es de derecha o le hace el juego a la derecha. Con este simplismo sectario le proponen al pueblo, seguirlos para transformar la sociedad.

Si, pues de eso se trata. El FMLN a través de su ya designado candidato Salvador Sánchez Cerén, se ha vuelto a referir que el FMLN tiene como objetivo el “socialismo”. Claro  matiza, que no será ni como el de Cuba, ni como el de Venezuela, que va a ser un socialismo propio. Pero aquí la cosa se pone gruesa, pues este proyecto no abarca solamente a los borregos de su partido, sino que a toda la sociedad. ¿Piensan esta decena de personas que la sociedad salvadoreña les va a confiar algo que le atañe a todos? ¿Piensan ellos que se va a aceptar a esa decena o novena de individuos, que se proclama “el partido”, cómo los encargados de diseñar nuestra futura sociedad?

Estos hombres tienen ya dos décadas de andar en politiquería, pero son tan incapaces que un oportunista los encatusó totalmente. Nombraron a Funes su candidato y no se pusieron de acuerdo públicamente como se debería comportar, ellos pensaron que un hombre tan astuto y pícaro les iba a servir a ellos. Ahora los tiene allí en una suerte de limbo. Ellos no saben qué hacer, qué les conviene en esta encrucijada. ¿Irse del gobierno?  ¿Quedarse? Funes parece ahora un gato que juega con su ratoncito. Si se le antoja los saca, los amenaza, les exige que presenten su renuncia si no están de acuerdo con su política de derecha.

En la última salida televisiva, Funes afirmó que el FMLN no va a estar de acuerdo con la política que piensa llevar en estos dos últimos años, que se va a ver obligado a buscar el apoyo de ARENA y GANA. Esta franqueza o este cinismo, les dejo esta vez a ustedes que elijan, ya habla claro de lo que separa a Funes de lo que se esperó de él, lo que lo separa del cambio en el que soñaron los que votaron por él.

Pues si tiene que buscar al partido que le dejó la famosa herencia de veinte años, herencia que es real, arcas  vacías, situación económica desastrosa, situación social al borde del cataclismo, transportes inhumanos, servicios de salud deficitarios, un país asfixiado por la deuda. Para salir de esa situación era necesario coraje político, decisiones que rompieran con el pasado reciente y que fuera sentando las bases para avanzar hacia otra sociedad más civilizada, más fraternal. Ya sabemos lo que hizo el gobierno Funes/FMLN siguió en lo mismo, no cambió nada de nada. Ah, sí, los bolsones, los uniformes, los títulos de propiedad, el vaso de leche… claro, el gran programa social de Funes/FMLN. Pero enfrentarse al FMI, enfrentarse seriamente a la oligarquía y a las multinacionales requiere no solamente coraje, que Funes no tiene, sino que profundas convicciones en favor del país. Los salarios de los trabajadores siguen igual, en algunos lugares de trabajo los empleados son tratados como esclavos, las mujeres trabajadoras siguen siendo humilladas, abusadas algunas. La sociedad sigue igual o peor.

Entonces cuando Funes dice que va a recurrir a la derecha para poder llevar adelante su nueva política económica, pues podemos estar seguros que se trata de una agravación, se trata de abrirle de nuevo las debilitadas arcas públicas al capital extranjero y nacional. Pues de eso se trata. So pretexto que se necesita inversiones, el gobierno se apresta a profundizar aún más nuestra dependencia.

Ante estas declaraciones presidenciales, dirigentes del FMLN buscan con el presidente de la oligarquía y de Carlos Slim, puntos de convergencia, posibles acuerdos. 

04 junio 2012

"Siempre ha sido así"


Hace unos días y con sobrada razón, el exrector de la UCA, José M. Tojeira señalaba en un artículo publicado por el “Colatino” que los temas coyunturales, tan numerosos y en apariencia extremadamente acuciosos, nos impedían mirar con detenimiento lo que en la estructura social sigue sin resolverse. Concuerdo indudablemente en este punto capital con el padre Tojeira.

José M. Tojeira atina también al apuntar en la prodigiosa inversión que se ha dado en el panorama político: ANEP y Fusades “que siempre defendieron un sistema político débil y corrupto, dirigido y puesto al servicio de los económicamente más poderosos, aparecen ahora como defensores de la democracia”, mientras que el partido de izquierda se muestra “metida en disputas de poder, aliándose además con la derecha política más desprestigiada, cae en la tentación coyuntural y se muestra como enemiga de la democracia”.

Mientras el FMLN sigue peleándose con la Sala de lo Constitucional y volviendo con extrema recurrencia a su obstinada oposición al voto por persona y la aparición de las fotos en las papeletas electorales, la situación real del país permanece sin cambios estructurales: “La “guerra de los ricos contra los pobres”, como le llaman algunos profesores de ética, continúa enriqueciendo a los que tienen más en detrimento de los que tienen menos. Y la coyuntura, mal manejada por los políticos, haciéndonos olvidar la realidad”.

El padre Tojeira se dirige al FMLN, en un llamado que suena ya casi desesperado: “el FMLN corre el riesgo no sólo de perder votos (más de los que ya ha perdido), sino de olvidarse de que su verdadera tarea es levantar a este país de la pobreza, del bajo nivel educativo, al tiempo que lo libere de esa estructura socioeconómica que sigue permitiendo que los ricos de este país vivan cada vez mejor mientras los pobres sufren sistemáticamente el olvido y la marginación”. Este llamado que es también un apremiante recordatorio de los iniciales objetivos del FMLN, contiene una premisa que me parece necesario aclarar.

En la estructura social salvadoreña uno de los componentes fundamentales son los partidos políticos y el papel que juegan dentro de esta misma estructura tiene repercusiones en la vida inmediata de la gente. Cada partido enuncia sus fines y se coloca en el panorama político de uno o del otro lado, a pesar de que en sus enunciados todos afirman el deseo de beneficiar el pueblo y sacar al país de su estancamiento. Las esperanzas que sigue abrigando el padre Tojeira en el FMLN reposan en las declaraciones, manifiestos y programas pasados. Es decir que existe una identificación entre el partido actual y el partido que se declaró tener como “verdadera tarea” liberar al país de su obsoleta “estructura socioeconómica”. Este último partido ya no existe. Durante los años de oposición del FMLN la inercia nos obligó a dar por verdaderas las intenciones “revolucionarias” que sus dirigentes machaconamente repetían con un estilo bastante dogmático.

No obstante el FMLN ha ido cambiando paulatinamente, en su acomodamiento al sistema político, en su participación en las instituciones del Estado y en el mismo funcionamiento interno poco o nada ha quedado del pasado. Dentro de la estructura social del país no existe hoy un partido político que se plantee como tarea suya “levantar al país de la pobreza, del bajo nivel educativo”, y al mismo tiempo liberarlo de la estructura socioeconómica que permite todas las escandalosas desigualdades sociales que sufre nuestro país.

Se trata pues de un problema mucho más grave, más profundo, que simplemente de insistirle al FMLN que recuerde y asuma su misión histórica. El FMLN ha dado muestras palpables de que no puede asumir lo que ya no le corresponde. Ellos han preferido aliarse a la derecha (“aliándose además con la derecha política más desprestigiada”, dice el mismo Tojeira), proclamar su fidelidad al gran capital y al sistema mismo.

Todo ese juego de frío y caliente, de va y viene que mantienen con el presidente Funes no solo muestra su falta de miras políticas, sino que pone al desnudo un vergonzoso oportunismo. Un día son partido de gobierno o en el gobierno, otro pareciera que ya están en la oposición. Los dirigentes del FMLN, en sus conciliábulos semanales, se dedican a calcular cuál actitud es más rentable electoralmente. Por el momento, parece que lo que prevalece en esas cuentitas de apotecario es permanecer en el gobierno y echar pujidos de vez en cuando. Esta es la realidad del partido FMLN. ¿Podemos confiarle las tareas históricas que señala José M. Tojeira?

Lo que ha planteado el exrector de la UCA ha de sonar a los oídos de los miembros de la cúpula partidaria como un exabrupto radical y extremista. No obstante lo que plantea el padre Tojeira está puesto en nuestra historia como algo inaplazable, como urgente. No podemos salir de nuestra miseria si no nos liberamos de la estructura socioeconómica que funciona exclusivamente en beneficio de los ricos y que agobia a los pobres.

Pero al problema de la ausencia de un organismo político que se proponga esa liberación de la opresión social, se agrega otro. Algunos pueden reconocer la urgencia de transformar las estructuras sociales y económicas del país, tal vez abunden, pero son muy pocos los que las consideran posibles. Este otro aspecto forma parte también de la estructura social y política del país. Esta convicción no ha surgido de repente. Los medios de comunicación y propaganda que le sirven al capital se han encargado de promover esta imposibilidad, presentándola como una magnífica utopía, como un sueño de ilusos, pero la dura realidad nos demuestra que el sistema actual es el único que garantiza la libertad. A esta propaganda de la oligarquía se le suman nuevos e inesperados refuerzos: las alegaciones de los dirigentes efemelenistas de la necesidad de ser realistas, de ser pragmáticos. También ellos sostienen la imposibilidad de romper con estas estructuras sociales y económicas, ellos afirman que eso ha dejado de ser para ellos un objetivo inmediato o de medio plazo. También ellos llaman de extremistas o de ilusos a los que reclaman los primeros pasos por la vía de las reformas estructurales.

Tenemos pues que emprender un esfuerzo explicativo para además de mostrar la necesidad de las reformas estructurales, volver patente su posibilidad. Los argumentos están en la realidad misma, en la vida misma en que estamos sumidos. Se trata pues de buscar los argumentos, de llevarlos a la gente, de insistir mucho, pues la realidad agobiante también es fuerte en su certitud de ser la única posible. El conformismo nos lleva a repetir “siempre ha sido así”.