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18 septiembre 2010

La revolución es un asunto de todo el pueblo

Aconsejarle al actual presidente de Venezuela de no volver a presentar a las elecciones, de que se aparte, de que se haga al lado, le parece a nuestro presidente que no es inmiscuirse en los asuntos interiores de Venezuela. Hasta aquí se había limitado a repetir que no comparte las ideas de Chávez, que no va a entrar al ALBA, que no va a aplicar para nuestro país el “modelo” del “Socialismo del Siglo XXI”, esto no es criticable, pero al mismo tiempo es asimismo falto de interés, son palabras al vacío, pues nadie se esperaba eso, ni se le quiere imponer, ni nadie lo empuja para que cometa esos actos. Eran a lo sumo una conversación a distancia con su colega Altamirano y otros que lo acusan de esos increíbles actos. 

Pero las declaraciones respecto a lo que tiene o no tiene que hacer Chávez entra ya en otro ámbito, con ello quiere suplir la ausencia en el terreno político internacional del ex presidente Uribe, quiere tal vez ocupar su lugar en el dispositivo imperialista de lucha contra el socialismo y las ideas progresistas. Creo que se trata de esto. Es el papel que jugó ya, al insistir por reintegrar a los instancias internacionales al gobierno de Honduras, que este 15 de septiembre reprimió una manifestación pacífica. Es el papel de mensajero de Hillary Clinton que asume, promoviendo una zona mesoamericana de “lucha” contra el narcotráfico, que en realidad se trata de volver nuestra región en una base militar estadounidense como lo es ahora Colombia.

Para ello fue a Miami, para sentirse en buena compañía, para poder a sus anchas atacar las supuestas pretensiones del FMLN de implantar en nuestro país los modelos venezolano y cubano de socialismo. Y dice que el FMLN está equivocado al tener esas aspiraciones. Ahora nuestro presidente regañón, se vuelve pendenciero y ante las justificadas reacciones de dirigentes del FMLN, trata en vano de demostrar que no lo han entendido bien, recomienda que lo vuelvan a leer. Y además, con toda la estúpida soberbia de la que hace lujo, proclama la diferencia que hay en sentarse en la silla de un diputado y la de estar sentado en el sillón presidencial. Esto realmente nos obliga a concluir sobre el poco valor intelectual de nuestro presidente. Pues la verdad no depende de donde uno esté sentado. Sacar esto a cuenta en un debate de ideas es realmente liliputiense. 

Pero como siempre hay que ver lo positivo en los desplantes de nuestro presidente. Pues al hablar de los modelos venezolanos y cubanos, ha hecho reaccionar a varios miembros de la dirección del FMLN. Lo que ellos han dicho merece que le pongamos atención. 
Voy a tratar de resumir las ideas expresadas. La diputada Díaz dijo que el FMLN no estaba casado con ningún modelo. Tanto Lorenzana, como Reyes se han referido a la necesidad de tomar en cuenta la particularidad nacional en la construcción del socialismo. Estas ideas no son nuevas, pero pocas veces se han enunciado claramente en nuestro país. Ahora que este tema (que ya en varias ocasiones he abordado en mi blog), ha vuelto al proscenio político, es necesario que todos los que aspiramos a una real transformación social en nuestro país, participemos en la discusión. Pues lo dicho por los diputados del FMLN, como lo dicho antes por Medardo González en otra ocasión, son apenas planteamientos de principio, generales, aplicables como tales a cualquier realidad nacional.

A cada seis segundos muere un niño


La situación actual es compleja. El capitalismo en crisis es incapaz de ofrecer soluciones a los grandes problemas económicos, sociales y ecológicos con los que se enfrenta la humanidad. A pesar de los grandes avances de la ciencia y de las técnicas cada vez son más extensas las zonas en el mundo donde reina la miseria. De acuerdo a las nuevas estimaciones de la FAO son 925 millones de personas que sufren crónicamente del hambre en el mundo. Hay una baja respecto al año pasado, no obstante acaso esto no es escandaloso, cuando conocemos el despilfarro y la destrucción de alimentos en los países ricos. “Con la muerte de un niño cada seis segundos a causa de los problemas ligados a la desnutrición, el hambre sigue siendo la más grande tragedia y el más grande escándalo en el mundo. Va ser extremadamente difícil alcanzar no solamente el primer Objetivo del Milenario para el desarrollo (OMD), sino que también los otros”, declaró Jacques Diouf, Director general de la FAO.

En la mayoría de los países desarrollados, los gobiernos tratan de revertir todas las conquistas sociales que tuvieron que ceder a los trabajadores durante la segunda mitad del siglo veinte. Algunas medidas incluso más antiguas, que datan del principio de siglo pasado, como son la duración de las jornadas e incluso en algunas regiones los patrones exigen que se abandone el reposo dominical en algunos servicios hasta ahora protegidos.

Todos sabemos el despilfarro de capitales financieros, que no han cesado en el mundo, a pesar de las lágrimas de cocodrilo que vertieron los jefes de las Bolsas en el mundo, las promesas de los dirigentes de gobiernos, que con tanta generosidad arrojaron en las bolsas rotas de los banqueros los dineros públicos. El ineluctable proceso de monopolización causa en todas partes pérdidas de unidades de producción y al mismo tiempo echa a las calles a miles y miles de trabajadores. Esta tendencia a la ultra acumulación de capitales provoca la penuria de los mismos para nuevas inversiones en la producción y en la investigación fundamental. La tendencia es a la aceleración de los ciclos del movimiento del capital. Para mantener altas las tasas de ganancia el capital tiene que destruir a otros capitales, es esto lo que provocan las fusiones y las ofertas de compras de sociedades. La reducción de los gastos es otra manera de aumentar las ganancias, pero esto trae consigo menos seguridad en el trabajo para los asalariados, menos gastos en la prevención de accidentes técnicos, como ecológicos. Lo hemos visto nosotros en el Sitio del Niño a escala relativamente pequeña, pero altamente nociva para los habitantes y los trabajadores. Este tipo de catástrofe es inherente al sistema.

Es este el rumbo que lleva la sociedad regida por la búsqueda del máximo beneficio, por la máxima rentabilidad del capital. Todos saben que se avecina otra crisis. Nadie sabe justamente el momento y el lugar precisos en que va a desatarse, pero tampoco se ignora que sus repercusiones van a ser de nuevo desastrosas para las personas mas vulnerables. Estamos ya en una especie de círculo fatal en el que es necesario que todas las tuercas sean apretadas para que no estalle una revuelta popular, cuyos alcances no se pueden tampoco predecir. El descontento crece. La marginalización de multitudes en todos los continentes es causa de preocupación para las clases dominantes y para los dirigentes políticos. Los dispositivos represivos crecen, el control de las poblaciones se va ampliando, introduciendo su fiscalización hasta en los ámbitos de la vida privada. Las libertades públicas, so pretexto de combatir el terrorismo, son cercenadas.

El flujo migratorio no es una fatalidad

Esto es lo que pasa en el mundo a grandes rasgos. En nuestro país que es uno de los más vulnerables, la crisis se ha vuelto un estado permanente. Son muchos los salvadoreños que sufren de desnutrición, miles y miles de personas no tienen realmente una habitación digna de ese nombre, muchos son los que no tiene acceso inmediato al agua potable, a la electricidad. La asistencia médica es baja y no cubre a todo el país. Los niveles de formación y educación son bajos y deficientes. El país está desbordado de deudas, su agricultura no puede responder a las necesidades alimenticias de la población, de manera permanente el país se ve obligado de importar frijol y maíz, productos autóctonos y fundamentales en la dieta de los salvadoreños. El desempleo es masivo. ¿Cuál es porcentaje de familias que sobreviven gracias al comercio informal? El país exporta su mano de obra, la expulsa hacia los Estados Unidos. Todos conocemos los riesgos del trayecto. Pero lo que ignoramos es el peso social y económico para el país por esta hemorragia. 
Los promotores del liberalismo se han encargado de ponerle un monto y un porcentaje en el PIB a las remesas, pero esta gente nunca se ha planteado cuáles son las pérdidas causadas por el perenne flujo hacia fuera del país de su población más joven. Los efectos negativos no son sólo económicos, sino sociales y culturales. No se puede evaluar lo que cuesta socialmente la separación familiar, la desintegración de hogares. Casi la tercera parte de nuestra población está afuera, ya con solo este hecho, el régimen de reparto oligárquico de las riquezas creadas debe ser condenado y suplantado. Pues se trata simplemente de la desintegración de nuestra nación. Por mucho que la diáspora salvadoreña se esfuerce por mantener los vínculos con el país, poco a poco las nuevas generaciones se van apartando y se van asimilando más mal que bien al país que los acoge. La mayoría sabe que El Salvador será incapaz de ofrecerles lo mínimo para que puedan retornar. Ese flujo migratorio no podemos considerarlo como una fatalidad, es el resultado de la gestión económica y social de las riquezas nacionales.

Esto no se va a solucionar con remiendos socialdemócratas o liberales. Para resolver problemas tan viejos y tan profundos como los que padecemos, es urgente darle vuelta a todo. Sí, tiene que ser una revolución la que nos salve. Pero es en esto en que tenemos que ponernos de acuerdo. ¿Qué tipo de revolución? Por supuesto que debemos basarnos ya en nuestra experiencia, no se logró, no se pudo llevar a cabo la revolución por la fuerza, con las armas. Las razones de este fracaso son muchas y constituye justamente un momento importante de nuestra reflexión futura. Digo futura porque es parte integrante de lo que nos toca que pensar y analizar para encontrar nuestra propia vía. No podemos conformarnos con decretar que el resultado de la guerra fue un “empate técnico”. Nos toca que escribir la historia de la guerra, una historia verídica, real, no ideológica. Es necesario también reinterpretarla. Esta reinterpretación necesariamente tiene que ser política. Porque si se fracasó en la realización de la revolución por estos medios violentos, las razones de un nuevo fracaso pueden ser los mismos, aunque pretendamos ahora irnos por la vía electoral, pacífica y democrática.


Un mundo opuesto a nuestros ideales

Pero no solo tenemos nuestra experiencia de un fracaso. En el Este europeo también se fracasó. Las razones externas las conocemos, la constante hostilidad del mundo capitalista, su bloqueo y el boicot económico permanente, aliviado en parte después de las políticas de la cohabitación pacífica que promovió N. S. Jruchov. Aunque la situación se agravó de nuevo con el retorno de la “guerra fría”. Pero estas causas  externas no explican el fracaso. Lo que hay que explicar y entender son las causas internas. No niego que hay una interiorización de las causas externas, pero no es tampoco esto lo más importante, ni siquiera es decisivo. Lo fundamental y lo decisivo en el derrumbe no se encuentran en los últimos años. Se trata de una desviación desde los años treinta, en que tuvo lugar la fosilización del pensamiento marxista, su esquematización. Pero esto si se quiere es apenas una parte también secundaria, importante sin lugar a dudas, pero lo fundamental fue el carácter autoritario, despótico y totalitario que fue adquiriendo el poder soviético. La liquidación física de los oponentes, la casi total liquidación de los dirigentes, las repetidas masacres, la construcción de prisiones de exterminio por el trabajo forzado, todo eso tenía costos sociales enormes, pero también económicos. Todo esto llevó a lo contrario de lo que se buscaba. En vez de dirigirse hacia la desaparición del estado en tanto que aparato de dominación de una clase y administrador de los destinos humanos, el estado soviético se convirtió en un monstruo poderoso y prepotente que regentaba todo, limitando al extremo el papel de las organizaciones sociales en la gestión de la vida de la sociedad. La extensión sin límites de la democracia, con la participación activa y conciente de los trabajadores, bajo el pretexto de la necesidad de mantener la “dictadura del proletariado”, se convirtió en la pérdida de las libertades civiles y los ciudadanos tuvieron que sufrir una dictadura personal y luego del Partido, que destruyó destinos personales en abundancia, educó al conformismo, convirtió el oportunismo en una virtud. Se formó una casta que se sirvió del estado para sus fines personales, la famosa “nomenclatura” fue desastrosa en la administración de los bienes y al mismo tiempo fue parasitaria y pervirtió moralmente a la sociedad entera.

Pero lo trágico es que en vez de denunciar, de tomar distancia de esos regimenes, la conducta general fue la de negar la verdad y en otras peores fue la de justificar esas conductas y la realidad de esas sociedades. Fue ese tipo de sociedad que presentábamos como nuestro objetivo y nuestro ideal (hablo en plural aunque no participé personalmente en ello). ¿Cuánta gente fue acusada de traición cuando denunciaba la realidad de la URSS? Incluso hasta el día de hoy existe gente que sigue defendiendo la insoportable realidad soviética. ¿Cómo quieren en estas condiciones volver atractivo el objetivo socialista? En el esclarecimiento de las causas que llevaron al desastre tenemos que buscar también todos los mecanismos que nos preserven de odiosas repeticiones.

Aquí me estoy dirigiendo a todos los que juzgan insoportable la realidad salvadoreña actual y que consideran que no se puede salir de este atolladero sin cuestionar los fundamentos de la sociedad capitalista. Pero si la revolución va a desarrollarse por la vía democrática, aquélla no puede ser la obra de un puñado aguerrido de individuos, sino todo lo contrario debe ser un proceso en que la mayoría opte por las soluciones socialistas a nuestros problemas. Pero si se trata de la mayoría tenemos que aceptar que no se puede exigir que todos se amolden a un solo pensamiento, a una sola línea de conducta, es necesario admitir que el pluralismo debe existir en la sociedad y que necesitamos de ese pluralismo. La contradicción es el motor del desarrollo.

La situación política actual no es solamente que hay ministros que pertenecen al FMLN, en tanto que partido que dice proponerse llegar a la sociedad socialista a partir de nuestra realidad, tomando en cuenta nuestra historia, nuestra “idiosincrasia”. Pero en estos momentos a pesar de que los miembros del FMLN le llaman al gobierno de Funes un gobierno de “transición”, es necesario que seamos lúcidos. La mayoría de los salvadoreños no aspira hoy por hoy iniciar un proceso revolucionario, aunque le llamemos a este pacífico, democrático y electoral. La mayoría no solo no está dispuesta a entregarse a la construcción de una nueva sociedad, sino que por el momento es hostil.

Es decir que la principal tarea no es la de mantenerse en el “poder”, aunque eso de estar en el poder es muy relativo. La tarea fundamental es la de ganar la mayoría de salvadoreños para que emprendan por ellos mismos la construcción de nuestro propio modelo. No se trata de conquistar el poder para luego entregárselo al pueblo. No, definitivamente no. La revolución es un asunto de todo el pueblo, es el pueblo el que conquista el poder para hacerlo suyo. Es aquí donde debemos pensar de nuevo el papel del partido, su función social e incluso su misma organización. Por supuesto que aquí estoy apenas haciendo el recuento de algunos de los problemas que tenemos que abordar, que discutir. Pero es necesario que todos sepamos que en estas discusiones no puede existir dogmas, no pueden existir los sabelotodo. Aquí debemos abandonar todo intento de imponer una supremacía personal. Debemos abrir ese proceso, es urgente.

No se trata solamente de ganar elecciones, se trata de poner las bases en la sociedad para que la mayoría consciente del pueblo emprenda desde ya la tarea de transformación. Este movimiento no le da cabida a dictadorcillos de pacotilla. 
   
Carlos Abrego

12 septiembre 2010

Tres días de crisis social y política

Para que las cosas queden claras de entrada, reitero mi oposición de principio contra la nueva ley “antimaras”. No creo que la agravación de penas va a cundir algún efecto en la lucha contra la criminalidad. Tampoco creo que la estigmatización de las maras sea el buen camino. No voy a volver sobre este tema. No obstante los últimos acontecimientos ponen de relieve que estamos ante un problema que va mucho más allá del marco de la justicia. Las maras siempre fueron un problema social, que exigía soluciones sociales.

Ahora estamos frente a un problema político. Un problema político que ha hecho irrupción provocando una crisis seria y que ha puesto en jaque el funcionamiento de la sociedad y que puso a ruda prueba al Estado. Se acaba de vivir en El Salvador días intensos, en que los diversos agentes sociales y políticos entraron en acción. Se trata de un concentrado de problemas.

Todo lo ocurrido en estos tres días tienen como marco una crisis mucho más amplia, de la cual han sido una manifestación. El régimen de dominación oligárquico ha entrado en crisis profunda, esta crisis a sus vez tiene lugar en momentos críticos del sistema capitalista mundial. Lo que siempre se plantea en los períodos de crisis es cuáles son las opciones fundamentales que se enfrentan. La aspiración de una salida positiva se expresó con el triunfo del FMLN y de su candidato en las elecciones presidenciales. Este triunfo expresó una fuerte aspiración al cambio. Cambio en la gestión de la política económica del gobierno, cambio en las políticas sociales, inversión del favoritismo hacia las clases dominantes, cambio en la vida social, cambio en la educación, cambio en la aplicación de la justicia, etc. La mayoría expresó con su voto algo más que darle el poder de decidir por todos a un solo hombre.

Las fuerzas favorables a la oligarquía proponen la vuelta hacia atrás, propiciaban durante la campaña el continuismo de las políticas aplicadas por los gobiernos anteriores de ARENA y como siempre alegaban que la sociedad, tal cual funciona en estos momentos, corresponde a cánones naturales. La sociedad es así y no se puede cambiar. Son estas dos fuerzas las que están en pugna en el país. Este es el transfondo.

La derecha arenera y sus partidos satélites le dejaron al nuevo gobierno una sociedad cargada de problemas de todo tipo, entre ellos un alto índice de criminalidad que venía creciendo de manera continua, un alto nivel de criminalidad juvenil y una red de bandas de delincuentes dispersas en todo el territorio nacional. La derecha fracasó en sus tentativas de combatir esta plaga social. Aunque realmente dudo que esas tentativas hayan sido sinceras. La derecha arenera entregó al nuevo gobierno un presupuesto sin recursos y las cajas vacías. El país se recibió con un alto índice de endeudamiento. La derecha arenera fue rechazada para seguir gobernando, por todos sus fracasos, por su incapacidad a resolver los problemas sociales y económicos.

Bajo nivel de conciencia

Sin embargo la situación política no se presentaba y no se presenta tan nítidamente reflejada por esta pequeña enumeración. La complejidad es que en la realidad política tiene una importancia decisiva el nivel de conciencia de los agentes en lid. Urge tener en cuenta que la aspiración por las transformaciones sociales eran intensas, pero la visión clara de cómo hay que resolverlas hacía falta y sigue haciendo falta. La campaña electoral a pesar de que en los discursos se habló y se prometió medidas concretas, lo esencial era una divisa oscura a favor del cambio y la urgencia de sacar a ARENA del poder. El partido que representaba y representa estas aspiraciones no encontró dentro de sus filas una persona que pudiera encarnar estas aspiraciones y tuvo que conformarse con buscar afuera de sus filas. La alianza sin nombre entre el candidato y el partido FMLN no fue pública, ni transparente. Lo ocurrido en este año y pico de gobierno nos muestra que la dirección del FMLN no tomó todas las precauciones y ahora tiene que supeditarse a la voluntad de Mauricio Funes. Las medidas que puedan aliviar la vida cotidiana de la gente tardan en llegar. La medidas que pudieran iniciar un giro en la gestión gubernamental aparecen ahora como imposibles. Los intereses de los grandes propietarios, de los oligarcas son preservados y siguen gozando de los beneficios de la política del gobierno.

La conciencia de clase de la oligarquía y de sus aliados es muy alta. Pero a pesar de que la ausencia de su partido en el gobierno no ha cambiado absolutamente nada esencial a su dominación, las fuerzas de derecha están dispuestas a darle batalla abierta al gobierno de Funes. La correlación política no les es favorable y lo saben perfectamente. Para reconquistar el ejecutivo necesitan que las pequeñas medidas sociales (que en el fondo son prolongaciones de las suyas) fracasen. Pero el objetivo primordial es que el gobierno no emprenda medidas que puedan poner en peligro su dominación y se demuestre que los intereses de la oligarquía son antagónicos a los intereses de toda la nación. Esta correlación de fuerza desfavorable es la que ha llevado a la derecha a aplicar políticas ambivalentes, una veces se presentan conciliantes, otras atacan brutalmente y de manera frontal al presidente, pero al que atacan de manera continua es al FMLN. Incluso sirviéndose de las divergencias entre el partido y el presidente.

El papel ambiguo del Presidente

Mauricio Funes juega un papel totalmente ambiguo, poco claro. Tiene doble gobierno, uno que está en los ministerios y el otro que se encuentra directamente en Casa Presidencial, conformado por un equipo de amigos cercanos y amigos de los amigos. Son demasiadas cosas las que se deciden por este gobierno bis. Este gobierno bis escapa a todo control institucional. Su estilo de gobierno es autoritario y usa del presidencialismo que encierra la Constitución más de lo que lo hicieron los presidentes areneros.

Es en este marco general que se dio la crisis provocada por las amenazas de los maras de incendiar las camionetas y vehículos del transporte público. Las maras por comunicados decretaron una suerte de estado de excepción. Pero cabe preguntarse ¿tienen realmente una logística para llevar a cabo su amenaza, a nivel nacional? Es urgente decir que no tienen ni siquiera la capacidad de anunciar su amenaza sin el milagroso concurso de los medios de comunicación, que en este caso han jugado el papel de caja de resonancia de las bandas delictivas. Desde casi un año la derecha y la prensa a su servicio han adoptado como motivo recurrente el problema de la inseguridad. Este también ha sido el caballito de batalla del patronato y de su Asociación. Un papel descollante lo ha jugado el presidente de la Cámara de Comercio. Todos presentan el problema de la violencia como si este fenómeno hubiera aparecido solamente ahora, como si bajo los gobiernos anteriores hubiera estado bajo control.

No tengo pruebas de que exista conjunción entre las fuerzas de derecha y las bandas pandilleras. Lo que sí ha quedado claro es que la amenaza y los comunicados de las maras fueron utilizados por la derecha política y el patronato para acrecentar sus esfuerzos por desestabilizar al gobierno de Mauricio Funes. Rápidamente el partido ARENA y el patronato atizaron el ambiente, acusaron al gobierno de la situación creada y se apresuraron a decretar que el Estado estaba fallido. Ni más, ni menos. Y por supuesto retomaron su recurrente tema de la incapacidad a gobernar de la izquierda y a acusar al FMLN de todos los males que sufre el país.

Los medios fueron la caja de resonancia marera

A la complacencia de la prensa de servirle de caja de resonancia a las maras podemos agregar la casi cómplice obediencia de los empresarios de los transportes, que sin mucha reflexión, sin medir todas las consecuencias sociales y económicas para el país, resolvieron acatar el mandato de unas bandas de delincuentes. Es cierto que han sido los transportistas la corporación que más ha sufrido los ataques de las maras. Sin embargo hay en esta conducta mucha irresponsabilidad. El Ministerio del Transporte falló. Tuvo que convocar a la patronal y a las cooperativas de transportes para analizar con ellos la situación y ver con los otros ministerios encargados de asegurar el funcionamiento normal del país, qué medidas de urgencia tomar para garantizar la seguridad de los pasajeros y de los vehículos. Pero este yerro del ministro de transportes es consecuencia del estilo de gobierno del presidente, su autoritarismo, su habitual desaprobación de las iniciativas de sus colaboradores, impide realmente que en su ausencia el gobierno pueda funcionar debidamente. Y la situación era de urgencia nacional. Los ministros y el mismo Vicepresidente no tienen toda la latitud necesaria para tomar decisiones. El gobierno bis se quedó durante todo este tiempo inactivo.

El Ejército se volvió a tomar las calles y hubo un derroche de exhibicionismo militarista al sacar tanquetas de guerra contra un “enemigo” invisible y sin territorio, ni trincheras. La policía también se volcó a las calles y pudo capturar a una cuarentena de malhechores. Toda esta gente capturada no va a ser enjuiciada, no puede serlo, apelando a la nueva legislación de la “Ley antipandillas”. Pero si leemos con atención los cargos con los que van a ser presentados ante los jueces, veremos la inutilidad de la nueva ley. En el diario Co-Latino del 8 de septiembre podemos leer esto: “Asimismo, la PNC capturó a los pandilleros acusados de quemar el microbús placas MB-3133, de la ruta 12 A, en el municipio de Chalchuapa. Los detenidos serán acusados por los delitos de actos de terrorismo, daños agravados, agrupaciones ilícitas, homicidio en grado tentativa, así como, portación y tenencia ilegal de armas de fuego”. Ya está contemplada en la ley el caso de la prohibición de las “agrupaciones ilícitas”.

La “Ley antipandillas” surgió también bajo la presión de la derecha y de su prensa. La izquierda cedió y el presidente acompañó a la derecha en sus alegatos, los ministros acataron. Por supuesto que el acto criminal de un salvajismo extremo cometido por miembros de las maras alarmó, horrorizó y espantó a toda la ciudadanía. La indignación fue a la medida del hecho. Pero la prensa supo aprovecharse del miedo para sembrar odio en la población. Pidieron medidas extremas, se alegó a favor de la pena de muerte, algunos llegaron a hablar de exterminio. No fue en un momento sosegado que se dio a luz la nueva ley. Se redactó y se discutió apresuradamente, para calmar a la población, para presentarse, cada uno por su lado, como los grandes paladines de la seguridad. El corte de esta nueva ley es el mismo que las leyes que fracasaron durante los gobiernos areneros. La ley es violenta, eleva a un grado superior la violencia del Estado, estigmatiza a grupos de individuos y los condena por su apariencia. Se trata de una respuesta violenta a la violencia criminal. El ambiente que reinaba en ese momento y que perdura hasta estos días es el de hacer prevalecer la ley de Talión.

La violencia de las maras es absoluta, ha llegado a extremos inhumanos, es totalmente inadmisible. Pero es necesario que nos demos cuenta de que esta violencia surge del interior de nuestra sociedad . Nuestra sociedad es violenta de arriba abajo. Nuestra sociedad ha sido violenta y lo sigue siendo. Las estructuras sociales son violentas, autoritarias. Las instituciones fundamentales como la familia y la escuela también son recorridas por la violencia. Violencia de los hombres contra las mujeres. El feminicidio es corriente en nuestro país, pero las instituciones machistas la ocultan. La violencia ejercida en las familias contra los menores es también horrenda.

La violencia en la sociedad

La sociedad es violenta en sus principios, en su fundamento. La violencia social más grande es la opulencia extrema y la miseria total. En El Salvador hay gente que muere por desnutrición. Esto también es un crimen permanente e impune. Mujeres que abortan por hambre, otras que apenas se salvan en los partos y otras que sucumben por debilidad congénita. Toda la vida social sufre del acaparamiento por la oligarquía de un porcentaje exorbitante de las riquezas producidas en el país. Esta clase social es inmisericorde, extremadamente egoísta, bajo su régimen es imposible que nuestros problemas encuentren ni siquiera la sombra de una solución. Esta casta es antipatriótica, no le importa el destino del país, lo único que le importa son sus capitales y los beneficios que pueda obtener. Si las tasas de ganancia son superiores en otro lugar no les importa dejar al país sin recursos. Nuestra agricultura es deficiente en estos momentos por esa actitud de buscar el beneficio privado, apartando de un revés de mano las necesidades alimentarias de la población.

Es esta casta oligárquica la principal evasora de impuestos, es ella la que rechaza contribuir al presupuesto de la nación de manera consecuente y que corresponda a su nivel acumulativo de riquezas. Son ellos los que dejaron al país sin moneda, sin bancos. A ellos no les importa ni un comino el sufrimiento de la gente, no les incumbe los problemas cotidianos que la gente humilde enfrenta.

El Estado no está fallido. Pero si hubo disfuncionamiento. Desde el lunes aparecieron los primeros paros en el transporte. Desde ese momento las autoridades debieron manifestar su voluntad de mantener el funcionamiento de la sociedad. Los llamados a la calma no eran suficientes. El partido en el gobierno se manifestó tardíamente y no propuso absolutamente nada para salir de la crisis. Su posicionamiento de denuncia no fue suficiente. El partido ARENA trató de pescar en río revuelto. Con toda deshonestidad. El patronato secundó a su partido. Lo que me ha llamado mucho la atención es el silencio del resto de partidos, su absoluta inexistencia durante la crisis.

Pero hay algo que debemos señalar con cierto orgullo. El pueblo no se dejó amedrentar y salió a las calles a buscar la manera de ir a sus trabajos. La sociedad salvadoreña ha mostrado que tiene recursos morales, que tiene fuerza para buscar soluciones reales a los problemas planteados. Por el momento en la sociedad son minoritarios los que proponen soluciones preventivas a la delincuencia. Pero estas se van abriendo camino. No creo que se trate de ir a sentarse a una mesa de negociación con “líderes” de las maras. Pero si de construir los puentes entre la sociedad y esa parte de la población que está al margen. Esa parte de la población que es emanación de nuestra propia sociedad, de su funcionamiento, que nos devuelve la imagen más monstruosa de nosotros mismos. Ellos están ahora a la deriva, sin marcos sociales, ni límites morales. La tarea no es fácil, ni se puede esperar resultados inmediatos. La solución no la va a aportar el gobierno, la solución la tenemos que buscar todos nosotros, reflexionando y ensayando medidas.

Carlos Abrego

07 septiembre 2010

Filosofar nuestra realidad IV

Karl Marx nos dejó una promesa, que no pudo cumplir, sobre la que muchos han meditado: en una carta a su amigo Friedrich Engels, del catorce de enero de 1858, le dice que le gustaría “en dos o tres pliegos de papel de imprenta, volver accesible a las personas de buen juicio, el fondo racional del método que Hegel descubrió, pero que al mismo tiempo mistificó”. Es necesario señalar que Marx hace preceder esta promesa de una condición, “Si acaso alguna vez, un día de estos, tenga tiempo para ocuparme de este género de trabajo”.

Marx no escribió su Lógica. Algunos se preguntan ¿por qué? ¿Se trata realmente de que no tuvo tiempo? ¿Habrá otras razones? Hay quienes dicen que Karl Marx no escribió este trabajo sobre el método de Hegel, o mejor dicho, sobre “el fondo racional” del método hegeliano, simplemente porque lo consideró innecesario o imposible de hacerlo. Sin embargo la mayoría da otra explicación. Marx nos dejó su método plasmado en sus obras de historia y de economía, sobre todo en El Capital. Lenin mismo en sus “Cuadernos Filosóficos” afirma que si bien el sabio alemán no nos dejó su “Lógica”, nos ha dejado en herencia “la lógica de El Capital”.

Existen muchos estudios precisamente sobre este tema y tal vez sea esta la mejor manera de aprehender “la dialéctica materialista”. No obstante para poder hacer estos estudios se necesita una preparación filosófica previa y un conocimiento en economía que no toda persona posee. Para nuestro objetivo sería incluso todo lo contrario de lo que nos proponemos, pues hemos repetido anteriormente que nuestro propósito es seguir el precepto del Siglo de las Luces: “apresurarnos a volver popular la filosofía”. Incluso el mismo Marx, de alguna manera nos da la indicación de cómo debemos proceder, el estilo en que se debe escribir, pues se trata de “volver accesible a las personas de buen juicio, el fondo racional del método de Hegel”. Su intención era pues escribir algo sencillo, corto, en unas treinta a cuarenta páginas.

Harta soberbia sería la mía, si pretendiera cumplir, con mis escasas capacidades, la promesa de Marx. Por lo tanto mi ensayo no será exactamente un tratado conciso, como supo ejecutar Marx en algunas ocasiones y con una ilimitada profundidad, por ejemplo sus “Tesis sobre Feuerbach”. Lo que pretendo entregarles son mis reflexiones, compartir con ustedes algunos aspectos que he ido asimilando durante mis lecturas de Marx y Engels, por supuesto, pero también de las obras de Lenin, Gramsci, Lucács y otros.

El primer problema que se presenta es siempre por dónde empezar. Resolver este problema implica tener claro el camino que se va a seguir en la exposición del asunto. Este mismo problema lo tuvo que resolver Karl Marx en El Capital, buscó mucho tiempo y fue precisamente en los meses que precedieron a la escritura de la carta que he mencionado arriba, época en la que “por mera casualidad” se puso a “rehojear” La Lógica de Hegel, que llegó a la necesidad de iniciar su trabajo científico por la “mercancía”. Esto lo expuso ya en su “Contribución a la Crítica de la Economía Política”.

Algunos de los que han analizado el método de Marx le han llamado a la mercancía, la “primera célula” de todo el sistema capitalista. Es decir que la mercancía contiene las contradicciones que al ponerse en movimiento van dejando al desnudo todo el desarrollo y los procesos del capitalismo. La mercancía es el concepto inicial, en tanto que tal, el más abstracto. En la dialéctica, el concepto inicial es precisamente la contradicción
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No obstante la contradicción no puede abordarse en abstracto, existiendo en sí misma y por sí misma, obligatoriamente la contradicción es una relación entre algo y lo otro, que existen dentro de una unidad. Este es un punto clave de la contradicción dialéctica. La contradicción funciona al interior de la cosa, los contrarios constituyen al ente, es al interior de la cosa que ellos entran en relación, se contradicen y producen el desarrollo, el proceso. Pero al decir esto, decimos mucho y al mismo tiempo muy poco.

Para comprender cabalmente lo que es una contradicción dialéctica, urgimos volver a considerar lo que llamamos comúnmente contradicción lógica. Esta excursión es necesaria por lo menos por dos razones, en primer lugar porque nos permitirá diferenciar a ambas y por otro lado mostrar como la contradicción dialéctica se opone a la lógica, sin anularla, sino al contrario incluirla.

Lógica aristotélica

La lógica de Aristóteles se distingue de la lógica formal en algo sumamente importante, ésta se entrega al estudio de las formas del pensamiento sin interrogarse sobre su veracidad. Para Aristóteles la verdad consiste en la correspondencia del pensamiento con la realidad, mientras que para la lógica formal la verdad pertenece exclusivamente y por entero a la esfera del pensamiento mismo y no tiene ninguna relación con la realidad. Dicho de otra manera, para el filósofo griego las leyes lógicas son sobre todo leyes del ser y las formas lógicas coinciden con las formas del ser mismo, es decir, las formas del pensamiento verdadero son el reflejo de las relaciones reales. El principal criterio de la verdad es un criterio material, el acuerdo del pensamiento con las cosas.

Para la lógica aristotélica es verdadero un juicio, en el que los conceptos se unen entre sí, como están unidas las cosas en la naturaleza, en la realidad. Es falso el juicio que une lo que está separado en la naturaleza y el que desliga lo que esta unido en la naturaleza. Es sobre esta concepción de la verdad que se funda la lógica del filósofo griego.

Las cuestiones atañeras al carácter de la lógica aristotélica que tanto debate han suscitado entre historiadores y filósofos deben ser encaradas de la siguiente manera, la lógica formal tiene sus raíces en la aristotélica, pero por su proyecto y por sus ideas se opone a la del griego, que rechaza la actitud puramente formal.

Aristóteles admite dos criterios de la verdad: el criterio material (el acuerdo del pensamiento con las cosas) y el criterio formal (el acuerdo de los pensamientos entre ellos), pero lo que domina es el criterio material. No obstante, en el curso del desarrollo de la doctrina lógica de Aristóteles, en su silogística, el criterio formal adquiere cierta independencia y eclipsa de alguna manera el criterio material.

En resumen, la lógica aristotélica es una especie de medio término entre la lógica puramente formal y la lógica metafísica. De la misma manera entre la lógica metafísica y la lógica dialéctica. Esto explica justamente que Friedrich Engels, en la “Dialéctica de la Naturaleza”, remite las doctrinas lógicas de Aristóteles a la vez a la historia de la lógica formal y a la historia de la dialéctica. Engels escribe: “La misma lógica formal ha sido objeto de enconadas disputas desde Aristóteles hasta nuestros días. Por lo que a la dialéctica se refiere, hasta hoy sólo ha sido investigada detenidamente por dos pensadores: Aristóteles y Hegel”.

Si examinamos la teoría de Aristóteles sobre la verdad y las leyes del pensamiento vemos que distingue una verdad en sentido amplio y otro más estrecho. Este último es la verdad del juicio. Lo cierto y lo falso, estrictamente hablando, se relacionan a la conjunción y a la disyunción de las representaciones y de los conceptos. Nuestros juicios son verdaderos o falsos, en la medida en que la conjunción o la disyunción de los conceptos presentes en el juicio, correspondan a la realidad misma. Respecto a los objetos aislados del pensamiento, no son aún en sí mismos ni verdaderos, ni falsos.

No obstante en un sentido más extenso, el concepto de la verdad abarca también los objetos del pensamiento. Este concepto ampliado de la verdad se basa sobre el supuesto de que el objeto del pensamiento (la representación o el concepto) es comparado con el objeto real, del cual él es el reflejo y se admite como verdadero el concepto o la representación que refleje adecuadamente lo existente en la realidad. El pensamiento es falso, ya sea que no haya nada en la realidad que le corresponda, ya sea que el objeto real correspondiente no está reflejado de manera justa. Aquí vemos un criterio de la falsedad que es material y que consiste en la no correspondencia del pensamiento con los objetos reales. Existe otro caso de falsedad, la del juicio. Esta tiene lugar cuando lo inexistente es expresado como existente, es decir que le atribuimos a un sujeto un predicado que no le corresponde. La fórmula del juicio falso es la siguiente: “no-A es A”.


Tributo a Platón

Se puede decir que Aristóteles le rinde tributo a la metafísica de Platón, cuando distingue dos clases de juicios, los eternos y necesarios que conciernen al dominio de los objetos eternos e inmutables y los juicios que tocan el dominio de las cosas cambiantes. Como los objetos que están sometidos al cambio, a la aparición y desaparición (destrucción) no son siempre idénticos a sí mismos, los juicios que nos formamos sobre ellos tampoco son estables. Estos juicios, justos cuando los objetos siguen idénticos a sí mismos, se vuelven falsos cuando los objetos cambian en el tiempo. En la teoría aristotélica de la verdad esta distinción reviste una importancia esencial. Solamente los primeros juicios constituyen el campo del conocimiento riguroso, mientras que los segundos son simples opiniones y carecen de un carácter científico riguroso.

Esta división de los juicios tiene sus consecuencias en la teoría de la verdad de Aristóteles, que a su vez se divide en dos especies distintas: la verdad absoluta, eterna y la verdad que, con el tiempo, se transforma en su contrario y se vuelve falsa.

La contradicción aristotélica

El principio fundamental del pensamiento en Aristóteles es el de la contradicción. El afirma que este principio es el más indiscutible de todos sus principios. Una de las formulaciones de este principio podemos decir que es ontológica (que concierne al ser): “Pero ¿cuál es este principio? Es el siguiente: es imposible que el mismo atributo pertenezca y no pertenezca al mismo sujeto, en un tiempo mismo y bajo la misma relación”(pp. 72-73). Al lado de esta formulación extensa tenemos en La Metafísica otra más concisa: “No es posible, en efecto, que pueda concebir nadie que una cosa exista y no exista al mismo tiempo”(p. 73).

Aristóteles evoca aquí mismo la doctrina de Heráclito de acuerdo a la cual una misma cosa puede ser y no ser a la vez y afirma que esta doctrina no puede ser tomada en serio por nadie. Incapaz de comprender la dialéctica de Heráclito simplemente la niega.

Es necesario señalar que paralelas a estas formulaciones ontológicas, Aristóteles nos ofrece sobre el mismo principio formulaciones puramente lógicas. Al reafirmar que este principio es el más cierto, produce esta ley: “… es imposible que dos aserciones contrarias sobre el mismo objeto sean verdaderas al mismo tiempo…”(p. 90.).
De acuerdo con Aristóteles, la ley suprema del ser se enuncia así: “…lo que es, es y lo que no es, no es…” y esto enuncia y funda al mismo tiempo la ley suprema de la verdad: “un mismo juicio no puede ser cierto y falso a la vez”.

Para el griego esta ley de la verdad es deductiva. Es la consecuencia necesaria del principio ontológico inicial, por lo tanto la formulación ontológica de la ley de la contradicción es fundamental. La ley de la contradicción no es exclusivamente un principio de pensamiento como en la lógica formal. Según lo expone en su Metafísica, el principio de contradicción es ante todo un principio del ser mismo, pero es paralelamente o simultáneamente la ley de la verdad.

El principio ontológico constituye la base de todo conocimiento científico. Este principio comporta también otro momento, el aspecto lógico objetivo que está dado simultáneamente con el aspecto ontológico. La formulación lógica objetiva del principio expresa que: “es imposible que la afirmación y la negación sean verdaderas al mismo tiempo (p. 90)” se trata de la tesis de base de la que se deduce la regla según la cual los predicados contrarios no pueden ser inherentes a un mismo y único sujeto. De esto se desprende la necesidad subjetiva de adoptar el principio de contradicción. Es decir la imposibilidad psicológica de admitir que algo pueda ser y no ser a la vez.

Carlos Abrego

02 septiembre 2010

Acertijo inconstitucional

La CSJ le restableció a la Asamblea su derecho a fiscalizar todos los gastos y todo el dinero del Presupuesto de la Nación. Esto es lo que se había venido violando desde los gobiernos areneros, esta violación constitucional prosiguió con el gobierno actual.

La Sala de lo Constitucional ha dado dos fallos que han dado que hablar: el primero fue la posibilidad de presentarse a elecciones a candidatos que no pertenezcan a un partido político. En la noche anterior a la comunicación del fallo, todos los diputados de todos los partidos votaron una reforma constitucional, en la que restablecen la necesidad de pertenecer a un partido político para postular a una alcaldía o a una diputación. Ya esto implica no aceptar el fallo de la Sala.

Como se sabe para que una reforma constitucional pueda ser válida, se necesita que la Asamblea siguiente vote en los mismos términos la reforma. Esperemos un milagro o un arrepentimiento de algún grupo parlamentario.

El presidente Mauricio Funes llamó a respetar el fallo de la CSJ y dijo que había que acatarlo. Y aprovechó para denigrar a los partidos políticos.

Los diputados han creado una Comisión para estudiar la resolución en vistas, según algunas declaraciones, para ver que medidas tomar para la aplicación del fallo. Hoy un ex presidente CSJ, Mauricio Gutiérrez Castro, llama a los diputados a desacatar el fallo y les propone la artimaña de recurrir a la Corte Centroamericana de Justicia.

El otro fallo que ha dado que hablar es el que cité de entrada. En esta ocasión el presidente de la “Unidad Nacional”, sin amenazar de no acatar el fallo de la Sala de lo Constitucional, lo critica y pide que le aseguren que no va a ser “victima de chantajes” de parte de la Asamblea o de algún partido político. Según el presidente, la Asamblea tal cual está constituida no le garantiza que no recibirá chantaje. Tilda de “ignorantes” a los diputados que se han regocijado por el fallo y que han hablado de la “partida secreta”. Asegura que antes nadie pidió la supresión de esos artículos inconstitucionales de la ley del Presupuesto. El periodista Funes criticó esa medida. El candidato Funes prometió eliminar ese artefacto que permite la corrupción. El presidente Funes tiene un ministro que apeló (cuando era diputado) ante la CSJ y el candidato a la presidencia que le precedió por el mismo partido, Schafik Handal, también apeló contra esa inconstitucionalidad en los mismos términos que los apelantes de ahora. La sabiduría de nuestro presidente lo hace olvidadizo o ignorante.

En todo caso, la institucionalidad estatal está desacreditada. El presidente insulta a los diputados, un ex presidente de la CSJ llama al desacato de un fallo de la Sala de lo Constitucional, la Asamblea vota una reforma constitucional anticipándose al fallo, crea una comisión que busca argumentos para no cumplir el fallo. El presidente pretende que ese dispositivo ilegal son los “instrumentos con los que cuenta un presidente para gobernar” y declara sin empacho que son “constitucionales”. Ahora es el turno del presidente de crear su propia comisión para redactar una ley que permita este dispositivo. Ley que irá de nuevo contra la Constitución, pues en ella se contempla la fiscalización y el control, por parte de la Asamblea, del presupuesto y los gastos del Ejecutivo.

En todo caso, la famosa gobernabilidad de la que tanto hablan se resume a hacer lo que se nos dé la gana. Esto es lo que se desprende de este acertijo constitucional y los fallos de la Sala. El presidente y los diputados de la “Unidad Nacional” nos ofrecen un espectáculo bochornoso, pero digno de ellos y de su altura cívica. Así comienza el mes cívico. Un presidente que sospecha a los diputados de chantaje, al chantajearlos. Los diputados que aceptan el fallo y buscan como no acatarlo. Y nuestra gente contenta con los fallos de la Corte Suprema de Justicia. Con la vana esperanza de que con los candidatos independientes podrán poner en orden una Asamblea de encerronas y madrugones y con la esperanza de que poco a poco se irá limitando las posibilidades de la corrupción.

Preguntas subsidiarias: ¿el señor Salume padre, según la ley de Bancos, puede prestar dos o tres millones de dólares a un candidato a la presidencia? ¿Puede cobrar intereses o es un préstamo desinteresado? ¿Con qué dinero el señor Funes va a devolver el préstamo para su campaña electoral? ¿Por qué ese dinero fue puesto en una cuenta corriente privada? La primera y segunda preguntas van para el Fiscal general, la tercera y cuarta llevan nombre y la explico, si se suman los salarios del presidente durante los cinco años no se llega ni tantito a esa suma. ¿O ya era millonario con sus salarios de entrevistador? Todas se las hago asimismo a mis lectores, par ver si alguno puede iluminarme la molleja.

Carlos Abrego

29 agosto 2010

Una masacre más en el sucio mundo

La masacre de Tamaulipas ha consternado a la gente que descubre en las pantallas de la televisión la muerte multiplicada de los emigrantes. Este descubrimiento súbito, que irrumpe en los hogares, indigna. Es también el momento en que surgen los grandes de nuestro mundo a mostrarse lacrimosos, compungidos y, por supuesto, alarmados, indignados también. Hacen declaraciones, condenan, prometen, se conduelen. Algunos hasta aprovechan para levantar el polvillo de alguna polémica. Esta indignación mediática, de fachada, sirve para muchos de catarsis.

Pero esta mascarada no los purifica, no les quita de encima su responsabilidad directa en lo que ha sucedido en Tamaulipas y en la interminable lista de muertes anónimas, que no se asoman a las primeras planas, porque no son espectaculares, pero que son tan numerosas, tan compactas que forman el cuerpo del tenebroso témpano, del cual la masacre de Tamaulipas es una de sus crestas.

He hablado de responsabilidad directa. Pues las decisiones que toman los dirigentes de gobiernos, de empresas, de partidos políticos repercuten directamente en la vida diaria de la gente. Es esta vida llena de precariedades, de sufrimientos, de privaciones la que en la desesperación hace surgir el sueño, la ilusión de otra vida, de la posibilidad de otro tipo de indigencia, de otro tipo de precariedad, la vida ilegal y arriesgada en los Estados Unidos. Saben que irse de sus países hacia el “paraíso” no prometido, es un calvario lleno de azares, pero sobre todo de adversidades. El paraíso tiene muchos ángeles guardianes enviados por los grandes jefes de Washington a las orillas cercadas, alambradas, pero aún más allá de ese muro que separa dos mundos, los ángeles se convierten en demonios por arte de tratados y advertencias amenazadoras del Gran Gobierno.

El absurdo sueño surge de la miseria, la insoportable miseria que desvaloriza la vida, que el famoso grito de la ranchera mexicana, “la vida no vale nada”, se vuelve tan real, pero al mismo tiempo angustiante en la vida de todos los días, en la que no hay trabajo, en la que hay que salir a ver si se halla algo, una oportunidad, un algo que se sabe casi imposible. Ya no se trata más, para esas familias, de un temido día siguiente, es el hoy, este hoy en el que hay que dar de comer a los hijos, que es insoportable.

Es esta vida la que crea el flujo migratorio. Es esta vida la que hay que cambiar. La promesa de hacerlo se ha desvanecido en un palabrerío de justificaciones, que alegan que “no todo se puede hacer en un día, ni en un año”. Nadie ha hablado de cambiarlo todo de un solo tajo. Pero en esta actitud hay convicciones profundas, convicciones hostiles al cambio prometido. En esto no se puede andar tergiversando, yéndose por las ramas. La pobreza de nuestra vida no surge por generación espontánea. Esta pobreza antigua ha sido creada, ha sido producida por un sistema que no puede prolongarse, que no puede subsistir de otra manera. El puñado de oligarcas que acaparan riquezas, que viven en opulencia, que desperdician capitales, que destruyen siembras porque no son rentables, que prefieren exportar sus capitales a plazas financieras y que piden a los gobiernos siempre mejores condiciones para la inversión, la suya propia y la extranjera. Este puñado de oligarcas que crea monopolios y que clama por la libre concurrencia como la condición misma del sistema. Pero no se dan cuenta que ellos mismos entran en contradicción contra el libre mercado. ¿Cómo puede concurrir un vendedor ambulante frente a un monopolio de distribución?

La pobreza no es la misma en todas partes

Es necesario pensar en esto. La acumulación de riquezas por un lado crea miseria en el lado opuesto. Sucede en el ámbito nacional, pero también en el ámbito mundial, globalizado. La constante acumulación de capitales proviene del movimiento mismo del capital. Es una ley. Una ley implacable, es una ley que obliga a muchos capitalistas a desaparecer de la arena por los golpes bajos de sus contrincantes, las ofertas de compras, los ofrecimientos de alianzas y fusiones. Este movimiento hacia el monopolio conduce a destruir en los centros capitalistas unidades de producción, a dejar en la calle, sin empleo a millares de personas. Estos capitales expatrían sus empresas hacia lugares en donde la sobreexplotación es vista casi como una ayuda. Este sistema marginaliza a millones de seres humanos, hundiéndolos en la desesperación.

La pobreza no es la misma en todas partes. Pero siempre es pobreza, pues es relativa a la riqueza que la produce. En los centros capitalistas los pobres reciben ayudas, alguna recompensa, alguna migaja caritativa prodigada por el Estado Providencia, del que va quedando solo la sombra. Las garantías laborales, las condiciones de trabajo más o menos protegidas, todas las conquistas obreras son destazadas poco a poco de manera inclemente por el sistema. En estos grandes centros del capitalismo la pobreza también tiene como frontera la miseria. Los vagabundos, los chichipates, los pordioseros, los vendedores ambulantes surgen en los subterráneos del metro y aparecen también en los andenes, al lado de las vitrinas.

Los grandes medios de comunicación de masas reproducen los discursos explicativos de hombres políticos, que azuzan a sus compatriotas con el peligro exterior, con esas hordas de salvajes que huyen del hambre y que vienen a amenazar nuestro sistema de protección social, que vienen a poner en peligro nuestro modo de vida. El odio echa de nuevo sus raíces, la bestia parda se asoma de nuevo hasta en los ministerios, en los parlamentos. El discurso fascista se banaliza, la persecución de etnias, de migrantes es presentada como una necesidad para preservar las sociedades civilizadas. Este odio es regado con la cotidiana propaganda que vierte miedo y zozobra.

Esta realidad que se agrava de día en día, los grandes “pensadores” modernos nos la venden como una fatalidad. He dicho nos la venden, pues estos defensores del sistema no conocen otro dios que el mercado. Estos creadores de “explicaciones” nos dibujan guerras de civilizaciones, nos prometen la salvación con el fin de las ideologías y nos llaman a que nos admiremos de los grandes triunfos del capital reinante. Sí, el capital no está moribundo, pues después de cada agravación crítica, algunos monopolios salen revigorizados, sin preocuparse de los cadáveres que han dejado en la arena de la libre concurrencia.

¿Qué hacer? Siempre surge esta pregunta, en cada encrucijada es necesario responder, las respuestas tienen que ser siempre nuevas. Pero en el fondo se trata siempre de lo mismo, ¿cómo salir del atolladero, como rescatar a los que están naufragando? En nuestro país el sistema oligárquico es viejo. Los problemas sociales que padecemos son crónicos, recubren a toda la sociedad, están en todas sus instancias, se multiplican. ¿Puede este sistema aportar la solución a nuestros problemas? ¿No basta ya todo el tiempo de nuestra vida independiente para ver que es incapaz de hacerlo? Su incapacidad reside en que su objetivo primordial, su objetivo fundamental es la acumulación de riquezas. Sí, volvemos a lo de siempre.

El otro flujo: las remesas

La solución no está escondida. En nuestra historia dolorosa la hemos vislumbrado en muchas ocasiones. En nuestro país corrió la sangre en busca de realizarla, se forjaron proyectos, se creyó que estábamos cerca y poco a poco la esperanza se fue evanesciendo. No podemos negar que la lucha ha permitido que hoy existan nuevas condiciones, no todo quedó como antes de la guerra. Pero la transformación del sistema no llegó. No podía llegar, pues los mismos de siempre siguieron gobernando los destinos del país. Ellos nunca se propusieron cambiar nada de nada. ¿Ahora, qué podemos hacer ahora?

Es necesario nombrar claramente y sin ambages la solución, se trata de romper con el sistema. Desbaratarlo. Es urgente que entre los intereses que defiende el actual presidente, con sus desalianzas y nuevas alianzas, con su “nuevo” partido y su salida, una vez en la silla, su grupito de compadres y comadres, que le sirvieron a la oligarquía y le siguen sirviendo, que se apuntan en las clases que imparten la Banca Mundial y el FMI, con toda esa gente y con esas intenciones, no, no podemos romper con el sistema. Mauricio Funes se considera sobre todo y ante nada el garante de las “reglas del juego” capitalista. Su principal problema político es que la oligarquía y sus partidos políticos lo tratan como a un nuevo “cholero”. Por ahí se hincha como el sapo de la fábula, en otras se arrodilla, como si los patrones fueran nuevos mesías.

Nuestro problema de hoy consiste en que no tenemos partido revolucionario. El grupillo que se ha encaramado en la tarima, nos quiere adormecer con un estribillo conformista: “las condiciones actuales no se prestan”. ¿Han emprendido algo para cambiar las condiciones? ¿Pero acaso ahora no tienen ministros? ¿Cuándo se tuvo mejores condiciones para tomar directamente medidas sociales que limiten la explotación capitalista? “No tenemos todo el poder”, repiten. Entonces se trata de luchar, de ganarse a la gente hacia las posiciones de transformación, de llevar una lucha al interior del Estado. Prefieren esperar. Decretan ahora, que su gobierno del “cambio” es apenas de “transición”. ¿Hacia dónde, hacia qué? Silencio sepulcral.

Un argumento que se yergue es el resultado del flujo migratorio: “tenemos miles y miles de compatriotas en los Estados Unidos, no los podemos poner en peligro”. ¿En peligro de qué? Pero ¿acaso no estamos poniendo en peligro a todos los que se escapan del país, acaso esta masacre de Tamaulipas no viene a recordarnos a todos los muertos en el camino, a todas esas mujeres que se han visto obligadas a quedarse allí mismito, en la frontera, en Tapachula, en algunos de los pobres, destartalos prostíbulos o en lujosas tabernas de tolerancia?

¡Ah! no nos olvidemos del otro flujo: las remesas. El grueso de las remesas vuelve, ese dinero trae pasaje de vuelta. No voy a decir que es inútil, por supuesto que muchas familias logran satisfacer algunas de sus necesidades con esos envíos, pero los que resultan ganando son siempre los mismos: los bancos y los grandes comerciantes. Ese dinero llega desperdigado, llega a particulares para satisfacer necesidades particulares. No se puede encarrilar hacia otro destino, a otros fines. De todas maneras en nuestra sociedad que no genera ahorros, por su pobreza, toda entrada sirve para el consumo. Muchos denigran ese consumo, diciendo que esas familias “se gastan el pisto en babosadas consumistas”. Es posible. No obstante para muchas familias ese dinero les ayuda a sobrevivir.

Pero la cuestión que se plantea es ¿podemos hipotecar el destino del país a cambio de las remesas? No hace mucho, durante el gobierno de Saca, se llegó un experto de la Banca Mundial y disertó sabihondo consejos para nuestros gobernantes de entonces: uno de ellos era mejorar el nivel educativo de nuestra gente, darles una educación técnica suficiente para que fuera más fácilmente exportable. El resultado, predijo, será menos problemas migratorios y un monto superior de remesas. Este experto le sirve al capital, argumenta en beneficio del capital, como los consejeros del presidente Funes, que fueron a la misma escuela. Esta gente canta delante de la bandera con estrellas: “la propiedad privada fue su dogma y su guía”.

La contradicción fundamental

Los dirigentes del FMLN no tienen nada que oponerles, no tienen otro himno. Pues ellos aceptan convencidos, sumisos que no hay solución, que no hay salida. Los de arriba, los del Norte son muy fuertes, no podemos nada sin ellos, no somos nadie sin ellos. Lo que a duras penas podemos hacer, es darle una pintadita a la fachada del resquebrajado edificio de nuestra sociedad. Los cimientos putrefactos, que son los que generan la miseria, deben quedar intactos.

No se les puede hablar de estrategia, no se les puede mencionar la contradicción fundamental entre el capital y el trabajo. La opulencia oligárquica y la pobreza de los trabajadores son la contradicción que exige resolución a través de urgentes transformaciones sociales. Esta contradicción ha madurado, ha llegado hasta el extremo, esta contradicción antagónica, que mantiene en lucha a las clases sociales, es la que caracteriza la situación actual de crisis de sistema social y económico que reina en nuestro país. Esta contradicción que se encuentra en el desarrollo histórico de nuestra sociedad, que lo frena, la revolución debe resolverla, para abrirle el camino a otra sociedad, a una nueva construcción social que ha sido preparada por el mismo desarrollo social. El parto de esta nueva sociedad obligatoriamente va a ser doloroso, la vieja sociedad resiste, se nutre de su pasado, de la fuerza que le da la situación dominante de la oligarquía. Por eso es necesario que nuestro pueblo vuelva a erguirse con toda su fuerza, vuelva a tomar la iniciativa.

La peor masacre es la que seguimos cometiendo al soportar una sociedad que ha caducado, que obstaculiza nuestro desarrollo de nación, que nos encierra en la dependencia, que no puede aportar ninguna solución radical a nuestros males. El pueblo debe reconquistar sus medios y sus instrumentos, es eso lo que ahora está planteado.

Carlos Abrego

21 agosto 2010

Muchas gracias, camarada Lorenzana.

“Para el diputado Roberto Lorenzana, las quejas no son para escandalizarse. “A estas alturas del partido, que ya ha corrido tanta agua abajo del puente, ya no podemos decir que hay un problema estratégico. Son ruiditos por aquí y por allá, pero eso es irrelevante”, consideró.

El parlamentario agrega que el problema ha sido que, en muchos municipios, las decisiones que se tomarán sobre sus autoridades son solo ratificaciones de acuerdos ya tomados por consenso: “Ya algunos sienten que pueden perder y por eso hablan de manipulación”, agregó”. Esta declaración ha salido hoy en La Prensa Gráfica.

Reparen en lo que dice Lorenzana, las elecciones serán la ratificación de ACUERDOS ya tomados por consenso. Esto significa que en esos municipios las famosas elecciones democráticas y secretas serán simple formalidad. Ni democráticas, ni secretas, pues ya se sabe lo que ha sido consensuado. Como quien dice por la boca muere el pez. Muchas gracias por la aclaración, camarada Lorenzana.

Carlos Abrego

18 agosto 2010

La "cachiporristas" y el problema femenino

El asunto de las “cachiporristas” no es tan baladí como lo piensan algunos. Es cierto que si desfilan o no, en nada va incidir en el nivel de vida de los salvadoreños, ni en el curso de los valores de la Bolsa. Esto es cierto. 

No obstante tal cual ha sido abordado, desde el ángulo que han adoptado los que han reclamado la prohibición y al que se han referido los que redactaron la circular del Mined, me parece que atañen a un problema mayor de la sociedad salvadoreña: el puesto de la mujer y los peligros que acechan a nuestras muchachas de parte de proxenetas y organizaciones de tráfico infantil.

No hace mucho una mujer denunció los abusos sexuales que ha sufrido por parte de un superior en el trabajo, esta denuncia fue atacada por un miembro del gobierno porque la consideró tardía, interviniendo en un asunto que está en manos de la justicia; en muchos comentarios que circularon en distintos foros, la mayoría ponía en duda la sinceridad de la denunciante. Solo pocos hombres y algunas mujeres intervinieron en su favor. Ningún personaje oficial intervino para defenderla y protegerla. Nadie aludió a la dificultad, en nuestra sociedad machista, de discriminación hacia las mujeres, la dificultad que experimentan las mujeres de denunciar el acoso sexual que sufren en las oficinas y en los talleres, en general en los lugares públicos. 

Comúnmente la sociedad entera tiende a culpar a las mujeres por estos actos cometidos en contra de ellas, como si su conducta, su modo de vestir, incluso su belleza, fuera suficiente para perdonar al abusador. Los hombres tienen derecho al manoseo, a las palabras soeces, alusivas o directas, a todas las ofensas. Las mujeres tienen que aceptar esos “piropos”, esas “caricias”, y por qué no, acceder a los deseos de los hombres. La mujer que se arma de coraje y denuncia al hombre que la ha acosado sexualmente, corre siempre el riesgo de ser sospechada de calumniadora, de querer vengarse, en fin de cuentas, quiere ocultar su propia culpabilidad.

Todos sabemos que esto ocurre, si no somos hipócritas, sabemos perfectamente que en nuestra sociedad estas conductas masculinas son admitidas, no son juzgadas como reprensibles. ¿Para evitar estas conductas les vamos a pedir a nuestras mujeres que se queden en sus casas, que cuando salgan de sus hogares, se vistan ocultando toda su feminidad? ¿Qué es lo que tiene que cambiar? ¿Qué es lo que tiene que ser reprimido con fuerza?

En realidad, en vez de acusar a las mujeres denunciantes, la sociedad tiene que crear las condiciones que las proteja, que no sufran un nuevo atropello, evitando poner sistemáticamente en duda su palabra. Pero más allá de esto, lo que hay que extirpar de nuestra sociedad es la conducta inmoral de los hombres respecto de las mujeres. Abandonar el presupuesto que la simple presencia de una mujer es de por sí una incitación a ejercer sobre ella ese tipo de violencias. ¿Cómo llegar a extirpar estas conductas? Pues obligatoriamente con la educación, educación de los adultos y formación de nuestros jóvenes.

Pero en el caso de las “cachiporristas” el asunto se ha abordado de tal manera, como si ellas fueran la causa del acoso de los traficantes y proxenetas. Se ha agregado que se trata de una manifestación denigrante de su condición femenina. ¿Es por el hecho de que muestran sus piernas? ¿Es acaso la única vez que lo hacen? En las playas, en las pistas de atletismo, en las canchas de diferentes deportes, también muestran sus “atractivos”. ¿Acaso no vienen hombres a verlas, a los cuales se les puede cruzar por la cabeza alguna idea procaz? Acaso a los espectáculos deportivos no pueden asistir los mismos personajes, a los que se ha aludido en los desfiles de las “cachiporristas”.

No obstante se ha hablado de cosas peores, que nada tienen que ver con los desfiles mismos. Del acoso, del tráfico que se realiza en la selección de las “cachiporristas” y de posibles manoseos de profesores, de directores e incluso se ha hablado que desde ahí pueden sufrir otro tipo de atropello mayor. Pero si las autoridades han tenido noticia de ello, ¿por qué no han intervenido para castigar el delito? ¿Por qué cambian de tema y de lugar de discusión? Ya no son los desfiles el problema. El problema reside en un delito, que puede tener lugar, incluso si se suprimen los espectáculos de las “cachiporristas”.

Pero al mismo tiempo se ha hablado que la actuación de las “cachiporristas” en sí es denigrante para la imagen de la mujer. Se ha hablado de ampliar la prohibición a las elecciones de las Reinas de Belleza que tienen lugar en muchos lugares del país. Se ha afirmado que tanto en unos como en los otros espectáculos se exhibe el cuerpo femenino como un objeto sexual.

Me parece necesario hacer algunas consideraciones. En primer lugar, ¿estas dos actividades son acaso las más graves en las que el cuerpo femenino se vuelve en objeto sexual? ¿Acaso el cuerpo femenino no es usado en la publicidad de forma más denigrante? Porque el cuerpo femenino en esos momentos no tiene otra relación al articulo en venta que su cuerpo. Esto sucede en revistas, en la televisión, en las vallas, etc. Y esto es cotidiano. Las autoridades que con tanta celeridad condenaron a las cachiporristas y a las madrinas de los equipos, los concursos de belleza, no se han referido a esta mercantilización del cuerpo femenino. Será porque en este caso se enfrentarían con un adversario poderoso, el mercado, el sacrosanto mercado.

Me parece que en esto ha habido mucho humo, mucha ligereza, poca reflexión. De nuevo el carácter autoritario de nuestros regímenes vuelve a salir a flote. En primer lugar desde un puesto del Estado se sentencia, se decide y luego van a “dialogar”. La decisión está plagada de todo eso, de una estupefaciente superficialidad, los motivos alegados condenan a las posibles víctimas de ser el origen del crimen. En segundo lugar constatan que la liviandad de los argumentos han sido rechazados por buena parte de la población, entonces dan medio paso hacia atrás con el pie izquierdo, pero con el derecho fijo en la prohibición para el próximo año. Mientras tanto las autoridades han declarado que van a “dialogar” con los “sectores” interesados y concernidos directamente. La palabra “dialogo” en el discurso burocrático no significa “escuchar”, se trata de “explicar” que la decisión tomada es la única posible. Las familias y las estudiantes que deseen ser “cachiporristas” tendrán que acatar la sabiduría de sus dirigentes. Parece que los profesores y maestros tendrán que ayudar a convencer, aunque tal vez piensen de otro modo.

No se les ha ocurrido que si existe algún problema, que hay gente que considera esto degradante para las jóvenes, esto proviene más de la “mirada ajena”, más que de los ejercicios y malabares de las muchachas. En vez de prohibir pudieron incluso promover dentro de los centros escolares, clases de bailes rítmicos, gimnasia, danzas diversas. Pudieron abordar el problema de la vestimenta, de transformarla, de variarla, en fin pudieron tener un poco más de respeto con la gente.

Pero si existe un problema moral, ético, entonces la imposición es más grave aún, pues los valores se inculcan, no se imponen. Si realmente existe un problema ético tienen que discutirlo con la población y tratar que sea aceptado por la comunidad la existencia de un problema, que se tome conciencia y que el valor ético propuesto se acepte.

La superficialidad de los funcionarios del Estado ha quedado manifiesta. Pero al mismo tiempo hay una pizca de desprecio hacia las clases populares y sus “diversiones” de poco gusto. Estos desfiles no son totalmente autóctonos, no son la transformación de una vieja costumbre nuestra, es cierto. Ha sido una costumbre importada, viene de afuera, no obstante su enraizamiento en la tradición festiva salvadoreña la ha trastocado y ya se ha vuelto una costumbre nuestra. Su origen extranjero no debe de servir de pretexto para el estigma. Porque entonces nos quedamos ya sin nada. Son tantas las cosas que nos llegan de afuera y las asimilamos, que si las abandonamos, nos quedaríamos sin cultura.

Imaginemos un país sin instrumentos musicales, sin ropa, sí, sin ropa, la mayoría de trajes que usamos no fueron inventados en El Salvador, sin cubiertos, sin platos, sin alumbrado eléctrico, ni nada que tenga que ver con los avances de la ciencia. Pues son muy pocas las cosas, si es que existen, que fueron inventadas entre nosotros. Me refiero a inventos y descubrimientos científicos. Todo eso ya constituye nuestra manera de ser. Lo que somos es todo lo que hemos hecho nuestro.

Nos llegaron del Norte estos ejercicios con las batutas, pero bien pudieron haber llegado los desfiles carnavalescos del Sur, con sus exuberantes mujeres mostrando totalmente sus piernas y sus amplios escotes, con movimientos sensuales. Pudimos conservar los disfraces indígenas e incluso combinarlos con los europeos, como sucedió en más de alguna fiesta patronal. Nuestra historia se ha hecho en contacto con los países del Norte, México y Estados Unidos y su influencia en nuestra vida es innegable. No todo ha sido positivo. Ni todo ha tenido las mismas repercusiones en nuestras vidas. De los Estados Unidos hemos sufrido cosas peores que la importación de las “cachiporristas”.

El asunto de la dignidad femenina merece otra cosa, otro nivel, medidas serias en la educación de nuestros niños y nuestras niñas. En la urgente reeducación de los adultos, en medidas reales para que se respete a la mujer en sus trabajos, en los lugares públicos, en los transportes, etc. Es urgente promover campañas por la igualdad entre los sexos, en todo lugar y en todo tiempo. Es necesario emprender campañas en contra de la violencia intrafamiliar, que es una fuente de sufrimiento mayor de nuestras mujeres y un ejemplo nefasto para los niños que viven en esos hogares.

Carlos Abrego

12 agosto 2010

Un partido sin voz, ni pensamiento

Tan poca democracia debe existir en los partidos políticos salvadoreños que la licenciada Norma Guevara de Ramirios, en su crónica semanal, se ufana describiendo en detalle el proceso de elecciones internas del FMLN y termina preguntando: “¿qué entidad social hace tal ejercicio de democracia?” Por supuesto que quedan en suspenso muchas explicaciones, por ejemplo, ¿cómo y quién propone las candidaturas? Hay otras que conciernen los criterios políticos que han conducido al partido “revolucionario” a distinguir entre militantes y adherentes. La principal diferencia que he podido detectar realmente, es el pago de la cotización y participar en una organización de base. Pero entonces ¿el resto de miembros no paga, no se reúne, en suma, no milita? Y al parecer se trata de la mayoría. Para un partido que se proclama “revolucionario” esto es una carencia extrema. Uno puede pensar que este distingo, sirve más para diferenciar dos categorías, los militantes seguros y los otros. Los seguros que se muestran obedientes a la dirección, que acatan los dictados de la dirección y que no se van a descarrilar en preguntas capciosas, en exigencias de aclaraciones, en posibles divergencias.


Pero lo que acabo de apuntar se puede considerar como palabras mal intencionadas, como palabras resentidas, que se quedan en la superficie y que se acoplan con las palabras proferidas por los “enemigos de clase”, por los que se unen al “concierto de la derecha”. No obstante el problema de todos modos sigue de pie. Aquí se ha mencionado solamente el protocolo de las elecciones en el seno del FMLN. Es lo que nos ha descrito Norma Guevara de Ramirios. Se trata pues solamente del aspecto formal de las elecciones y de la preparación de la Convención Nacional.


Al parecer la Convención Nacional tiene como principal objetivo la elección del Consejo Nacional. Tampoco se nos dice como y quien propone a los candidatos, aunque algunos ya van de oficio. Pero lo que queda claro es que esa Convención Nacional que elige la dirección, al Coordinador General, a la Comisión Política no es un Congreso. La dirección se elige sin que se le dé un mandato político preciso y definido, sin que los militantes hayan discutido, sin que hayan participado en la determinación de la estrategia del partido “revolucionario”. ¿Se trata realmente de un partido revolucionario? Mucho podrán decir que el partido es “marxista-leninista”, aunque últimamente no lo repiten tanto los actuales dirigentes. En todo caso el principal instrumento del centralismo democrático leninista no existe. Tenemos un partido que no tiene voz. Si, no tiene voz, ni pensamiento.


Los partidos revolucionarios tienen proyectos elaborados en común, tienen reuniones preparatorias en las que se analiza, critica y se evalúa la actividad política precedente y se procede a las enmiendas necesarias. Los partidos revolucionarios proceden al análisis de la situación política, económica y social del país en que les toca actuar, esto se hace en común por los militantes y las direcciones salientes. Es durante este proceso de preparación cuando los militantes siembran los pilares del proyecto estratégico del partido. El Congreso, según la teoría leninista, es el centro del partido. Es el partido en Congreso el que determina la política partidaria y a la que tiene que plegarse la dirección. Es a partir de lo determinado por el Congreso que la dirección va a ser juzgada. ¿Pero si no hay Congreso? Si no hay un proceso de elaboración por los militantes de la estrategia y principios del partido, pues es un partido sin pensamiento y sin voz.


Un partido que funciona de esta manera, no puede tener realmente militantes concientes, que sean ellos mismos capaces de concientizar al pueblo. Estos militantes pueden solamente definirse como personas “fieles al partido”, que en realidad es “fieles a la dirección”. Esta situación no es nueva. Es por ello que el FMLN navega sin timonel, sin saber a que santo acudir.


Por eso no se puede uno sorprender que este partido “revolucionario” le confiara el principal puesto del Estado a un extraño, a alguien que no se había definido realmente, que le impuso condiciones, él, una sola persona, un particular a todo un partido. Todo esto a escondidas, en secreto, en las oscuranas de la ignorancia, pues los militantes no podían opinar realmente, no podían analizar, nunca tuvieron en mano todas las cartas, ni siquiera vieron el color de la baraja. La dirección optó por Funes y los militantes aprobaron fielmente, con disciplina “revolucionaria”.


Es por eso mismo que sin ni siquiera consultar con la Comisión Política, el Coordinador General adhiere a una “Internacional por el Socialismo del Siglo XXI”. Esta adhesión irreflexiva y precipitada ha resultado un cohete mojado, pues la famosa Internacional se quedó en pañales y el único partido político que dio su acuerdo inmediato fue el FMLN. Pero esto era simplemente una maniobra para calmar a los militantes que comenzaban a inquietarse por la deriva derechista del gobierno y la actitud pasiva y complaciente de la dirección del Frente. Podrán alegarme que existía el proyecto de formación y programático y comisiones internacionales que debían definir y organizar la Internacional. El FMLN se comprometió a participar, pero también en esto se nota el carácter escasamente democrático de este partido, pues las delegaciones nombradas por la dirección iban sin que el partido, en algún Congreso, determinara, definiera su concepción socialista, ni la estrategia que puede conducir a nuestro país hacia esa nueva sociedad. El FMLN no tiene al respecto ninguna estrategia y ninguna visión clara de la futura sociedad. No la tiene, ni pretende discutirla dentro del partido, mucho menos en la sociedad salvadoreña. Pues esto la conduciría a entablar un abierto combate ideológico ante los partidos de derecha y con el presidente mismo. Es esta lucha ideológica que el FMLN no se ha atrevido a llevar a cabo durante tantos años. En estos años de post-guerra el FMLN se ha ido adaptando al sistema, al sistema político y al sistema económico.


La dirección se acomoda perfectamente a esta situación indefinida. Con toda comodidad puede cambiar de posición y caracterizar la situación en que nos encontramos. Incluso no responden con energía a la derecha que ha atacado a la diputada Sosa, cuando define al gobierno actual de “transición”. Los jefes callan. Pero esa es la explicación que le dan a los militantes. Pero defender esta caracterización del gobierno Funes/FMLN implica definir el “hacia qué” es transitorio este gobierno. Es esto que elude sistemáticamente la cúpula efemelenista. Prefieren también en este caso persistir siendo un partido sin voz y sin pensamiento.

07 agosto 2010

Filosofar nuestra realidad III

Por Carlos Abrego

Cuando alguien nos dice que “siempre ha habido ricos y pobres”, no lo hace para darnos una información; se trata por lo general de un argumento en contra de la posibilidad de un cambio social. Como lo hemos dicho antes, la fuerza de este argumento es que se funda en nuestra experiencia, en la experiencia de todas las generaciones que nos han precedido. Pero al mismo tiempo esta frase, este argumento, que en apariencia tiene el peso contundente de la evidencia, es arrastrado por postulados filosóficos que ignora la persona misma que la ha emitido.

Hemos visto que detrás de esta frase se esconde un postulado de la filosofía idealista, que niega los cambios y considera que el mundo es idéntico a sí mismo desde siempre. “Esto viene a significar, escribí en el artículo anterior, que la realidad, en su aspecto esencial, es inmóvil, eterna, que se encuentra afuera del alcance del movimiento de las cosas, que los movimientos sociales e históricos afectan únicamente la superficie del desarrollo de las sociedades y sus relaciones. Esto significa también que bajo el torbellino perpetuo de los acontecimientos se mantiene una naturaleza humana incambiable”.

Es por esta razón que algunos filósofos nos invitan a un rodeo, a darle la vuelta a la cosa pensada. La verdad no aparece directamente, si así fuera, ya lo han dicho otros antes, no habría necesidad de la ciencia.

No creo que haya que insistir sobre la utilidad del estudio de la filosofía. Gramsci decía que todos los hombres pueden ser filósofos a condición de que se les ayude a serlo. Pero esta ayuda no significa una simplificación, no se trata de esquematizar, no debe entenderse que haya que apartar el necesario esfuerzo de parte de quien estudia la filosofía, al contrario es menester prevenir que para encontrar agrado en la ocupación filosófica, hay que saber que se trata de un ejercicio mental al que no estamos acostumbrados, pero que “contribuye a la educación de la inteligencia, cualquiera que sea el fin que se proponga” (G. W. F. Hegel).

La sentencia “siempre ha habido ricos y pobres” es la expresión inconsciente de una ideología, de alguna manera hemos filosofado espontáneamente, sin darnos cuenta. Esto implica que estamos asumiendo un modo de pensar, que tal vez nos sea ajeno, que una vez puesto al desnudo, tal vez no nos convenga. Esta ideología espontánea es una conciencia inconsciente, que invierte las relaciones reales, se trata de una relación ilusoria de los hombres respecto a sus reales condiciones de existencia.

Algunos quizás dirán que de alguna manera esta “filosofía espontánea” no nos encadena a ningún sistema filosófico determinado, por consiguiente podemos decir que nuestro pensamiento se mueve libremente. Esto también es cierto sólo en apariencia, pues nuestra percepción espontánea de las realidades es siempre necesariamente limitada, parcial en el tiempo y en el espacio. Es decir si partimos únicamente de la experiencia tendemos a generalizar, a darle carácter de eterno a lo que es y sigue siendo particular y provisorio.

Agrego que estas interpretaciones de nuestra experiencia inmediata, las condimentamos con todas las ideas ya formadas que nos rodean y que al emerger del mundo tal cual está, ocultan necesariamente su movimiento, sus contradicciones y sus potencialidades. El famoso “sentido común”, las ideas recibidas, se nutren de ilusiones y nos incitan a conservar tal cual lo que existe.

Estas concepciones espontáneas tampoco son tan espontáneas, ni mucho menos inofensivas. Lo acabamos de decir nos invitan a conservar el mundo que nos rodea, a reproducirlo y nos infunden temores respecto a lo nuevo que adviene y a las ideas que innovan y que buscan las transformaciones.

Pensar con ideas hechas, en vez de ser una libertad, es una esclavitud, pues nos hace presa fáciles de todos aquellos que nos invitan a aceptar que otros piensen por nosotros, que nos inculcan miedo, resignación y que quieren privarnos del espíritu crítico.

Trataré, en las siguientes entregas de esta serie “Filosofar nuestra realidad”, de exponer algunos elementos que puedan servir de iniciación al pensar filosófico marxista. Se trata pues de algunos elementos de la dialéctica materialista, trataré de ser lo más claro posible, sin entrar algunas veces en detalles, sin embargo no voy a simplificar, ni a esquematizar. Por lo menos esa es mi intención. Por otro lado, debo expresar mi inquietud pues no tengo el hábito en estos asuntos. Por lo mismo, necesito de la participación activa de mis lectores. Voy a entablar un diálogo con ustedes.

Carlos Abrego

05 agosto 2010

Filosofar nuestra realidad II

Por Carlos Abrego

En el primer artículo cité tres frases que solemos oír en conversaciones y que expresan el sentido común; se puede perfectamente multiplicar los ejemplos, pero conformémonos con estas. Decía que estas frases están de alguna manera sustentadas por la realidad misma. En efecto, ¿qué contiene nuestra experiencia? ¿Qué ha contenido la experiencia de todas las generaciones que nos han precedido? Pues la existencia repetida de pobres y de ricos, la soltura y autoridad con que los que nos dirigen se comportan y la capacidad intelectual que desarrollan algunos individuos en el ejercicio de sus funciones. Estos hombres parecen destinados para ejercer los puestos que ocupan. Pero al mismo tiempo vemos como la gente humilde es puesta aparte de los medios materiales y culturales para dominar su propio destino colectivo.

¿Quién en El Salvador ha tenido la experiencia de la igualdad de chances y oportunidades en el acceso al patrimonio cultural? ¿Acaso no son perceptibles las grandes diferencias entre escuelas y colegios? Es esta realidad que nos rodea, la que nos impone las falsas ideas sobre la realidad misma. Y paralelamente a esto señalemos el desconocimiento total de lo que produce y reproduce esta realidad. Nos referimos a los procesos históricos y sociales que producen la riqueza, la explotación, las desigualdades, las jerarquías, a todas las dominaciones ligadas al Estado, a las instituciones, a la propiedad privada de las empresas, los múltiples efectos de las leyes que rigen la ganancia capitalista y los modos de la formación de las capacidades individuales a través de la asimilación del patrimonio cultural.

Es necesario señalar también que estas ideas ilusorias se enraízan en las mentes de manera diferente según sea el medio social al que pertenecemos, al bagaje cultural que hemos adquirido, a nuestro mundo afectivo, etc. todo esto tiende o no, a imponernos esas ideas como más o menos evidentes. Es todo esto lo que puede también variablemente justificar el lugar que ocupamos en la estructura social existente.

Es la experiencia cotidiana de estas cosas y el flagrante desconocimiento de la leyes que producen y reproducen esta realidad, nuestra propia vida, la de cada uno de nosotros, todo esto constituye la realidad en la que las ideas se forman y se transforman. A la vez, estas ideas tienden a producir nuestras conductas, nuestros comportamientos. Si la riqueza, la situación social, las formas de poder, los mecanismos económicos, etc. se conciben como eternos y hasta universales, entonces vamos a buscar un lugar en el sistema existente, en vez de forjar un sistema en que las funciones sean distintas y los modos de acceso tengan que ser inventados.

Esto no es muy complicado, concierne apenas las ideas, las opiniones y conductas cotidianas, estamos afuera de las grandes ideologías y de los sistemas filosóficos constituidos. No obstante si paramos mientes, todas estas opiniones y conductas tienen en común una idea filosófica importante: la riqueza, la estructura social, el poder, la propiedad, las capacidades individuales, etc. son consideradas como fenómenos naturales, que nada puede modificar profundamente.

Esto viene a significar que la realidad, en su aspecto esencial, es inmóvil, eterna, que se encuentra afuera del alcance del movimiento de las cosas, que los movimientos sociales e históricos afectan únicamente la superficie del desarrollo de las sociedades y sus relaciones. Esto significa también que bajo el torbellino perpetuo de los acontecimientos se mantiene una naturaleza humana incambiable. Se trata pues de un postulado de orden filosófico.

En estas frases en apariencia inofensivas, que pronunciamos sin mayor recapacitación y en nuestras conductas que les corresponden, podemos encontrar un verdadero andamiaje teórico, muy pocas veces sistematizado, que expresa una relación respecto a nuestras experiencias y tiende a imponernos ciertas tomas de posición, ciertas prácticas individuales y colectivas. Como vemos nadie se escapa de la filosofía.

Nos queda saber ahora si es cierto que las ideologías están muertas, como van repitiendo los que desean que la gente se mantenga en la ignorancia y que siga reproduciendo en la realidad, como en el pensamiento, un mundo que le conviene a las clases dirigentes.

Carlos Abrego

02 agosto 2010

Respecto a las candidatuas “independientes”

Antes de continuar con mi excursión “filosófica”, quiero emitir algunas reflexiones sobre el fallo de la CSJ sobre las candidaturas individuales o “independientes”. No voy a entrar a comentar el fallo, sino las consecuencias que de él ya han resultado. La primera observación que hago es que el desprestigio de lo que se llama “clase política” ha llegado en nuestro país a extremos insospechados. Este desprestigio ha alcanzado a las instituciones políticas, tanto estatales, como civiles. Este desprestigio tiene un fundamento sólido en la constante conducta de los diputados, ministros y presidentes durante ya muchas décadas. 

Este desprestigio marca y determina la crisis de la política o si se prefiere, de lo político en general. Esto no es propio de nuestro país, la casi nula participación de la ciudadanía en las elecciones en la más grande “democracia” del continente es una muestra de su carácter universal de la crisis, pero hay otros ejemplos. La desconfianza en los hombres políticos, en su probidad, en su actitud desinteresada al servicio de la cosa pública, etc. trae aparejado justamente el desinterés de los ciudadanos en los problemas políticos en general y la apatía, enojo cuando se abordan estos temas.

La mayoría de comentarios sobre el fallo de la CSJ que he leído, manifiestan este desprestigio de los partidos políticos en tanto que institutos que expresan la voluntad de la sociedad. Los partidos son considerados como agrupamientos de interés privado y no como representantes de los intereses de las clases sociales en pugna en la sociedad. Esta consideración general ha tocado a todos los partidos, incluyendo al FMLN que hasta hace poco escapaba a este juicio en una parte de la población. El FMLN era considerado como el representante de los intereses de las clases trabajadoras. En la coyuntura actual su posición particular se ha desdorado y su participación en las reuniones parlamentarias y en los conciliábulos en Casa Presidencial, han venido a empeorar la valoración.

Como todo fenómeno social este desprestigio encierra aspectos positivos y negativos. Los aspectos positivos conciernen a la existencia de una valoración moral de la función política. Los ciudadanos le exigen a los políticos cualidades morales impecables en el ejercicio de su mandato, en la realización de sus funciones. Esta exigencia es la que al observar el comportamiento de algunos hombres políticos lleva a la gente a la desaprobación del actual funcionamiento de las instituciones. Surgen reivindicaciones de transparencia, de fiscalización popular, de participación directa de los ciudadanos. Estas reivindicaciones son los embriones actuales del desarrollo futuro de la democracia. No obstante el desprestigio de los hombres políticos contamina a la cosa política en general y a las instituciones mismas. Esto lleva consigo que mucha gente se desinteresa totalmente de la política y la considera como algo que no le concierne y llega incluso a considerar que ocuparse de la cosa pública es para gente de poca moral. Esto le pone trabas a las posibilidades de desarrollo de los actuales embriones de mejoramiento de la democracia, impide que se realicen.

Es en este contexto que las candidaturas “independientes” aparecen como un remedio, casi como la solución a los problemas planteados. Algunos han afirmado incluso que con estas candidaturas se inicia la democracia participativa. Por supuesto que hay proposiciones de la posible representatividad de algunos sectores (sindicatos, movimientos diversos). Pero con todo esto apenas se vislumbra, se anhela. Es decir esos comentarios han expresado de alguna manera las mismas reivindicaciones de transparencia y de representatividad en la Asamblea y en las otras instancias del poder. La pérdida de confianza en los partidos, la crítica de su funcionamiento vertical se expresa en la sobrevaloración de las candidaturas individuales. Pero esto viene a mostrar al mismo tiempo que la crítica de la democracia representativa no se ha llevado a cabo de manera radical. Pues la esencia de la democracia “representativa” no ha desaparecido, no desaparece con candidatos individuales. El pueblo en esta democracia se despoja de su soberanía y la entrega a sus representantes y en los órganos del poder ejecutivo y judicial. Este despojo es el que se pone de manifiesto en el funcionamiento de estas instituciones. Las múltiples declaraciones de Mauricio Funes de que es él, el presidente, quien decide en última instancia, es precisamente la máxima expresión de este despojo de la soberanía popular. Sus declaraciones se han podido interpretar, “el pueblo me ha dado el poder de imponer mi voluntad”. Lo mismo sucede con los diputados y alcaldes que consideran que son los propietarios de sus puestos. Es esta actitud la que ha propiciado la aparición de esos juicios negativos por parte de la población, es esta actitud la que favorece que aparezca el sentimiento que nos encontramos frente a una casta unida, con intereses comunes, sin importar el color político.

Es decir la valoración positiva de las candidaturas individuales expresa todo esto. Pero al mismo tiempo no se observa que estas candidaturas pueden conducir al despedazamiento del movimiento popular, a restarle coherencia a los planteamientos políticos generales, a llevar a una especie de nuevas agrupaciones en torno de intereses particulares. La defensa de intereses locales puede llevar a conflictos que le resten potencia a la manera de encarar los problemas generales, nacionales. ¿Qué puede tener de positivo que surjan líderes regionales? Estos serán tal vez caudillos locales que pueden federarse en torno a algún caudillo “nacional”. Este tipo de caudillos son los que instauran gobiernos personales, modos de gobernar despóticos, dictatoriales.

Pero al mismo tiempo estas discusiones y este entusiasmo por estas candidaturas “independientes” revelan que la manera de nombramiento de los candidatos de los partidos no satisface a la población. Los partidos tienen que tomar en cuenta esto. No creo que a la derecha le importe mucho este sentimiento. ¿Qué pasa con el FMLN? ¿Van a ser capaces de analizar el fondo de lo que esto manifiesta? ¿Van a tomar en cuenta para sus futuras listas de candidatos la necesidad de incluir el aspecto local e inmediato? Por el momento, me permito dudar, espero que los hechos me desmientan.

Todo esto es también el síntoma de una maduración política de la población, de una toma de consciencia de la necesidad de inmiscuirse mayormente en los engranajes políticos, en donde de manera directa se deciden los destinos generales del país, pero también el destino individual, familiar de cada uno de nosotros.