23 julio 2010
Funes, ARENA y ANEP
15 julio 2010
Lecturas sagradas y profanas
02 julio 2010
La violencia en nuestra sociedad
La indignación y la condena han sido unánimes y categóricas. Todos los salvadoreños nos hemos sentido agredidos. Nunca pensamos que actos de esta índole pudieran verse cometidos en nuestro territorio. Todos pensamos que las masacres eran asunto del pasado y que eran el patrimonio de las fuerzas represivas antipopulares. Esta vez el terror nos llega de parte de civiles, de miembros de nuestra sociedad. Claro que esta pertenencia a la colectividad nacional nos cuesta reconocerla y de manera inconciente colocamos a los asesinos afuera de la sociedad. No obstante lo primero que debe penetrar en nuestras conciencias es que esos grupos criminales son también el fruto de nuestra sociedad. Es cierto que podemos bemolizar nuestro juicio y argüir que las “maras” tienen su origen en los Estados Unidos y que el gobierno de ese país con absoluta irresponsabilidad y con total desprecio hacia nosotros, desde la firma de los Acuerdos de Chapultepec, inició la expulsión hacia nuestro país de criminales y miembros de esas organizaciones sin advertir convenientemente a las autoridades salvadoreñas. Esto es lo que siempre se ha alegado.
Sin embargo este hecho por sí solo no explica el desarrollo que ha tenido este fenómeno en nuestro país. Ese tipo de criminalidad ha encontrado en nuestra sociedad, en el tipo de sociedad que padecemos, el terreno propicio para su expansión. No podemos declararnos sorprendidos por la escalada criminal que se ha ido operando ante nuestros ojos. La violencia no es un fenómeno marginal en nuestra sociedad.
Violencia contra la violencia
Ahora mismo, la mayoría de reacciones de políticos, comentaristas, editorialistas, etc. lo primero que han preconizado, es continuar en la escalada de violencia represiva, llegando algunos a proponer la restauración de la pena de muerte. El gobierno en su política continuista propone una variante “mejorada” de las leyes “mano dura” y “superdura” de los gobiernos areneros. El aumento de los años de cárcel ha sido permanente desde hace diez. No hace mucho un criminal fue condenado a 120 años de reclusión. Lo ridículo de esta pena tiene el mismo nivel que la falta de discernimiento de los legisladores. No es la pena la que va a parar el crimen. Toda la sociedad se ha dado cuenta que las leyes represivas no han dado efectos benéficos en la lucha contra la criminalidad. Estas leyes incluso se han considerado como contraproducentes. No obstante la sociedad entera sigue enfrascada en este tipo de “soluciones”. Este empecinamiento de nuestra sociedad implica una ceguera ante la falta de resultados y manifiesta la incapacidad nacional de buscar soluciones que no impliquen la ley de Talión, que no encierren el repugnante rostro de la venganza, soluciones en las que no aparezca la violencia como principal rasgo.
En los primeros meses del gobierno de Mauricio Funes, en un artículo sobre la violencia y la prevención, invité a las autoridades a tener el coraje de reconocer y de anunciarle a la población que era ilusorio esperar resultados prontos e inminentes en la lucha contra la criminalidad. El grado de organización, la intensidad y frecuencia de los crímenes, la ausencia de útiles investigativos, de una PCN con suficientes efectivos y debidamente preparados, volvía imposible obtener la disminución inmediata del número de crímenes, al contrario lo que debíamos esperar, era un recrudecimiento de la criminalidad. Porque era necesario una política que rompiera con la que se había aplicado hasta entonces. Una política que priorizara la prevención, sin olvidar el mejoramiento del combate contra el crimen con la necesaria reestructuración y limpieza de la PCN. La restructuración implicaba, va de suyo, mejor preparación técnica de la investigación y el aumento de los efectivos. Todo esto requiere tiempo y medios.
Pero las autoridades actuales, en vez de hablar claramente con la población, de establecer un diálogo franco con ella, prefirió ceder a las distintas presiones y tomó medidas inmediatistas y demagógicas. El gobierno sacó al Ejército de los cuarteles y le encomendó tareas a las que no está preparado, lo puso de coadjutor policial. En vez de enfrentar con razones el miedo irracional y pasional de la población, atizado éste por la prensa amarillista nacional y los partidos de derecha, que acababan de mostrar su propia incompetencia en la lucha contra la delincuencia, el gobierno ha iniciado una militarización de la función policial, incorporando al Ejército en las cárceles y en las fronteras. De hecho la derecha ya había en gran medida militarizado a la propia policía. Ahora el gobierno de Funes/FMLN para completar el carácter eminentemente represivo de los antimotines ha recurrido a adiestradores franceses de los nefastos CRS (que tienen merecida fama antidemocrática en su propio país). El alegato del ministro de Gobernación efemelenista es digno de un Poniatowski o de un Bonnet, ex ministros franceses del Interior de la peor derecha francesa.
Para que la lucha contra la delincuencia y la criminalidad sea eficaz es también urgente que la Fiscalía asuma sus responsabilidades. Hasta ahora la ineficacia de la Fiscalía es patente y tal vez su dejadez es parte de una estrategia de la peor política de la derecha, que detrás de sus declaraciones indignadas y proposiciones rancias, aspira a poner sobre todo trabas y estorbos al gobierno actual. La derecha tiene como prioridad la reconquista del Ejecutivo, para ello ha puesto varios tizones en el fogón.
Asumir que la violencia surge de la sociedad
Pero una cosa que debemos asumir todos es que la violencia de las pandillas, de los otros delincuentes y traficantes son manifestaciones extremas de una violencia social que envenena nuestras relaciones sociales y que recorre a toda la sociedad salvadoreña. Esta violencia es antigua, profundamente arraigada. Las manifestaciones de esta violencia cotidiana y común son múltiples, van desde el lenguaje coloquial lleno de vulgaridades hasta el maltrato que se le inflinge a los niños y a las mujeres. Este maltrato se ha vuelto invisible, transparente. Los castigos corporales contra los niños, su rango en las relaciones familiares, su desconsideración generalizada, la explotación ultrajante en las calles y algunos talleres son fenómenos permanentes y que casi no llaman la reprobación social. Me estoy refiriendo a la sociedad y no a alguna que otra organización o asociación. Lo mismo podemos afirmar respecto a las mujeres. Las mujeres son el blanco de todos los abusos, ya sean verbales, como atropellos laborales, manoseos incluso en la vía pública. Si me refiero a los niños y mujeres en primer lugar, es porque también esto es lo más visible.
Esta violencia social toma el rostro del autoritarismo que recorre todo el tejido social salvadoreño. No es la primera vez que aludo a este autoritarismo. Se trata de un autoritarismo que hemos heredado desde la Colonia, pero que hemos ido cultivando en nuestra historia con todos los regímenes dictatoriales que se han multiplicado en el país. Estos regímenes han sido violentos, extremadamente violentos. La sociedad misma ante la sistemática violación de sus derechos civiles, libertad de expresión, libertad a secas, pues hubo encarcelamientos arbitrarios, expulsiones del país, torturas, asesinatos, masacres, la sociedad ante todo esto tuvo que recurrir también a la violencia. Se trataba de un derecho, pero era también un recurso extremo, pues la guerra insurreccional trajo indudablemente nuevos niveles de violencia. La guerra de tierra quemada que adoptaron los sucesivos gobiernos bajo el amparo y guía del imperialismo estadounidense dejó como saldo millares de muertos y muchos lisiados. La guerra dejó una ancha herida abierta. Esta herida no se sana con espectáculos presidenciales. La impunidad con que gozan los criminales de guerra es el criadero de la impunidad que gozan y reclaman los criminales de hoy.
La post guerra
La post guerra ha sido una larga mascarada que legalizó el crimen pasado y fue tolerando los crímenes que se cometían en los barrios. Pero ahora agobiados por tanto derramamiento de sangre, por los altos niveles de salvajismo en la ejecución de los asesinatos, la frialdad, la indiferencia de los delincuentes sentimos todos que esto ha llegado a límites intolerables. Pero, ¡cuidado! También podemos acostumbrarnos al horror criminal.
Nos hemos acostumbrado a la violencia institucional de la pobreza y en muchos casos de la miseria. Esta pobreza es criminal. ¿Cuántos niños han muerto por desnutrición en nuestro país? ¿Cuántos por enfermedades crónicas y curables? Hablo de los niños, pero esto se puede extender a las madres, que mueren en partos difíciles por falta de asistencia médica y por desnutrición. Esta pobreza no es una plaga o un fenómeno atmosférico. Esta pobreza es una consecuencia del sistema económico que padecemos. En el que sólo ha contado el interés del capital en detrimento de los hombres y mujeres de nuestro país. ¿Durante cuántas décadas las largas jornadas laborales eran sementeras de muertes prematuras? Los salarios de miseria producían una permanente hambruna. Este panorama no cambia, no ha cambiado. Los gobiernos con toda su fuerza bruta represiva, con toda su violencia, siempre han defendido y servido los intereses de las clases dominantes, de las clases que se han aliado siempre a los capitales extranjeros, sobre todo de los Estados Unidos. Estas clases dominantes, la oligarquía y la burguesía siempre han amenazado con dejar al país sin medios, si el gobierno se atreve a tomar medidas en contra de sus intereses, han amenazado abierta o asolapadamente de implementar un golpe de Estado.
Los intereses de la oligarquía requieren obligatoriamente bajos salarios. Ahora sus grandes pensadores tratan de imponer la desaparición del salario mínimo, de alargar las horas laborales. El pacto fiscal que proponen es la reducción de los gastos del Estado.
Nuestro país no puede permitirse disminuir los gastos en la salud pública, pues no da abasto a la penuria en que se encuentra, se urge de un aumento. Nuestro país no puede darse el “lujo” de disminuir el gasto de la educación y de la cultura, lo que urgimos es una profunda reforma y un gigantesco esfuerzo presupuestario para mejorar el sistema de enseñanza pública y de divulgación cultural. Nuestro país no puede reducir los gastos en la seguridad pública, todos vemos que al contrario se urge de un sensible aumento en ese rubro. Incluso estos no son realmente gastos, sino que verdaderas inversiones en el desarrollo nacional. Pero el país no puede seguir endeudándose.
Los pensamientos que salen del “tanque” de pensadores del patronato suenan huecos. Se han atrevido a proponer que se imponga a los vendedores ambulantes la TVA. La perversidad de esta gente es ingeniosa. Quieren agravar con un peso adicional la precariedad del subempleo y el raquítico poder adquisitivo de la población. La exigencia de disminuir el tren de vida del Estado no es otra cosa que la bulimia desenfrenada del patronato para recibir subvenciones y “ayudas” a la inversión. Esta actitud también es violenta, pues sustenta y justifica un estado de cosas que mantiene a nuestro país sumido en el subdesarrollo. Toda la actitud económica de la oligarquía ha sido parasitaria. Toda la producción de riquezas no ha servido para desarrollar al país, sino para mantener a una casta, que siempre ha vivido en la opulencia. Toda la acumulación de riquezas no sirvió para diversificar y modernizar la agricultura, ni mucho menos para crear las bases de una industrialización nacional.
Combatir y prevenir
No puedo dirigirme a los gobernantes de hoy, pues han optado por la militarización del país, por confiarle al Ejército un papel social que no le corresponde. El uso del Ejército para estos fines es la continuación de la aplicación de doctrinas de la “seguridad nacional”, pensadas por organismos ideológicos extranjeros y patrocinados por organizaciones ligadas a la CIA. El gobierno ha optado por continuar la labor iniciada por la derecha: el Ejército en las calles es un tramo mayor en la política agresiva del Estado oligárquico. El fracaso mexicano es patente en el uso del Ejército para fines de política interior. Pero la obediencia a los amos vuelve ciegos a los sirvientes.
No puedo dirigirme a los gobernantes de hoy, pues sus opciones no responden en nada a los intereses populares. La política de parches sociales no responde a las urgencias nacionales. Existen medidas que pueden ser el inicio de una política real de seguridad de la población, por ejemplo, el desarme total de la sociedad. Pero esta medida veja intereses privados de los mercaderes de la muerte. El aumento significativo de los efectivos policiales vendría a volver innecesarios las compañías privadas de seguridad. La subsistencia de estas agencias responde también a intereses privados. Se ha creado una comisión o un seminario para que medite sobre la ley de portación de armas, pero ¿por qué tantos remilgos para emitir una ley que puede ser de carácter profiláctico contra el crimen? La proporción de asesinatos cometidos por armas de fuego es enorme.
La restructuración de la policía implica devolverle o darle el carácter civil que los Acuerdos de Paz quisieron imponerle. Esta restructuración implica asimismo que la PCN se vuelva realmente garante de la seguridad y que obtenga la confianza de la población. La presencia policial ahora no es ninguna garantía de seguridad, pues su actitud es siempre prepotente, agresiva y violenta. Esta actitud corresponde a la ideología nacional de las relaciones sociales. El agente policial usa y puede abusar del poder que se le ha delegado. Este uso y abuso de la autoridad conferida es parte de nuestro funcionamiento social. Los maestros en las clases, los directores en las escuelas, el empleado público detrás de su escritorio, etc. practican esta “costumbre” nacional.
Una política preventiva, que por supuesto contiene una amplia franja educativa, no puede estar dirigida exclusivamente a la niñez y a la adolescencia. La violencia, el abuso de la autoridad es común en todas las edades y en todos los medios sociales. Es en el mundo adulto que tenemos que inculcar el respeto por los niños y por nuestras mujeres, el respeto y la aplicación de conductas civilizadas en el trato con los demás.
Es la sociedad que puede imponer las soluciones adecuadas para resolver este problema que tanto nos agobia. Pero para ello es necesario que renunciemos a recurrir exclusivamente a medidas violentas y represivas. Aclaro que el castigo del crimen es una parte de la política de combate contra la inseguridad, pero es necesario que entendamos algo tan sencillo, que el castigo viene siempre después del delito. Lo que nos importa es prevenir, crear las condiciones para su disminución radical y si fuera posible su desaparición. El castigo que viene después de cualquier falta debe contener su lado educativo. El castigo, todo castigo tiene que contener su aspecto preventivo. Es por eso que las cárceles tal cual están actualmente concebidas son sobre todo criaderos del crimen. El simple confinamiento, que se acompaña de un hacinamiento inhumano, debe proscribirse y ser remplazado por confinamientos con prácticas reeducativas.
Pero la medida fundamental es el cambio de estructuras económicas que contribuya a hacer desaparecer la pobreza, la miseria social. La vida precaria a la que están obligados tantos salvadoreños es fuente de incultura, de violencia sufrida y aplicada, de múltiples y profundos sufrimientos. En este mundo que predica a través de la publicidad que la realización personal consiste en el consumo de mercancías, de cualquier mercancía, útil o superflua, la pobreza es la negación de esa falsa realización personal, pero también privación de la real y verdadera realización personal a través de prácticas culturales y civilizadoras. Para ello es necesario cambiar el principio fundamental de la sociedad, el objetivo primordial de nuestras instituciones: mantener, propiciar y aumentar las ganancias privadas.
09 junio 2010
La imagen y la lucha de clases
adquirido definitivamente, fuera un miembro del partido o Mauricio Funes el candidato, mientras que la misma franja aludida de la población seguiría reacia hacia el FMLN. Un rasgo primordial era que Funes aparecía ante la opinión como un “moderado”, políticamente hablando.Entre las personas que me arguyeron de esta manera hay miembros del FMLN, otros fueron miembros del FMLN y que siguen simpatizando y apoyando su política. Algunos eran simples simpatizantes. Todas estas personas saben perfectamente que no me convencieron. Nunca estuve de acuerdo con la candidatura de Mauricio Funes bajo la bandera del FMLN. Por cuestiones de principio, en ningún caso por razones personales. La primera es que la lucha ideológica para ganar a las posiciones efemelenistas de las capas medias, no residía en plegarse a cuestiones de imagen, sino en el conjunto de argumentos que se debe presentarle a la población para convencerla de lo justo y necesario en la transformación de la sociedad capitalista. Les insistí que no ignoraba que este último camino era mucho más arduo y más difícil que ceder a aspectos electoralistas.
Al ceder ideológicamente en este tipo de cuestiones, inevitablemente uno se encamina a nuevos abandonos y en cuestiones más profundas. Creo que honestamente nadie me negará que ahora el FMLN no reivindica más el retorno a la moneda nacional, el FMLN ya no exige la abrogación de la Ley de Amnistía, el FMLN ha aceptado definitivamente la presencia en nuestro suelo de una base militar extranjera (Comalapa) y el FMLN se ha olvidado de sus posiciones en contra de la ILEA. Esta pequeña lista de abandonos está íntimamente ligada a la candidatura de Mauricio Funes y su actual presencia en el puesto de presidente de la República. Estoy persuadido de que pronto vendrán a sumarse nuevos y aún más profundos abandonos, a no ser que ya se hayan producido, como es por ejemplo enunciar el socialismo en tanto que fin del partido. Digo esto, pues desde hace tiempo el marxismo ha dejado de ser una referencia del FMLN.
Volviendo al tema aclaro de pasada que en aquellos momentos, nadie me habló que se trataba de una alianza. Incluso he sido uno de los primeros en traer sobre el tapete el término, pero lo hice para manifestar mi asombro de ver a un partido político aliarse con un solo individuo. Entonces aún no existía el movimiento “los amigos de Funes”. De todas maneras, cuando apareció este movimiento muchos miembros del FMLN manifestaron sus prevenciones respecto a este grupo y algunos vieron en él las primicias de un nuevo partido. La segunda fase acaba de aparecer, “Movimiento de amigos del cambio”, pero ahora ya no hay prevenciones. Se acepta ya como un posible “aliado”. Traigo esto a colación para señalar que la dirección del FMLN dice no ser el único partido o componente político en el poder. ¿Se han dado cuenta que no mencionan con todas sus letras a las fuerzas políticas con las que están aliadas en el Ejecutivo? No creo que se refieran al CD, tampoco al difunto “amigos de Funes”. ¿A qué fuerzas políticas se refieren? Por supuesto que una fuerza es Funes mismo. Pero ¿gracias a quién Mauricio Funes se ha convertido en fuerza política? ¿Quién ha convertido en fuerza política al grupo de personas que rodea al presidente?
Vuelvo ahora a otra cuestión de principio: tal cual me explicaban mis amigos del FMLN la candidatura de Mauricio Funes, esta servía de alguna manera de carnada para la clase media y que en última instancia lo que contaba era la política “socialista” que se llevaría adelante. No creo que esto me lo dijeron solamente a mí. Este fue incluso un tema recurrente antes de la nominación de Funes como candidato, aunque su candidatura estaba ya planteada. Recuerden ahora que Arturo Sablah tuvo intenciones de proponer su propia candidatura al FLMN. Un dirigente dijo entonces que se analizarían todas las candidaturas. Aunque para nadie es un secreto, ni lo fue entonces, que la única contemplada seriamente fue la de Mauricio Funes y por la que se llegó hasta cambiar los estatutos.
Mi posición ha sido siempre la misma: decir la verdad. No se puede ocultar cuáles son las profundas intenciones políticas de un partido revolucionario, no se puede dar a nadie como carnada para que la gente muerda en el anzuelo de mis programas. Si se es revolucionario se convence, se concientiza, se instruye a la gente, no se le engaña. Fue con este tipo de argumentos que la actual dirección convenció a sus propias bases para que aceptaran a Mauricio Funes como su candidato, que aceptaran los cambios estatutarios.
Pero estos a amigos a los que me refiero, me afirmaban tajantemente que en las filas del FMLN no había nadie, ni una sola persona que pudiera presentarse a la candidatura presidencial. Aludían claramente a su imagen mediática, pero desgraciadamente no era el único motivo. Se trataba también de la capacidad a gobernar, a administrar. Esto siempre me sorprendió. Pues Mauricio Funes hasta ese momento no había dado ninguna prueba de su capacidad de administrador de la cosa pública. Mientras que en el partido ya se administraban municipalidades. Pero en esto había otro aspecto ideológico mayor, la burguesía mistifica su capacidad a dirigir la sociedad. No solamente en lo que concierne los negocios, sino también los asuntos públicos. Este tema lo desarrollan incluso en estos momentos, respecto a los que se encargan de los aspectos de seguridad en el actual gobierno. No obstante parecen absolutamente desmemoriados y no se acuerdan que son ellos quienes estuvieron durante veinte años dirigiendo la cosa pública con los resultados que todos conocemos. En lo que concierne a la seguridad, con su inepcia, con su falta de capacidad, con sus leyes y otras acciones no sólo permitieron que la criminalidad creciera constantemente, sino que también echara profundas raíces en nuestra sociedad.
Pero esta pretendida capacidad natural de las clases dirigentes a gobernar, a administrar se desmiente a cada paso. Nuestro país está hundido en un sinnúmero de dificultades, que no han aparecido en este año: el enorme desempleo estructural, la miseria de nuestras instituciones escolares, culturales y sociales. La situación de nuestro subdesarrollo es el resultado de su incapacidad. Es cierto que además es necesario agregar que esta incapacidad se ha acoplado siempre con la celosa defensa de sus intereses de clase. Es en esto donde toda su capacidad administrativa ha demostrado toda su eficacia.
Esto lo digo por la insistencia que demostraban muchos miembros del FMLN de entretener respecto a su propio partido, la mistificación propagada por la burguesía. Pero al mismo tiempo, todo esto se resumía en una visión táctica, llegar al Ejecutivo y a partir de ahí empezar a sentar las bases de la futura sociedad. Se trata de realizar la revolución a partir del poder. Incluso ahora que sienten que Mauricio Funes se les ha escapado del dominio deseado, piensan que se trata de una transición, de un momento necesario, para hacer la demostración de la necesidad de elegir a un presidente miembro del FMLN y de darle al partido una mayoría en la Asamblea. Esta pedagogía nos está saliendo muy cara y nos puede salir aún más cara todavía.
Pues el pueblo rápidamente puede llegar a la conclusión de que si se trata de llevar a cabo una política de derecha, pues lo mejor es darle el poder a los partidos de derecha. Esto ha sucedido en otros países, el más reciente es Chile y su tan alabada presidenta.
La derecha se ha envalentonado con la situación actual y siguiendo con su labor destructora propone aumentar hasta diez horas la jornada laboral. ¿Cómo ha sido posible llegar a esto? El patronato siempre ha deseado alargar hasta el extremo la jornada de trabajo, disminuir al extremo los salarios. La lucha de clases en su máximo despliegue. Pero como el gobierno de Funes, que el FMLN reivindica con ahínco como suyo, no da claras señales de haber optado por los pobres, al contrario se pone al servicio de los intereses oligárquicos, los partidos de derecha piensan que puede llevar un ataque frontal contra las clases trabajadoras. Se trata precisamente de un retroceso civilizador. Los patrones podrán disponer de la fuerza de trabajo durante dos horas más, sin aumento de salario (las horas extras ya no serían pagadas) y sin que los trabajadores puedan negarse a hacerlo. El patronato y los partidos que lo representan en la Asamblea, van a argüir: la crisis y la competividad de “nuestra” economía. Esto significa la capacidad de obtener mayores beneficios y agravar las condiciones de vida de los trabajadores. Es de esta manera que el capitalismo trata a las personas, aumentando la alienación. El capitalismo es incapaz de ofrecerle a las personas humanas más tiempo libre y posibilidades de esparcimiento.
En estos momentos muchos trabajadores (me refiero a ambos sexos) salen de sus casas sin poder ver a sus hijos, sin poder participar en la educación de sus hijos, ¿se imaginan que pasará en estas familias que los padres volverán a sus hogares, cuando toda la familia esté ya dormida? ¿Qué vida privada puede tener una persona que la agotan durante diez horas? No, el capitalismo es destructor de civilización. Los iniciales momentos del triunfo de la burguesía que se presentaba como la portadora del progreso han quedado en el olvido, muy atrás. Ahora hasta el progreso se ha vuelto sospechoso.
Me gustaría saber ¿cómo explican mis amigos este hecho, que a un año del gobierno de Funes y del FMLN, los partidos burgueses se permitan presentar un proyecto que agrava de manera radical las condiciones de vida de los trabajadores y que constituye un retroceso social de gran importancia? Por lo visto la lucha ideológica desde el poder, desde el Ejecutivo ha fracasado. La lucha ideológica hay que llevarla en toda la sociedad a partir de la actividad revolucionaria de las bases del partido. Esto se realiza con ideas nuevas, con proposiciones audaces de progreso, de avances sociales y la lucha social por alcanzarlas. Espero por lo menos que no llamen desde el gobierno a los trabajadores a hacer un sacrificio en aras de la “unidad nacional”.
Esto nos permite ver con claridad meridiana que existen intereses antagónicos entre el patronato y los asalariados. El aumento del tiempo de trabajo va dirigido a conseguir mayor plusvalía, sin importarles a los patrones la vida privada de los trabajadores, sin importarles su salud, ni el equilibrio de las familias.
02 junio 2010
Cuestiones de socialismo
Difícilmente podrán comprender los que se han acostumbrado a realizar el análisis superficial de las intrigas parlamentarias, del juego de declaraciones, de alianzas efímeras y circunstanciales, a los que tratan de alejarse de la creencia bastante pueril de que el destino del país y de las clases trabajadoras está en manos de un grupo muy restringido de personas, que precisamente se ocupan de esas mismas intrigas, que hacen esas declaraciones, que ligan esas alianzas. Todas estas acciones forman parte de un ejercicio politiquero que hasta ahora se ha impuesto en la opinión general como el fundamento de la política. Sin embargo lo que cuenta realmente en la vida real de la gente está determinando por el tipo de decisiones que se toman en la gestión de los asuntos económicos del país.
Es cierto que la fuerza del Estado puede de alguna manera interferir en el reparto de la riqueza nacional. Esta posibilidad existe, pero como siempre los posibles necesitan que la voluntad de las fuerzas políticas implicadas los conviertan en realidades. Por el momento el Estado salvadoreño sigue al servicio de los que poseen los medios de producción y de cambio, que son realmente los que gobiernan los destinos del país.
Esta situación es la que ha existido desde el siglo antepasado. Este régimen tiene un nombre que todos conocemos, se llama capitalismo. Es este sistema que ha sido incapaz de satisfacer las más urgentes necesidades de la población. Es este sistema económico el que nos mantiene en el subdesarrollo y dependiendo de potencias extranjeras. Esta dependencia no es solamente económica, sino que también cultural y social. Es este sistema el que ha entrado en crisis casi permanente desde hace algunas décadas en el mundo. Las continuas crisis bursátiles y financieras son momentos de exacerbación del disfuncionamiento del modo de producción capitalista.
La salida del capitalismo está planteada mundialmente. Esta última afirmación suena falsa, para muchos tal vez exagerada o sin sentido. Sobre todo para quienes, por la enorme capacidad que ha manifestado el capitalismo de sobrepasar sus propias crisis, se han convencido de su eternidad. No obstante lo que vuelve hasta cierto punto irrealista la afirmación en cuestión, es que no existen, en los países dominantes, organizaciones políticas populares, ni planteamientos políticos alternativos que tengan la suficiente fuerza para arrastrar a las clases trabajadoras.
No obstante el mismo funcionamiento del capital está mostrando la salida, cada vez se muestra con toda evidencia la incompatibilidad del sistema capitalista con el futuro de la humanidad. Es el capitalismo el que crea y mantiene la catastrófica situación de África, Asia y América Latina. Los millones de niños que mueren a corta edad es el resultado del despilfarro de capitales y de riquezas. En estos momentos la humanidad puede combatir epidemias y estas no son extirpadas, porque hacerlo implica abandonar el criterio que rige la existencia misma del sistema, la búsqueda de beneficios. Resolver los grandes problemas que enfrenta la humanidad, como la creciente destrucción del medio ambiente, contradice ese mismo principio, contradice los intereses del capital.
Todos hemos sido testigos de cómo los grandes Estados capitalistas acudieron solícitos a transferir a las compañías privadas de la finanza, bancos y sociedades de seguros, enormes cantidades de capitales públicos. Esta transferencia de miles de millones de dólares (millardos) no ha venido a colmar la famosa sed del oro de los banqueros. Si estos millardos hubiesen sido usados, por ejemplo, para pagar las hipotecas de los miles de familias estadounidenses, ¿acaso no se hubieran saneado las famosas “acciones basura”? Pero sobre todo se hubiera hecho la demostración de que los dineros públicos pueden usarse también en beneficio de los pobres. Los países europeos acaban de decidir préstamos (175 millardos) al gobierno de Grecia para que pueda soldar parte de su deuda financiera exterior. Este dinero va caer en las voraces fauces sin fondo de los bancos. Ni un solo centavo será usado para el desarrollo económico de Grecia, ni una sola escuela, ni una sola clínica, ni una sola fábrica, nada de eso va a aparecer en Grecia gracias a ese dinero. Al contrario se le impone a Grecia un plan de austeridad, hundiendo en mayor pobreza a las clases trabajadoras. La cólera de los trabajadores griegos es más que justificada.
La experiencia cotidiana de la explotación
Es cierto que los salvadoreños no son marxistas, como hace algunas semanas lo escribiera un editorialista de El Diario de Hoy, tampoco sabe que es el socialismo, como acaba de afirmarlo Mauricio Funes. Estas dos afirmaciones son ciertas. Pero son verdades a medias. Pues si los salvadoreños no son marxistas, viven y sufren los estragos del capitalismo, saben perfectamente qué es la explotación capitalista, la sufren en carne propia. Saben perfectamente que aumentar las ganancias capitalistas significa mantener bajos los salarios y si es posible bajarlos más, que es lo que sucede con el encarecimiento de la vida, con la pérdida del poder adquisitivo de los trabajadores. Cada vez cuesta más restablecer las fuerzas de trabajo, la salud de los trabajadores. Las familias salvadoreñas viven en su gran mayoría angustiadas por el día de mañana, muchas son las madres que no saben si podrán sustentar a sus hijos, vestirlos convenientemente (los uniformes gratis no bastan para ello), comprarles libros, llevarlos a espectáculos, darle un esparcimiento necesario para el desarrollo y florecimiento de su personalidad. Para poderles dar todo esto es necesario salarios dignos de ese nombre.
Aunque aparezca exagerado, quien determina el modo de vestirse de la gente, el espacio de vivienda, el modo de transporte, la cantidad y la calidad de la comida y hasta los gustos de la mayoría de la gente, son aquellos que tienen la potestad de determinar el monto del salario de los trabajadores. Porque por mucho esfuerzo que hagamos, el buen gusto se puede cultivar solamente si se tienen los medios para hacerlo. La mayoría de salvadoreños (no sólo de salvadoreños) no tienen la posibilidad de elegir entre una representación teatral o el siguiente episodio de la serie televisiva. Estas series que nos educan, que nos imponen modelos extraños, que nos presentan una vida irreal y fantasmática, también nos apresan en modelos narrativos repetitivos y recurrentes, nos mastican la interpretación de intrigas superficiales. Es también a través de estas series que la mayoría de salvadoreños incorpora una cultura extranjera, un modo de vida de propaganda y al mismo tiempo son asimismo el canal por donde circulan los temas de dominación ideológica del imperialismo.
Es cierto que los salvadoreños en general no saben qué es el socialismo. Pero tampoco conocen, en su inmensa mayoría, incluyendo al mismo presidente Mauricio Funes, las matemáticas superiores, pero ¿dejan de existir por ello? Tampoco saben como funcionan los celulares con los que comunican, pero esta ignorancia no vuelve fantasmales los mecanismos. De la misma manera, la ignorancia de los salvadoreños del socialismo, aunque el presidente le añada del “siglo XXI”, aprovechándose de la campaña diabolizadora de los medios nacionales e internacionales contra el gobierno de Venezuela, no lo vuelve ni imposible, ni irrealista, ni utopía. Las políticas alternativas al neoliberalismo que se ponen en práctica en los países de América del Sur todavía no constituyen en el fondo el socialismo. Sin embargo se trata de una búsqueda de salir de la dominación imperialista, de resolver los problemas de sus países conduciendo una gestión diferente de la que acostumbran los gobiernos de derecha y que durante décadas nos han impuesto las agencias financieras del imperialismo.
El presidente Mauricio Funes lo anunció durante la campaña y no pierde la oportunidad de repetirlo, su gobierno no va a construir el socialismo, ni va a adherir al ALBA. Este mensaje sobre la no construcción del socialismo tiene dos destinatarios, los que votaron por él siguiendo las consignas del FMLN y las clases dominantes, nacionales e internacionales. La oligarquía nacional se hace la sorda y sigue reclamando que el presidente se defina, que dé signos claros del rumbo que intenta seguir. En los Estados Unidos posiblemente hayan entendido mejor el mensaje de nuestro presidente. Los electores del FMLN aceptaron el mensaje, pero esperaron que el gobierno por lo menos iba a iniciar los cambios urgentes para aliviar en algo la vida cotidiana de la gente. Esto lo siguen esperando, pero la desilusión agiganta sus pasos. En resumen, las declaraciones de Funes a este respecto significan que su gobierno seguirá fiel a los dogmas capitalistas.
Pero las declaraciones presidenciales de que su gobierno no va a construir el socialismo encierra, a sabiendas o no, una gran verdad: el socialismo no se construye a partir de ningún gobierno, no es algo que se le concede al pueblo, sino que es la obra misma de la gente. La construcción del socialismo debe ser una obra consciente y activa de los trabajadores, sin su participación es imposible emprender este largo proceso de superación de la sociedad clasista dominada por el capital.
Hay personas que exigen definiciones del socialismo. Es normal que lo hagan, porque consideran que el socialismo debe regirse por una fórmula preconcebida, como si existiera en alguna parte etérea del Universo una Idea del socialismo a la que hay que someter a la realidad. Marx y Engels nos han enseñado a superar el idealismo hegeliano. No, no existe en ninguna parte una definición fija e inamovible del socialismo. No, no hay en ninguna parte la Idea hegeliana de socialismo, no hay fórmulas mágicas. Se trata de un proceso que emprenden los pueblos dentro del marco nacional, pues por el momento siguen existiendo los Estados nacionales y este proceso, difícil y tortuoso, se va amoldando a la realidad nacional, a las tradiciones específicas de cada pueblo.
No, no existen modelos de socialismo. Esta creencia dominó todo el siglo XX. Si existe algo común en el socialismo del “siglo XXI” es justamente el abandono de esa creencia de que existe un modelo único de socialismo.
Un partido político de un nuevo tipo
No obstante para poder emprender este proceso es necesario que exista un partido político, una fuerza política que tenga la voluntad de iniciarlo. La superación del capitalismo implica que desaparezcan una a una todas las alienaciones que sufren los asalariados. Este es un proceso que tiene lugar en las cabezas de todos y en las prácticas sociales. Estas prácticas consisten en incorporar a todos los ciudadanos en las decisiones a tomar, en la participación consciente y activa en la resolución de los problemas que se vayan planteando. Para esto es necesario la formación de todos, elevar su nivel de consciencia y de formación. Para ello es necesario compartir todas la información necesaria y todos los conocimientos que se requieran.
Como se ve, para que esto pueda suceder se necesita de un partido político de un nuevo tipo. Un partido que introduzca en su funcionamiento mismo como un principio fundamental la deliberación colectiva de los lineamientos del partido, en otras palabras, la necesidad de llevar a cabo congresos, en los cuales la base pueda definir y apoderarse de su propia política partidista y aprenda a analizar la realidad, a elaborar conjuntamente soluciones y resoluciones. Son los congresos la cima del partido. Pero hasta ahora el FMLN no ha tenido congresos, casi todas las decisiones son tomadas por la dirección y las conferencias nacionales tienen como única función la ratificación de la voluntad de los dirigentes. Este funcionamiento impide que los miembros del partido puedan ser dirigentes autónomos y conscientes de los trabajadores. El funcionamiento centralizado y verticalista coarta irremediablemente la iniciativa de los miembros de base del partido. Pero no se crea que esto sucede solamente en el FMLN, este modo de funcionamiento es común a los partidos de la derecha nacional. Ellos tienen también ese funcionamiento autoritario y verticalista. Los miembros de base son meros ejecutantes de la voluntad ajena. Pero si esto puede ser admisible en los partidos de derecha que buscan perpetuar el régimen capitalista, esto es incompatible con el partido revolucionario que busca la transformación profunda de la sociedad.
Lo vuelvo a plantear ahora ya sin muchos ambages . Me pregunto sinceramente ¿el FMLN actual, bajo la dirección actual es capaz de transformarse? ¿Es capaz de cambiar de funcionamiento? ¿Puede volver a retomar los principios revolucionarios? ¿Podrán los actuales dirigentes retornar al materialismo histórico, a la dialéctica marxista? Mis preguntas no son antojadizas. Me parecen que tocan el fondo del problema actual que enfrentamos en esta coyuntura.
El fin fundamental del partido revolucionario es transformar la sociedad, para ello es necesario organizar a la gente con ese fin, crear la consciencia necesaria. Los dirigentes del FMLN se propusieron como fin primordial la “toma del poder”. Para ellos se trataba de llegar al ejecutivo a como diera. Es por ello que no les importó llevar a un candidato que no compartía los planteamientos de su partido, que había declarado explícitamente que no aplicaría el programa del FMLN. Tal vez pensaron que bastaba con la adhesión al partido del candidato. Pero faltos de discernimiento no quisieron escuchar las declaraciones claras, sinceras de Funes de que adhería al FMLN únicamente para cumplir con un requisito constitucional.
La actitud actual de los dirigentes del FMLN es totalmente desconcertante. No estoy sugiriendo que tengan obligatoriamente que romper con Mauricio Funes, ni mucho menos retirar a los ministros del gobierno. Esto lo pide la derecha, ya empezó a reclamárselo al presidente. Pero la situación no es clara para la gente. Los salvadoreños siguen esperando las medidas que muestren reales signos del cambio prometido. Los salvadoreños no están reclamando la construcción del socialismo a partir del gobierno. El pueblo salvadoreño apenas espera que se aumente los salarios de los trabajadores, que se termine con la corrupción, que se haga justicia, que se castigue a los ladrones que se enriquecieron en el ejercicio del poder. Los salvadoreños también reclaman el retorno a una moneda nacional, son partidarios de abrogar la ignominiosa Ley de Amnistía. A los asalariados les gustaría nuevas leyes que les den nuevos derechos laborales y sindicales. Los salvadoreños reclaman mejor gestión de los servicios de salud, de que se mejore sensiblemente las instituciones de la enseñanza pública, que se les garantice mayor seguridad.
Pero hasta ahora no se ven señales de que el presidente tenga intenciones de cumplir, sus declaraciones van hacia otra dirección. El presidente apoya al gobierno represor de Honduras, salido del golpe de Estado. El FMLN no critica abiertamente, prefiere el silencio. El presidente se opone a un decreto justo respecto a la estafa de la renta telefónica, votado en la Asamblea y la dirección “comprende” la posición presidencial, aunque no la “comparte”. El presidente ejerce su función de manera autócrata, los dirigentes del FMLN agachan la cabeza y callan. Abundan las discordancias. Estas son visibles a simple vista. El presidente crea su propio movimiento con fines y propósitos personales. Dirigentes del FMLN declaran que el presidente tiene derecho a hacerlo. Pero esto viene a contradecir sus precedentes declaraciones de su no compromiso con una organización partidaria. Llega hasta dar como gesto de garantía de su compromiso con su Movimiento, el hecho de que vestirá los colores del Movimiento y claramente se refiere a su negativa de vestir los colores de “su” partido. Sánchez Cerén declara que el FMLN buscará aliarse con el Movimiento, de que se alegra de su creación. ¿Se trata esto de un fino análisis del significado político de la creación de este Movimiento? ¿Los dirigentes del FMLN son capaces de efectuar un análisis político de lo que está pasando?
El presidente ha declarado públicamente que motus propio acudió a los partidos de derecha para que le ayudaran para que en la Asamblea no se superaran sus observaciones al nuevo decreto sobre el RPNP. El FMLN continua hablando de presiones de la derecha.
La obligación de la dirección del FMLN es aclarar esta situación confusa. Hasta ahora nos dan la penosa impresión de que son incapaces de hacerlo, que se limitan a pronunciar declaraciones “amables”, “tácticas”. Pero como la presencia de Funes en el puesto de presidente de la República nos ha mostrado de que los dirigentes del FMLN no son finos tácticos, ni estrategas, temo francamente que el navío siga a la deriva.
Para poder decidir es menester saber
Algunos dirigentes del FMLN han señalado de que será el pueblo mismo quien decida de cuando se construirá el socialismo. Esta formulación es en el fondo una coartada “táctica”. ¿Qué significa? En primer lugar, que se va a proceder democráticamente, es el pueblo soberano quien va a decidir. Perfecto. No obstante no señalan como se tomará esa decisión, ¿por un voto legislativo? ¿Por referendo? Este silencio muestra simplemente que no se ha meditado profundamente que significa que el pueblo va a decidir cuando se construirá el socialismo. Pero hay otro aspecto, esto conlleva dos errores teóricos: el primero, se pretende que la construcción del socialismo va a tener un momento decisional de arranque y el segundo, que a partir de ese momento se comenzará a aplicar medidas estatales de transformación. Esta visión lleva oculta una visión esquemática, antidialéctica. El socialismo se limita a medidas económicas gubernamentales y de nuevo se restringe o se evacua la actividad consciente de los trabajadores. Pero el socialismo no es una serie de medidas económicas gubernamentales.
La particularidad de nuestro tiempo es que el capitalismo muestra cada vez más su incapacidad de resolver los problemas de la gente. Al contrario cada vez aparece claramente que la gestión capitalista, la búsqueda desenfrenada de beneficios sigue creando problemas a la humanidad. Un ejemplo actual, la contaminación de las aguas del Golfo de México por el petróleo, que producirá la desaparición de una enorme parte de la fauna y flora marítima. Esto va a crear nuevos desequilibrios ecológicos. Es evidente que accidentes de este tipo pueden ocurrir en cualquier momento, no obstante lo que se plantea aquí es que los accionistas de la BP nunca pensaron en prevenir este tipo de catástrofe.
En nuestro país también estamos sufriendo las consecuencias de una catástrofe, la tormenta tropical “Agatha” que ha inundado amplias zonas del país, produciendo víctimas humanas y pérdidas materiales. En los efectos de esta tormenta hay que buscar obligatoriamente que es lo que corresponde a las estructuras mismas de lo sociedad. La deforestación, la falta de un plan de prevención (esto no se construye en un año), la ausencia de infraestructuras de evacuación y canalización del agua, etc. Los sucesivos gobiernos han preferido la transferencia de capitales a la empresa privada que emprender servicios públicos y sociales.
El estado general de los servicios es deficiente en el país. Las estructuras médicas y de asistencia sanitaria se encuentran en un estado deplorable. Durante años los sindicatos de trabajadores de la salud, asociaciones diversas de usuarios han alertado sobre este estado de cosas. No obstante la población en general que ha sido víctima directa de este disfuncionamiento, también ha sido incapaz de exigir de los gobiernos sucesivos un servicio público digno de ese nombre. La toma de consciencia pública de la necesidad de construir en todo el país un servicio médico general forma parte del proceso de la construcción de otro tipo de sociedad.
La toma de consciencia implica también prácticas sociales distintas. No se puede considerar que los servicios médicos y hospitalarios nacionales pertenecen exclusivamente al Estado. Es cierto que se trata de un servicio que ofrece el Estado, pero la tarea es convertir estos servicios en propiedad real y directa de todos. Es necesario que se adquiera la convicción de que cualquier desperdicio de recursos, se trata de nuestro dinero y que eso implica pérdidas en el bienestar general de la población.
Una actitud diferente, una implicación directa de la población en cada uno de los sectores que prestan servicios, indudablemente traería substanciales mejoras. Pero al mismo tiempo ganaría terreno la idea que buscar soluciones comunes, desinteresadas produce una efectividad social mayor. Es este el criterio general que debe regir la conducta de la población, buscar la eficacia social en todos los terrenos. Se trata de un largo aprendizaje, de una toma de consciencia ardua , a la que no estamos acostumbrados, pues la ideología dominante nos impone el individualismo, nos impone criterios de consumidores. Esto tiene como efecto tratar todo desde el punto de vista mercantilista, las relaciones humanas se reducen a un deshumanizante “compra-venta”.
Contra todas las alienaciones es necesario crear prácticas sociales de reapropiación colectiva. Estas prácticas no se decretan, sino que se inculcan, a través de la educación, a través de la puesta en común de ideas, de procedimientos, de informaciones y de conocimientos. Es decir se trata de salir del campo politiquero y llevar la política al seno del pueblo como principal agente. Se trata también de una nueva concepción de la política. Es necesario que la práctica política nueva, de reapropiación colectiva de los espacios públicos, de los servicios comunes (transportes, escuelas, hospitales, telecomunicaciones, etc.) tome fuerza y que en base de esta nueva consciencia y de estas conquistas se pueda iluminar de otra manera los procesos electorales.
Se trata de un largo y complicado proceso. Pero vale la pena emprenderlo, pues es el único que nos garantiza la extensión ilimitada de la democracia, pues el poder ya no está depositado exclusivamente en las instancias estatales, sino que diluido en la sociedad. Y por otro lado solamente la participación constante de la gente en defensa de sus intereses, tanto individuales, como colectivos, puede preservarnos de derivas autoritarias. La participación es una garantía de la efectividad de las decisiones tomadas. Porque además se trata también de emprender siempre el control popular de lo que se ha decidido, luego de las necesarias deliberaciones.
23 mayo 2010
La línea divisoria
La situación política en El Salvador es compleja. No obstante la complejidad no reside en que no podamos distinguir claramente el espectro clasista de las fuerzas en presencia. La complejidad ha aparecido en la escena política a raíz de que el sufragio diferenciado entre las elecciones legislativas y las presidenciales no ha permitido definir claramente una mayoría presidencial. Es esta circunstancia que ha propiciado la aparición en algunas votaciones legislativas de alianzas impensables antes del 2009. La Asamblea sigue siendo de derecha mayoritariamente.
Es esta circunstancia que ha permitido la ambigua actitud de Mauricio Funes. Este hecho ha venido a agregar incertidumbre en el panorama. Es cierto que la derecha ya no tiene todas las riendas en sus manos y que por primera vez en la historia nacional un presidente con un programa de izquierda, sostenido por un partido de izquierda ha accedido al poder ejecutivo.
El resultado de las elecciones imponía a las fuerzas de izquierda tener claros los objetivos a alcanzar, medir exactamente que era posible y que tenía que esperar. Pero incluso lo posible no iba a ser, no podía ser una cosa que iba a ser admitida por la derecha de manera automática, para obtener esos objetivos se imponía crear condiciones favorables a través de la movilización popular.
El candidato no presentó nunca un plan de gobierno, un calendario de medidas, sus prioridades. El FMLN tampoco ha presentado dentro de su programa las reformas que le parecen urgentes, indispensables o inaplazables. En este sentido podemos afirmar que el derrotero es totalmente incierto.
Es dentro de este marco general que Mauricio Funes ha optado por definirse independiente del partido que lo llevó al ejecutivo, que le ha permitido declararse presidente de “todos los salvadoreños”, incluyendo en este “todos” a la oligarquía nacional. Es este marco que le ha permitido pasar todo el primer año sin emprender una medida realmente innovadora y en claro beneficio por las clases necesitadas. Siguiendo el ejemplo del ex presidente Saca, con pitos y flautas, entrega títulos de propiedad de parcelas a campesinos o terrenos en las márgenes urbanas a los ocupantes. El hecho de que estas entregas sean cuantitativamente superiores a lo que hacía Saca, no le confiere una calidad distinta a esta medida. Estos títulos de propiedad serán temporarios de hecho, pues quienes los reciben no tienen medios para hacerlos fructificar. El presidente lo sabe y les pide a los campesinos que no vendan esos terrenos, que los conserven. Lo mismo se puede decir de las medidas que desde el Ministerio de Educación ha promovido Sánchez Cerén. Por supuesto que estas medidas alivian el bolsillo de las familias populares. Pero la medida que con tanto ahínco y perseverancia exigían los dirigentes del FMLN: el substancial aumento del salario mínimo parece olvidada y reposa en el fondo muerto de la gaveta de las promesas olvidadas. ¿Cuántas otras también han sido olvidadas? Algunas podemos afirmar que han sido abandonadas, como volver a la moneda nacional, abolir la nefasta “ley de amnistía”.
Los episodios legislativos de la anulación de las cuotas telefónicas y del nombramiento del presidente del RNPN, que pusieron de manifiesto con mayor amplitud el desacuerdo y la separación entre Funes y el FMLN, no han servido para aclarar el panorama. La actitud de los dirigentes del FMLN que fue de callar y otorgar durante la campaña electoral, cuando el candidato Funes abiertamente se declaraba hostil al socialismo, cuando declaraba sus preferencias ideológicas, etc. se ha vuelto ahora en casi justificación, cuando tratan de hacernos creer que nada los separa del presidente, que nada los divide, que Funes sigue siendo del FMLN. Todo esto forma parte de lo que he llamado complejidad de la situación.
A esto hay que agregarle que el presidente ha decidido crear su propio movimiento con el que pretende perennizarse en el terreno político. Funes está convencido que su movimiento puede acaparar ya medio millón de votos, suponiendo que es válida su aritmética electoral y que los “amigos de Funes” realmente aportaron esos votos para su elección. Creo que no toma en cuenta la dinámica electoral creada por el FMLN y el desgaste político de Saca y de ARENA. No obstante los movimientos políticos que han surgido en la izquierda o en el centro han sido hasta ahora en su gran mayoría desgarramientos del FMLN. Por primera vez surge un nuevo movimiento que puede pretender a cierta aureola de izquierda desde la función misma de la presidencia de la república. Digo cierta aureola de izquierda, pues Mauricio Funes ha dejado claro que sus alianzas pueden ir hacia cualquier borde político.
Los otros movimientos fracasaron, creo que la visibilidad de Funes, mucho mayor que cuando era comentarista, sus aliados económicos, sus potenciales financieros permiten suponer que no se trata de un movimiento efímero y sin importancia. Es un movimiento que aparece en vistas a las próximas elecciones legislativas, que van a dar lugar a todo tipo de transacciones y negociados. Las próximas elecciones van a definir el reparto de votos en la derecha, sobre todo entre ARENA y GANA. Los partidos PCN y PDC posiblemente sean esta vez completamente laminados y desaparezcan. El FMLN va a buscar obtener la mayoría que le permita realizar su política. ¿Cuál va a ser en este cuadro el papel del “Movimiento de amigos del cambio”?
Desde ahora podemos decir que Funes lo ha dicho claramente, este movimiento surge para apoyar su política y sus alianzas pueden ser variables. El presidente en esto ha actuado como si el FMLN no fuera su apoyo político, como si no fuera el partido que lo llevó al poder. El presidente necesita poder elegir quien debe apoyarlo. Quienes piensen que Funes no es capaz de optar por un partido o por los partidos de derecha, pues ya hay suficiente material político para dejar de lado las conjeturas.
Es por eso que debemos volver a la vida real y a partir de ella definir el espectro político nacional. Un partido no puede definirse por sus declaraciones, sino que por sus acciones. La línea divisoria son los intereses de las clases trabajadoras. Es por eso que se vuelve urgente definir la lista de las medidas más urgentes. Es por eso que es necesario que las luchas sociales por el bienestar popular vuelvan a la primera plana e impongan su fuerza irresistible.
No se puede esperar el momento de la campaña electoral, la lucha tiene que ser permanente, es necesario seguir con la denuncia del sistema opresor, hay que mostrar que el sistema ha sido incapaz de resolver los problemas nacionales en todos los aspectos de la vida social. La oligarquía y sus servidores se han negado ceder la más mínima parcela de su poder económico y social. La salud sigue siendo un problema diario para la mayoría de las familias salvadoreñas, el poder adquisitivo es bajo, la alimentación para muchas familias es escasa y de baja calidad, el nivel educativo es deplorable. Esta situación puede cambiar únicamente si se combate abiertamente el poder oligárquico. Para ello es necesario combatir su dominación ideológica, resquebrajar su hegemonía social. Esta labor no se lleva solamente en el hemiciclo legislativo, sino que en las calles, en los barrios, en las puertas de la vecindad. En las empresas, donde es urgente organizar a los trabajadores con un claro contenido de clase. Es necesario elevar el nivel combativo del pueblo y cultivar su consciencia.
20 mayo 2010
Ante un posible naufragio
Ahora el presidente crea y dirige un organismo político, un movimiento que puede entrar en alianzas con otros partidos. El presidente dejó abierta la posibilidad que su movimiento pueda aliarse con los partidos de derecha. Es decir no tiene ninguna preferencia, las alianzas que pueda concluir no dependen de principios, sino que de las próximas coyunturas electorales. Esto ha quedado dicho, esta declaración es un acto político, la creación de ese movimiento no es un antojo, ni el ejercicio simple de un derecho, ni la opción de su libertad como individuo o ciudadano, sino la concreción de una visión estratégica para mantenerse en las esferas del poder sin necesitar ahora que lo apadrine el FMLN.
Por supuesto que esto no es aún una ruptura. El presidente Funes sabe perfectamente que tomar la iniciativa de romper definitivamente con el FMLN perdería la fachada de izquierda con que puede por el momento presumir, tanto nacional como internacionalmente. Tener como aliado al FMLN todavía es una carta ante la derecha nacional y es todavía una tarjeta de visita presentable internacionalmente. Aunque ya en el extranjero muchos se cuestionan sobre su política internacional, sobre todo en el caso Honduras. Seguir gozando del apoyo del FMLN le garantiza también cierto apoyo popular, sin embargo sabe que lo está perdiendo, que su popularidad se está erosionando.
Es por lo mismo que cuando declara que buscó apoyo de los partidos de derecha, agrega apresurado que eso no significa aliarse con la derecha. Estas declaraciones a las que me estoy refiriendo aparecieron en el Co-Latino el 30/04/2010. El presidente Funes está convencido que todos somos atarantados, como la cúpula del FMLN.
Los dirigentes del FMLN entraron a bailar al terreno político burgués, pero no conocen ni los pasos, ni la música. Pero lo peor de todo es que al entrar al baile dejaron afuera los principios que les valió el apoyo popular. Pensaron que ya dominaban las intrigas parlamentarias, que conocían al dedillo el lenguaje de las encerronas, de los pactos. Pero en el panorama nacional el FMLN no puede conseguir aliados organizados en partido afuera del pequeño partido de Dada Herezi. Y este ahora está más cercano a Funes que a su aliado histórico. Tal cual es el panorama político salvadoreño, el FMLN está obligado a fortalecerse, a reunir a todas las fuerzas que se consideren de izquierda.
Al abandonar de hecho sus principios y con ellos la lucha ideológica por conquistar las conciencias a las transformaciones necesarias que nos lleven a otro tipo de sociedad, perdieron también la capacidad de analizar la realidad concreta. La dirigencia del FMLN anda a la deriva y corre el riesgo de llevar al partido a un naufragio catastrófico. En estos momentos ese es el peligro mayor que se presenta ante nosotros. Es esto también lo que está en juego. Mauricio Funes lo sabe perfectamente. Es más, posiblemente sea también lo que puso en el tapete en sus negociaciones en Washington cuando negoció la neutralidad estadounidense en el proceso electoral.
He dicho que la desaparición del FMLN, que su naufragio es el mayor peligro que se presenta ante nosotros. Por el momento, en El Salvador, no existe otra fuerza que pueda suplantar al FMLN, que acoja todo el apoyo popular acumulado durante los años de la guerra, el prestigio que logró obtener al ser el garante de mantener viva las aspiraciones populares por otras condiciones de vida. Es todo esto que lo ha mantenido creciendo hasta las últimas elecciones, es ese bagaje histórico que puede perderse. Son todos estos recursos los que sirvieron para llevar a Mauricio Funes a la presidencia. Pues por mucho que quieran engañarse los “amigos de Funes”, el grueso del voto vino del FMLN. Sin el partido Funes nunca hubiera salido de la televisión.
Tanto el equipo de Funes, como la cúpula del FMLN piensan que el primero que rompa la tácita alianza saldrá perdiendo, pues aparecerá como el responsable del fracaso de la gestión gubernamental. Funes necesita que sea el Frente el primero que rompa, para justificar su abierta alianza con la derecha. El FMLN espera que Funes rompa, que destituya a los ministros, que entregue su renuncia oficial. En este juego es el más taimado el que tiene todas las de ganar. Los del Frente al parecer no han aprendido mucho durante estos años de practicar la política parlamentaria y electorera.
Pero estas consideraciones de quién va a romper primero, son compatibles con el modo de funcionar burgués, con el modo burgués de concebir la política. Pero es incompatible con un partido revolucionario, aunque participe en las contiendas electorales. El partido revolucionario tiene que analizar la realidad con lucidez y rigor y dirigirse con honradez al pueblo. Es decir el FMLN tiene que preguntarse ¿cuál es su objetivo global, qué fines persigue? Esos fines los puede obtener realmente si sigue en un ambiguo teje y maneje con el grupo que rodea a Funes y el mismo Funes. ¿Vale la pena arriesgar toda la herencia pasada por algunas migajas “sociales” que pueda otorgarle al pueblo Mauricio Funes?
Ha pasado un año, no pueden seguir afirmando que hay sectores que marchan bien y otros menos, pero que el balance hasta ahora es positivo. No es ese el sentimiento que manifiesta la gente. No son las medidas tomadas, las que marcan realmente un cambio en el rumbo político del gobierno. No hay nada realmente que indique que la dominación del capital se ha debilitado o se le ha dado mayor fuerza a los trabajadores para que puedan luchar por sus intereses en mejores condiciones. Eso se pudo hacer en un año. Medidas como el aumento sustantivo del salario mínimo, la refundación de un Código del Trabajo que limite el despotismo patronal en las empresas. Bueno, no voy a ponerme a enumerar las cosas que se pudieron realizar sin mucho gasto, sin coste alguno para el gobierno.
Y para aquellos que piensan que estamos pidiendo que todo cambie de la noche a la mañana, que lean atentamente lo escrito. No se trata de eso, ni nadie lo pide. Pero el continuismo de Funes es patente. Y es eso lo que no puedo dejar de combatir y el FMLN ha entrado en complicidad con esta política.
Repetí, en mis artículos durante la campaña, que no existen “hombres providenciales”, que el portador del cambio es el pueblo consciente, activo, que solamente la participación activa y consciente del pueblo puede traer las transformaciones que necesitamos. Esto sigue siendo cierto hoy.
El FMLN está obligado a aportar las respuestas a todas las interrogantes populares. La dirección del Frente tiene la responsabilidad ante el pueblo salvadoreño de preservar el útil, el instrumento de sus luchas. Pero hemos entrado en un momento en que realmente se hace urgente pensar en la necesidad de crear otro partido, otro instrumento de lucha popular. Por el momento la cúpula del FMLN tiene la palabra. La alternativa es muy simple, vuelven a los principios revolucionarios o se van. El pueblo necesita claridad. Y si le echan a pique su instrumento de lucha, sabrá también nombrar a los responsables. La historia no se acaba tampoco con el fin de un partido o con su decadencia.
18 mayo 2010
Casados con la mentira
1. El primero de mayo a pesar de que fue masivo y bastante combativo no marca un cambio radical respecto al gobierno actual. La expectativa es todavía superior al descontento. La gente de izquierda sigue aguardando el cumplimiento de las promesas electorales y sigue considerando que las divergencias entre el presidente y el FMLN no son profundas y que no atañen lo esencial. No obstante la marcha también ha sido testimonio de que hay muchos que están perdiendo paciencia y no creen que se cumplirá con los cambios prometidos, por lo menos que será necesario forzarle la mano al presidente y al mismo partido para que cumplan con lo prometido.
Respecto a esto y a otros sucesos ocurridos la actitud del FMLN sigue siendo poco transparente y sus dirigentes siguen negando la existencia de divergencias con Mauricio Funes. Si surgen fricciones y polémicas las califican de normales. Incluso Medardo González, principal dirigente del Frente, prefiere retractarse de sus antiguas exigencias sobre la ley de Amnistía que contradecir a Funes, prefiere guardar silencio respecto a dejar en paz a los corruptos que exigir justicia. El FMLN está mostrando que se ha quedado sin brújula y se machuca con las aristas de sus contradicciones.
2. Es muy amargo constatar que después de tantos años los responsables del crimen de Roque Dalton puedan pavonearse públicamente, ocupar cargos oficiales, sin que la justicia de nuestro país se digne a emprender las investigaciones necesarias. Nos queda esperar que la demanda de justicia hecha oficial por la familia tenga respuesta positiva de parte de la Fiscalía.
También en esta ocasión Mauricio Funes mostró su falta de tacto y su excesiva vanidad. ¿Cómo puede afirmar que Roque ya no le pertenece a su familia? Con una demagogia rastrera lo declara “propiedad del pueblo” y “esencia de nuestra cultura”, simplemente para ignorar la exigencia de los hijos del poeta.
Roque será propiedad del pueblo cuando sea leído por todos, cuando la política cultural de un futuro gobierno popular despliegue una política de lectura pública digna de ese nombre y en cada pueblo haya un centro de lectura o una biblioteca, cuando se les inculque a los salvadoreños el gusto por la lectura. Pero por el momento no vemos que se estén poniendo las bases necesarias para llegar a estos objetivos.
3. El exministro Manuel Sevilla ha hablado de corrupción. Sobre esto se han expresado muchos comentaristas y hombres políticos. Tal vez sólo el diputado Alvarenga se ha atrevido a retar al comunicador Mauricio Funes a un debate público, dejándole a su cargo la elección de las modalidades del debate. Las acusaciones del exministro sobre las presiones sufridas son graves. Es cierto que en este tipo de casos aportar pruebas de las presiones sufridas es difícil o casi imposible. Esto se no hace por escrito, ni tampoco se graban las conversaciones. Lo que cuenta es la confianza que se tenga en los actores del suceso. Pero el diputado del FMLN dice que puede aportar pruebas durante el debate. Nos toca esperar que el presidente acepte el reto.
Sin embargo el exministro empieza la enumeración de los motivos de su denuncia con algo que aquí mismo, en este blog, he llamado el excesivo presidencialismo de Funes, su centralismo y su estilo de regañón. He dicho que sus ministros no tienen las manos sueltas, no tienen posibilidad de iniciativa, siguen todos bajo la espada de Damocles anunciada desde el primer trimestre del gobierno de Funes, cuando les pidió a todos sus ministros poner a disposición sus cargos y esperar el fallo.
El exministro Sevilla dice “después de casi doce meses de desempeñarme como miembro de su gabinete, encuentro imposible seguir al frente del MAG. Los motivos de mi renuncia son varios y los expongo de manera resumida. Profesionalmente es muy difícil trabajar en un ambiente de poca coordinación y debilidad de liderazgo, especialmente en el área económica. A doce meses de su gestión el Gobierno carece de un plan que detalle como se dará cumplimiento al Programa que dio base a su campaña electoral. Carecemos, por otra parte, de espacios de análisis y discusión indispensables para convertir el Gabinete en un equipo efectivo que le brinde a usted como presidente la asesoría necesaria y el apoyo para gobernar. También encuentro limitante el estilo centralista y poco participativo que el Equipo Presidencial ha adoptado en sus relaciones con el gabinete. Decisiones y recursos se están concentrado en las instancias inmediatas a la Presidencia, debilitando la autoridad y capacidad de los ministerios, restringiendo la iniciativa y creatividad de sus colaboradores del gabinete, e interfiriendo en algunas oportunidades con los esfuerzos por tecnificar las políticas públicas. Esto limita la capacidad de producir los cambios que el país necesita”.
Esto que nos revela el exministro lo sospechábamos, lo habíamos adivinado. Ahora tenemos un testimonio desde adentro del gobierno. Esto significa que no hay gobierno, sino una “pandilla” que ha usurpado el mando del país. Mauricio Funes no ha respondido a esta parte de la renuncia. No creo que lo haga. Pues iniciar alguna explicación lo llevaría más allá de nuevos desplantes, a justificar su incapacidad de gobernar y de rodearse de gente idónea. Las semillitas para el Gana y el PCN es parte del mismo desgobierno. El sistema está descrito en este párrafo que he copiado.
4. La pandilla se quiere volver partido y el presidente sin partido lo lleva a la pila bautismal: “los cheros del cambio”. La farsa del presidente de todos, que llama a la unidad nacional se terminó. Por supuesto que Mauricio Funes tiene derecho a fundar su partido. Pero ya nos previene que sus aliados pueden ser de cualquier lado. Al decir esto ya nos está señalando sus preferencias por la derecha. Lo ha mostrado y demostrado. Al parecer GANA pronto tendrá en sus filas a un ex-presidente y a un presidente en ejercicio.
Ahora le toca al FMLN aclarar su posición. Realmente no puede seguir negando que el rumbo adoptado por Funes se aleja radicalmente de lo poco que se iba a cambiar según las promesas. Ha pasado un año y no hay nada, nada que indique que el gobierno de Funes cumpla con su programa. Las medidas simbólicas sirven de taparrabos, pero no constituyen una política.
Sacar a manifestar a sus militantes por el agravio sufrido en el asunto del RNPN es hasta ridículo frente a los problemas políticos planteados hoy en el país. El desempleo agobia a demasiadas familias, el costo de la vida obliga a la gente a apretarse el cinturón hasta ya no poder, el salario mínimo sigue siendo miserable, la canasta básica se está volviendo un lujo. Es cierto que cuesta reconocer que Funes los derrotó en la lucha por el poder, que desde el inicio toda la estrategia era una mera ilusión. Seguir casados con la mentira es lo peor que le puede ocurrir al FMLN. Tienen que volver a lo fundamental, a sentir con el pueblo sus dolencias, a buscar una salida al país en esta situación. El sistema se resquebraja. Se puede encontrar una salida hacia las transformaciones necesarias. Pero estas transformaciones que tanto necesitamos son por el momento únicamente potenciales, tienen que volverse urgentes en las cabezas de todos y volver una fuerza indomable la voluntad del cambio. El cambio tiene que venir desde la base, desde la actividad democratizadora del pueblo. El capital no puede resolver los problemas sociales, su objetivo no es ese, sino conservarse y crecer. Los trabajadores, todos los trabajadores, tienen que tomar parte en la labor civilizadora que nos transforme a todos.