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12 abril 2010

El hoy siempre se explica por el ayer

Como lo he repetido en varias ocasiones, la guerra civil y su fin negociado, siguen marcando de manera determinante la situación política nacional. Todos sabemos que los problemas socio-económicos, que condicionaron la exacerbación de la lucha popular siguen sin solución. Esto no implica que no haya habido algunos adelantos en las condiciones de vida de ciertas capas de la sociedad, incluso hemos tenido una sensible ampliación de las clases medias. Hasta cierto punto podemos afirmar que ahora existen realmente y que juegan un papel decisivo en el funcionamiento de la sociedad.


Esta determinación de la guerra se manifiesta sobre todo en la correlación de las fuerzas políticas nacionales. No me refiero solamente al reparto de los votos durante las elecciones, que dieron como resultado que el FMLN —que ganó las elecciones presidenciales— no haya obtenido la mayoría en la Asamblea Nacional que le permitiera efectivamente realizar su propia política gubernamental. La derecha sigue siendo mayoritaria en el país, dominando absolutamente todos los órganos del Estado, pero sobre todo su dominación ideológica es aplastante.


Pero esto salta a la vista, no urge ser un gran analista para darse cuenta de ello y de las dificultades políticas del FMLN, resultantes de esta situación. A estas dificultades se ha agregado otra, un problema nuevo: las diferencias evidentes que existen entre el presidente y el partido que lo llevó al poder. Creo que esta última dificultad no resulta de manera clara y evidente de la correlación de fuerzas en el país, ni tampoco es claro, ni evidente que es una consecuencia más de los resultados de la guerra y de su final. Sin embargo es necesario que nos detengamos un momento para ver de qué manera y por qué razones esta situación viene determinada por las mismas que condicionaron la guerra y sus consecuencias.


Antes de esbozar de manera suscinta mis reflexiones sobre este tema, deseo referirme a algo que puede llegar a ser una muletilla explicativa de lo que está pasando en el país. Esta muletilla explicativa ya empezó a funcionar, se trata de explicar la actitud del presidente por las inherentes dificultades de gobernar a la izquierda en un país, cuyo Estado sigue siendo dominado por la derecha y sobre todo que dependemos absolutamente de los Estados Unidos, que no nos permitirían apartarnos de sus preceptos y de su tutela.


Mauricio Funes no está gobernando desde posiciones de izquierda, no porque la derecha y los Estados Unidos se lo hayan impedido. Su opción de derecha es anterior a su elección y responde a ciertas declaraciones durante su campaña electoral, que algunos no quisieron oír. No hay que equivocarse tampoco, la campaña no la hizo solamente a partir de posiciones de derecha, no, no estoy diciendo eso, la hizo con propuestas y promesas que los ciudadanos de izquierda consideraron como suyas y como las del FMLN. Es precisamente porque la campaña fue prioritariamente de izquierda, que hay ahora cierto descontento y muchos cuestionamientos.


La presión se ejerció a partir de las clases medias


La correlación de fuerzas políticas en el país no puede medirse solamente por la correlación existente en los engranajes del Estado, la correlación de fuerzas políticas existen también en la sociedad en su totalidad. Funes es presidente porque obtuvo mayoría de votos a partir de posiciones de izquierda, es cierto que todos sabíamos que el candidato no era un personaje radical, que fue nombrado por su prestigio como un hombre moderado, por su visibilidad mediática y también porque iba a temperar las “impetuosas” ansias “revolucionarias” de los “ortodoxos” del FMLN.


La dirección del partido cedió ante una presión que se ejerció a partir de las capas medias o tomando en cuenta que éstas constituían la franja del electorado que iba a jugar un papel decisivo en la balanza. De esta situación y no de otra vino la negociación con Funes. Mauricio Funes fue descartado en las anteriores elecciones, pues Schafik Handal pesó con toda su autoridad para no aceptar como candidato a una persona que ni siquiera era miembro del partido y que había expresado en una entrevista a El Faro que deseaba tener las manos libres de todo compromiso con el FMLN, aún siendo su candidato. Muchos analistas han olvidado esta entrevista, pero en ella está presente la estrategia y la táctica que está realizando hoy Mauricio Funes. Ahí estaba ya explícitamente hablado lo que iba a pasar, las negociaciones que tuvo luego la dirección del FMLN con el futuro candidato recibieron la impronta de esos designios.


La revista El Faro haría un aporte documental importante, si volviera a publicar esa larga entrevista que le sirvió a Funes de rampa de lanzamiento para su candidatura. En ella expone que desea ser candidato sin ser miembro del FMLN, que desea mantener toda su libertad de acción y que aplicaría su propio programa. Los archivos de El Faro de 2003-2005 son ahora inaccesibles. Hay otras entrevistas que son ilustrativas, pero posteriores y en las que se expresa con mayor cuidado.


Resumiendo, no podemos aceptar la muletilla explicativa de que la izquierda es minoritaria en el Estado, pues el electorado se manifestó mayoritariamente por el candidato Funes a fin de que aplicara una política de izquierda. Si el deseo fuera aplicar medidas de cambio y que la derecha se opusiera obstinadamente, la movilización popular vendría a inclinar la balanza. El llamado a la movilización popular hubiera sido una respuesta a la intransigencia del patronato contra la reforma fiscal. Funes y sus consejeros prefirieron retroceder. Hubo luego un reproche presidencial, pero de ahí no pasó a nada más. Durante el episodio de la cuota a las compañías de teléfonos, además del veto presidencial y el resto de peripecias, Funes le hizo un llamado al patronato a intervenir en el debate político, en defensa de sus intereses y de las “reglas del juego”. Esto ya lo he dicho, lo repito, pues me parece más que significativo.


La muletilla explicativa me permite, por una de sus partes, volver al tema inicial de este artículo: los factores que determinan la situación política actual. Me refiero a la influencia de los Estados Unidos. Es evidente que este factor externo, se transforma en interno, por la constante intervención del imperialismo en nuestros asuntos, a través de declaraciones, amenazas, de “ayudas” económicas —militares durante la guerra— que nos determina, que funciona con la misma fuerza que cualquier otro factor interno. Vean que no me refiero a los salvadoreños que residen en los Estados Unidos. Este factor es esgrimido sirviendo de pretexto, pues la Administración estadounidense no puede impedir el envío de remesas, ni expulsar a un mayor número de salvadoreños de lo que ya lo hace. Las agencias bancarias recogen su tajada en intereses y gastos por los envíos y la expulsión de extranjeros también tiene su costo financiero y político.


Las vías para acceder al poder


Antes de que se iniciaran los primeros pasos para crear las organizaciones revolucionarias guerrilleras, hubo en el país, en el seno del Partido Comunista, una discusión sobre la viabilidad y la oportunidad de la lucha armada en El Salvador. Esta discusión se presentó ante nosotros por la fuerza arrolladora del triunfo de la revolución cubana, se presentó también al mismo tiempo por la situación interna, de fraudes y de represión política. Esta última se presentaba como un callejón sin salida. Toda fuerza política más o menos progresista, toda organización sindical que defendiera realmente los intereses de los trabajadores, eran prohibidas de hecho y sobre todo reprimidas. La batalla política por los derechos democráticos frente al constante hostigamiento represivo simplemente aparecía como irrisoria, francamente como imposible. La represión entonces no había alcanzado los niveles que alcanzó después bajo el adiestramiento que impartieron los técnicos en contra-insurgencia de los Estados Unidos. Los altos niveles de violencia a los que se llegó en el país tienen origen en la ingerencia imperialista. Creo que esto no hay que olvidarlo, es también parte de nuestra historia. Esta ingerencia pesó de manera fundamental en la conducción y el resultado de la guerra. Tampoco esto se debe olvidar. Y no puede servir solamente para justificar la conducta derechista del presidente y su alineamiento a la política de Washington.


De manera general, al inicio de los años sesenta no hubo realmente oposición a la posibilidad de emprender la lucha armada. Era aceptada como un principio. No obstante pronto aparecieron argumentos que tendían a disuadir la búsqueda de esa salida y volverla como una simple aventura. El principal factor enunciado fue nuestra cercanía de los Estados Unidos, este argumento era casi incongruente, pues la cercanía de la Isla era mayor. Pero luego se agregaron otros también de carácter geográfico, nuestra pequeñez y nuestro aislamiento. Cuba por ser una isla tenía sus fronteras abiertas, mientras que nosotros estábamos rodeados de fronteras hostiles y de una costa fácilmente controlable. Hubo otro argumento, en El Salvador tampoco hay montañas grandes como la Sierra Maestra. Tal vez algunos hayan ya olvidado esto, otros tal vez lo descubran hoy. Esto llevó a la conclusión de que a pesar de nuestro anhelo por emprender la lucha armada, ésta era imposible en nuestro país. A esto le he llamado “fatalismo geográfico”. Esta posición se volvió mayoritaria en el Partido Comunista Salvadoreño (PCS). De ella resultan sus políticas de alianzas y hasta cierta medida su táctica golpista en los años sesenta y setenta. Esta tendencia golpista se acompañó con la creencia o convicción de que al interior del Ejército forzosamente existe una franja patriótica, incluso progresista, como ha ocurrido en otros países.


No cabe aquí entrar en detalles en otro aspecto del mismo problema, me refiero al factor internacional. No obstante es necesario referirnos a la supeditación política e ideológica del PCS a los postulados promulgados por el Partido Comunista de la Unión Soviética (PCUS). Una de las grandes discusiones en el movimiento comunista internacional, en los años sesenta, fue precisamente sobre las vías de acceder al poder, es decir, por la vía armada o por la vía pacífica, que también se llamó democrática o electoral. La dirección del PCUS decidió que las luchas guerrilleras obstaculizaban su política internacional de la coexistencia pacífica. Esta posición inclinó definitivamente la balanza al interior del Partido Comunista Salvadoreño (PCS) hacia el rechazo de la lucha armada.


El surgimiento de la guerrilla en El Salvador


Se trata pues de otro factor externo que se volvió interno, pues fue lo que estuvo en el origen de la escisión del PCS, que condujo a la creación de las Fuerzas Populares de Liberación “Farabundo Martí” (FPL). Su dirigente Salvador Cayetano Carpio (el comandante Marcial) fue miembro importante de la dirección del PCS. Esto ocurrió a finales de los años sesenta e inicios de los setenta. Durante casi toda la década de los setenta hubo una batalla ideológica entre las FPL y el PCS respecto a la vía armada y la vía electoral. Las personas que vivieron en esta época y desde adentro, recordarán la encarnizada lucha ideológica entre ambas organizaciones y sus diametralmente opuestas posiciones sobre la manera de acceder al poder. Sobre todo esto es necesario excavar todos los documentos y reconstruir la historia de este período. Tal vez el Ejército o la PCN tengan en alguna parte los documentos confiscados a las organizaciones clandestinas. Esta historia no puede contarse solamente a partir de recuerdos, que reflejan selecciones subjetivas de los hechos y encierran naturalmente una interpretación que se adapta más a la situación actual que a los hechos tal cual sucedieron efectivamente. No me excluyo de esto. Además tal vez sea esta la oportunidad de decirlo, mis escritos son aportes personales, contribuciones al debate y deben de ser apreciados como tales. Es normal que exprese mis opiniones y que trate de argumentar. También es normal que defienda mis posiciones y que considero honestamente tener, en parte, la verdad. ¿Si no pensara así, valdría la pena expresar mis opiniones? No obstante esto no me conduce a cerrarme en mis posiciones. Supongo que en este tipo de temas, lo primordial es la sinceridad en la expresión y la apertura de espíritu ante las objeciones.


Estas dos tendencias en la izquierda, con otras, lograron unirse en el FMLN. Esa unión tuvo lugar en momentos críticos para el país, en circunstancias extremas, en las que la guerra ya había empezado y la represión había alcanzado niveles hasta entonces inimaginables en nuestro país. La unión se realizó sin que se pudiera discutir, ni abordar las diferencias, las discrepancias. Lo que primaba era estar unidos frente al enemigo que había ya iniciado un guerra que tenía los aspectos de exterminación, como si se tratara de un ejército extranjero. Hasta tal punto que los campesinos llamaban “invaciones” a las incursiones de las fuerzas represivas. Es en esto que las cifras de los crímenes de unos y de los otros cobran importancia. Una importancia que no es simplemente numérica. Se trata también del carácter, de la intensidad, de la sistematicidad. Esta represión tuvo repercusiones inmediatas de terror y sigue teniendo hasta hoy. El asesinato de monseñor Romero tuvo un impacto mayor en nuestra vida política, pero no hay que olvidar su efecto en el ánimo de la gente. También hay que recordar que el gobierno de entonces no tuvo reparos en reprimir abierta y salvajemente, ante las cámaras de todas las televisiones del mundo, al pueblo reunido en frente de la catedral metropolitana durante el sepelio del prelado. Con ello estaban expresando su determinación y el total apoyo que recibían del gobierno de los Estados Unidos. Con ello estaban significando “no vamos a retroceder ante ningún obstáculo”.


Ante una situación como esta, la urgencia se impuso. No se iba a perder el tiempo en sacar a la luz lo que separaba a unos de los otros. Sin embargo, no fue porque no se abordara estos problemas, que dejaron de existir y de producir sus efectos y sus consecuencias en todo el proceso y en la misma conducción de la guerra. Me refiero a los aspectos internos, a los que conciernen al FMLN, compuesto por cinco organizaciones. La discusión de los desacuerdos políticos, un debate profundo sobre el tema, frente a los crímenes que cometía la derecha, su número y su carácter inhumano, parecía fuera de lugar y las circunstancias de clandestinidad, con un enemigo asistido, instruido y acompañado por la principal potencia imperialista, tampoco permitía llevar adelante tales debates con la serenidad que esto exige.


Las divergencias se manifestaban en los hechos


Estas diferencias eran profundas y se manifestaban claramente hasta en la manera de nombrar la guerra, sus objetivos y los medios necesarios para llevarla adelante. Estas divergencias incidían constantemente en las tácticas y en las estrategias militares. Hubo otros elementos externos que influyeron, los intereses de Nicaragua y de Cuba, enfrentados también a los Estados Unidos. Tanto Cuba, como Nicaragua tenían sus propios análisis de la situación regional y por supuesto sus propios intereses. También definían sus propias tácticas y sus propias estrategias y cada uno intentaba con sus propios medios influenciar en los acontecimientos que tenían lugar en la región. Como se sabe los intereses de unos, no siempre coincidían con los de los otros.


Todos sabemos lo que duró la guerra, fue larga y destructora. Como acabo de decirlo hubo divergencias hasta en el modo de nombrarla, esto no era un simple problema semántico, detrás de los nombres habían estrategias y tácticas políticas y militares diferentes. Que unos la llamaran “guerra popular” y que otros le agregaran “prolongada” expresaban en ello profundas divergencias que obedecían en gran parte a las posiciones anteriores a la guerra, anteriores no solamente al inicio de la guerra, sino anteriores respecto a la década de los setenta y que se referían a la forma histórica de acceder al poder.


Para las FPL que hablaban de “guerra popular prolongada”, no se referían solamente a la cuestión del tiempo necesario para ganar la guerra, a los medios necesarios para vencer a un enemigo asistido directamente por el imperialismo, que cada vez se hizo más presente con instructores y oficiales, que intervenían directamente en los campos de batalla. También se trataba de preparar moral e ideológicamente a toda la población en la conducción de la guerra. Se pretendía ganar a la mayoría y de hacerla participante activa en la guerra.


Los “insurreccionalistas” pensaron siempre que la guerra estaba constituida por momentos fuertes en los avances de la guerrilla y que se prestaban a insurrecciones victoriosas con la participación espontánea de la gente. Esto como sabemos no ocurrió en ninguna de las grandes ofensivas que emprendió el FMLN. Sabemos ahora que uno de los más grandes “tacticos” del insurreccionalismo es ahora consejero y comentarista en conflictos de “baja” y “alta” tensión. Su valor es simplemente que supo venderse, su real contribución son sus artículos en la prensa internacional.


La tercera posición era la del PCS que residía en acabar cuanto antes la guerra y negociar las condiciones de una participación en la vida pública. Los comunistas le llamaban simplemente “guerra popular” y luego agregaban “que se está prolongando”. Esta estrategia tuvo su primera manifestación inmediatamente después de la primera gran ofensiva de enero de 1981. Al hacer el balance el Comando Central llegó a la conclusión de que la guerra no se podía ganar, que lo mejor era imponer negociaciones a partir de la demostración de fuerza militar que se acababa de hacer. Los insurreccionalistas se plegaron, pues acababan de sufrir una derrota táctica, la esperada insurrección no tuvo lugar, ni tampoco la prevista desvandada de las fuerzas militares de la dictadura. Ellos habían pensado que se iba a repetir lo ocurrido en Nicaragua con los sandinistas y la guardia somosista.


Los de las FPL no estaban de acuerdo con el análisis del Comando Central y también esta vez no hicieron públicas las divergencias. No obstante hicieron llegar a sus bases su propio análisis. En todo caso es a partir de este momento que la guerra adquirió otro carácter, el objetivo primero se convirtió en obtener las negociaciones que le pusieran fin a la guerra y que crearan las condiciones de una plena participación de las organizaciones del FMLN en la vida pública como partidos políticos legales. La principal actividad internacional de la famosa Comisión politico-diplomática no tenía otro objetivo y sus explicaciones residían precisamente en justificar estos objetivos. Las organizaciones de la solidaridad internacionalista recibieron la consigna de apoyar y exigir las negociaciones. Hasta ese momento, con bastante éxito, la solidaridad había exigido el cese de la intervención estadounidense en El Salvador. Señalo de pasada que los Estados Unidos invirtieron más de un millón de dólares diarios en su política de ingerencia en nuestros asuntos internos. Para calcular la importancia de esta suma, es necesario tomar en cuenta el valor del dólar en esa época. Esta ingerencia fue decisiva en la prolongación de la guerra, en su rumbo, en su intensidad y también en su acabamiento.


Este cambio de objetivos llevó a rudas luchas internas en la cúspide del FMLN y en la dirección de las FPL. Sobre todo esto es necesario que se escriba una historia seriamente documentada.


El objetivo de la guerra ya no fue más la transformación profunda de la sociedad, el objetivo socialista fue relegado, engavetado. Considero que para analizar lo que sucede hoy, es necesario tener en cuenta esto. No obstante también es necesario agregar otros factores a estas consideraciones, pues la integración a la vida política del FMLN, sus condiciones, la situación nacional e internacional en que tuvo lugar, todo esto ha influido en sus conductas políticas. Señalo sin entrar en detalles, pues el tema merece más que un párrafo, el derrumbe del “campo socialista”, pero antes, a partir de 1985 hubo la “perestroika” de Gorbachov, la nueva correlación internacional y los profundos cambios en la concepción del papel dirigente de Moscú en el movimiento comunista. Estos hechos trastornaron muchos planes, derrumbaron ilusiones, pusieron coto a viejas costumbres y volvieron obsoletas concepciones que hasta entonces se manejaban como dogmas intangibles. Tampoco he tocado, aunque esto tiene en nuestra historia una importancia de insondable alcance, me refiero al movimiento de masas que se formó en torno principalmente de las FPL, sin menoscabar las organizaciones en torno al ERP y a la RN. Este movimiento de masas es único en nuestra historia. Creo que estudiar su constitución y su desarrollo puede servirnos en estos momentos. La reacción salvadoreña supo valorar su importancia y combatió salvajemente a sus dirigentes, asesinándolos sistemáticamente, hasta dejar decapitado al movimiento de masas. Pero no se atacó solamente a la dirección, sino que también a los cuadros intermedios. El movimiento de masas tuvo que pasar a la clandestinidad. Esto le restó necesariamente su eficacidad. De nuevo me refiero al carácter de esta represión que fue numéricamente mucho más importante que los crímenes que se le adjudican a la guerrilla. Es necesario subrayar el impacto moral que tuvo en el conjunto de la sociedad las masacres y los cadáveres abandonados en las aceras, en las orillas de los caminos. Además de los hechos mismos, de las muertes causadas, era el objetivo perseguido, causar el terror en la población. Insisto en esta pues hay quienes dominados por la “ideología” de los derechos humanos, insisten en equiparar las masacres sistemáticas, los asesinatos sistemáticos, con los crímenes que indudablemente cometió la guerrilla. Esta equiparación afirma que en esto no se puede considerar los números, sino que los crímenes en sí. Pobre raciocinio. Es cierto que el crimen de guerra tiene que ser castigado, pero en nuestra historia la cantidad pasó a constituirse en exterminio, en crímenes de masa.


Esto que les entrego hoy es apenas un esbozo muy sintético, son apenas unas líneas para ser completadas y para proyectarlas. Dejo sin abordar el tema de extrema importancia de la ideología dominante. Sobre esto es necesario volver con mayor detenimiento, pues considero que la principal derrota que ha sufrido el movimiento popular, en estos últimos veinte años se ha dado en el terreno ideológico.

08 abril 2010

La crisis y el FMLN

El último cuestionamiento en mi anterior artículo, ¿cuál puede ser el papel del partido político en la búsqueda de “nuevos modos” de hacer política?, merece una concienzuda reflexión. Pero este tipo de cuestionamientos no surgen en abstracto, son integralmente dictados por la realidad. En nuestro caso salvadoreño, aparece porque desde que las elecciones han sido más o menos respetadas, en las que no ha habido fraudes masivos y de alguna manera ha desaparecido el partido oficial único, como lo fueron el PRUD y el PCN, que copaban casi a cien por cien todo el aparato del Estado, desde entonces los sucesivos gobiernos le dieron la espalda al interés general. Desde que se firmaron los Acuerdos de Chapultepec y el FMLN pudo inscribirse como partido político, nos han repetido hasta la saciedad que en nuestro país se vive en democracia y que lo que nos toca ahora es afianzarla.


Los gobiernos de ARENA sumieron al país en estos últimos veinte años en una profunda crisis económica y social. La violencia, la inseguridad, la alta criminalidad, tanto de las bandas juveniles, como las agrupaciones mafiosas que trafican con la droga y las armas, el fraude fiscal, las evasiones y fugas de capitales se volvieron durante esos veinte años consubstanciales a nuestra sociedad. El recrudecimiento actual de la violencia es una resultante de ese estado.


Los gobiernos de ARENA sumieron al país en un crisis económica profunda. Cuando se decidieron a aplicar el credo neo-liberal a nuestra economía, privatizando, vendiendo nuestra soberanía, abandonando la agricultura para suplantarla por la importación de cereales, le vedaron por completo al país la posibilidad de un desarrollo económico armonioso. Toda la gestión del Estado se volcó a propiciar los intereses de un grupo oligárquico y a sus aliados las compañías transnacionales. Los gobiernos de ARENA endeudaron al país sin escrúpulos. Esta política sangró al país, provocando una emigración masiva, hasta tal punto que actualmente la tercera parte de nuestra población se encuentra en el extranjero, principalmente en los Estados Unidos. El cinismo de los políticos de derecha llegó hasta considerar a esta población como una ventaja para el país por el monto de las remesas enviadas. Hubo incluso “técnicos” de las instituciones financieras internacionales, que propusieron como solución a nuestros problemas una mejor “preparación técnica” de la mano de obra exportable. De esta manera los países receptores de mano de obra no impondrían límites a la inmigración salvadoreña y que nuestros compatriotas negociarían mejores condiciones de trabajo y mayor remuneración.


La población salvadoreña dentro de esta situación creyó mayoritariamente en la posibilidad de un cambio de orientación en la gestión gubernamental, en la posibilidad de llevar al poder político a un presidente y a un partido político que propiciaran una política económica radicalmete diferente a la que practicaba el partido ARENA. El voto en las elecciones pasadas manifestó principalmente dos cosas, un rechazo profundo a la política del partido en el poder y la aspiración, la confianza en el candidato Mauricio Funes y en el FMLN en su capacidad de cambiar el rumbo en la gestión gubernamental.


El continuismo


La situación actual no manifiesta realmente un cambio profundo de dirección. El gobierno no ha emprendido ninguna reforma que pueda indicar el deseo de transformar la gestión económica en beneficio del gran capital por una gestión en beneficio de las clases trabajadoras. El reparto de títulos de propiedad, el aumento de las ayudas sociales existentes ya durante las gestiones anteriores, el reparto de uniformes y útiles gratuitos, no constituyen realmente una clara política económica.


El país ha seguido endeudándose, nuestro gobierno sigue plegándose a los mandatos de los grandes usureros internacionales. Los acreedores financieros son presentados como nuestros salvadores, cuando en realidad nos imponen una eterna hipoteca, que tendrán que pagar las generaciones futuras, sin que la estructura profunda de la sociedad haya tenido un cambio substancial.


La violencia creada por los gobiernos anteriores sigue agravándose, la reforma fiscal resultó una broma de mal gusto, la corrupción de cuello blanco se ha convertido en un delito perdonable. El hiato entre el presidente y el FMLN es en realidad más un hecho comentado que una realidad política, pues la dirección del partido político niega su existencia. La dirección exige apenas mejor comunicación entre el presidente y la dirección partidaria y los diputados. El FMLN no manifiesta ninguna impaciencia. El ritmo presidencial es su ritmo, la política nacional, como internacional son aceptadas sin protestar. El patronato es asociado a las decisiones ejecutivas, se consulta permanentemente a la organización patronal FUSADES, su opinión es preferida a la de los sindicatos de los trabajadores y del resto de organismos representativos de la sociedad. El partido no protesta por los esfuerzos presidenciales de hacer aceptar por la comunidad internacional el gobierno hondureño salido del golpe de Estado y que sigue reprimiendo criminalmente al movimiento popular. Nuestro país forma parte de una alianza sin nombre con Colombia, México, Perú y Chile que se han vuelto los más obedientes servidores en nuestro continente de la contra-ofensiva imperialista.


Lo que esperaba la gente que votó por Funes era un aumento substancial de los salarios, la drástica disminución del desempleo, un control del precio de la canasta básica, la creación de oportunidades laborales para nuestros jóvenes, la disminución palpable de la criminalidad. Los que votaron por Funes esperaron que el país iniciara por primera vez una política internacional independiente y progresista. Como hemos visto la realidad es otra.


Lo expuesto escuetamente aquí nos muestra que la crisis política se ha profundizado. La confianza en el voto, en los hombres y partidos políticos se sigue resquebrajando. Esto lo sienten muchos comentaristas, lo expresan en sus comentarios, se manifiesta en los llamados al presidente de volver a sus promesas, de respetar su programa, los llamados que lanzan algunos a la dirección del FMLN para que asuma su responsabilidad en esta difícil coyuntura también muestran una preocupación por esta agravación política.


¿Qué papel para el FMLN?


El cuestionamiento sobre el papel del FMLN en esta situación no puede concebirse como un problema exclusivamente teórico. Se trata de algo práctico. No obstante esto no significa que el FMLN debe lanzarse a un activismo irreflexivo, tampoco puede perderse en largas e interminables reflexiones. Hay urgencia. Si en realidad se desea un cambio social, no se puede dejar a los electores que lo llevaron al poder sin explicaciones, sin proponerles soluciones ideológicas consistentes. Hasta hoy la dirección ha sido incapaz de explicar su política, la política del gobierno de Funes. Los electores son ahora espectadores de un melodrama entre aliados, el presidente y el FMLN. ¿Qué propone ahora la dirección del FMLN? Mejor, ¿qué puede proponer la dirección a los militantes, a los electores, al pueblo en general?


El problema es de capacidad política, aunque también de voluntad. El FMLN desde hace algunos años viene abandonando terreno en la batalla de ideas. Su participación en la vida institucional no se distingue realmente de la que llevan los otros partidos políticos. Por lo menos la mayoría de los salvadoreños no los considera como hombres políticos aparte. Como diputados y alcaldes enteramente entregados a la defensa de los intereses de las mayorías.


Sin embargo el FMLN conserva aún intacto el prestigio que adquirió como fuerza revolucionaria durante el periodo de la guerra civil. Este patrimonio es el que se está ahora dilapidando. Es mucho lo que se ha puesto en juego. No se trata de un juego politiquero en el que se pueda apostar al que reirá por último, reirá mejor. No se trata de mostrarse más astutos en el juego de alianzas y sorpresas, con trucos y candidatos sacados de la manga en último momento. Lo que está en juego es el destino del país.


Ante nosotros se ha abierto una ventana histórica, a través de la cual podemos vislumbrar un horizonte distinto al que nos ofrece el continuismo optado por Mauricio Funes. Pero para que esta ventana siga abierta es necesario desde ahora mostrar todas las cartas honestamente a los ciudadanos. Es urgente iniciar la organización de la población para que pueda expresarse libremente y autónomamente. Los ciudadanos deben organizarse en todas partes, en el trabajo y en los barrios. Es necesario que de nuevo muestre su creatividad, que haga el inventario de sus demandas, de lo más urgente, de lo que se tiene que resolver ahora, inmediatamente. El partido político puede cumplir un papel en este movimiento para unificar y darle coherencia al movimiento. ¿El FMLN tiene esta capacidad? ¿Tiene la voluntad de hacerlo?


No tengo ningún interés en oponer la dirección a las bases. No obstante la dirección parece como paralizada, sin poder enfrentar la realidad política, como si estuviera ante un cataclismo imprevisto. Es cierto que el viraje brusco, repentino de Mauricio Funes hacia la derecha no era previsible. Pero es ahora un hecho. Por el momento el jefe del Ejecutivo mantiene en sus puestos a los ministros del FMLN, pero su revocación es una de las posibilidades planteadas.


¿La dirección del FMLN va a aguardar hasta ese momento para reaccionar? La dirección tiene que reunir a sus bases, consultarlas, escucharlas, pulsar el estado de ánimo de sus militantes. Es necesario que los militantes puedan opinar sin temores, abiertamente. Si esta ventana se cierra definitivamente, habrá que esperar de nuevo muchos años para que vuelva a surgir una situación propicia al movimiento popular. Si la derecha vuelve, su revancha será nefasta para los trabajadores.

02 abril 2010

La crisis de la política

Meterse en política. Hacer política. El diccionario académico en internet nos da varias definiciones de la palabra ‘política’. Más abajo las voy a copiar y comentar. En ninguna de ellas se advierte algún rasgo que permita tener una actitud negativa respecto a esta actividad, ni contienen alguna apreciación despectiva. Sin embargo en muchas sociedades cuando se habla de los políticos (de las personas que se “meten en política”) con mucha frecuencia se hace en tono reprensivo. En nuestro país muy seguido hay llamados a no politizar algún problema, en casos que conciernen a la sociedad entera, que incumben a muchas personas.


Entiendo que lo que se pretende con esto de “no politizar”, no se refiere directamente a la política como actividad social, sino que se quiere prevenir del aprovechamiento del “caso” por alguno de los partidos políticos o por alguna persona con pretensiones políticas. Me llamó mucho la atención un reciente llamado a no politizar la memoria de Monseñor Oscar Arnulfo Romero por temor a que no sea beatificado, porque eso puede obstruir el proceso de canonización. No quiero por el momento extenderme sobre este caso particular, simplemente de pasada señalo que la permanente presencia del prelado en la memoria y en el corazón de los salvadoreños es un hecho eminentemente político, derivado de las posiciones en defensa de los más pobres que tuvo el arzobispo salvadoreño. Sus amigos y sus enemigos (los tuvo y los sigue teniendo) supieron valorar de manera diametralmente opuesta su manera de encarar su misión pastoral.


Volviendo al tema, este tono despectivo, reprensivo no es neutro. En cierto sentido tiene una valoración moral: lo político, la actividad política se asocia con la ambición, con el egoismo, con las intrigas, con la ausencia de reales convicciones. Los principios, las convicciones se enarbolan simplemente para ocultar oscuras ambiciones personales o partidarias. La política se asocia a la mentira, al engaño, a la hipocresía, se trata de algo moralmente sucio.


¿Esta visión tiene su fundamento? Lamentablemente es imposible negarle bases reales a este implacable punto de vista. El fraude, el robo, las malversaciones que producen enriquecimientos ilícitos son corrientes y no obedecen al interés social. En muchas ocasiones han ocurrido asesinatos ligados a la actividad política. No me refiero aquí al asesinato originado por la represión, sino por rivalidades de intereses que suceden incluso entre personas del mismo campo político, entre miembros del mismo partido.


La cuestión que se plantea socialmente es la siguiente: ¿la amoralidad es un atributo obligatorio, inherente de la actividad política? La respuesta a esta pregunta tiene repercusiones inmediatas en la vida social de las comunidades. Es innegable la importancia de la respuesta que se dé a la pregunta, al mismo tiempo responder implica asimismo una toma de partido moral y político. Por ello que sugiero que el tono reprensivo no es neutro, ni tampoco transparente o motivado exclusivamente por los hechos inmorales que he señalado. Esta actitud negativa es también inculcada, basándose evidentemente en los rasgos negativos aludidos, pero que persigue al mismo tiempo mantener alejados de los asuntos políticos a las mayorías. Esta actitud permite darle al asunto político el carácter fatal de la deshonestidad. Es por eso que se dice ya casi como un aforismo que “el poder corrumpe”. Si el “poder” corrompe, el corrompido es una víctima de las circunstancias.



Crisis global


La crisis actual de la sociedad capitalista es global, abarca todos los aspectos de la actividad social. No debe extrañarnos que la política sufra también las consecuencias de la crisis. Es por ello que es urgente analizar los aspectos políticos de la crisis del capitalismo. Arriba me referí a la definición que da el diccionario académico, se trata de definiciones de la palabra, sin entrar en detalles, ni darnos el concepto que se usa en las ciencias sociales. En la economía lexicográfica, los académicos han decidido darnos tres definiciones distintas, separadas. Estas separaciones tienen su explicación ideológica y no realmente semánticas. La primera definición tal cual aparece pudiera presentarse como la parte noble de la política y al mismo tiempo la más abstracta (teórica). El diccionario dice que “política” es “Arte, doctrina u opinión referente al gobierno de los Estados”. Cada uno de los sustantivos iniciales de la definición nos conducen hacia campos y actitudes diferentes, con distintas valoraciones. La palabra ‘arte’, por ejemplo, nos indica cierta pericia que se puede adquirir, pero que también se puede tratar de una predisposición, de un don. Al mismo tiempo podemos ligar el arte a la maña, a la astucia. Es precisamente esto último, lo que retienen sobre todo algunas personas de las doctrinas políticas de Maquiavelo.


La que he empleado para referirme al filósofo italiano, ‘doctrina’ implica una actividad intelectual que puede estar separada de la práctica, no es obligatorio, el mismo Maquiavelo es un ejemplo de un político activo y teórico. Doctrina implica ciencia, sabiduría, enseñanza. Al contrario “opinión” tiene la desventaja de recoger los aspectos negativos de la subjetividad.


La segunda definición se refiere a lo que en primer lugar tenemos presente en nuestra mente cuando hablamos de política: “actividad de quienes rigen o aspiran a regir los asuntos públicos”. Por supuesto que estas personas tienen su arte, su propia doctrina y opinión sobre la política y las aplican en su gestión de los asuntos del Estado. Hay que señalar que esta definición enuncia claramente el principal punto, el aspecto fundamental de la política: “regir los asuntos públicos”.


Los académicos nos ofrecen otra definición de “política”: “Actividad del ciudadano cuando interviene en los asuntos públicos con su opinión, con su voto, o de cualquier otro modo”. El ciudadano, el común de los mortales, don Juan de los Palotes no tiene arte, ni doctrina políticas, según los académicos apenas pueden intervenir “con su opinión”. Pero además su intervención no es permanente y lo hacen cuando opinan, cuando votan. Esto limita enormemente la actividad de los ciudadanos (prefiero el plural, la metonimia se presta a muchos equívocos). No obstante la definición académica es abierta, pues a la opinión, al voto han agregado un indefinido “o de cualquier otro modo”. Esto me parece capital, pero sobre esto voy a volver más tarde, adelanto que en este “cualquier otro modo” se centra la posibilidad de la resolución, de la superación de la crisis de la política.


Una de las manifestaciones de la crisis de la política es la pérdida de confianza de los ciudadanos en la actividad de los políticos. Esta desconfianza se ha manifestado de manera creciente en el desinterés que muestran los electores en su participación en las elecciones. En la ideología de la democracia burguesa, uno de los principales pilares es justamente el sufragio, que empezó siendo limitado a los que pagaban mayores impuestos, a los que pertenecían a las clases dominantes y sus allegados. Poco a poco se fueron ampliando las capas sociales que tenía derecho a emitir sus votos, hasta llegar por último al voto femenino y volverlo universal. El voto es la justificación de la actividad de los políticos, es en el sufragio de donde la democracia representativa obtiene su legitimidad. El voto es un momento central, es el rito por el cual los ciudadanos delegan el poder a los políticos. La pérdida de confianza en este acto, además de debilitar la confianza y disminuir la legitimidad del poder político, deja cada vez más al descubierto el inmenso hiato existente entre los ciudadanos y sus representantes. Más allá del incumplimiento de las promesas proferidas durante las campañas electorales, se trata de las consecuencias en la vida real y cotidiana que tienen las decisiones económicas y políticas.


La crisis del sufragio, momento crucial de la democracia burguesa, ha venido a manifestar claramente el carácter clasista del Estado. No todos los ciudadanos tienen el mismo nivel de consciencia de este hecho, no obstante la crisis económica obliga a los políticos a tomar decisiones que entran en conflicto con el interés común. Otro pilar de la ideología de la dominación burguesa es que el Estado es el garante del interés común, que es el organismo que vela por los intereses de toda la nación. Es por esto mismo que el tema de la unidad nacional es recurrente en los momentos de crisis política. No crean que este tema es un invento de Mauricio Funes, lo han usado los presidentes anteriores del partido ARENA, lo usan los presidentes de otros países como Italia, Francia, Alemania, España, los Estados Unidos, etc. Se trata de un tema común a las clases dominantes y a sus representantes.


Al mismo tiempo este desaliento, esta pérdida de confianza, esta apatía, este sentimiento de sentirse abandonados de los políticos por parte de los ciudadanos, casi como una sorprendente paradoja, se acompaña con el surgimiento de nuevas y profundas aspiraciones participativas. La puesta en duda de la eficacidad de la delegación del poder, de la falta de control de las decisiones gubernamentales, la imposibilidad de influir en esas mismas decisiones una vez pasado el voto, ha ido creando en la ciudadanía la ambición de cambiar, de transformar los mecanismos mismos de la toma de decisiones. Es por ello que las aspiraciones participativas por lo general son matadas en el huevo mismo.


La gente se da cuenta cada vez más que los políticos no se sienten los representates del pueblo, que no consideran sus funciones como una delegación del poder popular. Los políticos mismos han interiorizado el sentimiento de sentirse los detentores genuinos del poder y apenas si recurren al sufragio como a una simple ceremonia, como a una simple formalidad.


La crisis de la política salvadoreña



En nuestro país los presidentes de ARENA se comportaron como si se les hubiera entregado el poder para usufructo personal, como su patrimonio. Las clases dominantes soportaron esta conducta, porque al mismo tiempo ellas podían seguir beneficiando de los favores del Estado y seguir comportándose como los dueños de El Salvador. El presidente actual, ya desde la campaña electoral, manifestó justamente esta actitud repetidas veces. Sus repetidas afirmaciones en que era él, Mauricio Funes, el que iba a decidir en última instancia, relegando a su propio partido, a los miembros de su gobierno, a sus consejeros a un papel más que subalterno respecto al poder que iba a recibir. Una vez en funciones, su actitud no ha cambiado de forma, ni de contenido. Se comporta como el dueño del poder.


Para los que hayan olvidado un hecho significativo, las proposiciones de las mesas consultativas organizadas por el FMLN, dijo el candidato Funes que iban a ser “insumos” para la reflexión de su equipo. A esas mesas se supone que acudía la gente del pueblo, la que iba a votar por él, es decir, la que le iba a confiar su poder, no dárselo en propiedad. ¿Pero por qué Mauricio Funes iba a conducirse de otra manera? ¿Acaso los políticos, los dirigentes del FMLN no practican también la política de la misma manera? ¿Acaso las negociaciones que llevaron a cabo con Funes, no eran muestra de esta misma ideología? El secretismo es parte de la política burguesa, otro de sus pilares.


La crisis de la política salvadoreña es palpable. Las declaraciones del Sánchez Cerén y de Medardo González en los festejos del primer aniversario de la elección presidencial, las declaraciones de diversos dirigentes en las celebraciones del aniversario del PCS, las declaraciones en México de Medardo González muestran que es necesario buscar una salida al disfuncionamiento político. Pero la crisis se manifiesta también en la restructuración de los partidos de derecha, en sus conflictos, en su indecisión, en sus dudas. La crisis se manifiesta en la actividad parlamentaria, en la tardanza en tomar decisiones para elegir a funcionarios como el Fiscal General, los miembros de otros organismos judiciales del Estado.


Pero la principal manifestación de la crisis política es precisamente en que todo esto puede conducir a manifestaciones violentas. Los ciudadanos han visto que sus aspiraciones son burladas, que nadie asume la responsabilidad de resolver sus problemas más sentidos. Pareciera que la “gestión de los asuntos públicos” no lleva a la satisfacción de sus demandas.


Esto es justamente lo que dice el diccionario académico, cuando afirma que “el ciudadano interviene en los asuntos públicos... de cualquier otro modo”, además del voto y la emisión de opiniones. Todas las pretendidas reformas del Estado han llevado a lo mismo, a callejones sin salida. La resolución de la crisis política reside en encontrar esos “otros modos” de intervención popular. ¿A quién le corresponde buscarlos? Por supuesto que a los ciudadanos.


Pero en esto hay que tener cuidado como formulamos las cosas. Si he puesto en entredicho el discurso de la “unidad nacional”, no me voy a referir a los ciudadanos como si todos tuvieran los mismos intereses. Para muchos la crisis tal cual se manifiesta les conviene. En algunos países las clases dirigentes buscan precisamente la despolitización de la población. En los Estados Unidos, que se erige en el paladín de la Democracia, la abstención es una vieja y muy enraizada tradición, los inscritos en las listas electorales son una minoría y los que acuden a las urnas son aún menos. No obstante las temporadas electorales son espectáculos circenses que entusiasman al “populacho” como los gladiadores a la plebe romana. En muchos países europeos se busca eso mismo, un bipartidismo estéril y la ausencia del pueblo en el ejercicio político. Este es el peligro. Esta apatía conduce fácilmente a la marginación social de amplias capas de la población. La dominación de la burguesía se ve facilitada por este fenómeno de desisterés en los “asuntos públicos” por parte de los más necesitados.


Es por esto que es necesario buscar esos “otros modos” de intervención popular, pero que no aparten del voto. Pero debe tratarse de un voto con mayor consciencia política, por programas elaborados no por equipos en reuniones secretas, sino que programas ampliamente deliberados por los ciudadanos, en reuniones públicas. Los candidatos a cualquier función debe saber que se trata de una delegación. Esos “otros modos” deben tener sus propias instancias, sus propias reglas, instancias y reglas instauradas por los mismos ciudadanos, de manera transparente y profundamente democráticas. Porque la crisis de la política va aparejada por ese surgimiento de aspiraciones nuevas. ¿Qué papel puede jugar en esto el partido político?

Rompo mi silencio sin censuras...

He tenido que guardar silencio por problemas técnicos. Hace unos días recibí la información que Google había censurado a un periodista cubano. La censura consistía en el cierre de su blog y del buzón electrónico de La Isla Desconocida.

Hoy traté de verificar la noticia y me he encontrado con el blog que le ha sido restituido al bloguero cubano, Enrique Ubieta Gómez. Al parecer la solidaridad con este bloguero fue grande y la bulla que se armó iba creciendo. La compañía Google emitió un comunicado explicando el cierre por motivos estrictamente técnicos: el detector automático de spams lo cerró pues lo catalogó como una fuente de ese tipo de intrusos. Google afirma que en este procedimiento no hay intervención humana y que no se trataba de una censura política.

Les pongo aquí mismo el enlace hacia La Isla Desconocida, particularmente hacia un artículo donde se cuenta el caso del cierre. Por otro lado les pongo una entrevista que dio Enrique Ubieta Gómez a un cotidiano alemán en donde habla de los blogueros cubanos y de su postura.

Les recomiendo la lectura de este blog.