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28 agosto 2009

27 agosto 2009

Respuesta a Kijo-t y al Trompudo

Por razones de tiempo no puedo responderles a todos los que han enviado comentarios a mi anterior artículo. En todo caso les agradezco sus comentarios y sus visitas a este blog.


No obstante voy a responder a dos de mis interlocutores, a Kijo-t y a Trompudo. Por razones de comodidad y por la extensión he decidido publicar esta respuesta como una entrada al blog. Abajo he copiado las intervenciones de mis dos interlocutores.


Kijo-t: No creo que haya habido ningún espejismo. El pueblo votó contra veinte años de Arena y por el cambio. Lo podemos poner al revés, por el cambio y contra veinte años de mal gobierno. Pero el cambio realmente no tiene un contenido concreto en las mentes de nuestros compatriotas. Quiero decir que no tienen una visión global concreta. Cada uno de nosotros le damos un contenido distinto, esperamos distintas cosas. No obstante en el país estuvo planteado durante años como objetivo político inmediato el cambio de sociedad. No un cambio de gobierno, no el cambio de una mayoría política, tampoco el simple cambio de política. Estos tres últimos cambios pueden conducir al primero, al cambio de sociedad. Pero este último cambio ha desaparecido del panorama político nacional, no obstante ha seguido alimentando la imaginación de una franja importante de la población. Es esta franja que es la más activa políticamente en el seno del pueblo, es la que se inquieta, la que se preocupa, la que hace política, la que puede servir de punto de apoyo a una organización revolucionaria para difundir en el seno del pueblo la necesidad de construir en el país otro tipo de sociedad.


En los últimos años el debate político se fue reduciendo, por influencia de los media y bajo la batuta de partidos de derecha, a simples polémicas parlamentarias. El FMLN no supo, no pudo elevar el nivel del debate. Incluso en los momentos privilegiados de las campañas electorales. Tampoco tuvo una actividad permanente en el seno de la población, para organizarla, para educarla, para instruirla, para elevar el nivel de reveindicaciones sociales, políticas y económicas. Es por eso que Trompudo afirma sin mucho escándalo “en El Salvador 95% del pueblo le TEME al coco del Comunismo”. Y esto es tan cierto que puedo agregar que nuestra sociedad es eminentemente anti-comunista. Este estado de cosas puede dejar tranquilo al que se propone como objetivo un cambio de gobierno. Al que apenas aspiraba a sacar a Arena del gobierno. Pero sobre esto voy a volver más abajo, en mi respuesta al Trompudo.


Estimado Kijo-t, yo participo en el debate nacional, a partir de lo que publico aquí y en otros lugares como Raíces y Tres Mil. Pero no tengo ninguna pretensión de educador, me considero como uno más en el debate, expongo mis ideas, hago mis objeciones, manifiesto mis inclinaciones y mis opciones. No he tomado a ofensa tu cuestionamiento. Creo que es justificado, pero no creo tener mayor capacidad que la que ejerzo en este espacio.


Al mismo tiempo aclaro algo que me parece importante: El gobierno de Funes al no despilfarrar el dinero del pueblo, como lo han hecho todos los gobiernos anteriores, ya de por sí constituirá un mejoramiento en la vida nacional. Si cumple con el programa, pues tendremos todos algún beneficio. Lo que he querido subrayar sobre todo es que el gobierno de Funes va a sufrir ataques de la derecha y del patronato para inclinar su política hacia la defensa de los intereses de las clases dominantes. He querido alertar que solamente con una actividad crecida del FMLN dentro del seno del pueblo se puede contrarrestar esos ataques y lograr una política consecuente con las aspiraciones populares. Porque aunque cada uno mete lo suyo en el significado del cambio, sabemos todos que fundamentalmente se trata de cambiar las condiciones de vida de las mayorías necesitadas.


Estimado Trompudo: Creo que si hay que complicarse, que la situación no es tan sencilla, ni muy nítida. Sí, pongámosle coco a lo que está pasando.


No sé por quién y en nombre de quién decís que “De Funes no se esperaba más de lo que prometía». No, no fui yo quien desplegó una campaña ciega en favor del candidato Funes, sin emitir críticas. Fueron otros en otro blog. Aquí insistí que no podemos cifrar todas nuestras esperanzas en una sola persona, insistí, lo repetí que solamente la participación consciente de la gente podía ser la garantía de un cambio real de política. Lo he dicho que no creo en un «salvador supremo», ni «hombre providencial» y he rechazado todo culto a la personalidad.


Vos me repetís lo que he puesto en mi artículo, Funes no ha engañado a nadie. Fueron otros los que se engañaron a sí mismos y al mismo tiempo sembraron espectativas de un cambio radical que realmente no estaba planteado en esta coyuntura nacional.


No obstante es en esto en que parece que discrepamos profundamente. El hecho de que en esta coyuntura no esté planteado un cambio radical, nada me impide, al contrario, hacer lo que esté en mis posibilidades para que la situación cambie, para que desde el seno de la población crezca la exigencia de una vida distinta, de una nueva vida, en la que desaparezca la fuente de todas las alienaciones: la apropiación privada de la riquezas producidas.


No estoy de acuerdo con vos en que el FMLN haya dejado de ser revolucionario por el hecho de participar en las “elecciones burguesas”. ¿En qué otras elecciones va a participar? La participación en la vida política del país no convierte a un partido político en una u otra cosa. Se trata del tipo de política que lleva adelante, que tipo te proposiciones promueve, que participación en la vida política les destina a las masas populares y en definitiva que intereses de clase defiende y cómo lo hace. No se trata del tipo de declaraciones de sus líderes en la Asamblea, sino qué tipo de práctica lleva adelante de acuerdo con sus declaraciones. El FMLN ha ido perdiendo su carácter revolucionario aún antes de entrar a participar en la vida política legal. Sobre esto he escrito aquí mismo, te pongo este enlace. Pero esta tendencia no es irreversible.


No te pongás tan evangélico con eso de “quién levanta la mano”, no se trata de andar tirando piedras a María Magdalena, ni a nadie. Se puede ser o no marxista. Pero me suena un tanto dogmático exigirle a los marxistas que sean siempre “puros y duros”. No confundo con la religión al marxismo, ni tampoco uso ese lenguaje de “revisionistas” y “ortodoxos”. Eso es un discurso del pasado o de editorialistas de El Diario de Hoy.


El realismo que han preconizado siempre los socialdemócratas ha sido mero conformismo. El realismo que tanto exigen es la aceptación de la sociedad tal cual está, con todo su atraso, con su bajo nivel cultural, con su bajo nivel de consciencia política, con sus millones de pobres. No, Trompudo, ese realismo no me conviene. Ese realismo lo que me exige es sumisión a los dictados del imperialismo, del FMI y de la Banca Mundial. El realismo que nos proponen es que nos tenemos que conformar con olvidar que somos un país soberano, que un país soberano debe tener su propia moneda, que un país soberano debe definir por sí mismo su política nacional.


Pero es cierto, en El Salvador se le tiene miedo al “cuco del comunismo”. Sobre eso he escrito anteriormente. He calificado eso como una “cultura del miedo”, te pongo otro enlace en donde traté de esto. Pero aún fuera el 95% de la población salvadoreña que le tiene miedo al comunismo —que es pura exageración tuya— aún así ese miedo no deja de ser irracional y lo mínimo que podemos hacer es combatirlo y no aceptarlo como un hecho inamovible de nuestra sociedad.


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Don Carlos:
¿Entonces, cómo fue que el pueblo aceptó este espejismo? ¿Cómo explicarse la ingenuidad del pueblo al manifestarse en las urnas?
No cabe duda que hay dos factores esenciales para la respuesta de estas interrogantes:

1- El Salvador es un pueblo deseoso de cambio pero con muy poca visión de la naturaleza del cambio, es decir la esencia de lo que se puede entender por cambio.

2- El Salvador es un pueblo sin educación política, por tanto no acostumbrado a los intringulis de la filosofía política imperante y por tanto es presa fácil de espejismos presentados como realidades. Este pueblo no es consciente de su propia realidad; si acaso sabe que está mal, pero no qué tan mal y por ende no discierne la posible solución a sus problemas.

Se vuelve imperativo la educación de ese pueblo, es mediante la divulgación de ensayos como el que Usted nos regaló en su entrega anterior, “objetivar nuestro pasado", que un pueblo puede empezar a salir de estado nebuloso.

Yo le pregunto don Carlos, sin ánimo de irrespeto, ¿Cómo se hace conocer Usted en ese medio, es decir, en el ámbito salvadoreño? ¿Ha notado el impacto de su discurso en el medio salvadoreño? Mis preguntas tienen por objeto incidir en su participación como educador de la población salvadoreña, que tanto la necesita. Un pueblo ignorante está condenado a ser víctima de la demagogia de falsos líderes. La insinuación que usted hace sobre la organización de grupos con intereses populares puede ser efectiva siempre y cuando se formen líderes comunales que tengan visión clara de sus objetivos, He allí la necesidad de educación. Un individuo o un pueblo ignorantes no pueden tener la capacidad de autoconsciencia.

Con mis respetos,

Atentamente

Kijo-t

Trompudo dijo...

Mira Carlos, no hay que complicarse tanto.

De Funes no se esperaba más de lo que prometía. En eso estabamos claros y era URGENTE SACAR A ARENA DEL EJECUTIVO. No sé si vos abrigaste esperanzas desmedidas.

El tipo ha sido consecuente con la línea que definió cuando era candidato. A nadie ha domado o enganado.

De lo de que sí hay que estar vigilantes es de que CUMPLA LO QUE PROMETIO.

Por otra parte, creo que algunas espectativas se derrumbaron con las actitudes de la camarilla que lo rodea. Ahí es donde creo que la cosa se está queriendo desviar, al pactar con la derecha. Qué es eso de las encerronas con Cristiani?

Mira, hay cosas que casi nadie sabe. Les voy a contar una de ellas : Ya esta el CD, junto a los amigos de Mauricio y gente descontenta de Arena, así como pgente del PCN y PDC que ya van a desaparecer, queriendo transformarse en un partido que represente la tercera vía. Y por ahí viene la marginalización de la camarilla de Funes contra el Frente. A estos últimos los tienen callados y amordazados.

Y, s i, concuerdo con vos en que el FMLN ha dejado de ser un partido revolucionario; de entrada, al participar en el proceso electoral tipicamente capitalista y burgués, ya lo define como un partido...llámenlo como quieran.

Pero hay que ser realista, que levanten la mano losque se consideren 100% puros marxistas y revolucionarios ortodoxos. Nombre, si en El Salvador 95% del pueblo le TEME al coco del Comunismo. Yo no soy Marxista ni Leninista ni mucho menos y me siento cómodo con un FMLN no marxista puro y duro.

25 agosto 2009

¿Y el partido? Sssssssssss, duerme


Recuerdo que muchos me aseguraban que algunas de las declaraciones del candidato
Funes eran estratégicas… Explicando con esto que el candidato no quería asustar a cierta franja de la población, pero que una vez electo iba a tomar las decisiones que se imponen. Una de estas medidas era mantener el dólar. Otro ejemplo es su posición respecto al pasado. En todo caso, cuando dije que la tendencia social-demócrata era la que dominaba en el FMLN y que no fue casual que se escondieran detrás de la imagen mediática de Mauricio Funes para no declararse abiertamente sociodemócratas, muchos hasta se enojaron y se indignaron. Dije que la tendencia revolucionaria en el FMLN era minoritaria y que estaba aislada con la imposibilidad de reestructurarse. Entre algunos amigos mis afirmaciones sonaban mal. Se sentían heridos y recusaban enfáticos mis posiciones.


Pero los hechos son los hechos. Funes es social-demócrata y los que esperen de él algo más substancial, pues que desesperen, pero que no digan que nadie les advirtió, ni mucho menos que Mauricio Funes les mintió, que los engañó. No, Funes en esto ha jugado con las cartas descubiertas, su actitud durante la campaña fue clara: “yo decido, yo tengo mi equipo, voy a aplicar mi programa de gobierno”. Funes hizo durante la campaña una distinción muy clara entre su “programa de gobierno” y “el programa del FMLN”. Incluso los resultados y propuestas de las famosas “mesas” las declaró simple insumos de reflexión para su equipo.


Esto ultimo es muy característico de la ideología dominante. La burguesía siempre ha tratado de llenar de mucho misterio el ejercicio del poder, de presentarlo como algo muy inaccesible para el común de los mortales. Para gobernar hay que ser un perito, un especialista. Este halo misterioso de un sobredotado, de tener juntos todos los cabos que los técnicos de la burguesía nos ofrecen como una cualidad adquirida en instituciones superiores, la exhiben en discursos llenos de palabrejas que ocultan más que descubren o revelan. En todo caso, son los mismos que aconsejan y llevan a la sociedad al borde de la quiebra y luego se proponen de nuevo como consejeros para sacar del atolladero a las sociedades que ellos mismos llevaron al abismo. Pero esta empresa ideológica es vieja. La clase dominante siempre se presenta como la predestinada a gobernar, a dirigir. Lo hizo la nobleza. Lo práctica hoy la burguesía.


Lo que es extraño en nuestra realidad: el pasado presidente no era ni siquiera bachiller. No obstante nadie se lo sacó en cara, pues él se encargaba por sus permanentes declaraciones publicitarias de exponer su ignorancia. Esto funcionó. Saca despuntaba en popularidad. La publicidad era su fuerte. Supo estar presente en las pantallas, declaraba lo que se le antojaba, anunciaba lo que no hacía, negaba la evidencia, describía nuestro infierno como un paraíso. Su permanente presentarse en las pantallas, en las radios y en las primeras planas, algunas personas ingenuas consideran ahora que éso era transparencia informativa. Esto se asemeja tanto al infinito fondo de la tontería.


Funes va a gobernar con su equipo, consultará siempre a su equipo y aplicará una política de permanencia de esta sociedad. El cambio que prometió es una mejor distribución de la renta. ¿Pero de qué renta? No crean que se trata de la renta nacional. Se trata de la renta del Estado y eso es todo. La política social del gobierno de Funes tendrá como eje limitar los estragos de la sociedad capitalista. Bueno, en la medida que sus asesores tomen o no en cuenta las exigencias de la ANEP y sus consejeros de FUSADES.


La preferencia por los pobres... Ya algo hizo. Funes ha repartido “títulos de propiedad” a familias pobres, a campesinos que han luchado durante años por obtenerlos. Funes vino y se los entregó, como un gesto suyo, paternalista, como una prebenda del Estado-Funes. Esto es muy normal, se comporta tal cual debe comportarse un discípulo de Lula.


Algunos se preguntarán y a todo esto ¿qué pasa con el Frente? Pues el Frente está bien, gracias. Tiene ministros, está en el poder con un flamante aliado, que aceptó entrar al partido y que no escandalizó mucho a las bases. Estos ministros van a hacer la cacha. El vice-presidente ha anunciado algunas medidas, está ya implementando algunas, los uniformes, los zapatos, los bolsones con útiles para los estudiantes de primaria y secundaria. Son medidas sociales, importantes, esto no se puede echar al trasto de la basura. Ha anunciado que pasará al régimen de salarios a los maestros que estaban bajo contratos temporales. Desea reducir el analfabetismo de un 14% (oficiales) hasta un 3 ó 4%. No voy a citar al resto de ministros. Creo que cada uno ha anunciado ya algo. Que lo hacen viendo en el retrovisor para mirar que cara pone el Señor Presidente, eso es otra cosa. El presidencialismo es la esencia de nuestro régimen republicano.


¿Eso son los ministros, pero el partido? Oh, el partido... el partido duerme, la dirección se ha reunido y por el momento no han hecho público lo que trataron. En el último material del sitio oficial del FMLN he visto una letanía de leyes votadas en la Asamblea. Ningún detalle del contenido de las leyes. Bueno, creo que el FMLN como partido “revolucionario” cumple a perfección su papel de social-democracia.


¿Y entonces la gente? Pues la gente tiene que despertar a los que duermen. Tiene que organizarse en sindicatos para defenderse, pues el cambio no va a caer del cielo. Organizarse en los barrios para obtener lo que hace falta. Bueno, el pueblo tiene que seguir reclamando lo suyo.

20 agosto 2009

Objetivar nuestro pasado: historizarlo

En París existe un museo que ha tenido gran éxito, la prensa lo plebiscitó, el público acudió entusiasta. Es el museo de las “Culturas Primeras”. Pero no es un museo. Bueno, es un museo con una concepción muy extraña de la cultura. Se trata de una colección heteróclita de objetos pertenecientes a culturas situadas afuera del área europea. Este es el único criterio. Los objetos están reunidos por países, a veces por regiones, pero también hay algunos que se han puesto a la par de otros sin que pertenezcan a la misma región. En los carteles “explicativos” no se explica nada, nombran los objetos, a veces indican en qué material está fabricado. La colección es rica en objetos, pero el visitante sale igual que antes de entrar, tal vez salga contento y con algunas compras de los famosos productos “derivados”. En realidad este ordenado amontonamiento carece de lo primordial, de una puesta en perspectiva histórica de los objetos expuestos. Hay mezcolanza de procedimientos, de períodos históricos, que algunos distan en centurias y otros tal vez en milenios.


Otro criterio que une estos objetos: todos son el fruto del pillaje que sufren las culturas de los países del subdesarrollo. Algunos se consuelan diciendo que por lo menos en el museo están a la vista de todo el mundo y han sido puestos en valor. En vez de estar en el salón de algún potentado, en los sótanos de algún museo nacional, el turista, el paseante, el curioso puede admirarlos y darle libre vuelo a su capacidad imaginativa, produciendo analogías, contrastes y conjeturas.


En estos días he leído entrevistas de la nueva dirigente de la también nueva Secretaría Nacional de la Cultura. En ellas, Breny Hasel Cuenca denuncia la desaparición (robo) de piezas arqueológicas en varios sitios de excavaciones y sitios históricos, como la Joya de Cerén. La secretaria nacional hará intervenir a Interpol. Esperemos que todo se recupere lo más pronto posible. Esos objetos tienen su valor, tal vez no muy excesivo para el receptador por la falta de instrucción y la mucha hambre del ladrón. No obstante la transición que he hecho hacia nuestro país no ha sido para denunciar y lamentar estos actos, que son lamentables y merecen denuncia y castigo. Se trata de participar de cierto modo al debate que ha precedido el nombramiento de Breny Hasel Cuenca. No voy a comentar sus entrevistas, ni el jaleo que se armó en derredor de su nombramiento y la famosa reunión de intelectuales y artistas salvadoreños en la sala de un hotel.


Cultura y naturaleza


Los temas sociales, todos los temas que tocan a una comunidad, forman un entramado tan sólido y tan compacto que solamente la ilimitada capacidad abstractiva de los hombres ha podido desenhebrarlos y abordarlos por separado. Esta separación ha ido adquiriendo una forma casi institucionalizada que poco a poco se ha ido perdiendo también la consciencia de la unidad. Claro, de vez en vez hay llamados a no perder de vista el todo. Acaso mi contribución va a tener este objetivo. El concepto de cultura en su significación más amplia forma unidad con su contrario para ser entendida, la naturaleza. La piedra tallada no deja de ser piedra, no obstante en su nueva forma ha absorvido la intencionalidad, la fuerza y los gestos de los hombres primitivos. Cultura en este sentido es la actividad humana, que va separando en el transcurso del tiempo, en el actuar de las distintas generaciones, de la naturaleza objetos que son humanizados y al mismo tiempo que van humanizando a los hombres mismos. Pero existe también otra forma más restringida de abordar el concepto de cultura. Aunque su campo de aplicación nos devuelve obligatoriamente a las remotas épocas de la prehistoria: desde entonces aparecen objetos creados por los hombres que no obedecen a objetivos de supervivencia, sino que implican una actitud totalmente distinta que podemos llamar, con riesgos evidentes de precipitación, de estetizantes. Esos objetos a los que me estoy refiriendo forman parte de la cultura neolítica. Ahora son objetos de arqueología y de antropología, su nexo a la cultura se ha mediatizado, por la necesidad de la instrucción para poder juntar los cabos y poder especificar su función.


No obstante, en nuestro caso, ¿las piezas arqueológicas tienen ese mismo significado de objetos de simple estudio antropológico? ¿Son acaso meros testimonios arqueológicos que nos instruyen sobre el pasado de una parte de la humanidad? Es evidente que pueden cumplir y cumplen esta función. Entonces su nexo con nuestra cultura es mediatizado, no es directo, no es inmediato. Puede pensarse que estoy planteando una cuestión estrictamente académica. Pero no es así. En realidad responder de una o de otra manera, atañe íntimamente a nuestro ser nacional, a nuestro modo de ser cultural. Pues si tratamos de establecer un nexo inmediato de esas piezas con nuestro ser nacional de hoy, estamos tocando también problemas de nuestra identidad. Se trata en otras palabras de responder a la famosa y siempre acuciosa y ardiente pregunta ¿quiénes somos?


¿Hemos respondido nosotros a esta pregunta o hemos aceptado las respuestas que nos ha ofrecido el etnocentrismo extranjero? Muchos hasta han puesto en duda nuestra edad como nación y persisten en llamarnos “joven nación”. Esto les permiten infantilizarnos, tratarnos siempre en actitud condescendiente, nos ofrecen sus ojos y nos toman de la mano para ayudarnos a atravesar la quebrada de nuestro atraso.


¿En qué sentido somos mestizos?


Nos gusta llamarnos mestizos. Lo somos, rotundamente. ¿Pero de qué mestizaje hablamos? Para lograr un mestizaje real, dignificante para nuestra identidad es menester establecer una mirada cultural hacia los objetos de nuestros antepasados, fundar un nexo inmediato, una línea histórica sin interrupciones desde los albañiles que construyeron las bodegas de maíz que vemos en la Joya de Cerén y la sangre que alimenta nuestras arterias. No se trata de forzar mucho los hechos, de pandearlos o al revés de enderezarlos a nuestro antojo para que correspondan a nuestros objetivos de reivindicación cultural, reinvindicación cultural de todos, de la nación en tanto que tal y no solamente la de algunos grupos que usurpan la exclusividad de ser indígenas. Sobre esto último es menester volver, lo haré brevemente más abajo. Los hombres que poblaron nuestras tierras son nuestros antepasados, lo son genéticamente. Este hecho tan real, tan irrecusable, es el que se trata de ocultar cuando con una asombrosa ingenuidad o excesiva complacencia, declaramos que el mestizaje étnico llega al 90% y que esto se ha establecido desde hace tiempos.


Este hecho tan insólito que merece ser refutado y que lo es tan fácilmente, pues la presencia de blancos, de españoles, durante la colonia, en nuestro suelo, fue mínima. En algunas ciudades no alcanzaba al dos por ciento, en otras tal vez llegó al tres por ciento, tomemos en cuenta que la mayoría de la población entonces no era urbana. Esto se puede establecer por algunos registros, tal vez existentes en los cajones inexplotados que se empolvan en los archivos coloniales españoles de Sevilla, Madrid y Simancas. En todo caso con tan escasa presencia española es imposible tan alto nivel de mestizaje, a no ser que los colonizadores fueran superdotados sexualmente y que los indios dejaran de fornicar durante una generación entera.


Este pretendido mestizaje étnico es un hecho cultural eminente, pues implica que hemos alimentado nuestra imaginación colectiva con una mentira. Este hecho es ideológico y ha cobrado mucha fuerza en nuestra identidad. Oculta un desprecio, hemos negado, nos hemos negado ofuscadamente la parte de indios que nos corresponde. Al mismo tiempo esto nos condujo a participar durante nuestro propia historia independiente a la destrucción sistemática de nuestra pertenencia cultural a lo indígena. Uso este nombre general, sin especificar nombres, pues tampoco en esto podemos tener alguna certitud científicamente establecida.


Pero el hoy nuestro, con hechos culturales fuertes, nos grita nuestra pertenencia a un mundo que damos por muerto y que vive en nosotros. Vive en el lenguaje, vive en lo que nos reproduce y produce nuestras fuerzas, en la alimentación. La tortilla diaria, los frijoles, el ayote, los atoles, los güisquiles, las yucas, los tomates, las papas, los camotes, etc. son productos culturales que se mantienen aquí en nuestro hoy no como piezas arqueológicas que dan testigo de nuestro ayer, sino que son nuestra vida. Esta continuidad de alimentos no es simple geografía, pues hemos ido asimilando comidas de otras partes, incluso algunas que nos parecen hoy tan nuestras como el arroz, los mangos y las naranjas. Señalo de pasada, la morfología de nuestros cuerpos, nuestras posturas, nuestros gestos, nuestra manera corporal de externar los sentimientos. Son cosas estas, en las que la presencia de lo indio, se manifiesta en nosotros sin que podamos evitarlo, aunque lo quisiéramos.


También esto lo podemos perder, como hemos ido perdiendo la lengua, los cantos, los instrumentos, las historias, las leyendas. Es cierto, algunas leyendas persisten a pesar de todo, la marimba aún suena entre nosotros. Hay costumbres y ceremonias que han sobrevivido. Nada de proponernos salvaguardar todo esto como etnólogos cuidadosos de la conservación de ritos ancestarales.


Otra mentira más


Lo que propongo, creo que se entiende, es un cambio de actitud hacia nuestro pasado. En estos momentos podemos refundar nuestra identidad, reconquistar todo lo que hemos ido cediendo al olvido. Se trata de crear lazos con el pasado que nos expliquen nuestro hoy. De seguro esto no es tan sencillo, pues de lo que hablo tiene implicaciones actuales. Pero siendo que nos hemos convertido en algo distinto, podemos procurar conocer ese pasado que es nuestro y del cual somos el resultado. Necesitamos de ese conocimiento para actuar mejor hoy, en nuestro presente. Podemos objetivar nuestro pasado, historizarlo, es decir conocerlo como pasado y restructurar nuestras relaciones con él, que son al mismo tiempo constitutivas de nuestro ser de hoy.


No es asunto de revalorizar una cultura que hemos menospreciado. Se trata de una obligación de apropiación, de asunción de lo que somos. Ser mestizo implica realmente que hoy sigan mezclándose ambas culturas que —como afirmamos— nos conforman. Pero para que la mezcla sea natural es menester que hagamos familiar en pleno sentido de la palabra los logros culturales de nuestros antepasados indígenas.


Creo que estoy apuntando algo que va a incomodar a muchos. Pues se prefiere seguir la corriente de algunos que se han apoderado del título de indios, que exigen un reconocimiento como tales incluso con un artículo constitucional. ¿Qué significa esto? Pues simplemente que lo que nos están pidiendo es que expulsemos del seno de la nación una parte de ella misma. ¿Qué tienen más de indio los que así se proclaman? ¿Qué tienen de más que los del cantón de al lado? Hay un lobby que está importando costumbres, ritos de Bolivia, de Perú, de Guatemala. Este último origen no es tan grave. ¿Pero realmente es nuestro? Hay vivarachos que se han proclamado caciques, jefes espirituales.


Estos grupos han encontrado aliados en organismos internacionales que quieren imponernos de nuevo prácticas ajenas. Si les seguimos la corriente, vamos a crear ghettos de indios, “reservas”, etc. Ellos están reclamando propiedad sobre la tierra como pobladores originales. ¿Pero qué más originales son ellos de los que viven a escasos kilómetros de distancia? ¿Es necesaria una nueva reforma agraria? Pues integremos a todos aquellos a quienes les corresponde beneficiarse de ella.


Los Estados Unidos, Canadá, países que cometieron genocidios con los indios del Norte del continente, que los saquearon, que los siguen maltratando, que los siguen deshumanizando, quieren imponernos sus “soluciones”, decretar una nación dentro de la otra, pero se trata de una nación de segunda, de naciones que viven aisladas del resto de país. Una nación que vive en rediles. Aceptar eso equivaldría a que nosotros todos aceptaríamos una mentira más. Ellos no son más indios que los que viven al lado. No son más indios que muchos otros que viven en las ciudades. ¿Qué objetivo existe en que nos creemos un problema indígena?


No estoy negando las masacres que se cometieron. La represión de 1932, las masacres de 1932 tuvieron lugar en donde hubo sublevación, donde hubo activistas. No es solamente el miedo el que extinguió las lenguas autóctonas. Esa desaparición es un hecho de nuestra historia nacional. La desaparición de otras costumbres también es un problema de nuestra historia nacional.